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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes aquí en Bogotá, Colombia, y a todos los que están en diferentes lugares de la República de Colombia y de otras naciones; y un saludo muy especial para la Iglesia La Gran Carpa Catedral, allá en Puerto Rico.

Que las bendiciones de Cristo sean sobre todos ustedes y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Y que nos hable Cristo por Su Espíritu, Su Palabra, nos abra Su Palabra y nos enseñe y nos dé el crecimiento, la fe, en una manera grande. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Quiero saludar también al Gabinete Internacional de Proyectos de la Embajada de Activistas por la Paz, que tuvieron su primera reunión aquí en Bogotá, donde estuvieron planificando y elaborando proyectos en favor de la familia humana.

También quiero expresarles mi agradecimiento a todos los que apoyan al programa de televisión: “Alimento para el Alma,” y los exhorto a que continúen apoyando al doctor Camilo Montoya en este programa, que se transmite los sábados de 2:30 a 3:00 p.m. ¿Por qué canal? Por el canal 1, así que es fácil de recordar. Es una bendición grande este programa de televisión, pues ayuda a todas las personas, desde los niños hasta los adultos.

También, si está el senador Edgar Espíndola Niño presente: Que Dios le bendiga y le guarde y le use grandemente como Senador en todas estas acciones políticas que él lleva a cabo en favor del pueblo de Colombia. Él ha estado apoyando también a la Embajada de Activistas por la Paz, y también ha estado apoyando a todo proyecto que le hemos presentado para que lo presente allá en el gobierno.

Es un Senador creyente en Cristo, por lo tanto, busca el bienestar de todos con su mirada puesta en Cristo. Esperamos que ahora... ya tiene dos términos, y va para el tercer término como candidato a Senador de nuevo, y oremos por él para que Dios le permita servir cuatro años más. ¿Cuatro años más, son los términos? Cuatro años más. Para que ayude con sus gestiones políticas a Colombia. Cuando un parlamentario es creyente en Jesucristo, tiene un sentir muy profundo de amor por el pueblo, y por Dios sobre todo, y puede amar a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo.

Leemos en San Lucas, capítulo 17, verso 5 al 6, donde dice:

“Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.

Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla; y haga como hizo con los caminantes de Emaús, que les abrió las Escrituras: Que Cristo nos abra las Escrituras para poderlas entender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE.” Fue la petición de Sus apóstoles en aquella ocasión.

Recordando las diferentes ocasiones en que Cristo les decía a ellos, por ejemplo en la ocasión de una tempestad donde estaban muy asustados, Él les dice: “Hombres de poca fe, no temáis.” A Pedro también, cuando se hundía, le dice: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” Lo cual nos muestra que hay mucha fe, y poca fe; mucha fe en algunos y poca fe en otros. A una mujer gentil le dice: “Mujer, grande es tu fe.” A otro le dice: “Ni en Israel he hallado fe tan grande, tanta fe.”

Todo lo que tiene vida, crece; todo lo que tiene vida, tiene un tamaño, poco tamaño o mucho tamaño; y así también es la fe.

Vean, en los días de Juan el Bautista y Jesús, cuando eran niñitos todavía, dice en San Lucas, capítulo 2, verso 40 y verso 52; el verso 40, hablando de Juan el Bautista, dice… Aquí habla de Jesús:

“Después de haber cumplido con todo lo prescrito en la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.”

Y el verso 52, dice:

“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.”

Todo lo que tiene vida, crece; comienza pequeño, pero va creciendo hasta que llega a la estatura máxima, ya sea en conocimiento o en estatura física o en alguna otra cosa.

La Escritura nos dice que crezcamos en el conocimiento de Dios. O sea, que no nos quedemos solamente con haber recibido a Cristo como Salvador, sino que profundicemos en el Programa de Redención de Cristo a través del Evangelio de Cristo en los evangelios y en las cartas apostólicas; también tenemos los mensajeros de diferentes etapas de la Iglesia, los mensajes del reverendo William Branham también.

Todo eso nos ayuda a crecer en el conocimiento del Señor, para conocerlo mejor; y mientras mejor uno conoce a una persona, más lo ama, y sobre todo a nuestro amado Señor Jesucristo.

San Pablo dice que en Cristo están... Vamos a leerlo aquí: Colosenses, capítulo 2, versos 1 en adelante, dice:

“Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro;

para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

O sea, que en Cristo está escondido todo el conocimiento y sabiduría de Dios, por eso la Escritura dice que Cristo es sabiduría de Dios.

Toda la sabiduría de Dios está en Cristo, porque en Jesucristo está la plenitud de la Divinidad; fue por medio de Cristo que Dios creó todas las cosas, las que están en los Cielos y las que están en la Tierra, las que están en esta dimensión terrenal y las que están en otras dimensiones; porque lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía.

Jesucristo es la persona más sabia que ha pisado este planeta Tierra, más sabio que cualquier persona sabia que haya vivido en el pasado o en el presente; aunque muchas personas lo han tenido como una persona común, un sencillo carpintero de Nazaret, pero ese carpintero de Nazaret fue el instrumento a través del cual Dios construyó, creó, el universo completo. Veamos si esto es así o no: Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas (¿cómo Dios habla? por medio de los profetas),

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo (heredero de toda la Creación), y por quien asimismo hizo el universo (fue por medio de Jesucristo que Dios hizo el universo);

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia...”

La imagen de Dios: Jesucristo, Cristo en Espíritu Santo, Cristo en teofanía, el cual es llamado el Ángel del Pacto, a través del cual Dios le dio a Moisés la Ley para el pueblo hebreo. Fue Dios por medio de Moisés, a través de Su Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, que libertó al pueblo hebreo y lo llevó hasta el Monte Sinaí, donde le dio las tablas de la Ley a Moisés.

Fue Cristo; por eso Él podía decir en una ocasión en San Juan, capítulo 8, versos 47 al 58: “El que es de Dios, la voz de Dios oye.” Y también dijo: “Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó.” Eso fue cuando el Señor le apareció con los dos Ángeles Gabriel y Miguel a la hora del mediodía; y Abraham lo invitó a almorzar una ternera, becerro tierno, con tortillas de harina y mantequilla, leche, todas estas cosas para un invitado, para un visitante especial: un ser de otra dimensión visitando a Abraham con Sus Arcángeles Gabriel y Miguel, siendo bienvenido en la casa de Abraham, en la familia de Abraham, como lo ha sido en la familia de Abraham: el pueblo hebreo, y la familia de Abraham: la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ese mismo que estuvo allá visitando a Abraham, es Cristo, el cual ha estado visitando a la descendencia de Abraham según la fe, la Iglesia del Señor Jesucristo, de edad en edad, y en nuestro tiempo está también con nosotros. Él dijo, Él lo prometió: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20)

Y en otra ocasión dijo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, ahí yo estaré.” [San Mateo 18:20]. Son los creyentes en Cristo que se reúnen en el Nombre del Señor Jesucristo en el país donde viven, en el tiempo que les toca vivir en la Tierra; esos son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Sigue diciendo... Ya vemos qué es la imagen de Dios: es el cuerpo angelical de Dios, cuerpo teofánico llamado el Ángel del Pacto, en el cual... dice el Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23, hablando de ese Ángel, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”

El Nombre de Dios que tantas personas han deseado conocer… y el mismo Moisés en el capítulo 3 del Éxodo estuvo muy preocupado porque no conocía el Nombre de Dios, y Dios lo estaba enviando a libertar al pueblo hebreo que estaba en Egipto esclavizado, y Moisés le dice de la siguiente manera a Dios: Capítulo 3, verso 10 en adelante, del Éxodo, dice.

“Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?

Y él respondió: Vé, porque yo estaré contigo (y eso es lo importante: que Dios estaría con Moisés); y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte (sobre el Monte Sinaí).

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy.  Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros.

Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.”

Aquí Moisés obtuvo la revelación divina del Nombre de Dios, y por esa causa le colocó a su servidor, le colocó por nombre Josué; su nombre era Oseas hijo de Nun, y le colocó un nuevo nombre: Josué; porque está ahí colocando el Nombre de Dios al que los va a llevar al otro lado del Jordán luego que termine Moisés su labor de profeta y de mensajero libertador del pueblo hebreo (aunque el ministerio de Moisés se repite para el tiempo final).

También en los días de Jesús, Jesús fue un profeta como Moisés; y para el Día Postrero tenemos la promesa en Apocalipsis, capítulo 11, que habrá un profeta como Moisés y habrá también un profeta como Elías; son esos ministerios siendo operados por el Espíritu Santo, en el Día Postrero, en carne humana.

Y aun el ministerio de Cristo será repetido en el tiempo final, lo cual fue reflejado en el apóstol Pedro y en el apóstol Pablo también; ellos fueron el tipo y figura también de Moisés y Elías, de los Dos Olivos.

El Nombre de Dios estaba también en Jesús, porque en Él estaba habitando la plenitud de Dios, por eso Cristo dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre.” Él vino en el Nombre del Padre, aunque no lo pudieron entender en aquel entonces. Él vino con el nombre Yeshua, que ha sido traducido al español como Jesús; el Ángel le dio el nombre, a María, que le tenía que poner al niño que iba a nacer de ella.

El Nombre de Dios es el misterio más grande de todos los nombres que han sido escuchados. Moisés conocía el Nombre de Dios, lo conoció luego Aarón también, Josué también, y otros profetas también. Es un misterio.

Y aun Jesús dice que Él tiene un nuevo Nombre que ha recibido; el misterio se aumenta. Pero todo eso será revelado en este tiempo final, en la apertura del Séptimo Sello, que es la Venida del Señor a Su Iglesia.

En Apocalipsis, capítulo 19, versos 11 en adelante, nos habla de un jinete que viene en un caballo blanco y Su Nombre es “El Verbo de Dios”; y nadie conoce ese Nombre sino Él mismo. Y dice que tiene escrito sobre Su vestidura y sobre Su muslo: “Rey de reyes y Señor de señores.” Nos habla de la Venida del Señor para el Día Postrero como Rey de reyes y Señor de señores, como el León de la tribu de Judá y como Juez de toda la Tierra.

También dice que va a escribir sobre el vencedor “el Nombre de nuestro Dios, Nombre de la ciudad de nuestro Dios, la Nueva Jerusalén, y Su Nombre Nuevo.” Apocalipsis, capítulo 3, verso 12.

Por lo tanto, hay grandes promesas para los creyentes en Cristo que viven en este tiempo final.

Cristo está como Sumo Sacerdote en el Cielo, en el Templo celestial, en el Lugar Santísimo, en el Trono de Intercesión, haciendo intercesión con Su Sangre por todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador; y luego Él los perdona y con Su Sangre los limpia de todo pecado; y luego que son bautizados en agua, la promesa es que Él los bautizará con Espíritu Santo y Fuego, y así producirá el nuevo nacimiento; porque el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios, dijo Cristo a Nicodemo en el capítulo 3, verso 1 al 6, del Evangelio según San Juan.

Toda persona quiere entrar al Reino de Dios; toda persona desea vivir eternamente y saber, a través del Evangelio de Cristo y cartas apostólicas, que toda persona tiene la oportunidad de vivir eternamente recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Es una oportunidad que no podemos dejar pasar en nuestra vida; es la oportunidad más grande y única, de vida eterna, que todo ser humano tiene para poder, algún día, si muere, levantarse de nuevo en un cuerpo eterno y glorificado y joven; y si permanece vivo, ser transformado en la Venida del Señor.

Por lo tanto, no podemos perder la oportunidad que nos da Dios por medio de Cristo, de obtener la vida eterna. El mismo Cristo dijo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

(San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30). El verso 30 dice: “El Padre y yo una cosa somos.”

Dios es uno. “Oye, Israel: el Señor vuestro Dios, uno es.” [Deuteronomio 6:4] Algunos piensan que es tres, pero entonces serían tres dioses. Es igual que nosotros: aparentemente somos tres, pero somos una sola persona, pero tenemos un cuerpo físico… y algunas personas, cuando muere la persona dicen: “Se murió fulano de tal.” La persona no se ha muerto, está viva. ¿No dijo Cristo así también?

En algunas ocasiones… por ejemplo cuando resucitó a algunos jóvenes o niños, decía: “La niña no está muerta,” o “el niño no está muerto,” o “Lázaro no está muerto.” Y cualquier persona podía reírse: “Sí, vimos que estaba muerto, y fue enterrado, ¡y ahora Jesús decir que no está muerto!”

La persona no está muerta, lo que está muerto es el cuerpo físico, que es la casa terrenal de la persona, un templo humano, pero la persona es alma viviente, y por consiguiente la persona sigue viviendo; y el espíritu de la persona es un cuerpo parecido al físico, pero de otra dimensión, por lo tanto, ese cuerpo espiritual tampoco está muerto.

Solamente en la segunda muerte es donde vendrá a ser mortal el cuerpo espiritual y el alma de muchas personas que han despreciado la oportunidad de vida eterna; eso será la segunda muerte.

Pero tenemos la oportunidad de no morir en la segunda muerte: recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, para que Él nos coloque en Su Reino de Luz y vida eterna, para vivir con Él en Su Reino por el Milenio y por toda la eternidad.

“Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás.” Vivirán, por consiguiente, por toda la eternidad.

Jesucristo, vean ustedes, es la persona más sabia, no solamente de la Tierra sino del universo completo, pues Él fue el que creó el universo; o en palabras más claras: Dios a través de Él, porque Cristo antes de tener el cuerpo de carne, tenía el cuerpo angelical.

El Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo angelical, Cristo en Espíritu Santo, y Dios moraba y mora en ese cuerpo angelical, que es la imagen del Dios viviente; así como la imagen suya y mía es el espíritu que tenemos, que tiene cinco sentidos también, como el cuerpo tiene cinco sentidos; el cuerpo tiene cinco sentidos para comunicarse con las cosas terrenales, y el espíritu tiene cinco sentidos para comunicarse con las cosas espirituales, con las cosas no tangibles.

Por eso el cuerpo tiene vista, olfato, oído, gusto y tacto; algunas veces perdemos un poco la vista, pero tratamos de resolver con lentes, y eso ya se puede resolver un poco; pero hay otros sentidos del cuerpo físico que cuando se pierden, no se pueden recuperar.

Y luego los sentidos del espíritu de la persona… Recuerden que el ser humano cada día es más sabio, porque aún en eso también se crece: en conocimiento, en sabiduría. Y la persona en su espíritu es que es educada: por medio de las enseñanzas se educa la persona en su espíritu, es su espíritu el que aprende, porque va creciendo en conocimiento a través de la enseñanza, pero el alma...

Vean, el espíritu tiene cinco sentidos:

Imaginación. Algunas veces a algunas personas se les atrofió ese sentido, no tienen imaginación.

Razón. Algunos también, no razonan, no dejan funcionar el sentido de la razón.

Afecto, otro sentido. Algunas personas tienen poco afecto, otras tienen más, hacia Dios, hacia su familia y hacia su prójimo; pero en todos estos sentidos debemos dar al máximo.

Conciencia.

Y memoria. Algunas veces cuando ya se llega a cierta edad la memoria falla, hay que ayudarla con algunos medicamentos, vitaminas y eso, para que no falle la memoria.

Y el alma, que es lo que es la persona, tiene un solo sentido: el libro albedrío, para creer o dudar; y por lo tanto, lo convierte en un creyente en Dios y Su Palabra, o en un incrédulo a Dios y Su Palabra; y también en un creyente a las cosas que son posibles, si cree; porque si tiene fe, si la fe funciona en la persona… porque con el libre albedrío la persona tiene la fe para creer o incredulidad para dudar.

Cuando se predica el Evangelio de Cristo se va directo al alma, y por eso se le da la oportunidad a las personas que nazca la fe de Cristo en su alma, en su corazón; y en muchos casos algunos predicadores dicen: “Dale tu corazón a Cristo,” o “dale tu alma a Cristo,” porque “con el corazón (el alma) se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

Esa confesión sale del alma, pasa por el espíritu y llega a la boca, donde confiesa públicamente a Cristo como único y suficiente Salvador; así es que funciona el ser humano y así es como Dios obra en el ser humano.

Ahora, ¿qué si investigamos algo acerca de Dios? Porque si Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, entonces si estudiamos al ser humano y descubrimos cómo está constituido: Alma (que es lo que es la persona), espíritu (el cuerpo espiritual) y cuerpo físico. Eso es a imagen y semejanza de Dios:

Dios: Padre, que equivale al alma; Espíritu, Espíritu Santo o cuerpo angelical o teofánico: el Ángel del Pacto; y cuerpo físico: Jesucristo, el cuerpo físico, el cual es el templo humano de Dios.

Dijo Cristo: “Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré.” Pensaban que hablaba del templo de piedras, pero allí estaba la piedra más grande: la Piedra Angular, Cristo, la Piedra del Ángulo; y estaba hablando de Su templo, de Su cuerpo como el templo donde habitaba Dios en toda Su plenitud.

Lo destruyeron, lo mataron, pero lo resucitó al tercer día como Él había dicho; entonces entendieron Sus discípulos que les había hablado acerca de Su cuerpo físico. Y la Escritura dice, San Pablo dice, que somos templo de Dios, somos piedras vivas también.

Todo lo que Cristo es, lo son también todos los creyentes en Él. Él es Rey, Rey de reyes, los creyentes en Él son reyes. Él es el Sumo Sacerdote, los creyentes en Él son sacerdotes también. Él es el Juez que juzgará a los vivos y a los muertos, y los creyentes en Cristo son jueces también: “Los santos juzgarán al mundo, y aun a los ángeles,” dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 6, versos 1 al 3. Del verso 2, dice, en adelante:

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?

¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?”

Los santos van a juzgar al mundo y van a juzgar también a los ángeles, los ángeles que se rebelaron en contra de Dios; y Cristo es el Juez Supremo; por lo tanto, el poder judicial pertenece a Cristo y a Su Iglesia.

Y también el poder político pertenece a Cristo y a Su Iglesia: Cristo como Rey y los creyentes en Cristo como reyes.

Y el poder religioso o espiritual pertenecen a Cristo y a Su Iglesia: Cristo el Sumo Sacerdote, y los creyentes en Cristo sacerdotes de ese Orden sacerdotal de Melquisedec.

Y el Reino pertenece a Cristo y a Su Iglesia. Cristo es el heredero del Reino y Trono de David, por lo tanto, Cristo es el Hijo de David, el David mayor, mayor que el rey David. Él mismo dijo también: “He aquí uno mayor que Salomón,” aun mayor que Salomón. Ahora, les debo una Escritura aquí: capítulo 2 de Primera de Corintios, verso 6 en adelante, dice:

“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen (o sea, San Pablo habló de la sabiduría entre los que han alcanzado madurez, los que han crecido en conocimiento).

Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,

la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.

Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña (‘porque el Espíritu’: el Espíritu Santo, ‘porque el Espíritu todo lo escudriña’), aun lo profundo de Dios.”

¿Cómo es que Dios revela Sus misterios? ¿Cómo es que Dios da sabiduría al pueblo? Por medio del Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, que es Cristo en Espíritu, en cuerpo angelical. Aun la Creación fue hecha por Dios a través de Su cuerpo angelical, de Su cuerpo teofánico, que es Cristo, el Ángel del Pacto.

“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él?”

O sea, las cosas de cada uno de ustedes las conoce el espíritu suyo que está en su cuerpo habitando, y por eso a través de los sentidos del espíritu usted obtiene ese conocimiento, cada persona entonces se conoce a sí mismo.

“Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.”

Por eso toda cosa que Dios quiera revelar a Su pueblo será por medio de Su Espíritu, Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto; y para eso encontramos en los días de los profetas, de Adán hasta Jesús, que el Espíritu Santo hablaba, revelaba esos misterios divinos al pueblo, usando un velo de carne llamado: un profeta. Por eso en Zacarías, capítulo 7, nos dice la forma de Dios hablar. Capítulo 7, verso 11 al 12, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

¿Cómo era que Dios le hablaba al pueblo? Por medio de Su Espíritu a través de los profetas. O sea, Dios en Su cuerpo espiritual, el Ángel del Pacto, manifestado en cada uno de esos profetas, hablaba usando la voz de cada uno de esos profetas. Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (esto fue en la Cruz del Calvario), se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

Cristo mismo había dicho que Él se sentaría a la diestra de Dios (San Mateo, capítulo 26, verso 64; y San Marcos, capítulo 14, versos 61 al 65); y luego lo encontramos en el Cielo, sentado a la diestra de Dios; pero Él dijo: “estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Por lo tanto, en Espíritu Santo ha estado con Su Iglesia desde el Día de Pentecostés hasta nuestro tiempo, y continuará con nosotros hasta que complete Su Iglesia, resucite a los muertos creyentes en Él y transforme a los que están vivos creyentes en Él, y nos lleve a la Cena de las Bodas del Cordero.

Pero habrá una brecha, en donde habrá una manifestación plena de Dios y Su poder, en donde sucederán cosas que toda persona se dará cuenta que solamente Dios las puede llevar a cabo.

Está prometida una bendición grande para los creyentes en Cristo que viven en este tiempo final. Habrá una Gran Carpa-Catedral, dijo el reverendo William Branham, el cual la vio, y en donde estaba Dios y en donde estaba la presencia del Ángel del Pacto, donde estaba aquella Luz que le apareció a Moisés en una zarza allá en el desierto, la Columna de Fuego que libertó al pueblo hebreo, el cual es Cristo, y lo llevó al Monte Sinaí; y les alumbraba el camino de noche, y de día era una nube que los protegía del sol.

O sea, que iban por el desierto con aire acondicionado y con Luz Divina. No tenían que pagar recibos de luz, recibos de energía eléctrica, o sea, tenían todo.

Ese mismo Dios ha estado con Su Iglesia, y en este tiempo final va a manifestarse plenamente en la adopción de los hijos e hijas de Dios, de los cuales habla San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante, donde nos dice que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, Señor nuestro; y comienza a hablar de que la naturaleza gime a una, y a una está de parto, con dolores de parto, hasta ahora, esperando, clamando, esperando la adopción, la manifestación de los hijos de Dios; manifestación en donde obtendrán el cuerpo angelical no solamente, sino (porque ya ese lo tienen)… sino también el cuerpo físico, eterno, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad.

Y cuando la persona sea transformada, que será cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados, y se mire en el espejo y diga: “Este era el cuerpo que Dios, mi Padre celestial, predestinó para mí desde antes de la fundación del mundo.” Podrán decir también: “El que tenía primero le encontraba algunas fallitas, ya sea en el rostro o en el resto del cuerpo, pero en este no le encuentro ninguna falla.” Cuerpo perfecto como el del Señor Jesucristo. Son bendiciones que Dios tiene para mí, ¿y para quién más?, para ustedes también; es para todos los creyentes en Cristo.

A medida que escuchamos la predicación del Evangelio de Cristo y las cartas apostólicas y diferentes mensajes, nuestra fe va creciendo; porque la fe crece.

A medida que crece nuestra fe nos agarramos más de Cristo; a medida que crece nuestra fe, entendemos mejor el Evangelio, entendemos mejor a Dios, entendemos mejor a Cristo y lo amamos más, con el alma; porque si es con el espíritu, eso es afecto, lo cual no es amor divino, es filio, amor filial; pero el amor divino, ágape, es acá, y desde acá hacia Dios y hacia las demás personas.

Con ese amor fue que Cristo vino y dio Su vida por mí en la Cruz del Calvario. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito (a Cristo), para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga (¿qué?) vida eterna.” Tan sencillo como eso.

La parte sencilla nos ha tocado a nosotros, la difícil le tocó a Dios y a Cristo al poner Su vida por nosotros; pero vean, perdió la vida física, el cuerpo que podía ser mortal, y ahora tiene el cuerpo glorificado, inmortal; así que todo fue ganancia, para que nosotros podamos tener vida eterna con un cuerpo eterno y glorificado.

“SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE.”

La fe viene por el oír la Palabra; y la fe se aumenta si continúa escuchando la Palabra del Señor. Si no hace así, entonces la fe en vez de aumentar, disminuye, y la persona se aparta de Cristo, muere esa fe que nació.

Tiene que cuidar la fe, abonarla, regarla con el agua de la Palabra revelada para el tiempo que le toca vivir, y así va creciendo; y ya no será como un grano de mostaza. Si como un grano de mostaza, la fe, Cristo dice: “Podrán decirle a este árbol: pásate de aquí allá y se pasará, y nada será imposible.” ¿Cómo será con una fe grande? La fe crece a medida que la alimentamos con la Palabra del Señor.

Así también crece la familia de la fe, la Iglesia del Señor Jesucristo: A medida que se predica el Evangelio y reciben a Cristo como Salvador, esa familia va creciendo, va aumentando en grupo la Iglesia; y por consiguiente, la Palabra va creciendo cada día más, la cual está en la Iglesia, y la profecía también crece. Eso lo encontramos en Oseas, capítulo 12, verso 10.

¿Puede usted hacer crecer la profecía? Usted no puede, el que da crecimiento —dice Dios por San Pablo— es Dios, Él es el que da el crecimiento a todo. Capítulo 12, verso 9 de Oseas, dice:

“Pero yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; aún te haré morar en tiendas, como en los días de la fiesta.

Y he hablado a los profetas, y aumenté la profecía, y por medio de los profetas usé parábolas.”

¿Ven? La profecía aumenta a medida que Dios habla a través de los profetas. La profecía tiene vida también y por eso es que se cumple, se materializa, porque tiene vida, y Dios la impacta con Su Espíritu y la vivifica, la trae a vida, la trae a cumplimiento.

Y cuando usted ve una profecía que corresponde a nuestro tiempo, y ve que está sucediendo lo que dice la profecía, ¿qué está sucediendo? Dios le está dando vida, está vivificando, trayéndola a vida, a existencia, a materialización, la profecía; porque después que ya Dios habló Su Palabra profética por un profeta, no da hacia atrás, ya eso es la Palabra de Dios y se tiene que cumplir.

Mientras no ha sido hablada, todavía es un pensamiento en la mente de Dios, que solamente lo conoce el Espíritu de Dios, el Ángel del Pacto, Cristo; pero cuando ya es hablado por el Espíritu Santo a través de un hombre, de un profeta, ya viene a ser la Palabra creadora de Dios.

Por eso es que Dios le decía a Moisés: “Di, habla, que vienen o vengan o vendrán plagas, tal plaga”; él iba y la hablaba, y se materializaba. Y de ahí no conviene explicar mucho por el momento. Eso es lo que vamos a ver en el cumplimiento de la Visión de la Carpa en la Tercera Etapa, que será para Iglesia-Novia, para la Iglesia, las vírgenes prudentes, y para las vírgenes insensatas y para el mundo también, y eso es lo que va a ver Israel también.

“SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE.”

Cuando la fe esté aumentada al nivel que corresponde para que puedan suceder las cosas que son imposibles para los hombres, usted verá esta promesa siendo cumplida.

San Marcos, capítulo 11, versos 21 en adelante, dice:

“Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.

Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

Tan sencillo como eso: creyendo. Es un misterio la fe, porque no está basada en cosas que se ven, sino en las que no se ven. Las cosas que se ven fueron hechas de las que no se veían.

Por lo tanto, le pedimos a Cristo también, que nos aumente la fe hasta que tengamos la fe perfecta con la cual podamos obtener y ver todo lo que Dios ha prometido siendo cumplido; y podamos creer a tal grado que solamente con creer obtengamos lo que deseamos.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión en esta plática o estudio bíblico. Los domingos, el domingo es de estudio bíblico por eso platicamos en esta forma; y ha sido una bendición para mí verlos nuevamente y compartir con ustedes estos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra del Señor, para que así sepamos que nuestra fe puede ser aumentada, porque la fe crece como crece también la Iglesia, como crece la persona; todas las cosas que tienen vida, crecen.

Por lo tanto, así como la persona al crecer puede estudiar, seguir adelante hasta hacerse profesional y obtener lo que deseaba, la carrera que deseaba la obtiene; creyó y comenzó a investigar qué hacer para lograr lo que quería, lo puso en práctica, lo creyó, perseveró y lo obtuvo.

Si alguna persona todavía no ha recibido a Cristo como Salvador y su deseo, su petición a Dios, es vivir eternamente con Cristo en Su Reino, la salvación de su alma y de su familia, puede obtenerlo recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Vamos a dar unos minutos para que los que todavía no han recibido a Cristo, puedan hacerlo en esta ocasión y Cristo recibirle en Su Reino. Cristo saca del reino de las tinieblas a la persona y lo coloca en Su Reino, en el Reino de luz y vida eterna, y así la persona queda asegurada en la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Dios tiene mucho pueblo en la ciudad de Bogotá y en todas las ciudades y lugares de la República de Colombia, y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en Su Reino. También tiene mucho pueblo en todos los países de la América Latina y del Caribe, y los está llamando para colocarlos en Su Reino, y también en Norteamérica y otros países tiene mucho pueblo también, y los está llamando en este tiempo final.

Es el tiempo del llamado final para Cristo completar Su Iglesia; y cuando la complete entonces podrá salir del Trono de Intercesión para tomar el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, de Apocalipsis, capítulo 5, y abrirlo en el Cielo y hacer Su Obra de Reclamo; en donde reclamará a todos los escritos en el Libro de la Vida del Cordero para adoptarlos, lo cual es la adopción del cuerpo, la redención del cuerpo, o sea, la glorificación del cuerpo, para todos tener un cuerpo glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

No hay otro Salvador, solamente hay uno, y Su Nombre es Señor Jesucristo. Él es mi Salvador, mi Redentor. Estábamos en Él eternamente, por eso somos hijos e hijas del segundo Adán, que es Jesucristo nuestro Salvador.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Y los que están en otras naciones pueden también continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Lo más grande, lo más importante, es la salvación y vida eterna. “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” Dice Jesucristo en San Mateo, capítulo 16, verso 26 en adelante.

No hay nada más importante que la vida eterna, y todos la podemos obtener a través de Cristo nuestro Salvador. No hay esperanza para la familia humana, sino Jesucristo, Él es la única esperanza para el ser humano.

Todavía vienen más personas de camino, en los cuales nació la fe de Cristo al escuchar el Evangelio de Cristo siendo predicado, por lo cual estamos esperando unos minutos en lo que todos ya están listos para la oración correspondiente.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador y están presentes o en otras naciones. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Señor, Padre celestial, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo, trayendo a Ti todas estas personas que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el cielo, en el cual podemos ser salvos; y creo en Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame, Señor. Haz realidad Tu Salvación, que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todo decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.  El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Usted me dirá: “Yo he creído en Cristo como mi único y suficiente Salvador. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto usted ha creído y lo ha recibido como Salvador, a Cristo, bien puede ser bautizado, y que Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

El bautismo en agua es tipológico, simbólico: En el bautismo en agua, cuando la persona es sumergida y luego levantada de las aguas bautismales, la persona murió al mundo al recibir a Cristo; cuando es sumergida en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultada; y luego, cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor, donde nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

¿Hay bautisterio? Hay bautisterio, por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro Alejandro Sarria aquí, para que les indique cómo hacer para ser bautizados; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE.”

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