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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones: ministros, congregaciones, iglesias, hermanos creyentes en Cristo. Que las bendiciones de Cristo sean sobre todos ustedes aquí presentes, sobre los que están en otras naciones y sobre mí también; y nos abra las Escrituras en esta ocasión. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos en San Mateo, capítulo 16, verso 27 al 28; y capítulo 17, verso 1 al 13, de San Mateo también. Dice de la siguiente manera:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Y sigue San Mateo capítulo 17:

Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.

Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor.

Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.

Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.

Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos.

Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.

Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LOS MINISTERIOS DE MOISÉS Y ELÍAS OPERANDO EN EL FIN DEL TIEMPO.”

En el pasaje que tuvimos, en donde Cristo dice que el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles y entonces pagará a cada cual conforme a sus obras; y también dijo que muchos de los que estaban allí no gustarían la muerte hasta que vieran al Hijo del Hombre viniendo con Sus Ángeles; y luego los lleva al Monte de la Transfiguración, se transfiguró delante de Sus discípulos, y aparecen a cada lado de Jesús: Moisés y Elías, hablando con Jesús... La Escritura dice que hablaban acerca de la ida de Jesús a Jerusalén.

Este es el orden para la Segunda Venida de Cristo; pues la Escritura, en San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31, dice que Él, el Hijo del Hombre, “enviará a Sus Ángeles con Gran Voz de Trompeta, y juntará a Sus escogidos desde un extremo de la Tierra hasta el otro… desde un extremo del Cielo hasta el otro.”

La promesa es que enviará a Sus Ángeles, en San Mateo, capítulo 24, verso 31. Y en San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28, dice que el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, “y entonces pagará a cada cual conforme a sus obras.”

Y por cuanto allá iban a estar personas que no verían muerte hasta que vieran eso, lo cual verían en una visión, lo cual estaría mostrando lo que será en la Venida del Hijo del Hombre en el tiempo final: Aquellos que estaban vivos (Pedro, Jacobo y Juan), encontramos que representan a los que estarán vivos en este tiempo final.

Y Cristo glorificado allí, Cristo resplandeciendo en gloria, nos muestra la Venida de Cristo en gloria, la Venida de Cristo glorificado para el Día Postrero.

Y allí, aquellas personas viendo a Moisés y a Elías, uno a cada lado, hablando con el Señor; por lo tanto, los que estarán vivos en este tiempo final, así como Pedro, Jacobo y Juan viendo a Moisés y a Elías hablando con el Señor en Su Venida allí, mostrada en visión, muestra que los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que estarán vivos en el Día Postrero, estarán viendo en la Venida del Hijo del Hombre a Moisés y Elías, los ministerios de Moisés y de Elías repitiéndose en el tiempo final.

No serán Moisés y Elías literalmente sino los ministerios de Moisés y Elías, que son los ministerios de los Dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 11 en adelante. Y lo vamos a ver: Zacarías, capítulo 4, dice verso 11 al 14:

“Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del candelabro y a su izquierda?

Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?

Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.

Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra.”

Los Dos Ungidos, los cuales son los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el tiempo final; los cuales cumplirán con el llamado a ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

En Apocalipsis, capítulo 11, y Apocalipsis, capítulo 7, encontramos ese llamado. En Apocalipsis, capítulo 7, verso 2 en adelante, dice:

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.”

Y así sigue mencionando cada tribu y doce mil sellados de cada tribu, que son ciento cuarenta y cuatro mil sellados de las doce tribus de Israel.

Estos son los mismos que aparecen en Apocalipsis, capítulo 14, verso 1 en adelante, donde dice:

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.

Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas.

Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes, y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil que fueron redimidos de entre los de la tierra.

Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero…”

Son las primicias de Israel. Ciento cuarenta y cuatro mil elegidos, escogidos, que reconocerán, creerán y recibirán al Cordero en Su Venida en el Día Postrero: doce mil de cada tribu de los hijos de Israel; lo cual está por cumplirse.

“…y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios.”

Aquí podemos ver este evento profético, el cual va a ser cumplido muy pronto; para lo cual, los ministerios de Moisés y Elías estarán siendo operados por el Espíritu Santo en este tiempo final.

En Apocalipsis, capítulo 11, dice:

“Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él.

Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses (o sea, tres años y medio).

Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.”

Los Dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14, son estos ministerios proféticos, estos ministerios de Moisés y Elías, que estarán repitiéndose en este tiempo final. Un profeta como Moisés y un profeta como Elías. Por eso es que Israel está esperando un profeta como Elías, un hombre del tiempo en que se cumpla la profecía de Malaquías, capítulo 4, versos 5 al 6, que dice:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

El ministerio de Elías lo hemos visto manifestado en Elías Tisbita. Es el ministerio del Espíritu Santo, el Espíritu Santo operando ese ministerio en Elías Tisbita.

Luego lo vimos por segunda vez en Eliseo. Los hijos de los profetas cuando vieron que Eliseo regresó solo… Ya se había llevado un carro de fuego a Elías Tisbita, luego regresa solo, hiere las aguas del Jordán con el manto de Elías (como lo había hecho Elías), y se abrieron las aguas del Jordán. Los hijos de los profetas dijeron: “El espíritu de Elías ha reposado sobre Eliseo.”

Eso fue lo que Eliseo había pedido a Elías: que una doble porción del espíritu que estaba en él, viniera sobre él, sobre Eliseo. Y Elías le dijo: “Si tú me ves cuando yo sea quitado de en medio de ti, te será concedido; si no, no te será concedido.”

Es importante vigilar a Elías, porque le será concedido ver la Venida del Señor en el Día Postrero, a todos aquellos que estarán atentos esperando la Venida del Señor; y verán primero a Elías, y luego verán a Moisés, y luego verán la Venida del Señor, el Señor viniendo por Su Iglesia.

Y eso será el Séptimo Sello, que será abierto a la Iglesia del Señor Jesucristo para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. El Séptimo Sello es la Venida del Señor. El Sexto Sello es Moisés y Elías, son Moisés y Elías en sus ministerios; o sea, Dios por medio de Su Espíritu repitiendo los ministerios de Moisés y Elías en el tiempo final. Esos son los Dos Olivos prometidos, los Dos Ungidos que están delante de la presencia de Dios, así como estaban al lado de Jesús, uno a cada lado.

Por lo tanto, la venida de Elías en el Día Postrero como el quinto Elías o el ministerio de Elías por quinta ocasión, y el ministerio de Moisés por segunda ocasión… o si contamos el ministerio de Moisés por segunda ocasión en Jesús (un profeta como Moisés), entonces sería la tercera vez que el ministerio de Moisés sería manifestado en la Tierra; si no la contamos, entonces sería la segunda vez. Eso será el Espíritu Santo, la Columna de Fuego, ungiendo en el Día Postrero para operar los ministerios de Elías y de Moisés en el Día Postrero.

Lo que tiene que ver con el ministerio de Moisés y de Elías para el Día Postrero, el ministerio de Elías por quinta ocasión y el de Moisés por segunda ocasión (o tercera ocasión si contamos como segunda ocasión la manifestación del Espíritu en Jesús); entonces esos ministerios son y están ligados al Sexto Sello.

El Sexto Sello son Moisés y Elías, los Dos Ungidos, los Dos Olivos. Y cuando se abre en cumplimiento y se revele a la Iglesia y al pueblo hebreo (sobre todo), el Sexto Sello está ligado al juicio divino que ha de venir sobre la Tierra. Por lo tanto, bajo el ministerio de Moisés y Elías, de los Dos Olivos, será realizado el llamado de ciento cuarenta y cuatro mil hebreos. También van a ser dadas a conocer las plagas, los juicios divinos que han de venir sobre la Tierra.

O sea, que bajo esos ministerios se estará revelando en la Tierra todas esas plagas que han de venir, esos juicios divinos; como en el tiempo de Moisés allá en Egipto fue revelado por Dios a través de Moisés, las plagas o el juicio divino que vendría sobre Egipto, el rey y su imperio; pues Dios había dicho a Abraham que su simiente iba a estar en tierra ajena, cautiva. Capítulo 15 del Génesis, versos 13 en adelante, dice:

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.”

Ahora vean, cuatrocientos años estaría esclavizado el pueblo hebreo en Egipto; y luego Dios los libertaría con mano fuerte, con juicios divinos; y castigaría a esa nación, la juzgaría, la castigaría; saldría el pueblo libre y regresarían a la tierra donde estaba Abraham, la tierra que Dios le juró a Abraham que le daría para él y su descendencia, la tierra de Israel (como se le llama actualmente; antes se le llamaba la tierra de Canaán, por eso la promesa fue la entrada a la tierra de Canaán).

La cuarta generación es muy importante, porque en la cuarta generación surge la vida o el germen de vida de lo que va a suceder más adelante. En Abraham estaba y más adelante surgió: En la cuarta generación, allí estaba un pueblo descendiente de Abraham con sus doce tribus.

Aunque aparecen trece: la tribu de Efraín y la tribu de Manasés, pero es que la tribu de Efraín y la tribu de Manasés, hijos de José, forman la tribu de José. Cuando se dice la tribu de José hay que contar a Efraín y a Manasés, y son doce; y cuando se dice la tribu de Efraín y la tribu de Manasés, entonces son trece.

Es que la bendición de la primogenitura, la cual tenía José, tiene una doble bendición; y tiene una doble bendición hasta en tribu: dos tribus. Sin esa tribu de José no habrá restauración para Israel, no habrá restauración del Reino y Trono de David.

Los derechos de la primogenitura, dice Primera de Crónicas, capítulo 5, que ese derecho lo tienen los hijos de José:

“Los hijos de Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José, hijo de Israel, y no fue contado por primogénito;

bien que Judá llegó a ser el mayor sobre sus hermanos, y el príncipe de ellos; mas el derecho de primogenitura fue de José).”

Por eso se requiere la restauración de las tribus de Israel, el llamado y recogimiento de las tribus perdidas, de las diez tribus del norte, del reino del norte, que estaban encabezadas por Efraín.

Sin la bendición de la primogenitura, que corresponde a José, a la tribu de José… y José tiene doble bendición de tribu, dos tribus: la de Efraín y la de Manasés, donde está la bendición, los derechos de la primogenitura. Y José representa a Cristo, y Manasés representa a los judíos, y Efraín representa a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo. Y no vamos a explicar mucho sobre eso.

Y ahora, en la cuarta generación, que es la generación de oro, donde se cumplen las promesas de Dios de liberación, del éxodo, encontramos que así también es en el campo espiritual.

Allá hubo un éxodo físico, literal, saliendo de la esclavitud del reino de los gentiles de aquel tiempo y de aquel territorio donde estaban los hijos de Israel como esclavos; y ese Faraón de aquel tiempo y su reino, su imperio, representaba el reino o imperio y rey o príncipe de las tinieblas, que es el maligno; también tenían la religión babilónica, el imperio egipcio.

Luego encontramos que así como Dios libertó a Israel del imperio del Faraón, y dejó destruido ese imperio; y los ejércitos que iban, el ejército que iba en los carros para destruir a Israel, al pasar por el Mar Rojo que fue abierto, cuando ya estaban por en medio del mar, por donde pasaron los judíos o los hebreos, fue cerrado y ahí se ahogaron: Dios destruyó caballos, jinete; e Israel pasó al otro lado, en seco, pasó el Mar Rojo, para ir al Monte Sinaí y recibir el Pacto Divino, la Ley; y de ahí seguir rumbo a Canaán, la tierra prometida, para establecerse como una nación libre y soberana, con las Leyes Divinas, con ordenanzas y Leyes para todo Israel, con la interpretación de los diez mandamientos, colocada esa interpretación en Leyes y ordenanzas que le fueron dadas a Israel por medio del Espíritu Santo a través de Moisés.

Encontramos que eso fue un éxodo físico para ser colocados en la tierra prometida, donde Dios estaría con ellos; les acompañó en el camino y estaría con ellos, habitando con Su pueblo y gobernando Su pueblo por los diferentes hombres que Él levantaría, los jueces que levantaría; y que terminaría ese tiempo de los jueces, con el último de ellos, que fue el profeta Samuel.

Era el lapso de tiempo de la teocracia; lo cual luego, en el tiempo de Samuel, cuando ya estaba anciano, el pueblo menospreció a ese hombre de Dios, a ese profeta de Dios; lo encontró que ya estaba muy anciano y quiso tener un rey como las demás naciones, quiso un cambio de teocracia a monarquía. En la teocracia Dios gobierna por medio de un hombre. En la monarquía un hombre gobierna para Dios.

Colocaron al primero en la permisiva voluntad de Dios, el cual fue Saúl. Luego él falló y luego Dios les dio a David: un hombre conforme al corazón de Dios, un hombre con las dos consciencias juntas, un profeta. Los pensamientos del corazón de Dios, por medio del Espíritu de Dios pasaban a David.

Y luego hubo un lapso de tiempo de monarquía; pero luego, con el tiempo, desapareció la monarquía de David. Pero la promesa es que será restaurada esa monarquía: el Reino de David y Trono de David será restaurado. Esa es una promesa, la cual está en Ezequiel, capítulo 37*, versos 15 al 28*, y también el capítulo 34 de Ezequiel, versos 21 al 29.

También lo encontramos en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36, donde el Arcángel Gabriel le aparece a la virgen María y le dice que ella va a tener un hijo, y que será llamado Hijo de Dios, y Dios le va a dar el Trono de David su padre, y reinará para siempre sobre Su pueblo. Esa es una promesa que nos muestra quién es el heredero al Trono y Reino de David.

También en Isaías, capítulo 9, versos 1 al 9, también nos habla de un niño que nacerá: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Lo pueden leer para que lo tengan en orden, todo lo que dice acerca de este niño). Lo vamos a ver aquí: Capítulo 9, verso 6 al 7, dice:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

Esto es lo que dice Isaías que Dios va a hacer. Y en el capítulo 11, verso 1 en adelante, dice, de Isaías:

“Saldrá una vara del tronco de Isaí (o sea, un hijo, un retoño), y un vástago retoñará de sus raíces.

Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.

Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos;

sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca (o sea, con la Palabra), y con el espíritu de sus labios matará al impío (o sea, que traerá el juicio divino sobre la raza humana, sobre el planeta Tierra).”

Cristo, el Ángel del Pacto, la Columna de Fuego, estará hablando en este tiempo final, y se va a saber las cosas que Él ha prometido que va a hablar, y de las cuales Él va a hablar.

Por lo tanto, este es un tiempo muy importante para todos los creyentes en Cristo. Es el tiempo más importante de todos los tiempos, porque es el tiempo para la Venida del Señor, es el tiempo para el llamado de todos los hijos de Dios que estarán formando y que formarán el Cuerpo Místico de Cristo en la etapa que corresponde a este tiempo, que es la Edad de Oro, la Edad de Piedra Angular, la etapa de la cuarta generación en el proceso de la restauración de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Esta es la etapa donde los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, llegarán a la perfección, y en donde serán transformados los que estén vivos, y los que murieron serán resucitados en cuerpos eternos; pero no sabemos en qué año.

Por lo tanto, mientras avanza el tiempo vamos siendo preparados, vamos recibiendo la Palabra revelada para nuestro tiempo y vamos trabajando en el Programa Divino correspondiente a este tiempo. Y trabajando en el Programa Divino es que llegaremos a la perfección: obtendremos todo el conocimiento que se requiere o que Él ha prometido darnos, para darnos la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, estamos en una etapa de un proceso de preparación y de trabajo; porque así como Dios obró por medio de Cristo, ungió a Cristo con Su Espíritu, la Columna de Fuego, y por medio de Él llevó a cabo la Obra correspondiente a aquel tiempo… por eso Él decía: “Escudriñad las Escrituras; porque en ellas os parece que tenéis la vida eterna y ellas son las que dan testimonio de mí.” [San Juan 5:39].

Él decía también: “Como el Padre me muestra, así yo hago. No hago nada de mí mismo,” decía Cristo. Y decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.”

Era Dios haciendo las Obras que Él prometió llevar a cabo en ese tiempo. Él prometió enviar al Mesías, y allí estaba ungido con el Espíritu Santo; porque Mesías lo que significa es: El Ungido, El Cristo; y estaba ungido con el Espíritu Santo, con la Columna de Fuego.

Y todo lo que Dios prometió que haría por medio del Mesías para ese tiempo, lo hizo por medio de Jesucristo. Y coronó Su Obra en la Crucifixión, efectuando allí la Redención, derramando Su Sangre, muriendo por nuestros pecados, quitándolos de nosotros y muriendo por nosotros al tomar nuestros pecados. Luego de la sepultura resucitó glorificado, para nunca más morir. Y por consiguiente, llevó a cabo la Obra que estaba prometida que llevaría a cabo en esta Tierra.

Luego subió al Cielo y continuó la Obra de Intercesor, de Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec allá en el Cielo, donde se encuentra intercediendo por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y Dios por medio de Su Espíritu está… estaba, está y estará en Su Iglesia. Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20.

Y ahora, el mismo Espíritu Santo que obró por medio de Cristo, la Columna de Fuego, ahora pasó a Su Iglesia y ha estado obrando en y por medio de Su Iglesia por dos mil años; y todavía sigue en medio de Su Iglesia obrando.

Todo lo que Dios ha hecho por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, en la Tierra, desde el Día de Pentecostés hacia acá, ha sido por medio de Su Iglesia. La Obra de Cristo continuó en Su Iglesia.

Y Su Iglesia para este tiempo final recibirá la adopción, que será la redención del cuerpo para cada creyente, su transformación, para tener cuerpos eternos y glorificados, y así entrar al Reino de Dios físicamente con vida eterna.

En lo espiritual ya hemos entrado al Reino de Dios. Dice el mismo San Pablo, conocedor de esos misterios divinos, en Colosenses, capítulo 1, verso 13 al 14:

“…El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas (o sea, nos ha librado de la potestad, del poder, del enemigo y de su reino), y trasladado al reino de su amado Hijo (hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Cristo, y por eso estamos sentados con Cristo en lugares celestiales, en Su Reino),

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

Así como hemos sido sacados del reino de las tinieblas y colocados en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios, en el Reino del amado Hijo: Jesucristo; en lo literal, en lo físico, vamos a ser sacados también de este reino terrenal y colocados en el Reino de Cristo, en el Reino celestial; o sea, seremos sacados de esta dimensión física que está bajo el control del reino de las tinieblas, y colocados en la dimensión donde está Cristo y donde Él es Rey.

Físicamente va a suceder eso. Para lo cual, necesitamos una transformación física, como tuvimos necesidad de una transformación interior donde tuvimos que nacer de nuevo como dice Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua (o sea, del Evangelio) y del Espíritu (del Espíritu Santo), no puede entrar en el reino de Dios.”

Así ha sucedido espiritualmente, y ahora viene la parte física para pasar físicamente al Reino de Cristo, al Reino que Él obtendría.

Capítulo 19, verso 11 al 12 de San Lucas, dice:

Oyendo ellos (o sea, Sus discípulos) estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente.”

Ellos pensaban que el Reino de Dios iba a ser establecido sobre la Tierra ya en esos días; pero físicamente todavía tenían que transcurrir unos dos mil años, porque el establecimiento físico del Reino de Dios es para el tiempo del Reino Milenial, para el séptimo milenio.

“Dijo, pues: Un hombre noble (ése es Jesucristo)…”

Recuerde que Él viene de la virgen María, nació de la virgen María, y ella es descendiente del rey David por la línea del hijo de David: Natán; y fue adoptado por José como hijo suyo, y José es un hijo de David, descendiente del rey David por la línea del rey Salomón; por eso el Ángel Gabriel le dice a José: “José hijo de David.” Y ahora, Él pertenece a la realeza al nacer de la virgen María y también ser adoptado por José, el marido de María.

“Un hombre noble se fue a un país lejano (¿para qué se fue?), para recibir un reino y volver.”

Cristo cuando resucitó, luego de estar unos cuarenta días con Sus discípulos, se fue al Cielo; y allá es que recibirá el Reino. Recibió el Reino al sentarse en el Reino de Dios en el Cielo, como nos dice en San Mateo, capítulo 26. Él sabía lo que iba a pasar. Dice, capítulo 26, verso 64... Esto es cuando lo están juzgando en el Sanedrín:

“Jesús le dijo: Tú lo has dicho…”

Vamos a leer desde el verso 63, del capítulo 26 de San Mateo:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Aquí encontramos que Jesús dice que Él se va a sentar a la diestra del poder de Dios. Y por consiguiente, todo el poder… Dice la Escritura… Él mismo dice: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20.

Y ahora en Apocalipsis, capítulo 3, versos 20 al 21 nos dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Por lo tanto, esto es para el tiempo de la tarde, para el tiempo en que el Evangelio ha recorrido desde el Este (la tierra de Israel) hasta el Oeste (el continente americano). En el continente americano es donde se pone el sol, y por consiguiente es el territorio para esta Cena.

“…cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono (o sea, en el Trono de David, que es el Trono de Cristo).”

Él se sentó en el Trono del Padre en el Cielo, pero el Trono − Su Trono es el Trono de David, al cual Él es el heredero y el cual Él reclamará en este tiempo final.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Así como Cristo venció y se sentó con el Padre en el Trono celestial del Reino celestial; así será en el Reino terrenal de Cristo y Su Trono.

Los ministerios de Moisés y Elías son los ministerios que corresponden a la posición que Jacobo y Juan querían obtener en el Reino de Cristo.

Recuerden que ellos vinieron con su madre para que intercediera por ellos para que Cristo les prometiera la posición en Su Reino: de la derecha y de la izquierda, que es la posición que vemos en el Monte de la Transfiguración que tenían Moisés y Elías: uno a la derecha y uno a la izquierda.

Y como ellos vieron eso en el Monte de la Transfiguración (en el capítulo 17), después en el capítulo 20 de San Mateo vienen con su madre a pedirle esa posición en el Reino de Cristo. Capítulo 20, verso 20 en adelante, de San Mateo, dice:

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.

Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.”

Ellos querían la posición más grande que Cristo tiene en Su Reino para otorgarla a quienes corresponde.

“Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.”

El que está buscando una bendición no puede mirar los problemas. Tiene que ser positivo y siempre decir: “¡Sí podemos! ¡Podemos alcanzar tal bendición! ¡Podemos alcanzar esta promesa que está en la Escritura!”

“Él les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.”

O sea, que está preparado para darlo a alguien, la posición de la derecha y de la izquierda.

En todo gobierno, la mano derecha del presidente o del rey, y la mano izquierda del presidente o del rey: esos son dos personas. Por eso en los negocios también, algunos dicen: “Este es mi mano derecha.”

Y ahora, esto nos habla de las posiciones más altas que Cristo tiene en Su Reino, para otorgarlas, como Él dice, para aquellos para quienes está preparada. Es como el Faraón que colocó a José como su mano derecha, colocó a José como el administrador del reino, como el Primer Ministro, como el Virrey.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Esa es la posición que buscaban Jacobo y Juan, y la madre de ellos quería esa posición para sus hijos; pero no le fue concedida, porque esa posición no es de Jesús darla a quien Él quiera sino para aquellos para quienes está preparada. Eso corresponde a los Dos Olivos, a Moisés y a Elías, conforme a como Cristo mostró en el Monte de la Transfiguración.

Ellos querían ser, uno ser Moisés y el otro ser Elías; por eso en una ocasión le dicen a Jesús, cuando Jesús fue con Sus discípulos para Samaria y allá no lo dejaron entrar, ellos le dicen, Jacobo y Juan (llamados también, apodados: los hijos del trueno), le dicen: “Señor, ¿quieres que mandemos descender fuego del cielo, como hizo Elías, sobre Samaria?” ¿Ven? Querían esa bendición, ese ministerio de Elías y de Moisés.

Y ahora, esos ministerios van a operar para Israel en este tiempo final. Y lo que es la Séptima Trompeta para Israel, es el Séptimo Sello para la Iglesia del Señor Jesucristo; o sea, que para Israel el cuadro es con la Séptima Trompeta, que son Moisés y Elías. El Sexto Sello, que son Moisés y Elías, el reverendo William Branham dice que ellos saben cómo abrirlo, y que lo pueden abrir cuando ellos quieran.

Por lo tanto, vigilen a Israel; y vigilen porque en algún momento se les va a cumplir lo que ellos están esperando: Están esperando a Elías, precursor de la Venida del Señor para Israel, y están esperando también a Moisés; un profeta como Moisés y un profeta como Elías. Eso es lo que está esperando Israel. Ellos no creerán a ninguna otra persona, tiene que ser un profeta. Ellos creen a los profetas porque a los profetas es que viene la Palabra del Señor: “Porque no hará nada el Señor sin que revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” Amós, capítulo 3, verso 7.

Por lo tanto, Israel depende del cumplimiento de la Venida del Espíritu Santo operando los ministerios de Moisés y Elías en el Día Postrero; y ellos saben que el Elías que están esperando será un hombre del tiempo en que esa promesa se cumpla, y que vendrá conforme a como está prometido en Malaquías, capítulo 4, versos 5 al 6; y las palabras de Jesús del capítulo 17, versos 10 al 13, que dice: “A la verdad, Elías vendrá primero y restaurará todas las cosas.” [San Mateo]

Va a restaurar las doce tribus, va a restaurar el Reino, va a restaurar la fe. Por lo tanto, para que surja un avivamiento, un despertamiento espiritual en Israel, necesitan a Elías restaurando el corazón del pueblo, restaurándolos a la fe original, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; y eso está muy cerca.

Lo escucharon siendo leído del libro de “Las Edades,” página 30, donde dice:

“Ahora, ¿cuándo volverá el Evangelio a los judíos? Cuando se haya terminado la dispensación de los gentiles. El Evangelio está listo para volver a los judíos. Oh, si tan sólo les pudiera decir algo que está a punto de suceder hoy, en este nuestro día. Esta gran cosa que va a suceder recorrerá hasta Apocalipsis 11 (que son ¿qué? Los Dos Olivos); y aquellos dos testigos, aquellos dos profetas, Moisés y Elías, trayendo el Evangelio de nuevo a los judíos. Estamos listos. Todo está en orden. Igual como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles, así también los gentiles se lo llevarán de regreso a los judíos, y el Rapto sucederá.”

Página 30 del libro de “Las Edades”, del libro del reverendo William Branham. En la página 34 y 35 de ese mismo libro, también habla de Israel.

Estamos en el tiempo para que de un momento a otro surja este evento profético de los ministerios de Elías y Moisés operando —y operados por el Espíritu Santo— en el fin del tiempo para Israel; y el Séptimo Sello para la Iglesia del Señor Jesucristo. Séptimo Sello por el cual hubo silencio cuando fue abierto en el Cielo; y si hubo silencio y no fue revelado, hay que esperar al cumplimiento de ese evento en el Cielo, para que luego sea abierto a la Iglesia del Señor Jesucristo. Hay que esperar un poquito de tiempo, y mientras tanto estar trabajando en todos los proyectos que están señalados para, la Iglesia del Señor Jesucristo, llevar a cabo en este tiempo final.

Y en la Tercera Etapa, que se cumplirá en una Gran Carpa-Catedral, ahí será revelado lo que necesitamos para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; ahí la gloria de Dios va a ser manifestada en medio de Su pueblo, de Su Iglesia; y por consiguiente, la presencia de Cristo en la Columna de Fuego, en Espíritu Santo, será una realidad manifestándose, trayendo el cumplimiento de lo que está prometido para la realización, el cumplimiento de la Visión de la Carpa.

Por lo tanto, estemos a la expectativa y trabajando siempre, y con nuestros ojos bien abiertos, porque algo grande está prometido para ser cumplido en medio de los creyentes en Cristo.

Los creyentes en Cristo tienen una promesa grande de una bendición grande para este tiempo final; y los que aman Su Venida lo van a ver, van a ver esa manifestación de Cristo, del Espíritu Santo, en medio de Su Iglesia.

Por lo tanto, continuemos hacia adelante trabajando en la Obra del Señor, en todos los campos: la evangelización, toda esa Obra misionera, y cada cual también en su Iglesia, todas las personas en su Iglesia trabajando en pro del Evangelio de Cristo y trabajando en favor de todos los hermanos y trabajando por el bienestar de su país, para que cada día las cosas sean mejores para los creyentes en Cristo; y trabajando en todo proyecto que ya hemos visto las promesas que van a ser llevados a cabo en este tiempo final, los cuales Dios ha prometido.

Porque ¿a quién va a usar Dios?, ¿a quién va a usar Cristo para el cumplimiento de toda promesa que Él ha hecho? Va a usar, Cristo en Espíritu Santo, a los miembros de Su Iglesia. Es por medio de Su Iglesia que Cristo ha estado obrando, y continuará obrando Cristo en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo usando diferentes personas.

Por lo tanto, adelante trabajando en la Obra de Cristo, conscientes que los ministerios de Moisés y Elías van a estar operando en el Día Postrero, en el fin del tiempo, para hablarle Dios por medio de Su Espíritu al pueblo hebreo, y llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos.

El Sexto Sello son Moisés y Elías, son los ministerios de Moisés y Elías surgiendo en el Día Postrero. Y cuando se abra ese Sexto Sello, cuando esté en pleno cumplimiento en el Día Postrero y tratando con Israel, para abrirse se abrirá con un grande terremoto.

Por lo tanto, estaremos preparados porque nosotros estamos esperando nuestra transformación para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Siempre los creyentes en Cristo en todos los tiempos, tenían que estar esperando la transformación, la Venida del Señor con los muertos creyentes en Él y la transformación para los que estén vivos.

Hay que estar esperando la Venida del Señor y nuestra transformación en tiempo presente, o sea, hoy; y si no sucede hoy, entonces mañana; y si no sucede mañana: pasado mañana. Siempre estar preparados y consagrados a Cristo, esperando Su Venida, la venida de los muertos creyentes en cuerpos glorificados, y nuestra transformación, para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

“LOS MINISTERIOS DE MOISÉS Y ELÍAS OPERANDO EN EL FIN DEL TIEMPO.”

Ese ha sido nuestro tema para esta ocasión, y hemos visto que todo es sencillo. Todo eso va a ser abierto, ese misterio, a la Iglesia, tanto el del Sexto Sello como el del Séptimo Sello.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino; para lo cual, puede pasar el frente y estaremos orando por usted.

Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que estarán viniendo a los Pies de Cristo. Y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo.

Vamos a dar unos minutos para darles tiempo a los que están presentes y a los que están en otras naciones mientras están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador en diferentes naciones.

Lo más importante es la salvación y vida eterna; no hay otra cosa más importante para la persona; porque sin vida eterna, de nada sirve el presente. Sin vida eterna, el presente sería para los seres humanos como lo es para los animales; pero por cuanto Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, hay un futuro glorioso para el ser humano que despierta a la realidad y recibe a Cristo como único y suficiente Salvador.

Cristo dijo: “El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida.” San Juan, capítulo 5, verso 24.

También dice Cristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante. Ahora vean cuál es la voluntad de Dios para con usted y para conmigo:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Los que tienen la promesa de ser resucitados en el Día Postrero son los creyentes en Cristo; serán resucitados en cuerpos inmortales, cuerpos glorificados, cuerpos eternos y jóvenes para vivir con Cristo por toda la eternidad, para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en diferentes países. Con nuestras manos levantadas a Cristo:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora, repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, vengo a Ti reconociendo que no hay otro Nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos.

He escuchado la predicación de Tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer a la vida eterna.

Señor, manifiesta Tu Salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí y para toda persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Haz Tu Salvación una realidad en mi vida: ¡Sálvame, Señor!

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, creí y lo he recibido como mi único y suficiente Salvador. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Me preguntarán todos ustedes que están en diferentes naciones.

Bien pueden ser bautizados en estos momentos. El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo en el cual la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

Por lo tanto, es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual ha estado siendo obedecido por todos los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua, los que no han sido bautizados. Y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma y puedan ser bautizados los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador en estos momentos.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con todos ustedes y también conmigo.

Continúen pasando todos, una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y el próximo domingo, como siempre: la transmisión para todos los países y en las pantallas, ya sea en persona o a través de la pantalla (la transmisión), estaremos viéndonos y escuchando la Palabra del Señor.

Que Dios les bendiga y les guarde. Y dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez.

“LOS MINISTERIOS DE MOISÉS Y ELÍAS OPERANDO EN EL FIN DEL TIEMPO.”

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