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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y ministros en diferentes países, congregaciones, hermanos en diferentes países también. Que la bendición de Cristo, el Ángel del Pacto, sea con ustedes y conmigo también, y nos abra las Escrituras y nos  bendiga grandemente. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Hoy se conmemora, se recuerda, la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario. Y algunas personas en aquel tiempo se preguntaban: “Si era el Hijo de Dios ¿por qué tuvo que morir?, ¿por qué Dios dejó que lo mataran?” Fue una sentencia de muerte capital romana, la crucifixión aplicada sobre Cristo, fue la pena de muerte la que le aplicaron.

Leemos en San Mateo, capítulo 27, versos 32 en adelante, donde dice, luego de que lo sentenciaron a muerte y haberlo escarnecido y haberle quitado el manto y Sus vestidos, lo llevaron para ser crucificado. Lo habían escarnecido diciendo: “¡Salve, Rey de los judíos!” Verso 32 en delante de San Mateo 27:

“Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz.

Y cuando llegaron a un lugar llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera,

le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.

Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.

Y sentados le guardaban allí.

Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: Este es Jesús, el Rey de los judíos (porque tenían que colocar en la Cruz la causa por la cual lo crucificaban, por la cual fue sentenciado a muerte).

Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.

Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza,

y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían:

A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él.

Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.

Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él.

Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.”

O sea, desde las 12:00 del mediodía hasta las 3:00 de la tarde. Dice:

“Cerca de la hora novena (o sea, cerca de las 3:00), Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.

Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber.

Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.

Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole,

entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA SENTENCIA DE JESÚS: LA CRUCIFIXIÓN.”

La Escritura dice: “Maldito todo aquel que es colgado en madero.” Por tanto, la sentencia y muerte de Cristo en la Cruz era una sentencia de maldición, era la pena máxima, la pena de muerte.

¿Por qué murió Jesús? Dice: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

A través de la Escritura, por ejemplo, los samaritanos dijeron: “Este es el Salvador del mundo.” También cuando los pastores aparecieron o los ángeles aparecieron a los pastores, allá en Belén de Judea, dijeron que había nacido en Belén de Judea un Salvador: El Salvador del mundo. San Lucas capítulo 2 versos 8 en adelante dice:

“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.

Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.

Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:

que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.”

Y si había nacido un Salvador, y ese es Jesucristo (Yeshúa en hebreo), entonces Él tenía que llevar a cabo esa Obra de Salvación; porque “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Él en San Juan, capítulo 10, nos dice que Él pondría Su vida por los Suyos. Capítulo 10, verso 18, dice:

“Nadie me quita la vida…”

Verso 17 también:

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar (o sea, que resucitará luego de haber puesto Su vida).

Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

Ahora, vean, Él sabía que tenía que poner Su vida por Su pueblo, por todos los que obtendrían la salvación y vida eterna; y luego la tomaría de nuevo, resucitaría.

La Escritura nos dice que cuando Él estuvo en el Getsemaní, en Su agonía sudó – o Su sudor era como gotas de sangre; y eso solamente ocurre cuando ocurre un cambio allá en el corazón, por causa de una agonía, de un sufrimiento muy grande.

La Escritura nos dice que Dios cargó en Él el pecado de todos nosotros. Él se hizo pecado por nosotros. Él tomó, llevó, nuestros pecados; por lo cual, se hizo mortal; para lo cual Él había venido: para poder morir por todos nosotros.

Y si alguien toma el pecado de todos, entonces los ha quitado de las personas. Él llevó nuestros pecados, Él vino para salvar lo que se había perdido.

Por eso en San Juan, capítulo 3, hablándonos nos dice: Capítulo 3, versos 16 en adelante:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

¿Cómo Dios salvaría al mundo? Por medio de Cristo. Para eso vino Jesucristo: para salvar al mundo.

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

Ahora, en los días de Jesús la humanidad estaba como en los días de Noé. Para aquellos días de Noé solamente Dios encontró a un hombre justo, el cual realizaba el sacrificio por los pecados suyos y de su familia: venía a ser el líder religioso también de la familia; y por consiguiente, llevaba a cabo el sacrificio con animalitos por sus pecados y de su familia.

Y cuando Dios miró, halló a Noé un hombre justo; y por cuanto miró a través de la sangre de los sacrificios que él efectuaba, no vio pecado en él ni en su familia.

Aunque la sangre de los animales no puede quitar el pecado, solamente los cubre, o los cubría (ya no funciona), los cubría. ¿Por qué no podía quitar los pecados? Porque los animales no tienen alma, y por consiguiente la vida del animal no puede venir a la persona que efectuó el sacrificio por sus pecados; por consiguiente, la sangre solamente cubría el pecado pero no lo quitaba.

Los pecados de aquellos que ofrecían esos sacrificios fueron quitados cuando la Sangre de Cristo fue derramada en la Cruz del Calvario. Y los pecados de todos fueron allí quitados porque Cristo llevó nuestros pecados y murió por ellos como pecador; por eso tuvo que ir al infierno cuando murió; bajó al infierno en Espíritu, cuerpo angelical, y le predicó a los espíritus encarcelados, que fueron desobedientes en el tiempo de Noé.

En la quinta dimensión, en el infierno, estaban todas esas personas que fueron desobedientes en el tiempo de Noé, que fueron incrédulos a Noé y su Mensaje. No creían que iba a venir el diluvio, por eso no entraron al arca; y cuando quisieron entrar, ya estaba cerrada la puerta.

Es lo mismo con los seres humanos que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y no creen; pero cuando la puerta de la misericordia sea cerrada, muchos van a desear entrar cuando vean el juicio divino cayendo sobre la raza humana; pero ya será demasiado tarde. Eso le pasará a las vírgenes fatuas también o insensatas, que no tenían aceite, o sea, el Espíritu Santo, no lo habían recibido. Eran creyentes profesantes en Cristo. Por lo tanto, tendrán que pasar por la gran tribulación para ser purificadas con el juicio divino.

Ahora, Cristo en la Cruz del Calvario está efectuando el Sacrificio único que Dios aceptará por el pecado del ser humano: Un sólo sacrificio: el de Cristo en la Cruz del Calvario. Ya no hay otro sacrificio por el pecado del ser humano. El mismo Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.”

Antes del Sacrificio de Cristo, las personas efectuaban sacrificios de animalitos para acercarse a Dios, pero ya, aquello que era el tipo y figura del Sacrificio de Cristo, por lo cual era aceptado temporalmente por Dios, ya llegó la realidad: el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario para quitar el pecado del mundo, y así salvar al mundo.

Él no vino para condenar al mundo sino para salvar al mundo. Por eso es que todavía la raza humana está existiendo, porque Jesucristo murió en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados para así salvar a la humanidad.

Otro sacrificio no funcionaba. El de los animalitos era allá con Israel y con los que efectuaban el sacrificio; pero los gentiles estaban sin sacrificio, sin Dios, estaban perdidos. Pero con el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, el cual fue para todos los seres humanos, un Sacrificio universal, da la oportunidad a todos los seres humanos a obtener el perdón de sus pecados, ser limpios de todo pecado y ser bautizados en agua en Su Nombre, recibir el Espíritu de Dios, el Espíritu de Vida, el Espíritu Santo, y obtener la vida eterna, obtener el nuevo nacimiento; y así ser colocados en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios, con vida eterna.

No hay otro Sacrificio para el ser humano, no hay otro Sacrificio para los judíos tampoco. Ya lo que aquellos sacrificios representaban se cumplió en Jesucristo.

Y ahora, Cristo estableció el Nuevo Pacto, Cristo lo ha prometido en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, donde Dios dijo que haría un Nuevo Pacto con la casa de Jacob y con la casa de Israel; no con el Pacto que había hecho, el cual ellos invalidaron. Ahora en este Nuevo Pacto Dios escribiría en las tablas del corazón de las personas Sus Leyes Divinas.

Y en la última cena que tuvo Cristo el día antes de Su crucifixión, dice que Él tomó el pan, partió dando gracias al Padre y dijo a Sus discípulos: “Comed, esto es mi cuerpo que por vosotros es partido”; y tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, dio a Sus discípulos diciendo: “Tomad de ella todos porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y ahora ya la sangre de animalitos no es aceptada delante de Dios porque aquello era tipo y figura de la Sangre de Cristo; ahora llegó la realidad; lo que había sentenciado, tipificado, en la sangre de aquellos animalitos.

Por eso es que también Cristo es representado en los corderos que se sacrificaban y también en los machos cabríos que sacrificaban cada año; ahora en Cristo se cumplió todo aquel tipo y figura; y por eso Cristo es el Cordero de Dios, el cordero-hombre de Dios que quitó el pecado del mundo. Juan dijo: “que quita,” porque todavía no había sido crucificado, estaba comenzando Su ministerio; pero ya podemos decir: “que quitó el pecado del mundo,” que quitó nuestros pecados.

Y ahora, Él no tiene que volver a ser crucificado y derramar Su Sangre, pues ya Él está en Su cuerpo glorificado. Con un solo sacrificio ha hecho perfecto el Sacrificio de Expiación y ha hecho perfecto a todos los que le reciben como Salvador.

Dios nos ve sin pecados, porque la Sangre de Cristo nos ha limpiado de todo pecado; ha regresado nuestros pecados al originador, que es el diablo; ha desintegrado nuestros pecados: los ha regresado a donde estaban originalmente, al lugar de donde salieron los pecados: al diablo.

Y ahora hay personas que han estado disfrutando durante estos dos mil años, alrededor de dos mil años, del día del Sacrificio de Cristo hacia acá, han estado disfrutando el beneficio de la crucifixión de Cristo en la Cruz del Calvario.

Hemos visto porqué Cristo tuvo que morir; si no, toda la raza humana tenía que morir en aquel día. Era el día del juicio divino, y todo el juicio cayó sobre Jesucristo; por eso fue la muerte más terrible que persona alguna haya sufrido.

Jesucristo es el Pariente Redentor del ser humano, de la raza humana. Es el intermediario, el Intercesor del ser humano para con Dios. No hay otro Intercesor que interceda por el ser humano en el Cielo. Él es el Sumo Pontífice en el Cielo, según el Orden de Melquisedec. Él es Melquisedec en el Cielo. Él es el que intercede por nosotros ante Dios con Su Sangre; porque no hay otra cosa con la cual se pueda interceder ante Dios.

Por eso Él está como Sumo Sacerdote. El Sumo Sacerdote es el que intercede por el pueblo ante Dios, tipificado en el sumo sacerdote y la intercesión que llevaba a cabo en el templo, el día diez del mes séptimo de cada año, el día de la expiación. Jesucristo es nuestra Expiación por nuestros pecados.

Cristo sabía Su misión en la Tierra, la conocía muy bien. Él tuvo que dar Su vida para que todos nosotros pudiéramos tener vida eterna, como el cordero pascual con el cual se efectuó el sacrificio en Egipto por cada padre de familia hebrea, en la víspera de la Pascua, antes de la salida de Israel de la esclavitud en Egipto. La sangre de ese cordero era aplicada en la puerta del hogar de cada familia, en el dintel y los postes de la puerta, o sea, en el marco de la puerta. Y Cristo es tipificado en ese cordero pascual.

Fue ese cordero pascual sacrificado en Egipto por cada familia hebrea para la preservación de los primogénitos. Los egipcios no sabían acerca de eso, y por consiguiente todos los primogénitos de las familias egipcias y de los esclavos,  morirían en la noche de la pascua, y también de los animales; pero la vida de los primogénitos hebreos sería preservada, la muerte no llegaría a ellos.

Y con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario y Su Sangre aplicada en la Casa de Dios, la Iglesia, en la Puerta, que es Cristo la puerta de Su Iglesia, y aplicada en el corazón de cada creyente; cada creyente en Cristo nacido de nuevo, es un primogénito al cual le es preservada la vida para vivir eternamente en el Reino de Dios, la muerte espiritual no lo puede tocar; por consiguiente, vivirá eternamente en el Reino de Dios, la Tierra Prometida.

Es importante comprender también que para este tiempo final, tanto en los días del precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, como para nuestro tiempo, ha estado anunciando el reverendo William Branham que una segunda crucifixión se llevaría a cabo: Crucificarían al Verbo, la Palabra, en el tiempo final; pero no puede haber una crucifixión física, por lo tanto es una crucifixión en términos espirituales, en donde crucificarán la Palabra prometida para el tiempo final. Y por consiguiente, al crucificarlo hablando mal de la Palabra prometida para el tiempo final, les contará como una segunda crucifixión.

Es importante estar conscientes también, que así como Cristo al morir, luego de haberle predicado a los vivos durante Sus días de ministerio, luego también descendió al infierno, a las partes más bajas de la Tierra, dice San Pablo y San Pedro también, y allá le predicó a los espíritus encarcelados de los antediluvianos que murieron con el diluvio, los cuales fueron incrédulos, desobedientes a la Palabra de Dios que fue dada por Dios a través del profeta Noé.

Para este tiempo final también, por cuanto el infierno se abre sobre la Tierra, y las personas que han estado rechazando el Evangelio de Cristo en todas las naciones, estarán muertos, son muertos en el campo espiritual; por eso es que en Efesios, capítulo 5, verso 14, dice:

“Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

Porque el ser humano, la familia humana, murió cuando Adán y Eva pecaron; murieron a la vida eterna, y solamente quedó vida temporal. Por lo tanto, en este tiempo final habrá una manifestación grande de parte de Dios, un avivamiento para la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, los elegidos de Dios, los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo; y también para las vírgenes insensatas que no tenían aceite en sus lámparas; o sea, que van a ser impactadas también, por esa manifestación de Cristo en este tiempo final; y también para el mundo, el cual será impactado: para los que no tienen oportunidad de salvación, como no tenían oportunidad de salvación los que fueron desobedientes en el tiempo de Noé y estaban ya en el infierno en cuerpos espirituales; y Cristo les predicó no para salvación sino condenándolos, diciéndoles el porqué estaban allí: porque habían sido incrédulos al Mensaje de Noé.

O sea, que vendrá una manifestación de parte de Dios para este tiempo final, que impactará a los que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; va a impactar también a las insensatas o vírgenes fatuas de San Mateo, capítulo 25, versos 1 al 13.

Y en esos días la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, que ha estado esperando la Venida del Señor y la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, que van a ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, se va a hacer una realidad.

Y en ese tiempo los judíos van a ver esa manifestación, se va a cumplir la Venida del Señor a Su Iglesia; no a los judíos sino a Su Iglesia; porque para los judíos será después de la Cena de las Bodas del Cordero, para el establecimiento del Reino de Dios, que será la restauración del Reino de David.

Pero los judíos van a ver a Cristo, van a ver al Señor viniendo por Su Iglesia, Su Iglesia-Novia: los que van a ser transformados y que estarán recibiendo la fe para ser transformados, que será la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Venida del Señor a Su Iglesia. Y al estar escuchando todo lo que Dios le estará revelando, estarán escuchando la Voz de Cristo, que será el que estará revelándole todas esas cosas; y eso es estar escuchando al Ángel Fuerte que desciende del Cielo, Cristo clamando como león y siete truenos emitiendo sus voces.

Esa es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia y dándole la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; así como para la transformación espiritual de los que seguían a Cristo, ellos tuvieron que estar atentos al Mensaje de Cristo y hacer como Cristo les indicó para recibir esa transformación espiritual en el alma. Era para los creyentes en Cristo el bautismo del Espíritu Santo y sigue siendo para los creyentes en Cristo.

Ninguna otra persona que no sea un creyente en Cristo puede estar esperando el bautismo del Espíritu Santo ni tampoco puede decir que ha recibido el Espíritu Santo, porque esa es una promesa exclusiva para los creyentes en Cristo. Y la transformación para los que estén vivos y la resurrección de los que murieron, es para los creyentes en Cristo, en cuerpos eternos, inmortales, jóvenes y glorificados, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Hemos visto todas estas bendiciones que hay como fruto de la crucifixión de Cristo, a causa de la sentencia, de la pena de muerte, que dictaron sobre Jesucristo. Pero todo estaba en el Plan de Dios, todo era para beneficio de la familia humana, para salvar la familia humana; y por esa causa es que estamos todavía nosotros viviendo en este planeta Tierra.

Todo el juicio divino que tenía que caer sobre la raza humana en aquel día, cayó sobre Jesucristo.

Le damos gracias a Dios por el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario dos mil años atrás. Él lo hizo por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también.

Él dijo: “Si el grano de trigo (el cual es Cristo) no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva”, muchos granos de trigo, muchos hijos e hijas de Dios. Yo soy uno de esos granos de trigo, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

En cuanto a los judíos o hebreos, por cuanto el Sacrificio de Cristo tenía que ser efectuado, Dios cegó a Sus propios hijos para tener misericordia de todos: de los judíos y de los gentiles también; para darle así la oportunidad a los gentiles de obtener la salvación y vida eterna, para tomar de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre: uno de un lugar, otro de otro lugar, y así por el estilo; y formar de gentiles y judíos, un solo pueblo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso encontramos judíos y gentiles que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales han entrado al Nuevo Pacto que Dios dijo que haría con la casa de Israel y con la casa de Judá.

Por cuanto fueron cegados por Dios, el Padre celestial, el Dios de Israel, Cristo tuvo misericordia de ellos y pidió al Padre perdón para los judíos; y dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

Ellos no sabían que Ése al cual condenaron y el cual estaba siendo crucificando en la Cruz del Calvario, era el Mesías, el Hijo de Dios, el Cristo que ellos estaban esperando en aquel tiempo, conforme a las profecías de Daniel, capítulo 9, y también Isaías, capítulo 53, verso 10.

La Escritura decía que la vida le sería quitada al Mesías en la semana número setenta (70), después de las sesenta y nueve (69) semanas. En la semana setenta (70) sería el tiempo en que el Mesías aparecería y le sería quitada la vida, lo crucificarían. Pero ése sería el Sacrificio de Expiación por el pecado, para así quitar el pecado de Israel y también de la humanidad.

En Isaías dice que pondría Su vida en expiación por el pecado; y si pone Su vida, pues tiene que morir. Así fue que se efectuó la Expiación por el pecado: por Jesucristo muriendo en la Cruz del Calvario.

Por lo tanto, todo lo que Él sufrió allí, lo sufrió por causa mía, ¿y por causa de quién más? De cada uno de ustedes, y de todos los que han vivido en este planeta Tierra. Él sufrió por todos nosotros, para que nosotros podamos disfrutar de la vida eterna.

Estábamos y estamos en el Libro de la Vida del Cordero, y teníamos que aparecer en este tiempo, como otros aparecieron en tiempos pasados, cada uno en su tiempo; y fue colocado cada uno en el Cuerpo Místico de Cristo, conforme al Programa Divino.

Es un privilegio grande vivir en este tiempo, vivir en el tiempo más importante de todos los tiempos: En el tiempo en que las promesas correspondientes al tiempo final se van cumpliendo progresivamente, cada una en el momento señalado por Dios; hasta que se cumpla la Venida del Señor, venga con los muertos, resucitándolos en cuerpos eternos, y a nosotros nos transforme; lo cual sabemos que está muy cerca; y que la mayoría de los que estamos aquí, no importa la edad que tengamos, probablemente lleguemos a recibir esa bendición de estar vivos para ver Su Venida, ver a los muertos creyentes cuando resuciten, y nosotros ser transformados cuando los veamos.

Hay promesas que serán señales para nosotros cuando las veamos con nuestros propios ojos, para saber que el tiempo está muy cerca para el cumplimiento de esas promesas que faltan por ser cumplidas.

Por ejemplo, mencionaba el misionero Miguel Bermúdez Marín, que el reverendo William Branham vio una Gran Carpa-Catedral; y allí estaba la presencia de la Columna de Fuego que libertó al pueblo hebreo y que también aparecía en la trayectoria del pueblo hebreo rumbo a la tierra prometida, y acompañaba a Moisés y al pueblo hebreo; la misma Columna de Fuego que le apareció a San Pablo en el camino a Damasco; la misma Columna de Fuego que acompañó a Su Iglesia, de edad en edad. Es Cristo, el Ángel del Pacto, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”; y acompañó al reverendo William Branham.

Y esa misma Columna de Fuego la vio en una Gran Carpa-Catedral. “Ahí será (le fue dicho a él) manifestada la Tercera Etapa,” ahí va a estar la gloria de Dios manifestada; por consiguiente, ahí estará comenzando, surgiendo el avivamiento del Día Postrero, que se extenderá por el mundo entero.

Y cuando la Iglesia del Señor Jesucristo vea esa visión que le fue mostrada al reverendo William Branham, cumpliéndose: sabrá que estamos muy cerca de la redención de nuestro cuerpo, que será nuestra transformación; porque sin ser transformados no podemos ir a la Cena de las Bodas del Cordero; allá se va con un cuerpo nuevo, glorificado, igual al cuerpo glorificado de Cristo, y joven para toda la eternidad.

Estamos en un tiempo muy importante, en que tenemos que estar bien agarrados de Cristo. Son tiempos peligrosos, más que en cualquier otro tiempo. Mire la Palabra, manténgase en la Palabra; no importan las cosas que sucedan en las naciones, no importa las cosas que sean contrarias al Programa Divino.

Recuerden que muchos tropezarán en el Día Postrero como tropezaron en los días de Jesús. Después de tener miles de personas que creían y lo seguían, a lo último quedaron solamente doce personas. Jesús les dice: “¿Queréis vosotros también iros? ¿Quieren irse también ustedes?”

O sea, que hay etapas donde hay pruebas; y algunas veces porque no entienden algo… Cuando les decía: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí,” ya eso sonaba como a vampiro y ya muchos se fueron. Él no les tenía que explicar, eso lo entenderían más adelante. Y ahora nosotros comemos Su carne y bebemos Su Sangre, creyendo en Cristo y creyendo en Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario; y lo tipificamos, lo simbolizamos, lo conmemoramos, tomando la Santa Cena, donde comemos el pan, que es tipo y figura de Su cuerpo, y tomamos Su Sangre: tomamos el vino, que es tipo y figura de Su Sangre. Tan sencillo como esolain .

Él ordenó efectuar la Santa Cena, conmemorar Su muerte en la Cruz del Calvario, conmemorar Su cuerpo siendo sacrificado, partido por nosotros, y Su Sangre siendo derramada por nosotros en la Cruz del Calvario como la Sangre del Nuevo Pacto. Y ahora miren qué sencillo es, pero cuando Cristo lo dijo allá, no lo podían entender.

Y el lavatorio de pies tampoco lo entendían; pero eso representa que nos mantiene limpios con Su Sangre. Siempre que fallamos en algo: lo confesamos a Cristo y Cristo con Su Sangre nos limpia de todo pecado, y así nos mantiene limpios delante de Dios; Dios cuando nos mira, nos ve sin pecado.

¿Ven lo sencillo que es todo? Pero cuando fue hablado dos mil años atrás, no lo entendieron; y algunos se marcharon. Pero los creyentes verdaderos permanecen firmes, y aunque no entiendan, lo creen; y escuchan las palabras de Cristo a Pedro: “Lo que no entiendas ahora, lo entenderás después.” Por lo tanto, lo importante es que sea hablado, y luego va a ser entendido.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de la sentencia de Jesús crucificado, “LA SENTENCIA DE JESÚS: LA CRUCIFIXIÓN” y el beneficio que ha sido para la humanidad.

Toda  persona que ha recibido a Cristo como Salvador, ha sido bautizada en agua en Su Nombre y ha recibido Su Espíritu: ha obtenido la vida eterna; porque es un asunto de uno aceptar lo que Cristo hizo por nosotros en la Cruz del Calvario. Ya todo Él lo hizo. Luego le toca al ser humano aceptar aquello que Cristo hizo por nosotros en la Cruz del calvario; y así se convierte en una realidad para la persona.

Es efectivo el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario para todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador. Para los que no lo reciben, no se hace efectivo ese Sacrificio en la Cruz del Calvario; no les produce ninguna bendición al que no lo recibe; pero al que lo recibe, le trae la bendición de la vida eterna.

Por lo tanto, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento. Para lo cual, puede pasar al frente, y estaremos orando por usted.

Y en las demás naciones, demás países, y demás iglesias también, los que están en otros países: pueden venir a los Pies de Cristo si todavía no lo han recibido como Salvador.

Y si alguno se había apartado de Cristo, y Cristo lo está llamando nuevamente, puede también venir a los Pies de Cristo para ser reconciliado con Cristo.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, aquí y en otros países también.

Y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Cristo es el segundo Adán, y murió; y Su descendencia ahora no es una descendencia que vivirá temporalmente sino eternamente en el Reino de Dios, con cuerpos eternos. No será una descendencia de mortales sino de inmortales cuando Él complete Su Iglesia, resucite a los muertos creyentes en Él en cuerpos eternos y glorificados, y a los vivos los transforme; y todos jóvenes, con cuerpos glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo.

Por eso Cristo decía que serán como los ángeles, como los ángeles de Dios, que ni se casan ni se dan en casamiento. Eso es cuando estemos con los cuerpos eternos, cuerpos glorificados.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. Porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre, gracias por el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario. Vengo a Ti con las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos, Señor, en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo, te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración, todos los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón.

Señor, creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo que no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego, Señor. Te ruego hagas una realidad en mi vida Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario, Tu Salvación que has ganado para mí y para todo ser humano que te recibe como Salvador.

Sálvame, Señor. Haz realidad en mi vida Tu Salvación.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador. Por lo cual, ustedes me dirán, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es un mandamiento de Jesucristo, el cual dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16]

Es un asunto de creer o no creer, cuando la persona escucha la predicación del Evangelio de Cristo. No creer: para condenación, o creer: para Salvación y vida eterna.

En el bautismo en agua, la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; porque estábamos en Cristo cuando Él estuvo aquí en la Tierra, y cuando estaba en el Cielo también estábamos con Él, estábamos con Él eternamente, estábamos en Dios: atributos de Dios. Y ahora estamos manifestados en esta Tierra para obtener la redención, la adopción de hijos e hijas de Dios.

Cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, está siendo sepultado; pero antes, cuando recibió a Cristo como Salvador, murió al mundo; cuando es sumergido en las aguas bautismales, está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, donde hemos sido trasladados, porque fuimos trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Cristo, al Reino de Luz.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y nos veremos ¿cuándo?, ¿próximo domingo? Próximo domingo, Dios mediante, estaré nuevamente con ustedes aquí para tratar el tema de LA RESURRECCIÓN DE CRISTO.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer a los que han recibido a Cristo, para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA SENTENCIA DE JESÚS: LA CRUCIFIXIÓN.”

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