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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, ministros presentes y también en otros países, y vuestras congregaciones. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final; para lo cual, leemos en el libro de los Hechos, capítulo 20, versos 24 en adelante, donde dice San Pablo:

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.

Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.

Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema es: “EL CONSEJO DIVINO.”

“EL CONSEJO DIVINO:” El consejo, o sea, el programa, el plan, el proyecto, el designio, el parecer, el propósito divino.

De edad en edad y de dispensación en dispensación el propósito o Programa Divino se ha llevado a cabo. Dios lo ha dado a conocer a Su pueblo por medio de cada mensajero que Él ha enviado de edad en edad y de dispensación en dispensación, ungido por el Espíritu Santo.

Desde el tiempo de Adán, el primer hombre que colocó sobre la Tierra, hasta nuestro tiempo, hemos estado viendo el propósito divino, el plan divino correspondiente a cada tiempo, y eso es lo que han predicado los diferentes mensajeros de Dios, los diferentes profetas de Dios, para mantener al pueblo en el Consejo Divino, en el plan divino, en el propósito o voluntad divina.

Recuerden que el que tiene un programa, un plan, es Dios, el cual lo ha estado llevando a cabo, el que corresponde con la raza humana lo ha estado llevando a cabo aquí en la Tierra, y ha estado llamando a los seres humanos al Programa Divino, al plan divino, al camino de vida eterna.

Encontramos que de Adán en adelante se han estado efectuando sacrificios con animalitos. Comenzó en el tiempo de Adán, luego de Adán y Eva caer en pecado, y para Dios cubrir el pecado de ellos nos dice la Escritura que les dio pieles de ovejas; pieles le dio al ser humano (a Adán y a Eva) para cubrir su desnudez; y si les da pieles, pues un animalito tuvo que ser sacrificado: tuvo que ser sacrificado un animalito por Adán y Eva.

Dios fue el que les dio pieles, y por lo tanto, Él fue el que instituyó el sacrificio de animalitos para cubrir el pecado de los seres humanos, y así, delante de Dios, poder —el ser humano— acercarse cubierto con la sangre de esos animalitos. Al Dios mirar a través de la sangre a las personas, no veía el pecado de esas personas que habían creído y habían ofrecido a Dios el sacrificio por el pecado; pero el pecado permanecía en la persona, solamente era cubierto por la sangre, delante de Dios.

Vemos luego, en medio del pueblo hebreo, comenzando con Abraham, que se efectuaba también el sacrificio de animalitos para cubrir el pecado del ser humano.

En el tiempo de Noé también existía el sacrificio de animalitos para cubrir con la sangre el pecado del ser humano; ese era el Consejo de Dios, el Programa de Dios, para el ser humano estar bien con Dios y caminar —por consiguiente— en la voluntad de Dios.

Eso nos muestra que más del 90% de las personas del tiempo de Noé, no siguieron el Consejo de Dios. Noé permaneció en el Consejo de Dios y fue reconocido justo delante de Dios. Noé tenía también la revelación divina de lo que se tenía que efectuar en aquel tiempo para escapar del juicio divino que caería sobre la Tierra en forma de un diluvio, y que destruiría la raza humana; pero los que estaban en el Consejo de Dios, escaparían; y escaparon en el arca que construyó Noé. Con la construcción del arca, estaba en el Consejo de Dios y le fue revelado ese Consejo Divino a Noé; todo eso estaba en el plan de Dios para escapar de la ira divina.

Podemos ver todo eso, y podemos mirar también para otros tiempos, como en el tiempo del pueblo hebreo allá en Egipto, el cual conocía del sacrificio de animalitos por el pecado. Cuando Moisés fue la primera ocasión para tratar de libertar al pueblo hebreo de la esclavitud, teniendo 40 años, fue rechazado; y su vida se vio en peligro de muerte porque el Faraón ordenó la muerte de Moisés por causa de haber matado a un egipcio, y el Faraón lo buscaba para matarlo, tenía orden de aprehensión o arresto para ser sentenciado a muerte; pero Moisés huyó a Madián.

Allá se enamoró de una joven llamada Séfora y se casó con ella, y allá estuvo unos cuarenta años viviendo en Madián. El padre de Séfora era el sacerdote de Madián, así que vivió en una familia religiosa. Y luego Dios lo llamó para que libertara a Su pueblo, el pueblo hebreo, que estaba esclavizado en Egipto, y ya tenía cuatrocientos y algo de años viviendo en Egipto.

Los primeros años que vivió Israel en Egipto en el tiempo de José, las cosas eran favorables para los hebreos, porque José era el Virrey o Primer Ministro de Egipto; lugar o posición en la cual el Faraón lo colocó: era el segundo en el reino; el primero era el Faraón y el segundo era José. José es tipo y figura de Cristo, del Mesías, del Ungido.

Luego ya Moisés, teniendo 80 años de edad... Cuando tenía 40 años no lo recibieron, ahora cuando tiene 80 años va con la comisión divina para la liberación del pueblo hebreo y con la compañía del Ángel del Pacto, del Ángel de Dios, del cuerpo angelical de Dios en el cual estaba Dios.

Dios le dijo: “Yo estaré contigo.” Le habló al pueblo, le dio a conocer que había llegado el tiempo para la liberación, le dio a conocer al pueblo que Dios los iba a libertar en ese tiempo; aun podía mostrarle el tiempo señalado por Dios, mostrarle que, luego de cuatrocientos años de esclavitud, Dios los libertaría; podía mostrarles todo eso que estaba en Génesis, capítulo 15, versos 12 al 19, donde nos dice Dios, hablando con Abraham el padre de la fe, le dice… Ahora miren, versos 7 en adelante, dice:

“Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.

Y él respondió (o sea Abraham respondió): Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?

Y le dijo: Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.

Y tomó él todo esto, y los partió por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de la otra; mas no partió las aves.

Y descendían aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram las ahuyentaba.

Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

Y sucedió que puesto el sol, y ya oscurecido, se veía un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasaba por entre los animales divididos.

En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;

la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos,

los heteos, los ferezeos, los refaítas,

los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.”

Aquí está la promesa de parte de Dios, cuatrocientos años serían oprimidos en la tierra a donde irían, y vino a ser la tierra de Egipto. Cuatrocientos (400) años, más los años de José (el tiempo en que ya no eran oprimidos), cuando le suma todo eso vienen a ser cuatrocientos treinta (430) años desde el tiempo en que llegaron a Egipto hasta el tiempo de salida.

Todo esto Moisés lo sabía. Moisés supo que se había adelantado, cuando trató de libertar al pueblo no llevaban 400 años, le faltaban 40 años de esclavitud; por lo tanto, tuvo que esperar 40 años más: hasta que se cumplieran los 400 años de esclavitud, más los 30 años que no estuvieron en esclavitud, al comienzo, cuando José estaba vivo.

Cuando Moisés llega, teniendo 80 años, vean, va allá un anciano, y por medio de un anciano es que Dios va a libertar al pueblo hebreo. El Ángel del Pacto estará en ese profeta, ese hombre con las dos consciencias juntas, que podía ver en otra dimensión, la dimensión de Dios, y podía escuchar también; podía ver al Ángel de Dios, que es el cuerpo angelical de Dios llamado el Ángel del Pacto, y podía hablar con Dios; él conocía cómo acercarse a Dios: por medio de los sacrificios de animalitos.

Luego, Dios por medio de Moisés, el cual tuvo muchos problemas y el cual el mismo pueblo, cuando de momento lo reciben, ven la señal de la serpiente: la vara que se convierte en serpiente, y también ven la señal en la mano: la mete en su seno y cuando la saca sale leprosa, luego la vuelve a meter y sale limpia.

Esas señales, Dios le dio para hacer delante de los ancianos de Israel; y Dios le dijo: “Ellos van a creer,” porque era el tiempo, y Dios estaba en el asunto. Ese era el plan de Dios, el Consejo de Dios que le fue revelado a Moisés. Y Dios, conforme a Su propio Consejo es que obra, se mueve de edad en edad y de dispensación en dispensación. Nadie puede obligar a Dios a hacer algo que no está en Sus planes.

Por eso el mismo Jesucristo decía: “Yo no hago nada sino lo que yo veo al Padre hacer.” Eso era lo que Dios le mostraba que Dios iba a hacer por medio de Cristo. Cristo lo hablaba y Dios lo cumplía: era el Padre obrando por medio de Jesucristo el Hijo de Dios.

Siempre es importante estar al tanto del Consejo de Dios para el tiempo en que a uno le toca vivir, para saber en qué tiempo está viviendo. Recuerden que el mismo Jesús dijo que era importante conocer los tiempos y las sazones, y esto es: conociendo el Consejo Divino, el designio divino, el propósito divino, el Programa Divino para el tiempo en que la persona está viviendo.

Miren aquí: San Mateo, capítulo 16, versos 1 al 4, dice:

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.

Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis! (Las señales de los tiempos, que indican el tiempo en que las personas están viviendo).”

Por ejemplo, la aparición de Moisés en Egipto era la señal más grande que tenían que conocer en aquel tiempo, porque Dios había prometido una liberación; y por cuanto Dios siempre obra por medio de un ser humano, un profeta, ellos tenían que estar conscientes que Dios les enviaría un libertador. Aunque siempre el Libertador es Dios, pero el velo de carne siempre es un hombre de esta dimensión terrenal.

Eso es muy importante que cada persona entienda, para saber que, en todo momento que Dios va a realizar una promesa, habrá un instrumento, un hombre a través del cual Dios va a cumplir esa promesa.

La liberación del pueblo hebreo era una promesa divina, y a través de un hombre Dios la cumpliría. Dios, el Libertador, tendría un hombre; y entonces, por consiguiente, el pueblo estaba esperando al Libertador: a un hombre en el cual estaba Dios para libertar al pueblo.

Actualmente también Israel está esperando al Libertador: “Y vendrá de Sion el Libertador.” También dice: “Y vendrá a Sion el Libertador.” Por lo tanto, Israel está esperando al Libertador, que es el Mesías prometido para Israel: un hombre a través del cual Dios libertará a Israel.

Ahora, viendo el caso de Moisés, luego que va a libertar al pueblo y tiene todo en orden y ha dicho lo que hay que hacer, y ha traído las plagas, ha hablado las plagas que Dios va a enviar, y se han cumplido, el pueblo tenía que tener un sacrificio en donde la sangre librara a los primogénitos de cada familia hebrea. Por lo cual, Dios le dijo que cada familia tomara un cordero de un año sin tacha, y lo guardara desde el día diez hasta el día catorce, y luego lo sacrificara, cada familia sacrificara ese cordero, y colocaran su sangre en el dintel y los postes de la puerta de cada familia hebrea; porque esa sangre libraría de la muerte a los primogénitos, de la última plaga, que era la muerte sobre los primogénitos.

Y el cordero lo asarían; no podía ser colocado en agua (hervido) sino que tenía que ser en fuego (asado, cocinado), y colocado dentro de cada hogar; y cada familia tenía que estar comiendo ese cordero durante la noche. Porque esa noche la plaga de la muerte pasaría por Egipto, a la medianoche, y morirían todos los primogénitos de cada familia, y aun de los animales también. Pero las familias hebreas tendrían la sangre aplicada en el dintel y los postes de la puerta de cada hogar hebreo, y el ángel de la muerte no entraría a esos hogares; por lo tanto, la seguridad era estar dentro de la casa donde estaba la señal de la sangre del cordero pascual.

Y no murieron los que permanecieron dentro de sus hogares comiendo el cordero pascual. Hasta que pasó la plaga. Murieron los egipcios primogénitos: desde el hijo mayor primogénito del Faraón, hasta el de los esclavos y también de los animales.

Encontramos que ese era el Consejo Divino, el Programa Divino, para esa noche: que caería la plaga de la muerte sobre todo Egipto. Siempre hay una forma de escapar del juicio divino.

El único que conocía sobre esas plagas y cuándo vendrían, era un hombre llamado Moisés; y él lo daba a conocer al pueblo, y las cosas acontecían.

Moisés no fue el que trajo las plagas, fue Dios; pero el instrumento de Dios a través del cual era comunicado lo que Dios iba a hacer, era comunicado el Consejo de Dios, era un hombre llamado Moisés.

Siempre hay un instrumento de Dios a través del cual Dios se manifiesta, revela a ese hombre las cosas, el Consejo Divino, y él lo da a conocer. Como pasó con Noé: Noé dio a conocer el Consejo de Dios para aquel tiempo; todo el Consejo de Dios: desde los sacrificios que se tenían que realizar, también el proyecto físico de la construcción del arca porque vendría un diluvio… y no llovía; eso era inconcebible para la gente de aquel tiempo.

Se podían reír de Noé: “¿Cómo vas a construir un arca si no llueve?” Y además de eso, construirla en un sitio de árboles, de seguro un monte o un bosque; y no estaba en un lugar de agua sino en un lugar seco, donde estaba construyendo; porque la Biblia no dice que estaba en un río construyendo el arca. Un arca se construye con madera: tenía que ser en un sitio donde estuviera la madera; pero el arca flotaría con la lluvia, el agua de lluvia que caería; y no llovía en ese tiempo; y vendría un diluvio.

Pero cuando comenzó a llover y las fuentes de abajo de la tierra se abrieron también, y comenzó a salir agua, a brotar agua, y a llover, a caer agua del cielo también, entonces supieron que el plan de Dios, lo que Dios había determinado, era verdad. Pero los que —cuando Noé lo dijo— creyeron: trabajaron en ese proyecto, y entraron al arca antes de caer la lluvia.

Es importante estar conscientes de cuáles son las promesas para el tiempo en que uno vive, y cuál es el Consejo de Dios, el Plan de Dios, el Programa de Dios para ese tiempo. Porque para cada edad y para cada dispensación, el Programa de Dios es dado a conocer para que se camine en ese Programa Divino, el cual es el programa de y para bendición de todos los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Ahora vean, luego que Moisés liberta al pueblo, tuvieron muchos problemas por el camino, pero ellos iban dirigidos por el Ángel del Pacto a través del profeta Moisés: Dios usando un hombre, un profeta dispensacional. Por lo tanto, a través de ese profeta dispensacional vendría toda la revelación del Consejo Divino. Por eso, a través de Moisés, Dios le dio la Ley, Dios le dio mandamientos, Dios le dio todo lo que Israel necesitaba. Por eso dice en Malaquías, capítulo 4, verso 4 en adelante:

“Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel.”

Fueron decretadas por Dios todas estas Leyes para Israel, y Moisés las recibió y las dio al pueblo. Moisés era el instrumento de Dios.

Algunas personas piensan: “Si un hombre es enviado de Dios, todo el mundo lo va a recibir, no va a tener problemas,” pero no es así. Lo más probable sea que la persona que más problemas tendrá, será el enviado de Dios.

Miren, a unos los rechazaban. ¿Cuántos creyeron en Noé y su Mensaje? Ocho personas. ¿Cuántos creyeron en Moisés? Pocas personas. Durante toda la trayectoria de Israel por el desierto, por cuarenta años, se levantaron en contra de Moisés, y por consiguiente en contra de Dios, porque Dios estaba en Moisés; y luego Dios dice que los pasó por el desierto por cuarenta años, y les hizo tener sed y hambre para probar lo que había en el corazón de las personas. Deuteronomio, capítulo 8, verso 2 en adelante, dice:

“Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos.

Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.”

O sea, que en toda esa etapa, por cuarenta años siendo pasados por el desierto y pasando por diferentes dificultades, tenía un propósito: el pueblo ser probado para que saliera de su corazón lo que había: si había de servir a Dios o no. Y por eso son también las pruebas por las cuales los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, pasan en su vida terrenal.

Porque cuando las cosas están buenas, están bien, todo el mundo dice: “¡Qué bueno es Dios! Yo amo a Dios,” y sirve a Dios; pero cuando vienen las pruebas, entonces dicen algunos: “Yo no sabía que iba a tener tantas luchas en la vida.” Pero así es. Ahí es donde usted prueba que, aunque pasen los problemas que pasen, usted no se va apartar de Dios.

El ejemplo lo tenemos en Job: Job, siendo un justo, pasó por una etapa muy difícil, a tal grado que la esposa le dijo: “Maldice a Dios y muérete”; pero él bendecía a Dios y seguía a Dios, sirvió a Dios, pasó esa prueba; y después fue bendecido.

La bendición viene después de una prueba, porque la persona ha luchado y ha obtenido la victoria al mantener la fe en Dios.

Ahora, hablando de Moisés: con Moisés comenzó la Dispensación de la Ley, que es la quinta dispensación; bajo esa dispensación fueron establecidas las Leyes y ordenanzas para todo Israel.

Cada dispensación recibe la Palabra que el pueblo tiene que conocer: Es el mismo Dios en Su Programa de dispensaciones, pasando de una dispensación a otra; y en cada dispensación hay etapas o edades, donde también hay mensajeros para cada etapa de cada dispensación; y el mensajero de cada etapa mantiene la Palabra, el Consejo de Dios, vivo en medio del pueblo, hablándole ese Consejo Divino para que permanezcan en él.

La Palabra de Dios siempre ha venido a los profetas: “Porque no hará nada el Señor sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos, Sus profetas,” dice Amós en el capítulo 3, verso 7. Esa es la forma que Dios siempre ha usado y usará para, Dios por medio de Su Espíritu y en Espíritu, manifestarse al pueblo: siempre tendrá un instrumento; y así es que viene la Palabra de Dios para cada tiempo, para producir, dar a conocer y producir, aquello que Dios ha prometido hacer en ese tiempo; así es como se mantiene el Consejo de Dios, de edad en edad y de dispensación en dispensación.

Vemos luego los diferentes profetas que fueron enviados bajo la Dispensación de la Ley en las diferentes etapas o edades de la Dispensación de la Ley, que es la quinta dispensación.

La primera fue la Dispensación de la Inocencia, del tiempo de Adán; luego la dispensación segunda, la Dispensación de la Conciencia, del tiempo de Set; luego la Dispensación del Gobierno Humano, la tercera dispensación, que es la dispensación del tiempo de Noé, que comienza con Noé, la Dispensación del Gobierno Humano, esa es la tercera; la cuarta fue la Dispensación de la Promesa, eso fue para el tiempo de Abraham; luego la quinta dispensación fue la Dispensación de la Ley con Moisés; la sexta fue la Dispensación de la Gracia, que es establecida por Cristo: dispensación que todavía permanece desde el tiempo de Jesús o del tiempo de Pentecostés y los apóstoles, hasta nuestro tiempo; en donde el ser humano, por la fe en Cristo, recibe la salvación y vida eterna, recibiendo también, para comenzar, el perdón de sus pecados, y es limpio de todo pecado con la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador.

Jesucristo introduce la Dispensación de la Gracia, anuncia la Dispensación de la Gracia, y hace el entrelace de la Dispensación de la Gracia con la Dispensación de la Ley.

En la Dispensación de la Ley tenemos los tipos y figuras, o sea, la sombra de lo que sería la Dispensación de la Gracia. En la Dispensación de la Ley se tenía el cordero pascual, en la Dispensación de la Gracia el Cordero Pascual es Jesucristo, el cual está en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y todos los que entran a esa Casa (el Cuerpo Místico de Cristo), están protegidos por la Sangre de Cristo, que está en la puerta; y la puerta es Cristo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.” San Juan, capítulo 10, verso 9.

Eso nos muestra también, que el Antiguo Testamento bajo la Ley, Dispensación de la Ley, es la sombra o tipo y figura de las cosas que vendrían en una nueva dispensación: la dispensación sexta, la Dispensación de la Gracia.

O sea, que en la Dispensación de la Ley, bajo el Pacto de la Dispensación de la Ley, encontramos el cristianismo tipificado: todos los creyentes allá, tipifican los creyentes en el cristianismo.

O sea, que siendo el Antiguo Testamento bajo la Dispensación de la Ley la sombra o tipo y figura, cada creyente en Cristo en la Dispensación de la Gracia puede ver en la Dispensación de la Ley quién lo representó allá.

Por ejemplo, Moisés representa a Cristo, representa a Cristo en Su Primera y en Su Segunda Venida, porque él fue el mensajero dispensacional de aquella dispensación. Y ahora, tenemos el cristianismo representado en el Antiguo Testamento, bajo la Dispensación de la Ley; por lo tanto, en la Ley, la Dispensación de la Ley, se muestra en todos los sacrificios el Sacrificio del Mesías que Él llevaría a cabo para quitar el pecado del mundo y cada ser humano ser limpio de todo pecado y poderse acercar ante Dios, y así la persona obtener la salvación y vida eterna.

Es importante entender estas cosas, porque las cosas del Nuevo Testamento son las cosas celestiales. Son, los creyentes en Cristo, los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, los cuales nacerían en la Iglesia por medio del nacimiento del Agua y del Espíritu: Nacer del Agua y del Espíritu para entrar al Reino de Dios, como dice Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3.

Por eso San Pablo dice en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21: “Porque vuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de nuestra humillación (de la humillación nuestra), para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya, por el poder con el cual puede sujetar a Sí mismo todas las cosas.”

O sea que estas personas creyentes en Cristo, nacidas de nuevo, pertenecen al Cielo; son seres que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo; y por consiguiente, tenían que aparecer en la Tierra en cuerpos mortales, porque la raza humana había caído cuando Adán y Eva pecaron, pero estas personas escritas en el Cielo, que son los hijos e hijas de Dios que estaban en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo, tenían que aparecer en la Tierra.

Y hemos aparecido en cuerpos mortales, hemos aparecido en la permisiva voluntad de Dios en cuerpos mortales; porque la perfecta voluntad es que aparezcamos en cuerpos eternos, cuerpos glorificados, pero primero viene esta etapa en la permisiva voluntad de Dios, para hacer contacto con Cristo, recibirlo como Salvador, y ser bautizados en agua en Su Nombre, y recibir Su Espíritu y obtener la vida eterna; y ser así trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Cristo nuestro Salvador, el Reino de Luz, el Reino de vida eterna; y así nacer en el Reino de Cristo, nacer de nuevo, nacer espiritualmente, recibir el Espíritu; y así luego esperar la otra etapa, que es la resurrección de los muertos creyentes en Cristo, en cuerpos eternos, inmortales, glorificados; y los vivos ser transformados; y todos tener cuerpos eternos, inmortales, cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; y así estar en la forma en que Dios quiso, desde la eternidad, que nosotros estuviéramos viviendo en cuerpos eternos.

El estar aquí en esta Tierra en estos cuerpos mortales es una pasada temporal, para ese contacto con la vida eterna, para ser rociados con la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Por eso Cristo tuvo que venir también a la Tierra para llevar a cabo ese Sacrificio en la Cruz del Calvario; cosa inconcebible para algunos seres humanos, pero para Dios no. Es el Consejo Divino, el Plan Divino, pensado por Dios para llevarlo a cabo; y lo ha estado llevando a cabo. Y en ese Consejo Divino es que nosotros tenemos parte al recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. San Pablo decía: “No he rehuido darles a  conocer el Consejo de Dios,” todo el Programa de Dios de salvación y vida eterna, de Redención.

Para nuestro tiempo, hemos llegado a la etapa en donde la Iglesia ha subido a su etapa más alta, la edad de oro de la Iglesia, que es la Edad de Piedra Angular, como fue la Edad de Piedra Angular el tiempo de la Venida de Jesús dos mil años atrás; estamos en un tiempo paralelo. Y por consiguiente, estamos en el tiempo para la Segunda Venida de Cristo para el cristianismo; y para el judaísmo aparecerá como la Primera Venida, porque no recibieron, no entendieron, la Primera Venida; y eso también estaba en el Programa de Dios, en el Consejo de Dios, que no entendieran, para que pudiera efectuarse el Sacrificio de Expiación en la Cruz del Calvario por Jesucristo.

Por eso es que Cristo en la Cruz, orando dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” Por lo tanto, el cristianismo no debe ni puede acusarlos ni tratarlos mal, a los judíos, porque todo esto estaba en el Programa de Dios; sino amar a Israel, orar por Israel, y orar para que en la Venida del Señor a Su Iglesia, ellos lo puedan ver y puedan decir: “Ése es el que nosotros estamos esperando.”

El misterio de la Segunda Venida de Cristo es el misterio del cual Cristo dijo que ni los ángeles conocían cuándo sería el día y la hora. ¿El día y la hora de qué? El día y la hora de la Venida del Señor. A eso era que se refería cuando decía que nadie conocía el día y la hora.

El día y la hora de la Segunda Venida de Cristo es un misterio. La Venida de Cristo para el Día Postrero es el misterio más grande de toda la Biblia.

Para la Primera Venida de Cristo, aunque fue un misterio, uno de los misterios de Dios, hubo mucha información. Dice Isaías, capítulo 7, verso 14: “Porque la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (que traducido es: Dios con nosotros).” En San Mateo también nos habla de esto, del Mesías, y nos dice que sería Emanuel. San Mateo, capítulo 1, verso 23 dice, 22 al 23:

“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”

Era Dios con Israel (y por consiguiente con la raza humana) manifestado, velado en un cuerpo de carne llamado Jesús. Ése era el niño que nacería a través de la virgen María. En Isaías, capítulo 9, también nos habla de ese niño, y nos dice capítulo 9, versos 6 al 7:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro (ese niño fue Jesucristo naciendo de la virgen María); y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

O sea que será una Obra de Dios el cumplimiento de esta profecía, porque es el Consejo Divino que se llevará a cabo conforme a las Escrituras.

La parte correspondiente a Su Primera Venida ya se llevó a cabo dos mil años atrás, y el resultado ha sido la salvación de millones de seres humanos que lo han recibido como único y suficiente Salvador. Para el Día Postrero, la Segunda Venida de Cristo será como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, con un Nombre Nuevo que ninguno conoce sino Él mismo.

Y ahí aumenta el misterio de la Segunda Venida de Cristo, porque Él dice que tiene un Nombre Nuevo; y si Él lo dice, yo lo creo; por lo tanto, vamos a ver dónde lo dice, y el que lo desea creer, también lo podrá creer. Capítulo 3, verso 20 al 21 dice, de Apocalipsis:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

El que se va a sentar con Él en el Trono va a conocer ese Nombre. Vamos a ver el verso 11 al 12:

“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.

Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

El Espíritu Santo, que es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, dice que Él tiene un Nombre Nuevo; y es el Nombre de Dios y es el Nombre de la ciudad de nuestro Dios; y que lo va a escribir sobre el vencedor.

Por lo tanto, la Segunda Venida de Cristo en el Consejo Divino, es el misterio más grande de la historia de la raza humana, es el misterio más grande de toda la Biblia.

Recuerden que a través de la Biblia encontramos que todos los profetas y hombres santos, los justos, desearon saber, conocer, el Nombre de Dios. Ese misterio va a ser revelado en los Truenos de Apocalipsis 10, que es la Voz de Cristo en el Día Postrero clamando como cuando un león ruge, y siete truenos emitiendo Sus voces: Es la Voz de Cristo hablando consecutivamente.

Ya habló de edad en edad, en medio de Su Iglesia, durante las siete etapas o edades de Su Iglesia, habló Cristo en Espíritu Santo por medio de cada mensajero que Él envió; y en la etapa de Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia, hablará Cristo, el Espíritu Santo, en forma consecutiva, y se recorrerán siete etapas, en donde la Voz de Cristo hablará como cuando un león ruge, y siete truenos emitiendo Sus voces; o sea que para cada Trueno habrá una revelación divina de parte de Cristo: es la Voz de Cristo hablando a Su Iglesia, de etapa en etapa, en esa Edad de Piedra Angular.

Y Cristo viene con el Librito abierto en Su mano, el Libro que está sellado con siete sellos en Apocalipsis, capítulo 5, y que Él lo toma, Cristo lo toma; y cuando Él lo toma, Él lo toma como León de la tribu de Judá; así dice el anciano a Juan: “No temas, Juan: He aquí el León de la tribu de Judá, ha prevalecido para tomar el Libro y abrir sus sellos.”

Y luego, en el capítulo 6 hasta el 8, Él abre esos Sellos en el Cielo; y luego en el capítulo 10, trae el Librito abierto para Su Iglesia; y es en medio de Su Iglesia que Él vendrá con el Librito abierto, para entregarlo a Su Iglesia; y por consiguiente, ahí estará un instrumento de Dios para recibir ese Librito abierto, en representación de toda la Iglesia del Señor Jesucristo; y él pasará la revelación divina del contenido de ese Libro a Su Iglesia, y así le será revelado a Su Iglesia todo el misterio de la Segunda Venida de Cristo.

El Nombre Nuevo también va a ser revelado, porque los Truenos, que es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia en esa etapa donde Cristo estará como León de la tribu de Judá, ahí todos esos misterios contenidos en ese Libro sellado con siete sellos, serán abiertos, todos los que no habían sido abiertos serán abiertos; y todo eso le va a dar la fe para ser transformados y raptados, a los creyentes del Día Postrero, del tiempo final.

Cristo es el que sabe quiénes son los que van a ser transformados; por lo tanto, la predicación será para todos los seres humanos, y Dios tratará con cada persona como individuo; y cada persona creerá sin que lo obliguen a creer, porque el Espíritu Santo le abrirá el entendimiento y el corazón para entender, para creer y para recibir la Palabra.

Y esa persona, cada persona, será la buena tierra que oye la Palabra y la entiende, y lleva fruto a ciento por uno, a sesenta por uno o a treinta por uno; esa es la buena tierra en donde la Palabra del Día Postrero será sembrada como fue sembrada en cada etapa, en cada edad del pasado; recibirá todo el Consejo Divino, recibirá toda la revelación divina correspondiente al Día Postrero, y también recibirá el conocimiento de lo que sucedió en tiempos pasados, en edades pasadas.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo en la Dispensación de la Gracia se va a entrelazar con la Dispensación del Reino para el éxodo del Día Postrero, para entrar al Reino de Dios en lo físico también, con cuerpos eternos, cuerpos inmortales.

Ya los creyentes en Cristo están dentro del Reino de Dios en el campo espiritual, pero todavía tenemos un cuerpo en esta dispensación, en donde hay muchas dificultades, y en donde nuestros cuerpos tienen también diferentes problemas: problemas de salud, problemas del tiempo también, que ponen... van desgastando el cuerpo físico y se va poniendo viejo, y luego muere; porque es un cuerpo temporal con el propósito de que en este cuerpo nosotros recibamos a Cristo como nuestro Salvador y seamos rociados con la Sangre de Cristo nuestro Salvador; ese es el propósito principal de nosotros estar en esta Tierra: para obtener la vida eterna.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de Mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Por lo tanto, todo esto está en el Consejo de Dios para nuestro tiempo también, en el designio, en el propósito divino. Usted y yo somos parte de ese propósito divino. No estamos aquí por mera casualidad, ni tampoco usted escogió estar aquí en la Tierra viviendo; fue Dios el que tenía para usted y para mí el vivir en esta Tierra.

Por lo cual, le damos gracias a Dios por estar viviendo en esta Tierra, y por estar viviendo en la América Latina y el Caribe; es el territorio de bendición: América Latina y el Caribe con Centroamérica, todo esto. Centroamérica, el Caribe y Suramérica, es el territorio de bendición divina.

Como en los días de Jesús, los profetas y los apóstoles, Israel era el territorio de bendición; en el tiempo de San Pablo: Asia Menor; en el tiempo de los demás mensajeros: Europa; en el tiempo del reverendo William Branham: Norteamérica; y en nuestro tiempo: la América Latina y el Caribe.

Y aunque sea increíble, más increíble era que viniera un diluvio en los días de Noé, porque no llovía; pero aquello era ASÍ DICE EL SEÑOR. Por lo tanto, es importante saber hacia dónde se ha movido el Espíritu Santo, porque para donde se haya movido estará dando a conocer el Consejo Divino.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también; y nos ayude, y nos dé a conocer el Consejo Divino completo; y nos prepare y nos transforme lo más pronto posible; y nos lleve con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, aquí presente o en algún país, en alguna nación, que está escuchando en estos momentos el Evangelio de Cristo, puede recibirlo ahora como su único y suficiente Salvador, para que Cristo le reciba en Su Reino; para lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para que Cristo les reciba en Su Reino. Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

Vamos a estar puestos en pie para hacer la oración por los que han venido a los Pies de Cristo en diferentes países.

Esperamos que pronto se complete el número de los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, de la cual les he dicho que están representados (la Iglesia y los que la componen) en todos los creyentes del Antiguo Testamento; y por consiguiente, los creyentes del Antiguo Testamento estaban representados en los que… en la Iglesia del Señor Jesucristo y los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo; porque Israel bajo la Dispensación de la Ley es la Iglesia del Antiguo Testamento; y la Iglesia del Señor Jesucristo es la Iglesia del Nuevo Testamento, del Nuevo Pacto.

Por eso la Iglesia del Señor Jesucristo es Israel espiritual: su representación estaba en el Israel físico, en el Israel literal. Por eso los cristianos aman a Israel, y vemos también, de parte de Israel, amor para los creyentes en Cristo. Y cuando se cumpla la Venida del Mesías, ellos dirán: “Ése es el que estamos esperando,” pero Él viene por Su Iglesia, para hablarle como León de la tribu de Judá; porque como León es que ellos lo van a reconocer y lo van a recibir, como León; y León es el Rey. Por lo tanto, Cristo como León es el Rey de Israel, es el Hijo de David, es el Rey de reyes y Señor de señores.

Y vendrá con un Nombre Nuevo, porque Él tiene un Nombre Nuevo; y ese es un misterio tan grande que algún día va a ser revelado por los Truenos, o sea, por la Palabra que Cristo le dará a Su Iglesia, en donde se recorrerán siete etapas en la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular. Ahí es donde toda la revelación de Cristo como León la estará dando Cristo en Espíritu Santo a Su Iglesia, y así le estará dando la fe, la revelación, para transformación y rapto.

Pero recuerden: Todo será sencillo, por lo tanto no estén buscando las cosas en forma complicada. El que busca las cosas en forma difícil, se ha complicado la vida; le dará trabajo para entenderlas, y para obtenerlas. Así son todas las cosas en la vida.

Por lo tanto, en simplicidad, dijo el reverendo William Branham, que va a ser la Venida del Señor a Su Iglesia; y también la Venida después de la Cena de las Bodas del Cordero va a ser en simplicidad, pero va a ser grande: con Su Iglesia en cuerpos glorificados, todos en cuerpos glorificados. Eso es grande delante de Dios. Delante de los hombres puede ser algo que no tenga mucho significado, pero sí está en el Consejo Divino, y así se va a cumplir.

Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador en diferentes países. Con nuestras manos levantadas al Cielo:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión, en diferentes países. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos.

Y ahora los que han recibido a Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Señor, reconozco que soy pecador, y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y Te recibió como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Señor, haz realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. En el Nombre del Señor Jesucristo, Tu Nombre glorioso, te lo ruego, oh Señor, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén y amén.

Y ahora, con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN Y AMÉN.

Bien pueden ser bautizados, los que han recibido a Cristo como Salvador en diferentes naciones, iglesias, congregaciones, y que Cristo produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y el próximo domingo nos veremos (ya sea todos aquí presentes o en algún otro lugar, pero nos veremos).

Que Dios les bendiga y les guarde a todos; y hasta el próximo domingo, Dios mediante. Oren mucho por la actividad del próximo domingo.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL CONSEJO DIVINO.”

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