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Muy buenos días, damas bienaventuradas de este tiempo final; y también jovencitas y jóvenes y adultos, hombres y mujeres que se encuentran en esta ocasión presentes. Es un privilegio grande para mí estar con ustedes en esta ocasión.

Ya conocieron a mi hija Ruth, mi hija mayor, que nos acompaña en esta ocasión; también nos acompaña Gaby, Gabriela Lara. Ellas son de la Embajada de Activistas por la Paz. La Directora General: Gabriela Lara, y Ruth Soto es la Gerente de Administración y Finanzas, de la Embajada de Activistas por la Paz. Es una bendición grande trabajar en favor de la familia humana buscando el bienestar de todos los seres humanos.

“DAMAS BIENAVENTURADAS ESCOGIENDO LA MEJOR PARTE,” escogiendo la parte con el Señor Jesucristo y Su Programa, en el tiempo que les toca vivir, en la edad y dispensación en que les toca vivir. Y ustedes han escogido la mejor parte en la edad que está vigente, en el Programa que Dios está llevando a cabo en este tiempo final.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todas ustedes, y que les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Hubo diferentes tiempos en donde aparecen personajes bíblicos importantes; entre ellos damas, mujeres, que siempre escogieron la parte con el Señor en el Programa de Dios para el tiempo en que estaban viviendo.

Por ejemplo, tenemos en el tiempo de Moisés y de Josué, por ejemplo, tenemos el caso de Rahab: una mujer que su vida no era buena, pero cuando escuchó del Programa de Dios para su tiempo: que era el pueblo hebreo siendo llevado por Dios a la tierra prometida, y las victorias que Dios le había dado al pueblo eran las victorias de Dios; y esas noticias llegaron a su país, a Jericó; y ella creyó en Dios. Creyó a tal grado que ella les dice a los espías que esas noticias han llegado hasta allá y el pueblo de Jericó está asustado, había sabido de las victorias que había tenido el pueblo hebreo, que Dios le había dado contra los reyes del otro lado del Jordán, dice en Josué, capítulo 2, verso 1 en adelante. Esto fue cuando Josué mandó a esos espías. Capítulo 2, verso 9 en adelante, dice:

“Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros.

Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido.

Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra (reconoció al Dios de Israel y creyó que era el Dios verdadero, y que estaba con Su pueblo).

Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura;

y que salvaréis la vida a mi padre y a mi madre, a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que libraréis nuestras vidas de la muerte.

Ellos le respondieron: Nuestra vida responderá por la vuestra, si no denunciareis este asunto nuestro; y cuando Jehová nos haya dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad.

Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana; porque su casa estaba en el muro de la ciudad, y ella vivía en el muro.

Y les dijo: Marchaos al monte, para que los que fueron tras vosotros no os encuentren; y estad escondidos allí tres días, hasta que los que os siguen hayan vuelto; y después os iréis por vuestro camino.

Y ellos le dijeron: Nosotros quedaremos libres de este juramento con que nos has juramentado.

He aquí, cuando nosotros entremos en la tierra, tú atarás este cordón de grana a la ventana por la cual nos descolgaste; y reunirás en tu casa a tu padre y a tu madre, a tus hermanos y a toda la familia de tu padre.

Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare.”

O sea, que esta persona que ayudó a estos dos espías tuvo la misericordia de Dios; de todo el pueblo ella escogió la mejor parte, se puso de parte del Programa de Dios para el tiempo en que se estaba viviendo; y por consiguiente se puso de parte del pueblo de Dios y temía a Dios.

Tenemos a Rut la moabita también, que le dijo a su suegra, la cual era viuda, y Rut también era viuda; y le dijo: “Dondequiera que tú vayas yo iré contigo, tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.” ¿Ve? Escogió el Programa de Dios, el plan de Dios, creyendo en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Tenemos también la mujer que era viuda allá en Sarepta de Sidón, la cual fue escogida por Dios para que alimentara al profeta Elías; y es inconcebible para muchas personas, que una mujer viuda, que solamente le quedaba un poquito, un puñado de harina, para hacer dos tortillas de harina, y le quedaba un poquito de agua; la cual fue a buscar unos palitos, digamos: dos palos, leña para cocinar, y los palos para cocinar son dos palitos, se colocan así, y luego, a medida que van gastándose se van empujando cada uno para que el fuego permanezca; y eso era lo que ella necesitaba para preparar esas dos tortas de harina, una para ella y otra para su hijo; y después ya se acababa todo con eso, era lo único que le quedaba, y esperar la muerte luego de eso.

Pero vean, en el momento más crítico, en donde solamente le quedaba un puñado de harina, ella escogió la mejor parte. Un puñado de harina era lo que quedaba, y un poquito de aceite para amasar la harina; y en ese momento llegó el socorro de parte de Dios. Era el Programa de Dios para aquel tiempo, siendo que Elías era el profeta mensajero de Dios para aquel tiempo y estaba trabajando en la Obra de Dios, en el Programa de Dios.

Vean cómo ella fue unida por Dios al Programa Divino, y por consiguiente vino a ser la que alimentaría al profeta Elías; y solamente lo que tenía era un puñado de harina. Y Elías le dice: “No tengas ningún temor, no va a faltar la harina en la tinaja, ni tampoco el aceite va a escasear en la vasija de aceite, va a escasear tampoco.” O sea, que Dios iba a mantener siempre allí harina en la tinaja y el aceite en la botija o vasija.

Dios había también provisto maná todos los días al pueblo hebreo durante su trayectoria en el desierto, y carne también. Y en un desierto, vean ustedes cómo Dios trajo directamente a Su pueblo todos los días maná para el desayuno y carne para el almuerzo o cena; digamos, dos comidas: desayuno y cena; y como de noche ya nadie se va a poner a cocinar, pues entonces la cena es un poquito temprano, mientras hay luz.

Ya ellos... ya Elías tenía la experiencia de que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob siempre estaba proveyéndole a Su pueblo conforme a las necesidades de Su pueblo.

Y ahora, le dice Elías a la viuda: “No...” Cualquier persona dice: “¡Pero un hombre de Dios decirle que le haga a él una torta primero que a ella, a una viuda que lo que tiene es un poquito!” Pero vean, la bendición iba a venir cuando ella ponía primero a Dios y Su Programa. Primero tiene que ser Dios y Su Programa y las demás cosas serán añadidas. “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia y las demás cosas serán añadidas.”

Luego, ella le trae una torta al él primero, primero él, porque primero es la Obra de Dios, el Programa de Dios donde Él está manifestado. Ella lo hizo como el profeta Elías dijo, y pasó todo el tiempo con harina y aceite en su casa.

Y nos preguntamos: “Entonces, ¿quién alimentó a quién?” Si a ella lo que le quedaba era la última comida. Por lo tanto, fue Dios hablando por medio del profeta Elías quien trajo el alimento para la viuda y su hijo.

Es Dios el que alimenta al ser humano. Él es el que da la bendición para que llueva, para que las siembras prosperen y haya buena cosecha. Si Dios quita la lluvia, todo lo que se siembre no prosperará.

Por lo tanto, es Dios el que alimenta a la familia humana; y también Él es el que multiplica lo que uno tiene. Multiplicó los panes y los peces mostrando que Él es el Creador, el cual multiplica también Su Creación de acuerdo a la necesidad y plan que hay de parte de Dios para ese tiempo.

Tenemos también el caso de otra señora (esa no era viuda, pero ya tenía unos cuantos años); y su esposo, dice la Escritura que ya estaba avanzadito en edad; y era una señora que, en mutuo acuerdo con su esposo, cuando Eliseo pasaba por ese lugar, por esa ciudad, ellos le recibían en su hogar, lo atendían muy bien a él y a su siervo, su servidor.

Y en una ocasión ella le dice su esposo: “Hagamos una casita aquí, un cuartito, una casita, para este varón de Dios, Eliseo, y su siervo; para que cuando pasen por aquí estén cómodos; y les tendremos agua…” Y por supuesto, si en ese tiempo pues preparaban café: “le tendremos su cafecito para por la mañana (me imagino), y su desayunito se lo llevaremos,” y así por el estilo; porque ella y el esposo amaban mucho la Obra, y reconocían, sabían quién era el mensajero de Dios para ese tiempo. Y no tenían niños.

Miren lo que dice: Segunda de Reyes, capítulo 4, verso 11 en adelante, dice... Vamos a leer un poquito la historia del capítulo 4, verso 8, de Segunda de Reyes:

“Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.

Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios.

Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero (o sea, un pequeño aposento, no una casa completa sino un lugar; y amueblado), para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.

Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió.

Entonces dijo a Giezi su criado (o sea, Giezi, el criado de Eliseo): Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él.

Dijo él entonces a Giezi (o sea, dijo Eliseo a Giezi su criado): Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero (parece que estaba estrenando la habitación que le habían preparado y allí durmió: durmió tranquilo, durmió muy bien, le tienen de todo)...”

“Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él.

Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti?”

Ahora miren, una persona que no tiene nada, y ahora preguntándole: “¿Qué tú quieres que yo haga por ti?” Pero Eliseo, aunque aparente no tenía nada lo tenía todo, porque tenía al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, y todo lo que Él le pedía a Dios, Dios se lo concedía.

“¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? (Miren las conexiones que tenía Eliseo) ¿Qué quieres que haga por ti? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo.”

O sea, ella estaba bien. Estaban viviendo bien ella y su esposo. No tenían necesidad de hacerle una petición al rey o al general del ejército.

“Y él dijo: ¿Qué, pues (le dice a Giezi su criado), haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo.”

De seguro Eliseo enseguida recordó a Abraham que tenía casi 100 años. También quien vino a ser el padre de Samuel, ¿verdad?, también era... tenía bastante edad y su esposa era estéril. O sea, no hay nada imposible para Dios, la edad no es ningún impedimento para Dios.

Así, enseguida que Giezi le dice: “Ella no tiene hijos y su esposo ya es viejo,” ya de seguro le vinieron a la mente y Dios le mostró, le pasó toda esa historia de personas de mucha edad, ancianos, y que vinieron a tener niños; y enseguida Dios le muestra a él que va a tener un niño, le muestra enseguida; enseguida fue una petición delante de Dios, y entonces Dios le muestra qué debe hacer; y la llaman.

“Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta.

Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo.”

¿A qué le recuerdan estas palabras? Como Génesis, capítulo 16 - 18, ¿verdad? Cuando Elohim con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel cenaron con Abraham, y ahí le reconfirmó la promesa de que tendría el hijo que le había sido prometido, el cual vendría a ser Isaac.

Sara estaba escuchando lo que Dios, Elohim, le estaba diciendo a Abraham, y se ríe, pero acá en el corazón. Recuerde, que ya sea que usted hable o piense delante de Dios, Dios escucha y conoce los pensamientos del corazón de la persona.

Por eso también pedimos perdón por los pensamientos malos, negativos, que vienen a nosotros, y le pedimos perdón a Dios. El enemigo también trata de meter pensamientos malos, y entonces no le podemos dar lugar a que el enemigo los coloque; porque si los coloca y usted los acepta, entonces sembró una semilla que va a crecer y a producir un fruto.

Por lo tanto, los pensamientos negativos, malos, usted los rechaza. No deje que el enemigo siembre cosas malas. Porque si deja que las siembre y usted acepta esos pensamientos que no son de Dios, usted aceptó una semilla que no es de Dios, la cual va a nacer, a crecer y a producir fruto.

Recuerden el caso de Judas Iscariote, que dice que el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote entregar al Señor. Ya lo había puesto, ya estaba en el corazón. Recuerden esas diferentes ocasiones en que encontramos... Por ejemplo el caso en que una mujer derramó un frasco de perfume (y del caro), de ungüento (y del caro), sobre Jesús, sobre la cabeza de Jesús, y Judas enseguida dijo: “Esto no debió haberse hecho; esto debió haberse vendido por unos trescientos (me parece que era) algo (que era mucho dinero) para luego darlo a los pobres.” Cristo le dice: “Pobres siempre van a tener (o sea, con eso no se va a resolver el problema de los pobres); ella ha hecho una buena obra, me ha ungido para mi sepultura.”

Miren cómo lo que luego querían hacer cuando Cristo había muerto… Ya el día domingo fueron a la tumba, ¿para qué?, para ungirlo y prepararlo; pero ya lo había ungido de antemano una mujer que amaba a Dios, amaba a Cristo, lo reconocía como el Mesías, reconocía al mensajero de ese tiempo y la Obra que estaba llevando a cabo. Y miren cómo ella, sin darse cuenta, ungió al Señor; unos cuántos días antes lo ungió para Su sepultura. Y Cristo dijo: “Buena obra ha hecho, buena labor.” Fue una dama bienaventurada en su tiempo. ¿Por qué? Porque escogió la mejor parte.

Pero Judas siempre protestando y buscándole faltas a Cristo y a los que trabajaban en la Obra en favor de Cristo y el Programa para el cual Él vino para Él llevarlo a cabo. Encontramos que ya estaba sembrado en él algo negativo. Y él en lo que pensaba era en el dinero, dice, porque era ladrón y siempre sacaba una parte para él; o sea que estaba preocupado en lo que le iba a tocar a él, lo que él iba a sacar, no en acuerdo con el Señor; porque si el Señor le dice: “Tú puedes sacar tanto por ciento de todo lo que me dan para trabajar en la Obra,” pues estaba bien. Pero no; él determinó él mismo sacar para él siempre; porque ¿era qué, dice la Escritura? Porque era ladrón.

Así que, vean cómo la persona no puede estar interesada en el beneficio personal en la Obra. No puede estar interesada la persona en sacar para sí mismo de la Obra. O sea, robar a la Obra es muy malo. Dice la Escritura que en el Reino de Dios… dice: “Haced tesoros en los Cielos, donde ladrones (o ladrón) no minan (no hay, no se meten allá), ni la polilla ni el orín corrompen.” O sea, que no van a estar allá los ladrones, en el Reino de Dios.

Siempre hay que trabajar en la Obra con corazón puro, de todo corazón.

Tenemos un caso muy hermoso también: El caso de la virgen María, a la cual le apareció el Ángel Gabriel, el cual seis meses antes le había aparecido a Zacarías el sacerdote que estaba a cargo, en esa etapa, en ese tiempo: le tocó el día o la temporada, a los de su clase, de ofrecer el incienso delante de Dios, en el cual las oraciones del pueblo subían ante Dios.

Y cada, digamos, cada mes (podía ser cada quince días o más de un mes, pero digamos cada mes) le tocaba a un grupo de sacerdotes hacer esa labor; y de entre ellos pues uno lo hacía, y así por el estilo; y cada cual en su debido momento.

Y cuando está ofreciendo el incienso en el altar del incienso, le aparece al lado derecho (parece que fue, ¿verdad?), al lado derecho del altar, el Ángel Gabriel. O sea, que el sacerdote correspondiente, del orden de cada tiempo, ofrecía el incienso donde van las oraciones del pueblo; y allí el Arcángel Gabriel, por lo que vemos, se encarga de esa labor: de que lleguen ante la presencia de Dios.

¿Recuerdan que cuando le apareció al profeta Daniel le dice que había venido, parece, de la presencia de Dios? Había sido enviado a Daniel. Y al sacerdote Zacarías le dice que él era Gabriel, que había sido enviado de la presencia de Dios. Y le había dicho a Daniel: “Tu oración ha sido oída; y yo he regresado, he venido, para hacerte saber (o sea, hacerle saber lo que él en su oración había pedido a Dios que le diera a conocer).” O sea, que ese mensajero tiene que ver con las oraciones y la respuesta a las oraciones.

Le habló del hijo que iba a tener Zacarías a través de su esposa Elisabet; y el sacerdote Zacarías le dice: “¿Cómo va a ser esto posible si mi esposa ya es, digamos, avanzadita en edad y estéril?” Él le dice: “Yo soy Gabriel (se identificó).” Y le dice: “Y por cuanto no has creído lo que te he dicho, quedarás mudo hasta que se cumpla lo que te dije.” Se buscó un problema Zacarías, pero el plan de Dios continuó hacia adelante.

Algunas veces nos buscamos problemas nosotros también, pero el plan de Dios sigue hacia adelante; y la persona, luego, cuando se cumple, entonces quizás llora amargamente, pero Dios tiene misericordia.

Luego le aparece seis meses después a la virgen María, una jovencita, y le dice: “¡Salve, muy favorecida!” Y le dice: “¡Salve!”

—“¿Y esa salutación?” La asustó ver un personaje de otra dimensión apareciéndole. Lo más probable: le aparece una Luz y de ahí sale un hombre y le habla. Ya ahí se da cuenta que no es cualquier persona.

Y le dice lo que va Dios a hacer en ella y con ella: que va a tener un niño, le ponga por nombre Jesús, Dios le dará el trono de David su padre, y reinará para siempre.

Y la virgen María no dijo: “Yo no creo eso.” Solamente preguntó: “¿Cómo será hecho esto, pues yo no conozco varón?” Quizás pensó: “Quizás podrá ser cuando me case con José,” que era el novio ya comprometido.

Y el Ángel le dice cómo iba a ser: “El Espíritu Santo hará sombra sobre ti y concebirás, y el santo ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.”

Y la virgen María dice: “Hágase conmigo conforme a Tu Palabra.” Y así sucedió.

Y luego va a visitar a su prima, su parienta Elisabet, porque el Ángel le dice: “Y tu parienta Elisabet, la cual llamaban estéril, ha concebido en su vejez, y ya es el sexto mes de ella (o sea, ya tenía seis meses).”

Por lo tanto, luego María va a la montaña de Judea, donde vivía su parienta, la visita; y con la visita y la salutación, el saludo, brincó en el vientre de Elisabet el niño. El Ángel le había dicho que iba a ser lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre: ahí fue el momento; y ahí fue un impacto grande para Elisabet y para María.

Así que, Elisabet sabía que ese niño era el Mesías que iba a nacer; lo cual, de seguro se lo había comunicado a su familia y a Zacarías, el cual estaba mudo, pero no sordo.

Y concordó lo uno con lo otro, porque si va a mandar un mensajero, el cual tiene que nacer en la Tierra y va a preparar el camino al que vendrá después de él, el cual fue señalado que sería el Mesías, el Cristo, pues tenía que nacer.

Y ahora, ya Zacarías sabe quién va a ser el Mesías al cual le va a ser preparado el camino por Juan el Bautista; se quedó entre familia. De seguro a Juan el Bautista su madre Elisabet y su padre Zacarías le contaron acerca de esto, porque Juan... y de seguro se visitaban después que ya habían nacido; a lo mejor jugaron los niños; no se sabe cómo fue esa parte de la historia. La virgen María o no la contó, o la contó y no lo escribieron; pero no se preocupen, cuando estemos transformados y la veamos, le preguntaremos; tendremos la historia completa.

Es que la historia de Jesús, desde que estuvo en el vientre hasta el comienzo de Su ministerio, solamente tenemos poca información: Cómo fue concebido por el Espíritu Santo; luego, más adelante, dice que el niño crecía en sabiduría y conocimiento y en estatura; y luego ese crecimiento, vean, de ahí es dejado hasta los 12 años. Pero cómo fue su vida de bebé, de niño y de jovencito, ahí no sabemos mucho.

A los doce años, o trece años (doce años parece que es que dice la Biblia ¿o trece?)… Bueno, allá en el templo, se quedó allá; en el tiempo de la pascua, cuando iban todos los años José y María, ahí se quedó el niño; pero no se quedó sino hablando con los doctores de la Ley, todas esas personas, hablando de la Palabra, preguntándole Él a ellos y ellos a Él; y sorprendió a los doctores de la Ley, a todas estas personas que estaban a cargo de la parte religiosa ahí en el templo. Lo cual indica que José y María mantenían a Jesús con todas las Escrituras a Su disposición; y de seguro se las leían y lo mantenían en el Programa de Dios.

Luego... Él les dice: “En los negocios de mi Padre me conviene estar.” Los negocios del Padre, de Dios, del Espíritu Santo, son ¿qué? Cumplir, hacer realidad lo que está prometido para el tiempo en que se está viviendo. Y para eso fue que Él vino: para cumplir lo que estaba prometido para Su pueblo para aquel tiempo.

Recuerden que siempre encontraremos a Dios manifestado en lo que Él prometió, llevándolo a cabo. No hay otra forma en que usted podrá encontrar a Dios, excepto en Su Palabra prometida para el tiempo en que uno está viviendo.

Y el que quiere encontrar a Dios, entonces busque qué Dios ha prometido para el tiempo en que se está viviendo; ahí es donde podemos encontrar a Dios. Y por supuesto, en Su Casa, Su Iglesia, Su Iglesia bajo el Nuevo Pacto. Bajo el Pacto Antiguo: allá en Israel, en el tiempo de Su Primera Venida. Y luego, en este tiempo final, luego que termine o realice Su Programa en Su Casa, Su Iglesia bajo el Nuevo Pacto, volverá a tratar con el pueblo hebreo.

Por lo tanto, podremos ver también cómo va a estar siendo preparado todo el Programa para luego pasar al pueblo hebreo. Pero Israel lo va a ver en medio de Su Iglesia, y va a decir: “Esto es lo que nosotros estamos buscando, lo que estamos esperando.” Pero lo va a recibir ¿quién? La Iglesia del Señor Jesucristo primero; y ellos tienen que esperar su tiempo. Ahora es el tiempo de la Iglesia del Señor Jesucristo durante la Dispensación de la Gracia.

Bueno, era solamente un saludito, porque es un desayuno, pero en esto que me adhirieron hay mucho de lo cual hablar.

No estaba lo de María, pero entonces, lo tuvimos en adición a todo lo que estaba, los textos que estaban aquí escritos.

Que Dios les bendiga, les guarde, y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final, y puedan comprender las palabras de Jesús: que han escogido la mejor parte, la cual no les será quitada. Y que siempre les use y les ayude Cristo en Su Programa, les use grandemente en este tiempo final, en la etapa, edad y dispensación en que estamos viviendo.

“DAMAS BIENAVENTURADAS ESCOGIENDO LA MEJOR PARTE.”

Recuerden que la mejor parte es con Cristo en Su Programa, con Dios y Su Programa correspondiente a nuestro tiempo.

Continúen pasando un día feliz, lleno de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador; y nos veremos mañana, Dios mediante, en la mañana, en el culto correspondiente.

Que Dios les bendiga y les guarde grandemente.

¡Y buen provecho!

“DAMAS BIENAVENTURADAS ESCOGIENDO LA MEJOR PARTE.”

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