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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición grande estar nuevamente con ustedes. Tuve unos días de viaje, pero ya estoy de nuevo con ustedes; y fue de grande bendición ese viaje que tuve esta semana pasada. Tomamos un domingo nada más, fuera, pero esos días fueron muy bien aprovechados. Ustedes vieron hoy algo del Congreso de la República de Chile, eso fue en estos días pasados allá en la República de Chile.

Les felicito a todos, también, por el respaldo que le están dando a la donación de sangre, aquí en Puerto Rico y en diferentes naciones.

Para esta ocasión vamos a leer un pasaje muy importante; y es en San Marcos, capítulo 11, versos 20 al 25, donde nos dice:

“Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.

Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “LAS MANIFESTACIONES DEL PODER DE DIOS.” De las cuales vamos a usar cinco manifestaciones importantes, que fueron vistas en el reverendo William Branham.

Encontramos a través de la Biblia, que las cosas que sucedieron en el pasado son tipo y figura de las cosas que sucederían más adelante, son el tipo y figura, la sombra; por lo tanto, en cosas que sucedieron en el pasado están representadas cosas que han de suceder en nuestro tiempo, como nos dice el rey Salomón en Eclesiastés, capítulo 1; y el capítulo 3, vamos a leer, verso 14 y 15, dice:

“He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.

Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.”

Es una repetición en otro tiempo, en otro ciclo divino, lo que se vive en cada tiempo. Como es también cada día de la semana: es la repetición de la semana pasada; y cada mes que se vive es la repetición del mes pasado y de otros meses pasados, de otros años, de otros siglos y de otros milenios, pero con el pueblo que está viviendo en el presente.

Por lo tanto, usted no necesita otro reloj para saber el día que está viviendo, la hora en que está viviendo. El mismo reloj que le sirvió para el día de ayer, para la semana pasada y para el mes pasado y el año pasado, le sirve para el presente; y también el calendario (lo único, que le cambia el año).

Por lo tanto, para saber el tiempo en que está viviendo y las cosas que deben suceder en nuestro tiempo, tenemos que ir a lo que fue nuestro ciclo en el pasado. O sea, la representación de nuestro ciclo en el pasado lo encontramos con otras personas, y ese ciclo del pasado se repite en nuestro tiempo.

Por eso en una ocasión, por ahí por el capítulo 17 de San Mateo, le piden a Jesús señal del Cielo, y Cristo les dice que señal no le será dada a esa generación mala y pecadora sino la señal de Jonás. Así como Jonás estuvo en el vientre de un gran pez, una ballena, así el Hijo del Hombre estará en el corazón de la Tierra por tres días. O sea, que en Jesús se estaba repitiendo lo que había pasado con Jonás allá en aquel tiempo.

Allá fue Jonás el que tenía un Mensaje para el pueblo de Nínive; y era tiempo para el juicio divino caer sobre Nínive: “Dentro de 40 días,” Dios le dijo que le dijera al pueblo de Nínive que sería destruido Nínive.

Y cuando apareció Jesús sobre la Tierra, también el mundo entero estaba en el ciclo aquel que se cumplió en el tiempo de Jonás y la ciudad de Nínive: era un tiempo para juicio divino caer sobre esa ciudad, y ahora en el tiempo de Jesús era tiempo para juicio divino caer sobre toda la raza humana, la familia humana.  Por eso Jesús dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él sólo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.”

Por lo tanto, Jonás cayendo al mar y un gran pez tragándolo, representaba la muerte de Cristo, la sepultura de Cristo; y luego de tres días salió Jonás del gran pez, luego de orar y pedir a Dios misericordia; salió para proclamar el Mensaje. Y el pueblo de Nínive con su rey se arrepintieron de sus pecados y se salvaron en aquel tiempo del juicio divino que Dios dijo que vendría sobre Nínive.

Con la muerte de Cristo, la cual fue posible porque tomó nuestros pecados… si no, no podía morir; pero Él vino con la misión de poner Su vida por Sus ovejas, dar Su vida por Sus ovejas; mandamiento que Él recibió del Padre. Y Él dijo: “Tengo poder para ponerla (para poner Su vida) y tengo poder para volverla a tomar.”

Por lo tanto, Cristo llevó nuestros pecados en Su cuerpo al morir en la Cruz del Calvario, y luego fue sepultado; y al tercer día, que era domingo en la mañana, se levantó; se levantó victorioso, glorificado. Y la humanidad, que tenía que morir, tenía que ser destruida en ese tiempo de juicio, el juicio divino cayó sobre Jesús; y así fue salvada por Cristo la humanidad.

Por eso, aun cuando nació Jesús y luego cuando niño y cuando más joven, los que esperaban la Venida del Mesías y lo reconocieron como el Mesías, dijeron… Cuando el sacerdote Simeón lo vio y lo tomó en sus brazos y dio gracias a Dios, dijo: “Ahora, Señor, despide a tu siervo en paz, porque mis ojos han visto Tu Salvación,” porque vio al Salvador aunque estaba en la edad de un bebé.

Otros, por ejemplo en Samaria, cuando vieron a Jesús luego que la mujer samaritana les dio a conocer que allí en el pozo de Samaria estaba un hombre: Jesús, quien le había dicho toda la verdad, todo lo que era la mujer samaritana, las personas allá vinieron a Jesús, lo escucharon, creyeron; y mire lo que sucedió: Les predicó. Dice Jesús… Capítulo 4 de San Juan [verso 38]:

“Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.

Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.

Y creyeron muchos más por la palabra de él,

y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho (o sea, por tu palabra), porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.”

Vean, los samaritanos creyeron que Jesús era el Cristo, el Salvador del mundo. Y por consiguiente, Él tenía que hacer una Obra para salvar al mundo, salvar la humanidad, pues en el capítulo 3 de San Juan también, dice verso 13 en adelante:

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Esta es la forma en que la persona puede obtener la vida eterna: Creyendo en Jesucristo como su único y suficiente Salvador; para eso fue que vino Cristo y murió por nosotros en la Cruz del Calvario.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

Para que el mundo sea salvo ¿por quién? Por Jesucristo, por eso es el Salvador del mundo.

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

Aquí podemos ver que el ser humano tiene una oportunidad grande de obtener la vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Salvador. No hay otro Salvador. Hay uno y Su nombre es Señor Jesucristo. Ése es mi Salvador. ¿Y de quién más? De cada uno de ustedes también. No hay otro Salvador.

Él salvó al mundo de la destrucción dos mil años atrás. Gracias a Su muerte, sepultura y resurrección, la raza humana todavía existe; pero algunos no saben el porqué todavía existimos sobre la Tierra.

Es que hay un Programa Divino de Salvación, de Redención, en donde los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, de edad en edad, de etapa en etapa, de tiempo en tiempo, aparecen sobre la Tierra en cuerpos físicos, Dios los envía. Así como envió a Cristo, envía a cada una de esas almas en cuerpos físicos para vivir una temporada y escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, creen y lo reciben como Salvador.

Cristo dice: “Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo trae.” O sea que es una Obra Divina que una persona escuche y nazca la fe de Cristo en su alma, crea y lo reciba como Salvador.

Nadie puede venir a Cristo si el Padre no lo trae; por lo tanto, por medio del Evangelio Dios habla directamente al alma de la persona. El Espíritu Santo usa esa Palabra del Evangelio siendo predicado el Evangelio, y acá le habla por medio de esa Palabra, Cristo en Espíritu Santo, y lo trae al Redil del Señor. “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Y están representadas esas personas en ovejas:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Y dice: “El Padre y yo una cosa somos.” Así como usted es alma, espíritu y cuerpo: son una sola cosa, una persona; por lo tanto, el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, es que Dios tiene un cuerpo angelical: esa es la imagen del Dios viviente, el cual es el Espíritu Santo, y un espíritu es un cuerpo de otra dimensión; ese es Cristo en cuerpo angelical, el Ángel del Pacto, en el cual está Dios.

Siempre que aparecía el Ángel del Pacto, los que lo veían decían: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara”; pero la Escritura dice en San Juan, capítulo 1, verso 18: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (Él le declaró).”

O sea, que fue el cuerpo angelical de Cristo en el cual estaba Dios. Lo que ellos vieron fue el cuerpo angelical o teofánico de Cristo, y por eso luego pudieron seguir viviendo las personas.

Es como cuando usted me ve a mí o yo lo veo a usted, yo puedo decir: “Usted no me está viendo a mí, y yo no lo estoy viendo a usted.” ¿Y cómo lo podemos entender? Porque usted es alma viviente. Y eso equivale a Dios el Padre.

Pero también usted y yo podemos decir: “Nos estamos viendo;” pero lo que nos estamos viendo es el cuerpo físico, no el alma, ni siquiera el espíritu; pero a través del cuerpo físico estamos manifestándonos en esta dimensión terrenal.

Así también Cristo decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras,” pero las personas veían a Jesús haciendo los milagros; pero Jesús dice que era el Padre que estaba en Él, el cual hacía las cosas.

También, cualquier persona puede ver a otra persona construyendo alguna cosa, haciendo algún trabajo, y decir que es esa persona o cuerpo el que lo está haciendo; pero no es así. Es la persona, que es alma viviente y que tiene un espíritu, cuerpo espiritual, dentro de ese cuerpo de carne, en el cual está habitando esa persona en alma y espíritu, y a través de ese cuerpo de carne hace las cosas; tan sencillo como eso. En la misma forma que Jesús decía: “El Padre que mora en mí es el que hace las obras.”

Por eso cuando la persona llega al tiempo en que tiene que partir de esta dimensión terrenal, sale del cuerpo de carne y ya el cuerpo de carne no puede hacer ningún trabajo; porque ya las labores que iba a hacer la persona, que es alma viviente, salió del cuerpo, y el cuerpo sin espíritu está muerto.

Por lo tanto, es importante entender estas cosas para saber que la vida no es nada más que la vida terrenal, la vida física que se vive. Hay en el ser humano alma, que es lo que es en realidad la persona; y también hay un espíritu, que es un cuerpo parecido al cuerpo que tiene la persona, pero de otra dimensión.

Por lo tanto, el ser humano no puede pensar solamente en la vida física sino que tiene que también pensar en la vida que corresponde al espíritu de la persona (la vida espiritual), y la vida que corresponde al alma de la persona, con la cual se relaciona con el mundo espiritual, se relaciona con Dios, cree en Dios de acá, desde su alma, lo cual es la persona.

“¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y pierde su alma?” Pregunta Cristo: “¿De qué le vale?” No le valió de nada, porque no pudo asegurar su futuro en el Cielo, en la vida eterna con Cristo. Solamente él trató de asegurar su futuro terrenal; y cuando se muere, no se puede llevar todo lo que ganó, algunas veces se queda para los que no hicieron nada; y si no hay nadie que lo reclame, se queda para el gobierno. ¿De qué le sirvió a la persona ganar todo el mundo, o sea, convertirse en una persona muy rica en la Tierra? De nada le sirvió.

Lo más importante es obtener la vida eterna, y solamente se puede obtener a través de Cristo. No tiene precio físico monetario. El precio lo pagó Cristo en la Cruz del Calvario con Su propia vida, derramando Su Sangre en la Cruz del Calvario.

Ahora, hablando de las manifestaciones del poder de Dios, podemos ver que en Cristo fue manifestado el poder de Dios, por lo cual se vieron tantos milagros y maravillas a través de Jesús; pero lo más grande fue lo que Él habló, el Mensaje que Él trajo, la Palabra que Él trajo, y la Obra de Redención que llevó a cabo en la Cruz del Calvario y Su resurrección; porque si no resucitaba no se realizaba la redención del ser humano, y por consiguiente, no se podía realizar la Intercesión en el Cielo por Cristo, como Sumo Sacerdote, lo cual todavía Él está llevando a cabo en el Cielo, en el Templo Celestial.

Vimos también el poder de Dios manifestado a través de Moisés: trayendo las plagas sobre Egipto, Dios, el cual le mostraba en visión a Moisés las cosas, le ordenaba que las hablara; Moisés daba la noticia al pueblo hebreo y al Faraón de lo que Dios iba a hacer, y le decía al pueblo hebreo; por ejemplo, cuando iba a traer la plaga de la muerte sobre los primogénitos, le dijo al pueblo hebreo cómo evitar que los primogénitos de Israel, del pueblo hebreo, murieran: era sacrificando un cordero, el cordero pascual, cada padre de familia lo sacrificaba y colocaba la sangre sobre el dintel y los postes de las puertas de sus hogares.

Esta revelación era para los hebreos. El Faraón no tenía esa revelación ni creía en el Dios de los hebreos; el Faraón tenía y el pueblo egipcio tenía su religión pagana: religión babilónica que había venido de Babilonia y había pasado por diferentes naciones; pero la religión babilónica no pudo salvar a los primogénitos egipcios, ni siquiera a los animales.

Pero el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, salvó a los primogénitos hebreos por medio del cordero pascual y su sangre aplicada en el dintel y los postes de los hogares; eso era lo que se requería para evitar la muerte de esos primogénitos. Y para evitar la muerte de los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, se requiere el Cordero Pascual, que es Cristo muriendo en la Cruz del Calvario; por lo tanto, fue tipificado en el cordero pascual que sacrificó cada padre de familia, hebreo, cuando estaban en Egipto.

También Cristo es el macho cabrío de la expiación, que fue sacrificado conforme a la ordenanza divina de Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29, para la reconciliación del pueblo hebreo con Dios, para obtener el perdón y ser limpios de pecado o ser cubiertos sus pecados allá, en y con la sangre de aquel sacrificio; tipo y figura del Sacrificio de Cristo, el cual con Su Sangre no cubriría el pecado sino que lo quitaría completamente.

O sea, que los tipos y figuras del pasado daban testimonio de lo que iba Dios a hacer en la Venida del Mesías, en Su Primera Venida en medio del pueblo hebreo.

Es importante conocer los tipos y figuras, todas esas cosas del Antiguo Testamento, porque en el Nuevo Pacto, en el Nuevo Testamento, se estarían materializando con personas, también con iglesia o iglesias y así por el estilo, y naciones.

El poder de Dios lo vimos libertando al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto; era Dios a través de Moisés. La Obra era de Dios, Moisés solamente era el instrumento a través del cual Dios hablaba y las cosas sucedían.

Lo vimos, el poder de Dios, abriendo el Mar Rojo. Dios le dijo a Moisés: “¿Por qué clamas a mí? ¡Habla!” Moisés hablaba esa Palabra que Dios le dio y se abrió el Mar Rojo, y el pueblo pasó en seco; o sea, se reunieron las aguas a la derecha y a la izquierda, y se hizo un camino en el mar; porque Dios es el que abre camino en el mar para Su pueblo, y abre camino entre las naciones, que están representadas también en el mar.

Encontramos, más adelante, a Dios también alimentando Su pueblo con maná y con las aves que caían todas en diferentes ocasiones; caía maná y luego también, en el mismo día, caían aves. Era Dios el que estaba obrando esos milagros todos los días por 40 años; o sea, que no era una casualidad; ya por 40 años no puede ser una casualidad que un pueblo reciba de Dios: pan y carne.

Es importante ver que en el Nuevo Testamento, en los evangelios o el Evangelio, encontramos que Jesús multiplicó los panes y los peces; era el poder de Dios siendo manifestado para darle el alimento al pueblo que estaba con Jesús, y ya se hacía tarde, ya era la hora de cenar.

Todo eso es tipo y figura luego, de alimento espiritual para los creyentes en Cristo; y tipo y figura de lo que Dios va a hacer en este tiempo final.

Vimos también a Jesús sanando los enfermos, echando fuera demonios, resucitando a los muertos también; y así por el estilo, podemos ver el poder de Dios manifestado en Jesucristo. Nadie podía hacer esas cosas que Jesús hacía si Dios no estaba con él; porque era Dios el que hacía los milagros, los cuales se los mostraba a Jesús, y Jesús los hablaba, los llevaba a cabo, pero era Dios manifestando Su poder a través de Jesús.

Jesús decía: “Yo no hablo nada, sino lo que oigo al Padre hablar; y no hago nada, sino lo que veo al Padre hacer.” Para materializarse aquí en la Tierra, el Espíritu Santo lo hablaba a través de un hombre: Jesús.

Lo vemos también deteniendo la tempestad cuando estaban en la barca de Pedro en el Mar de Galilea, hablándole a los vientos, diciéndole que enmudezcan; y se calmaba la tempestad. Era el poder de Dios manifestado a través de Jesús.

Lo vimos también manifestado para salvación, para diferentes momentos, y lo vimos también manifestado para juicio; por ejemplo, cuando le habló a la higuera y maldijo a la higuera, lo cual también es tipo y figura.

Y ahora, a través de los diferentes mensajeros que Cristo ha enviado desde los apóstoles hasta este tiempo final, el poder de Dios para salvación ha estado siendo manifestado bajo la predicación del Evangelio de Cristo, para salvación y vida eterna de todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, y son bautizados en agua en Su Nombre; y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en las personas el nuevo nacimiento, nacen a la vida eterna.

Por eso dice Efesios, capítulo 5, verso 14:

“Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

Es levantarse de los muertos espirituales, de los que están muertos a la vida eterna; levantarse a la vida eterna y recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Y eso es estar escuchando la Voz del Hijo del Hombre, de Cristo, como Él dijo: Que muchos escucharán la Voz del Hijo del Hombre y resucitarán.

Una resurrección a la vida eterna es más grande que una resurrección física; porque una resurrección física, luego la persona volverá a morir, excepto cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos; ya ahí es una resurrección para vida eterna; y para ese tiempo: una transformación para los que estén vivos, los cuales obtendrán el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, lo cual fue representado en la resurrección de Lázaro.

Lázaro fue resucitado por Cristo; después de estar cuatro días ya muerto físicamente, fue resucitado, porque no hay ninguna cosa imposible para Dios.

Esa misma Voz, la Voz de Cristo, la estará escuchando la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final; y los muertos en Cristo resucitarán primero, y nosotros los que vivimos seremos transformados.

Esa es la promesa de Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 18; y también Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58; y Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, donde nos dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (o sea, para que sea un cuerpo glorificado como el cuerpo glorificado que Él tiene, y joven para toda la eternidad), por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Con ese poder Él va a resucitar a los muertos creyentes en Él, y a los que estén vivos, creyentes en Él, los transformará; y esos serán los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo que viven en este tiempo final, y los que vivieron en tiempos pasados.

Habrá una poderosa manifestación en la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo, lo cual será un despertamiento espiritual, un avivamiento en medio de los creyentes en Cristo, en medio del cristianismo; y el poder de Dios va a estar manifestado en toda Su plenitud.

La muestra de cómo va a ser esa manifestación del poder de Dios, la dio a través del reverendo William Branham en cinco manifestaciones del poder de Dios.

En cuanto a la resurrección para los muertos en Cristo, lo representó, ese poder de Dios siendo manifestado, cuando un pececito que un creyente que estaba pescando con el reverendo William Branham, sacó un pececito muy pequeño y no podía quitarle el anzuelo; y lo sacó a la fuerza y salieron las entrañas del pececito, y lo tiró de nuevo al río; y el pececito, pues, murió. Como a la media hora (o treinta minutos o a la media hora), por cuanto ya Dios le había dicho que iba a ser manifestada la gloria de Dios, el poder de Dios, que iban a ver la gloria de Dios manifestada, como a la media hora le dice Dios por medio de Su Espíritu, que hablara a existencia, que hablara a vida, le diera la vida de nuevo al pececito.

Ningún hombre le puede dar la vida a un pececito, a un animalito o a una persona, excepto Dios, que es el Creador, pero le dice: “Háblale, háblale a vida, dale la vida.” Y por cuanto es la Palabra que le fue dada para que él hablara: la habló y el pececito volvió a vivir.

Eso fue una manifestación grande del poder de Dios, como fue una manifestación grande la multiplicación de los panes y los peces, y como fue una manifestación grande, también, el milagro del maná que caía del cielo todos los días en la mañana, y las aves que caían del cielo; o sea, que Dios por un viento recio las traía cada día y las depositaba en medio del pueblo hebreo; era un milagro divino. Así como también cuando fue abierto el Mar Rojo y luego en otra ocasión cuando fue abierto el Jordán, todo eso fue una manifestación del poder de Dios. Y ahora, la resurrección de ese pececito fue una manifestación del poder de Dios.

Algunas personas piensan: “¿Pero un Dios tan grande y tan poderoso, va a ocuparse de manifestar Su gloria y Su poder en una cosa tan sencilla?” Pues lo hizo multiplicando los panes y los peces, lo hizo también hablándole a la tormenta en la barca, cuando estaban en el Mar de Galilea; lo hizo también abriendo el Jordán en el tiempo de Josué, lo hizo también abriendo el Mar Rojo en el tiempo de Moisés; lo hizo también enviando maná sobre el pueblo hebreo, y también dándole carne de aves al pueblo hebreo. Dios obra en forma sencilla, manifiesta Su poder en forma sencilla.

Lo encontramos también… Recuerden que la resurrección de ese pececito representa la resurrección de los muertos en Cristo, como la resurrección de Lázaro también representa la resurrección de todos los creyentes en Cristo. Tienen que resucitar en cuerpos eternos glorificados para poder ir a la Cena de las Bodas del Cordero; sin el cuerpo glorificado nadie podrá ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, la resurrección de los muertos en Cristo será una manifestación poderosa del poder de Dios; y la transformación de los vivos será una manifestación poderosa del poder de Dios. Y ya los tipos y figuras ya los encontramos en las Escrituras y los encontramos en los mensajes del reverendo William Branham, en cosas en las cuales el poder de Dios fue manifestado.

Y la salvación para personas, en esa manifestación del poder de Dios o Tercera Etapa, lo encontramos representado en la salvación de los hijos de la hermana o señora Hattie Wright. Dos hijos que estaban descarriados y ella dijo la palabra correcta con relación a la creación de ardillas que tuvo el reverendo William Branham, por palabra que le fue dada para que él hablara y las ardillas serían creadas.

Y cuando ella estuvo escuchando la conversación que tenía el hermano Branham con otras personas que estaban con él en la casa de la señora o hermana Hattie Wright, ella dijo: “Esa es la verdad pura o la verdad completa. Esa es la pura verdad.”

Y el Espíritu Santo le dijo al reverendo William Branham: “Dile a ella que pida lo que ella quiera, y le será concedido.” Y el reverendo William Branham le dijo a ella: “Pide lo que tú quieras, y te será concedido; y si no te fuera concedido, entonces (él dijo), entonces seré un falso profeta.”

Ella no sabía qué pedir, pero el reverendo William Branham le dice: “Puedes pedir por la sanidad de tu hija o hermana que está en una silla de ruedas, o puedes pedir dinero, un millón de dólares, lo que desees; eres pobre y necesitas dinero, puedes pedir lo que tú desees.” Porque ya Dios por medio de Su Espíritu le dijo que le dijera, que pidiera lo que ella quisiera y le sería concedido. Y ella dijo: “Lo que yo deseo es la salvación de mis hijos.”

Vean, para una madre que ama a sus hijos lo más importante es la salvación de sus hijos; para toda persona lo más importante es la salvación de su alma y la salvación de su familia. Ella dijo la cosa correcta y pidió también la cosa correcta: la salvación para sus hijos.

Por lo tanto, habrá en esa manifestación del poder de Dios, una oportunidad para salvación de nuestros familiares. Eso será en la Tercera Etapa que ha de venir, la cual fue vista manifestada, esa Tercera Etapa, en el reverendo William Branham en forma temporal, pero que será manifestada en toda su plenitud en el cumplimiento de la Visión de la Carpa; ahí es donde la Tercera Etapa va a ser manifestada, donde el poder de Dios estará manifestado en toda Su plenitud.

No sabemos si desde el comienzo del cumplimiento de la Visión de la Carpa o a mitad o al final, porque él fue trasladado en espíritu a un lugar donde se estaba llevando a cabo un culto religioso, se estaba predicando y llamando a las personas para recibir a Cristo; y vean, habrá oportunidad para muchas personas en ese tiempo. Va a estar manifestado el poder de Dios en toda Su plenitud.

Luego vio también que fue hecha una fila, una línea para oración por los enfermos de diferentes problemas de salud, como paralíticos y así por el estilo; entraban por la puerta de un cuartito de madera y salían por otra puerta que daba a la plataforma donde estaba el púlpito, y salían alabando a Dios porque habían obtenido su sanidad; pero cuando le preguntaba la persona que estaba en la puerta de salida, qué sucedió allá adentro, la persona decía: “Yo no sé lo que sucedió ni cómo fue; pero una cosa sé: que estoy sanado.”

Es como el joven ciego, el hombre ciego que recibió la vista por Jesús, y le preguntaban luego los líderes religiosos: “¿Cómo fue? ¿Cómo te hizo?

¿Qué hizo Él para darte la vista?”

Y él dijo: “Bueno, una cosa yo sé: Que antes era ciego y ahora veo.”

—“¿Como sucedió todo?”

—“Él me pasó barro en los ojos, me dijo que me fuera a lavar allá en cierto sitio y ahora veo. Era ciego y ahora veo.”

Eso era lo único que él podía explicar.

Es que los milagros no se pueden explicar. ¿Cómo sucedió el milagro? No se puede explicar. Una cosa es: antes era así, y ahora es de esta forma. ¿Cómo lo hace Dios? Eso Él se lo reserva para que no surjan imitaciones.

Al reverendo William Branham muchos trataron de imitarlo, hicieron imitaciones y quitaron la vista del pueblo que estaba viendo al reverendo William Branham como el Mensajero de Dios; entonces otros quisieron ser importantes y atraer el pueblo para ellos, y afectaron a ese ministerio y el efecto en favor del pueblo.

Para esta etapa que viene, llamada la Tercera Etapa por el Ángel que le estuvo hablando al reverendo William Branham, le dice: “De esto no vas a explicar nada para que no haya imitaciones.”

El entró al cuarto ese que él vio, el cuartito pequeño que estaba dentro de una Carpa. Él dijo: “Era una Carpa o Catedral, un edificio, y vi la luz que acompaña a mi ministerio, la Columna de Fuego, que se fue hacia ese lugar; y el Ángel todavía estaba conmigo y nos fuimos los dos a ese lugar. Lo que yo vi allí y escuché, lo llevaré conmigo para siempre; no lo daré a conocer, se irá conmigo a la tumba.” Esto es para que no surgieran imitaciones; y aun con todo y eso, han surgido imitaciones por diferentes lugares tratando de imitar. Pero lo que va Dios a hacer, en donde manifestará todo Su poder, no podrá ser imitado, le dijo el Ángel al reverendo William Branham.

Dios se prepara para una manifestación plena de Su poder.

La resurrección del pececito, que representa la resurrección de los muertos creyentes en Cristo.

La salvación de los hijos de una creyente, que nos habla de la salvación de los hijos, los familiares de los creyentes. Una oportunidad va a dar Dios para los familiares de los creyentes.

También la creación de ardillas nos habla del poder creador de Dios siendo manifestado, lo cual nos habla de un alimento espiritual representado en ardillas; y aun, por cuanto vendrá un tiempo muy difícil, una apretura muy grande, y en el tiempo de esa apretura es que va a ser manifestado el poder de Dios en toda Su plenitud; por lo tanto, no es de extrañar que en ese tiempo, si Dios así lo tiene en Su Programa, también supla alimento, si no lo hay, para los creyentes en Cristo en ese tiempo de apretura.

Recuerdan que Jesús en diferentes ocasiones en que estaban pescando Sus discípulos, no pescaban nada, y Él les decía: “Echen la red hacia la derecha, echen la red o vayan más… a aguas más profundas, y allí hallarán.” Era por creación divina que aparecían esos peces. Él hablaba, Jesús hablaba y las cosas sucedían; tenía la Palabra creadora para ser hablada. Como alimento espiritual, será el Mensaje de Dios para este tiempo final, para los creyentes en Cristo.

También tenemos el caso del tumor en un ovario de la esposa del reverendo William Branham, la señora Meda Branham. Eso nos habla del poder pleno de Dios para la sanidad.

El Señor, el Ángel, le dijo, estando la señora Branham en Tucson, por allá por un lugar muy lejos, en el Oeste de Estados Unidos; y el reverendo William Branham estando en Jeffersonville, Indiana, estaba orando por su esposa, que iba a ser intervenida para una cirugía, para sacarle el tumor que ya estaba grande; y el Ángel le dice: “Habla lo que tú quieras. Lo que tú digas va a suceder.”

Y entonces el hermano Branham dijo: “Que antes que el médico coloque su mano sobre el tumor, sobre el lugar donde está el tumor, que desaparezca”; y así sucedió. Eso es poder por medio de la Palabra hablada creadora, sobre y contra las enfermedades, contra tumores y cualquier enfermedad; lo cual es tipo y figura de una manifestación grande que ha de acontecer en este tiempo final.

También tenemos…  son cinco ocasiones: la resurrección del pececito, le habló también a una tormenta... Como Cristo le habló a la tormenta y se detuvo, así le habló, porque Dios le mostró que le hablara a la tormenta y la tormenta se iba a detener, iba a desaparecer; le habló como Jesús le habló a la tempestad, y así sucedió también. Eso es por la Palabra creadora de Dios colocada en la boca de un hombre para que la hable, y así acontece.

Y eso corresponde a la Tercera Etapa de la cual el reverendo William Branham… le habló al reverendo William Branham. Esa es la etapa más importante, por la cual la Iglesia del Señor Jesucristo estará pasando en este tiempo final.

Vamos a ver aquí en el libro de “Citas” lo que fue dicho de esa etapa. Dice en la página 119 del libro de “Citas,” que es un extracto de un mensaje del reverendo William Branham titulado “Mire a Jesús,” dice [párrafo 1057]:

“Nosotros sabemos dónde está, así que la tercera etapa está aquí. Es tan sagrado que no debo hablar mucho de ello, como Él me dijo en el principio. Él me dijo: De esto... no hables nada. ¿Ustedes recuerdan años atrás?... Ella habla por sí mismo.”

O sea, cuando vean sucediendo estas cosas, pues las cosas que estarán sucediendo estarán hablando, dando testimonio, que eso es la Tercera Etapa en medio del cristianismo. Dice:

 “(Yo no digo que el Señor me dijo esto) Esto será lo que empezará (lo que comenzará) la fe para el rapto para irse.”

O sea que está hablando de la fe para el rapto o arrebatamiento de la Iglesia, para irse a la Cena de las Bodas del Cordero.

“Yo tendré que quedarme callado por un tiempecito. Ahora recuerden (y tú que estás oyendo esta cinta): Tú vas a ver un cambio en mi ministerio luego. Decayendo... no levantándose, decayendo... Ya estamos en la edad y no puede ir más allá. Tenemos que esperarnos aquí un minuto hasta que esto acontezca acá para alcanzarlo, y entonces viene el tiempo y la presión está en un lugar donde tú estás oprimido, entonces mira (lo que estoy preparando para decirte en estos momentos)... Mire la tercera etapa entonces, será absoluta y totalmente para los perdidos, pero será para la Iglesia y la Novia (o sea, los escogidos que van a ser transformados).”

O sea, que esa etapa va a impactar a la Iglesia del Señor Jesucristo, los que van a ser transformados e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y también al mundo entero.

Y el mensaje en la página 113 y 114... Recuerden que el reverendo William Branham es el precursor de la Segunda Venida de Cristo, por lo tanto él dice lo que va Dios a llevar a cabo, lo que va Dios a hacer en el tiempo final. En la página 114 del libro de “Citas” dice [párrafo 1002]:

Habrá un ministerio que mostrará (grandes señales) grandes maravillas...”

“Pero no habrá tiempo para la redención. Todo entonces es terminado, porque el Cordero ya habrá tomado su Libro y la redención habrá cesado.”

O sea, para pertenecer a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, para ser transformados. Ya bajo el tiempo en que el poder de Dios estará manifestándose en toda Su plenitud, terminará el tiempo, la oportunidad, se cerrará la puerta; como en la parábola de las diez vírgenes, que vino el Esposo y las que estaban preparadas… vino Cristo, y las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas; y se cerró la puerta. La Puerta, que es Cristo, se cierra; y se cierra así la Dispensación de la Gracia. Dice:

“Todo entonces es terminado, porque el Cordero ya habrá tomado su Libro (o sea el Libro de los Siete Sellos) y la redención habrá cesado (habrá terminado). Jesús predicó y fue rechazado; luego prosiguió hacia aquellos que estaban encarcelados y no podían arrepentirse.”

O sea, cuando murió Él, en espíritu (en cuerpo angelical) bajó al infierno, donde estaban los espíritus (cuerpos espirituales) de aquellos que fueron desobedientes en el tiempo de Noé. Eso es lo que dice Pedro que sucedió cuando Cristo murió: fue y predicó a los espíritus encarcelados que fueron desobedientes en el tiempo de Noé. Capítulo 3 de Primera de Pedro, versos 18 al 22.

Y ese ministerio se repetirá en este tiempo final, porque el infierno se abrirá; y la humanidad, que ha rechazado a Cristo como Salvador, va a ver esa manifestación plena de Dios, pero ya se habrá cerrado la puerta de la misericordia; y aun las vírgenes insensatas, que son los cristianos profesantes pero que no tienen el Espíritu de Dios, también verán esa manifestación, pero ya no para ser parte de los que van a ser transformados.

“¡Ese mismo ministerio tendrá que repetirse! ¿Qué tal si eso pudiese ser la Tercera Etapa, a los que están perdidos eternamente?”

Y vamos a ver lo que le fue dicho al reverendo William Branham de esa Tercera Etapa. Dice página 471 del libro de “Los Sellos” en español (esta versión dice):

Entonces me alzó y me colocó en un lugar muy elevado donde había una reunión, y parecía una carpa o una especie de catedral. Yo miré, y así a un lado parecía que había una cajita, un lugar pequeño (o sea, un cuartito de madera, dice en otras ocasiones). Y esa luz que ustedes ven sobre la fotografía estaba hablando con alguien más arriba de donde yo estaba. Se fue volando de donde yo estaba, y se fue a posar sobre la carpa, y dijo: ‘Te encontraré allí.’ (O sea se fue a posar sobre el cuartito pequeño)… ‘Te encontraré allí.’ Esto será la tercera etapa, y no se lo dirás a nadie.”

La Tercera Etapa, donde el poder de Dios en toda Su plenitud va a ser manifestado.

“Y allá en el Cañón Sabino, Él me dijo: ‘Esta es la tercera etapa.’ (O sea, cuando recibió la espada en su mano). Hay tres cosas muy grandes que acompañan la tercera etapa. Una de ellas se abrió ayer, otra hoy, y queda una cosa que no puedo interpretar, porque está en un idioma desconocido. Pero estuve allí parado, y lo miré directamente; y esta es la tercera etapa, lo que viene. Y el Espíritu Santo de Dios... ¡Oh, hermano! ¡Por eso fue que todo el Cielo estuvo en silencio!”

O sea, que esto que él vio allí cuando estuvo en esa Carpa-Catedral, y el poder de Dios siendo manifestado, y enfermos entrando por la puerta del cuartito de madera y saliendo por otra ya sanados, es una manifestación, la manifestación final del poder de Dios en medio de Su Iglesia, antes de ser arrebatada o raptada e irse con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Desde ahí se extenderá a todas las naciones la Palabra y todo lo que estará sucediendo en esta manifestación, excepto lo que esté sucediendo dentro del cuartito pequeño; porque así se evitará que surjan imitadores.

Por lo tanto, Dios se está preparando para una manifestación plena para este tiempo final en el cual nosotros vivimos, y ya sabemos que va a ser en una Gran Carpa-Catedral, y que va a ser el Espíritu Santo obrando y manifestando ese poder en medio de los creyentes en Cristo; y que va a impactar al mundo entero; y va a ser visto por televisión, por satélite; y por todos los medios de comunicación va a saberse lo que estará sucediendo en esa manifestación plena del poder de Dios.

Ya tuvimos la muestra en el ministerio del reverendo William Branham, y ahora lo que falta es que se cumpla esa manifestación plena del poder de Dios, pero será en una Gran Carpa-Catedral; por lo tanto, tenemos que estar al tanto de lo que está prometido, y cómo y dónde será manifestado, y todo lo que alcanzará esa manifestación.

Por lo tanto, las personas de otros países pueden estar tranquilos porque estarán viendo todo lo que estará sucediendo en esa manifestación; tendrán la bendición de verlo por las pantallas de televisión en los diferentes países y diferentes iglesias.

Por lo tanto, oremos a Dios para que nos ayude a estar preparados para ese momento tan grande que viene para los creyentes en Cristo, y que va a impactar al mundo entero.

Será más grande esa manifestación que lo que sucedió en medio de la Iglesia primitiva; o en palabras más claras: será la repetición de lo que sucedió en aquel tiempo, pero que culminará con la transformación de los creyentes que están vivos y la resurrección de los muertos en Cristo.

No habrá limitaciones en cuanto a lo que Dios estará llevando a cabo. Será, una vez más, la manifestación del poder de Dios en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo. Las cinco manifestaciones del poder de Dios en el cuarto Elías, el reverendo William Branham, como tipo y figura de lo que Dios va a hacer en este tiempo final.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos, antes que la puerta de la misericordia se cierre y ya entonces no tenga oportunidad de recibirlo para formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Recuerden que está profetizado por el mismo Cristo, que la puerta va a ser cerrada, las vírgenes prudentes van a entrar con Cristo el Esposo, y se va a cerrar la puerta; y las insensatas, que son creyentes en Jesucristo pero que no tenían el aceite del Espíritu Santo, cuando regresen encontrarán que estará cerrada la puerta.

Y en San Lucas, capítulo 13, versos 24 en adelante, dice:

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.”

O sea que esa puerta de entrada a la Casa de Dios, a la Iglesia del Señor Jesucristo —y por consiguiente la puerta al Reino de Dios—, que es Cristo, no va a estar abierta en cierto momento porque va Cristo a cerrarla cuando se levante del Trono del Padre, del Trono de Intercesión en el Cielo, porque ya habrá completado Su Iglesia.

Por lo tanto, es importante que mientras está abierta la puerta de la misericordia, la puerta del Reino de Dios, los que faltan por entrar, entren al Reino de Dios recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador; para lo cual, pueden pasar al frente y estaremos orando por usted.

Vamos a estar puestos en pie, para orar por las personas que estarán viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Cristo tiene mucho pueblo en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en su Reino con vida eterna.

En los demás países también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador; y los niños de diez años en adelante, también pueden recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Lo más importante, recuerden, es la vida eterna, y por consiguiente, la Salvación por medio de Cristo nuestro Salvador para obtener la vida eterna.

“¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿o qué recompensa dará el hombre por su alma?” No hay dinero que pueda dar el ser humano por la salvación de su alma; porque la Salvación no se compra con dinero. Fue comprada por Cristo en la Cruz del Calvario y fue a costo de su vida. El costo de la Salvación fue la vida de Cristo.

Vamos a orar ya por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador; para lo cual, podemos cerrar nuestros ojos e inclinar nuestros rostros. Oremos:

Señor, Dios eterno, Padre celestial, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo, y vengo con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, aquí presentes y en otros países. Recíbelos en Tu Reino, Señor. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.  Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Doy testimonio público de mi fe en Ti, reconociendo que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Señor, te ruego que hagas una realidad en mi vida la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos:

¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino por cuanto ustedes creyeron en Él y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque he creído en Cristo como mi único y suficiente Salvador. ¿Cuándo me pueden bautizar?”  Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

El bautismo en agua es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultada; y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a la vida eterna con Cristo en Su Reino Eterno.

Ese es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, por cuanto estábamos eternamente con Él y en Él; por eso, en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente con Cristo en Su Reino Eterno.

Dejo al ministro correspondiente aquí, reverendo José Benjamín Pérez, y al ministro correspondiente en cada país, para que les indique a los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad.

Hasta el próximo domingo, Dios mediante.

Por aquí dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Y como les digo siempre: Nos veremos el próximo domingo, ya sea en persona, en vivo (en vivo siempre será); ya sea que esté en Puerto Rico o en otro país, también lo están viendo por la pantalla, por los televisores. Es una bendición grande y es la forma más correcta de usar la televisión.

Hay una profecía que habla de la televisión. Esa se la debo para otra ocasión. Hay una por Apocalipsis 11 y por Apocalipsis 1. Por ahí pueden conseguir, y en otros lugares también, como San Mateo, capítulo 24. Así que, pueden buscar por ahí y en alguna ocasión hablaremos sobre algún tema que incluya esas profecías.

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde, y que continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LAS MANIFESTACIONES DEL PODER DE DIOS.”

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