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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones, ministros y sus congregaciones, hermanos y hermanas en todos los lugares. Que las bendiciones de Cristo el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, les bendiga, les abra el entendimiento, les abra las Escrituras, y nos enseñe el Espíritu Santo Su Palabra en esta ocasión. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Todos los domingos, siempre es un día muy especial para todos los creyentes en Cristo, en el cual recordamos siempre la resurrección de Cristo el primer día de la semana, o sea, domingo en la mañana. Por esa causa se reúnen los cristianos —desde el tiempo de los apóstoles— el primer día de la semana, para adorar a Dios; y los sábados se reunían allá en la tierra de Israel también, para ir a las sinagogas y dar testimonio de Cristo.

Le agradezco al reverendo José Benjamín Pérez la parte que hace siempre, de leer sobre el tema que vamos a tener, lo cual les prepara a todos ustedes que están presentes, y los que están en otras naciones, para ya, de antemano, saber de lo que se trata el tema de cada domingo. Eso es una buena preparación y así me ayuda para no tener que leer tanto: ya ustedes escucharon. Por eso es tan importante que ustedes estén atentos a lo que él lee, porque de eso es que se va a hablar durante la escuela bíblica, la predicación.

Por lo tanto, en todos los países deben tener la conexión ya lista para cuando él entra: que estén todos conectados escuchando; porque esa preparación es muy importante para todos los que van a escuchar. Si pierden esa preparación, luego yo quizás no lea todas esas Escrituras, esas citas, y no sabrán de qué es que estoy hablando si no las leo en ese momento; pero ya como él las leyó, ya ustedes saben de qué estamos hablando. Esa parte es muy, pero que muy, importante.

Todavía no han pasado el video o videos, por tanto es bueno pasarlos para que sepan cómo va la construcción, cómo va también (si tienen listo el saludo del Senado allá) lo de la presentación del proyecto “Huellas para no olvidar” de la Embajada de Activistas por la Paz, allá en el Senado de Bogotá (es bueno pasarlo también). Y si está lo de la construcción, también es bueno pasarlo. Y si está disponible lo de Guatemala, también lo pueden pasar.

Vamos a ver si están... Cuando estén pasando, pues ya vemos de qué país es cada cosa. Así que lo pueden pasar los tres si los tienen los tres, o si tienen dos pues pasan solamente dos; porque es importante que ustedes estén al tanto de lo que está pasando también en otros países, del trabajo que se está llevando a cabo; todos los que colaboran con la Embajada de Activistas por la Paz sepan que lo que colaboran está bien invertido, y que se está haciendo un trabajo muy, que muy, importante con el trabajo de la Embajada de Activistas por la Paz, el cual es muy importante; y está conectado no solamente al cristianismo sino a los judíos y a todos los gobiernos, a las instituciones académicas también y demás instituciones de todos los países; por lo tanto, es muy importante ese trabajo. Por eso es que lo estamos haciendo; si no, sería oftlineuna pérdida de tiempo para mí, estar trabajando en algo que no está en el Programa de Dios; pero eso sí está en el Programa de Dios. Para que ustedes sepan por qué trabajo y trabajamos en la Embajada de Activistas por la Paz en todos sus proyectos.

Bueno, si está listo todo, yo les pido un permisito para que puedan ver lo que está grabado, y regreso con ustedes en unos minutos.

[Presentación de videos institucionales]

 

Ya pudieron ver cómo va el trabajo, tanto de la Embajada en diferentes países como también el trabajo de la Gran Carpa-Catedral, el cual está avanzado pero que necesita —para avanzarlo más— el respaldo en una forma mayor, de todos los que están respaldando este proyecto de la Gran Carpa-Catedral.

Ahora leeremos en Números, capítulo 6, y también en Isaías, capítulo 52, versos 5 en adelante. Dice de la siguiente manera en Números, capítulo 6, versos 22 al 27:

“Jehová...”

Esto es: el Señor, pero la traducción pues dice Jehová. Eso es más bien: el Eterno.

“Jehová habló a Moisés, diciendo:

Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:

Jehová te bendiga, y te guarde;

Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;

Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.

Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.”

E Isaías, capítulo 52, nos dice el verso 5 en adelante:

“Y ahora ¿qué hago aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo es llevado injustamente? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día.

Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“DONDE ESTÉ EL NOMBRE DE DIOS, AHÍ ESTARÁ LA BENDICIÓN (SU BENDICIÓN).”

A través de la historia bíblica encontramos que todos los profetas desearon conocer el Nombre de Dios. Y en la actualidad, toda persona que lee la Biblia desea conocer el Nombre de Dios.

Encontramos a Moisés (que fue llamado por Dios en el Éxodo, capítulo 3) y el Ángel, que es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, el cual es la imagen de Dios. Le apareció a Moisés en una llama de fuego, en un árbol, una zarza, y le dice: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea Dios de Amram, el padre de Moisés), el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”

Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. El mismo Dios ahora apareciéndole a Moisés, el cual era nada menos que el elegido por Dios desde antes de la fundación del mundo para la liberación del pueblo hebreo. Cuando Dios le dijo a Abraham que su descendencia sería esclava en tierra ajena, habitaría en tierra ajena y sería esclava allí por cuatrocientos años… Capítulo 15 del Génesis, versos 13 en adelante, dice:

“Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá...”

En la cuarta generación regresarían a la tierra que Dios le prometió y le dio a Abraham. Cuatrocientos años estarían oprimidos como esclavos en esa tierra ajena, la cual vino a ser Egipto.

Y ahora, encontramos que cuando Moisés se encuentra con el Ángel de Dios, y el Ángel de Dios en el cual está Dios hablando, y a través del cual Dios siempre hablaba, habla y hablará… porque ese es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, el cual es el Cristo en la dimensión espiritual, es el Cristo en la sexta dimensión, la dimensión angelical.

Por eso el Mesías-Príncipe en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto. Eso es lo que está prometido para Israel, que será el Ángel del Pacto el que vendrá, y así será el Mesías-Príncipe: el Ángel del Pacto vendrá encarnado.

Vean, Malaquías, capítulo 3, verso 1 en adelante, dice:

“He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí...”

El que lo envía dice que ese enviado va a preparar el camino delante de Él. Para la Primera Venida de Cristo fue Juan el Bautista, para la Segunda Venida de Cristo fue el reverendo William Branham, para el cristianismo.

“...y vendrá súbitamente a su templo el Señor...”

¿Quién vendrá? ¿A quién le estará preparando el camino? Al Señor, al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

“...y vendrá súbitamente a su templo el Señor…”

Está el templo físico de piedras y está el templo humano, que es el cuerpo físico donde moró Dios en toda Su plenitud en el velo de carne llamado Jesús.

“…y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros.”

Vean, el Señor (Dios el Padre) y el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, la imagen de Dios, que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios.

“He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Es una promesa divina, de la cual la primera parte ya se cumplió en los días de Jesús y la segunda parte corresponde a este tiempo final, en lo que el cristianismo llama: la Segunda Venida de Cristo. Y así como mandó un mensajero precursor: Juan el Bautista, preparándole el camino al Señor para Su Primera Venida, envió al reverendo William Branham preparándole el camino al Señor para Su Segunda Venida.

Este es el tema más importante de toda la Biblia: la Venida del Mesías.

Y ahora, viene a Su Templo el Señor, el Ángel del Pacto. ¿Y qué tiene que ver eso con el Nombre del Señor, en donde está la bendición y el cual es usado para bendecir a Israel, y por consiguiente también bendecir al cristianismo? En el Éxodo, capítulo 3, verso 13 en adelante, dice:

“Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?

Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros.”

Aquí le está mostrando el Nombre de Dios, el Nombre que Dios le dijo que le dijera a Moisés… o que Moisés le dijera al pueblo si le preguntaban por el Nombre de Dios, el Nombre del que lo que estaba enviando.

“Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre (este es mi memorial); con él se me recordará por todos los siglos.”

Y luego, en el capítulo 6 del Éxodo, verso 1 al 3, dice:

“Jehová respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará de su tierra.

Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy Jehová.

Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos.”

O sea que a Moisés es que se da a conocer con el Nombre: Yo soy, que son cuatro consonantes, las cuales son: Y (o sea, ‘y’ griega) H-W-H. Esas son las letras del Nombre sagrado de Dios.

Y ahora, ¿dónde Dios colocó Su Nombre? Es importante saber... Recuerden que le está hablando a Moisés a través de Su Ángel, el Ángel del Pacto, el cual es el cuerpo angelical de Dios.

En el capítulo 23, versos 20 al 23, dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

¿Dónde Dios colocó Su Nombre? ¿Dónde está el Nombre de Dios? En Su Ángel, el Ángel del Pacto, o sea, en la imagen de Dios, que es el cuerpo angelical de Dios, el cual es el Cristo, el Mesías en la sexta dimensión, el Mesías en la dimensión angelical; el cual luego se va a hacer carne, luego va a tener una semejanza física, el cual será el Mesías en Su cuerpo físico, en donde estará el Cristo, el Mesías, en Su cuerpo y con Su cuerpo angelical; y por consiguiente estará Dios, porque el Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios; y Cristo Jesús en Su cuerpo de carne, es Su cuerpo físico, la semejanza física de Dios donde habitó toda la plenitud de Dios.

Por eso Jesús decía: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” Y por eso también Juan el Bautista vio al Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Jesús, y permaneció sobre Jesús.

El Ángel del Pacto es el Espíritu Santo, pues un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo espiritual.

Ya vimos dónde Dios ha colocado Su Nombre: en el Ángel del Pacto, en Su cuerpo angelical; y luego Cristo Jesús en San Juan, capítulo 5, verso 43, dice: “Yo he venido en nombre de mi Padre.” Y ahora Él viene en el Nombre de Su Padre. El Nombre de Dios, que Dios colocó en Su Ángel, el Ángel del Pacto, lo ha colocado en Su cuerpo físico también.

Por eso el Ángel Gabriel le dice a la virgen María que ese niño que va a tener, el cual sería llamado Hijo de Dios, le ponga por nombre Jesús (en hebreo: Yeshua); y por consiguiente, ahí están las letras del Nombre de Dios, ahí está el Nombre que Dios le dio a conocer a Moisés. Y ahora, dice:

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti...”

Iba delante el Ángel abriéndole camino a Moisés y al pueblo de Israel en su trayectoria por el desierto rumbo a la tierra prometida.

Podemos ver ahora dónde está el Nombre de Dios: está en Su templo angelical, el cuerpo angelical, y luego está también en Su cuerpo o templo de carne llamado Jesús. Por eso Jesús decía: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré.” Muchos pensaron que estaba hablando del templo de piedras, pero Él estaba hablando del templo de Su cuerpo. (San Juan, capítulo 2).

Y ahora, recordemos que San Pablo dice: “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” ¿Ven? Cada creyente en Cristo es un templo humano donde mora Dios en Espíritu Santo.

Y ahora, ya tenemos bastante claro dónde está el Nombre de Dios. Y donde está el Nombre de Dios, ahí está la bendición de Dios para el pueblo.

La bendición de Dios para el pueblo viene del lugar donde está el Nombre de Dios: de Cristo viene la bendición; porque en la simiente de Abraham, que es Cristo el Mesías, serán benditas todas las naciones. En Él estaba, está y estará eternamente el Nombre de Dios.

Y ahora, donde esté Cristo en Espíritu Santo manifestándose, ahí, por consiguiente, estará el Nombre de Dios que está en Cristo; y ese es el lugar para adorar a Dios, el lugar de adoración, en donde la adoración va a Dios el Padre.

Porque los que a Dios se llegan, es necesario que le adoren; y “los que adoran, es necesario que adoren en espíritu y en verdad.” [San Juan 4:23-24]

No es adorar a Dios sin conocimiento, es adorar a Dios sabiendo dónde está el Nombre de Dios, el Nombre de bendición, el Nombre para adorar a Dios; porque no se adora a Dios si no está el Nombre de Dios ahí.

Por eso San Pablo decía: “Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesucristo.” [Colosenses 3:17]

También Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” [San Juan 14:6]

No podemos acercarnos a Dios, a menos que sea a través de Cristo; y en Él está el Nombre Eterno de Dios, en el cual el pueblo tiene que adorar a Dios.

Y ahora, Cristo dice también: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, yo lo haré.” [San Juan 14:13]

“Nada habéis pedido todavía en mi Nombre,” también dice Él en San Juan. [San Juan 16:23-24]

Por lo tanto, para pedir, hay que pedir en el Nombre del Señor; para adorar, hay que adorar en el Nombre del Señor Jesucristo; y para recibir la bendición de Dios: la bendición es echada sobre el pueblo en el Nombre del Señor Jesucristo, que es el Nombre de Dios para redención, para salvación.

Porque Yeshua, traducido al griego como Jesús, es el Nombre de bendición, es el Nombre que se usa para bendecir al pueblo, y aun para orar a Dios, adorar a Dios, pedir a Dios las peticiones, ofrecer también cánticos de alabanzas, y también para orar por los enfermos.

Por lo tanto, es importante saber que el Nombre de Dios para la Dispensación de la Gracia, para salvación, para redención, es Señor Jesucristo (traducido al español), en hebreo es Yeshua. El nombre Jesús es Yeshua en hebreo, que significa: “Salvador,” “Redentor.”

Y ahora, Cristo es el velo de carne Jesús, donde moró la plenitud de Dios, y mora la plenitud de Dios en Cristo glorificado; en Su cuerpo glorificado mora la plenitud de Dios; y Cristo en Espíritu Santo mora en medio de Su Iglesia.

Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20.

Y también dijo en una ocasión: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré.” [San Mateo 18:20]

Recuerden que los creyentes en Cristo se reúnen para adorar a Dios, cantar a Dios y ofrecer a Dios sus peticiones, o sea, hacer sus peticiones a Dios, se reúnen en el Nombre del Señor. Cristo dijo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre.” ¿Cuál es el Nombre del Señor? Señor Jesucristo.

“Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre de Jesucristo.” [Colosenses 3:17]

Por lo tanto, es importante el Nombre; porque si no está el Nombre es como un cheque sin la firma del dueño de la cuenta: que no tiene fondo, porque no está la persona que tiene el fondo, no está el nombre de esa persona. Así que, ¿de qué fondo, de qué cuenta se va a sacar, si no está la firma del dueño de la cuenta, que es el que autoriza que se pague ese cheque?

Por lo tanto, es importante conocer el Nombre de Dios colocado en el Ángel del Pacto, Cristo, para adorar a Dios, para hacer nuestras peticiones a Dios y para orar por los enfermos también, y para predicar el Evangelio; porque el Evangelio se predica en el Nombre del Señor Jesucristo, porque es el Evangelio de Cristo.

“No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” [Hechos 4:12]

Y ahora, la bendición de Dios está en el Nombre, en el Nombre del Mesías, el Nombre del Señor en Su Primera Venida, para la Dispensación de la Gracia.

Es importante conocer estas cosas para que, los que buscan y adoran a Dios, lo hagan en espíritu y en verdad; no puede ser en forma incorrecta. Y por cuanto Cristo está en medio de Su Iglesia, la cual es Su Cuerpo Místico de creyentes, ahí está, por consiguiente, el Nombre de Dios, porque está Cristo en Espíritu Santo, el cual tiene el Nombre de Dios.

Y por eso es que en la Iglesia del Señor Jesucristo se ora en el Nombre del Señor, se predica en el Nombre del Señor Jesucristo y se hacen las peticiones a Dios en el Nombre del Señor Jesucristo.

Ahí es donde está la bendición de Dios: en Cristo; y Cristo está en Su Iglesia; y por consiguiente, la bendición de Dios por medio de Cristo está en medio de la Iglesia. Y de la Iglesia pasa a los seres humanos que escuchan la predicación de Cristo y lo reciben como único y suficiente Salvador, y reciben la bendición de la salvación y vida eterna; y reciben el Espíritu de Cristo, que produce el nuevo nacimiento en la persona; y así entran al Reino de Dios.

Recordemos la conversación de Jesús y Nicodemo, el cual le dice en el capítulo 3 del Evangelio según San Juan, verso 1 en adelante: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” No lo puede entender, no lo puede ver, no puede ver lo que es el Reino de Dios, el cual está en la esfera espiritual pero que en el Milenio estará en la esfera física también.

Nicodemo le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede el hombre ya siendo viejo (o sea, siendo adulto) entrar en el vientre de su madre y nacer, nacer de nuevo?” Jesús le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Son requisitos divinos. Por lo tanto, no importa que la persona sea buena, si no nace del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios, no hay otra forma. Así como para vivir en esta Tierra tuvimos que nacer en esta Tierra.

Por lo tanto, se requiere el nuevo nacimiento, en donde la persona recibe el Espíritu de Cristo y ahí se produce el nuevo nacimiento, nace en el Reino de Cristo.

Y ahora, siendo que es en Su Iglesia, la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde Cristo en Espíritu Santo ha estado desde el Día de Pentecostés hacia acá, tenemos que entender que la bendición de Cristo está y sale de Su Iglesia para todo ser humano que vive en esta Tierra. Por eso se predica el Evangelio de Cristo, para que los seres humanos reciban la bendición de Cristo, la bendición de la salvación y vida eterna.

Y ahora, hemos visto dónde está la bendición de Dios. Desde ahí sale la bendición para los seres humanos, y así es como bendice Dios a todas las naciones: a través de la simiente de Abraham, que es Cristo, en el cual y por el cual serían benditas todas las naciones.

La predicación del Evangelio de Cristo es la bendición más grande que se proclama, porque el Evangelio es para salvación, para judíos y también para griegos, para todo ser humano que vive en esta Tierra; por eso el Evangelio comenzó con judíos, el cristianismo comenzó con judíos, y de ahí salió para los gentiles también.

Y ahora, podemos ver, por consiguiente, que lo que está en el Antiguo Testamento, el Pacto que fue dado por Dios en el monte Sinaí a Moisés, más todo lo que había sido dado por Dios desde Adán hacia el tiempo de Juan el Bautista, es tipo y figura, es la sombra del que vendría en el Nuevo Pacto que Dios establecería en medio de la raza humana.

Allá tenían el cordero pascual, y en el Nuevo Pacto está el Cordero Pascual, que es Cristo quitando el pecado del mundo. Él es nuestra Pascua, (Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7).

Y así por el estilo, encontramos que todo lo que está en el Antiguo Pacto, el Antiguo Testamento, se materializa en el Nuevo Pacto, en el Nuevo Testamento. Allá fue la sombra de lo que vendría más adelante en la Dispensación de la Gracia, para materializarse todo eso celestial; y se materializa en la Iglesia del Señor Jesucristo, que está en y bajo el Nuevo Pacto, y en donde está el Nombre de Dios para la Dispensación de la Gracia.

Tenemos también en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, que Dios “le dará del maná escondido al vencedor, y le dará una piedrecita blanca, y en ella un nombre que ninguno conoce sino él mismo”; y ahora… y le dará a comer del Maná escondido. Dice capítulo 2, verso 17 de Apocalipsis:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”

Y ahora nos habla de un Nombre Nuevo que está escrito en la piedrecita blanca, y también la promesa de que le va a dar del maná escondido. Todo esto lo da al mensajero, y el mensajero da a conocer al pueblo lo que le corresponde darle a conocer, el resto lo guarda para sí mismo porque él tiene que tener un conocimiento mayor que el que tiene el pueblo, para poder enseñar al pueblo.

Ahora, nos habla de un Nombre Nuevo que le va a ser dado al vencedor, el cual recibirá la piedrecita blanca con un Nombre Nuevo. Y solamente él será:

“...el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”

El que recibe la piedrecita blanca es el que recibe el Nombre Nuevo, porque está en la piedrecita blanca; y él es el único que lo conocerá; y puede mantenerse con ese secreto todos los días de su vida, porque ese Nombre solamente será revelado en el fin del tiempo, en la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo. Ese será el Nombre más importante.

Ahora, en Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, nos habla también del Nombre Nuevo y nos dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí (o sea que le hará una persona importante en la Iglesia del Señor Jesucristo)… y nunca más saldrá de allí (o sea, permanecerá en la Iglesia del Señor); y escribiré sobre él el nombre de mi Dios.”

Eso es para el vencedor. Dios va a escribir el Nombre de Dios. Por lo tanto, así como lo colocó en el Ángel del Pacto y en Jesús, lo colocará también en el vencedor, el Nombre Nuevo.

“…Y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”

Y ahora aquí Cristo en Espíritu Santo hablando, dice que Él tiene un Nombre Nuevo. Ese es el Nombre con el cual Él reinará como Rey durante el Milenio.

Aquí también, en Apocalipsis, capítulo 19, verso 11 en adelante, dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.”

Este no es el nombre Jesús porque todo el mundo conoce el nombre Jesús (o Yeshua en hebreo). Es Su Nombre Nuevo.

“Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios.

Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.”

Esos son los creyentes en Cristo que, luego de la resurrección en cuerpos glorificados y la transformación de los que estén vivos, irán con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y eso es por tres años y medio allá en el Cielo, en esa fiesta. Y luego regresarán a la Tierra con Cristo para comenzar el Reino Milenial.

“De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.”

El nombre que ninguno entiende sino Él mismo, el cual Él tiene, es el Nombre que como Rey de reyes y Señor de señores Él tendrá para el Reino Milenial; es el Nombre con el cual Él viene en Su Segunda Venida. Él viene con ese Nombre del cual dice que es un Nombre Nuevo.

En Apocalipsis, capítulo 7, está el Ángel con el Sello del Dios vivo, que llama y junta a ciento cuarenta y cuatro mil, y los sella en sus frentes. Y en Apocalipsis, capítulo 14, ya aparecen sellados en sus frentes. Dice:

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.”

O sea, ya con el conocimiento del Nombre del Señor y el Nombre de Dios. O sea con el conocimiento de ese Nombre Nuevo del cual habla Cristo en Espíritu Santo en Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, y Apocalipsis, capítulo 3, verso 12.

Luego Apocalipsis, capítulo 22, verso 3 en adelante, dice:

“Y no habrá más maldición (ya eso es en la eternidad); y el trono de Dios y del Cordero estará en ella (o sea en la ciudad, la Nueva Jerusalén, que estará sobre la Tierra en el territorio allá del Medio Oriente donde está Israel; allí ya no habrá más maldición, ni en el planeta Tierra)…

Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,

y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes (el Nombre de Dios y del Cordero estarán en la frente, en la mente, de todos los que estarán en el Reino eterno de Dios).

No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.”

Así será en la eternidad. El Trono de Dios celestial estará ahí en esa ciudad, y el Trono del Cordero; o sea, el Trono de David y Trono eterno de Dios estarán ahí. Y la Tierra no solamente será – Y el territorio de Israel no solamente será la capital de este mundo sino la capital del universo completo.

Dios morará en esta Tierra con Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, y con Su cuerpo físico que está glorificado, el cuerpo del Señor Jesucristo; y ahí estarán todos los creyentes en Cristo, porque esa será la ciudad de Dios para Sus hijos, para Dios habitar con Sus hijos en esa ciudad. Esa ciudad llevará el Nombre Eterno de Dios, esa ciudad llevará el Nombre Nuevo del Señor Jesucristo.

Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Si cenará, pues es el tiempo de la tarde; y si es el tiempo de la tarde, eso le toca en cumplimiento al territorio del Oeste, porque el sol se pone en la tarde por el Oeste; al tiempo de la tarde es la cena.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

Al vencedor le dará que se siente con Él en Su Trono, el Trono de David, así como Cristo venció y se ha sentado en el Trono celestial de Dios el Padre. Él mismo lo dijo en el capítulo 26, verso 64 de San Mateo, que Él se sentaría a la diestra del poder de Dios (eso es en el Trono de Dios), y por consiguiente tendría todo el poder del Cielo y de la Tierra, todo el poder de toda la Creación. En San Mateo, capítulo 28, verso 16 en adelante, dice: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.”

Dios no se quedó sin poder, porque Dios está en Su velo de carne glorificado: Jesucristo allá; o sea que Dios está en Él. El cuerpo angelical es el Ángel del Pacto y Dios está dentro de ese cuerpo angelical, con y dentro: con ese cuerpo angelical dentro del cuerpo físico glorificado de Jesucristo. Tan sencillo como eso. Y así Dios está en Su imagen y semejanza; como los seres humanos, que fueron hechos, creados, a imagen y semejanza de Dios; por lo tanto, Dios está también así, en Su cuerpo angelical dentro del cuerpo físico glorificado de Jesucristo.

Aquí hay un misterio grande con relación al que venciere: “...le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono (tiene que vencer, tiene que obtener la victoria en el Día Postrero).” [Apocalipsis 3:21]

Esa es la bendición que buscaba la madre de Jacobo y Juan cuando fueron, en el capítulo 20, verso 20 al 25, a donde Jesús (allá en San Mateo); fueron donde Jesús y ella le dice: “Quiero hacerte una petición.” Jesús le pregunta: “¿Qué quieres?” Ella le dice: “Que en Tu Reino se sienten estos dos hijos míos, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.” Esa es la posición más importante después de la posición de Cristo en el Cielo.

Eso nos habla que así como el Padre sentó a Cristo a Su diestra en Su Trono: “Así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en Su Trono,” así en esa forma, en donde le fue dado todo el poder en el Cielo y en la Tierra, así en esa forma Cristo le dará al vencedor el que se siente a Su derecha y a Su izquierda.

Eso era lo que buscaba la madre de Jacobo y Juan, porque toda madre creyente en Cristo busca lo mejor para sus hijos; y los llevó delante de Cristo; lo que hacen las madres que aman a sus hijos: que llevan a los Pies de Cristo a Sus hijos.

Es lo más grande que una madre puede hacer por sus hijos. No hay otra cosa más grande, porque de eso depende la salvación y vida eterna, para verlos en el Reino de Dios eternamente; porque la salvación es lo más grande que una persona puede recibir; es vida eterna lo que recibe la persona al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

El mismo Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30). Y luego dice: “El Padre y yo una cosa somos.”

O sea, Dios Padre, Dios Espíritu Santo (cuerpo angelical), y Dios cuerpo físico (la semejanza física). Cuerpo angelical: el cuerpo espiritual, es la imagen de Dios, un cuerpo de otra dimensión en el cual le aparecía a muchos profetas en diferentes ocasiones.

Por eso en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: “A Dios nadie le vio jamás, el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Él le declaró, le ha dado a conocer.” O sea, los que dijeron que vieron a Dios, lo que vieron fue el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios.

Luego también los que vieron a Jesucristo estaban viendo a Dios. Cristo dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: muéstranos al Padre y nos basta? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?” (San Juan, capítulo 14, versos 6 en adelante).

Y ahora, nuestro tema: “DONDE ESTÉ EL NOMBRE DE DIOS, AHÍ ESTARÁ LA BENDICIÓN.” Y el Nombre de Dios está en Cristo, en el Ángel del Pacto; y Cristo en Espíritu Santo está en medio de Su Iglesia.

Por lo tanto, de en medio de Su Iglesia Él bendice a toda persona que lo recibe como Salvador y cree las promesas de Dios, las cuales se hacen realidad en medio de la Iglesia y a través de la Iglesia, siendo la Iglesia instrumento de Cristo para cumplir Sus promesas.

Y como Dios obró a través de Jesús cumpliendo las promesas de la Venida del Mesías para aquel tiempo, y llevando a cabo las obras que tenía que llevar a cabo; Cristo en Espíritu Santo, Dios en Espíritu Santo en Su Iglesia, obra y cumple las promesas correspondientes a la Dispensación de la Gracia para cada edad, incluyendo nuestro tiempo.

Es usando a Su Iglesia que se verán esas promesas divinas siendo materializadas, porque las manos que tiene Dios por medio de Cristo en la Tierra, son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, le toca a la Iglesia del Señor Jesucristo creer todas esas promesas y trabajar para que se hagan una realidad; sabiendo que es Su Iglesia la que es instrumento de Cristo para Él cumplir todo lo que ha sido prometido a Su Iglesia. Por eso, ahí es que está el Nombre de Dios que está en el Ángel del Pacto, luego pasó al cuerpo de carne, y pasa al Cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia del Señor Jesucristo. Ahí está el lugar de adoración: en Cristo, y Cristo está en Su Iglesia.

Y en nuestro tiempo, siendo que la Iglesia es un Templo espiritual compuesto por piedras vivas, seres humanos creyentes en Cristo, de etapa en etapa han ido siendo reunidos en Su Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo, en las edades pasadas, que corresponden al Lugar Santo de la Iglesia, del Templo espiritual; y para este tiempo pasamos al Lugar Santísimo en la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, que es el Lugar Santísimo de ese Templo espiritual, donde el Nombre de Dios, el Nombre del Señor, estará y será revelado en el tiempo correspondiente.

Por lo tanto, conocerán el Nombre Eterno de Dios, Nombre de la ciudad de nuestro Dios y Nombre Nuevo del Señor Jesucristo. Él lo va a escribir en el vencedor, y el vencedor estará en Su Iglesia.

Por lo tanto, estén siempre atentos a la predicación del Evangelio, para que cuando sea abierto ese misterio no se les pase por encima sino que lo capten para bendición.

Tenemos la promesa en el cristianismo, de una manifestación de Dios en una Gran Carpa-Catedral; todo eso lo estará trabajando —la parte física— la Iglesia del Señor Jesucristo, los creyentes en Cristo.

Y en el cuartito pequeño de madera, que le fue mostrado al reverendo William Branham, estará ese Nombre; al cual le fue mostrado y él lo buscaba luego de haber tenido ese sueño o visión.

El misterio de los Siete Truenos será abierto para darle la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Son los Siete Truenos de Apocalipsis 10, la Voz de Cristo hablando consecutivamente a Su Iglesia y en Su Iglesia, revelándole el misterio de Su Segunda Venida con un Nombre Nuevo.

Es un misterio grande. La Primera Venida de Cristo fue un misterio grande y la Segunda Venida de Cristo es un misterio más grande todavía. Por lo tanto, ese es el misterio del cual Cristo dijo que ni los ángeles sabían cuándo sería el día y la hora; pero será revelado a la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final; y el Nombre, por consiguiente, también.

Por lo tanto, adelante trabajando en la Obra de Cristo, recibiendo Su Palabra y trabajando en Su Obra, porque hay cosas, promesas, que tienen que cumplirse, materializarse, y serán materializadas por el Espíritu Santo a través de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es importante que —lo más pronto posible— todos los que falten por venir a los Pies de Cristo para formar parte de la Iglesia del Señor, vengan lo más pronto posible, antes que se cierre la puerta de la misericordia.

Porque cuando se cierre: ya tenemos la parábola de las diez vírgenes, que a medianoche se oyó un clamor: “He aquí el Esposo viene, salid a recibirle.” Ese es el Mensaje del reverendo William Branham precursando la Segunda Venida de Cristo, preparando al pueblo para que salgan a recibir al Esposo, para que estén esperando la Venida del Señor.

Y todas despertaron: hubo un despertamiento espiritual, un avivamiento en medio del cristianismo; y las vírgenes prudentes tomaron aceite en sus lámparas y las insensatas no tomaron aceite en sus lámparas: no recibieron el Espíritu Santo; y cuando despertaron se vieron que no tenían aceite en sus lámparas, y les piden a las prudentes que les den aceite de sus lámparas, y las prudentes les dicen: “Vayan ustedes a comprar para que no nos falte a nosotras y a ustedes.”

Y mientras ellas iban a comprar, a buscar el Espíritu Santo, a pedir el Espíritu Santo, vino el Esposo; eso es: vino el Señor en Su Venida. Y las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas, y se cerró la puerta.

Cuando se cierra la puerta ya no hay oportunidad para otra persona entrar. El que entró: entró; y el que se quedó afuera: se quedó afuera; y se queda para la gran tribulación.

Y vinieron también las insensatas diciéndole, tocando la puerta y diciéndole: “Señor, Señor, ábrenos.” Eran creyentes, eran del cristianismo, pero no tenían el Espíritu Santo; y no dice que lo consiguieron tampoco.

El Señor les dice: “No sé de dónde sois, no os conozco.” Y fueron echadas a las tinieblas de afuera, donde será el lloro y el crujir de dientes; o sea, fueron echadas a la gran tribulación. Y las prudentes, que entraron con Él a las Bodas, fueron a la Cena de las Bodas del Cordero.

Cuando la Iglesia del Señor Jesucristo sea llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, las cosas se van a poner muy difíciles en este planeta Tierra: Caerán los juicios divinos, terremotos por diferentes lugares en forma mayor, en grados más altos y más consecutivos, en diferentes naciones; maremotos también, tsunamis también; el sol calentará más y muchas áreas serán quemadas por el sol, y así por el estilo; lava volcánica también comenzará a caer sobre la Tierra, y algunos territorios serán cubiertos con lava volcánica, ceniza volcánica y lava volcánica. De todo eso es que nos habla Malaquías, capítulo 4, sobre el día ardiente como un horno que vendrá.

Por lo tanto, es importante estar dentro, en el Cuerpo Místico de Cristo, lo más pronto posible; porque luego, lo que vendrá, nadie lo podrá soportar. Va a ser muy difícil la vida en este planeta Tierra cuando el Señor se lleve a Su Iglesia.

“DONDE ESTÉ EL NOMBRE DE DIOS, AHÍ ESTARÁ LA BENDICIÓN.”

Ya hemos visto cómo la bendición ha estado en la Iglesia del Señor Jesucristo, porque en el Señor Jesucristo está el Nombre de Dios, y Él está en medio de Su Iglesia. Por lo tanto, la bendición vean a dónde está bajo el Nuevo Pacto: está en Cristo, el cual está en Su Iglesia para bendecir a toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Los que están presentes y los que están en otras naciones, que no han recibido a Cristo, lo pueden hacer en estos momentos.

Y los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino.

Vamos a dar unos minutos mientras vienen a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho. En diferentes países pueden también venir, continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que están recibiendo a Cristo en estos momentos en diferentes naciones.

Lo más importante para el ser humano es la vida eterna, y esta vida está en Jesucristo. Primera de Juan, capítulo 5, dice, versos 10 al 13:

“Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

O sea, no tiene la vida eterna; lo que tiene es vida temporal, y no sabe cuándo se le va a terminar; y cuando se le termine, si no obtuvo la vida eterna recibiendo a Cristo, no tendrá ya oportunidad de recibir la vida eterna, perdió su tiempo aquí en la Tierra.

No se puede vivir en la Tierra para perder el tiempo, sino para aprovecharlo recibiendo la vida eterna a través de Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo en diferentes naciones. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, nuestros ojos cerrados en todos los lugares:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti trayendo todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des la salvación y vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo, te lo ruego. Amén.

Y ahora, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero vivir en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Haz realidad la salvación que ganaste para mí y para todo ser humano en la Cruz del Calvario. Tú pagaste el precio de nuestra redención, hazlo una realidad en mí. Te lo ruego en el Nombre Eterno Tuyo, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantas a Cristo todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado; porque ustedes le han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Bien pueden ser bautizados. El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una vida nueva, a la vida eterna.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al reverendo José Benjamín Pérez para que les indique cómo hacer, y a cada ministro en cada país, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo los que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con nosotros el reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país el ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, los que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“DONDE ESTÉ EL NOMBRE DE DIOS, AHÍ ESTARÁ LA BENDICIÓN.”

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