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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, y los ministros que están aquí presentes. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante, donde nos dice:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA TERCERA ETAPA.” Es el tema que tenemos para esta ocasión.

Este Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, es el Libro de la Vida, en donde están escritos los nombres de los que recibirán a Cristo como único y suficiente Salvador.

Este Libro, Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, de toda la Creación, estuvo en las manos de Adán; pero por cuanto pecó le fue quitado, regresó a la diestra de Dios, o sea, regresó al dueño original.

Y mientras este Título de Propiedad esté en la diestra de Dios, el ser humano no puede vivir físicamente eternamente; tiene que, este Título de Propiedad, regresar al ser humano, a la raza humana.

Y por eso, Jesucristo como parte de la raza humana, por cuanto nació a través de una virgen: la virgen María, Él es, Cristo es el único que puede reclamar ese Libro, tomarlo y abrirlo en el Cielo, y traer ese Libro de regreso a la Tierra, a la raza humana.

Por lo cual, Él aparece en Apocalipsis, capítulo 5, terminando Su Obra de Redención, Su Obra de Intercesor en el Cielo; y por esa causa cuando el anciano pregunta y le dice a Juan que no llore… porque Juan estaba llorando mucho, porque no se encontraba una persona digna de tomar ese Libro y abrirlo en el Cielo, ni siquiera se encontraba una persona digna de mirar ese Libro, por eso Juan lloraba mucho, porque sabía que todo estaba perdido si no aparecía esa persona. ¡Y no aparecía!

Pero de momento, el anciano le dice a Juan: “No llores. He aquí el León de la tribu de Judá.” He aquí el hombre que puede tomar el Libro y abrirlo: es lo que significa esto; porque solamente Jesucristo es digno de toda gloria, de toda honra, y por consiguiente es digno de tomar ese Libro y abrir esos Sellos.

Por eso el anciano, que sabía lo que significaba y sabía del cambio de ministerio —en el Cielo y en la Tierra— de Cristo, y sabía lo que estaba sucediendo en el Cielo, pues este anciano le dice a Juan: “No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.”

Cuando Juan miró, vio un Cordero; porque Juan conocía a Jesús como Cordero de Dios. Juan no está viendo un cordero literal sino que está viendo a Jesucristo, el cual lo encontramos en San Juan también, siendo presentado por Juan el Bautista al pueblo; y cuando lo presenta al pueblo, vean cómo es esa presentación. Capítulo 1 de San Juan, verso 25 en adelante. Le preguntan a Juan quién él es. Vamos a leer desde el verso 19 de San Juan, capítulo 1:

“Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres?

Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.”

Porque los sacerdotes, los saduceos y fariseos, líderes religiosos, sabían que el Mesías tenía que llegar en ese tiempo; porque era el tiempo en que la semana número setenta había comenzado.

Habían venido antes de Jesús, falsos mesías, falsos cristos, como Teudas y Judas, que fueron proclamados, se proclamaron el Mesías prometido, llevaron discípulos tras sí, murieron, y se acabó el movimiento de cada uno de ellos.

Por eso es que en el libro de los Hechos encontramos que un maestro muy importante de Israel, el cual también fue profesor de Saulo de Tarso, les dice: “Dejen a esas personas tranquilas porque antes de él, de Jesús, vinieron Teudas y Judas, llevaron discípulos tras sí, murieron, y todo terminó.” Así que Gamaliel era un hombre conocedor de las cosas de Dios, y les aconseja a estos líderes religiosos de Israel, que dejen tranquilos a los cristianos, a los apóstoles y todos los que creían en Jesús. Y Gamaliel también vino a ser un creyente en Cristo: examinó las Escrituras y vio que concordaba el ministerio de Jesús con las Escrituras proféticas que hablaban de la Venida del Mesías.

También tenemos a José de Arimatea, y tenemos a otro discípulo que vino a Jesús de noche, el cual quiso saber claramente quién era Jesús: Nicodemo, un maestro en Israel; y Cristo le habló; con lo que le habló Cristo él pudo saber que Jesús era el Mesías. Por eso Nicodemo buscó el cuerpo de Jesús, él con otras personas, para darle santa sepultura. El lugar de sepultura de José de Arimatea, también estaba disponible para Jesús; con los ricos fue en Su muerte.

Estas personas que vivían bien y tenían buenas posibilidades de ayudar en la Obra del Señor, en el ministerio de Cristo, vean, se ocuparon de la sepultura de Jesús proveyendo un lugar ya preparado para ese propósito.

Ahora, continuemos leyendo aquí el testimonio de Juan:

“Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo (O sea no… les dice: ‘No soy el Cristo, no soy el Mesías, no soy el Ungido’).

Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy.”

Pero era el Elías de aquel tiempo; pero ellos están preguntando por el Elías que está en la Escritura, en Malaquías 4, que vendría al final, en el tiempo final; y ese Elías fue el reverendo William Branham.

Algunas veces podemos decir − o el reverendo William Branham podía decir: “El Eliseo que vendrá,” porque Eliseo era Elías en su ministerio; por eso él podía decir, cuando tenía que decir: “El Eliseo,” podía decir: “Elías”; y estaba bien, porque él era el Elías de aquel tiempo.

Ahora, continuemos viendo:

“Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?”

Porque todo el mundo quiere saber de boca de Juan, quién él es; y no quiere decir que quieren saber para creer. Muchas veces quieren saber para entonces atacarlo, buscarle faltas, como ha pasado a través de toda la historia bíblica.

“Dijo (Juan): Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.”

Ahora vean, Juan no se puso a discutir con ellos; él les dijo: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto, como dice el profeta Isaías.” O sea, les está diciendo: “Yo soy ése que está clamando en el desierto.”

Entonces encontramos a Juan por el desierto, se iban donde Juan estaba, la gente, para ser bautizados en áreas que eran desiertos, pero allí llegaban las personas. Igual que cuando Jesús, llegaban personas en lugares que Jesús estaba predicando, ya fuera ciudades, aldeas o desiertos.

“Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?”

Y era profeta. ¿Por qué le dicen: “ni el profeta”? Porque el Mesías tiene que ser un profeta.

“Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.”

O sea, que Juan ya estaba conociendo que tenía que estar en la Tierra Aquel al cual él le estaba preparando el camino.

“Este es el que viene después de mí…”

Después del precursor, el próximo profeta que aparecería sería el Mesías.

“Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí…”

¿Cómo era antes si venía después? ¿Y cómo Jesús habiendo nacido, digamos, unos meses después de Juan, va a ser primero? Porque Cristo es antes de todas las cosas: Es primero que Juan, no solamente primero que Juan, es primero que Abraham, y es primero que Adán también; y es primero o antes que la Creación, porque Dios a través de Él fue que llevó a cabo la Creación.

“Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.

Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

O sea, que ya cuando estuvo hablando con los fariseos, ya él sabía quién era el Mesías: según la carne, su primo; porque María era parienta de Elisabet la madre de Juan el Bautista. Y de seguro, cuando María fue a ver a Elisabet, que estaba embarazada y ya llevaba seis meses de embarazo —le dice el Ángel: “Ya van seis meses”—, y ella va a visitarla y le dice lo que el Ángel le dijo, cuando saluda a Elisabet, el niño Juan el Bautista brincó en el vientre de Elisabet.

La promesa era que Juan, el Elías que vendría, dice el Ángel Gabriel a Zacarías el sacerdote y padre de Juan el Bautista, que sería lleno aun desde el vientre de su madre. ¿Lleno de qué? Del Espíritu Santo. Y si iba a ser lleno del Espíritu Santo, vean, algo tenía que suceder. San Lucas, capítulo 1, verso 11 en adelante, dice:

“Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.

Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.

Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;

porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre.”

O sea, que lo que aconteció cuando María saludó a su parienta Elisabet y el niño brincó cuando fue lleno del Espíritu Santo, ya estaba prometido por Dios a través del Ángel Gabriel al sacerdote Zacarías. Y todas las palabras que le habló el Ángel Gabriel a Zacarías y a la virgen María, también se cumplieron.

Ese Ángel es portador de la Palabra de Dios; por eso al profeta Daniel le dijo: “Yo he venido para darte sabiduría, entendimiento,” y le mostró el reino de los gentiles y la trayectoria de ese reino desde el tiempo del rey Nabucodonosor como la cabeza de oro de esa estatua, hasta este tiempo en donde se encuentra el reino de los gentiles en los pies de hierro y de barro cocido.

Y para este tiempo final es que está la promesa que de la montaña, del monte, vendrá una piedra no cortada de manos. ¿Y eso es qué? La Venida del Señor a Su pueblo, a Su Iglesia.

El impacto será tan grande que desmenuzará, serán desmenuzados los pies de hierro y barro cocido; y de ahí, el resto de la estatua que queda hasta este tiempo, también será destruida; y la piedra crecerá y se formará un gran monte: un gran Reino: el Reino del Mesías.

Por lo tanto, el reino de los gentiles ha llegado a la etapa en que terminará; por lo tanto, el reino de los gentiles no tiene futuro. Por eso ustedes ven la crisis económicas y políticas que están ocasionando el deterioro económico, social, político, del reino de los gentiles. Cada día va hacia atrás, porque comenzó en la cabeza y ya está en los pies.

El Reino de Dios viene de abajo hacia arriba a esta Tierra. Comenzó allá el Reino de Cristo, con los apóstoles, pero también con y desde Adán para acá; y ha ido subiendo de etapa en etapa. Después vinieron las diferentes edades de la Iglesia; y todo es hacia arriba. Y luego la Edad de Oro, con la que corona, es coronada la Iglesia; la Edad de Oro, que representa el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual de Cristo; porque la Iglesia es un Templo espiritual, Casa de Dios, donde mora Dios en Espíritu Santo como fue prometido por Jesucristo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Así que, Cristo construyendo la Casa de Dios, que es Su Iglesia, con piedras vivas, seres humanos, vean ese trabajo de construcción hasta dónde ha llegado: ha llegado en el fin del tiempo al Lugar Santísimo, que está siendo construido con piedras vivas, seres humanos que escuchan la Palabra de Dios y nace la fe de Cristo en su alma, y lo reciben como Salvador; así son cortados con la Palabra de Dios para ser colocados en el Templo espiritual de Cristo. Dios corta esas piedras con la Espada de la Palabra.

Y ahora, continuando aquí en San Juan, capítulo 1, dice verso 29... Ya él había dicho... verso 29 dice:

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Cristo con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario quitó el pecado del mundo; de ahí en adelante las personas responden por sus propios pecados.

Está en la Escritura, que vendría el Salvador del mundo; y aparentemente no salvó al mundo, lo crucificaron, por eso le decían: “Sálvate a Ti mismo,” cuando estaba en la Cruz. Pero cuando buscamos bien las Escrituras, encontramos que en aquellos días de Jesús el mundo estaba como en los días de Noé y como en los días de Lot también, porque era un tiempo en que un entrelace dispensacional se estaba llevando a cabo; y apareció allí un profeta mensajero dispensacional, el cual fue Jesús. Y siempre que ocurre esto, algo grande ocurre en la Tierra. Jesús está allí presente para hacer el trabajo, la labor, que le corresponde para la salvación del mundo.

El mundo en aquellos días había llegado al máximo de pecado, era el tiempo del juicio para el mundo por sus pecados; pero llegó el Redentor, el Salvador, y allí en el Getsemaní tomó los pecados del ser humano y se hizo así pecado por nosotros, a costa de Su propia vida.

Él decía: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda,” o sea, que morirían las demás personas y ya el planeta Tierra con un ser humano solamente. ¿Cómo se vería Jesús solamente, diciendo: “Este planeta Tierra es mío”? Y solito. ¿Con quién lo iba a compartir?

Cristo tomó nuestros pecados porque podía hacerlo, para eso fue que fue hecho carne el Verbo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo; y tenía una labor importante de ser el Redentor, el Salvador del mundo, el Salvador del ser humano; por eso murió en la Cruz del Calvario llevando los pecados del ser humano. Y entonces, al mirar Dios, ve las cosas a través de la Sangre de Cristo, y como la Sangre de Cristo quita el pecado, entonces no ve pecado: un Arco Iris está alrededor del planeta Tierra protegiendo la vida del planeta, un pacto: el Pacto Divino en la Sangre de Cristo.

Cuando termine Su Obra de Intercesión, entonces ya no habrá oportunidad para las personas venir a los Pies de Cristo y obtener la redención, tendrán que pasar por la gran tribulación, aunque reciban a Cristo.

Y ahora, encontramos que todo lo que el Ángel Gabriel dijo, era cierto; y aquí lo que Juan dice de Jesús también es cierto. Juan fue bien enseñado por su padre de lo que el Ángel le había dicho; y por consiguiente, lo que María había conversado con Elisabet, de seguro se lo dieron a conocer a Juan el Bautista.

Así que, precursor y precursado en la familia, y así es bueno. Y todo lo que Dios hará en Su Iglesia será la Familia de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; ahí es que ha estado el Espíritu Santo y ha enviado Sus diferentes mensajeros.

Algún día se va a completar la Iglesia; y cuando entre el último escogido a la Iglesia, escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, recibiéndolo como Salvador, siendo bautizado en agua en Su Nombre y Cristo bautizándolo con Espíritu Santo y Fuego, ahí se completará la Iglesia; ahí ya Cristo podrá salir del Trono de Intercesión, en donde está como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, se presentará como Rey, se presentará como Juez y tomará ese Título de Propiedad.

Ahora, vean ustedes una cosa: antes de Jesús salir del Trono de Intercesión, ya se estaba pidiendo que se presentara alguna persona digna de tomar ese Título de Propiedad, ese Libro, y abrirlo. O sea, que el llamado está desde antes de Jesús terminar Su Obra de Intercesión, de que sea tomado ese Libro por Cristo en el Cielo y abierto en el Cielo, Cristo abriéndolo como León, como Rey, como Juez; y tiene que ser como Rey, como Juez, como León, porque Él es el que tiene la autoridad, porque Él ha sido colocado como Juez de los vivos y de los muertos.

Ese Título de Propiedad, Libro sellado con siete sellos, es el Libro más importante en el Cielo. Es el Libro que el que lo tenga, vivirá eternamente; es el Libro que si la primera edad de la Iglesia lo hubiera tenido, no morirían, o alguna de las siete edades de la Iglesia si lo hubieran tenido, no morirían. Ese Libro va a ser entregado a la Iglesia del Señor Jesucristo cuando Cristo lo tome en el Cielo y lo abra, y eso es cuando termine Su Obra de Intercesión.

Gracias a Dios que todavía Cristo está en el Trono de Intercesión como Sumo Sacerdote del Templo celestial; pero cuando termine esa labor, tomará el Libro, lo abrirá, y hará Su Obra de Reclamo, reclamará todo lo que Él ha redimido con Su Sangre: personas, Reino, planeta Tierra completo; para lo cual, Él lo abre en el Cielo y luego lo trae a la Tierra para entregarlo a un hombre para que se lo pase a Su Iglesia.

Lo pasará predicando, hablándolo. Él lo recibirá como está señalado en Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 al 11, donde el Ángel Fuerte que desciende del Cielo cercado de una nube con el arco iris alrededor... Vamos a verlo aquí: Capítulo 10 de Apocalipsis:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.”

¿Quién es ese? Es Cristo, el Ángel del Pacto, el mismo que le apareció a Moisés para libertar al pueblo de la esclavitud en Egipto:

“Tenía en su mano un librito abierto (ese Librito abierto es el Libro sellado con siete sellos, de Apocalipsis 5, que Él tomó, es el Título de Propiedad de la vida eterna, el Título de Propiedad de toda la Creación); y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

 y clamó a gran voz, como ruge un león (está hablando como León); y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.”

Por lo tanto, lo que hablaron los Siete Truenos (o sea, Cristo, la Voz de Cristo tronando) no fue escrito, ni siquiera un símbolo fue escrito ahí por Juan el apóstol. Lo que los Siete Truenos han dicho, dará la fe para ser transformados y raptados a los escogidos de Dios en el Día Postrero; lo que los Truenos hablaron, será revelado en este tiempo final cuando sea revelado el Libro sellado con siete sellos a Su Iglesia. Eso es para este tiempo final, y eso será el Mensaje de Cristo para Su Iglesia, para darle la fe para ser transformados y raptados. Será revelado el misterio de la Segunda Venida de Cristo a Su Iglesia, y todo va a girar alrededor de la Venida del Señor a Su Iglesia.

Así como la fe para salvación, para la redención del alma, gira alrededor de la Primera Venida de Cristo; la fe para la transformación de los creyentes en el Día Postrero, va a girar alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

Y la Escritura nos muestra que Él viene con un Nombre Nuevo; por lo tanto, eso también va a ser revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo. Dice la Escritura sobre el Nombre Nuevo, en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”

Por lo tanto, quien nos podrá revelar ese misterio es aquel que lo recibe. Luego en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios (va a ser escrito el Nombre de Dios sobre el vencedor), y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”

Cristo, cuando subió victorioso al Cielo, luego de resucitado, recibió un Nombre Nuevo; así que la fe para el rapto va a girar alrededor de Su Segunda Venida y Su Nombre Nuevo que Él usará para Su Segunda Venida.

Va a ser un tiempo muy importante, decisivo, para el cristianismo, para el judaísmo y para todas las religiones y para todas las naciones. Esos misterios serán revelados en este tiempo final cuando Cristo concluya Su labor de Intercesor en el Cielo como Sumo Sacerdote y se convierta en el León de la tribu de Judá, en Juez y Rey; entonces se habrá cerrado la Dispensación de la Gracia, la Intercesión en el Cielo se habrá terminado, y ahora Cristo estará en una nueva etapa ministerial como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores.

Y por eso es que en Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 en adelante, el Verbo que viene tiene un Nombre que nadie conoce, el cual es el Verbo de Dios. O sea, es el Verbo que se hizo carne y tuvo un Nombre: Jesús, en Su Primera Venida. El Verbo, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, vendrá de nuevo; eso será Su Segunda Venida, con un Nombre Nuevo. Y dice que en Su vestidura... Capítulo 19, verso 11 en adelante, dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo  blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea (ese es Jesucristo, el Verbo).

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios.

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.”

Por esa causa es que en Su Primera Venida Él no hizo el Reclamo, porque eso es para este tiempo final en donde Él se revelará como Rey de reyes y Señor de señores, como León de la tribu de Judá. En Su Primera Venida vino como Cordero de Dios para morir en la Cruz del Calvario.

Para este tiempo final, en el Programa Divino está prometida la manifestación más grande que Él haya tenido en medio de Su Iglesia; y el reverendo William Branham tuvo el privilegio de ver esa etapa surgiendo en medio del cristianismo. Y él dice en la página 119, párrafo 1057 y 1058:

“...Entonces ustedes verán, lo que han visto temporalmente, manifestado en su poder absoluto. Ahora yo continuaré evangelizando, así como fui comisionado al principio, así seguiré. Pero ustedes tienen la Palabra y ustedes sabrán a dónde mirar y en qué están parados.”

Más abajo dice: “El tercero...” Está hablando de las tres etapas, y de la Tercera Etapa dice:

“El tercero es propiamente identificado. Nosotros sabemos dónde está, así que la Tercera Etapa está aquí. Es tan sagrado que no debo hablar mucho de ello, como Él me dijo en el principio. Él me dijo, de esto... no hables nada, ¿ustedes recuerdan...?”

Y se los hubiera leído hasta: “el principio”, ya hubiera terminado hoy; porque les leía esto y terminaba. “No puedo hablar nada.” Pero queremos dar un recorrido por lo que Él habló a través del reverendo William Branham:

“Pero traté de explicar los otros (las otras dos etapas: la primera y la segunda) e hice un error en mi opinión. (Yo no digo que el Señor me dijo esto). Esto será lo que empezará la fe para el rapto, para irse. Yo tendré que quedarme callado por un tiempecito. Ahora recuerden (y tú que estás oyendo esta cinta). Tú vas a ver un cambio en mi ministerio luego. Decayendo... no levantándose, decayendo... Ya estamos en la edad y no puede ir más allá. Tenemos que esperarnos aquí un minuto hasta que esto acontezca acá para alcanzarlo, y entonces viene el tiempo y la presión está en un lugar donde tú estás oprimido, entonces mira (lo que estoy preparando para decirte en estos momentos)... Mire la Tercera Etapa entonces, será absoluta y totalmente para los perdidos, pero será para la Iglesia y la Novia...”

O sea, que la Tercera Etapa va impactar al mundo entero, al cristianismo completo y a los escogidos, identificados por el reverendo William Branham como la Novia-Virgen del Señor Jesucristo. El otro párrafo dice:

“Tal vez sea que estoy construyendo una plataforma para que alguien más suba en ella, tal vez yo sea llevado antes de este tiempo (y fue llevado)... pero yo creo que estamos tan cerca que yo no me moriré de edad avanzada. Y siendo de cincuenta y cuatro años, no me moriré viejo hasta que Él esté aquí...”

Hasta que el que él ha precursado, al que él le ha preparado el camino, dice: “No moriré de viejo hasta que él esté aquí.” ¿Ya tendría cuántos años? Tendría más de 100 años si estuviera aquí con nosotros, porque nació en el 1909 y estamos en el 2013, le quita nueve años al trece, le quedan... ¿Cuánto tendría? 104 años.

“Sólo que sea disparado, asesinado, o alguna otra cosa, de algún modo muerto, pero no por la edad avanzada hasta que Él venga. Tal vez yo no lo haré, pero este mensaje introducirá a Jesucristo al mundo; así como Juan el Bautista fue enviado como precursor a la Primera Venida, así este mensaje será precursor de la Segunda Venida; y Juan dijo: ‘He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,’ así es que será paralelo en todo y yo sé que será.”

Será paralelo en todo; por lo tanto, ese es el misterio del Séptimo Sello que fue abierto en el Cielo y hubo silencio en el Cielo como por media hora (en el capítulo 8, verso 1, de Apocalipsis). Los ángeles vieron lo que era cuando fue abierto en el Cielo, pero guardaron silencio, y los cánticos los detuvieron también hasta cierto tiempo; no se pusieron a colocar − a cantar lo que estaba pasando, o sea, no cantaron lo que estaba en los Truenos.

Cuando Él bajó a la Tierra en el capítulo 10, ya venía con el Librito abierto; habló, Juan escuchó, pero no podía escribir, guardó silencio; fue guardado silencio acerca de lo que los Truenos hablaron. Silencio como por media hora cuando el Séptimo Sello fue abierto en el Cielo: es el misterio de Su Venida. El Séptimo Sello es la Venida del Señor, eso es lo que contiene y todo lo que Él estará hablando en Su Venida para darles la fe para ser transformados a todos los creyentes en Cristo.

Todos los creyentes que van a ser transformados: van a escuchar, van a saber lo que los Truenos hablaron; y eso está en la Tercera Etapa.

La Tercera Etapa, dice el reverendo William Branham que es algo muy sagrado, de lo cual el Ángel le dijo que no dijera nada para que no surgieran imitaciones. Página 471 del libro de “Los Sellos” (de esta versión), dice:

“Entonces me alzó y me colocó en un lugar muy elevado donde había una reunión, y parecía una carpa o una especie de catedral. Yo miré, y así a un lado parecía que había una cajita, un lugar pequeño. Y esa luz que ustedes ven sobre la fotografía estaba hablando con alguien más arriba de donde yo estaba (más arriba de donde él estaba, de donde estaba el hermano Branham). Se fue volando de donde yo estaba, y se fue a posar sobre la carpa, y dijo: ‘Te encontraré allí. Esto será la tercera etapa, y no se lo dirás a nadie (él no podía explicar, dar a conocer, el secreto de la Tercera Etapa).’

Y allá en el Cañón Sabino, Él me dijo: ‘Esta es la tercera etapa (o sea, cuando le cayó la espada en la mano).’ Hay tres cosas muy grandes que acompañan la tercera etapa. Una de ellas se abrió ayer, otra hoy, y queda una cosa que no puedo interpretar, porque está en un idioma desconocido (no estaba en inglés). Pero estuve allí parado, y lo miré directamente; y esta es la tercera etapa, lo que viene. Y el Espíritu Santo de Dios (o sea, que ahí estará el Espíritu Santo como estuvo en la Primera Venida de Cristo en Jesucristo)... ¡Oh, hermano! ¡Por eso fue que todo el Cielo estuvo en silencio!”

Ese silencio como de media hora de Apocalipsis, capítulo 8, fue causado por la apertura del Séptimo Sello; fue abierto, y entonces se supo lo que era; los ángeles lo supieron y no podían hablar: hubo silencio como por media hora. Todo eso será en simplicidad.

El reverendo William Branham vio porque él estuvo en el cuartito pequeño que estaba dentro de esa Gran Carpa-Catedral, pero se fue con el secreto. Eso va a ser revelado a la Iglesia en esa Tercera Etapa que está en un idioma desconocido para los que hablan en inglés (o aprenden, o se les traduce).

Estamos en un tiempo muy importante. Para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero se requiere saber, escuchar, lo que los siete truenos de Apocalipsis 10 hablaron; es la revelación de Su Venida.

Por lo tanto, hay que localizar dónde va a ser ese evento, para, de ahí, aunque sea por línea telefónica o por internet o por satélite, como sea, cada ministro tener al tanto a su pueblo recibiendo la Palabra revelada para nuestro tiempo. Así es que se podrá cubrir el mundo entero con la noticia del Séptimo Sello siendo abierto, siendo revelado a Su Iglesia, para obtener la fe para ser transformados y raptados.

Para la Primera Venida de Cristo y para ser abierto el misterio de Su Primera Venida como Cordero muriendo en la Cruz del Calvario, hubo luchas; la religión principal de Su tiempo se levantó en contra de esa revelación que le daba la fe para recibir salvación y vida eterna, recibir esa transformación interior, recibir la redención del alma.

Para recibir la redención, adopción, la redención del cuerpo, estaremos escuchando lo que los Truenos han hablado y obteniendo la fe para ser transformados y raptados. Otros atacarán toda la revelación y todo lo que Dios estará haciendo. Pero serán bendecidos los que escucharán y creerán, porque van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; ahí se estará cumpliendo la Tercera Etapa, en el cumplimiento de la Visión de la Carpa.

Por lo tanto, la Tercera Etapa la Iglesia del Señor la necesita. Todo estará basado en la Palabra de Dios que ha sido traída por el Espíritu Santo a través de Sus diferentes profetas, incluyendo al reverendo William Branham, que fue el profeta más grande que haya aparecido en Norteamérica; él fue el mensajero para la séptima edad. Por lo tanto, él fue aquel Elías de Malaquías, capítulo 4, que vendría para restaurar el corazón de los hijos a los padres apostólicos para la restauración de la Iglesia.

Por lo tanto, es importante estar al tanto de todas estas cosas y comprender el porqué Dios nos está bendiciendo. Es para bendición de los creyentes todo lo que estará siendo hecho por Dios en este tiempo.

Cuando sea abierto el Séptimo Sello, cuando sea abierto ese misterio que hablaron los Truenos, entonces vamos a entender la trayectoria de la Iglesia del Señor Jesucristo después de la séptima edad de la Iglesia; comprenderemos mucho mejor. Aunque algunos dirán, cuando vean todo y escuchen todo lo que corresponde a la Tercera Etapa, unos dirán: “Yo lo sospechaba.” Otros dirán: “Yo lo sabía, yo estaba seguro; yo estaba seguro de que eso era así.”

Recuerden que todo está en la Palabra, y lo que no entendemos de momento, lo entenderemos después. Otros dirán: “Ahora sí que yo entiendo.” Otros dirán: “Yo no entendía quizás mucho, pero lo creía.” Otros dirán como Tomás: “Ahora yo veo y creo,” como Tomás: si no veía, no creía; y otros dirán: “Lo veo pero no lo creo.”

Pero habrá aquellos que dirán: “Lo veo, pero no lo creo,” de alegría; como fue cuando Jesús resucitó: de gozo no creían, no creían lo que estaban viendo, era increíble, pero era la verdad.

Otros dirán: “Yo no creo,” dirán que no creen porque son incrédulos. Otros, de gozo es que dirán: “Es increíble lo que estamos viendo.”

Pero es la promesa de Dios para nosotros, para todos los creyentes en Cristo, para todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. La identificación para las personas, de estar escritos en la sección del Libro de la Vida del Cordero, es que creerán en la Palabra de Dios correspondiente al Día Postrero como creyeron en cada edad los creyentes correspondientes a cada etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo.

 “LA TERCERA ETAPA.”

No se puede hablar mucho de ella. He hablado solamente lo necesario y siempre recomiendo que no haya fanatismo, porque el fanatismo el reverendo William Branham dijo que echa todo a perder.

Agárrese de la Palabra pero sin fanatismo; así Dios dijo que sería y así va a suceder. Tampoco traten de adelantarse; porque algunas veces hay personas que, como el muchachito en la casa donde hay más muchachitos, trata de aparecer que él es el que sabe mucho y el más rápido para hacer las cosas; pero mejor seamos prudentes y esperemos que todo eso esté funcionando; y entonces nuestros ojos verán lo que Dios prometió, haciéndose una realidad en la Tercera Etapa que está prometida para ser manifestada; esa Tercera Etapa, en donde la gloria de Dios va a estar en medio de Su Iglesia.

 “LA TERCERA ETAPA.”

Que Dios les bendiga y les guarde, y nos ayude; nos ayude para recibir esa bendición tan grande que Él ha prometido para Su Iglesia para este tiempo final.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted; pues hasta que se complete la Iglesia no puede venir esa bendición tan grande que estamos esperando para nuestra transformación.

Recuerden, en la Tercera Etapa vendrá también la Palabra siendo hablada abriendo estos misterios divinos.

Estamos en un tiempo muy importante en el Programa Divino, un tiempo en que toda persona debe prepararse bien para lo que viene de parte de Dios, debe consagrar su vida a Dios, prepararse para la bendición tan grande que viene de parte de Dios. Es como cuando Josué con el pueblo iba a cruzar el Jordán, Dios le dijo: “Santifica al pueblo.”

Vamos a estar en pie para darle gracias al Señor por Su bendición en esta ocasión, y para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en diferentes naciones:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que en diferentes países han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador en estos momentos. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Ahora repitan conmigo, los que han venido a los Pies de Cristo en diferentes países, repitan esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti, creo en Tu Primera Venida, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

           Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero entrar a Tu Reino. Quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor. Haz realidad la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí.

Te lo ruego, Señor, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR NOS LIMPIA DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN Y AMÉN.

Y ahora, dejo al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y terminar acá; y dejo en cada país al ministro correspondiente para que les indique a las personas que han recibido a Cristo en estos momentos, cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Es un mandamiento del Señor Jesucristo. Él dijo:

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando recibimos a Cristo como Salvador, la persona muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente, está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales está resucitando a una vida nueva, a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Con ustedes cada ministro en cada país, y aquí el reverendo José Benjamín Pérez. Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA TERCERA ETAPA.”

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