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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones: ministros e Iglesias, hermanos reunidos alabando a Dios y recibiendo la Palabra del Señor hoy domingo, día importante en medio del cristianismo.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos hable directamente a nuestra alma y nos alimente nuestra alma y todo nuestro ser con Su Palabra. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos Amós, capítulo 8, verso 11 al 12, donde nos dice de la siguiente manera:

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.

E irán errantes de mar a mar; desde el norte hasta el oriente discurrirán buscando palabra de Jehová, y no la hallarán.

En aquel tiempo las doncellas hermosas y los jóvenes desmayarán de sed.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “HAMBRE DE OÍR LA PALABRA DE DIOS HOY.”

Esta profecía nos habla de hambre espiritual y sed espiritual. Por lo tanto, así como nosotros alimentamos nuestro cuerpo con alimento literal, tenemos que alimentar nuestra alma con alimento espiritual; y el alimento espiritual para el alma es la Palabra de Dios. Por lo cual, así como usted tiene que encontrar el alimento para el cuerpo y comerlo, usted necesita encontrar, buscar y encontrar alimento espiritual para el alma, que es la Palabra de Dios correspondiente al tiempo en que usted está viviendo. En palabras más claras: la Palabra de Dios, el Mensaje de Dios para el tiempo que a usted le ha tocado vivir.

Si usted viviera en el tiempo de Noé, usted tenía que buscar ese Pan espiritual, la Palabra de Dios, el Mensaje que Dios colocó en la boca de Noé para el pueblo; ése era el alimento espiritual para el alma de los seres humanos del Día de Noé.

Y ahora, la Escritura nos dice que “no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios,” así nos dice Dios por medio del profeta Moisés en Deuteronomio, capítulo 8, verso 3:

“Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”

Así como para que viva nuestro cuerpo físico le damos alimento físico, para que viva nuestra alma tenemos que darle un alimento espiritual, que es la Palabra de Dios para el tiempo en que la persona está viviendo, o sea, el Mensaje de Dios para el tiempo en que vive la persona.

Encontramos también, cuando el diablo tentó a Jesús en el capítulo 4, verso 3 al 4, cuando el diablo le dice: “Si eres Hijo de Dios, dí que estas piedras se conviertan en pan.” Cristo le dice: “No solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” O sea, lo que sale de la boca de Dios es la Palabra de Dios. Respondió Jesús y dijo... Dice:

“Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí que estas piedras se conviertan en pan.

El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”

Esa es la Palabra que toda persona necesita comer espiritualmente, su alma, comer esa Palabra para que viva eternamente en el Reino de Dios; es la vida espiritual, la vida del alma en el Reino de Dios; y por consiguiente, usted tiene que alimentar su alma, así como alimenta su cuerpo.

Está prometido o profetizado por Amós, capítulo 8, verso 11 al 12, que “vendrá hambre sobre la Tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios.”

El ser humano, al ser creado a imagen y semejanza de Dios: Así como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, el ser humano es alma, espíritu y cuerpo. El alma es lo que la persona es en realidad; el espíritu es el cuerpo espiritual o espíritu que tiene cada persona, el cual es un cuerpo parecido al cuerpo físico pero de otra dimensión; y el cuerpo físico que ya usted se ha visto y en el espejo ve su rostro.

Encontramos que, tanto el cuerpo, el espíritu y el alma, necesitan ser alimentados: el cuerpo con comida física, el espíritu con enseñanza humana y enseñanza espiritual también; y el alma, alimentada con la Palabra de Dios para que el alma tenga vida eterna.

“El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

San Juan, capítulo 5, verso 24, nos dice Cristo.

Y ahora, siendo que se requiere el pan para el alma, en el maná que le fue dado al pueblo hebreo fue tipificado el pan espiritual para el alma, que le sería dado al ser humano; por eso es que dice en Deuteronomio, capítulo 8, verso 3, que le dio maná del Cielo, maná, alimento para el cuerpo, y le mostró que no solamente de pan físico vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.

Es más importante el alimento para el alma que el alimento para el cuerpo; en el maná estaba tipificado el alimento para el espíritu, para el alma; o sea, que en el maná estaba tipificado Cristo. Por eso Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, versos 47 en adelante, dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.”

Y en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Todo lo que le ha dado el Padre, Cristo dice: “Para que de todo lo que me diere no pierda yo nada.” Son las ovejas que el Padre le dio para que les dé vida eterna, para que no se pierdan esas ovejas, esas personas, sino que los resucite en el Día Postrero. O sea, los resucitará si han muerto físicamente, si están vivos los transformará; y todos serán a imagen y semejanza de Dios, como Cristo: con cuerpo físico glorificado y espíritu teofánico angelical.

“Y esta es la voluntad…” Dice: “...sino que lo resucite en el día postrero.”

El Día Postrero delante de Dios, por cuanto para los seres humanos mil años para Dios es un día, y un día delante de Dios para los seres humanos son mil años; un día milenial para los seres humanos es un día delante de Dios, y en los días de la semana encontramos que están representados los siete días delante de Dios, siete días que para los seres humanos son siete milenios.

Encontramos, desde Adán hasta Jesús, que se vivieron cuatro días delante de Dios, cuatro milenios, y Cristo nació finalizando el *cuarto milenio, o para comenzar el quinto milenio, unos tres a diez años antes de comenzar el quinto milenio.

Y cuando comienza el quinto milenio comenzaron los días postreros delante de Dios, que para los seres humanos son los milenios postreros: quinto milenio, sexto milenio y séptimo milenio; por esa causa encontramos que el apóstol Pablo nos dice en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días (vean: en estos postreros días) nos ha hablado por el Hijo.”

Ya el apóstol Pablo dice que aquellos días en que Dios estaba manifestándose a través de Jesús y hablando a través de Jesús... porque Jesús decía: “Yo no hablo nada de mí mismo, el Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Por lo tanto, Él hablaba la Palabra del Padre, era Dios hablando por medio de Su Espíritu a través de Jesús. Y dice Dios:

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

Y ahora, desde los días de Jesús comenzaron los días postreros delante de Dios, que son los milenios postreros para la raza humana: quinto milenio, allá en los días de Jesús; cuando tenía de tres a diez años de edad comenzó el quinto milenio y ahí comenzaron los días postreros delante de Dios, que son los milenios postreros para la raza humana, los tres milenios postreros: quinto, sexto y séptimo. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día,” Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y también el Salmo 90, verso 4.

Por eso es que se ha estado predicando desde los días de Jesucristo, que estamos viviendo en los días postreros; por lo tanto, los predicadores que han dicho en tiempos pasados: “Estamos en los días postreros,” estaban correctos; el mismo San Pablo dijo que estaban en los días postreros, y estaba correcto también; y San Pedro también lo dijo.

Ahora, decir que estamos en el Día Postrero, solamente se puede decir desde que comenzó el séptimo milenio de Adán hacia acá, que viene a ser el tercer milenio de Cristo hacia acá. Conforme al calendario gregoriano ya han transcurrido dos mil años de la Dispensación de la Gracia, que son dos días delante de Dios.

Los dos primeros días postreros, que son el quinto milenio y sexto milenio, ya han transcurrido conforme al calendario gregoriano, y ya hemos entrado al Día Postrero delante de Dios, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, y ya llevamos trece años dentro del séptimo milenio conforme al calendario gregoriano.

Pero si sacamos los números conforme al calendario hebreo o calendario judío, que tiene trescientos sesenta días al año, entonces ya estamos más avanzados dentro del Día Postrero, o sea, dentro del séptimo milenio; y para el séptimo milenio, que es el Día Postrero, es que Cristo ha prometido resucitar a los creyentes en Él que han muerto, y a los vivos transformarlos.

Por lo tanto, la promesa de la resurrección para los dos días postreros anteriores, era una promesa que no iba a ser cumplida en ninguno de esos dos días delante de Dios, anteriores; no iba a ser cumplida en el quinto milenio ni en el sexto milenio, excepto la resurrección de Cristo y los santos del Antiguo Testamento que resucitaron con Él cuando Cristo resucitó de entre los muertos; esos eran los que estaban bajo el Pacto del Antiguo Testamento.

Pero los que están bajo el Pacto del Nuevo Testamento la promesa es que los que han muerto serán resucitados en el Día Postrero, o sea, en el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá.

Y ahora, continuamos aquí en San Juan, capítulo 6, verso 40:

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Para los creyentes en Cristo, que ven a Cristo como el Salvador, el Redentor, el que con Su muerte en la Cruz del Calvario efectuó la Redención nuestra, el cual con Su muerte efectuó la Expiación de nuestros pecados, el cual llevó a cabo la Obra de Expiación la cual fue reflejada en la Fiesta de la Expiación del día diez del mes séptimo de cada año, en medio del pueblo hebreo, de Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29... Por eso es que cuando Cristo en la última cena estuvo con Sus discípulos comiendo, tomando la última cena con ellos, en el capítulo 26, versos 26 en adelante, dice [San Mateo]:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre  del nuevo pacto,  que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

En el pan tipificó el cuerpo que estaba dando en Sacrificio de Expiación, y en el vino representó, tipificó Su Sangre, que era derramada para la remisión de los pecados de las personas. Él también en San Juan, capítulo 6, hablando de Su cuerpo, dice, capítulo 6, verso 48 en adelante:

“Yo soy el pan de vida.”

O sea, que el maná que recibió el pueblo hebreo cada día, tipificaba el Pan de vida eterna para el alma de la persona, así como el maná era el pan para el cuerpo de las personas, para darles vida física, mantenerlos vivos; pero el Pan de vida eterna, que es Cristo, es para darnos vida eterna en nuestra alma, vida espiritual en Su Reino, para tenernos vivos, con vida eterna, en Su Reino.

“Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera (o sea, viva eternamente).

Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

Para vivir eternamente necesitamos a Cristo, que es el Pan de vida eterna; y el que come de ese Pan, vivirá eternamente. Por cuanto es un Pan espiritual, Cristo, algunas personas se preguntan lo mismo que los judíos preguntaron aquí:

“Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

No es comernos literalmente Su carne, es por la fe y con la fe que está en el alma, creer de todo corazón en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, reconociendo que Su muerte en la Cruz del Calvario es el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, para obtener el perdón de nuestros pecados, ser limpios con Su Sangre, de todo pecado, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo; y obtener así la vida eterna, nacer en el Reino de Cristo a una nueva vida: a la vida eterna, y así estar seguros con Cristo en Su Reino eterno.

“Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.”

O sea, el que no coma la carne del Hijo del Hombre y beba Su Sangre, no tiene vida eterna dentro, allá en el alma. El que cree en Cristo tiene vida eterna; porque por la fe, al creer en Cristo, estamos comiendo Su carne y bebiendo Su Sangre, y Él nos da la vida que está en la Sangre, que es Su Espíritu Santo, y así nos imparte vida eterna.

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.

Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.”

Dictaba conferencias, predicaba en las sinagogas; era invitado a predicar y les predicaba, Él no tenía barreras.

Y ahora, en todo ese mensaje que les predicó encontramos que fue un tema en que hubo un poco de controversia de parte de los que lo escucharon, en contra del Mensaje de Jesús. Es que la verdad no se puede ajustar al gusto de las personas, son las personas que tienen que ajustar su forma de pensar y de creer a la Palabra verdadera. La verdad no se compromete con nadie, la verdad es la verdad la crean o no la crean, la verdad es la verdad estén de acuerdo o no estén de acuerdo con ella.

Por lo tanto, Jesucristo predicaba la verdad creyeran o no creyeran, por eso Él decía: “Y Yo hombre que hablo la verdad, vosotros no creéis,” por ahí por San Juan, capítulo 8, Él habla acerca de esto.

Es importante buscar la verdad y no dejar nunca la verdad. La verdad para el tiempo en que uno vive es la Palabra de Dios para el tiempo en que uno vive; y por lo tanto, ese es el alimento para el alma de la persona que vive en la Tierra, y esa Palabra es Cristo en forma de Palabra, en forma de mensaje.

Ahora veamos, cuando terminó la predicación y termina el culto de la sinagoga, vean lo que sucedió:

“Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? (Están criticando el Mensaje de Jesús, Sus propios discípulos).

Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende?

¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?

El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar.

Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.

Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él (no estaban de acuerdo con el Mensaje de Jesús, que era la revelación divina para el pueblo en ese tiempo).

Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros?

Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Pedro tenía esa revelación).

Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? (O sea, que volvió con algo duro, señalando que uno de ellos, de los doce, era el que lo entregaría, porque si era un diablo, un diablo no puede hacer nunca nada bueno).

Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.”

Por eso en medio del cristianismo nadie debe de escandalizarse si aparecen algunos diablos como Judas Iscariote; si con Jesús estaba, y eran doce nada más, cuánto más en grupos más grandes.

Siempre, cualquier persona que esté representada en Judas Iscariote, va a hacer en la misma forma que hizo Judas Iscariote: va a aparentar ser parte de los creyentes, va a aparentar ser un hombre espiritual, pero estará siempre buscando una falla; y aunque no la encuentre, va a decir que encontró una o más fallas para hacer lo que hizo Judas Iscariote: entregar a Cristo, la Palabra, al escarnio y a muchas otras cosas para que destruyan la Palabra de cada edad en la que estén viviendo cada uno de esos Judas Iscariotes.

Pero recuerden, Judas se suicidó cuando se dio cuenta del error que había cometido, pero él no tuvo oportunidad de regresar, había cruzado la línea entre juicio y misericordia, había vendido al Maestro. Toda persona que venda al Maestro, a Cristo, la Palabra, le pasará en la misma forma.

La Escritura dice que Judas fue y se ahorcó y se fue a su lugar, o sea, al infierno, que es el lugar de donde había venido, y fue el instrumento del diablo en el cual el diablo se encarnó para hacer aquella obra de entregar a Cristo.

O sea, que Judas Iscariote fue el anticristo de esos días, y el anticristo del Día Postrero está representado en Judas Iscariote, pero eso lo vamos a dejar quietecito para otra ocasión.

Ahora, lo importante para el creyente es lo que dice Cristo en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39:

“En el último y gran día de la fiesta...”

O sea, de la Fiesta de los Tabernáculos, porque aquí nos dice que era el día de esa Fiesta de los Tabernáculos. Dice:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Jesús fue glorificado, y el Día de Pentecostés vino el Espíritu Santo sobre todos los creyentes: ciento veinte, que estaban en el aposento alto en aquellos días.

Era un tiempo muy importante el Día de Pentecostés, el cual estaba reflejado en la fiesta del día cincuenta, desde... Contando desde el día que se ofrecía la gavilla mecida delante de Dios hasta contar cincuenta días, y el día cincuenta era el Día de Pentecostés, porque Pentecostés es cincuenta.

Y ahora, para recibir la otra porción que falta, que será la adopción física, la redención del cuerpo, será en un Año Cincuenta, Año de Pentecostés. El Año de Pentecostés representa el tiempo en que va a ocurrir la redención del cuerpo, la resurrección de los muertos creyentes en Cristo, y la transformación de los que estén vivos en el Día Postrero.

Por lo tanto, es un tiempo muy importante el que estamos viviendo en la actualidad; y todos los creyentes en Cristo de todos los grupos religiosos anhelan la Segunda Venida de Cristo, anhelan la resurrección de los muertos creyentes en Cristo y anhelan la transformación de los que estén vivos en la Tierra, de los que están vivos en la Tierra; porque son promesas divinas para todos los creyentes en Cristo. Y por consiguiente, anhelan oír la Palabra de Dios relacionada a todo el Programa Divino correspondiente a este tiempo final, correspondiente al Día Postrero; y eso será el alimento espiritual para el alma de todos los creyentes en Cristo.

Ese es el alimento por el cual la humanidad, los creyentes en Cristo, tienen hambre y sed: hambre y sed de oír la Palabra del Señor, la Palabra del Señor para este tiempo final, para obtener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y esa Palabra, por la cual tienen hambre los creyentes en Cristo, es la Palabra de Cristo, la Voz de Cristo, que está prometida que será hablada por el Espíritu Santo en el Día Postrero; y eso será la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final hablándole a Su Iglesia, hablándole al cristianismo y hablando para toda la humanidad.

A través de las etapas de la Iglesia hubo alimento espiritual a través de la trayectoria de la Iglesia, en la cual el Espíritu Santo estuvo hablando por medio de los diferentes mensajeros que Él envió; porque siempre ha tenido un mensajero a través del cual hablar. “Porque no hará nada el Señor, sin que antes revele sus secretos a Sus siervos, Sus profetas.” Amós, capítulo 3, verso 7.

Por lo tanto, habrá un territorio y un pueblo que estará escuchando la Palabra del Señor para este tiempo final; y por consiguiente, estarán escuchando la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, el Mensaje Final de Dios, el Mensaje que nos preparará para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; habrá un pueblo que estará comiendo ese alimento espiritual, la Palabra del Señor para este tiempo final, para el Día Postrero.

Todos los muertos escucharán la Voz del Hijo del Hombre y se levantarán, resucitarán para vida eterna. Todos los creyentes en Cristo, de edades pasadas y los que estén vivos, serán transformados para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, es importante saber que habrá en un territorio y en una nueva etapa de la Iglesia, alimento espiritual para el alma; porque no solamente de pan físico vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.

Y sale de la boca de Dios, siempre, a través de las diferentes etapas, desde Adán hacia acá, sale de la boca de Dios, que son los instrumentos de Dios, los mensajeros de Dios, los profetas de Dios; esos son la boca de Dios. Del corazón de Dios al corazón de un hombre, y del corazón de un hombre al pueblo; ese es el orden divino, es un alimento para el alma, para el corazón de cada ser humano.

No solamente de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios; hambre de oír la Palabra de Dios, oír la Palabra de Dios para hoy, para nuestro tiempo, oír la Palabra de Dios para el Día Postrero, lo cual será la Voz de Cristo, el Ángel fuerte que desciende del Cielo clamando como cuando ruge un león, y siete truenos emitiendo sus voces.

Esa es la Voz de Cristo como León, para darnos el alimento espiritual para el alma luego que termine el tiempo de la Dispensación de la Gracia, y luego que termine el tiempo del Mensaje correspondiente a las diferentes Edades de la Iglesia; luego viene el Mensaje de Gran Voz de Trompeta, el Mensaje del Ángel Fuerte que desciende de Cielo. Y eso será el alimento espiritual para el alma de todos los creyentes, para darles la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Hay hambre y sed en la Tierra, de oír la Palabra de Dios, el Mensaje Final de Dios, como hubo una sequía en el tiempo del profeta Elías, la cual él anunció por mandato divino en Primera de Reyes, capítulo 17, verso 1 en adelante. Y por el capítulo 18, versos *41 al *46, luego él anunció la lluvia cuando le fue dicho que vendría una grande lluvia sobre la Tierra.

Elías había dicho en el capítulo 17, verso 1 en adelante: “No habrá lluvia, ni aún rocío, sino por mi Palabra.” Así también será en este tiempo final: No habrá lluvia espiritual, no habrá agua y por consiguiente tampoco alimento espiritual, sino por la Palabra de Elías. Elías está prometido en Malaquías, capítulo 4:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Por lo tanto, habrá Palabra de Dios, habrá una gran lluvia que traerá un gran avivamiento para el alma de los seres humanos; y les dará vida. Esa lluvia será una lluvia espiritual que traerá vida para los creyentes en Cristo, traerá un avivamiento; y materializará Cristo todas las promesas que Él ha hecho para el Día Postrero.

Y muchos de los que estamos vivos tendremos el privilegio (como van las cosas) de ver la Segunda Venida de Cristo y los santos que vendrán con Él del Paraíso siendo resucitados en cuerpos glorificados, eternos, inmortales, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Y los que estemos vivos y los veamos, la promesa es que seremos transformados. Y yo estoy esperando mi transformación, yo estoy esperando ese momento glorioso prometido en la Palabra de Dios.

Yo anhelo mi transformación, por lo tanto, anhelo y espero la Segunda Venida de Cristo con los santos resucitados, como ha sido prometido; para que nosotros los que vivimos seamos transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

¿En qué tiempo estamos viviendo? Estamos viviendo en el tiempo en que hay hambre y sed de oír la Palabra de Dios, la Palabra del Señor para este tiempo final, el Mensaje que corresponde a este tiempo final.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y lo bautice con Espíritu Santo y Fuego cuando haya sido bautizado en agua en el Nombre del Señor. Para lo cual puede pasar al frente y oraremos por usted.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Por lo tanto, pueden pasar al frente donde se encuentran en otras naciones para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Dios tiene mucho pueblo en Puerto Rico, en el Caribe, todo el Caribe y en toda la América Latina; y los está llamando en este tiempo final para completar Su Iglesia y así terminar Su Obra de Intercesión en el Cielo, salir del Trono del Padre, tomar el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, abrirlo en el Cielo y hacer Su Obra de Reclamo.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para que también queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán viniendo en diferentes naciones, a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, estén listos:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que han estado recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en esta ocasión. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna por medio de Jesucristo. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida, creo en Tu Nombre como el Nombre único en el cual podemos ser salvos, creo en Ti como el Mesías prometido, como el Salvador del mundo, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Tu fe nació en mi corazón al escuchar la predicación de Tu Evangelio. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador; por lo cual me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor,” pues Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16); y la pregunta vuestra es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia, y Él mismo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Por lo tanto, es un mandamiento del Señor Jesucristo.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua y en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, porque estábamos en Él y con Él eternamente, por lo cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro aquí, reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Dejo a cada ministro en cada país y aquí dejo al ministro, reverendo José Benjamín Pérez, para continuar; y nos veremos el próximo domingo, Dios mediante, en la forma que sea, esperando estar aquí; pero si no estoy, entonces por el satélite.

Siempre estaré con ustedes y con el Mensaje para ustedes todo el tiempo. Que Dios les bendiga, les guarde, y les use grandemente en Su Reino en este tiempo final; y el domingo ya ha sido prometido que les van a mostrar algún video más de todo lo que está siendo llevado a cabo.

Así que los domingos es un día muy importante para alabar a Dios, para oír Su Palabra, para recibir las bendiciones, y para ver lo que está pasando en el Programa Divino.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“HAMBRE DE OÍR LA PALABRA DE DIOS HOY.”

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