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Muchas gracias, Miguel. Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en otros países: ministros y sus congregaciones. Que las bendiciones de Cristo el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, y les abra las Escrituras y el entendimiento y corazón para entender y recibir la Palabra del Señor, todos, en esta ocasión. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Estamos viviendo en el tiempo más importante de la historia del cristianismo y de la historia del pueblo hebreo y de la historia de toda la familia humana.

Es el tiempo señalado como el Día Postrero, en donde las profecías que no se cumplieron en tiempos pasados se van a cumplir en este tiempo llamado el Día Postrero; en el cual el mismo Cristo profetizando o enseñando, revelando a los que en Él creían, Sus discípulos, dice que en el Día Postrero Él llevará a cabo la resurrección de todos los creyentes en Él. San Juan, capítulo 6, verso 37 al 40, dice:

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Es para el Día Postrero que Cristo ha prometido la resurrección de todos los creyentes en Él, que han muerto físicamente, y la transformación de los que estarán vivos; para que todos tengan cuerpos eternos, cuerpos glorificados igual a Su cuerpo glorificado.

Y ahora leemos en Segunda de Pedro, capítulo 1, verso 19 en adelante, al 21. Dice:

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;

entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada,

porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.”

Y la Palabra profética va a ser enseñada por el Espíritu Santo, conforme a las palabras de Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 26, donde dice:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.

Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.”

Y el próximo capítulo 15, verso 26 al 27, nos dice:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.”

Y el capítulo 16, verso 12 en adelante, dice:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Aquí podemos ver la promesa de que Cristo, por medio del Espíritu Santo que enviará a los creyentes en Él, les enseñará todas las cosas. Todas las cosas serán reveladas a los creyentes en Cristo.

Es importante saber cómo es que Cristo por medio de Su Espíritu va a enseñarle todas las cosas. Primera de Juan, capítulo 2, verso 27:

“Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados.”

Aquí tenemos establecido también, que será el Espíritu de Cristo enviado a Su Iglesia, que está formada por los creyentes en Él, el Espíritu Santo, el cual enseñará a todos los creyentes. Por eso Apocalipsis 22, verso 16 al 17 dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu (ahí tenemos quién es el que nos va a enseñar) y la Esposa dicen (el Espíritu, a través del cual Cristo en Espíritu le enseña a Su Iglesia; y la Esposa, la cual tiene la comisión de darlo a conocer a toda la humanidad)…”

Porque Su Iglesia es el instrumento a través de la cual se daría a conocer todo lo que el Espíritu estaría hablándole a Su Iglesia a través de la predicación del Evangelio, de edad en edad, durante la Dispensación de la Gracia.

Hay un orden divino a través del cual Cristo por medio de Su Espíritu le enseñaría a Su Iglesia, y Su Iglesia le enseñaría a la humanidad. Y esa sería la revelación de parte de Dios por medio de Cristo, a través del Espíritu de Cristo en medio de Su Iglesia, para hablarle a Su Iglesia y hablarle al mundo entero. Esa es la revelación de la Palabra de Dios, la cual es traída por el Espíritu Santo. Por lo tanto, el tema es:

“LA REVELACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS ES TRAÍDA POR EL ESPÍRITU SANTO.”

Ese es el tema de nuestro estudio bíblico de hoy domingo; día importante en la historia de la familia humana, y sobre todo en la historia del judaísmo y del cristianismo.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Hemos tenido estas Escrituras para ver claramente sobre la revelación del Espíritu Santo a los creyentes en Cristo, y de los creyentes en Cristo a la humanidad.

Es el mismo Espíritu Santo —desde el Génesis hasta el Apocalipsis— el que traería la revelación divina para la Dispensación de la Gracia, como trajo la revelación divina para la Dispensación de la Ley y para las dispensaciones anteriores. El mismo Espíritu Santo que le trajo la revelación divina también a Noé, para construir el arca; el mismo Espíritu Santo que le trajo la revelación divina a Moisés para la liberación del pueblo hebreo; y que fue el mismo el mismo Espíritu Santo el que le trajo la revelación divina a Abraham, a Isaac y a Jacob.

Es el mismo Ángel de Dios, del cual Jacob dijo, bendiciendo a sus nietos Efraín y Manasés: “El Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos hijos, estos niños.” Esto está por Génesis, capítulo 48, verso 15 en adelante. Dice:

“Y bendijo a José (su hijo. ¿Cómo? Bendiciendo a Efraín y a Manasés)...

Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,

el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.”

Es el mismo Ángel del Pacto desde Génesis hasta el Apocalipsis, el mismo que le aparecía a Adán. Es el cuerpo angelical de Dios, la imagen del Dios viviente, el cual es el cuerpo angelical de Cristo, es Cristo en Su cuerpo angelical. Y la semejanza física de Dios es Cristo en Su cuerpo físico que nació de la virgen María, tuvo Su ministerio en la Tierra, murió, resucitó glorificado y está sentado a la diestra de Dios; y todo poder le ha sido dado en el Cielo y en la Tierra.

Esa es la semejanza física de Dios. En Él habitó la plenitud de la Divinidad, la plenitud Divina, la plenitud de Dios. Ése es y será la semejanza física de Dios: el cuerpo físico glorificado de Jesucristo; por eso está sentado a la diestra de Dios.

¿Y Dios perdería Su poder porque se lo dio a Cristo? No, porque Dios está en Cristo, dentro de Cristo glorificado está Dios; y Dios está gobernando a través de Su cuerpo angelical, que está dentro de Su cuerpo físico glorificado, llamado Jesús o Jesucristo; por eso está sentado a la diestra de Dios.

Eso significa que todo el poder de Dios es manifestado a través de Jesucristo glorificado, sentado en el Trono de Dios; por eso Él gobierna en toda la Creación.

Esa era la lucha en los días de Jesús, esa era la lucha que hubo entre Cristo y el diablo. Si el diablo ganaba, el diablo a través de Judas Iscariote se sentaría a la diestra en el Trono de Dios; pero si Cristo ganaba, entonces Dios en y dentro de Cristo, en el cual estaba, llevaría ese cuerpo glorificado y se sentaría allá en el Trono celestial; y a través de ese cuerpo físico glorificado gobernaría toda la Creación, como lo hacía a través del cuerpo angelical. Es un misterio pero es la verdad.

Y ahora, vean ustedes, en cuanto a revelación… En cuanto a revelación, porque es importante entender que sin revelación no se puede entender la Escritura, no se puede entender el Programa Divino. Esto nos muestra Cristo en San Mateo, capítulo 11, versos 25 al 27. Dice:

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Sí, Padre, porque así te agradó.

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”

¿Y cómo es que Él lo revela? Por medio de Su Espíritu a todas las personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

En San Mateo, capítulo 13, versos 10 en adelante, después de hablar la parábola del sembrador, dice la Escritura:

“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.

Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:

De oído oiréis, y no entenderéis;

Y viendo veréis, y no percibiréis.

Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

Y con los oídos oyen pesadamente,

Y han cerrado sus ojos;

Para que no vean con los ojos,

Y oigan con los oídos,

Y con el corazón entiendan,

Y se conviertan,

Y yo los sane.

Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”

¿Y qué deseaban los profetas y los santos, los justos, ver y oír? El cumplimiento de las promesas mesiánicas dadas para Israel y la familia humana. Estaban deseosos de ver la Venida del Mesías, y a los discípulos del Señor les fue concedida esa bienaventuranza de ver el cumplimiento de la Venida del Mesías, y oírlo predicando, enseñando lo que estaba profetizado que Él enseñaría: “El año de la buena voluntad del Señor.” También dice: “y el día de venganza del Dios nuestro,” lo cual no enseñó, porque eso lo estará enseñando en Su Segunda Venida; esa será una de las identificaciones de la Venida del Mesías para el Día Postrero.

Estará hablando del Día de venganza del Dios nuestro; o sea, que estará hablando del juicio divino que caerá sobre la raza humana durante la gran tribulación, durante tres años y medio, y que le pondrá fin al reino de los gentiles, que está en el Día Postrero en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, conforme al sueño que tuvo el rey Nabucodonosor y le interpretó el profeta Daniel, en el capítulo 2 del libro del profeta Daniel, versos 30 al 45.

Y la Piedra no cortada de manos, que es la Venida del Mesías, crecerá Su Reino y llenará toda la Tierra, porque el Reino del Mesías será un Reino mundial con capital en Jerusalén, en Israel allá, en la ciudad de Jerusalén; porque esa es la única ciudad mencionada en la Biblia como la ciudad de Dios, la ciudad del Rey. Por lo tanto, es la ciudad eterna, la única ciudad de la cual Dios habla como ciudad de Dios, ciudad del Rey, y por consiguiente ciudad eterna; y en donde el Trono del Mesías estará (llamado también el Trono de David, que estaba allá en Jerusalén, al cual es heredero el Mesías).

Esa será la bendición más grande para Israel, pues dice la Escritura que todas las naciones llevarán sus riquezas a Jerusalén; por lo tanto, se convertirá Jerusalén en la ciudad donde estará la bolsa de valores, no solamente de Israel y para Israel sino para todas las naciones: la bolsa de valores mundial estará en Jerusalén.

Ahora, la revelación divina, que es tan importante la revelación divina de la Palabra de Dios, miren cómo venía a Israel. Y así desde el Génesis hasta nuestro tiempo, y por toda la eternidad. Capítulo 7 de Zacarías, versos 11 en adelante, dice, 11 al 12:

“Pero no quisieron escuchar (o sea, Israel), antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Dios se enoja cuando Él envía Su Palabra a través de un profeta a la humanidad, se enoja cuando no escuchan; y por consiguiente, la bendición que venía en la Palabra para el pueblo, y por consiguiente para individuos, luego es cancelada esa bendición y entonces es decretado juicio divino sobre los que no escuchan esa Palabra.

Eso está de acuerdo a Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante, donde dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis…”

¿A quién dice Dios que el pueblo está llamado a escuchar? Al profeta que Dios levante de en medio del pueblo, porque a él viene el Espíritu Santo, y a través de él le habla al pueblo; porque el Espíritu Santo le trae la revelación a ese profeta, y ese profeta ungido con el Espíritu la transmite al pueblo. Tan sencillo como eso.

No escuchar el Mensaje de parte de Dios, que trae ese profeta mensajero, es no escuchar a Dios; y no escuchar a Dios trae las consecuencias más graves, como fue en el Huerto del Edén: que Dios había dicho que no comieran del árbol de ciencia del bien y del mal. Eso se lo transmitió Dios por Su Espíritu, por el Ángel del Pacto, a Adán; y luego Adán se lo enseñó a su esposa Eva.

No obedecer esa Palabra, no darle oído, no estar atentos a esa Palabra, entonces la bendición que había en guardar ese consejo divino se convertía en maldición, si no obedecían. Si comían del árbol de ciencia del bien y del mal, morirían. Se convertiría entonces en una maldición no escuchar la Palabra de Dios por medio del Ángel del Pacto dada a Adán, y Adán transmitirla a su esposa Eva. Aquí dice:

“…conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb (o sea, en el Monte Sinaí) el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.”

Leemos: “Jehová”, porque esa es la traducción que hicieron para Reina Valera y otras traducciones del cristianismo. En el judaísmo no se usa el nombre Jehová.

“Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.”

Y ahora, ¿dónde Dios colocaría Su Palabra? En la boca de un profeta como Moisés. Todos los profetas que Dios ha enviado son como Moisés en una escala menor, pero vendrá uno, el Mesías, que es en una escala mayor que la de los otros profetas que ya Dios ha enviado; será un profeta dispensacional; y eso se cumple en la Primera Venida del Mesías y en la Segunda Venida del Mesías para el cristianismo.

En Su Primera Venida viene predicando “el año de la buena voluntad del Señor”, y en Su Segunda Venida viene predicando “el día de venganza del Dios nuestro,” dando a conocer el juicio divino que vendrá durante la gran tribulación y anunciándole al pueblo que busquen a Dios, que se preparen para el encuentro con nuestro Dios en la Venida del Mesías —en el cual estará Dios— y puedan escapar de las cosas que vendrán durante la gran tribulación sobre la Tierra, puedan estar en pie delante del Hijo del Hombre en Su manifestación en Su Venida en el Día Postrero, como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, como el Ángel Fuerte que desciende del Cielo con el Librito abierto en Su mano. Verso 18:

“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú…”

Para este tiempo final, un profeta como Moisés está prometido, y un profeta como Elías. Malaquías, capítulo 4, versos 1 al 6:

“He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día del Señor, grande y terrible.

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

O sea, antes de que hiera la Tierra con maldición, tiene que aparecer ese profeta, el Elías prometido, que será un hombre del tiempo final con el espíritu y virtud de Elías, un hombre como el profeta Elías, otro profeta como el profeta Elías; en el cual estará el Espíritu de Dios y, por consiguiente, la revelación de Dios para él y para él darla al pueblo.

Por lo tanto, el pueblo hebreo recibirá esa revelación, escuchará esa revelación Divina siendo dada, predicada, y va a impactar el corazón de Israel.

Israel sabe, los rabinos saben que Elías vendrá proclamando la paz imperecedera, la paz permanente para Israel.

Pueden anunciarle tratados de paz a Israel, pueden hablarle de paz a Israel diferentes líderes políticos y religiosos, hablándole de paz a Israel por medio de pactos, de convenios humanos internacionales, pero Israel sabe y los rabinos saben que esa es una paz temporal la que se puede obtener por medio de esos acuerdos.

Y San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, dice que cuando digan “paz y seguridad”, lo cual indica que van a lograr esa paz temporal (y la paz temporal es buena en lo que llega la paz permanente); y cuando digan: “paz y seguridad,” va a venir destrucción repentina; en esa etapa de esa paz temporal, luego vendrá una destrucción repentina, que está ligada a una Tercera Guerra Mundial atómica con todas las demás consecuencias que traerá, como el aumento de terremotos, volcanes en erupción, maremotos, tsunamis, caídas de muchos edificios en las grandes ciudades que tienen esas torres —la Escritura habla de todo eso—; y todo lo que puede ser removido, será removido.

Por lo tanto, es importante escuchar siempre, en el tiempo que a la persona le toca vivir, la Voz de Dios, la Voz de Jesucristo, conforme al orden que Él tiene para hablarle a Su pueblo.

En el Antiguo Testamento, Dios por medio de Su Espíritu, o sea, por medio de Su Ángel, el Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios, hablaba, a través de los profetas. Es a los profetas que viene la Palabra: “Porque no hará nada el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” Amós, capítulo 3, verso 7.

Ese es el orden divino conforme a Amós, capítulo 3, verso 7, conforme a Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19, y también capítulo 13, verso 1 en adelante.

No hay otro orden establecido, ese es el orden de Dios. Y siempre es un profeta solo en cada edad (si es para una edad) y en cada dispensación (si es para una dispensación completa). ¿Dos profetas por qué nunca tiene? Son dos cabezas, piensan diferente. Lo vemos en el caso de Moisés y Aarón su hermano, y Miriam: ellos no eran profetas, Aarón y Miriam; ella era profetisa, tenía un don de profecía para profetizar, pero no era una profeta, no era la profeta de la Dispensación de la Ley. Y Aarón, dice Dios a Moisés: “él será para ti boca; o sea, tú pondrás, la Palabra que yo te doy, la pondrás en boca de Aarón, y él hablará lo que tú le digas que hable; él será profeta para ti.” O sea, que Aarón era profeta de Moisés, y Moisés era profeta de Dios.

Pero un día Aarón y Miriam dijeron: “¿No ha hablado Dios también por nosotros?” O sea, se colocaron como profetas, viendo que lo que ellos hablaban era lo que Dios le había revelado a Moisés y Moisés se lo había comunicado a ellos.

Moisés se metió en ese problema porque pidió un ayudante que hablara por él; pero Moisés tenía la parte espiritual, la parte política en sus manos, él estaba sobre Aarón, sobre María y sobre todo Israel.

Yo les dije que Aarón iba a ser boca de Moisés, vamos a ver: Capítulo 4 del Éxodo, dice, verso 10 adelante:

“Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua (tartamudo).

Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?

Ahora pues, vé, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.

Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.

Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón.

Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.”

¿Ve? Aarón iba a ser boca de Moisés. Lo que Moisés tenía que decirle al pueblo se lo decía a Aarón para que él se lo comunicara al pueblo, y debía hacerlo sin añadirle ni quitarle; y lo que Dios quería que Moisés le dijera a Aarón, pues Dios se lo revelaba a Moisés. O sea, que el receptor de la Palabra de Dios, la revelación de Dios para el pueblo, era Moisés, porque él era el profeta para aquella nueva dispensación que se estaba preparando para abrirse para Israel.

Y por consiguiente, Moisés y la Palabra revelada que él tenía y traía para el pueblo a través de Aarón, era la Luz para Israel, para aquella nueva generación, para aquella nueva dispensación, la Dispensación de la Ley. Porque la Palabra velada en carne humana, como la vemos en Moisés, era la Luz para la Dispensación de la Ley, era la Luz para Israel. La Luz estaba resplandeciendo para Israel cuando llegó Moisés allá a Israel, estando en Egipto el pueblo; porque la Palabra hecha carne para la edad o dispensación, es la Luz para esa edad o dispensación. Así es como la Luz resplandece en medio del pueblo.

Es lo mismo que cuando Jesús llegó a Galilea: La Luz estaba resplandeciendo conforme a Isaías, capítulo 9, versos 1 en adelante, y por eso Jesús podía decir [San Juan 8:12]: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”

Es ahí cuando la Luz resplandece, cuando la Luz alumbra: cuando la Palabra prometida se hace carne en el mensajero correspondiente a ese tiempo. Ya la Luz está materializada, y lo que sale es el resplandor de esa Luz, que es el Mensaje resplandeciendo para alumbrar el alma y el espíritu, la mente de los seres humanos; es la Columna de Fuego en el mensajero, revelándole a él y hablando por medio de él la Palabra, que es Luz para los seres humanos.

Tenemos algunos escritos del reverendo William Branham, muy importantes, que nos muestra sobre este misterio de los mensajeros y del Espíritu de Dios obrando por medio de ellos, en medio del cristianismo.

En la página 169 del libro de “Las Edades,” que corresponde a la Edad de Esmirna, de la mitad en adelante, de esa página, dice:

“Le agregan aquí o le quitan allá, y dentro de poco tiempo el Mensaje ya no es puro y el avivamiento se muere.”

Cuando el Mensaje que viene para una edad por medio del Espíritu a través del mensajero de esa edad, cuando le agregan a ese Mensaje o le quitan: el avivamiento, el despertamiento espiritual para esa etapa, para esa edad de la Iglesia, muere.

“Cuánto cuidado debemos tener al oír UNA Voz, porque el Espíritu solamente tiene una Voz, la cual es la Voz de Dios. Pablo les advirtió que dijeran lo que él dijo, como también lo hizo Pedro. Él les advirtió que ni aun él (Pablo) podía cambiar una sola palabra de lo que había dado por revelación. Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros!”

Los diferentes mensajeros que Cristo envía a Su Iglesia, a los cuales trae por medio de Su Espíritu la revelación para cada edad, en la cual vive cada mensajero.

“Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros!”

Por lo tanto, hay que oír la Voz de Dios, la Voz del Espíritu Santo que viene de parte de Dios, de parte de Cristo, a través del mensajero que Él tiene para ese tiempo.

“¡…y luego decir lo que les ha sido dado a ellos para las iglesias!”

Tenemos otra página aquí, muy importante. Vamos a ver lo que hace ese Mensaje que viene de parte de Dios, de parte de Cristo por medio del Espíritu al mensajero, y el mensajero lo predica al pueblo. Página 265:

“Como ya hemos mencionado, Jesús se identifica con el mensajero de cada edad. Ellos reciben de Él la revelación de la Palabra para cada edad. Esta revelación de la Palabra saca del mundo a los escogidos de Dios y los coloca en unión completa con Cristo Jesús.”

Los coloca en unión completa, los coloca en Su Iglesia, en el Cuerpo Místico de creyentes, los cuales forman la Iglesia del Señor, ese Templo espiritual, esa Casa de Dios, esa Familia de Dios.

“Estos mensajeros son llamados estrellas porque brillan con una Luz prestada o reflejada, la Luz del Hijo, Jesús. También son llamados ‘estrellas’ porque son ‘portadores de luz’ en la noche. Así que en la oscuridad del pecado, ellos traen la Luz de Dios a Su pueblo.”

¿Ven cómo viene la revelación? Por medio de Cristo en Espíritu al mensajero correspondiente para cada edad; trae la revelación, el mensajero, para su edad; ellos predican ese Mensaje, lo traen, y con ese Mensaje sacan del mundo a los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que son los escogidos de Dios, y los coloca en el Cuerpo Místico de creyentes, o sea, en Su Iglesia; y con ellos forma la etapa de su Iglesia, correspondiente a cada edad. Eso es algo muy sencillo, que hemos estado viendo a través de las diferentes etapas de la Iglesia.

Y en la página 227 del libro de “Las Edades” en español, también dice:

“Ahora, siendo que cada uno de estos mensajes es dirigido al ‘ángel’ (al mensajero humano), su porción es una grande responsabilidad como también un privilegio maravilloso. A estos hombres Dios hace promesas especiales, como en el caso de los doce apóstoles estando sentados en doce tronos juzgando a las doce tribus de Israel. Luego, acuérdese de Pablo, a quien le fue dada una promesa especial: la promesa de presentar a Jesús a la gente de la Novia de su día.”

Y si a Pablo le fue dada esa promesa, a cada mensajero de cada etapa es dada la bendición y promesa de presentar el grupo de creyentes que forma la Iglesia de su edad, que surgieron por medio de la manifestación del Espíritu Santo trayendo el Mensaje y hablando el Mensaje a través de ese profeta, de ese mensajero en cada edad, y el pueblo oyendo y recibiendo ese Mensaje, porque nació la fe de Cristo en su alma.

Vean, la misma bendición y privilegio y promesa que tienen los apóstoles: sentarse en doce tronos, y también los patriarcas, que tienen la promesa de sentarse en doce tronos. Son veinticuatro tronos para juzgar a las tribus de Israel; y doce de ellos, principalmente, juzgarán a las doce tribus de Israel. Los patriarcas tendrán también su trabajo en ese Reino.

Y los mensajeros de cada etapa de la Iglesia tienen un privilegio muy grande; tan grande que nos falta el tiempo para darlo a conocer, y tiene que ver con los creyentes en Cristo de entre los gentiles, porque el Evangelio se tornó, se fue, a los gentiles; por lo tanto, tiene que ver con la Iglesia del Señor Jesucristo y todos los territorios que ha cubierto el Evangelio de Cristo; y por consiguiente, también, todo lo que tiene que ver con el pueblo que no pertenecía a la Iglesia del Señor Jesucristo entre los judíos, allá en Israel.

O sea que hay una bendición grande para los mensajeros, pero eso lo vamos a dejar quietecito ahí porque hay una revelación muy grande que tiene que ver con la Segunda Venida de Cristo como León de la tribu de Judá, al cual estarán sujetos esos mensajeros; y tiene que ver con el Reino del Mesías, y con la parte que tendrán millones de gentiles en el Reino del Mesías. Y ahí vamos a dejarlo quietecito, porque no conviene por el momento hablar abiertamente sobre ese tema; como hizo Jesús en su día: dijo que se sentarían en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel, pero no explicó mucho. Cuando quisieron otra posición adicional Juan y Jacobo, Cristo les dijo a ellos y a la madre de ellos, que no era de Él darlo sino para aquellos que estaba ordenado, destinado.

O sea que esa posición corresponde a alguien en el Día Postrero, en medio del cristianismo; y por consiguiente, encabezará a los mensajeros de la Iglesia del Señor Jesucristo de entre los gentiles. Ya les dije demasiado, así que vamos a dejarlo quietecito.

Esto está ligado a la Segunda Venida de Cristo como León. Y eso está en aquello que dijo el reverendo William Branham que ni los ángeles sabían cuándo sería el día de Su Venida, el día y la hora; y aquello que dijo el reverendo William Branham que él no debía dar a conocer.

Por lo tanto, hemos dado a conocer más de lo que se dio a conocer en aquel tiempo, pero hasta aquí es suficiente; el resto quizás lo verán en su cumplimiento, porque hay que estar vigilando el cumplimiento, para entonces juntar la promesa con el cumplimiento; y ahí tendremos las dos partes unidas, y así es como identificaremos todo eso.

Por ejemplo, la Venida del Mesías para el Día Postrero es prometida como fue la Primera Venida del Señor pero allá como Cordero y acá como León.

Y la pregunta es: ¿Cómo tenían que conocerlo allá? Por medio de la Palabra que Él hablaba y que Él cumplía en aquel tiempo. Él decía: “Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, entonces crean. Aunque no crean en mí, crean en las obras.”

En este libro de “Citas,” página 107, y también otros lugares, nos dice algo que es muy importante que tengamos en cuenta para que no se nos pase por alto lo que ha de suceder. Y con esto yo creo que vamos a tener suficiente para entender.

Él nos dice que el Mesías siempre estará en la Palabra. Como Cristo, dos mil años atrás, siempre decía: “Escrito está”, “así dice.” Él vino para cumplir lo que estaba prometido para el pueblo. Y por consiguiente, Él, al cumplir lo que estaba escrito, fue identificado como el Mesías prometido; porque lo que está prometido para el Mesías identifica a la persona, al Mesías, al estar cumpliendo lo que está prometido.

Hay mucho para revelar y para el pueblo recibir la revelación, para estar preparado y no dejar que se le pase por encima, que se le escape el cumplimiento de lo que está prometido. Y para que no se le escape, ¿necesitamos qué? La revelación de parte de Cristo para nuestro tiempo, como para cada edad se necesitó la revelación de Cristo por Su Espíritu a través del mensajero al cual vino, y él la predicó, la enseñó al pueblo. Y los que estaban escuchando ese mensajero estaban escuchando la Voz de Cristo por medio de Su Espíritu, la Voz del Espíritu hablándole a Su Iglesia a través de un velo de carne llamado: el mensajero de esa edad.

Así es para cada edad de la Iglesia, incluyendo la Edad de la Piedra Angular; y por consiguiente, el que estará en el Día Postrero cumpliendo lo que está prometido que hará Elías, ese será el Elías prometido; y el que estará cumpliendo lo que está prometido para un profeta como Moisés, ese será Moisés: el Moisés del Día Postrero. Y el Elías del Día Postrero: el que estará cumpliendo lo que Elías tiene que hacer. Y el Mesías del Día Postrero ya ustedes lo verán más adelante aquí en la Escritura, en lo que el Espíritu enseña para el Día Postrero. Lo cual está profetizado desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Y por consiguiente, los escogidos lo identificarán por lo que estará enseñando al pueblo. Así será como lo reconoceremos en el Día Postrero, así será como él estará haciendo: estará cumpliendo lo que Él prometió. Él no tendrá que decir que él es ese mensajero, sino que lo verán por medio de lo que él estará haciendo y lo que estaba prometido que haría ese mensajero, o sea, Cristo en Espíritu a Su Iglesia por medio de ese mensajero, lo que Él hablaría a Su Iglesia.

¿Cómo conoceremos en el Día Postrero? Porque él estará siempre hablando conforme a la Palabra. Estará en la Palabra mostrando todo lo que está en la Palabra, lo que Dios ha prometido para este tiempo final; y por consiguiente, así dando testimonio también de las cosas que han de suceder en este tiempo final.

Estaremos entonces viendo la trayectoria del Espíritu Santo desde Jerusalén o desde Israel hasta este tiempo final, y aún más, desde el Génesis hasta este tiempo final, y aún más, desde la Creación, y aún más, desde antes de la Creación; podemos llegar hasta antes de la Creación porque fue Dios por medio del Espíritu Santo, del Ángel del Pacto, de Cristo, de la Columna de Fuego, que creó todas las cosas: “El Verbo que era con Dios y era Dios, y por Él fueron hechas todas las cosas; y sin Él, nada de lo que fue hecho fue hecho.” [San Juan 1:1-5]

Él es ese poder, esa energía, que estaba antes de la Creación, de donde surgieron todas las cosas creadas; porque las cosas que se ven fueron hechas de las que no se veían.

Ese es nada menos que esa partícula de Dios que han descubierto que hubo antes de la Creación, la ciencia ha descubierto eso, y ese es Cristo, del cual procede toda la Creación; Dios por medio de Cristo el Ángel del Pacto, el Verbo, creó todas las cosas. Eso es lo que dice la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”

Así que ahora la ciencia lo ha descubierto, y en Génesis, capítulo 1, ya estaba escrito: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”: El origen de la Creación. Y lo explica San Juan, capítulo 1, verso 1 al 18, que era Dios por medio del Verbo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios; por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo hecho fue hecho. En Él estaba la vida.”

Por lo tanto, la vida, para venir a vida toda la Creación estaba en Él. Toda la Creación, incluyendo el universo completo con todos los seres angelicales y también seres físicos, individuos, animales y así por el estilo.

La revelación de la Palabra de Dios ¿cómo es traída? Por el Espíritu Santo. “Él os revelará todas las cosas. Él dará testimonio de mí (dice Cristo). Y vosotros también daréis testimonio de mí.” Ese es el Espíritu de Verdad, que dará testimonio de la verdad.

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

De edad en edad, el Espíritu Santo en cada mensajero ha estado dando testimonio, enseñándole todas las cosas y recordándole todas las cosas que Cristo estuvo diciendo. Eso fue capítulo 14, verso 26. Y el capítulo 15, verso 26, dice:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.”

O sea, conoceremos el Espíritu de Verdad, el Espíritu Santo, porque estará dando testimonio de Cristo: De Su Primera Venida y de la Obra de Redención en la Cruz del Calvario, y de todas las cosas que han de venir. Estará profetizando también, y estará mostrando que también en el Antiguo Testamento están esas profecías; por lo tanto, estará ampliando todas esas profecías; o sea, estará la profecía creciendo, aumentando la profecía: la misma profecía de un tema aumentándola, con más conocimiento, más detalles.

En el capítulo 16, también nos dice, de San Juan, verso 12 en adelante:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.”

Así ha sido de edad en edad, y en este tiempo final el Espíritu Santo estará danto testimonio también de las cosas que han de venir: de las buenas para los creyentes y de las malas para los incrédulos; de las bendiciones para los creyentes y de los juicios divinos para los no creyentes en Cristo.

Por eso es que hay que estar atentos a LA REVELACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS TRAÍDA POR EL ESPÍRITU SANTO para nuestro tiempo, y viendo cómo Él trajo la Palabra revelada para tiempos pasados, y viendo qué cosas están prometidas para ser reveladas y para ser cumplidas en este tiempo final. De esas cosas estará hablando el Espíritu Santo a Su Iglesia, en la misma forma que habló de edad en edad: por medio de Sus diferentes mensajeros, de sus diferentes profetas.

“LA REVELACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS TRAÍDA POR EL ESPÍRITU SANTO.”

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted; para lo cual puede pasar al frente para que oremos por usted.

Y en las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Los niños también, de diez años en adelante, pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

No hay una decisión más grande, que el ser humano pueda hacer, sino la de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; esa es la decisión más grande que un ser humano pueda hacer, porque esa es la única decisión que coloca al ser humano en la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. No hay otra decisión.

Y lo más grande que un ser humano puede recibir es la vida eterna. Y Cristo dijo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Por lo tanto, la vida eterna es lo más grande que hay para el ser humano. Si la vida temporal que vivimos en estos cuerpos mortales es tan importante, ¡cuánto más la vida eterna!

Esta vida temporal es una bendición de Dios para que podamos hacer contacto con Cristo, para que nos dé la vida eterna; por eso hay que aprovechar el tiempo que nos ha tocado vivir, porque nadie sabe cuándo se le va a terminar su tiempo de vida aquí en la Tierra.

Y por eso es que los niños cuando nacen los presentamos al Señor para asegurarlos en la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. O sea, que desde que nacen, y aun desde que están en el vientre se ora por ellos, y cuando nacen se presentan al Señor. Queremos tenerlos en el Reino eterno con nosotros.

Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo; por lo cual, podemos estar puestos en pie, los que están en Puerto Rico y los que están en otras naciones, para que queden incluidos todos en esta oración que estaremos haciendo.

Con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo, nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repita conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y en Tu Nombre. Creo que no hay otro nombre en el cual podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida como el Mesías prometido, que moriría en la Cruz del Calvario, en la Obra de Expiación, de Redención para el ser humano. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mí y por el ser humano. Y creo en Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario como el Sacrificio del Cordero Pascual para quitar el pecado del mundo.

Doy testimonio de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz realidad en mi vida la Salvación que ganaste para mí y para todo ser humano en la Cruz del Calvario.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Y ahora me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Pues he creído de todo corazón, y Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El agua no quita los pecados sino la Sangre de Cristo. Tenemos que tener en claro eso, para así saber que es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado; y luego cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua, cosa que Cristo ordenó realizar a todos los que lo recibirían como Salvador.

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16]

Por eso los mandó a predicar y a bautizar a todos los que lo recibirían como Salvador. Es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual ha sido obedecido por todos los que lo han recibido como Salvador desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo.

Aun el mismo Jesús fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia, ¡y cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados! Si Cristo fue bautizado para cumplir toda justicia, ¡cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en agua en Su Nombre!

El bautismo en agua ya les dije que es tipológico, simbólico. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino del Señor Jesucristo, del Mesías.

Bien pueden ser bautizados. Dejo al ministro aquí, José Benjamín Pérez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados; y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que haga en la misma forma.

Continúen pasando todos, una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo; y hasta el próximo domingo, Dios mediante, en que estaré con ustedes en la forma correspondiente a ese día.

Dejo al ministro aquí presente.

Buenas tardes, y que Cristo les bendiga grandemente.

“LA REVELACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS ES TRAÍDA POR EL ESPÍRITU SANTO.”

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