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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con todos ustedes y conmigo también, y nos abra las Escrituras y nos bendiga grandemente acá en lo profundo de nuestra alma. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es un privilegio grande para mí, estar con ustedes en esta ocasión; lo cual surgió no hace mucho, para estar aquí con ustedes.

Para esta noche leemos en el Salmo 46, versos 1 en adelante, donde dice:

Dios es nuestro amparo y fortaleza,

Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

  Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,

Y se traspasen los montes al corazón del mar;

  Aunque bramen y se turben sus aguas,

Y tiemblen los montes a causa de su braveza.

  Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,

El santuario de las moradas del Altísimo.

  Dios está en medio de ella; no será conmovida.

Dios la ayudará al clarear la mañana.

  Bramaron las naciones, titubearon los reinos;

Dio él su voz, se derritió la tierra.

  Jehová de los ejércitos está con nosotros;

Nuestro refugio es el Dios de Jacob.

  Venid, ved las obras de Jehová,

Que ha puesto asolamientos en la tierra.

  Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra.

Que quiebra el arco, corta la lanza,

Y quema los carros en el fuego.

  Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;

Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.

  Jehová de los ejércitos está con nosotros;

Nuestro refugio es el Dios de Jacob.”

“EL ÚNICO REFUGIO ETERNO.”

Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Él es el Ángel del Pacto que le ha aparecido a Moisés y libertó al pueblo hebreo por medio del profeta Moisés. Y luego fue prometido por los profetas, inspirado por el Espíritu Santo, o sea, el Espíritu Santo hablando por medio de ellos, que el Ángel del Pacto vendría; y eso sería la Venida del Mesías (Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante), y eso sería el Verbo, el Ángel del Pacto, por medio del cual Dios creó los Cielos y la Tierra, el cual es la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios; vendría en carne humana, y sería Emanuel: Dios con nosotros. Y Su Nombre es el Señor Jesucristo.

Jesucristo es Emanuel: Dios con nosotros; y por consiguiente, Él vino en el Nombre de Su Padre. El Nombre de Dios estaba en Jesús. Él es nuestro refugio eterno, el único refugio eterno. Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.”

Por lo tanto, si usted ha recibido a Cristo como Salvador, usted ha entrado en el único refugio eterno; y por consiguiente, vivirá eternamente en el Reino de Dios.

Pero si todavía no lo ha recibido como Salvador y quiere estar en el único refugio eterno y vivir eternamente: lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo le reciba y le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Recuerden que Él dijo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, versos 1 al 6: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios.”

La única forma para entrar en el Reino de Dios y vivir eternamente, es por medio de Jesucristo. Del Agua y del Espíritu: del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo. Por lo tanto, el Evangelio de Cristo nos enseña cómo entrar al Reino de Dios. San Juan, capítulo 1, nos dice, verso 9 al 14:

“Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.”

¿Por quién fue hecho el mundo? Por Cristo, el Ángel del Pacto, a través del cual Dios habló a existencia toda la Creación; porque el Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios, es Cristo en Su cuerpo angelical; y luego el cuerpo físico es el velo de carne humano de Dios, o sea, la semejanza física de Dios.

“A lo suyo vino (al pueblo hebreo), y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

O sea, que la persona no es un hijo o una hija de Dios, y no nace como un hijo o una hija de Dios porque nazca de un hombre y de una mujer; es porque nazca del Espíritu de Dios. Nace de Dios por medio del Espíritu Santo, que produce el nuevo nacimiento en la persona; y así nace a una nueva vida, nace en la familia de Dios como un hijo o hija de Dios.

Esos son los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Esos son los descendientes de Dios por medio del segundo Adán: Jesucristo nuestro Salvador, y la segunda Eva, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, cualquier persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted; ya sea que usted se encuentre aquí presente o en otro lugar de la Argentina, o en otro lugar del planeta Tierra, en otra nación, en otra ciudad donde usted se encuentre; para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y nazca en el Reino de Cristo, el Reino de Dios, como un hijo o una hija de Dios; y por consiguiente, nazca a la vida eterna.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente las personas que todavía no han recibido a Cristo, para orar por usted.

Recibir a Cristo como Salvador es entrar al único refugio eterno. No hay otro refugio para el ser humano, sino Jesucristo nuestro Salvador.

Jesucristo pregunta en una ocasión: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28.

De nada le sirve al ser humano vivir en esta Tierra sin recibir a Cristo; sería como si nunca en la vida hubiera existido.

Estamos aquí en la Tierra con y para un propósito divino; por lo cual tenemos que comprender el propósito divino para el cual Dios nos ha traído a este planeta Tierra.

El apóstol Pedro nos dice en Primera de Pedro, capítulo 1, verso 2:

“…Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.”

Hemos sido elegidos, ¿para qué?, para ser obedientes al Evangelio de Cristo, escuchar la predicación del Evangelio, y así obtener el conocimiento del Programa Divino de Salvación, de redención y vida eterna, para que la persona pueda recibir a Cristo como Salvador; porque toda persona desea vivir eternamente.

Por lo cual, necesita obtener el conocimiento, la revelación divina, del Programa o Plan de Redención, de Salvación, que Cristo ha llevado a cabo en la Cruz del Calvario.

Es para vida eterna que Cristo vino y murió en la Cruz del Calvario; porque nuestros nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo; y Él vino para morir en lugar nuestro. Por eso Él tomó nuestros pecados, se hizo mortal y murió en nuestro lugar.

Por eso cuando Él apareció hubo personas, hombres de Dios y mujeres de Dios, que dijeron: Este es el Salvador del mundo. Y miren cómo vino a salvar el mundo: vino a salvar el mundo tomando nuestros pecados, para que nosotros podamos vivir eternamente.

Tomó nuestros pecados y murió por nosotros, por y con nuestros pecados. Y si Él murió por nuestros pecados, ya nosotros no tenemos que morir por nuestros pecados sino entrar al refugio eterno, que es Jesucristo nuestro Salvador, en donde estamos y estaremos eternamente seguros, con vida eterna.

Jesucristo es el único refugio eterno. No hay otro refugio que pueda preservar la vida, su alma, para toda la eternidad; solamente hay uno, y es: Jesucristo. Él murió para la preservación de nuestra vida, de nuestra alma, para la preservación para toda la eternidad.

Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo; los que están aquí presentes y los que están en otras ciudades o en otras naciones.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad como en el Cielo también en la Tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre Celestial, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Tú eres mi único refugio eterno.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Reconozco que no hay otro Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos; y reconozco que Tu muerte en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por mis pecados.

Señor, he dado testimonio público de mi fe en Ti, te he recibido como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego manifiestes en mí Tu Salvación y vida eterna que ganaste en la Cruz del Calvario para mí, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado.

Recordamos las palabras de Cristo a Sus discípulos cuando dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan sencillo como eso.

Es un asunto de creer para tener vida eterna, o un asunto de no creer para ser condenado. Y nadie quiere que Cristo lo condene por incrédulo.

Todos queremos vida eterna, y esa vida eterna está en Jesucristo nuestro Salvador. Él es el que otorga la vida eterna a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Recuerden que Él dijo en el capítulo 10, versos 27 en adelante de San Juan:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Por lo tanto, la pregunta de ustedes es: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo del corazón porque Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” No vendrá a condenación, vivirá eternamente.

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. Aun el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista. Y si Él tuvo que ser bautizado, ¡cuánto más nosotros!

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Estábamos en y con Cristo eternamente; aunque no lo podamos comprender muy bien ese misterio, como tampoco podemos comprender muy bien el misterio de que nuestros cuerpos físicos estaban en nuestro Padre.

¿Recuerdan en la Biblia cuando Melquisedec, Dios en Su cuerpo angelical, en el Ángel del Pacto, dio pan y vino a Abraham que venía de la victoria en contra de unos reyes que se habían llevado a Lot? Encontramos que luego San Pablo en el libro de los Hebreos, por el capítulo 7, dice que cuando Dios bendijo a Abraham y le dio pan y vino, y luego Abraham pagó los diezmos a Melquisedec, cuando él pagó los diezmos a Melquisedec, Leví también estaba pagando los diezmos ahí, en ese acto de Abraham pagar los diezmos; pero Leví no había nacido, y tampoco el padre de Leví, que es Jacob, tampoco había nacido, y tampoco Isaac había nacido.

O sea que no había nacido el hijo de Abraham: Isaac, no había nacido el nieto de Abraham: Jacob, y no había nacido el bisnieto de Abraham: Leví. Y San Pablo dice que Leví, el bisnieto de Abraham, estaba pagando los diezmos allí, cuando Abraham estaba pagando los diezmos a Dios; y dice que estaba en los lomos de Abraham.

Es que la vida del cuerpo físico surge en el bisabuelo; y de ahí va pasando esa vida al abuelo, y del abuelo al papá, y del papá a lo que es la persona en su cuerpo físico. O sea, que estábamos físicamente en nuestro padre terrenal, nuestro cuerpo físico; y antes de eso pues estábamos en nuestro abuelo, y antes de eso surgimos allá en nuestro bisabuelo.

Por eso es que algunas veces aparecen en las personas, características de nuestro bisabuelo. Y algunos dicen: “Requintó,” o algo parecido. O sea, algunas veces salen con ojos azules o verdes o de algún color, y dicen: “Pero si el papá no tiene los ojos así.” Pero hay que buscar hacia atrás, porque la persona trae características del papá, del abuelo y del bisabuelo.

Y Abraham y en Abraham estaba Leví; y si estaba Leví, pues estaba también Jacob; y si estaba Jacob, estaba también Isaac.

Por lo tanto, para los creyentes en Cristo, eternamente estábamos en Cristo; por Él fueron creadas todas las cosas. Y cuando Él estuvo sobre la Tierra, caminando por Tierra Santa: Israel, y cuando iba de un lugar a otro, ahí íbamos nosotros en Sus lomos.

Por eso en el bautismo en agua nosotros estamos dando testimonio de que estábamos con Él cuando Él murió en la Cruz del Calvario. Es muy importante saber eso, y así comprender quiénes somos en el Programa Divino.

Estamos escritos en el Cielo, en el Libro más importante, que es el Libro de la Vida del Cordero; allí estaban y están nuestros nombres escritos. Son las personas por las cuales Cristo murió en la Cruz del Calvario.

De tales personas Cristo dijo: “Los ángeles de estos pequeñitos ven el rostro de mi Padre cada día.” Es que cada creyente en Cristo tiene un ángel: su ángel guardián; cada creyente en Cristo está protegido para vivir eternamente.

Así como las naciones, sobre todo Israel, tienen un ángel. Israel como nación tiene un ángel protector; y no cualquier ángel, sino el Arcángel Miguel. Daniel, capítulo 12, dice que “en aquel tiempo (en el tiempo final) se levantará Miguel, el gran príncipe que está por los hijos de Israel.” O sea que el Ángel Guardián de Israel es el Arcángel Miguel con Su ejército.

En alguna ocasión hablaremos de estos Ángeles, de los cuales tenemos sus nombres, principalmente el Arcángel Miguel y el Arcángel Gabriel. Son muy importantes. Ellos tienen que ver con pueblos; y en el campo político y en el campo religioso ellos intervienen.

¿Recuerdan cuando fue a nacer Juan el Bautista? Le apareció el Ángel Gabriel al sacerdote Zacarías. Cuando fue a nacer Jesús le apareció el Ángel Gabriel a la virgen María. Cuando Daniel quiso saber los misterios que al rey Nabucodonosor le fueron dados en sueños, y también otras cosas que Daniel, por las cuales oró para que Dios le diera el conocimiento de lo que significaba, le aparece el Ángel Gabriel y le dice: “Tu oración ha sido oída, y yo he venido para darte a conocer estas cosas.”

O sea, que es el Ángel del conocimiento, de la sabiduría, de la revelación divina; un Ángel que conoce todos esos misterios divinos, y se los daba a conocer al profeta Daniel.

Tenía que ver también, con cosas políticas; porque le está dando a conocer la trayectoria del reino de los gentiles, comenzando con el reino de Nabucodonosor, ese imperio, pasando a la otra etapa, segunda etapa: por el imperio medo-persa, después pasando por la tercera etapa: el reino de Grecia con Alejandro el Grande; y después pasando por la cuarta etapa: el imperio romano, que tiene dos partes: las piernas de hierro, y los pies de hierro y de barro cocido.

Todo eso le mostró el Arcángel Gabriel al profeta Daniel. Fue una visión o revelación política; se lo mostró desde el comienzo hasta su final, en donde la Piedra no cortada de manos, que es la Venida del Señor para el Día Postrero, causará que el reino de los gentiles sea quitado y sea establecido el Reino de Cristo, el Reino del Mesías, el Reino de Dios; y Su Trono estará en Jerusalén. Y eso será la restauración del Reino de Dios en la Tierra, que también es conocida como la restauración del Reino de David.

¿Recuerdan cuando Cristo estuvo con Sus discípulos ya resucitado y se tenía que ir al Cielo, subir? Le dicen: “¿Restaurarás Tú el Reino a Israel en este tiempo?” Ellos estaban esperando al Mesías como Rey para que restaurara el Reino de David; pero eso es para este tiempo final. Y antes que eso ocurra, la Puerta de Salvación y vida eterna, que es Cristo, está abierta para que toda persona entre por esa puerta al ÚNICO REFUGIO ETERNO, para que pueda vivir eternamente con Cristo en Su Reino.

Por cuanto ya han escuchado sobre el bautismo en agua en el Nombre del Señor y han visto que es un mandamiento del Señor: bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Guillermo Rodríguez para que les indique cómo hacer para ser bautizados; y en cada ciudad e iglesia, y naciones, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Con ustedes, el reverendo Guillermo Rodríguez, y en cada país y en todo lugar, en los demás lugares: al ministro correspondiente.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

“EL ÚNICO REFUGIO ETERNO.”

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