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Muy buenos días amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros e Iglesias; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 en adelante, donde nos dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,

y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,

sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.

Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla, nos abra la Escritura Su Palabra en esta ocasión. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“LA REVELACIÓN CONTENIDA EN LOS SIETE TRUENOS QUE JUAN ESCUCHÓ Y LE FUE PROHIBIDO ESCRIBIR.”

¿Por qué son tan importantes estos siete truenos de Apocalipsis, capítulo 10? Lo primero es que son la Voz de Cristo, el Ángel del Pacto, hablándole a Su Iglesia; representada Su Iglesia en Juan el apóstol.

Aquí en el capítulo 10, Cristo está hablando como León. Es muy importante notar eso porque eso concuerda con las palabras del anciano de Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante, y sobre todo… Pero vamos a leerlo aquí, para que ustedes tengan un cuadro claro de la importancia de los Truenos de Apocalipsis, capítulo 10.

Capítulo 5 de Apocalipsis, verso 1 en adelante, dice:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.”

Este Ángel de Apocalipsis, capítulo 10, viene con ese Librito abierto, el cual en Apocalipsis, capítulo 5, está cerrado.

“Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?”

Este Ángel está preguntando quién es digno para tomar ese Libro y abrir esos sellos que están cerrados.

“Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.”

O sea que nadie era digno, de los que estaban vivos en la Tierra, de los que habían muerto y sus cuerpos estaban sepultados, y de los que estaban en el Cielo tampoco ninguno era digno. Ningún ser humano era digno para tomar ese Libro y abrir los Sellos.

Este Libro es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es el Título de Propiedad de la vida eterna, es el Libro de la Vida del Cordero, es el Libro donde están escritos los nombres de todos los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo. Sigue diciendo:

“Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo (y aquí aparece uno de los ancianos)

Y uno de los ancianos me dijo…”

Recuerden que Juan estaba muy triste, lloraba mucho; porque si no aparecía uno digno de abrir ese Libro, todo estaba perdido; y por consiguiente, todo regresaría a la nada, desaparecería la raza humana.

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores...”

O sea, él sabía, conocía el Programa. Juan no lo sabía.

“He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.”

El León de la tribu de Judá es Cristo. En Apocalipsis 22, verso 16, el mismo Jesucristo dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

El León de la tribu de Judá es Jesucristo. Él tiene también la Llave de David. Apocalipsis, capítulo 3, verso 7, dice:

“Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre.”

Ese es Cristo. Y como León de la tribu de Judá, Él puede abrir con la Llave de David; y por lo tanto, puede abrir el Reino de David, abrirlo para entrar al Reino de David en el momento correspondiente; puede abrir para la restauración del Reino de David.

Así como le dio la Llave del Reino de los Cielos a Pedro: la revelación, tiene Cristo la Llave también para abrir la Dispensación del Reino y abrir el Reino de David, para que entren al Reino de David en el momento correspondiente. Para lo cual tiene que tomar el Libro sellado con siete sellos también. Vamos a seguir leyendo lo que el anciano está hablando con Juan. Dice:

“He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.”

El anciano le dijo: “He aquí el León de la tribu de Judá,” y cuando Juan miró, lo que vio fue un Cordero. Estaba saliendo del Trono del Padre, del Trono de Intercesión, en donde Él es el Cordero de Dios que murió en la Cruz del Calvario y efectuó el Sacrificio de Expiación por el ser humano; y también cumplió el Sacrificio del Cordero Pascual para la preservación de la vida de los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y por consiguiente, es el único digno para salir del Trono de Intercesión cuando complete Su Iglesia, y por consiguiente cuando haya redimido hasta el último escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y al terminar Su labor de Intercesión y ya estar reconciliados con Dios todos los escogidos, elegidos, escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, entonces ya Él sale del Trono de Intercesión donde Él está como el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo, y como el Sumo Sacerdote haciendo Intercesión en el Templo celestial, según el Orden de Melquisedec, el cual fue reflejado, representado, en el orden sacerdotal de Aarón.

Y también en uno de los salmos de la Escritura nos habla (hablando del rey David, el cual es tipo de Cristo) que Él es Sacerdote según el Orden de Melquisedec. Es que no solamente en David sino de Adán hacia acá: en todos los profetas se reflejó Cristo y la Obra que Él llevaría a cabo.

Por ejemplo, en Adán: teniendo una descendencia de hijos e hijas de Dios; y Cristo es el segundo Adán teniendo una descendencia que nace del Agua y del Espíritu por medio de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, ser bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo bautizarlos con Espíritu Santo y Fuego, y producir en ellos el nuevo nacimiento; y así nacen, no de voluntad de varón, no de voluntad de carne ni de varón, sino de Dios, del Espíritu de Dios. San Juan, capítulo 1, versos 10 al 13.

Y a Nicodemo en el capítulo 3 le dice Cristo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios,” o sea, no puede entrar a él y no lo puede entender, no lo puede ver.

Y le sigue diciendo… porque Nicodemo no comprendía eso del nuevo nacimiento y pensaba que era nacer otra vez a través de su madre; y si estaba ya anciana o había ya muerto, era algo imposible.

“¿Y cómo podría…?” Le dice Nicodemo: “¿Y cómo puede…? ¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo (o sea, ya siendo adulto) entrar nuevamente en el vientre de su madre y nacer, nacer de nuevo?” O sea, como sucede con muchas personas, que escuchan algo y le dan una interpretación incorrecta.

Está hablando del nuevo nacimiento que no es de voluntad de varón: no es por medio de la unión de un hombre y de una mujer; es por medio de la unión de Cristo con Su Iglesia, de etapa en etapa, de edad en edad, produciendo el nuevo nacimiento en miles o millones de personas que lo reciben como único y suficiente Salvador. Y así se nace en el Reino de Cristo, se entra al Reino de Dios.

En Colosenses nos dice, capítulo 1, verso 12 en adelante, que Dios nos ha trasladado de las tinieblas al Reino de Su amado Hijo. Y en el campo espiritual, los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, han entrado al Reino de Dios, al Reino de Cristo, que está en la esfera espiritual. Por eso dice San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

O sea que Él tiene el poder: el mismo poder que Él tiene para sujetar a Sí mismo todas las cosas, porque a Él le fue dado en el Cielo todo poder.

Lo dijo el mismo Cristo en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20, cuando dice a Sus discípulos antes de subir al Cielo, de ascender al Cielo, les dice: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra,” y los envía a predicar y a bautizar.

Él tiene el poder en el Cielo y en la Tierra, porque se sentó a la diestra de Dios en el Cielo, como Él había dicho que haría. San Mateo, capítulo 26, verso 64, nos dice… Dice Cristo cuando le preguntan en el verso 63:

“Mas Jesús callaba…”

Esto fue cuando estaba siendo juzgado por el Concilio del Sanedrín, esto fue en la noche de la víspera de la Pascua.

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

O sea que Cristo no negó que Él era el Cristo, el Mesías, el Ungido, el Hijo de Dios, y que se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo; para lo cual tenía que morir y resucitar glorificado para ir a la presencia de Dios en esa dimensión celestial; para lo cual, luego de resucitado y haber estado con Sus discípulos unos cuarenta días… aunque el día que resucitó Él subió al Cielo, se presentó y presentó Su Sangre, Su Sacrificio, en el Lugar Santísimo, en el Lugar de Intercesión allá en el Cielo, en el Propiciatorio. Y luego regresó y estuvo con Sus discípulos apareciéndoles, digamos, todos los domingos; porque fue domingo que resucitó y apareció a Sus discípulos; y luego cuando volvió a aparecer a Sus discípulos fue pasados ocho días, o sea, domingo nuevamente.

Si pensamos que todos los domingos les aparecía, pues es lo que el cristianismo también piensa: que todos los domingos Cristo está en el culto para bendecir a todos los creyentes en Cristo, que estarán alabando a Dios y escuchando Su Palabra, y entonces Cristo derramando Sus bendiciones de conocimiento, Sus bendiciones de regocijo, a los corazones de todos los creyentes.

Y así ha sido que los domingos es el día de escuela bíblica en todas las iglesias, exceptuando los que guardan el sábado. Los discípulos, los sábados aprovechaban para ir a la sinagoga y predicar, y luego el domingo se reunían ellos en privado, o sea, cultos de las iglesias en los diferentes lugares de Israel, las cuales habían sido formadas por los creyentes en Cristo de cada territorio.

Y luego, cuando pasó el Evangelio a los gentiles, allá en Asia Menor, San Pablo estableció también las iglesias entre los gentiles, y los domingos se reunían para escuchar la predicación del Evangelio de Cristo. Y los sábados aprovechaban para ir a la sinagoga y presentar el Mensaje de Cristo; y muchos judíos y aun principales en las sinagogas, rabinos, llegaron a creer también en Cristo.

Así fue en aquellos tiempos. Actualmente pues la mayoría del cristianismo no se reúne el sábado sino solamente el domingo.

En los días de los apóstoles allá en Israel, del apóstol Pedro y todos los demás apóstoles judíos allá, se reunían los domingos, el culto del domingo ya era con los creyentes, los cristianos, pero los sábados —como les dije— aprovechaban para ir a las sinagogas y presentar el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación.

Actualmente, pues —como les dije—, solamente algunas iglesias están en culto los sábados o guardan el sábado y no guardan el domingo; y otras pues se quedan solamente con el domingo porque no hay sinagogas a donde ir a predicar; y si las hay pues, quizás, no son bienvenidos.

Ahora, tenemos que entender… Esto es para… bienvenidos para que les prediquen a Cristo. Pueden ser bienvenidos para que estén sentados y escuchen todo lo que se habla; aunque son bastante cerrados en cuanto a los cultos, son actividades con judíos y solamente algunos invitados que llevan algunos judíos. Pero eso no es ningún problema. No se pueden hacer la guerra los unos a los otros. Ya podemos ver lo que ha costado las guerras entre judíos, o de judíos contra cristianos; y luego de parte del cristianismo contra judíos; ha costado miles o millones de vidas, las cuales han muerto en esas guerras religiosas. No deseamos que ocurra de nuevo. Aunque conforme a los escritos proféticos Dios ha mostrado que se va a repetir.

¿Cómo va a ser? Nos habla del anticristo; y bajo la dirección del anticristo, miles o millones de vidas de seres humanos van a morir; y muchos, por el testimonio de Cristo, muchos por estar agarrados bien de Cristo, muchos del cristianismo van a morir; y muchos del judaísmo, judíos, también van a morir; pero eso lo dejamos quietecito por el momento.

Ya vimos que Cristo dijo que iba a subir al Cielo y se iba a sentar a la diestra de Dios. En San Marcos también lo dice: San Marcos, capítulo 14, verso 61 en adelante, dice:

“Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?

Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.

Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? 

Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte.”

Dios había cegado a los líderes religiosos de aquel tiempo para que no vieran, para que no entendieran y no creyeran que Jesús era el Mesías; porque había un Programa Divino que tenía que llevarse a cabo, y era el Sacrificio de Expiación por el pecado, para la reconciliación de judíos y de gentiles con Dios; y por esa causa Dios los cegó.

Por eso es que Él dice en diferentes ocasiones, que estaban ciegos: ciegos guías de ciegos. Y también Isaías nos habla sobre esto que sucedería. Y por cuanto Dios los cegó, entonces no vamos a molestarlos a ellos sino pedir como Jesucristo: que Dios tenga misericordia de ellos.

Cristo dijo en la Cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Fue para Dios tener misericordia también de los gentiles, los cuales formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, unos de una nación y otros de otra nación, de donde buscaría un pueblo para Su Nombre.

En este tiempo final, en la semana número setenta, cuando comience o cuando esté para comenzar esa segunda parte de la semana número setenta, que corresponde a tres años y medio, Dios les va a abrir los ojos espirituales, les va a dar un avivamiento; y se van a dar cuenta, luego, cuando el Mesías aparezca para ellos, que aquel que vino dos mil años atrás: Jesús, era el Mesías en Su Venida, y fue que ser rechazado; pero así tenía que suceder.

Van a comprender también todo eso bajo el ministerio de los Dos Olivos, que son los ministerios de Moisés y Elías. Esos son los ministerios para Israel, para el Día Postrero, para la segunda parte o última parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9, versos 21 al 27.

Y ahora, nos movemos al libro de los Hechos… En el libro de los Hechos tenemos ahí una Escritura… Debe ser el capítulo 7, verso 55. Cuando estaban apedreando a Esteban, él dice, dice la Escritura:

“…Vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.

Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.

Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios,

y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.”

Y si buscamos las cartas apostólicas, tanto de San Pedro como de San Pablo, veremos que ellos también muestran que Cristo está a la diestra de Dios, a la diestra del poder de Dios; y por consiguiente, todo poder divino que es manifestado, todo poder de Dios que es manifestado, viene por medio de Jesucristo.

Podemos ver que Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, se encuentra todavía en el Cielo, con Su cuerpo glorificado. Todavía Él está como Cordero, como el Cordero del Sacrificio con Su Sangre allá en el Lugar Santísimo, en el Propiciatorio, que es el asiento de Dios, el Trono de Dios; y está como Sumo Sacerdote haciendo Intercesión por cada persona que lo recibe como Salvador, y también por los que ya son creyentes: cuando cometen alguna falta o error y le piden perdón a Cristo reconociendo su falla, la falla de la persona; y Cristo lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado; y así nos mantiene limpios delante de Dios. Y cuando Dios nos mira, nos ve sin pecados, nos ve a través de la Sangre de Cristo, la cual ha tomado el pecado que hemos confesado a Él, ha sido echado en la Sangre de Cristo y ha regresado a su lugar de origen, que fue el diablo.

Eso es lo que es representado en la Santa Cena y también en el lavatorio de pies, que muestra que nos mantiene limpios todo el tiempo.

O sea que cuando recibimos a Cristo, pedimos perdón a Él reconociendo que hemos pecado, que somos pecadores; y Cristo con Su Sangre nos limpia de todo pecado. Y si se comete alguna falta, no tiene que volver otra vez a confesar y pedir perdón por los pecados que había cometido antes de convertirse a Cristo, antes de recibir a Cristo como Salvador; ya esos fueron borrados; luego uno se acerca para los problemas, faltas, errores o pecados que comete en su trayectoria como cristiano, a medida que van pasando los días en el Cuerpo Místico de Cristo cada persona.

No hay otro Intercesor en el Cielo sino Jesucristo, no hay otro Salvador sino Jesucristo, y no hay nadie a través del cual podamos llegar a Dios sino por medio de Jesucristo.

Él mismo lo dijo cuando dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6.

Por lo tanto, Él es nuestro Intercesor. Él es mi Intercesor: entre yo y Dios, y entre Dios y yo. Y Él es el Intercesor ¿de quién más? De cada uno de ustedes también.

Nunca se aparten del Señor Jesucristo. El que se aparta de Cristo, se apartó de su Intercesor, de su representante en el Cielo.

Cristo es el Cordero de Dios que quitaría el pecado del mundo, como lo presentó Juan el Bautista en San Juan, capítulo 1, versos 29 al 36, cuando dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Y así ocurrió para la preservación de la vida de los Primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Y ahora, la Vida de la Sangre, que es el Espíritu Santo, la Vida de la Sangre de Cristo es el Espíritu Santo, el cual viene al creyente en Cristo y produce el nuevo nacimiento: ha nacido en el Reino de Dios; y por consiguiente, está en el Reino de Dios sentado en lugares celestiales con Cristo Jesús Señor nuestro.

Y nos falta la parte física, que es la redención del cuerpo, lo cual es la adopción como hijos e hijas de Dios físicamente, con cuerpos eternos, inmortales, incorruptibles, glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; lo cual está muy cerca; y será cuando Cristo el Cordero de Dios, se convierta en León de la tribu de Judá, en Su Obra de Reclamo en el Cielo, lo cual está muy cerca.

Entonces Él tomará el Título de Propiedad, que es el Libro sellado con siete sellos, el Libro de la Vida del Cordero, donde están nuestros nombres escritos desde antes de la fundación del mundo. Él tomará ese Título de Propiedad sellado con siete sellos y lo abrirá en el Cielo.

Al abrirlo en el Cielo, luego le corresponde hacer la Obra de Reclamo de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre: Las personas que ha redimido con Su Sangre, los cuales le han recibido como único y suficiente Salvador, los reclamará y los transformará; y a los que murieron los resucitará en cuerpos glorificados.

Reclamará también el Trono de David al cual Él es el único heredero; y por consiguiente, reclamará el Reino de David, el cual Él lo restaurará. Para eso es Su Venida con el Librito abierto en Su mano.

Al tener el Libro abierto en Su mano, es como en una Corte cuando hay un caso de una herencia, de un título de propiedad; por consiguiente, cuando el juez declara quién es el heredero, y se le da el escrito de que esa propiedad es suya, entonces luego viene el reclamo.

Ya fue hecho el reclamo en la – se pidió, se reclamó en la Corte; y luego que es dictada la sentencia a favor de la persona, luego le toca llevar a cabo la obra de desahucio, en donde sacan a las personas que están en la propiedad que no les corresponde, están ilegalmente.

Así también este planeta Tierra: la humanidad que vive no tiene el Título de Propiedad, está en esta Tierra temporalmente, está habitando el lugar que la Escritura dice: “De Dios es la Tierra y su plenitud.” A Dios pertenece el planeta Tierra completo. Y el heredero al planeta Tierra con todo lo que tiene, es Jesucristo. Aquí está la Escritura: Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”

Recuerden que es por medio de los profetas que Dios siempre ha hablado a Su pueblo. “Porque no hará nada el Señor sin que antes revele sus secretos a sus siervos sus profetas.” Amós, capítulo 3, verso 8.

“…en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo…”

¿Quién es el heredero de todo, de toda la Creación? El Señor Jesucristo. Dice:

“…y por quien asimismo hizo el universo…”

Dios por medio de Jesucristo hizo el universo, Dios por medio de Jesucristo estando en Su cuerpo angelical, cuerpo teofánico llamado el Ángel del Pacto y llamado el Verbo, hizo el universo.

San Juan, capítulo 1, nos habla de eso también cuando nos dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”

Él trajo a vida todo el universo. Por medio del Verbo, que es Cristo, Dios creó todas las cosas, por medio de Cristo el Ángel del Pacto, por medio de Cristo en Su cuerpo angelical, Dios creó todas las cosas. San Juan, capítulo 1, verso 1 al 4. Y San Juan, capítulo 1, verso 14, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre) (lleno de gracia y de virtud), lleno de gracia y de verdad.”

O sea que Cristo es el Verbo que era con Dios y era Dios, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios. Por eso fue que les dice a los judíos en el capítulo 8, versos 56 al 58 [San Juan]:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era? Era el Ángel del Pacto, el Verbo, el cuerpo angelical de Dios, era la imagen del Dios viviente. Él es el cuerpo angelical de Dios, llamado también el Ángel del Pacto y llamado también el Espíritu Santo; porque el Espíritu Santo es un cuerpo de otra dimensión; porque un espíritu es un cuerpo pero de otra dimensión.

“Dios hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llamas de fuego.” Hebreos, capítulo 1, versos 5 al 7.

Antes que Abraham fuese, Cristo era; y era antes de todas las cosas, dice San Pablo en Efesios, capítulo 1, versos 11 al 23. Y ahí tenemos el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, conforme a Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3.

Y ahora, encontramos que en Cristo Jesús estaba Dios en toda Su plenitud. La plenitud de la Divinidad estaba en Jesucristo, o sea, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Como en usted y en mí está nuestra plenitud: alma, espíritu y cuerpo.

O sea que cuando el ser humano está en su cuerpo de carne, está en la plenitud de un ser humano; porque está en alma, espíritu y cuerpo. Cuando muere su cuerpo físico ya no está en toda su plenitud, solamente está en Su cuerpo espiritual, angelical, su cuerpo teofánico; pero regresará a tener un cuerpo físico glorificado, si es un creyente en Cristo nacido en el Reino de Cristo, nacido de nuevo.

Sigue diciendo en Hebreos, capítulo 1, verso 3:

“…el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”

La imagen misma de la sustancia de Dios es Cristo en Su cuerpo angelical; por eso cuando aparecía el Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical, en diferentes ocasiones a través del Antiguo Testamento, los profetas a los cuales les aparecía o a otras personas, decían que vieron a Dios cara a cara; pero San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: “A Dios nadie lo vio jamás (no hay una contradicción ahí); el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró (o sea, le ha dado a conocer).”

Dios se dio a conocer por medio de Jesucristo. Jesucristo estuvo dando a conocer a Dios. Por eso Él decía: “Yo no hago nada de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y no hablaba nada de sí mismo, sino que lo que escuchaba al Padre hablar, eso era lo que Él hablaba; y como Él veía al Padre hacer, así Él hacía. O sea que lo veía en visión, a Dios haciendo las cosas en otra dimensión, la dimensión de Dios, y eso mismo entonces Jesús lo hablaba, lo llevaba a cabo.

Así ha sido también con los diferentes profetas. Dios les mostraba, Dios les muestra las cosas en otra dimensión, y eso luego lo hablan en esta dimensión; hacen como vieron hacer a Cristo en otra dimensión, así hacen acá; y se materializa, se materializa lo que ellos vieron ocurrir en esa otra dimensión.

¿Recuerdan el Ángel que le aparecía al reverendo William Branham? Le dice en una ocasión… Página 12 y 13 del libro de “Citas” en español, le dice… Vamos a leérselo para que tengan un cuadro claro. Al final de la página 12 y comienzo de la página 13 dice (voy a leer una partecita):

 “Lo que te dije que no hicieras, hiciste.’ Yo pensé: ‘Esto es el fin mío ahora.’ Él dijo: ‘La primera vez que yo te dije que le dieras un estirón lento (le estaba enseñando a pescar en la visión, recuerden) y que guardaras silencio acerca de ello, era cuando ellos ponían sus manos en las tuyas. Tu segundo halón (o etapa) cuando yo te dije que sacudieras más rápido y que guardaras silencio (sacudiera, o sea, diera un halón más rápido al cordel de pescar; a la cuerda de pescar, pues que le diera un haloncito, un halón más rápido)… y que guardaras silencio acerca de ello...”

Y luego dice:

“…era cuando yo te daba las visiones para que supieras los secretos de los corazones de las gentes. Y mientras tú predecías lo que yo te decía (o sea, lo que le mostraba en visión y de lo que le hablaba)… Y mientras tú predecías lo que yo te decía, yo hacía exactamente lo que te decía que hicieras. En vez de guardarte silencio acerca de estas cosas, te subiste en la plataforma e hiciste un espectáculo público de estos dones divinos. Mira lo que has causado: una muchedumbre de personificaciones carnales.’ Yo comencé a llorar verdaderamente fuerte.”

Ahora vean, el Ángel le mostraba la persona y le mostraba las cosas, los secretos, que él tenía que darle a conocer a las personas; y le mostraba la sanidad de la persona. Todo eso se lo mostraba, y él daba a conocer eso a la persona y lo declaraba sano, libre. Y así ocurría porque el Ángel era el que obraba, el que estaba a cargo de esa labor; era un trabajo de otra dimensión, el cual el reverendo Branham lo hablaba y se materializaba. Porque la sanidad divina no es terrenal, es celestial. Ningún hombre puede sanar, es Dios el Sanador.

Por lo tanto, podemos ver cómo funcionaba. Y así funciona también lo de Moisés con su vara levantada en la guerra con Amalec. Ustedes pueden ver en toda la historia bíblica la relación de Dios por medio de Su Espíritu con los profetas; y eso es lo mismo que vimos en el reverendo William Branham, lo cual vimos también en Moisés cuando Dios lo mandaba a donde Faraón: le mostraba y le decía: “Di que viene tal plaga,” le mostraba todo; y entonces Moisés hacía en la forma en que Dios le ordenaba, y las cosas ocurrían.

Es bueno saber estas cosas porque tenemos la promesa de que los Truenos traerán un avivamiento a la Iglesia del Señor Jesucristo; y aunque no se puede hablar mucho para que no se interrumpa el Programa Divino… por lo cual no se dará tanta información para evitar imitaciones.

Recuerden, ya el Ángel corrigió al reverendo William Branham porque dio a conocer cómo funcionaban las cosas y entonces surgieron muchas imitaciones; pero vendrá otro avivamiento.

Siempre esas manifestaciones de Dios surgen en diferentes edades, en donde Dios envía un mensajero con la Palabra, esa Palabra del Cielo, que es conforme a lo que está escrito en la Biblia, para que la hable, para que así las cosas ocurran y las bendiciones de Dios vengan por medio del Espíritu a la Iglesia. Siempre ha sido el Espíritu Santo por medio del cual Dios se manifiesta y obra por medio de diferentes instrumentos.

Ahora aquí, en esta misma visión, dice… más adelante dice:

Yo estaba tratando de hacer mis pies…”

Un poco antes:

“Yo dije: ‘Oh, siento mucho, Señor, yo no me había fijado que estaba usando la orilla incorrecta.”

O sea, estaba colocando el gabete o cordón de un zapatito de bebé y estaba usando la parte más ancha, pero tenía una parte bien fina, la cual podía entrar por el agujero del zapatito; pero estaba usando la parte más ancha, y no podía colocar ese cordón o gabete de zapatito de bebé.

Y ese zapatito de bebé representa la edad pentecostal, la edad séptima de la Iglesia, representada en la iglesia de Laodicea de Asia Menor; para que sepan este simbolismo.

“Él dijo: ‘No puedes enseñar a niños cosas sobrenaturales sin causar comparaciones carnales (o imitaciones),’ Entonces sentí que me iba adentro de otra dimensión todavía más alta (siempre es subiendo, como de edad en edad se va subiendo). Yo estaba parado en el aire en una carpa grandiosa que jamás había visto en mi vida. Yo estaba sobre la gente con la plataforma debajo de mí. Yo había apenas terminado de predicar y había hecho el llamamiento al altar. Allí había cientos y cientos de gente parados con sus manos hacia arriba en el aire llorando. Yo estaba tratando de hacer mis pies ir hacia abajo (hacia donde estaba la gente; porque él estaba en el aire; por lo cual muestra que ya él había partido y está en la sexta dimensión)…”

Porque la sexta dimensión ya a los 12 pies está, y desde ahí pueden mirar hacia acá; a los 12 pies de altura ya está la sexta dimensión, que es el Paraíso, donde están todos los santos, los muertos en Cristo, que se encuentran reunidos cada uno con su mensajero correspondiente y en el territorio correspondiente de esa dimensión.

“…pero permanecí en el aire. Un hombre con un corazón verdaderamente amable, bien parecido, dio un paso ante la gente y dijo: ‘Queridos amigos, mientras nuestro hermano Branham está tomando unos momentos de descanso de este llamamiento maravilloso al altar, vamos a formar una línea de oración a la derecha.’

Una línea de oración se formó completamente alrededor de la carpa por dentro, hacia afuera hacia a la calle y abajo a la calle tan lejos como podía ver. Adentro de la carpa, yo miré una lona extendida como de cuatro pies de alto, con una puerta en este cerco de lona. Adentro de este cerco, estaba asentado un pequeño cuarto de madera cuadrado. Una señora estaba parada a la puerta del cerco de lona, tomando el nombre y tarjeta de oración de la señora acostada en una camilla de ruedas. Detrás de la camilla estaba un hombre con muletas y la señora tomó su nombre y tarjeta también. Un hombre fuerte salió y empujó a la señora en la camilla por la puerta del cerco de lona y por una puerta para adentro del pequeño cuarto de madera. Yo oí el sonido familiar silbando…”

O sea, cuando la Columna de Fuego le aparecía él escuchaba el zumbido de Su presencia; aunque otras personas no lo escucharan, él lo escuchaba.

“Yo oí el sonido familiar silbando, hecho por la luz que acompaña mi ministerio y yo lo vi irse de mí hacia el pequeño cuarto. Él dijo: ‘Este es el tercer halón (o tercera etapa).’ Yo dije: ‘No entiendo esto.’ Él respondió: ‘Allí adentro te encontraré.’ Yo observé y miré la señora enferma salir de la puerta en el lado opuesto del pequeño cuarto. Ella se había bajado de la camilla y la empujaba. Una señora estaba allí para tomar su testimonio en una grabadora de cinta y preguntó qué había acontecido en el pequeño cuarto. Ella contestó: ‘Yo no sé.’ Entonces salió el hombre, llevando sus muletas. La señora le preguntó a él qué había acontecido en el pequeño cuarto y él contestó: ‘Yo no sé.’

El Ángel del Señor dijo: ‘Esto no será un espectáculo público. ¿No está escrito en la Escritura, de las palabras de nuestro Señor: ‘Mas tú cuando ores, entra en tu cámara y cerrada la puerta, ora a tu Padre en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto recompensará en público’? No seas como los hipócritas que hacen su apariencia de cosas, pero entra en tu cámara secreta.’ Entonces el Ángel del Señor y yo descendimos para adentro del pequeño cuarto. LO QUE ÉL ME DIJO ALLÍ, TENDRÉ QUE GUARDARLO CONMIGO, SECRETO EL RESTO DE MI VIDA.”

O sea que él vio allí cosas, que si las llegaba a decir iban a salir muchas personas, predicadores, imitando lo que va a suceder en ese lugar.

En una ocasión el Ángel le dice: “¿Recuerdas el nombre que buscabas cuando tuviste la visión?” Así que hay un nombre allí; y debe ser importante para estar allí y para el reverendo William Branham estar buscándolo, y para el Ángel recordarlo. Así que tiene que ver con las cosas que estarán cumpliéndose en la Tercera Etapa, en una Gran Carpa-Catedral que va a surgir en medio de los creyentes en Cristo; y por lo que es mostrado, serán creyentes en Cristo conocedores del reverendo William Branham y creyentes en el mensaje del reverendo William Branham.

Eso es para que veamos con quién será que surgirá esa Gran Carpa-Catedral la cual va a ser de bendición para el cristianismo completo; porque ahí será que se manifestará esa Tercera Etapa o tercer halón para bendición de la Iglesia; y ahí es donde los Siete Truenos de Apocalipsis van a ser revelados. O sea, lo que hablaron los Siete Truenos va a ser revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo, porque Juan es el tipo y figura de la Iglesia del Señor Jesucristo que escuchó lo que los Truenos hablaron. Y eso será la Voz del Alfa y Omega, la Voz de Cristo en el Día Postrero en medio de Su Iglesia hablándole consecutivamente en una nueva edad.

Luego del tiempo del ministerio del reverendo William Branham vendrá otro tiempo, otro despertamiento espiritual, otro avivamiento en medio del cristianismo; de lo cual el reverendo William Branham habló.

Y lo que va a producir ese avivamiento, vamos a ver lo que será; por lo cual los Truenos son muy importantes, lo que los Truenos hablaron, es muy importante para todas estas personas que van a estar disfrutando de ese avivamiento que Dios va a derramar sobre Su pueblo. Dice en la página 212 del libro de “Los Sellos” en español, en esta versión:

 “La Novia todavía no ha tenido un avivamiento (y está predicando en el año 1963); todavía no ha habido allí ningún avivamiento, ninguna manifestación de Dios para sacudir a la Novia. Estamos esperando eso. Se necesitarán esos Siete Truenos misteriosos para despertarla. Él los mandará, lo ha prometido.”

O sea, que lo que va a producir ese avivamiento ¿será qué? La Voz de Cristo, el Ángel Fuerte, hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero, así como le habló a Su Iglesia en edades pasadas por medio del Espíritu Santo a través de los diferentes mensajeros.

También en la página 131, primer párrafo, de este libro de “Los Sellos” en español, de esta versión, dice:

 “Y ahora Jesús: Su Nombre sobre la Tierra fue Jesús el Redentor, porque fue el Redentor cuando estuvo sobre la Tierra; pero cuando conquistó el infierno y la muerte, los venció y ascendió, entonces recibió un nuevo Nombre. Por esa razón es que gritan y hacen tanto ruido y no reciben nada. Será revelado en los Truenos.”

¿Ven por qué son tan importantes los Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, que es la Voz de Cristo como León de la tribu de Judá? Y estará hablándole a Su Iglesia en esa Tercera Etapa, y en una Gran Carpa-Catedral se va a cumplir esa Tercera Etapa y por consiguiente todo el misterio del Nombre Nuevo del Señor, de la fe para el rapto, la fe para ser transformados y raptados; porque la fe para el rapto está en los Truenos.

Página 128 de este mismo libro de “Los Sellos” en español, dice:

 “Ahora, los Siete Truenos de Apocalipsis permitirán que Él muestre a la Novia cómo prepararse para obtener esa gran fe de traslación (o sea, de rapto).”

O sea, que los Truenos, que es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero, en una nueva edad, no la edad ni luterana, ni wesleyana, ni pentecostal, sino en una edad eterna, en una edad de oro: la Edad de Piedra Angular, la edad en donde se van a cumplir estas promesas, se cumplirá la Visión de la Carpa, se cumplirá la fe para rapto por medio de la revelación divina contenida en los Siete Truenos de Apocalipsis, que a Juan le fue prohibido escribir porque no era para que supiera en ese tiempo ese misterio; porque los Truenos revelan el Séptimo Sello, los Truenos revelan el misterio de la Segunda Venida de Cristo a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Todo ese misterio va a ser revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo. El misterio de la Venida de Cristo como León para el Día Postrero, clamando como cuando ruge un león y siete truenos emitiendo sus voces; todo ese misterio va a ser revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo; y eso le va a dar la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La Tercera Etapa será para la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, para darles la fe para ser transformados; será para las vírgenes insensatas también, o vírgenes fatuas, que no tenían aceite: eso es el cristianismo, los cristianos, que no tenían aceite en sus lámparas, que no tenían el Espíritu Santo, pero que son personas muy buenas y aman al Señor, y que darán sus vidas en la gran tribulación, porque el anticristo los perseguirá y los matará; pero la revelación que será dada bajo la Tercera Etapa les va a fortalecer para pasar por esa etapa difícil por la cual tendrán que pasar, como pasaron otras etapas difíciles los cristianos.

Y también los judíos van a ver esa Tercera Etapa en donde Cristo estará manifestado; y dirán: “Esto es, o este es, o esto es lo que nosotros estamos esperando.” Pero Él no viene por ellos, Él viene por Su Iglesia.

El Ángel Fuerte que desciende del Cielo es el Mensajero a Israel, el Ángel del Pacto, Cristo, el Espíritu Santo; y viene por Su Iglesia para hablarle. Y eso es Cristo hablándole y Siete Truenos emitiendo sus voces y dándole la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

También esa Tercera Etapa se extenderá a los perdidos, a los que no tienen ya oportunidad de salvación, porque ya se les habrá pasado el tiempo para la redención, se les habrá pasado el tiempo para recibir a Cristo, se les habrá pasado el tiempo para ser limpiados con la Sangre de Cristo; porque ya Él habrá salido del Trono de Intercesión en el Cielo y estará en medio de Su Iglesia con la revelación contenida en el Libro sellado con siete sellos; y estará hablando como León, y Siete Truenos emitiendo Sus voces; de lo cual no se debe explicar mucho para que no haya imitación de lo que Dios va a hacer.

Fue prohibido al reverendo William Branham que explicara todo el misterio de cómo funcionaba la primera etapa y la segunda etapa; y le fue dicho que de la tercera etapa no hablara nada, no revelara el misterio; por lo tanto, tampoco se puede revelar hasta el momento. Será en el cumplimiento de la Tercera Etapa, que será en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, que todas estas cosas van a ser abiertas a la Iglesia del Señor Jesucristo que va a ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, es importante estar al tanto de todas estas cosas que han de suceder bajo la Tercera Etapa, que va a ser cumplida en una Gran Carpa-Catedral; y en donde lo que vimos manifestado en el reverendo William Branham, en cuanto a la manifestación de Dios en el reverendo William Branham, fue la muestra de lo que Dios va a hacer en una forma plena en medio de Su Iglesia.

Allá fue el ejemplo. Dice: “Lo que ustedes han visto manifestado en parte, lo verán manifestado en toda su plenitud cuando venga la apretura.” Por lo tanto, vendrá una apretura también; como pasó en el tiempo de los apóstoles allá en Israel, y como pasó en el tiempo del apóstol Pablo entre los gentiles; hubo una apretura muy grande y persecución muy grande en aquellos tiempos, y volverá una apretura y persecución grande en este tiempo final.

Pero habrá una visión, la Visión de la Carpa, que va a cumplirse en el Día Postrero, en este tiempo; y vamos a estar escuchando a Cristo, el Ángel Fuerte que viene por Su Iglesia en Apocalipsis, capítulo 10; del cual el reverendo William Branham, en el libro de “Los Sellos” dijo, página 57 de esta versión en español:

 “Este libro sellado con siete sellos es revelado en el tiempo de los siete truenos de Apocalipsis 10. Demos lectura allí también para tener un mejor entendimiento antes de entrar más profundamente. Ahora, esto ya es el tiempo del fin porque dice así:

 ‘Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza...’

Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la iglesia ha llegado a su fin. Bien, ahora continuando...”

O sea, que el que viene a los judíos es este Ángel Fuerte que desciende del Cielo; pero miren, pero por cuanto la Iglesia del Señor Jesucristo está bajo el Nuevo Pacto, tiene que venir primero a Su Iglesia. Vamos a verlo: Dice:

 “...Bien, ahora continuando:

 ‘...y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.’

¿Recuerdan el ángel de Apocalipsis capítulo uno? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel. ¿Ve usted? La Iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia.”

O sea, que el que va a recibir Israel viene primero por la Iglesia del Señor Jesucristo, por lo tanto, va a ser visto primero en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo: en esa Tercera Etapa va a tener una manifestación muy grande que va a impactar y a estremecer el mundo entero.

Con lo que hemos visto creo que tenemos suficiente para comprender la importancia del Libro sellado con siete sellos y la importancia de los Siete Truenos de Apocalipsis10, y por consiguiente la importancia del Ángel Fuerte, que es Cristo descendiendo del Cielo con el Librito abierto en Su mano, y clamando como cuando un león ruge y Siete Truenos emitiendo sus voces.

Hemos visto la importancia de Apocalipsis, capítulo 10, la importancia del Ángel Fuerte, de Cristo, que desciende del Cielo como León y Juez; y la importancia de Su Voz hablándole a Su Iglesia, que es la Voz de los Siete Truenos que Juan escuchó y le fue prohibido a él escribir lo que escuchó, porque eso es para ser revelado en este tiempo final a la Iglesia del Señor Jesucristo, en la Tercera Etapa prometida para la Iglesia del Señor Jesucristo.

Hemos visto que ya han transcurrido las diferentes etapas de la Iglesia y ya nos encontramos más arriba de las siete edades, nos encontramos en la Edad de la Piedra Angular, la edad correspondiente a la Segunda Venida de Cristo, porque Él ha prometido venir a Su Iglesia; y es para este tiempo final, para la Edad de la Piedra Angular, que Él vendrá a Su Iglesia conforme a Sus promesas.

“LA REVELACIÓN CONTENIDA EN LOS SIETE TRUENOS QUE JUAN ESCUCHÓ Y LE FUE PROHIBIDO ESCRIBIR.”

Los Siete Truenos es la Voz de Cristo como León hablándole a Su Iglesia; así como la Voz de Cristo como Cordero en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, y como Sumo Sacerdote, fue la Voz del Espíritu Santo por medio de Sus diferentes mensajeros en sus diferentes etapas de la Iglesia. Tan sencillo como eso.

Es más sencillo de lo que nos podamos imaginar. Recuerde que la promesa es que todo será en simplicidad. Los escogidos escucharán la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, la Voz del Espíritu Santo. “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu Santo dice a las Iglesias.” Así fue el mensaje para cada etapa de la Iglesia, fue el Espíritu Santo hablando por medio de cada mensajero; y para el Día Postrero le estará hablando a Su Iglesia el Espíritu Santo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo; y el que tiene oídos para oír, escuchará la Voz de Cristo clamando como cuando ruge un León y Siete Truenos emitiendo Sus voces.

Estaremos escuchando la Voz del Ángel fuerte, lo que dijo la Voz del Ángel Fuerte cuando clamó y Siete Truenos emitieron Sus voces; estaremos escuchando y entendiendo el contenido de esos Siete Truenos, el contenido de lo que habló Cristo, el Ángel Fuerte, cuando descendió con el Librito abierto en Su mano; lo cual está todavía en futuro, pero se va a cumplir muy pronto.

Cuando Cristo tome el Librito en la mano del que está sentado en el Cielo, entonces cambia de Cordero a León, cambia de Sumo Sacerdote a Juez, a Rey; ahí ese cambio es muy importante, y vamos a ver ese cambio, porque ahí es donde hace la Obra de Reclamo para nuestra transformación y para la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados.

 “LA REVELACIÓN CONTENIDA EN LOS SIETE TRUENOS QUE JUAN ESCUCHÓ Y LE FUE PROHIBIDO ESCRIBIR.”

Es importante estar en Cristo y bien agarrados de Cristo en este tiempo final, habiéndolo recibido como nuestro único y suficiente Salvador.

Si hay alguno que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así entre al Reino de Dios, nazca en el Reino de Cristo nuestro Salvador; para lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para recibirlo como único y suficiente Salvador; para lo cual pueden pasar al frente donde ustedes se encuentren, en la iglesia o auditorio donde ustedes se encuentren, para recibir a Cristo como Salvador; y los que están aquí presentes también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador y hacer la oración correspondiente por ustedes.

Vamos a dar unos minutos mientras llegan a los Pies de Cristo nuestro Salvador, las personas que todavía no lo han hecho, para que Cristo les reciba en Su Reino.

Hemos visto la importancia de los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, porque esos Siete Truenos es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero, en la Tercera Etapa, hablando Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Estará revelándonos Su Venida en el Día Postrero. Ese misterio de la Segunda Venida de Cristo va a ser revelado por la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte, clamando como cuando ruge un león y Siete Truenos emitiendo Sus voces, lo cual estará haciendo en medio de Su Iglesia en este tiempo final.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sean bautizados en agua en Su Nombre y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento: a ustedes que lo están recibiendo en estos momentos; para lo cual, con nuestra manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y los bendigas, y produzcas en ellos el nuevo nacimiento. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, oh Padre celestial. Amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón

 Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos; y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Señor, haz una realidad la salvación, la redención que ganaste para mí y para toda persona que te recibe como Salvador; te ruego la hagas una realidad en mi vida. Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Por cuanto ustedes han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos en diferentes países, me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma y lo recibí como mi Salvador; y Él dice: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Por cuanto usted ha creído, su pregunta es cuándo puede ser bautizado: Por cuanto ha creído en Cristo, puede ser bautizado en estos momentos. El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. Él dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Él mandó a predicar y a bautizar a todos los que lo recibieran como Salvador. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; y si Cristo fue bautizado, cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en agua en el Nombre de Señor Jesucristo.

Es que el agua no quita los pecados sino la Sangre de Cristo; y en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, pues estábamos en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Somos hijos e hijas de Dios, del Dios eterno, hijos de los genes del pensamiento divino; estábamos en la mente de Dios como un pensamiento, cada uno de nosotros; y ahora estamos manifestados en la Tierra para obtener la redención de nuestra alma y luego la redención del cuerpo, que será nuestra transformación.

En el bautismo en agua, cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y así la persona nace del Agua y del Espíritu, y entra, nace, en el Reino de Dios; lo que le dijo a Cristo a Nicodemo: “El que no nazca del Agua (del Evangelio) y del Espíritu (el Espíritu Santo), no puede entrar al Reino de Dios.” Y el que nace del Agua y del Espíritu, pues ha entrado al Reino de Dios y está sentado en lugares celestiales en Cristo Jesús y con Cristo Jesús nuestro Salvador.

Bien pueden ser bautizados los que no han sido bautizados, en los diferentes países, y han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos. Y los que estén aquí presentes y no hayan recibido a Cristo, y lo recibieron en sus corazones y no han sido bautizados, también pueden ser bautizados. Y los niños de diez años en adelante, también pueden ser bautizados.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con cada uno de ustedes y también conmigo, les bendiga grandemente, les justifique, les santifique y les llene de la plenitud del Espíritu de Dios; y pronto produzca en ustedes y en mí, la transformación, la adopción física, la redención del cuerpo. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Hasta el próximo domingo, Dios mediante. Y como siempre les digo: ya sea en persona o por el satélite, siempre estoy con ustedes. Por lo tanto, como siempre, y bien tempranito en el culto para recibir siempre las bendiciones de Dios y aprovechar así esta etapa por la cual estamos pasando: de preparación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y estamos esperando la revelación de los Siete Truenos que será dada, con la cual llegaremos a tener la fe no solamente para sanidad divina, sino para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La transformación será la sanidad divina más grande, porque con el cambio de cuerpo ya no habrá enfermedades que el cuerpo que vamos a tener pueda tener. Las enfermedades atacan el cuerpo físico pero el cuerpo glorificado no lo podrán atacar, porque ya la muerte estará vencida; eso es Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 al 58.

Bueno, continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para concluir en este día.

“LA REVELACIÓN CONTENIDA EN LOS SIETE TRUENOS QUE JUAN ESCUCHÓ Y LE FUE PROHIBIDO ESCRIBIR.”

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