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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes aquí en El Salvador, República del Salvador. Es una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión luego de haber venido por ahí por junio, la última semana de junio, y ya nuevamente estamos aquí en El Salvador para continuar llevando a cabo las actividades, tanto con la Embajada de Activistas por la Paz como también con las Iglesias.

Ya estuvimos en la mañana en la Cancillería, llevando a cabo la actividad correspondiente, y fue un éxito. ¿Cuántos estuvieron allá? Así que fue un éxito, pues es un trabajo en favor no solamente de los judíos, del Estado de Israel, del Medio Oriente, y por consiguiente de toda la familia humana.

Es que algunas personas y algunas naciones no saben que la Escritura dice: “El que bendiga a Israel será bendito, y el que maldiga a Israel será maldito.” Es el único pueblo —como nación— del cual Dios habla en esa forma; es que Israel como nación es nada menos que el hijo primogénito de Dios. Eso lo encuentra usted en la misma Escritura, allá en el Éxodo, capítulo 4, donde Dios le dice a Moisés y le dice que se lo diga a Faraón.

Es que Dios obra y habla a través del ser humano, del hombre, de los hombres llamados profetas; y por eso es que la Biblia fue escrita por hombres, pero ungidos por el Espíritu Santo, a través del cual Dios estuvo hablándole a Su pueblo. Vean lo que nos dice aquí, capítulo 4 del Éxodo, verso 22:

“Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.”

De ninguna otra nación, de ningún otro pueblo como nación, habla Dios de esa forma; y si Israel es el hijo primogénito de Dios como nación, no hay otra nación primogénita de Dios, porque no hay dos hijos primogénitos; aun si nacen de la misma barriga, como dicen algunas personas, y son gemelos o ‘guares’ o como les llamen, uno de los dos es el primogénito: el que nace primero; y no hay más naciones primogénitas de Dios, como nación es Israel.

Y por cuanto es una bendición doble la que tiene el primogénito siempre, es importante que se sepa que tiene bendiciones terrenales y bendiciones celestiales; y también el que obre en contra de ese primogénito de Dios, ya sea como nación o un primogénito como individuo, se encontrará en problemas con Dios, porque el que lo bendiga será bendito, y el que lo maldiga será maldito.

Si todas las naciones estuvieran conscientes de quién es Israel como nación, estarían todas ayudando a Israel, no importa de qué nación sean; aun los que dicen que son los enemigos de Israel estarían muy amables ayudando a Israel; porque la bendición de Dios en el campo político, en el campo económico y en esos campos terrenales, viene de Israel; por eso el Mesías tuvo que venir de Israel también, el unigénito de Dios.

Y ahora, podemos ver que hay una bendición grande para Israel y para los que bendigan a Israel; hay bendición, por ejemplo, de prosperidad. Y toda persona y toda nación quiere la prosperidad, porque una nación sin prosperidad está en la quiebra; y los políticos luchan por obtener las posiciones más altas para ser líderes, gobernantes, de la nación en que viven, y quieren que bajo su gobierno haya prosperidad, y sobre todo, que haya paz; porque un pueblo, una nación sin paz, siempre estará dando problemas y siempre estará en problemas. Y si no tiene la bendición de Dios esa nación, pues muchos problemas tendrá; y por consiguiente, los gobernantes de esa nación con su gabinete de gobierno serán vistos como ineptos para con su gobierno llevar las riendas de su país.

Pero miren, para individuos y para naciones hay una bendición grande para los que bendigan a Israel; y eso es necesario que los políticos lo sepan y por consiguiente las naciones.

Es importante, porque toda nación y todo gobierno desea la prosperidad de su gente y de su gestión política (unos por cuatro años y otros por seis años en algunos países), y aparecer en la historia como que fue el mejor presidente de la nación, y el gobernador de un estado: el mejor gobernador de ese estado, y el alcalde de una ciudad: el mejor alcalde de esa ciudad, junto a su gabinete; y en la historia aparece algo bonito para ese gobernante, ya sea de un país, de un estado o de una ciudad.

Dios es el que da el poder para hacer las riquezas. Vamos a leer esto aquí: Tercera de Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice Pablo escribiendo:

“El anciano a Gayo (o sea, San Pablo el anciano, escribiéndole a Gayo, un creyente, un cristiano de aquel tiempo, amigo del apóstol San Pablo, de aquel tiempo), el amado, a quien amo en la verdad.

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma.

Pues mucho me regocijé cuando vinieron los hermanos y dieron testimonio de tu verdad, de cómo andas en la verdad.

No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad.”

San Pablo desea la prosperidad en todo, para su amigo y hermano espiritual Gayo; y eso es así para todos los creyentes en Cristo.

“EL SECRETO DE LA PROSPERIDAD, POR CUANTO HEMOS NACIDO PARA VENCER.”

No estamos aquí en la Tierra para pasar sin llegar a la meta de la salvación y vida eterna. Estamos aquí pasando por una etapa de nuestra vida, hemos venido de otra dimensión, de la dimensión que vino Jesucristo nuestro Salvador y a la cual se regresó.

Él dijo [San Juan 14:2-3]: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.”

¿De quién está hablando ahí San Pablo? Está hablando de mí, ¿y de quién más? Pues de cada uno de ustedes también. Él quiere que estemos donde Él está; por lo tanto, Él quiere que seamos glorificados, y por consiguiente tengamos cuerpos eternos, y por consiguiente tengamos vida eterna física; y esa es una prosperidad en el campo espiritual, que pasa al campo físico también cuando recibamos la transformación los que vivimos, y la resurrección los creyentes en Cristo que murieron físicamente.

El secreto de toda la prosperidad en todas las esferas, está en Dios por medio de Cristo. De eso es que nos habla Deuteronomio, capítulo 8, verso 18. Dice:

“Sino acuérdate de Jehová tu Dios (¿Ven? Está ligada la prosperidad a la relación íntima entre el ser humano y Dios)...”

“Acuérdate de Jehová tu Dios.” Recuerden que el Jehová del Antiguo Testamento es el Jesucristo del Nuevo Testamento.

El Jehová del Antiguo Testamento, que a través de Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto se revelaba, se manifestaba a los profetas del Antiguo Testamento, y así trataba con el pueblo hebreo; luego se vistió de carne humana: de un cuerpo que Él creó en el vientre de la virgen María, en donde Dios creó la célula de sangre y el óvulo también (fue por creación divina); y se multiplicó célula sobre célula, hasta que se formó el cuerpo físico de Jesús, el cual a los nueve meses (porque eso es lo normal) nació en Belén de Judea a través de la virgen María; y en ese cuerpo Dios habitó en toda Su plenitud.

Es la primera ocasión en que Dios se creó un cuerpo para vivir en él en toda Su plenitud; por eso Jesucristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” San Juan, capítulo 10, verso 30, y también San Juan, capítulo 14, verso 6 en adelante.

Le dice a Felipe: “¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre y nos basta? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?” Y le dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

Es como también en el Antiguo Testamento, por cuanto Dios estaba manifestado y revelado a través del Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios llamado el Verbo que era con Dios, o un cuerpo angelical, un cuerpo teofánico, y por consiguiente de otra dimensión.

Cuando le apareció a Moisés en la zarza que ardía y no se consumía, en el capítulo 3 del Éxodo, le dice: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios de Amram el padre de Moisés) y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” ¿Cómo era posible que el Ángel del Pacto dijera que Él era el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; un hombre pero de otra dimensión? Es que ese Ángel era la imagen del Dios viviente, y la imagen es un cuerpo espiritual; es llamado también el Espíritu Santo, el Verbo que era con Dios y era Dios. Es que Ese es el velo o cuerpo angelical de Dios.

En una ocasión Jesucristo dijo en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, a un grupo de judíos que estaban discutiendo con Jesús, les dice: “Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó.” Le dicen: “Aún no tienes 50 años ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesucristo les dice: “Antes que Abraham, yo soy.”

¿Y cómo era que había visto Abraham a Jesucristo, y cómo es que Jesucristo era antes que Abraham? Antes que Abraham, antes que Noé, antes que Adán también.

Porque Jesucristo en el Antiguo Testamento era el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios en el cual estaba Dios y a través del cual libertó al pueblo hebreo usando el velo de carne de Moisés, hablando a través del velo de carne llamado Moisés; por eso Moisés no hablaba nada de sí mismo: Dios por medio del Ángel del Pacto le hablaba a Moisés, y Moisés le hablaba a Aarón para que le dijera al pueblo lo que Dios le había dicho a Moisés, porque Moisés pidió un ayudante.

Los ayudantes tienen que evitar ser problemáticos, y apreciar y agradecer la oportunidad que le da aquella persona a la cual están ayudando, le da participación, oportunidad para trabajar en el programa que él está trabajando. Así que es un privilegio.

Y trabajar con Moisés en el primer éxodo para llevar el pueblo a la tierra prometida era un privilegio muy grande, y le tocó a su hermano Aarón. Si él no pedía ese ayudante, Moisés estaba a cargo entonces, no solamente de la parte profética ni de la parte política que él también tenía, sino del sumo sacerdocio. Por eso es que Moisés, aunque otorgó ese privilegio del sumo sacerdocio y de los sacerdotes hijos del sumo sacerdote, aún con todo y eso, Moisés estaba sobre Aarón.

Bien dijo Dios en el capítulo 4 del Éxodo: “Tú le hablarás a Aarón, y Aarón hablará lo que le mandes a hablar.” Eso es, más o menos, lo que le fue dicho a Moisés. Y Moisés, pues se libraría de la carga difícil que le toca al sumo sacerdote, pero estaría sujeto a problemas; porque esa era una posición – la segunda posición más importante en medio del pueblo hebreo; la mayor era la de Moisés, y él las tenía las dos en él, pero le otorgó una a Aarón. Lo pueden buscar para que así lo tengan claro: Capítulo 4, verso 10 en adelante, dice, del Éxodo:

“Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua (o sea, tartamudo).”

Quizás alguna persona pensaría que para un ministerio como el de Moisés, de profeta dispensacional, tenía que, el hombre que iba a tener ese ministerio pudiera hablar bien; pero vean, no era así Moisés; pero Dios iba a ser glorificado en esa manifestación a través de Moisés. Y Moisés no entendió eso y dijo – se encontró inepto para llevar a cabo tan importante misión; y más presentarse al Faraón para decirle que dejara ir al pueblo hebreo:

“Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová?

Ahora, pues, vé, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”

Ahora vean, Dios le dice a Moisés que iba a estar con su boca; o sea, que iba a poner en la boca de Moisés la Palabra que Dios quería que él hablara. Dios por medio de Su Espíritu en Moisés y a través de Moisés, traería la Palabra para el pueblo, tanto para el pueblo de Israel como para los egipcios, y por consiguiente para el Faraón; hablaría ungido por el Espíritu Santo, le revelaría lo que tenía que hablar, y Moisés lo hablaría ungido por el Espíritu: ASÍ DICE EL SEÑOR, y se cumpliría; eso sería la Palabra de Dios para aquel tiempo.

“Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.”

Y Aarón sabía hablar bien delante del pueblo, y Moisés pensó en su hermano, de seguro, y Dios lo leyó en su corazón, lo vio en su corazón; porque Dios discierne los pensamientos del corazón del ser humano.

Para que tengan un ejemplo de cómo se escuchan los pensamientos de nuestros corazones en el Cielo, en otra dimensión, es como cuando una persona está hablando a toda voz, que ya no da más volumen su voz, eso es gritando, así se escuchan los pensamientos nuestros en el Cielo, delante de Dios; y Dios los escucha y Dios los conoce.

Y si aquí en la Tierra nuestros pensamientos expresados en forma de palabras habladas, las podemos grabar con una grabadora o una cámara, cuánto más en el Cielo Dios puede grabar todo lo que hablamos; por eso dice la Escritura que daremos cuenta por todos los pensamientos nuestros, sean buenos o sean malos, todo queda grabado. Cada cual dará cuenta a Dios conforme a sus pensamientos y a sus obras.

“Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón.

Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.”

Como Dios le habla a Sus profetas y Sus profetas le hablan al pueblo, ahora Dios le hablaría a Moisés y Moisés le hablaría a Aarón, por lo tanto, Moisés sería en lugar de Dios para Aarón; no sería Dios el que le hablaría a Aarón, sino Moisés, porque Dios le hablaría a Moisés, y Moisés se lo comunicaría, se lo hablaría a Aarón, para que Aarón lo hablara al pueblo; y Dios estaría en la boca de Moisés para hablarle a Aarón, y en la boca de Aarón para hablarle al pueblo.

“Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.”

Ahora, aquel Ángel del Pacto que le hablaba a Moisés era Jesucristo en Su cuerpo angelical, en el cual estaba Dios; por eso le dice a Moisés: “Yo soy el Dios de tu Padre (o sea, Dios de Amram), el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”

Cuando se encuentra también con Jacob en el capítulo 32, versos 24 al 32, llamado en aquella ocasión un Ángel, un hombre con el cual Jacob se encontró, y lo agarró y no lo soltaba; y el Ángel le decía, el varón le decía (¿Ve? El Ángel, un varón, un hombre pero de otra dimensión): “Suéltame, porque raya el alba.”

Todo eso es tipo y figura de lo que va a pasar en este tiempo. Por eso es tan importante conocer la historia para que así nos agarremos también nosotros del Ángel del Pacto, de Cristo en Su manifestación final, la cual verán los judíos y dirán: “Este es el Ángel, este es el mensajero, este es el que hemos estado esperando.” Dice el reverendo William Branham que eso va a suceder; y se van a agarrar de él y no lo van a soltar.

Aquello fue real, es un hecho histórico; y por consiguiente ha venido a ser también tipo y figura de lo que va a suceder en este tiempo final, en la Venida del Señor, en la Venida del Mesías; y ellos van a ver al Mesías, al Ángel del Pacto manifestado en el tiempo final para llevarse Su Iglesia a la Cena de las Bodas del Cordero; para lo cual, tiene que darle la fe para ser transformada Su Iglesia y ser llevada con Cristo, tiene que darle la revelación de Su Venida a Su Iglesia; lo cual ocurrirá en este tiempo final, en la manifestación llamada la Tercera Etapa, que le fue revelada al reverendo William Branham: el profeta más grande que Dios haya enviado en las diferentes edades pasadas de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo, y dijo que su Mensaje introducirá a Cristo a este mundo; así dice que le dijo el Ángel al reverendo William Branham. Por eso es muy importante conocer el Mensaje precursor de la Segunda Venida de Cristo, para que no se nos pase por encima cuando se cumpla esa promesa.

No va a venir de acuerdo a ideas humanas. Va a venir de acuerdo a lo que está prometido en la Escritura y de acuerdo al Mensaje precursor de la Segunda Venida de Cristo, que le fue dado al reverendo William Branham.

Así como Juan el Bautista señaló a Cristo, a Jesús, y dijo al pueblo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es del cual yo di testimonio que después de mí vendría uno mayor que yo, el cual les bautizará con Espíritu Santo y Fuego, del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado; este es Él.” Así el Mensaje del reverendo William Branham identificará al que vendrá después del reverendo William Branham, al cual él está precursando con su Mensaje; o sea, el Espíritu Santo a través del reverendo William Branham está precursando la Segunda Venida de Cristo.

¿Cómo vendrá y cuándo vendrá? Todo eso está en el Mensaje del reverendo William Branham. Va a ser de acuerdo a como el Espíritu Santo dijo a través del reverendo William Branham; como fue la Primera Venida de Cristo: fue de acuerdo a como el Espíritu Santo habló a través de Juan el Bautista. El cumplimiento de esa promesa identificará al reverendo William Branham como el precursor de la Segunda Venida de Cristo, identificará el Mensaje del reverendo William Branham como el Mensaje precursor a la Venida de Cristo y a lo que estará haciendo en este tiempo.

Y sabemos que la Venida de Cristo a Su Iglesia será un secreto que solamente lo conocerá la Iglesia del Señor Jesucristo. Luego iremos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero ya transformados, con la vestidura de Boda: vestidos con el bautismo del Espíritu Santo, el cuerpo angelical, y vestidos con el cuerpo físico glorificado.

Porque no hay otra forma de ir a la Cena de las Bodas del Cordero, porque para allá no hay aviones que nos lleven; tenemos que estar transformados, tenemos que tener la doble porción: la porción del nuevo nacimiento (la porción del cuerpo espiritual) y la porción del cuerpo físico glorificado; y eso solamente lo puede hacer Cristo por medio de Su Espíritu a Sus escogidos escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo.

Un escogido no va a ser un escogido porque escuche la predicación del Evangelio y reciba a Cristo, se bautice y diga: “Ahora soy un escogido, ahora me escribieron el nombre ahí en el Cielo,” no. Si es un escogido, está escrito Su nombre en el Cielo desde antes de la fundación del mundo; y usted no lo sabía, pero cuando lo recibe como Salvador y recibe el Espíritu de Cristo: recibe el nuevo nacimiento, y ahí descubre que su nombre está escrito en el Cielo desde antes de la fundación del mundo. Por eso es un escogido desde antes de la fundación del mundo, un elegido, un predestinado, como dicen también algunas Escrituras, que fuimos predestinados; pero luego que lo recibimos como Salvador es que comenzamos a descubrir que estábamos con Él eternamente.

Como Leví y también Jacob y también Isaac: estaban en los lomos de Abraham. Cuando todavía Abraham no tenía hijos a través de Sara, Melquisedec le apareció en el capítulo 14 del Génesis y lo bendijo al regresar Abraham de la victoria sobre unos reyes que se llevaron cautivos a los habitantes de Sodoma y Gomorra, entre ellos a Lot y su familia; pero Dios le dio la victoria a Abraham y lo trajo de regreso, y le apareció Melquisedec y lo bendijo y le dio pan y vino a Abraham.

Cuando Abraham pagó los diezmos a Melquisedec, Leví, dice San Pablo (en el capítulo 7) que también estaba diezmando a Dios; es que Leví estaba en los lomos de Abraham, también estaba en los lomos de Abraham: Jacob, también estaba en los lomos de Abraham: Isaac. Nace Isaac y por consiguiente todo pasa a los lomos de Isaac, nace Jacob: pasa todo a los lomos de Jacob, esa descendencia que iba a formar las tribus de Israel.

Es que la vida surge en la cuarta generación anterior a la persona. La vida suya, usted en lo físico, estaba en los lomos de su papá, antes de eso en los lomos de su abuelo, y antes de eso en los lomos de su bisabuelo; y en la cuarta generación usted apareció a la vida, la cuarta generación de su bisabuelo para acá.

Por eso es que algunas veces aparecen rasgos o conductas de la persona, y dicen: “Mi papá no era así,” pero si busca más atrás puede encontrar que su abuelo o bisabuelo tenía los ojos, digamos, verdes o azules, y usted ahora apareció con esos rasgos. En algunos países dicen: “Requintó,” o sea que obtuvo cosas que tenía su bisabuelo allá, dicen: requintó, pero es la cuarta generación.

Abraham como cuarta generación antes de Leví. Abraham, después de Abraham: Isaac, después de Isaac: Jacob, y después de Jacob: Leví. ¿Ve? Usted cuenta hacia atrás empezando por usted, la generación suya, usted; y cuenta: usted, su papá, su abuelo y su bisabuelo; allá comenzó la vida suya física, surgió la vida, digamos: el gen que tenía que venir.

Es un misterio, pero usted mismo es un misterio y yo también soy un misterio, y estamos comenzando a descubrir el misterio de cada uno de nosotros; como el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, es un misterio dice San Pablo en Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3, el misterio de Dios el Padre, y de Cristo.

Y como Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, entonces se puede hablar del misterio también de cada persona, que es alma, espíritu y cuerpo; y algunas personas no saben ni lo que son, creen que son un pedazo de carne con huesos y sangre, y que cuando se mueren se acabó la vida; lo que se acabó fue el cuerpo donde habitaba la persona, pero la persona sigue viviendo en otra dimensión.

Y ahora, conscientes de quiénes somos en la medida finita en que podemos entender… porque para entender completo tiene que ser con una mente infinita, y la tiene Dios; y cuando seamos transformados, ahí ya la cosa cambia; y cuando la persona muere físicamente, como pasa a vivir en el cuerpo angelical, ahí también sabe todo o casi todo.

Por lo tanto, tenga paciencia, vamos a saber todas las cosas, para atrás y para adelante, del pasado, del presente y del futuro; por eso la Escritura dice que la Tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová como las aguas cubren el mar. ¿Dónde está eso? Está en Habacuc, capítulo... ¿cuál?, ¿por el 3 por ahí?, ¿o el 2? Y en Isaías, capítulo 11, verso 9.

Vamos a darle la cita exacta. Aquí tenemos Habacuc: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” Capítulo 2, verso 14.

En Isaías, capítulo 11, verso 9, también nos habla de lo mismo, aunque lo que nos omite es “de la gloria de Jehová,” pero dice: “Porque la Tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.”

Eso será en el Reino Milenial de Cristo, conoceremos como somos conocidos, dice la Escritura, y entonces veremos cara a cara.

En lo espiritual vemos cara a cara cuando podemos ver y entender la manifestación de Dios en el tiempo en que la persona está viviendo; y luego en lo literal, cuando estemos en el cuerpo glorificado y estemos con Cristo; y después en el Reino Milenial, en la Cena de las Bodas del Cordero también, lo conoceremos cara a cara, al que hemos amado sin haberlo visto, sin haberlo conocido físicamente, al que hemos amado con toda nuestra alma, y millones de creyentes en Cristo han dado sus vidas por Cristo. Y en nuestro tiempo hay personas también que darían sus vidas por Cristo; y uno de ellos soy yo. Lo amamos sin haberlo visto y creemos en Él sin haberlo visto.

“Bienaventurados los que no vieron y creyeron.”

Por lo tanto, las bendiciones de Cristo para los creyentes en Él solamente están limitadas a la fe. Todo lo que pidieres al Padre, creyendo, lo recibiréis.

No dice: “Si te arrodillas a orar” o “si cierras los ojos en ese momento para orar.” Es en el momento en que cuando ora, digamos con ojos abiertos o cerrados, estemos creyendo de todo corazón, estemos conectados con la dimensión de Cristo; y eso baje acá al corazón, y desde acá sea que lo expresemos a Cristo; entonces se hará una realidad.

Por eso Cristo decía a los que venían a Él en algunas ocasiones: “Sea hecho conforme (¿a qué?) a tu fe.” Es la fe lo que hace que se materialice lo que pedimos o lo que Cristo ha prometido para nosotros; es la fe, que lo creamos.

“Si creyereis, si tuvieres fe (¿Como qué, dice Él? Poquito) como un grano de mostaza…” Eso es fe común. “Si tuvieres fe como un grano de mostaza (nos dice que nada os será imposible): Diréis a este monte: pásate de aquí allá, y se pasará.” Ya sea monte literal o monte espiritual (monte espiritual es un reino).

¿Qué del reino de los gentiles? Habrá Palabra de Dios por medio de Cristo el Espíritu Santo, para el reino de los gentiles, como fue en el tiempo de Moisés que hubo Palabra para el reino del Faraón; y eso lo vamos a dejar quietecito, porque antes de eso hay una bendición grande para la Iglesia del Señor Jesucristo; y de esa es que más queremos saber.

De lo que vaya a pasar en la gran tribulación no hay forma de impedirlo, aunque nos interesa, pero más nos interesa saber cómo hacer para ser transformados; y después, desde allá si queremos mirar para acá, miramos, pero vamos a estar muy ocupados en la Cena de las Bodas del Cordero y no vamos a tener tiempo para mirar hacia abajo.

Por lo tanto, tenemos que llegar a la meta establecida por Dios para tener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; no queremos pasar por la gran tribulación. Y es porque estamos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, en la parte o sección donde de ahí nadie nos puede sacar; ni ángeles, ni principados ni potestades, nadie nos puede sacar de la sección del Libro de la Vida del Cordero; de la sección de los escogidos, de los primogénitos, de los predestinados, de los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, y de los que tendrían el secreto de la prosperidad, de los que llegarían a un tiempo en que conocerían el secreto del poder para hacer riquezas: Es la fe en lo que Él ha prometido.

Y en el Milenio, todo lo que hayamos almacenado en el Reino de Cristo… porque Él dijo que hagamos tesoros en el Cielo, y en la parábola de los talentos y de las minas nos dio algo, y es dinero lo que aparece allí para trabajar; y en Su Venida Él pedirá cuenta a todos los siervos a los cuales les dio las minas y los talentos para trabajar.

Y una cosa muy sobresaliente es que les dio para trabajar en la viña o Reino de Cristo, y cuando regresa pide cuentas a aquellos que les dio los talentos o las minas, y cuando le dicen: “Cinco me diste y cinco más he ganado”; o en algunas ocasiones, en la parábola de las minas, le dice: “Una me diste, y esa fue multiplicada.” Vamos a ver para tenerlo claro.

Lo de las minas está… es lo mismo lo de las minas y de los talentos. Lo de los talentos está en el capítulo 25 de San Mateo, vamos a ver si ahí nos da la cita de San Lucas… Ahí no nos la da, pero el que la tenga a la mano... 19:11 en adelante dice:

“Dijo, pues: Un hombre  noble  se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver…”

Un hombre noble, un hombre de la nobleza, de la realeza, y Su Nombre es Señor Jesucristo; porque Él es un descendiente del rey David, y por consiguiente es un príncipe de la casa, de la familia de David, heredero al Trono de David. Se fue para recibir un Reino y volver, porque Dios le dará el Trono de David y se sentará sobre el Trono, y reinará para siempre, y Su Reino no tendrá fin (le dice el Ángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36).

“Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas...”

Y más abajo cuando regresa, el verso 15 dice:

“Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo.”

Por eso decimos: “Estamos trabajando en la Obra del Señor,” porque Él da los talentos para que trabajemos en Su Obra, en Su Programa. Y del 15 en adelante, cuando regresa, dice:

“Aconteció que vuelto él (o sea, la Venida de Cristo), después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero...”

¿Ve que era dinero lo que le dio? Como tipo y figura de todos los talentos o minas que nos da. Entre esos talentos o minas, dinero también, talento de cantar… También todos esos talentos y todas esas bendiciones que Dios nos da, es para (como dice el rey Salomón, también el rey David pensaba así): “Te damos de lo que Tú nos das.” Porque una parte la tomamos para hacer compras, para comer, comprar comida, comprar ropa, comprar zapatos para nosotros y para nuestros hijos, y para pagar al gobierno también los impuestos, y para pagar la gasolina (el que tiene auto) y así por el estilo; sin descuidar la parte que le corresponde a Dios: “Dando al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.” Lo que Él ha establecido en Su Palabra, eso es de Dios.

“...mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.

Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas (‘tu mina,’ una mina, una moneda que tenía el valor de una mina, el equivalente en dólares usted lo busca, o el equivalente a la moneda que tenga acá).

El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.

Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas.

Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.”

O sea, que lo que Él dijo: “He aquí vengo pronto para recompensar a cada uno (¿según sea qué?) según sea su obra.” Hemos nacido para tener éxito, hemos nacido para vencer; por lo tanto, no sea negativo y mucho menos en el Programa de Dios. Hay promesas, y lo que usted necesita para obtener el cumplimiento de ellas es creerlas, y mantenerse firme creyéndolas aunque todo parezca adverso a lo que usted esperaba.

Miren el caso de Jesús: Vino el Salvador, el Rey de Israel, y las cosas se pusieron tan contrarias que hasta lo mataron en la Cruz del Calvario; pero eso no desanimó a Jesús. Vean, luego Él se fue en el rapto con los santos del Antiguo Testamento que habían resucitado con Él, porque todo eso estaba en el Programa Divino. Le quitan el cuerpo físico, matándolo, pero Él tendrá un cuerpo glorificado inmortal; por lo tanto, resucita glorificado para nunca más morir.

Así que aunque nuestros cuerpos se pongan viejos o se enfermen, eso que aparece contrario para nosotros, no es contrario; es que cuando le llega el tiempo a la persona, de partir de esta Tierra, todo parece contrario, pero no; si es un creyente en Cristo es que va para el Paraíso, donde están todos los santos del Nuevo Testamento, y va a pasarla bien.

San Pablo decía: “Desearía partir del cuerpo. Si nuestra casa terrestre se deshace, tenemos un edificio no hecho de manos (el cuerpo espiritual teofánico), pero me conviene mejor estar aquí en la Tierra,” quiere decir San Pablo, ¿por qué? Porque está trabajando en la Obra, porque cuando se va… aquí es donde se acumulan puntos, aquí es donde se trabaja con los talentos y luego se recibe la recompensa en la Venida del Señor; allá están reposando, descansan de sus trabajos que tenían en la Tierra y están en una etapa de reposo; pueden miran para acá y decir: “Me gustaría estar allá de nuevo y trabajaría más, porque ya sé cómo es acá.”

Pero acá trabajamos por la fe, somos bienaventurados porque hemos creído sin ver. “Bienaventurados los que creyeron y no vieron.” [San Juan 20:29]

Vean, lo que se ganó, lo que cada uno ganó no se lo quitaron, ni el talento que le habían dado tampoco. En palabras más claras: Todo lo que el creyente hace, trabaja o dona a la Obra del Señor, o aporta a la Obra del Señor, no está perdido: está almacenado en el Reino de Cristo, en el Reino de los Cielos.

Y cuando Él venga a repartir las recompensas, a dar a cada uno conforme a su obra, a recompensar a cada uno, ahí es que usted entenderá esta parábola: que no le fue quitado el talento y los talentos que él ganó (a cada siervo). El que ganó diez, no le fueron quitados los diez; el que ganó cinco, no le fueron quitados los cinco; entonces estaba trabajando para él mismo sin darse cuenta.

Y entonces podría decir, el que hizo menos: “Si yo hubiera sabido que lo que yo estaba haciendo era para – era lo que Dios me iba a recompensar, lo que me iba a dar en Su Reino, hubiera trabajado más.” Pues ya lo sabe, puede trabajar más. Todo será para usted, porque usted ha trabajado en la Obra del Señor, y eso se revierte en recompensa para usted.

En Su Reino reinaremos con Él. ¿Cómo será? Podemos explicar un poco pero vamos a dejarlo para otra ocasión; y no sé si sea para otra ocasión mientras estamos en estos cuerpos o cuando estemos allá, porque allá sí que lo vamos a entender bien. Mientras tanto, disfrutamos nuestra temporada aquí en la Tierra trabajando en la Obra del Señor y trabajando también para nuestra familia; y conociendo el secreto de que todo lo que pidamos al Padre en el Nombre del Señor, Él lo hará.

Todas las promesas del Señor, dice un corito, ¿de quién son? Mías son. ¿Y de quién más? De cada uno de ustedes también. Ahí tenemos el secreto de la prosperidad: Crea que lo que pide lo va a recibir, sin dudar; porque después que lo pide hay una etapa de prueba, y si su fe falla, entonces no llega la recompensa, no llega lo que usted pidió.

Por eso Cristo decía a muchas personas que venían a Él con peticiones: “Hágase conforme a tu fe.” Y así es para cada uno de nosotros también: se hará conforme ¿a qué? A nuestra fe.

El poder de Dios es desatado para ser manifestado de acuerdo a la cantidad o nivel de fe que usted tenga.

La fe viene por el oír la Palabra, y la fe crece por el oír la Palabra; y conforme crece nuestra fe, más promesas podemos conquistar, hacerlas una realidad en nuestra vida, incluyendo la prosperidad; y sobre todo, primero, la prosperidad espiritual que es la más importante, y luego la física, porque el que no quiere la física entonces Dios la pasará a otra persona.

Se abrirán puertas, siempre, para que usted prospere espiritualmente y físicamente también, y económicamente también; y en una forma legal, en una forma correcta y honrada.

HEMOS NACIDO PARA VENCER. Cristo nació para vencer. Aunque todo parecía una derrota, fue una victoria; así estaba en el Programa Divino. Por lo tanto, estemos bien agarrados del Ángel del Señor Jesucristo, agarrados de la Palabra, estemos bien agarrados del Ángel como se agarró Jacob del Ángel del Pacto, el cual era Cristo en Su cuerpo angelical, y le dijo que se tenía que ir porque estaba rayando el alba. O sea, que cuando está rayando el alba hay algo que pasa en el Cielo o en algún lugar; porque aunque estaba con Jacob, tenía que irse.

Estemos bien agarrados, porque cuando esté rayando el alba: “Levántate, resplandece; porque ha nacido tu Luz.” Cristo es nuestra Luz, el Sol de Justicia. ¿Y por dónde nace? Por el Este; por lo tanto, vigilemos el Este.

Cuando la Luz de la revelación divina veamos que se está moviendo para el Este, Medio Oriente, de donde se cumplió la Primera Venida de Cristo —sobre todo, Israel—; cuando veamos que la Luz de la Palabra revelada se está moviendo para allá, recuerden: Está rayando el alba.

Ese fue el corito que escuchamos antes de yo pasar: “Por el Este ya se ve…” y ustedes saben la historia de ese corito. ¿Cuántos la saben? Algunos no la saben. Fue hecha esa composición allí mismo en Jerusalén; mientras estaba saliendo el sol, comenzó con la claridad, después fue aumentando la claridad hasta que asomó su rostro el sol; y luego asomó todo, todo, su rostro; pero comenzó con un poquito en la parte de arriba, un poquito más; y el que escribió ese himno estuve viendo todo eso, una madrugada en donde el sol estaba rayando hasta que salió completamente; fue un himno corto pero inspirado por el Espíritu de Dios, 1977.

EL SECRETO PARA LA PROSPERIDAD. Todos, dice San Pablo que él desea que sean prosperados; como son prosperados espiritualmente, en el Espíritu, sean también prosperados en todos los sentidos; y eso es para los que han nacido para vencer, para vencer conquistando toda promesa por la fe, toda promesa de Dios contenida en la Escritura, contenida en los mensajes de los profetas desde el Génesis hasta el Apocalipsis, en donde están también los mensajeros de cada edad incluyendo el reverendo William Branham que aportó… Con el Mensaje que el Espíritu Santo habló a través de él, aportó una cantidad grande de revelación, que precursa la Segunda Venida de Cristo; sin esa revelación nadie podría estar preparado para la Venida del Señor.

NACIDOS PARA VENCER. Estamos tratando aquí dos temas a la vez, pero como están en la Escritura se pueden tratar. Algunas veces tratamos muchos temas a la vez al hablar de una Escritura, de otra y de otra, y queda bien fundamentado en la Palabra.

EL SECRETO PARA LA PROSPERIDAD. Usted tiene que tener una meta también; y esa meta, recuerden, el principal debe ser Dios y Su Programa; porque algunos quieren la prosperidad, hacer riquezas y conseguir el misterio de hacer riquezas, pero Dios da el poder para hacer riquezas, es un poder, ¿y para qué quiere usted que Dios le dé el poder para hacer riquezas? ¿Para malgastar en la Tierra todo? Esa no es una buena idea.

Yo quiero el poder para hacer riquezas para la Obra de Dios, lo que haga, esa es mi principal meta; y tenemos proyectos para invertir en la Obra del Señor. Por ejemplo, tenemos el proyecto de la Gran Carpa-Catedral, un proyecto grande por lo cual mi oración es que todos los creyentes sean ricos; y yo les he dicho siempre, que los que podrán conquistar esas promesas tan grandes son los de este tiempo; son los de este tiempo, porque para este tiempo Dios tiene grandes bendiciones.

Y yo he deseado siempre, que los galardones más grandes que Cristo reparta, los reparta para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

¿Pero qué, no le vamos a dejar nada a los de otras edades? Ya ellos tuvieron su tiempo e hicieron lo que tenían que hacer para recibir los galardones que Dios les va a dar a ellos, ahora es con nosotros el plan, ahora es con nosotros el Programa Divino; y yo quiero que obtengamos lo máximo en el Programa de Dios.

Por lo tanto, trabajemos, que hay un poder para hacer riquezas, dice aquí la Escritura; y lo encabeza Dios y el amor a Dios, y la obediencia a Su Palabra, a Su Programa, Sus mandamientos correspondientes a la Dispensación de la Gracia; como para Israel era lo que estaba bajo la Ley y ordenanzas divinas dadas por Dios a través del profeta Moisés.

Para el creyente primero es Dios en Cristo, siempre buscando lo mejor para la Obra de Dios. Aun el mismo Dios dijo que a Él no le sacrificaran animales con defectos, o sea, que para Dios tiene que ser lo mejor. Con Dios no hay forma de sacarle ventaja. La ventaja se le saca a Dios haciendo como Él dice; y eso no es sacarle ventaja a Dios, es ser fiel y obediente a Dios por medio de Cristo.

Por medio de negocios, de trabajo, podemos ganar dinero, mucho o poco, de acuerdo a la clase de trabajo o negocio que la persona tenga. Hay negocios que producen mucho y hay negocios que producen poco, hay negocios de diferentes clases; y es importante identificar los que producen lo que usted quiere ganar, y siempre teniendo a Dios por delante.

Recuerden que el Ángel del Pacto es el que abre camino, abre camino donde no hay camino: abrió camino en el Mar Rojo, abrió camino por el desierto, y así por el estilo, y los llevó a la tierra prometida, la tierra de bendición.

EL SECRETO DE LA PROSPERIDAD. Eso es para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también. ¿Por qué? Porque somos nacidos para vencer, vencer en todos los campos, en todas las esferas; por lo tanto, siempre tenga sus metas y examínelas que sean conforme a la Escritura, y como decimos: ¡Eche hacia adelante! Sin desanimarse. Aunque el camino sea duro y áspero como fue para llegar a la tierra prometida, cuarenta años, y fueron muchos porque el pueblo no fue obediente; estuvo muy cerca pero ahí se le añadieron cuarenta años más, cuarenta años, porque no se sujetó a Moisés y la dirección de Dios a través de Moisés.

Nosotros vamos a llegar a la tierra prometida también, a la tierra prometida de la transformación del nuevo cuerpo, la transformación para tener el nuevo cuerpo, y a la tierra prometida de la Casa del Padre celestial, a la Cena de las Bodas del Cordero. Todas esas promesas las vamos a conquistar por fe, porque son para este tiempo y son para nosotros.

EL SECRETO DE LA PROSPERIDAD PORQUE SOMOS NACIDOS PARA VENCER. Nacidos para vencer.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador: no está colocado en la posición para vencer. Miren, en el Reino del Mesías cuando sea establecido en la Tierra, los creyentes en Cristo van a ser multimillonarios, porque serán reyes. ¿Ven? A unos le son dadas diez ciudades, a otros cinco ciudades y a otros uno, de acuerdo a lo que trabajó; eso vamos a ver cuando estemos allí, a qué cosas se va aplicar, porque si vamos a reinar con Cristo pues habrá ciudades, estados y naciones en el Reino del Mesías; y los reyes y sacerdotes van a ser, y jueces, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo; y Cristo es el Rey principal, y los demás estarán sujetos a la corona del Mesías, reinarán bajo la corona del Mesías.

Por lo tanto, nacidos para vencer: Adelante trabajando en el Reino de Cristo, con la fe puesta en Cristo y en todas Sus promesas, sabiendo que hay un secreto para la prosperidad, la prosperidad espiritual, la prosperidad física del cuerpo y la prosperidad del bolsillo también, la prosperidad económica también.

¿Y qué cosas, qué promesas podremos conquistar? Bueno, todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Pablo dice que todo lo puedo en Cristo, por lo tanto, todas las promesas correspondientes a nuestro tiempo las podemos conquistar con la fe puesta en Cristo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted. Tiene la oportunidad de conquistar la promesa de la salvación y vida eterna por medio de Cristo, recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en El Salvador y los está llamando en este tiempo final; y tiene mucho pueblo en todo Centroamérica y en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo final, porque han nacido para vencer.

Obtener la salvación y vida eterna es la victoria más grande que una persona puede tener, y la puede obtener recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador. No hay otra forma en que la persona pueda obtener la bendición de la salvación y vida eterna.

“El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán por su vientre.” Esto es el Espíritu Santo viniendo a cada creyente en Cristo. Y también Él dijo: “El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida.” San Juan, capítulo 5, verso 24. Y la anterior cita es San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39.

Lo más grande que una persona puede recibir es la vida eterna; para lo cual, necesita recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador. Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, nos dice:

“Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo (o sea, en Jesucristo).

El que tiene al Hijo (por supuesto, porque lo recibió como su Salvador)...

El que tiene al Hijo (a Cristo), tiene la vida (tiene la vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios (porque no lo ha recibido como Salvador), no tiene la vida (o sea, no tiene la vida eterna).”

Solamente tiene una vida temporal que se la va a terminar; y a medida que se le pasan los años a la persona, está más cerca el fin de su vida terrenal; y no sabe cuándo será, porque puede ser a los 10, 15, 20, 30, 40, 50, 60, 70, 80, 90, 100 o más años, y no sabe en qué grupo la persona está.

Algunas veces vemos que personas jóvenes mueren, y vemos que el abuelito ya con 80 años y con un bastón algunas veces, casi arrastrando los pies, no se muere, ¿ven? Porque eso depende del Programa Divino, los años que Dios le ha dado a cada persona; por eso lo primero que la persona tiene que hacer cuando aparece en la Tierra es entrar al Reino de Dios por medio de Cristo.

¿Y cómo un niño que nace va a entrar? Para eso es que se presentan los niños en la Iglesia, los presentan a Cristo para que Cristo los reciba en Su Reino, y tenerlos asegurados en el Reino de Cristo; y cuando ya tiene conocimiento del bien y del mal, que es de los 10 a los 13 años, entonces él responde por sus pecados y tiene la oportunidad de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; de ahí en adelante será algo entre la persona y Dios.

¿Ven que hay una forma en el Programa Divino, para estar dentro del Reino de Dios con vida eterna? Por eso los padres que aman a sus hijos los llevan a la Iglesia para que estén sirviendo a Cristo y sean unos niños buenos, que aman a sus padres y se comportan bien en su casa, en la escuela y a donde quiera que van. Y eso es lo que necesita cada país, así se contrarrestan los problemas de la juventud, se contrarrestan los problemas de los habitantes de cada país; porque si todos son creyentes en Cristo, que aman a Cristo, pues se acaban los problemas en cada país, y los económicos se ayuda a resolverlos porque serían personas de trabajo. No tendríamos personas que roben.

Ya vamos a orar por las personas que recibieron a Cristo como Salvador, para lo cual vamos a estar puestos en pie para orar. Con nuestros ojos cerrados y nuestro corazón puesto en Dios, en Cristo:

Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; el pan nuestro de cada día dánoslo hoy, y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejas caer en tentación, mas líbranos del mal, porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos, de los siglos. Amén.

Y ahora repitan esta oración que estaremos haciendo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida, y creo en Tu Nombre como el único Nombre en el cual podemos ser salvos, y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los de todo ser humano.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino.

Señor, haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Ahora me dirán los que han venido a los Pies de Cristo: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Todos queremos ser salvos, todos queremos vivir eternamente. Por lo tanto, usted me dirá: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, en el Nombre del Señor Jesucristo. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El Señor Jesucristo fue bautizado en agua por Juan el Bautista, el cual al principio no quería bautizarlo, y le decía, discutiendo con Jesús le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Parece que lo conocía: era su primo según la carne, porque María y Elisabet eran parientes. Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia,” y entonces ya dejó de discutirle a Jesús y lo bautizó.

Eran dos jóvenes: Juan tenía unos 30 años y Jesús casi 30 años, 29 años y algo; y de seguro se habían visitado en otras ocasiones María y Elisabet, porque cuando estaba embarazada María y también Elisabet, María la visitó, y cuando la saludó, María a Elisabet, saltó el bebé: Juan el Bautista que estaba en la vientre de Elisabet; y ahí fue lleno del Espíritu Santo, en el vientre de Elisabet.

El Ángel le había dicho a Zacarías que ese niño que le nacería, que le pusiera por nombre Juan, y que sería lleno ¿de qué? Del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Miren cómo se cumplió, tan sencillo.

Juan siendo el precursor de la Venida de Cristo tenía que bautizar a Jesús en Su Primera Venida; porque el Cordero para ser sacrificado tenía que ser lavado, y así sucedió; y entonces vino el Espíritu Santo sobre Jesús. Y Cristo dijo que fueran bautizados todos los que escucharan la predicación del Evangelio de Cristo [San Marcos 16:15-16]:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura (primero la predicación del Evangelio).

El que creyere (porque la fe nace por el oír el Evangelio) y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Pierde la oportunidad de la salvación y vida eterna pierde la oportunidad de la vida eterna.

En el bautismo en agua, la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso el bautismo en agua no quita los pecados, el agua no tiene poder para quitar los pecados del ser humano, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Esa es la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Vean, el mismo Cristo para recibir el Espíritu Santo tuvo que ser bautizado por Juan el Bautista; primero es el bautismo y después viene el Espíritu Santo, ese es el orden correcto, establecido por Dios.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una noche feliz. Dejo al ministro aquí, reverendo David, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos. Buenas noches.

“EL SECRETO DE LA PROSPERIDAD PORQUE NACIMOS PARA VENCER.”

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