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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos en San Lucas, capítulo 7, versos 11 al 17, donde nos dice:

“Aconteció después, que él (o sea, Jesús) iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.

Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.

Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.

Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.

Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.

Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.

Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.”

Tomamos para el tema de esta noche el verso 16, que dice:

“Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.”

“LA VISITACIÓN DE DIOS, LA MÁS GRANDE BENDICIÓN.” Es nuestro tema para esta ocasión.

A través de la Escritura, la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, podemos ver diferentes ocasiones en que Dios ha visitado a Su pueblo. Lo encontramos visitando a Su pueblo en cuerpo angelical, teofánico, como el Ángel del Pacto, Ángel de Dios; y también lo encontramos visitando a Su pueblo en un cuerpo de carne llamado: un profeta, en diferentes tiempos.

Lo encontramos a través del profeta Noé, de Enoc también, de Noé; lo encontramos visitando a Su pueblo a través del profeta Moisés, como también a través del profeta Abraham, Isaac y Jacob.

¿Cómo podemos ver a Dios visitando Su pueblo Israel en el tiempo de Abraham? Sencillo. El mismo Cristo dice: “Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó.” Le dicen los judíos: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” Cristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Y cómo podemos ver a Dios visitando a Su pueblo cuando todavía no había nacido Isaac y todavía no había nacido tampoco Jacob? Porque ellos estaban en los lomos de Abraham. Cuando diezmó Abraham a Melquisedec, Leví estaba diezmando a Dios.

Siempre, en las cuatro generaciones anteriores surge la vida; por lo tanto, contando Leví, Jacob, Isaac y Abraham: cuatro generaciones anteriores a Leví, allí estaba Leví; surge la vida en esa cuarta generación anterior.

Por eso también, cuando Dios dice que va a castigar a un pueblo o a un individuo, dice que... Vamos a leerlo del mismo Éxodo. Moisés quiso ver la gloria de Dios, pero Dios le dijo: “No me verá hombre y vivirá”, pero Dios le dijo que Él se iba a revelar a Moisés. Recuerden que Moisés también quería que Dios perdonara al pueblo. Capítulo 32 del Éxodo, verso 31 al 32, dice:

“Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro,

que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.

Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.”

Al que peque contra Dios, Dios dice que lo va a raer de Su Libro, del Libro de la Vida.

“Ve, pues, ahora, lleva a este pueblo a donde te he dicho; he aquí mi ángel irá delante de ti; pero en el día del castigo, yo castigaré en ellos su pecado.

Y Jehová hirió al pueblo, porque habían hecho el becerro que formó Aarón.”

Y ahora, el capítulo este, 32, dice que hirió Dios al pueblo por haber hecho el becerro de oro. Al hacer el becerro de oro estaban estableciendo la religión babilónica en medio del pueblo, la idolatría.

En el capítulo 33, verso 12 en adelante, dice:

“Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.

Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo.

Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.

Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?

Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.

El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria.

Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá.

Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña;

y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.

Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.”

Y luego cuando pasó delante de Moisés, Moisés estaba llevando unas tablas nuevas que Moisés cortó; porque las que Dios había hecho y había escrito los diez mandamientos y las había cortado Dios de la montaña y las había entregado a Moisés: Moisés las rompió, las quebró cuando bajó del monte y vio al pueblo con el becerro de oro en una fiesta pagana, una fiesta idólatra, de idolatría, que estaba llevando a cabo allí, adorando al becerro de oro.

Y ahora, Moisés sube al monte con unas tablas para Dios escribir los diez mandamientos de nuevo. En cierta parte también aparece como que Moisés es el que los tiene que escribir estando arriba en el monte ante la presencia de Dios. Capítulo 34, verso 4:

“Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.

Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová.

Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;

que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

Entonces Moisés, apresurándose, bajó la cabeza hacia el suelo y adoró.”

Vean cómo dice Dios:

“...que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.”

O sea, que algo que hicieron sus padres, hasta los nietos y bisnietos sería visitada la maldad de ellos. O sea, que el bisabuelo, algo que hiciera, iba a perjudicar a sus nietos y a sus bisnietos también; en la tercera y cuarta generación vendría el juicio divino por aquello que había hecho el abuelo o bisabuelo. Es que ya estaba en el abuelo y en el bisabuelo: el nieto y el bisnieto; su cuerpo ya había surgido quizás en forma microscópica, y luego va pasando del bisabuelo al abuelo, y del abuelo al padre, y del padre al nieto o bisnieto.

Y ahora, la visitación de Dios es para juicio y también, para otros, para bendición. La edad o edades de restauración son la Edad Luterana, donde comienza la restauración con Lutero; luego pasa a la segunda edad de restauración: la Edad de Wesley; luego pasa a la Edad Pentecostal en donde envió también un mensajero, un profeta: el reverendo William Branham. Ahí tiene tres generaciones.

Y luego pasamos a la cuarta generación: la Edad de la Piedra Angular. Dios visitó en la tercera generación, la generación pentecostal, a Su pueblo, para bendición a través del reverendo William Branham, en quien estaba la presencia de Dios visitando a Su pueblo, a Su Iglesia.

Y para este día final pasa en la cuarta generación, la generación de la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia, en donde estará visitando a Su Iglesia para bendición: hablándole palabras de bendición, abriéndole las Escrituras, hablándole la Palabra que está prometida para nuestro tiempo y abriéndole esas Escrituras; y a medida que van cumpliéndose, dándoselas a conocer, revelándole a Su Iglesia todas esas promesas que corresponden a nuestro tiempo; y mostrándole el cumplimiento de ellas en esta cuarta generación de restauración, donde llega a la restauración total la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahí es la visitación para la Iglesia en este tiempo final. Y como siempre lo ha hecho, lo hará en nuestro tiempo. La visitación de Dios para nuestro tiempo es para darnos la más grande bendición de todos los tiempos.

Visitó a Su Iglesia, de edad en edad, para bendición, para Cristo multiplicarse en hijos e hijas de Dios por medio de esa unión amorosa en y de cada edad, manifestándose en carne humana en el mensajero correspondiente a cada tiempo.

Y para nuestro tiempo, Malaquías 4 dice: “He aquí, yo os envío el profeta Elías (o Elías el profeta), antes que venga el día grande del señor.” Vamos a leerlo. Capítulo 4, verso 5 al 6, de Malaquías:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.”

Antes de la gran tribulación, Dios envía al profeta Elías, lo cual es el Espíritu Santo operando el ministerio de Elías en otro velo de carne, otro hombre; así lo hizo en Eliseo (con una doble porción), así lo hizo en Juan el Bautista precursando la Primera Venida de Cristo, y así lo hizo en el reverendo William Branham; y así lo hará en el cumplimiento de los Dos Olivos, de los Dos Candeleros de oro, que son los ministerios de Moisés y Elías. Para lo cual, tenemos en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”

El reverendo William Branham hablando de ese Ángel del Señor Jesucristo, dice que ese Ángel es un espíritu de profeta, es un profeta; y dice: “Pudo ser Elías, o alguno de los profetas.” O sea, el espíritu de un profeta siendo enviado a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Envió un espíritu de profeta cuando envío al reverendo William Branham, un espíritu de profeta en un cuerpo de carne; y eso fue por cuarta ocasión. Primero fue en Elías Tisbita, después fue en Eliseo, después en Juan el Bautista por tercera ocasión; y por cuarta ocasión el reverendo William Branham. Y lo enviará por quinta ocasión como uno de los Dos Olivos, conforme a Apocalipsis, capítulo 11; y enviará el ministerio de Moisés también, un profeta como Moisés. Estos ministerios los opera el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, en cada tiempo correspondiente.

En Apocalipsis, capítulo 22 también, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias.”

¿Ve? Este Ángel del Señor Jesucristo, del cual el reverendo William Branham dice que es un espíritu de profeta, y dice: “Pudo ser o puede ser Elías,” dice que es un profeta.

Y después del precursor de la Segunda Venida de Cristo con el espíritu y virtud de Elías, vendrá el ministerio de Elías, el de Moisés y el de Jesús, como fue mostrado en el Monte de la Transfiguración. Entre medio del cuarto Elías y el quinto Elías, y el segundo Moisés o tercer Moisés, y el ministerio de Cristo después del cuarto Elías, no hay otra cosa: solamente Elías, Moisés y Jesús en la visitación más grande que jamás la Iglesia haya tenido.

Para los judíos la venida de Elías será un hombre del tiempo final proclamando la paz imperecedera; por lo tanto hay que vigilarlo proclamando la paz imperecedera, es el que sabrá cómo vendrá la paz permanente.

Y si viviéramos en el tiempo de Moisés, en ese tiempo en que él estaba con el pueblo de Israel en el desierto, cualquiera podría decir: “Yo veo un pueblo que está acampando en tal lugar; y veo un hombre allá, que entra y sale a un templo, a un tabernáculo; veo un hombre que viene con un tabernáculo y un pueblo,” ese es Moisés, un profeta dispensacional que recibió la revelación de construir un templo para Dios, un tabernáculo con pieles de tejón, una tienda, un tabernáculo.

Por lo tanto, estaremos vigilando al Moisés prometido, que será un hombre como fue Moisés: un profeta dispensacional. Y lo que nos llama la atención es que venía con un templo, con un tabernáculo, en donde Dios estaba manifestado; un hombre en el cual estaba velado la Columna de Fuego y el cual conocía el Nombre de Dios que le fue revelado.

Y tenemos la promesa de los Dos Olivos, que son los ministerios de Moisés y Elías para el tiempo final, mostrados en el Monte de la Transfiguración, apareciendo cada uno de ellos al lado del Señor.

Cuando bajan del Monte de la Transfiguración en el capítulo 17 de San Mateo, por cuanto habían visto  a Moisés y a Elías allá, dicen: “Señor, ¿por qué dicen los escribas que Elías tiene que venir primero?” Ellos lo estaban viendo allá. Cristo les dice: “A la verdad, Elías vendrá primero, y restaurará todas las cosas.” Por lo tanto, Elías vendrá restaurando, la restauración de la Iglesia, la restauración de las tribus perdidas... o sea, que tendrá que ver con la Iglesia y con el pueblo hebreo.

En su cuarta manifestación tuvo que ver con la Iglesia, en la quinta manifestación tendrá que ver con la Iglesia y con el pueblo hebreo. Por eso viene con Moisés, porque Moisés fue el dador de la Ley.

E Israel verá a Cristo viniendo por Su Iglesia, pues Cristo ha prometido venir por Su Iglesia, el cual es el Ángel del Pacto que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, con el Librito abierto en Su mano, el Libro sellado con siete sellos; y clamando como cuando ruge un león, porque ya tiene el Título de Propiedad y ya lo trae abierto a Su Iglesia; para lo cual tiene que tener un instrumento, un profeta, al cual puede venir la Palabra, al cual puede Cristo traer el Título de Propiedad. Y eso es un evento muy importante, porque sin el Titulo de Propiedad no puede ocurrir la resurrección y el rapto.

Ese es el Título de Propiedad que tenía Adán y lo perdió cuando pecó. El diablo no lo pudo tomar, Dios lo tomó; y lo mantiene en Su diestra hasta que llegue el momento de Cristo terminar Su Obra de Intercesión en el Cielo y tomar el Título de Propiedad, abrirlo, y hacer Su Obra de Reclamo, Su Obra de Reclamo como León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, y con un Nombre Nuevo.

Él mismo dice en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, y vamos a leerlo... Y si Cristo lo dice, así es, lo entendamos o no lo entendamos; porque la verdad es la verdad, la entiendan o no la entiendan las personas. Capítulo 3, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios (o sea, una persona importante).”

Como Jacobo o Santiago, el hermano del Señor Jesucristo, dice San Pablo que Pedro y Santiago eran las columnas allá en la Iglesia primitiva; no quiere decir que eran columnas de cemento o metal sino que eran las personas más importantes.

“...y nunca más...”

Ahora vean dónde es: en el Templo de Dios, en el Nuevo Testamento, bajo el Nuevo Pacto. El Templo de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo.

“...y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios...”

¿Cómo lo escribirá Él? Dios sabe cómo escribirlo. Si escribió en las dos tablas de piedra, ¡cómo no va a saber escribir!

“... y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”

Si Él dice que tiene un Nombre Nuevo, ¿quién va a decir que no? El que la gente no sepa cuál es, no significa que no tiene un Nombre Nuevo; Él lo dice, Él lo sabe.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Es el Espíritu Santo hablando estas cosas, Cristo en Espíritu Santo.

Y ahora, ¿por qué no lo entiende la gente? ¿Y quién entonces es el que lo entiende? Vamos a ver. Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 en adelante, dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.”

Hay alguien que lo conoce: Él mismo.

“Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.”

Esos son los creyentes en Cristo que resucitarán en cuerpos glorificados, y los vivos serán transformados; y luego de la Cena de las Bodas del Cordero regresarán con Cristo para comenzar el Reino del Mesías, el Reino Milenial.

“De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.”

Una espada aguda: la Palabra.

“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.”

Por lo tanto, el Nombre Nuevo del Señor, el Nombre que nadie entiende sino Él mismo, es con el cual Él reinará como Rey de reyes y Señor de señores, y como León de la tribu de Judá. Ese Nombre tiene que ver con la Segunda Venida de Cristo.

Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, nos dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”

Aquel que lo recibe: aquel sobre el cual Dios lo va a escribir. Por lo tanto, habrá alguien que lo va a saber, lo dé a conocer o no lo dé a conocer. Aunque lo guarde para él, habrá alguien que conocerá ese misterio. Y eso lo vamos a ver más claro en la Tercera Etapa, que será cumplida en una Gran Carpa-Catedral que le fue mostrada al reverendo William Branham. Ahí vamos a entender mucho mejor estos misterios.

Y si para ese tiempo en que comience el cumplimiento de esa Visión de la Carpa, si todavía Cristo no ha salido del Trono de Intercesión, mientras esté en pleno cumplimiento, en algún momento saldrá... completará Su Iglesia y saldrá del Trono de Intercesión. Entonces de ahí en adelante las cosas van a cambiar en la visitación de Dios, la más grande bendición para los creyentes, pero que para los incrédulos será de juicio siendo hablado y siendo cumplido gradualmente ese juicio divino, como fue en los días de Noé y como fue en los días de Lot. En ambos, en esa visitación, fue para juicio de los incrédulos pero para bendición de los creyentes Abraham y su familia. Y para este tiempo: para los descendientes de Abraham, los hijos de Abraham por la fe en Cristo, y los hijos de Abraham según la carne: Israel.

En el cumplimiento de la Visón de la Carpa, la Tercera Etapa se cumplirá; y la Tercera Etapa será para la Iglesia-Novia, para las insensatas (vírgenes insensatas) y para los perdidos que no podrán obtener misericordia porque ya se le habrá hecho tarde a ellos, ya Cristo habrá salido del Trono de Intercesión; y por consiguiente, también los judíos serán impactados.

No queremos que nos pase por encima la visitación de Dios prometida para este tiempo final.

Hemos visto cómo Dios ha hecho Su visitación a Su pueblo, a la descendencia de Abraham, en diferentes tiempos, y cómo le ha estado hablando por medio de Sus profetas en cada una de Sus visitaciones.

Por lo tanto, habrá un instrumento en el cual los ministerios prometidos para el tiempo final serán manifestados; y ahí vendrá esa visitación a los hijos de Abraham por la fe en Cristo, la visitación de Dios a Su Iglesia en el Día Postrero, en la cuarta generación de restauración, que es la generación de la Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo.

“LA VISITACIÓN DE DIOS, LA MÁS GRANDE BENDICIÓN.”

¿Para quién? Para todos nosotros.

Que las bendiciones prometidas para la visitación de Dios a Su Iglesia en la cuarta generación de la Edad Luterana hacia acá, sean sobre ustedes y sobre mí también; y pronto nos transforme y nos lleve con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted; para lo cual, puede pasar al frente y oraremos por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.

Vamos a dar unos minutos mientras se da la oportunidad que cualquier persona que no ha recibido a Cristo lo pueda recibir en estos momentos.

Dios tiene mucho pueblo en todo Centroamérica, en Suramérica, y en el Caribe, y los está llamando en este tiempo final; y en muchos otros pueblos también.

Él va a completar Su Iglesia de un momento a otro, y entonces habrá terminado Su Obra de Intercesión en el Cielo y saldrá como León de la tribu de Judá para reclamar el Título, tomar el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, y abrirlo en el Cielo y hacer Su Obra de Reclamo. Y todo eso es para la visitación de Dios a Su Iglesia en este tiempo final.

Hemos visto el tiempo para esta visitación final de Dios. Es el tiempo de la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular.

La Edad de Piedra Angular del Día Postrero de la Iglesia, es paralela a la Edad de Piedra Angular de los días de Jesús.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, para lo cual inclinemos nuestros rostros.

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Haz realidad en mi vida la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado. Por lo tanto, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, ¿cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han recibido a Cristo como Salvador, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y dejo con ustedes al reverendo David para que les indique cómo hacer y cuándo, para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Continúen pasando todos, una noche feliz. Dios les bendiga.

“LA VISITACIÓN DE DIOS, LA MÁS GRANDE BENDICIÓN.”

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