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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, aquí en Valparaíso, República de Chile; es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, luego de la actividad que hemos tenido en el gobierno.

Me acompaña también mi hija Ruth o Ruty, y también Gabriela Lara, las cuales también son de la Directiva de la Embajada de Activistas por la Paz.

Para esta ocasión leemos en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 4... No mencioné a las otras personas, porque las demás personas ya son de aquí de Chile, como Patricio y su esposa Selvita, que ya ustedes la conocen y la han visto en esta ocasión. ¿Cuántos estuvieron en la actividad de la mañana?

Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 en adelante, y dice de la siguiente manera… Recuerden que este pasaje está hablando de la Venida del Señor a Su Iglesia, lo cual es el secreto contenido en el Séptimo Sello, porque el Séptimo Sello es la Venida del Señor a Su Iglesia; y en el capítulo 4 de Primera de Tesalonicenses nos habla de Su Venida a Su Iglesia y del arrebatamiento de Su Iglesia. Y leemos Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, versos 1 en adelante, que dice:

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche;

que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.

Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.

Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.           

Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo.

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo,

quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

 “LA VENIDA DEL SEÑOR COMO LADRÓN EN LA NOCHE.”

Este pasaje nos está hablando de la Venida de Cristo, de la Venida del Señor a Su Iglesia como ladrón en la noche; o sea, que lo que Cristo había dicho en San Mateo, San Marcos y San Lucas, que nadie sabía cuál era el día y la hora… lo cual se refiere al día y la hora de y para la Venida del Señor a Su Iglesia; y comenzó a hablar en parábolas acerca de la higuera y de los demás árboles; y la higuera representa a Israel y los demás árboles representan a las demás naciones.

Hemos visto reverdecer a la higuera, a Israel, como una nación libre y soberana; y estamos viendo a las demás naciones del Medio Oriente libertándose y convirtiéndose en naciones democráticas, que desean tener la libertad que no han tenido por muchos años. Eso ya estaba profetizado, y antes de ver estas naciones reverdeciendo, teniendo una primavera (le llaman “la primavera árabe”), ya Israel tuvo su primavera y fue establecida como una nación libre y soberana, reverdeció; y ahora le ha tocado a las demás naciones del Medio Oriente, lo cual está en pleno cumplimiento.

Antes no habíamos visto esto, sino solamente la higuera, pero ahora estamos viendo los demás árboles también, las demás naciones. Actualmente podemos ver que algo está pasando, y la única explicación que hay es la profecía bíblica correspondiente a este tiempo final; ahí está la respuesta a la pregunta del porqué están aconteciendo todas estas cosas en el Medio Oriente y también en todas las naciones: guerras, rumores de guerras, y así por el estilo.

Y en estos días hay rumor de guerra con Corea del Norte que quiere exhibir su poder atómico, su poder nuclear, y ha estado haciendo amenazas. Sabemos que hay un peligro grande en el mundo de una Tercera Guerra Mundial que será atómica, pero eso tiene su tiempo. Si no ha llegado el tiempo todavía para que ocurra, entonces no va a ocurrir.

Recuerden que Apocalipsis, capítulo 7, dice que ese Ángel que viene con el Sello del Dios vivo ordena que no sople viento sobre la Tierra y sobre los árboles. Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 en adelante, dice...

Me habían dicho que era un saludito nada más, para que les diera un saludito, pero me dieron un mensaje, me dieron un sinnúmero de Escrituras con tema y todo; pero en este saludito, pues, vamos a aprovechar el tiempo.

Dice Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 en adelante:

“Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo...”

O sea, que tenía el Espíritu Santo. El Sello del Dios vivo es el Espíritu Santo, el Espíritu Santo está en él.

“...de donde sale el sol...”

Del Este. O sea, que se va a ver un movimiento ligado a Israel en el tiempo del fin, y que está ligado a los ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, que van a ser libertados, que van a recibir la bendición de Dios. Dice:

“...y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.”

O sea, que están bajo la autoridad de este Ángel esos ángeles que tendrán poder para hacer daño al mar, a la tierra, a los árboles...

“...diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.”

Y así sigue enumerando doce mil sellados de cada una de las tribus de Israel; y por consiguiente: doce mil sellados de cada tribu por doce tribus, son: ciento cuarenta y cuatro mil sellados por el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo.

Luego en Apocalipsis, capítulo 14, los encontramos ya sellados en sus frentes. O sea, que esto no es una cosa que tal vez pueda ocurrir, sino que va a ocurrir, conforme a la Escritura; y ya aquí en Apocalipsis, capítulo 14, aparecen ya sellados; o sea, que ya proféticamente está ya establecido que va a ser de esa manera. Capítulo 14, verso 1 en adelante, de Apocalipsis:

Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.”

Ahí podemos ver que delante de Dios ya eso es una Obra, un Programa Divino, en el cual aparece el comienzo y aparece ese final; el comienzo de algo positivo que Dios va a hacer con Israel, con los elegidos de Israel; y luego muestra la Obra ya realizada: doce mil sellados de las doce tribus de Israel, doce mil de cada tribu, en el Monte de Sión, con el Nombre de Él, del Cordero, escrito en sus frentes.

“Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero...” [Apocalipsis 14:4]

Son las primicias de Israel, de las doce tribus de Israel, que son doce mil de cada tribu. Por lo tanto, las diez tribus, que le llaman las tribus perdidas de Israel, Dios las va a libertar. Él sabe dónde están. Fueron colocadas entre todas las naciones. Ese es el tesoro que estaba perdido y fue encontrado por el Señor. De eso es que nos habla San Mateo, capítulo 13, verso 44, donde dice:

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo (recuerden que la Escritura dice que Israel es Su especial tesoro), el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”

Ya les dije que ese tesoro son las diez tribus de Israel, que muchos dicen: “Se perdieron y ya están perdidas”; pero Cristo es el Mesías, es el Salvador, el Redentor, el que sabe dónde están y las recoge; para lo cual, Él sabiendo dónde estaban, Él vendió todo lo que tenía, o sea, dio Su vida en la Cruz del Calvario; y así compró el campo: el mundo entero.

Por eso cuando Jesús apareció en la escena en Israel, muchos estaban esperando al Mesías y dijeron: “Éste es el Salvador del mundo.” Otros decían: “Señor, despide a tu siervo en paz; porque mis ojos han visto Tu Salvación (o sea, vieron al Salvador del mundo).”

El mismo Cristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre no vino a condenar al mundo, sino a salvar al mundo.” ¿Por qué? Pues en el mundo están las tribus perdidas, en diferentes naciones han estado; y por consiguiente, Él vino para comprar el mundo entero en donde están esas primicias para Dios, ese tesoro escondido. Está escondido de los ojos de los sabios y entendidos, y piensan que ya no existen, ya se perdieron y no hay quién las restaure.

Recuerden que el profeta Elías en una ocasión allá en el monte Carmelo, en el reto que hizo para que se ofreciera el sacrificio, cuatrocientos cincuenta profetas de Asera y cuatrocientos de Baal, o viceversa, y un profeta de Dios: Elías; Elías por Dios, por Jehová, y los otros por sus dioses: Asera y Baal; y que se les diera un becerro, un buey, a cada uno, a Elías uno y a ellos uno; o sea, a ellos, para los ochocientos cincuenta profetas de Asera y de Baal, se les diera uno, y lo ofrecieran; y el dios que respondiera por fuego, ése sería Dios; y que todos, entonces, sirvieran a ése que respondiera por fuego.

Ya Dios le había mostrado a Elías todo lo que Dios iba a hacer; por lo tanto, Elías estaba tranquilo. Ochocientos cincuenta profetas de Baal y de Asera, dioses paganos que habían sido introducidos en medio de Israel.

Recuerden que Israel aceptó la religión babilónica desde el tiempo en que ofrecieron, en que hicieron el becerro de oro, allá cuando Dios los libertó de la esclavitud en Egipto y fueron al Monte Sinaí; y mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí buscando las tablas de la Ley, el pueblo se desesperó y muchos de ellos se unieron y le pidieron a Aarón que les hiciera dioses, o un dios, y ellos dirían que ése fue el que los sacó de Egipto.

Y cuando hacen un becerro de oro, cualquier persona dice: “¿Y qué significa un becerro de oro?” Ese es el becerro de oro que representa la religión babilónica, el dios babilónico, el toro encuernado de la religión babilónica, la cual había pasado a Egipto también.

O sea, que cambiaron al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, por un becerro de oro, que era el dios pagano de los babilónicos o babilonios, y de la religión babilónica; la cual fue pasando de la etapa del reino de los gentiles, allá en la cabeza de oro del tiempo de Nabucodonosor, de ahí pasó a los pechos y brazos de plata del imperio o reino de Grecia; luego, de ahí pasó a otras naciones como Egipto y demás naciones, y pasó también a las piernas de hierro…

Corrijo: cabeza de oro: el reino babilónico, allí estaba esa religión babilónica que tenía Nabucodonosor, que viene del tiempo de Nimrod; después pasó al pecho y brazos de plata: reino medo-persa; y de ahí pasó (de pasar de Media y de Persia), pasó al imperio de Grecia: tercera etapa del reino de los gentiles, representado en el vientre y los muslos de bronce; y de ahí pasó a Egipto cuando murió Alejandro el Grande y el reino se dividió entre sus cuatro Generales; uno de ellos fue a Egipto, otro se fue a Asiria, y así por el estilo se dividieron el reino en cuatro reinos.

Y luego encontramos que pasó la etapa del reino de los gentiles a la parte de las piernas de hierro: el imperio romano; y ahí también la religión babilónica, la cual luego pasa a los pies de hierro y de barro cocido.

Por eso con la Venida del Señor en el Día Postrero, el imperio de los gentiles en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, va a ser desmenuzado; y los residuos de ese imperio, de sus diferentes etapas, también van a ser desmenuzados esos residuos.

Miren lo que le espera al imperio de los gentiles y el residuo de las etapas que quedan: La Piedra no cortada de manos, de Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45, que es la Venida del Señor, la Venida del Mesías, lo cual es el misterio contenido en el Séptimo Sello, y que, de Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante, y que Apocalipsis, capítulo 10: la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo envuelto en una nube, con el arco iris alrededor de Su cabeza y con un Librito abierto en Su mano, que es el Libro de los Siete Sellos que lo tomó en el Cielo (en el capítulo 5 de Apocalipsis) y lo abrió; y ahora viene con ese Librito abierto para el reclamo de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa.

Reclamará a cada persona que Él con Su Sangre preciosa limpió de todo pecado. No importa que hayan muerto físicamente, en el reclamo los resucitará en cuerpos eternos, inmortales, glorificados, igual al cuerpo glorificado que Él tiene. Y aparecerán en la Tierra a los escogidos de Dios, a los miembros de Su Iglesia, que estarán vivos, que habrán quedado vivos en este tiempo final; y cuando los veamos, seremos transformados.

Y luego, pues, estaremos, digamos, como muestra: teniendo un estreno de unos 30 a 40 días en el nuevo cuerpo aquí en la Tierra. Recuerden que antes de Cristo irse definitivamente al Cielo estuvo unos 40 días apareciendo a Sus discípulos, digamos: cada ocho días.

Resucitó domingo en la mañana, el día de la gavilla mecida; y luego, la segunda vez que apareció a Sus discípulos… y apareció a Sus discípulos; y luego la segunda vez fue ocho días después, o sea, otro domingo.

Y si así fue las primeras dos ocasiones que apareció a Sus discípulos: fue domingo, probablemente en las diferentes ocasiones que le apareció a Sus discípulos fue también en domingo, que era el día que se reunían para dedicarlo al Señor como creyentes en Cristo; porque el día sábado lo aprovechaban para ir a dar testimonio de Cristo y de Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, lo aprovechaban para dar testimonio de todo eso allá en la sinagoga, cada uno en el momento correspondiente.

Recuerden que luego de la resurrección de Cristo iban por las sinagogas predicando, enseñando; y los domingos se reunían ellos como creyentes en Cristo en hogares o en algún lugar o iglesia que ellos tuvieran.

Durante los 40 días que Cristo aparecía en diferentes ocasiones, ya eso era reuniones en privado, en casas, por miedo a los judíos, porque ya habían matado a Cristo y corrían peligro los seguidores de Cristo; por lo tanto, era una etapa en que ellos estaban reuniéndose en secreto y Cristo les aparecía en diferentes ocasiones, y de seguro cada domingo.

En una ocasión ellos pensaban que estaban viendo un espíritu, porque ellos estando encerrados en cierto lugar, ellos vieron a un personaje que apareció, vieron a Jesucristo apareciendo a ellos; porque en el cuerpo glorificado no hay limitaciones. Ellos se preguntaban: “¿Cómo pudo entrar si las puertas están cerradas?” Pues pasó de una dimensión a otra, y les apareció.

O sea, el cuerpo glorificado tiene el medio de transportación más perfecto que pueda existir: pasa a través de otra dimensión, y aparece. Así les aparecía, y entonces pensaban que era un espíritu. Pero Cristo les dice: “Soy yo. Miren: el espíritu no tiene carne ni huesos como yo tengo.” Y les dice: “¿Tienen algo de comer ustedes?”

Recuerden que donde se reúnen judíos, siempre hay comida; y en los encuentros con Cristo, siempre comían, porque Dios es proveedor. Y comiendo, pues, uno se siente mucho mejor; con hambre, da trabajo para uno concentrarse. Solamente de mencionarles la comida, ya ustedes están riendo, ¿ven?

Ahora, Cristo les dice: “¿Tienen algo de comer ustedes?” O sea, no lo habían invitado a comer. También tenemos las noticias del Cielo que le dieron al reverendo William Branham cuando estuvo en el Paraíso, le dijeron: “Aquí ni comemos, ni dormimos, ni trabajamos; pero nosotros vamos a regresar a la Tierra contigo; y cuando regresemos y tomemos cuerpos, entonces comeremos.”

O sea, ya nos están haciendo la advertencia de que ellos podrán comer en el cuerpo glorificado, como Cristo, tenemos el ejemplo, como Cristo pudo comer delante de Sus discípulos: Le trajeron un pedazo de pescado y un panal de miel y comió delante de ellos.

Así va a ser también, pero no necesariamente tiene que ser pescado. Así que, los que viven en áreas donde no hay pescado o miel, no se preocupen; de lo que tengamos les ofreceremos, y ellos comerán; sin esperar que ellos nos digan: “¿Ya podemos comer? Ya estamos en el cuerpo glorificado, no somos un espíritu, somos personas en cuerpos glorificados y eternos, y podemos comer.”

Pronto van a aparecer, a la Final Trompeta, porque será tocada la Trompeta y los muertos en Cristo resucitarán primero; y luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados con el Señor para recibir al Señor en el aire. Y también… Eso es Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13* al 18*.

Y Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, nos dice: “He aquí os digo un misterio: Todos seremos transformados; a la Final Trompeta, en un momento, a la Final Trompeta; porque será tocada la Trompeta y los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros los que vivimos seremos transformados.” ¿De quién está hablando ahí? Está hablando de los que ya murieron físicamente, ¿y de quien más? Está hablando de mí también, y de cada uno de ustedes también.

Y por consiguiente, eso será algo que para la humanidad será un secreto, el cual estarán disfrutando en ese tiempo los que van a ser raptados o arrebatados con Cristo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero. O sea, que será, Su Venida a Su Iglesia, como ladrón en la noche. Él lo dijo en diferentes ocasiones. En la que leímos hace un momento dice:

“Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche...”

Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 2; y capítulo 5, verso 4 también. Y Apocalipsis, capítulo 3, también nos habla, verso 3, dice:

“Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.”

O sea que vendrá para juicio de unos y para bendición de otros.

En el capítulo 16, verso 15 también, de Apocalipsis, nos dice:

“He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.”

Nos habla de la Venida del Señor.

Y Apocalipsis, capítulo 22, verso 12 en adelante, dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra (o sea, que Él viene para recompensar a cada uno según sea su obra).

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Son palabras del mismo Cristo en el libro del Apocalipsis, porque es Cristo el que habla por medio de Su Espíritu Santo a las iglesias, y sigue hablando a Su Iglesia en este tiempo final.

Aquellas iglesias de Asia Menor representan a la Iglesia del Señor Jesucristo pasando por diferentes etapas, diferentes edades; y en la actualidad estamos en la Edad de Oro, la Edad de la Piedra Angular, la edad que se opera la Venida del Señor como Él ha prometido en la Escritura, en Su Palabra. Vean cómo Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 10, nos dice:

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.”

El Día del Señor. El Día del Señor como tiempo literal es el séptimo milenio; el séptimo milenio es el Sábado Milenial; y el Señor es dueño, es Señor, del sábado. Así como entre los judíos el día sábado (que es el día séptimo de la semana) es el día del Señor, y por eso se reúnen los judíos el día sábado, comenzando el viernes a la caída del sol y terminando el sábado en la tarde a la caída del sol.

El sábado representa también el séptimo milenio en donde Cristo establecerá Su Reino, por eso se le llama el Reino Milenial de Cristo, el cual será por mil años en ese séptimo milenio; pero no sabemos en qué año del séptimo milenio comenzará; pero todo se estará moviendo en forma progresiva para introducir el Reino del Mesías prometido para Su Iglesia y también para los judíos.

Es importante, entonces, estar vigilando como nos enseñó también el mismo Jesucristo. Miren aquí la advertencia que nos hace el mismo Cristo en San Mateo, capítulo 25, versos... hablando de las vírgenes prudentes y de las vírgenes insensatas. Las prudentes son las que tenían aceite en sus lámparas, o sea, tenían el Espíritu Santo en ellos, habían recibido el Espíritu Santo; y por consiguiente, habían recibido el nuevo nacimiento. Las vírgenes insensatas son los creyentes en Cristo que no han recibido el Espíritu Santo, y por consiguiente, son cristianos profesantes. Capítulo 25, verso 10 en adelante, 10 al 13, dice, de San Mateo:

“Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo (o sea, vino el Señor, como ladrón en la noche); y las que estaban preparadas (que son los escogidos con el Espíritu Santo, preparadas, esperando la Venida del Señor) entraron con él a las bodas (o sea, a las Bodas del Cordero); y se cerró la puerta (la puerta de la Gracia, de la misericordia, que es Cristo, se cierra en ese tiempo: en la Venida del Señor).

Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos!

Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”

O sea, Él le advierte y recomienda a los creyentes en Él, que estén velando, velando, vigilando, por la Venida del Hijo del Hombre, por la Venida de Cristo a Su Iglesia. ¿Y para qué es la Venida del Señor a Su Iglesia? ¿Cuál es la meta, el objetivo, de la Venida del Señor a Su Iglesia?

Recuerden que Dios no hace nada, Cristo no hace nada, sin un propósito. Su Venida: para resucitar a los muertos creyentes en Él, en cuerpos glorificados. ¿Y qué más? Vamos a ver. Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

¿Para qué dice aquí que será Su Venida? Para transformar nuestros cuerpos, de nosotros los que vivimos. Y conforme a Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13* al 18*, y Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58: y para resucitar a los muertos creyentes en Él, en cuerpos glorificados, y para transformar a los vivos creyentes en Él, los cuales han nacido de nuevo, han nacido en el Reino de Cristo, en el Reino de luz.

Vean en Colosenses lo que nos dice el apóstol San Pablo de este evento tan importante, el cual es la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre como ladrón en la noche. Por eso Él decía que nadie sabía cuándo sería el día y la hora, dijo: “Ni aun los ángeles, ni aun el Hijo.” Ni aun Jesucristo lo sabía mientras estaba aquí en la Tierra en Su ministerio terrenal; pero luego que resucitó sí lo sabía.

Ahora vean, en Colosenses, capítulo 1, nos dice, versos 12 y 13, dice:

“...Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (al Reino de Luz, al Reino de Cristo)...”

Nos sacó del reino de las tinieblas, del reino del maligno; y por consiguiente, San Pablo también dijo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, verso 1 en adelante, nos dice: “Mas vosotros no estáis en tinieblas.” O sea, que nosotros, por cuanto ya no estamos en el reino del maligno, y hemos sido trasladados al Reino de Cristo, el Reino de Luz, ya no estamos en tinieblas; no estamos en tinieblas para que aquel día nos tome como ladrón en la noche. Estamos en el Reino de Luz para entender todas estas cosas que están prometidas para suceder en este tiempo final; y entrar con Él a las Bodas antes que se cierre la Puerta, entrar con Él a las Bodas en Su Venida.

Por eso Él decía siempre, que velemos; Él dice que velemos porque Él vendrá como ladrón en la noche. Porque en aquellos tiempos los ladrones aparecían y nadie sabía en qué momento de la noche iban a aparecer; por eso hace una comparación con lo que sucedía en aquel tiempo y con lo que sucederá en nuestro tiempo.

Pero ahora Cristo, por cuanto viene a buscar Su Iglesia, viene a llevársela de la Tierra a Su Iglesia, los creyentes en Él… O sea, que viene para hacer una labor que está prometida en beneficio de todos los creyentes en Él, porque esta Tierra está bajo sentencia del juicio divino, el cual se derramará sobre la humanidad durante el tiempo de la gran tribulación, que es el tiempo de la segunda parte de la semana número setenta, que corresponde a tres años y medio.

Por lo tanto, es importante estar preparados para Su Venida como ladrón en la noche, Su Venida en forma inesperada por la humanidad.

Pero la Iglesia del Señor Jesucristo lo recibirá en Su Venida, y Él la bendecirá transformando a los que estén vivos en Cristo y resucitando en cuerpos eternos a los que durmieron, o sea, murieron físicamente.

Es tiempo de estar preparados, pues Cristo dijo: “Estad preparados.” San Pablo también nos enseña que tenemos que estar preparados. Dice:

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” 

San Mateo, capítulo 24, versos 35 en adelante.

“Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.

Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca,

y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

O sea, la humanidad estará como en el tiempo de Noé: haciendo las mismas cosas. Y no entendieron en aquel tiempo y no entenderán en nuestro tiempo ese evento que está prometido: la Venida del Hijo del Hombre como los días de Noé. Y también en San Lucas, capítulo 17, dice que también será como en los días de Lot.

En los días de Lot, aquellas ciudades de Sodoma y Gomorra y demás ciudades cercanas, estaban condenadas, por eso aparecieron Elohim (Dios) y Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, para destruir aquellas ciudades. Pero también le aparecieron a Abraham, lo cual señala que para este tiempo final el Señor le aparecerá a Su Iglesia, antes que caiga el juicio divino sobre el mundo, que está como en los días de Sodoma y Gomorra y está como en los días también de Noé.

Está el mundo en las condiciones proféticas que Cristo dijo que estarían, y lleno de violencia el mundo entero, como estaban las naciones en el tiempo de Noé.

Estamos viendo que todas las señales del tiempo en que el Hijo del Hombre, Cristo, tiene que aparecer, las condiciones ya están, las condiciones proféticas las estamos viendo siendo cumplidas; por lo tanto tenemos que hacer lo que Cristo dice: “Velad.” ¿Velar por qué? Velar por la Venida del Señor, que es la única esperanza para los creyentes en Cristo.

No hay otra esperanza para la humanidad. El mundo, la humanidad, está sin esperanza. Solamente hay una, y es: la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre, en un tiempo en que la humanidad está en tinieblas, está viviendo de noche; pero los hijos e hijas de Dios están viviendo en el Reino de Cristo, y por consiguiente, están de día, están en el Reino de Luz, el Reino de Luz y vida eterna.

Por lo tanto, San Pablo puede decir: “Mas vosotros no estáis en tinieblas,” porque en el Reino de Cristo, Él está (Cristo) y Él dijo: “Yo soy la Luz del mundo.” Por lo tanto, si tenemos la Luz del mundo, a Cristo, acá en nuestra alma, no estamos en tinieblas para que aquel día: el Día de la Venida del Hijo del Hombre, nos tome por sorpresa. Por eso estamos esperando Su Venida.

“Velad.” ¿Velar por qué? Por la Venida del Señor, que es nuestra única esperanza.

Podemos ver los terremotos, los maremotos, los volcanes, las guerras, la hambruna que hay en muchas naciones, y un sinnúmero de problemas más, como enfermedades, más otras que están surgiendo nuevas; y la enfermedad económica de Europa, de Norteamérica, de la misma América Latina y del mundo entero; o sea, que está por colapsar la parte económica, la economía mundial.

Tenemos que saber cuál es la única esperanza que hay para la humanidad, y por consiguiente, para el alma de cada persona. Y la única esperanza que hay es: la Venida del Hijo del Hombre, la Venida de Cristo como ladrón en la noche; como ladrón en la noche para la humanidad, y para nosotros como ladrón en el día, porque nosotros siendo hijos del día estamos en Luz. San Pablo dice: “Vosotros no estáis en tinieblas.” Por eso examinamos la Escritura, leemos la Escritura, examinamos las promesas que hay para nuestro tiempo, y las creemos con toda nuestra alma; las cuales se van a materializar, se van a hacer una realidad en medio de los creyentes en Cristo, en la etapa o edad que nos toca vivir.

Las demás etapas o edades de la Iglesia ya están en tinieblas, porque ya pasó su tiempo; ya la Luz, que es Cristo, se ha movido a una nueva etapa de Su Iglesia, en una nueva etapa de oro: la Edad de la Piedra Angular. Ahí es donde la bendición de Cristo, del Hijo del Hombre, estará; ahí es donde la Venida del Hijo del Hombre se va a cumplir, porque las demás edades ya pasaron. Solamente queda vigente la etapa de oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, una etapa paralela a la del tiempo de Jesús, a la del tiempo de Abraham, y a la del tiempo de Noé también.

Por lo tanto, sigamos el consejo de San Pablo y de Jesús: “Velad por la Venida del Hijo del Hombre,” por la Venida de Cristo, la Venida de nuestro amado Salvador Jesucristo.

Sabemos que será como ladrón para la humanidad; pero para nosotros, al estar esperándola con la Luz de la Palabra y de Su Espíritu, será una realidad que no nos pasará por encima, sino que lo reconoceremos en Su Venida, y nos dará lo que Él ha prometido: nuestra transformación.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y pronto se haga una realidad Su Venida, se haga una realidad la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de nosotros los que vivimos. En el Nombre del Señor Jesucristo. Y que nos lleve con Él a la Casa de nuestro Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted, para que así usted esté también preparado para la Venida del Señor en este tiempo final, y le dé la bienvenida a Cristo en este tiempo final.

Primero hay que dársela acá, recibiéndolo como único y suficiente Salvador. Por lo tanto pueden pasar al frente los que todavía no han recibido a Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

Vamos a dar unos minutos, y si hay personas que todavía no lo han recibido, lo pueden hacer en estos momentos.

Recuerden que queremos todos estar preparados para la Venida del Señor en este tiempo final.

Los niños de diez años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo también.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos, y les use grandemente en Su Programa en este tiempo final, y nos prepare para Su Venida en este tiempo en el cual nos ha tocado vivir. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Ha sido para mí un privilegio estar con ustedes en esta ocasión. Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

Dejo al reverendo Sergio con ustedes, para continuar y concluir en esta ocasión. Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA VENIDA DEL SEÑOR COMO LADRÓN EN LA NOCHE.”

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