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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión, luego de haber visto los dos documentales, ahora leeremos Apocalipsis, capítulo 19, versos 11 en adelante, donde nos dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios.

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.

Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios,

para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes.

Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército.

Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre.

Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra, y nos permita entenderla.

El tema para el estudio bíblico de hoy domingo, es: “LA CONFRONTACIÓN ENTRE LAS DOS SIMIENTES.”

Las dos simientes son: la simiente del trigo, que son los hijos de Dios, y la simiente de la cizaña, que son los hijos del malo, o sea, de Satanás, conforme a las palabras de Cristo en San Mateo, capítulo 13, versos 30 al 43.

Esta confrontación que ha de ocurrir en este tiempo final ya fue reflejada desde el Génesis, y en otras ocasiones luego del Génesis también fue reflejada.

Esta confrontación, esta lucha, esta batalla entre dos simientes, comenzó en el Cielo, porque Lucero o Lucifer, que actualmente se le conoce como el diablo o Satanás, tuvo celo y envidia de Miguel y del Reino de Miguel, y le hizo la guerra allá en el Cielo; Lucero, Lucifer con su ejército, le hizo la guerra a Miguel; Miguel el Príncipe que está por los hijos del pueblo de Daniel, o sea, por los hijos de Israel, el cual pues tiene su Reino celestial y nunca se ha rebelado en contra de Dios. Miguel, dice el reverendo William Branham, que es Cristo.

Esta guerra que comenzó en el Cielo ha continuado en la Tierra; y comenzó en la Tierra en el Huerto del Edén, en donde Satanás, Lucifer o diablo, a través de la serpiente (allá en Génesis, capítulo 3) le habló a Eva.

Recuerden que la serpiente y la raza de la serpiente no eran reptiles, no era reptil la serpiente, sino un animal; era el más astuto de todos los animales, era el eslabón perdido entre el hombre y la raza animal; pues el eslabón entre el hombre (el ser humano) y Dios, es Cristo; y el eslabón entre la raza animal y la raza humana, era la serpiente, la cual tenía su reino terrenal, su gente.

Y ese instrumento que usó Satanás, en el cual Satanás estaba, era el líder máximo de la raza de la serpiente, de la raza animal. Hablaba, razonaba, tenía conocimiento del bien y del mal, y era el más astuto de todos los animales. Fue el instrumento perfecto para el diablo entrar, habitar en él, gobernar el reino animal de la raza de la serpiente, y a través de esa serpiente desviar a Eva de la Palabra de Dios.

Dios les había prohibido comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que comieran: ese día morirían, morirían a la vida eterna; y solamente les quedaría vida temporal que se les acabaría a cierta cantidad de años, y esa sería la herencia que le dejarían a su descendencia.

Por lo tanto, el diablo, que sabe que él no tiene vida eterna, que él perdió la bendición de vivir eternamente, y que su ejército también perdió esa bendición, ahora no quiere que el ser humano viva eternamente; y quiere destruir la Obra de Dios, quiere destruir el Reino de Miguel, quiere destruir todo lo que Dios ha hecho; está lleno de celo y de envidia. Y ya él sabe que por esa causa él pecó en el Cielo, y trata de que los seres humanos pequen ante Dios para que no puedan vivir eternamente.

Esa guerra que comenzó en el Cielo, ha continuado en la Tierra; y físicamente y mentalmente se ha estado batallando por alrededor de seis mil años, de Adán hacia acá.

Esa guerra que el diablo ha tenido, ha sido por arrebatarle al ser humano la herencia. En el Huerto del Edén se la arrebató pero no pudo arrebatarle el Título de Propiedad, que es el Libro sellado con siete sellos que aparece en la diestra de Dios en Apocalipsis, capítulo 5; Libro que Cristo redime y que toma en Apocalipsis, capítulo 5, y lo abre en el Cielo para hacer Su Obra de Reclamo de toda la Creación: incluyendo a toda persona que tiene su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero (que son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo y que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, que nació el Día de Pentecostés).

Está la otra sección del Libro de la Vida, donde están escritos los nombres de las personas que nacen en la Tierra; y ahí están escritos los nombres de las vírgenes insensatas, que no tenían aceite en sus lámparas (de San Mateo, capítulo 25, versos 1 al 13). Encontramos que esas son personas muy buenas pero no tenían el Espíritu Santo, y por lo tanto no obtuvieron el nuevo nacimiento, y por lo tanto no fueron sacadas del reino de las tinieblas y colocadas en el Reino de Dios, el Reino de Cristo, el Reino del Mesías.

La lucha entre el bien y el mal, la lucha entre Cristo y Satanás, ha sido muy grande, tanto en el Cielo como también en la Tierra.

Si damos un vistazo al capítulo 12 del Apocalipsis, que es paralelo al capítulo 12 de Daniel, dice:

“Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.

También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas;

y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.”

El dragón es Roma. Y cuando nació Cristo: el dragón, Roma, lo buscó para matarlo, lo buscó allá en Belén de Judea; y mató a todos los niños de dos años hacia abajo tratando de matar al Mesías, a Cristo. Pero el Ángel le apareció a José y lo mandó a salir de Belén y que se fuera a Egipto, porque iban a buscar al niño para matarlo.

O sea, que esta confrontación ha sido a muerte, de parte del diablo, de Satanás, a través de los instrumentos donde el diablo y sus ángeles caídos se han metido; porque esas personas han estado poseídas de espíritus malignos para llevar a cabo esas atrocidades.

Buscar a un niño que no tenía más de dos años, para matarlo, un rey mandar a hacer eso, y gente ir y hacer eso, y matar a todos los niños de dos años hacia abajo, eso es un crimen contra la humanidad, es un genocidio.

¡Y un rey! Parece que no era muy valiente, pues le tenía miedo al niño que nació.

“Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.”

Ese es Jesucristo, el cual nació y el cual regirá, gobernará, con vara de hierro a todas las naciones; y fue arrebatado cuando murió, resucitó; fue arrebatado al Cielo, se fue al Cielo y se sentó en el Trono de Dios; y por eso Él dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” Por lo tanto, Él es Rey en el Cielo y es el Rey venidero para el planeta Tierra.

Él decía, cuando estaba siendo juzgado por el Sanedrín, Él dijo… Le preguntaron… San Mateo, capítulo 26, versos 63 al 65:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Él sabía que iba a sentarse en el Trono de Dios, a la diestra de Dios; por lo tanto, todo poder de Dios es manifestado a través de Cristo, así como todo el poder creador para la creación del universo fue a través de Cristo: Dios por medio de Cristo en Su cuerpo angelical, el Verbo, habló a existencia todas las cosas.

Y ahora, continuando, dice:

“Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.

Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles…”

Ahí tenemos una batalla en el Cielo. El Arcángel Miguel luchando con Sus Ángeles en contra del dragón y de los ángeles del dragón, de esos espíritus malos del dragón. Dice:

“…pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.

Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche (recuerde que el diablo acusa a los hijos de Dios por cualquier falla que tengan).

Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.”

Por medio de la Sangre de Cristo hemos vencido los que vivimos en este tiempo y los que vivieron en el pasado; por la Sangre de Cristo hemos obtenido la victoria; porque el diablo, que acusa a los hijos de Dios, día y noche delante de Dios, al ser lavados con la Sangre de Cristo los creyentes en Cristo, y limpiados de todo pecado con la Sangre de Cristo, no hay caso en contra de los hijos de Dios en el Cielo, aunque el diablo los acuse.

Pero hay que confesar a Cristo con sinceridad, de todo corazón, las fallas, errores y pecados, para que Cristo con Su Sangre nos limpie de todo pecado; lo cual es representado en el lavatorio de pies. Y los que ya tenía la persona cuando vino a Cristo, ahí fueron borrados, limpiados con la Sangre de Cristo; pero nos mantiene limpios, porque siempre con Su Sangre nos limpia de todo pecado que confesamos a Cristo nuestro Salvador.

“Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.

Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón.”

La mujer, además de representar a la virgen María, representa a Israel, el pueblo hebreo.

“Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.

Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río.”

Estos son ejércitos que envía en contra de Israel para destruir a Israel. Y la virgen María tipifica también a Israel.

“Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca.

Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.”

O sea, que el dragón se fue a hacer guerra contra los judíos y contra los creyentes en Cristo, que son los que tienen el Testimonio de Jesucristo; y los judíos son los que guardan los mandamientos de Dios que fueron dados por Dios a través del profeta Moisés.

En el capítulo 7 también, para este tiempo final aparecen los judíos, los ciento cuarenta y cuatro mil, y también aparecen las vírgenes insensatas. Dice:

“Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.”

O sea, para que no soplasen guerras sobre la Tierra, o sea, una guerra mundial. Eso es lo que detiene la guerra: que ha recibido orden de detener esa guerra que está profetizada que ha de venir sobre la Tierra. Ya las otras pasaron, la Primera y Segunda Guerra Mundial, y ahí se ha detenido todo; y está esperando que sean sellados ciento cuarenta y cuatro mil hebreos. Dice:

“Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar (¿Cómo lo hace ese Ángel? No sabemos, lo importante es que lo hace),

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados (y así sigue mencionando doce mil sellados de cada tribu).”

Viene un momento de llamado para esos ciento cuarenta y cuatro mil: doce mil sellados de cada tribu.

Así como Elías restauró el altar que estaba arruinado, colocando doce piedras, representando cada piedra una tribu, ahora aquí es restaurado Israel, son restauradas estas doce tribus; representadas en doce mil, cada tribu, en los escogidos de Israel. Esos son los escogidos de Israel, las reliquias de Israel; son colocados en Apocalipsis 14 como las primicias, fueron redimidos de entre las gentes, están señalados en el capítulo 14, verso 4, como primicias, dice:

“Estos son los que no se contaminaron con mujeres (mujeres son religiones), pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero.”

Esos ciento cuarenta y cuatro mil van a ser llamados en este tiempo final; y ese Ángel está a cargo de esa labor.

Ahora, recuerde que será en un tiempo difícil, difícil para los judíos y difícil para los creyentes en Cristo, los escogidos que van a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y también difícil para las vírgenes insensatas, que no tenían aceite en sus lámparas y que van a ser muertas durante la gran tribulación; como también esos ciento cuarenta y cuatro mil van a ser muertos durante la gran tribulación.

Apocalipsis, capítulo 6, versos 9 al 11, cuando es abierto el quinto sello, aparecen ahí los que murieron en el tiempo de la Shoá, o sea, del Holocausto, bajo el régimen de Hitler. Dice, capítulo 6, verso 9 en adelante:

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.”

Eran guardadores de la ley, creyentes en la Ley, y ellos tenían el testimonio de ser guardadores de la Ley, creyentes en Moisés como su Mensajero.

“Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?”

Están pidiendo venganza al vengador de la sangre, que es Dios, al Juez. Recuerden que los jueces de cada nación son los vengadores de toda cosa que hagan violando las leyes del país; ya sea contra personas o contra el Estado.

Por eso las personas no se pueden vengar ellas mismas. Dice: “No os venguéis vosotros mismos.” Eso está en el Antiguo Testamento y también en el Nuevo Testamento. [Romanos 12:19] Dios es el Juez; y el único que puede vengar la causa de una persona o de una nación es un juez.

Están pidiendo venganza de su sangre derramada, venganza de los que moran en la Tierra.

El vengador de la sangre es Dios por medio de Cristo; por lo tanto, Él vendrá como Juez y Rey, y traerá el día de venganza del Dios nuestro, el día del juicio sobre naciones y sobre individuos. Por eso aparecen en San Mateo 25, Cristo sentándose como Rey en Su Trono, el Trono de David, y reuniendo delante de Él todas las naciones, y colocando a su derecha unas naciones y a su izquierda otras naciones, como el pastor coloca a su derecha las ovejas y a su izquierda los cabritos.

A los de la derecha les dirá que entren al Reino, al gozo de su Señor, al Reino de Dios, por las cosas buenas que hicieron en favor de los judíos y las cosas que hicieron buenas en favor de los creyentes en Cristo, de la Iglesia, de las vírgenes prudentes. Y así será también para individuos en el Juicio final después (en el capítulo 20 de Apocalipsis).

Los que estaban a la izquierda hicieron mal, esas naciones hicieron mal contra los judíos y contra la Iglesia del Señor Jesucristo, la Iglesia-Novia; y por consiguiente: el Juicio; ahí Cristo dice que serán echados en el infierno. ¿Dónde? En el infierno, por lo que hicieron. Cuando pudieron hacer algo, no lo hicieron en favor ni de los judíos ni de la Iglesia del Señor Jesucristo. Serán echados en el infierno, dice Cristo, preparado para el diablo y sus ángeles, o sea que le van a hacer compañía allá.

“Y se les dieron vestiduras blancas (¿A quiénes? A los judíos que murieron en la Shoá, en ese Holocausto donde fueron asesinados), y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo…”

O sea, que cuando ocurre esto, todavía Cristo está como Sumo Sacerdote en el Cielo, por eso reciben misericordia.

“…que descansasen todavía un poco de tiempo hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.”

O sea que todavía la Shoá o el Holocausto continuará. Quizás algunos serán quemados, otros serán muertos en alguna otra forma, por el anticristo, el cual y en el cual estará el diablo encarnado. Eso será así y ellos no lo saben; pero sospechan que se va a repetir lo del Holocausto, otro genocidio.

El diablo odia a los judíos. Es que los judíos tienen la promesa del Reino Mesiánico, del Reino del Mesías que regirá, gobernará el mundo entero; o sea, que el Reino del Mesías, Israel, estará a la cabeza de todas las naciones.

La capital del Reino del Mesías será Jerusalén, y desde ahí gobernará a todas las naciones con vara de hierro; porque Él es el heredero al Reino como Hijo de David y él es el heredero al mundo entero como Hijo del Hombre.

Por lo tanto, el diablo sabiendo que el Mesías restaurará o establecerá el Reino de Dios, que es la restauración del Reino de David, tratará de destruir a Israel; primero tratará de engañarlo y de que le cedan el Trono de David; así como hubo lucha por el Trono celestial, pero Cristo obtuvo el Trono celestial, así que ya está ocupado por Cristo el Trono celestial. Ahora la lucha será por el Trono terrenal del Mesías, el Trono de David, donde el Hijo de David, el Mesías, se sentará y reinará, gobernará sobre Israel y sobre todas las naciones; y será un Reino de Paz.

No habrá paz permanente excepto en el Reino del Mesías, porque en el Reino del Mesías estará el diablo atado y colocado en el abismo, encerrado; y los instrumentos de él estarán también haciéndole compañía allá.

Por lo tanto, habrá paz sobre la Tierra en Israel y en todas las naciones; y todas las riquezas de las naciones, dice, serán llevadas a Israel; o sea, que va a convertirse Israel —y sobre todo, Jerusalén— en la bolsa de valores mundial. Y eso es bueno, está en el Programa de Dios para el Reino del Mesías.

Por lo tanto, Satanás, el diablo, tratará de arrebatar el Trono, arrebatar el Trono del Mesías; se hará pasar por el Mesías en alguna forma, y tratará de que le pidan la paz, que trabaje por la paz para Israel; y los engañará. Esa es la mala noticia: que los va a engañar.

Pero los ministerios de los Dos Olivos, de Moisés y Elías, van a hacer una labor muy importante, como Moisés hizo la labor de la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. Intervendrá Dios por medio del ministerio de Moisés, en el cual el Espíritu Santo estará operando ese ministerio, y habrá una liberación para Israel. Eso será una lucha también, una confrontación entre el bien y el mal, entre Cristo y Satanás.

Es bueno saber estas cosas para saber que no todo es un camino de rosas. Cristo dijo: “El que quiera seguir en pos de mí, tome su cruz y sígame.” [San Mateo 16:24] Pero lo importante es que viviremos con Cristo eternamente.

No sabemos si esa batalla fuerte comience todavía estando en estos cuerpos mortales; aunque comenzará la apretura, una apretura, una persecución, pero la lucha fuerte ya será más adelante, durante la gran tribulación; y ya estaremos con Cristo en la Cena de las Bodas del Cordero. Y cuando regresemos con Cristo entonces Cristo destruirá completamente al anticristo.

Recuerden que en Segunda de Tesalonicenses el apóstol Pablo nos habla del anticristo, y dice que con el resplandor de la Venida de Cristo matará al anticristo, al hombre de pecado.

Es importante estar dentro del Cuerpo Místico de Cristo lo más pronto posible para estar preparados para la transformación en la Venida del Señor con los muertos que Él resucitará, los cuales están en el Paraíso en cuerpos angelicales, cuerpos teofánicos, cuerpos inmortales pero de la sexta dimensión.

Él pasará por el Paraíso. Cristo está en la séptima dimensión, en el Trono del Padre; cuando termine Su Obra de Intercesión, Su trabajo, pasará por el Paraíso (de la séptima dimensión a la sexta dimensión) y hará allí un juicio a los mensajeros de cada etapa.

Y luego, Cristo con cada mensajero y el grupo de cada mensajero, regresarán a la Tierra y les dará cuerpos nuevos, cuerpos glorificados. Y cuando los veamos, comeremos con ellos, como los discípulos comieron con Jesús luego de estar resucitado; y cuando los veamos, seremos transformados nosotros. Y ya todos en cuerpos glorificados, nos iremos luego de unos 30 a 40 días como estrenando nuestro cuerpo nuevo aquí en la Tierra.

Recuerden que Cristo, luego que resucitó, aunque Él subió ese mismo día y se presentó y presentó Su Sacrificio y Su Sangre en el Cielo, luego Él volvió y estuvo con Sus discípulos apareciéndoles durante 40 días; digamos un día en semana o dos días en semana; digamos, los domingos: apareció domingo de resurrección, después cuando volvió a aparecer fue otro domingo, el otro domingo siguiente, y pensemos que aparecía todos los domingos a los creyentes en Él.

Así también estarán con nosotros los creyentes en Cristo que resucitarán; y estaremos nosotros también con cuerpos glorificados, y estaremos con las labores que corresponde a ese tiempo; y luego nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, que durará tres años y medio; mientras la gran tribulación, que dura tres años y medio, se estará llevando a cabo en esta Tierra, donde el diablo acá en la Tierra se habrá apoderado completamente de todas las naciones, estará dominando completamente a todas las naciones, y tendrá esclavizados a todos los que estarán viviendo en la Tierra, y matando a las vírgenes insensatas y a los ciento cuarenta y cuatro mil judíos (y a muchos judíos más), y a todo el que no esté de acuerdo al anticristo y a su reino.

O sea que va a ser un tiempo muy difícil; pero también ahí vendrán los juicios divinos apocalípticos que corresponden a la gran tribulación, donde habrá terremotos, maremotos, volcanes y una Tercera Guerra Mundial: la guerra de Armagedón.

Por lo tanto, todos esos juicios vendrán sobre el reino de la bestia, del anticristo; y será quitado ese reino para dar lugar al Reino del Mesías.

Al final de la gran tribulación, no sabemos en qué momento, Cristo regresará con Su Iglesia, con los creyentes en Él, ya como reyes, para tomar el poder político, religioso y judicial del planeta Tierra, y establecer el Reino del Mesías en la Tierra.

Ahí será un enfrentamiento de Cristo y Su Ejército contra Satanás y el ejército de Satanás; y Cristo obtendrá la victoria. La obtuvo en el Cielo, en esa batalla en el Cielo; la obtuvo con Su muerte, sepultura y resurrección, y se sentó en el Trono de Dios, obtuvo el Trono de Dios celestial; y obtendrá el Trono terrenal de Dios, que es el Trono de David, para establecer el Reino de Dios en la Tierra y restaurar la Tierra en Su Reino.

La Tierra estará renovada y se establecerá una nueva forma de vida, una nueva forma de trabajo, de enseñanza. Dice que todas las naciones serán llenas del conocimiento de la gloria de Dios. Esa es la enseñanza principal para el Reino del Mesías: La enseñanza de Dios y de Cristo.

No hay enseñanza más importante que la enseñanza de Dios, como tampoco no hay libro más importante en la Tierra que la Palabra de Dios, la Biblia; es la que contiene los Pensamientos Divinos.

¿Usted quiere saber cómo Dios piensa? Lea la Biblia. ¿Quiere saber lo que Dios hará en este tiempo? Lea la Biblia. Ahí está todo lo que tiene que pasar en este tiempo final.

Por lo tanto, estemos bien cerca de Dios. Es tiempo de acercarse más a Dios cada persona, consagrar su vida, prepararse para ese glorioso momento de la Venida del Señor y transformación de nuestros cuerpos.

Ninguno desea quedarse aquí en la Tierra para pasar por la gran tribulación, nadie quiere perderse la Cena de las Bodas del Cordero. Dice Apocalipsis 19, verso 9 al 10, que son bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero; esos son los creyentes en Cristo, porque han recibido a Cristo como su Salvador, y por consiguiente ahí está la invitación a la Cena de las Bodas del Cordero.

“LA CONFRONTACIÓN ENTRE LAS DOS SIMIENTES.”

Vimos cómo va a terminar todo. Fue reflejado en Caín y Abel, fue reflejado también en otros tiempos, allá en Jesús y Judas Iscariote, y así por el estilo, también lo vimos en Jacob y Esaú. Siempre hay una batalla.

Cuando Jacob estaba en el vientre de su madre también estaba Esaú en el vientre de Rebeca; y brincaban tanto en el vientre: era que estaban luchando, peleando, por la primogenitura. Y cuando consultó a Dios, porque ya no podía vivir Rebeca... ¿Qué mujer puede dormir siquiera, aunque sea dormir, con una batalla de dos niños en el vientre? Y consultó a Dios y Dios le dijo que había dos naciones, dos pueblos allí, luchando en el vientre; eran dos personas que luego formarían pueblos.

Por lo tanto, vean cómo la lucha de las dos simientes viene en la Tierra desde el Génesis hasta llegar a Apocalipsis.

Por lo tanto, estemos bien agarrados de Cristo, que nada nos pueda apartar de Cristo; recordando las palabras de Cristo que dijo: “El que pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino.” [San Lucas 9:62]

No podemos mirar hacia atrás sino hacia adelante, a Cristo. Él nos guía en Su Reino para que vivamos con Él por toda la eternidad.

Si alguna persona todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted. Los que están aquí presentes pueden pasar aquí al frente; y los que están en otras naciones pueden pasar al frente, allá en el auditorio o en la Iglesia donde se encuentre, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

¿Cómo se conocen los que son simiente de Dios? Cristo dijo cómo se conocen. Vamos a leerlo directamente de la Biblia para que tengamos esas hermosas palabras de Cristo hablando acerca de los creyentes en Él. Capítulo 8, verso 47, dice [San Juan]:

“El que es de Dios, las palabras de Dios oye…”

Y los que no las quieran oír, miren lo que dice:

“…por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.”

Los que no querían oír a Cristo, el mismo Cristo les dice: “Es porque ustedes no son de Dios.”

¿Y entonces de quién son? Vamos a ver lo que Cristo dice. Les leí capítulo 8, verso 47. Dice en el capítulo 8, verso 43:

“¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.”

Eran palabras duras, decirle a un grupo de religiosos que no eran de Dios; pero Él les estaba diciendo la verdad.

También en el capítulo 10, versos 24 en adelante, dice [San Juan]:

“Y le rodearon los judíos y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí…”

¿Por qué? Porque las Obras que Él hacía eran las que estaban profetizadas que el Mesías haría en Su Venida.

“…pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

El que oye la Voz de Cristo el Buen Pastor, que es la predicación del Evangelio de Cristo, es porque es oveja de Dios. “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo les doy vida eterna.”

¿Para qué se predica el Evangelio? Cristo dijo [San Marcos 16:15-16]:

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Se predica el Evangelio de Cristo para que las personas escuchen, nazca la fe de Cristo en su alma, crean, y Cristo les dé vida eterna. Es para que reciban vida eterna las personas, que se predica el Evangelio de Cristo. Es la única palabra que se habla para vida eterna, la predicación del Evangelio de Cristo.

Se puede hablar historia de cualquier libro, cualquier orador, pero eso no es para vida eterna, es para un conocimiento terrenal; pero la predicación del Evangelio de Cristo es para un conocimiento celestial, para obtener vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

Por eso Él decía: “Mis palabras son Espíritu y son Vida.”

Él también decía: “El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el Día Postrero.” San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40.

Mientras en los diferentes países continúan pasando al frente, veamos lo que dice San Juan, capítulo 5, verso 24:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Es la única Palabra que al recibirla, la persona pasa de muerte a Vida; o sea, pasa de una condición de muerte física que recibe la persona, porque murió a la vida eterna, entonces pasa de muerte a la vida eterna, a vida en la vida eterna; pasa de muerte a Vida.

Cuando pecó Adán y Eva en el Huerto del Edén, pasaron de vida eterna ¿a qué? a muerte; y ahora por medio del segundo Adán pasamos de muerte a vida.

Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

[Efesios 5:14]

¿Cómo va a despertar una persona de entre los muertos para que Cristo lo alumbre? Es que la humanidad murió a la vida eterna, por lo tanto, la humanidad está muerta a la vida eterna; y cuando una persona oye la Palabra del Señor… porque los muertos escucharán la Voz del Hijo del Hombre, la Voz del Hijo de Dios, y el que la oyere, despertará; eso es lo que dice San Juan, capítulo 5, verso 25:

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.”

La humanidad está muerta. Eso es el resultado del pecado en el Huerto del Edén: muertos a la vida eterna. Pero el que oye la Voz de Cristo, el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, del Hijo de Dios, dice que vivirá: “Los que la oyeren, vivirán,” obtendrán la vida eterna; y por consiguiente, estarán vivos a la vida eterna en el Reino de Cristo; y eso es para toda la eternidad. Aunque su cuerpo físico muera, Él lo resucitará en el Día Potrero, porque el alma ya tiene vida eterna y el espíritu que recibe tiene vida eterna; por lo tanto, lo que nos falta es solamente un cuerpo físico, inmortal, incorruptible y glorificado, que Él ha prometido darle a todos los creyentes en Él.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y con nuestros ojos cerrados, todos decimos:

Padre nuestro que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que te están recibiendo como Salvador, están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino a todos, y les des vida eterna, y los guíes todos los días de su vida.

Ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Creo en Tu Primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz realidad en mi vida, en mí, la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Sálvame, te lo ruego. En Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, me dirán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo con todo vuestro corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y así sean colocados en el Reino de Cristo.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista; y era tan importante ser bautizado que Juan no lo quería bautizar y Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Y si Cristo fue bautizado, ¡cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados en agua, en el Nombre del Señor Jesucristo, como fueron bautizados todos los que recibieron a Cristo como Salvador!

El bautismo en agua es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

En el bautismo en agua, la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Por lo cual, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, y nos continuaremos viendo el próximo domingo, Dios mediante.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador, y luego despedir la actividad, el culto.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA CONFRONTACIÓN ENTRE LAS DOS SIMIENTES.”

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