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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en estos días, y sobre todo, hoy domingo en la mañana, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

En estos días de este mes de abril, la Embajada de Activistas por la Paz está en la Jornada de donación voluntaria de sangre en todos los países de la América Latina, Norteamérica y España; y está siendo un éxito esta jornada de donación voluntaria de sangre.

Así fue aquí también, en Monterrey, Nuevo León. ¿Cuándo? Ayer sábado. Fue una victoria en favor de la familia humana; porque la vida está en la sangre, y cuando se dona sangre se está donando vida para nuestro semejante.

La campaña internacional de donación voluntaria de sangre: “En la sangre está la vida. Donando la savia de la vida,” que ha estado llevando a cabo la Embajada de Activistas por la Paz durante el mes de abril en la América Latina, Estados Unidos y España, como les dije: ha sido un éxito, sobrepasando las expectativas de los Bancos de Sangre, Secretarías de Salud de diferentes países y la Cruz Roja.

El objetivo de esta campaña de donación, es crear conciencia en la sociedad sobre la necesidad de un cambio en el sistema de la donación de sangre, promover una cultura de donación en forma habitual, voluntaria, espontánea.

En los diferentes países las cifras de captación de unidades efectivas de sangre han sido altas, sin embargo, muchos fueron los voluntarios que se quedaron sin poder hacer su donación debido a la gran afluencia de personas, que sobrepasó la cantidad de los centros médicos donde fueron efectuadas las jornadas de recolección; por esta razón hemos decidido extender esta campaña hasta el próximo sábado.

Les pedimos a todos los voluntarios que entren en contacto con su coordinador local para conocer las nuevas fechas, horarios y direcciones.

Felicitamos a los coordinadores por el excelente trabajo realizado, y continuaremos apoyando toda labor que sea de beneficio para la familia humana.

Estamos trabajando por la familia humana. Esto es parte de la paz integral para la familia humana, pues una familia con problemas de salud en su hogar y que necesitan sangre para poder obtener buena salud para su familiar, sin ese recurso no puede tener paz; pero si se le provee y suministra la sangre que se requiere para la persona, puede volver la paz a la familia y recuperar su salud la persona, volver a estar normal, trabajar y compartir con su familia, en paz y amor.

Mis felicitaciones a los coordinadores y a todos los que donaron “la savia de la vida:” sangre para su prójimo, su semejante. Recuerden que hay dos mandamientos que son los más importantes, los principales, y de donde depende toda la ley; de los cuales Cristo dijo que son: “Amarás a tu Dios con toda tu alma, con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas; y a tu prójimo como a ti mismo.”

Para esta mañana leemos Romanos, capítulo 8, versos 14 al 23, donde nos dice San Pablo por Palabra de Dios:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

“CLAMANDO POR LA LIBERTAD GLORIOSA DE LOS HIJOS DE DIOS.” Por consiguiente, clamando por la redención de nuestro cuerpo, que es la glorificación, que es nuestra transformación, en donde obtendremos un cuerpo glorificado, inmortal, incorruptible, eterno, igual al cuerpo de nuestro amado Señor Jesucristo.

Para Israel ser libertado, obtener la redención, ser libertado y ser llevado a la tierra prometida, teniendo esa promesa en Génesis, capítulo 15, dada por Dios a Abraham, en quien estaba la simiente de Dios que formaría la nación hebrea, encontramos que estando en los lomos de Abraham recibió la promesa de esa liberación. Génesis, capítulo 15, versos 12 en adelante, dice:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.”

Aquí tenemos la promesa de una liberación que será llevada a cabo por Dios: una liberación para la simiente de Abraham, la cual estaba en los lomos de Abraham, y ya tiene la promesa de una liberación; para lo cual, primero entonces tiene que estar en los lomos de Abraham, luego tiene que manifestarse en forma física y ser esclavos en una nación ajena, que vendría a ser Egipto; y luego, para que se pudiera cumplir esa liberación, ser libertados de la esclavitud, vamos a ver los requisitos que se tendrían que cumplir.

En el capítulo 3 del Éxodo, verso 1 en adelante… Esta es una parte histórica de la vida de Moisés con Dios, y el encuentro de Moisés con Dios, donde dice, capítulo 3 del Éxodo, verso 1 en adelante:

“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios (o sea, llegó al monte de Dios; es el monte Horeb; monte Horeb o monte Sinaí).

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza (o sea, de un arbusto común); y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía (no se quemaba).

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.”

El Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, está allí en aquella zarza, está en la forma de fuego, y le dice a Moisés: “Yo soy el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob,” y también le había dicho: “El Dios de tu padre,” de su padre Amram; o sea que siempre que el Ángel aparece, los que lo veían decían que habían visto a Dios. Es que el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, es el cuerpo angelical de Dios; en palabras más claras: es Cristo en Su cuerpo angelical. Y la semejanza física de Dios, la semejanza humana de Dios es el cuerpo físico de Jesucristo, el cual ya está glorificado.

Los que veían al Ángel de Dios, estaban viendo a Dios en Su imagen divina, en Su teofanía, Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico. Y los que vieron a Jesucristo estaban viendo a Dios en Su semejanza física.

Por eso Jesucristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo, pues,  dices tú: muéstranos al Padre y nos basta? ¿No sabes que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí?” Eso decía Cristo en el capítulo 14 de San Juan, a uno de Sus discípulos. Vamos a leerlo.

Hay personas que creen en Dios pero no conocen a Dios, no saben quién es Dios. Es importante conocer a Aquel en el cual creemos para amarlo conscientemente a Él. Vean, capítulo 14 de San Juan, versos 4 en adelante, dice:

“Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

No hay otra forma de llegar a Dios, no hay otra forma de orar a Dios y que nuestra oración llegue a Dios, y sea escuchada.

No hay otra forma de llegar a Dios para salvación y vida eterna. No hay otra forma para llegar a Dios, solamente hay una, y es Jesucristo.

No hay forma de que el ser humano pueda ser reconciliado con Dios, excepto a través de Jesucristo. Sigue diciendo:

“…nadie viene al Padre, sino por mí.”

Nadie se puede comunicar con Dios a menos que sea a través de Cristo. Él es el Intercesor, Él es el Sumo Sacerdote. Él, el Intercesor entre Dios y el ser humano, y el ser humano y Dios. Para el ser humano también comunicarse con otro ser humano tiene que ser a través de su cuerpo físico, hablando el uno con el otro; por esa causa es que tenemos cinco sentidos, oídos para oír, ojos para ver, nariz para oler, y así por el estilo, el tacto también, y los cinco sentidos para comunicarnos terrenalmente.

Y Cristo es la semejanza física de Dios, el cuerpo físico de Dios, donde Dios moró en toda Su plenitud. Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo allí en una persona llamada Jesús; al cual, los que lo han recibido como Salvador: lo aman con toda su alma, con todas sus fuerzas, con toda su mente, con todo el corazón.

Cristo decía: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, yo lo haré.” Él decía también: “Todo lo que pidáis será concedido.” Él en una ocasión decía: “Nada habéis pedido en mi Nombre.” Pero entonces enseña que luego van a pedir en Su Nombre, y les va a ser concedida su petición. Él se encargará de contestar la petición. “Y todo lo que pidáis, creyéndolo, lo recibiréis.”

“Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.”

El misterio de Dios el Padre, y de Cristo, es ese: que Dios con Su cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto, estaba dentro de Jesús; y por consiguiente, Dios estaba en Su cuerpo físico llamado Jesús.

El Templo humano de Dios es Cristo. Por eso Él decía frente al templo en Jerusalén: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré.” San Juan, capítulo 2. Las personas pensaban que Él estaba hablando del templo de piedras, pero Él estaba hablando de Su cuerpo como Templo, donde Dios moraba en toda Su plenitud.

Estas palabras son muy importantes: “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais.”

Para conocer a Dios, hay que conocer a Cristo. Sin conocer a Jesucristo, quién es Jesucristo, ninguna persona puede llegar al conocimiento de Dios. Ese es el misterio que les dije de Dios el Padre, y de Cristo, del cual San Pablo habla con palabras maravillosas, siendo él un conocedor del misterio de Dios y de Cristo.

Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3, dice:

“…Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

Ahí están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. ¿En quién? En Cristo:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.” [San Juan 1:1-4]

Ahora vean, todo el conocimiento divino para la creación del universo completo, de toda la Creación, todo ese conocimiento estaba en Cristo, el Verbo, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios.

Es que el misterio de Dios y de Cristo, Cristo en Su cuerpo angelical, es que ese es el cuerpo angelical teofánico de Dios; y Dios en Cristo en Su cuerpo de carne, el cuerpo de carne es la semejanza física de Dios; tan sencillo como eso.

Dios por medio de Cristo en Su cuerpo angelical habló a existencia todas las cosas, creó todas las cosas, el mundo invisible y también el mundo visible. Por eso dice que Cristo es antes que todas las cosas. Eso está aquí en Colosenses mismo. Capítulo 1 de Colosenses, dice, verso 12 en adelante:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas…”

O sea, nos ha librado del poder, del gobierno del reino de las tinieblas, del cual Satanás, el diablo, es el príncipe o rey de ese reino, el reino de las tinieblas; por eso él es el príncipe de las tinieblas: el diablo.

Y cuando el ser humano pecó, cayó cautivo y esclavo ese reino de las tinieblas, el cual ha estado gobernando al mundo; pero Dios ha estado libertando a todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; los ha estado libertando de ese reino y colocándolos en el Reino de Dios, en el Reino de Jesucristo, que es el Reino de Dios; como libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto y los llevó a la tierra prometida. Sigue diciendo:

“…el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (al Reino de Luz, al Reino de Cristo, donde son colocados todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador).”

Por esa causa es que si alguno está en Cristo, nueva criatura es. O sea, ha pasado de la vida temporal a la vida eterna, su alma; ya tiene vida eterna.

“Él (Cristo, el Ángel del Pacto)… Él es la imagen del Dios invisible (Cristo en Su cuerpo angelical es la imagen del Dios invisible).”

Por eso en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, Cristo hablando con los judíos en un momento de discusión, Cristo les dice:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.”

Y una persona que dice así, enseguida piensan que está loco; porque pensaban que estaba loco, que estaba lleno de demonios, que Beelzebú era el que hacía aquellos milagros y todas esas cosas.

“Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? (Pues está diciendo: ‘Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó’).

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Y ahora extiende el tiempo más atrás, antes que Abraham: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Vamos a ver lo que dice San Pablo con relación a esto [Colosenses 1:15]:

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

El Primogénito de toda creación: No hay nadie primero que Él. Toda la Creación vino después de Él y fue hecha por Él: Dios a través de Él hablando a existencia todas las cosas.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas…”

En Él fueron creadas todas las cosas. Y esto es sencillo de entenderlo. Cuando usted tiene un árbol de aguacates (que es de lo más que conocemos acá, porque es el país en donde más aguacate se consume, y buenos)...

Y ahora:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas…”

Cuando usted ve un árbol de aguacate, usted puede decir: “¿De dónde salió? ¿Dónde estaban esos aguacates?” Salieron del árbol, de la rama.

“Pero antes de estar en la rama y en el árbol, ¿dónde estaban?” Estaban en la semilla, ahí estaban.

Por eso, conforme a la Ley de Reproducción, siembra y cosecha: Se siembra la semilla, surge el árbol, ahí está la vida que estaba en la semilla; va subiendo, sale el árbol, las ramas, y luego nace el fruto: Ahí llegó la vida a manifestarse, en esa etapa de la semilla; pero ya no la ve como una semilla: ve como un árbol, y después como ramas, y después surge el fruto, en donde está la vida. Ahí está la vida que estaba en la semilla de aguacate.

Y la vida que estaba en Cristo está en el fruto, que son los hijos e hijas de Dios. La vida, el Espíritu Santo, está en los hijos e hijas de Dios.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas…”

En Cristo fueron creadas todas las cosas, el universo completo estaba en Cristo, el Ángel del Pacto; y cada hijo e hija de Dios también, como una simiente, simiente de Dios, colocada allí en la forma en que Dios lo colocó.

Y por eso es que por medio de Cristo es que surge a existencia toda la Creación, surge a existencia también cada hijo de Dios en el tiempo que le toca vivir.

Por eso es que Cristo dice también: “Toda planta que no sembró mi Padre celestial, será desarraigada y echada al fuego. Pero toda planta que Dios sembró (primero en Cristo, y luego en el proceso que corresponde pasar esa simiente, vean, esa simiente sembrada por Dios) vivirá eternamente.”

Por eso el trigo representa la simiente de Dios, los hijos del Reino; y la cizaña, que no la sembró Dios, será desarraigada y echada en el fuego (esa es toda planta que no sembró el Padre). La planta de cizaña no la sembró el Padre, la sembró el enemigo: será desarraigada y echada al fuego. Verso 16:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra…”

O sea, que Dios en el Programa de la Creación original, vean, todo estaba en Cristo para —Dios por medio de Cristo— traerlo a existencia.

“…las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles…”

El mundo invisible fue primero, y después, de ahí, Cristo lo materializa en esta Tierra.

Es bueno saber nuestro origen, de dónde hemos venido; porque el que no conoce estas cosas tiene la angustia existencial haciéndole mucho daño en su mente, en su alma, en todo su ser; porque no sabe de dónde vino y no sabe porqué está aquí en la Tierra, y no sabe a dónde va cuando termine su tiempo de vida física en el cuerpo físico; y eso le causa una angustia en el alma a la persona.

Y más cuando pasa por esas etapas de enfermedad, y sobre todo cuando se pone grave, enseguida piensa hacia dónde irá si muere, porque ve la muerte muy cerca; como dicen algunos: la siente detrás de las orejas. Como que lo están llamando de ese otro mundo y se preocupa mucho, y se preocupa por su familia y su familia se preocupa por él.

“…las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

Recuerden que así como hay una vida aquí, visible, hay también vida que es invisible a nuestra vista pero que existe, como existe la vida aquí en la Tierra.

Hay otras dimensiones, hay otro mundo de seres con cuerpos angelicales, cuerpos espirituales, que existen como existimos nosotros aquí en estos cuerpos físicos que tenemos. Y cuando la persona muere, pasa a esa otra fase, a esa otra dimensión, a vivir en cuerpo espiritual, invisible a la vista humana.

Está la dimensión del reino de las tinieblas, que es la quinta dimensión, a donde nadie quiere ir cuando le toque morir físicamente; porque esa dimensión quinta, del reino de las tinieblas, es llamada también el infierno; y ahí quedan como encarcelados, en esa dimensión, no pueden salir de esa dimensión hasta el juicio final.

Todos deseamos, cuando termine nuestra vida terrenal, pasar al Paraíso, que es la sexta dimensión, donde van los creyentes en Cristo cuando terminan sus días de vida terrenal.

Cristo, cuando termine Su labor de Sumo Sacerdote en el Cielo, según el Orden de Melquisedec, en donde está como Intercesor, haciendo intercesión con Su propia Sangre, por todos aquellos que lo reciben como Salvador; y también para los que ya lo han recibido, cuando cometen algún error, falta o pecado, lo confiesan a Cristo, y Cristo con Su Sangre los limpia de todo pecado en Su labor de Intercesión; y así los mantiene limpios, sin mancha y sin arruga delante de Dios.

Cuando Él termine Su Obra de Intercesión en el Cielo, lo cual será cuando se haya completado el número de los que están inscritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, entonces saldrá del lugar de Intercesión, habrá terminado Su Intercesión, habrá reconciliado a todos los escritos en el Libro de la Vida del Cordero, los habrá reconciliado con Dios; y entonces sale del Trono de Intercesión y se convierte en el León de la tribu de Judá, en Rey de reyes y Señor de señores, toma el Título de Propiedad, el Libro de los Siete Sellos, sellado con siete sellos (en Apocalipsis, capítulo 5), lo abre en el Cielo y hace Su Obra de Reclamo, reclamando todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Todo lo que Él ha limpiado con Su Sangre preciosa, lo reclamará; y por consiguiente, en esa Obra de Reclamo Él pasará por el Paraíso y traerá con Él en Su Venida a los que murieron y están en cuerpos angelicales, y les dará aquí en la Tierra un cuerpo nuevo, glorificado, eterno, inmortal e incorruptible como Su cuerpo glorificado, como el cuerpo glorificado que Cristo tiene; y a los que estén vivos, esperando y amando Su Venida, los transformará. Y entonces todos tendremos cuerpos inmortales, jóvenes, como el de Jesucristo, que representarán de 18 a 21 años de edad, cuerpos glorificados como el de Jesucristo nuestro Salvador.

Y estaremos en la Tierra unos 30 a 40 días, ya con cuerpos glorificados. No sabemos si todos a la vez van a ser transformados o gradualmente; pero todos tendremos cuerpos glorificados para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

No hay otro cuerpo con el cual se pueda ir a la Casa de nuestro Padre celestial. Con el cuerpo glorificado fue que Cristo subió al Padre y se sentó a la diestra de Dios en el Cielo.

Ese es un evento prometido para ser llevado a cabo en el tiempo final, cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo y Cristo venga con los santos resucitados, los resucite; y aparecerán a los creyentes que estarán viviendo en la Tierra; y cuando los veamos resucitados, entonces seremos transformados. Y después, una temporada de 30 a 40 días, como estrenando el cuerpo nuevo.

Recuerden que cuando Cristo resucitó, apareció a Sus discípulos, comió con ellos, habló con ellos, y les aparecía aun cuando ellos tenían las puertas cerradas, donde estaban reunidos; Él les aparecía, pasaba donde estaban ellos, y pensaban que era un Espíritu; pero Él dijo: “No, el espíritu no tiene carne y huesos como yo tengo. ¿Tienen algo de comer?” Y le traen un pedazo de pescado y un panal de miel; Él come delante de ellos para mostrarles que podía comer y que era real.

Por eso es que los que van a resucitar, también ya han dicho al reverendo William Branham que cuando ellos regresen a la Tierra tomarán cuerpos físicos pero glorificados, y entonces podrán comer. Porque en el Paraíso, la sexta dimensión, ni comen ni duermen ni se cansan, sino que están en un lugar que no tienen esas necesidades que se tienen acá; porque en el cuerpo angelical no hay esas necesidades; es el cuerpo físico el que tiene las necesidades que nosotros tenemos, como cualquier otra persona.

Sigue diciendo:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

¿Para quién es toda la Creación y de quién es? De Jesucristo. Dios la creó por medio de Cristo en Su cuerpo angelical.

“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten…”

Él es antes de toda la Creación. No solamente es antes que Abraham, sino antes que toda y de toda la Creación, antes que toda la Creación.

“…y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia (la cabeza de la Iglesia es Jesucristo nuestro Salvador),  él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”

Mediante la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario, Él ha hecho la paz para con Dios; para todo ser humano estar en paz con Dios, siendo reconciliados con Dios.

“Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;

si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.”

Ahora, hemos visto que en Cristo Dios colocó todo, en Cristo, en Su cuerpo angelical o cuerpo teofánico, el cual es la imagen de Dios.

Miren aquí en Hebreos, capítulo 1, también, lo que San Pablo nos dice. Capítulo 1, verso 1 al 3, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”

Por medio de Cristo el Hijo de Dios, Dios creó el universo completo; ése es el origen de la Creación, ahí nos muestra cómo fue originada la Creación; fue por medio de Cristo que Dios creó toda las cosas.

“…el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (¿la imagen de Dios es quién? Cristo), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas (y por medio de Sí mismo efectuó esa hermosa labor, efectuó la purificación de nuestros pecados, por medio de Sí mismo en el Sacrificio Expiatorio de Cristo en la Cruz del Calvario).”

Hemos visto quién es Jesucristo, y hemos visto que es la imagen de Dios, el cuerpo angelical de Dios; y hemos visto que también es la semejanza física de Dios, el cuerpo de carne de Dios, el cual ya está glorificado.

Ya nuestra alma está redimida cuando hemos recibido a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador; ya tenemos vida eterna en nuestra alma. Y por eso cuando parte de esta Tierra un creyente en Cristo, va al Paraíso, porque ya tiene vida eterna; lo que nos falta es la redención del cuerpo, que es nuestra transformación, para tener vida eterna física, vida inmortal, en un cuerpo inmortal, incorruptible y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo; para lo cual, tenemos la promesa de Su Venida.

En Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, nos dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Nuestra ciudadanía está en los Cielos, porque la persona obtiene ciudadanía de donde nace. Tenemos la ciudadanía terrenal del país en que hemos nacido, y tenemos la ciudadanía celestial porque el nuevo nacimiento es del Cielo; por lo tanto, de acuerdo a la ciudadanía celestial tenemos derechos celestiales; como un ciudadano terrenal tiene sus derechos de la nación a la cual y de la cual es ciudadano, y es protegido por las leyes de su país. Así también, por las Leyes celestiales, tienen protección de parte de Dios todos los ciudadanos celestiales, los cuales forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y Su Venida es para transformar a los creyentes que estarán vivos en la Tierra, en el tiempo de Su Venida.

“…el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra…”

Entonces nos dará la redención del cuerpo, que será nuestra transformación (y por consiguiente, eso siendo la redención del cuerpo), por la cual clamamos como la naturaleza clama también por el cambio que se requiere para entre al Reino Milenial del Mesías.

La Tierra va a ser cambiada, va a tener un cambio, y también los creyentes en Cristo van a tener un cambio físico, una transformación.

Cuando un candidato a la presidencia de un país gana las elecciones, después hay una fiesta grande, y viene la fiesta también de posesión del mando, donde obtiene el mandato y le colocan la cinta.

Para Cristo y Su Iglesia, en el Cielo habrá una recepción muy grande, donde recibe el Reino y el mando y todo: La Cena de las Bodas del Cordero. Donde yo voy a estar, ¿y quien más? Cada uno de ustedes también.

Así que estaremos vestidos con las vestiduras blancas, estaremos vestidos con vida eterna, estaremos vestidos con cuerpo glorificado, cuerpo inmortal, y el cuerpo angelical también; o sea, que estaremos en alma, espíritu y cuerpo, todo eterno. Así es como iremos a la Cena de las Bodas del Cordero. Y entonces ya estaremos libertados completamente, espiritualmente, nuestra alma, nuestro espíritu, y también el cuerpo que hemos de tener. Seremos iguales a Jesucristo, con vida eterna física, vida eterna espiritual también.

Para el pueblo de Israel ser libertado como pueblo, tenía que estar preparado.

Ahora, regresamos a lo que estábamos leyendo en el capítulo 3 del Éxodo. Verso 3 en adelante, dice:

“Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,

y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo.

El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.”

Ahora vean, el tiempo para esa liberación fue cuando el pueblo estuvo bajo una apretura fuerte, y el pueblo comenzó a clamar a Dios para que los librara en y de esa apretura; y el clamor llegó hasta la presencia de Dios.

Y Dios dice: “He oído Su clamor y he visto la opresión, la situación en que lo tienen los egipcios; y he descendido para librarlos.”

Y la Venida del Señor es para librar a todos Sus creyentes de la apretura que ha de venir sobre los creyentes en este tiempo final.

Aunque han estado pasando por apreturas, de etapa en etapa, de edad en edad, pero para este tiempo vendrá una apretura que ha sido profetizada; pero en medio de esa apretura, allá con Israel Dios descendió y le habló a Su mensajero, para, por medio de Su mensajero, hablarle al pueblo y hablar lo que tenía que ser escuchado para que las cosas sucedieran.

Para la liberación, en este tiempo final, las condiciones en la Tierra, en el medio ambiente, van a estar difíciles; en el campo político, económico y militar también van a estar difíciles; y en el campo espiritual, campo religioso, también. Porque hemos llegado al tiempo en el cual la Venida del Señor va a ser cumplida para la liberación de los hijos e hijas de Dios que estarán clamando por la libertad gloriosa de los hijos de Dios, clamando por la adopción, la redención de nuestro cuerpo lo más pronto posible.

Yo necesito mi liberación, la libertad gloriosa que está prometida aquí, la transformación, la necesito lo más pronto posible; porque no quiero estar mucho tiempo en esta Tierra viviendo en este cuerpo mortal, corruptible y temporal, sino que deseo el cuerpo nuevo, glorificado, eterno, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; lo cual ha sido prometido para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, orando a Dios y clamando a Dios por nuestra liberación, vendrá esa liberación.

Mientras pasan los días, estemos orando, clamando a Dios por nuestra liberación, por la liberación, por la libertad gloriosa de todos los hijos e hijas de Dios, que será la transformación de nuestros cuerpos, la redención del cuerpo, lo cual será a la Final Trompeta, o sea, al Final Mensaje de Dios, que corresponde a este tiempo final para todos nosotros.

Por lo tanto, estaremos escuchando la Trompeta Final, el Mensaje Final de Dios, en donde los Truenos apocalípticos (del capítulo 10 de Apocalipsis) nos darán la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Los Truenos revelarán el misterio de Su Venida, y por consiguiente, eso nos dará la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, la redención de nuestro cuerpo estará girando alrededor de la Segunda Venida de Cristo.

No hay otra esperanza para el ser humano, y sobre todo para los creyentes en Cristo, que la Segunda Venida de Cristo. Esa es la esperanza que hay para todos los creyentes en Cristo, para obtener nuestra liberación, para obtener nuestra transformación; para lo cual, tenemos que estar esperando Su promesa siendo cumplida, y esperando, por consiguiente, nuestra liberación, la redención del cuerpo, la transformación de nuestros cuerpos.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted  para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así entre al Reino de Dios, nazca en el Reino de Dios.

Cristo dijo a Nicodemo en el capítulo 3, versos 1 al 6 de San Juan: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”

Todos queremos entrar al Reino de Dios; por lo tanto, hay un Programa ya establecido por Dios para hacer conforme a ese Programa y entrar al Reino de Dios, y por consiguiente a la vida eterna.

Por lo tanto, si hay alguna persona que no ha recibido a Cristo como Salvador, todavía lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted; para lo cual, puede pasar acá al frente y oraremos por usted para Cristo le reciba en Su Reino.

Y los que estén en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino. Y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para que Cristo también les reciba y les bendiga grandemente. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Marcos 10:14]

Cristo tiene mucho pueblo, muchos hijos en la Republica Mexicana, y los está llamando en este tiempo final; tiene mucho pueblo en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo final; muchos nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero, de latinoamericanos y caribeños, de personas que habitan en el continente americano, y también de otros continentes; y los está llamando en este tiempo final en el cual nos ha tocado vivir.

Es el privilegio más grande: estar escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

El mismo Cristo dijo a Sus discípulos en una ocasión en que Él los envió a predicar el Evangelio, a sanar a los enfermos, a echar fuera demonios y así por el estilo; cuando regresan muy felices porque habían predicado el Evangelio y habían sanado a los enfermos, habían echado demonios fuera, habían limpiado a los leprosos; y le dicen a Cristo, muy felices: “Señor, hasta los espíritus se nos sujetan en Tu Nombre.” Cristo les dice: “No os gocéis de que los espíritus se os sujetan en Mi Nombre, sino gozaos de que vuestros nombres están escritos en el Cielo.”

Tener el nombre en el Cielo es el privilegio más grande que una persona tiene, de tener escrito su nombre en un lugar; el lugar más importante es el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

El mismo Cristo dijo que Él llamaría Sus ovejas por su nombre; Él es el que llama a las ovejas que el Padre le dio para que les dé vida eterna, las cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, o sea, el Libro de Cristo.

También Él dijo en una ocasión, cuando Él dice [San Lucas 19:10]: Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Y dice: “¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscando la que se había descarriado? Y si la halla, entonces, de gozo va y hace fiesta.” Y dice: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.” [San Mateo 18:12-14]

Esas personas están comparadas en ovejas, y no es la voluntad de Dios que se pierda ninguna persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; esas son las ovejas de Dios, las ovejas del Padre, que le fueron dadas a Cristo para que las busque, les dé vida eterna.

Por lo tanto, la salvación y vida eterna ha estado siempre para esas personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, aquí, y los que están también en otros países, en otros lugares, en otras congregaciones, en otras iglesias; para que todos queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre Celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, ¡oh Padre Celestial! Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo con mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Señor, haz realidad la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí.

Señor, ¡sálvame! Hazlo una realidad en mi vida. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo, Nombre que es sobre todo nombre. Te lo ruego en Tu Nombre, ¡oh señor! Amén y amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado; porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, ¿cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

El bautismo en agua es tipológico: el bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es tipológico. En el bautismo en agua nos identificamos con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, porque estábamos en Él y con Él.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Ahí está la tipología, el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el bautista, y el mismo Cristo es el que dice en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Epifanio para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“CLAMANDO POR LA LIBERTAD GLORIOSA DE LOS HIJOS DE DIOS.”

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