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Muy buenas noches, amados y amables hermanos y hermanas presentes aquí en Palmira, Colombia. Es una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual, leemos en Segunda de Crónicas, capítulo 20, verso 20, en donde un rey de Israel habló palabras muy importantes, un político rey hablando palabras importantes para Su pueblo. Dice, capítulo 20, verso 20, de Segunda de Crónicas:

“Y cuando se levantaron por la mañana, salieron por el desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Aquí, en esta Escritura que hemos leído, encontramos que este rey de Judá tenía un conocimiento muy grande de lo que era la seguridad para el ser humano y para su pueblo Israel.

El secreto, para Israel estar seguro, era creer en Dios y hacer conforme a como Dios había establecido para Su pueblo, porque Israel pertenece a un Reino, al Reino de Dios; y es como un país o un Estado que pertenece a una nación: tiene que hacer conforme a las leyes de esa nación, de ese reino.

Por ejemplo, todos los países que pertenecieron o pertenecen a Inglaterra o a España, en otros tiempos o en este tiempo, tiene que hacer de acuerdo a las leyes de ese país, así como los Estados tienen que hacer de acuerdo a las leyes del país.

Y Dios acogió a Israel como pueblo Suyo; por eso encontramos en el libro del Éxodo, palabras que en la mente humana quizás no puedan ser muy comprendidas pero que tienen una importancia muy grande delante de Dios.

Hubo una ocasión en que Moisés viajando con el pueblo de Israel se encontró con unos enemigos que lo atacaron, y Dios defendió a Israel. Eso fue el tiempo en que Amalec le salió al encuentro al pueblo hebreo. Capítulo 17, verso 8 del Éxodo, dice:

“Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.

Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano.”

Vean lo que Moisés va a hacer con la vara en su mano, o sea, va a hacer contacto con otra dimensión y va a recibir ayuda.

“E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.

Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.”

Vean, una cosa tan sencilla: Cuando Moisés tenía su mano en alto con la vara: prevalecía Israel; cuando se le cansaban los brazos a Moisés, y bajaba sus manos: entonces Amalec prevalecía contra Israel.

Cuando la persona pierde el contacto con Dios a través de Cristo, que es el contacto que la persona tiene que tener: Cristo con Sus brazos levantados en la Cruz, Cristo crucificado; cuando la persona pierde ese contacto con Cristo entonces el enemigo prevalece contra la persona; pero cuando prevalece el pueblo es cuando está en contacto con Cristo y Cristo es el intermediario entre el pueblo y Dios. Él es el Intercesor que intercede por nosotros y nos defiende.

Mantenga el contacto con Dios a través de Cristo.

“Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos (por supuesto, en alto), el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada.

Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.

Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová- nisi;

y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová (y se había levantado contra Moisés y el pueblo; y aquí muestra que fue contra el Trono de Dios)… Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.”

Por ejemplo, cuando una nación tiene otras naciones bajo la corona del rey de esa nación poderosa, como sucedía con Alemania y otras naciones que estaban bajo la corona del rey o reina de Inglaterra o de España o de alguna otra nación, cualquier persona o pueblo que se levantara contra alguna nación que estaba unida a Inglaterra o España o a alguna otra nación poderosa: se estaba levantando en contra de esa nación poderosa; y cualquier persona o pueblo que se levantara contra Israel: se estaba levantando contra el Trono de Dios. Tan sencillo como eso. Porque Israel pertenece a Dios y Su Reino.

Bien está en la Escritura: “Israel es mi hijo, mi primogénito.” La primera nación creada por Dios; pues la Escritura dice que Dios es el creador de Israel. Por lo tanto, todo lo que alguien haga en contra de Israel, le será contado que lo está haciendo en contra de Dios; y lo está haciendo en contra del Reino de Dios y Trono de Dios.

Por eso encontramos en Primera de Crónicas, para que ustedes tengan un cuadro claro de lo que es Israel y de las bendiciones de Dios: Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 4 en adelante, dice el rey David:

“Pero Jehová el Dios de Israel me eligió de toda la casa de mi padre, para que perpetuamente fuese rey sobre Israel; porque a Judá escogió por caudillo, y de la casa de Judá a la familia de mi padre; y de entre los hijos de mi padre se agradó de mí para ponerme por rey sobre todo Israel.

Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel.”

El Trono de David y Reino de David es el Reino de Dios en la Tierra, y el Trono es el Trono de Dios en la Tierra. Capítulo 29, también nos dice, versos 22 en adelante:

“Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.”

Ese Trono de David donde se sentó el rey Salomón, dice que es el Trono de Jehová. El Trono de Dios terrenal es el Trono de David. El Reino de Dios terrenal es el Reino de David, el cual Salomón heredó.

Y por consiguiente, la representación del Trono y Reino celestial está ahí en el Reino de David y Trono de David; por eso va a ser restaurado ese Reino de David por el Mesías Príncipe en el Día Postrero; y el Trono de David va a ser restaurado; porque el Mesías Príncipe es el heredero de ese Trono y de ese Reino. Eso lo encontramos aquí en San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante, donde dice:

“Entonces el ángel (el Ángel Gabriel) le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Ahora miren hasta dónde llega el Trono y Reino de David: hasta el heredero, el Hijo de David, Cristo nuestro Salvador. Desde el Cielo, donde Cristo está sentado en el Trono del Padre, dirige todos los negocios del Padre; o sea, Dios el Padre a través de Cristo, allá en el Trono, obra todas las cosas. Está sobre toda potestad, sobre todo Reino, porque Él tuvo la victoria y se sentó en el Trono celestial de Dios; de lo cual Él estuvo hablando de que sería en esa forma cuando estaba aquí en el cuerpo el cual murió en la Cruz del Calvario. Por eso San Mateo, capítulo 28, verso 16 en adelante, dice a Sus discípulos ya resucitado: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.”

Todo el poder, Dios lo opera a través de Cristo, el cual está sentando en el Trono del Padre. Pero ahora en Apocalipsis, capítulo 3, versos 20 al 21, Cristo dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

En la misma forma que Él venció y se sentó con el Padre en el Trono celestial, y por eso todo poder le fue dado en el Cielo y en la Tierra, dice que va a hacer con el vencedor: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono.”

Ahora, Él se sentó con el Padre en el Trono celestial, pero el Trono de Cristo es el Trono de David al cual Él es el heredero; pero el Trono celestial es el Trono del Padre; y el Trono de Jesucristo es el trono terrenal, el Trono de David, al cual Él es heredero, del cual el Ángel Gabriel le habló a la virgen María: “Dios le dará el Trono de David, y se sentará y reinará sobre Israel para siempre.” ¿Ve?

Ahora, el Reino de David y Trono de David va a ser restaurado a Israel. Ese será un Reino que gobernará el mundo entero: todas las naciones estarán bajo la corona del Mesías; y ahí es donde vendrá la paz perfecta, la paz imperecedera para todas las naciones; saldrá del Reino y Trono del Mesías, de Cristo; será un reino de paz, de amor, de prosperidad.

Ahora, la bendición de Dios está en medio del cristianismo, el cual está bajo el Nuevo Pacto que Él dijo que haría, en Ezequiel, capítulo 37, versos 15 en adelante. Está la bendición de Dios en medio del cristianismo; y por consiguiente, el cristianismo —compuesto por todos los creyentes en Cristo— puede prosperar sin limitaciones, y cada creyente en Cristo puede prosperar sin limitaciones, en lo espiritual y en lo material también.

San Pablo decía que como él quería, deseaba que fuera prosperado en todo, o sea, en lo espiritual y en lo material: le escribió a uno de Sus discípulos (no recuerdo si fue a Timoteo), a alguno de Sus discípulos que vinieron a ser… O Juan… Fue el apóstol Juan, entonces, escribiendo: Tercera de Juan, capítulo 1 (tiene un solo capítulo), verso 2.

Por lo tanto, Dios tiene bendición bajo el Nuevo Pacto para todos los creyentes en Cristo; se abrió esa brecha, la Dispensación de la Gracia, donde hay bendiciones en abundancia.

¿Qué debo hacer para recibir todas las bendiciones que Él tiene, que están a la disposición de todos los creyentes? “Creed en Jehová vuestro Dios,” el cual bajo el Nuevo Pacto es Cristo, porque Él es el Verbo, Emanuel, que significa: Dios con nosotros.

“Y el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros.” O sea que Dios tiene un cuerpo físico y Su Nombre es Señor Jesucristo: es la semejanza física de Dios, por eso Cristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”; y por eso es cuando cualquier persona lo ve a usted, dice que vio a fulano de tal, cuando ve su cuerpo físico, porque esa es la parte visible en esta dimensión terrenal.

En la dimensión angelical usted tiene un cuerpo espiritual; por eso algunas personas cuando ven que pasa una persona y desaparece (y realmente no estaba la persona ahí), sucede lo mismo que cuando San Pedro fue libertado de la cárcel por el Ángel de Dios y va a tocar la puerta de la casa donde San Marcos vivía, donde estaban orando por Pedro que estaba en la cárcel y al otro día lo iban a matar; sale una joven llamada Rode, cuando escucha que están tocando la puerta y están llamando; y cuando va a abrir la puerta y se da cuenta que es s28 Pedro, regresa, ¡hasta se le olvidó abrir la puerta!, regresa y le dice a los que están en la casa: “Es Pedro el que está llamando.” Y le dicen a la joven: “Rode, estás loca, es su ángel.”

El ángel de cada creyente en Cristo es su cuerpo angelical, su espíritu, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión; y el Ángel de Jehová que le aparecía a los profetas en forma de ángel o de un hombre de otra dimensión, es el cuerpo angelical de Dios, es el cuerpo teofánico de Dios; y ese cuerpo teofánico de Dios, ese Ángel del Pacto, a través del cual Dios dio los mandamientos en el Monte Sinaí a Mg2058 oisés para el pueblo, es Cristo en Su cuerpo angelical, es la imagen del Dios viviente. Cristo es la imagen del Dios viviente, y Cristo es la semejanza física del Dios viviente también.

“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” dijo Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 6 en adelante, y San Juan, capítulo 10, verso 30.

Ahora veamos lo que nos dice San Pablo acerca de Cristo: Capítulo 1 de Hebreos, verso 1 al 3, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”

¿Cómo Dios habló al pueblo hebreo? Por los profetas. Amós, capítulo 3, verso 7 dice: “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” Y en Zacarías, capítulo 7, nos dice de la siguiente manera: Capítulo 7, verso 11 al 12, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Vean cómo Dios le habló al pueblo hebreo: dice que le hablaba por medio de Su Espíritu a través de los profetas. Dios no tenía un cuerpo físico y por lo tanto tenía que usar cuerpos físicos humanos de los profetas; pero sí tenía el cuerpo angelical, que es un cuerpo parecido al cuerpo físico pero de otra dimensión.

Luego… continuemos aquí para que veamos bien. Continuamos en Hebreos 1:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”

O sea que Dios por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, creó el universo. Vean, ahí está en la Biblia el origen de la Creación. San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, también dice que Dios por medio del Verbo, que es Cristo, creó todas las cosas.

“…el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (¿Quién es la imagen de Su sustancia? Cristo. Cristo en Su cuerpo angelical), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (o sea, por Su cuerpo físico), se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas (se sentó en el Trono celestial; por eso todo poder le fue dado en el Cielo y en la Tierra).”

Y ahora, encontramos que Cristo con Su cuerpo glorificado está en el Cielo sentado en el Trono celestial. Todo el poder lo tiene, para bendecir a Su pueblo, para traer prosperidad espiritual primeramente, salvación para el alma de las personas y prosperidad física también.

El mismo Cristo en una ocasión dijo en San Juan, lo cual no lo pudieron comprender las personas de aquel tiempo pero ahora puede ser comprendido en nuestro tiempo: San Juan, capítulo 8, versos 56 al 59:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.”

Esto fue cuando tres ángeles le aparecieron a Abraham y comieron allá el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra.

“Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Es que Jesucristo en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto a través del cual Dios se manifestaba, porque Jesucristo en Su cuerpo angelical es la imagen del Dios viviente, es el Ángel del Pacto; y por eso tuvo que hacerse carne y morir en la Cruz del Calvario para establecer el Nuevo Pacto que en Ezequiel, capítulo 37 y el capítulo 31 de Jeremías, versos 31 en adelante, estaba prometido.

Por eso en la última cena de Cristo con Sus discípulos, Él tomando el pan y partiendo el pan, da a Sus discípulos, dice: “Comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido…” Capítulo 26. En uno de los evangelios dice: “Esto es mi cuerpo…” Capítulo 26, versos 26 en adelante, dice [San Mateo]:

“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.

Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Y aquí nos habla del Nuevo Pacto que Dios prometió que establecería. Y ahora, el cuerpo de Cristo está representado en el pan, y la Sangre de Cristo está representada en el vino: la Sangre que sería derramada para la remisión de los pecados.

Y aquí podemos ver que con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario se establece el Nuevo Pacto: La Sangre que nos limpia de todo pecado es la Sangre de Cristo, y Cristo escribe en nuestros corazones, en nuestras almas —estas piedras ya no de piedras, tablas no de piedras sino de carne—, las tablas de carne del corazón de cada persona que lo recibe como Salvador, y ahí Él coloca las Leyes Divinas.

Bajo este Nuevo Pacto hay grandes bendiciones. Todo lo que Él ha prometido en Su Palabra, Él lo cumple.

¿Qué necesitamos nosotros para que Él lo cumpla? Creerlo de todo corazón: “Para el que cree, todo es posible.” “Todo lo que pidieras al Padre en mi Nombre, yo lo haré,” dice Cristo.

No hay limitaciones en cuanto a todo lo que usted puede recibir de parte de Dios por medio de Cristo. “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre (dice Cristo), yo lo haré.” Eso incluye cosas espirituales y cosas materiales también.

Podemos fusionar nuestros negocios también con los de Dios. ¿Cómo lo hacemos? Tenemos que saber cuáles son los negocios de Dios para el tiempo en que uno está viviendo.

En una ocasión Jesús, cuando tenía 12 años, todos los años Él iba con José y María a Jerusalén para el día de la pascua; y en esa ocasión que tenía 12 años, se quedó allá hablando con los doctores de la Ley; y José y María, juntamente con las demás personas que habían venido de Galilea, de Nazaret, se regresaron y no se dieron cuenta que Jesús no estaba entre ellos.

Yo creo que a algunas personas también les ha sucedido, a mí me ha sucedido también, que se regresan o van para algún sitio estando los niños con ellos, y de momento cuando se detienen y cuenta los niños: “Me falta uno, ¡dónde se me quedó!” Y tienen que regresar. A lo mejor, en el supermercado o en la farmacia, o aun en la iglesia (que es el mejor lugar). Y a ella se le quedó en la iglesia, en el templo. Y cuando después de 3 días se regresan, porque había que caminar bastante en aquel tiempo… o en burros, en animales o como fuera; no tenían las facilidades que tenemos en la actualidad, ni siquiera bicicletas.

Se regresan buscando al niño Jesús; y lo encontraron donde lo habían visto por última vez: en el templo. Y cuando llegan, lo encuentran que está con los sabios, con los doctores de la Ley, ellos hablando con Él y Él hablando con ellos y haciéndoles preguntas; le hacían preguntas al niño Jesús y las respuestas de Él los sorprendían, y Él hacía preguntas que los sorprendía a ellos. Y se preguntaban: “¿Quién es este niño?” Un niño sabio en las Escrituras, en las cosas de Dios, en los negocios de Dios.

Y cuando llegan José y María y lo ven, le dicen: “¿Qué nos has hecho?, ¿por qué has hecho esto? (O sea, de haberse quedado).” Y Jesús les dice: “¿No sabían que en los negocios de mi Padre me conviene estar?” No era en los negocios de José, que era la carpintería; era en los negocios de Dios. Y los negocios de Dios son el cumplimiento de lo que Él ha prometido para el tiempo en que uno vive.

Por lo tanto, conocer qué Dios ha prometido hacer para el tiempo en que uno vive, y estar trabajando en ese Programa Divino, es estar en los negocios de nuestro Dios a través de Cristo.

Y cuando fusionamos también nuestros negocios con el Programa de Dios para el tiempo en que uno vive, estamos haciendo como hacían Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas, los profetas. Y ahí hay bendición de parte de Dios, de prosperidad, de mucho beneficio para que usted trabaje más en la Obra del Señor.

Recuerden que Él repartió talentos, en San Mateo, capítulo 25; y en San Lucas repartió minas; las dos cosas son dinero. Y por consiguiente, Él repartió todo esto con un propósito, dijo, para que mientras Él iba al Cielo a recibir el Reino celestial y sentarse en el Trono celestial, y luego de una temporada en la cual Él estaría trabajando desde el Trono celestial  —esto era durante la Dispensación de la Gracia—, dejó esos talentos a sus siervos para que trabajaran en el Reino de Dios con esos talentos.

Toda persona tiene talentos para trabajar, para trabajar en el Programa Divino para el tiempo que le toca vivir. Los que lo multiplicaron fueron personas que recibieron la bendición de Dios en el regreso del Señor. Los que no hicieron nada para y en el Programa Divino, les fue quitado el talento o la mina, y le fue dada al que tenía más: “Porque el que tiene, le será dado más; y el que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”; porque el talento o la mina no era de la persona, era de Dios para que trabajara en el Programa de s28Dios con ese talento o esa mina que Dios le dio, que Cristo le dio; y por eso somos responsables delante de Dios para atender los negocios del Señor.

“¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno según sus obras.”

Queremos que nuestras obras estén fusionadas al Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo. Queremos que esto que dice San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?”, no nos afecte a nosotros, sino que tengamos una bendición grande de parte de Dios.

Nuestra alma es lo más importante, porque eso es lo que es usted: alma viviente; pero Dios le ha dado un cuerpo espiritual llamado espíritu, y le ha dado también un cuerpo físico, para que vivamos en la Tierra y sirvamos a Dios, y hagamos contacto con la vida eterna a través de Cristo, que es la vida eterna; y podamos vivir eternamente en el Reino de Dios, podamos trabajar también en el Reino de Dios por medio de Cristo, en todos los sentidos.

“CREED A JEHOVÁ NUESTRO DIOS, Y ESTARÉIS SEGUROS; CREED A SUS PROFETAS, Y SERÉIS PROSPERADOS.”

Que la seguridad prometida al creer en Dios, nuestro Dios, sea una realidad en vuestras vidas; y sepamos de dónde hemos venido, por qué estamos aquí en la Tierra y hacia dónde vamos después que termine nuestro tiempo en este cuerpo terrenal.

Hemos venido de la eternidad. Usted no escogió venir, fue Dios. Estamos aquí para hacer contacto con la vida eterna, con Cristo, y ser limpiados de todo pecado con la Sangre de Cristo, e iremos con Cristo al Reino celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero; y luego regresaremos con Cristo a la Tierra para comenzar el Reino del Mesías, el Reino Milenial.

Al saber estas cosas, la angustia existencial desaparece; y estamos tranquilos viviendo en la Tierra y trabajando en los negocios de nuestro Señor Jesucristo, que es el Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo, como otros trabajaron también en otros tiempos.

Por eso es tan importante recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Eso es creer en nuestro Dios al recibir a Cristo como nuestro Salvador, y seguirlo todos los días de nuestra vida. Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.”

La vida eterna solamente la podemos recibir a través de Cristo, recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

“Y no perecerá jamás. Mi padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” Así estaremos seguros como ovejas del Señor en el Reino del Señor Jesucristo.

Él también dice en San Juan, capítulo 10 y verso 9: “Yo soy la puerta.” O sea, que la puerta al cielo, la puerta a la vida eterna, la puerta al Reino de Dios, es Cristo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará y hallará pastos.”

Cristo es la puerta al Cielo, Cristo es la puerta a la vida eterna; por lo tanto, no hay otra puerta por la cual entrar a la vida eterna. Y yo entré por esa puerta, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha entrado por la puerta a la vida eterna, al Cielo, al Reino de Dios, que es Cristo, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted; por lo cual, puede pasar acá al frente y oraremos por usted.

Lo más importante en esta vida es la vida eterna; y solamente la podemos obtener por medio de Jesucristo; y tiene que ser antes que termine nuestro tiempo en la Tierra; porque después de que termine nuestro tiempo aquí en la Tierra, ya no hay más oportunidad.

No sabemos cuánto tiempo nos ha dado Dios para vivir en esta Tierra, porque las personas nacen en la Tierra y no saben cuándo van a morir físicamente; porque mueren niños, mueren jóvenes, mueren adultos y mueren ancianos; y usted no sabe si el día que le toca morir ya usted está como un ancianito o una ancianita, o una persona de mediana edad, o una persona joven, un joven o un niño; por eso tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Por eso es que también son presentados los niños, los bebés cuando nacen, son presentados a Dios para que Él los tenga en Su Reino. Es que tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno; no hay otra forma para asegurar nuestro futuro eterno; y tiene que ser mientras vivimos en esta Tierra.

Lo más importante es asegurar nuestro futuro eterno. No podemos dejar que se nos pase por encima la oportunidad de obtener la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestras manos levantas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Señor, recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único sacrificio de expiación por mis pecados y por todos los pecados del ser humano.

Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego, Señor. Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí. Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizados en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).”

El mismo Cristo es el que ordena que seamos bautizados al creer en Él. Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Juan no lo quería bautizar, le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Y si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado por Juan el Bautista, ¡cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados en el Nombre de nuestro Señor!

Por lo tanto, conscientes de que el agua en el bautismo no quita los pecados sino que es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente, está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Jesucristo en Su Reino eterno.

Ese es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, en el cual nosotros y con el cual nosotros nos identificamos, nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección al ser bautizados en agua en Su Nombre.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al ministro Villegas, para que les indique qué hacer y cómo hacer para ser bautizados en agua, en el Nombre de nuestro amado Señor Jesucristo.

Dios les bendiga a todos.

“CREED A JEHOVÁ NUESTRO DIOS, Y ESTARÉIS SEGUROS; CREED A SUS PROFETAS, Y SERÉIS PROSPERADOS.”

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