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Muy buenos días, amables y amados hermanos presentes, y también los que están en otros lugares y en otras naciones, en sus congregaciones, ministros y hermanos creyentes en Cristo. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos abra las Escrituras y nos edifique, nos enseñe las Escrituras, y nos abra el entendimiento para entender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén

Leemos la Escritura que nos dice en San Marcos, capítulo 11, de la siguiente manera, y vamos a ver lo que Cristo nos dice… Esto fue luego de haber (el día antes) hablado a la higuera estéril, a la higuera que no daba fruto, y se había secado la higuera. Es que Cristo quiere que en todo tiempo llevemos fruto. Capítulo 11 de San Marcos, verso 19 en adelante, dice:

“Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.

Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.

Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios.

Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. Nuestro tema para esta ocasión es:

“LA FE, MÁS PRECIOSA QUE EL ORO.”

El Señor Jesucristo dice que tengamos fe en Dios, y que cualquiera que dijere a este monte: “Quítate y échate en el mar”, y no dudare en su corazón, sino que creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

La fe viene por el oír la Palabra, así nace la fe en el alma de la persona; y la fe crece a medida que escucha la Palabra de Dios; y llegará al nivel donde podrá decir a este monte: “Quítate y échate en el mar,” y será hecho.

Todos queremos llegar a ese nivel, todos queremos que nuestra fe llegue a ese nivel; por lo tanto, tenemos que conocer qué hacer para que llegue a ese mismo nivel que estaba en Jesucristo. No es una cosa imposible sino que Él dijo que será posible.

La fe es más preciosa que el oro, nos dice San Pedro en Primera de Pedro, capítulo 1, versos 3 al 8; por lo tanto, todos los que tienen fe tienen algo más precioso que el oro: la fe.

Con el oro usted puede conseguir muchas cosas porque tiene mucho valor; pero con la fe, de la cual habla la Biblia, usted puede conseguir todo lo que Dios ha prometido para Sus hijos; pero sin la fe, dice la Escritura que es imposible agradar a Dios. Una persona sin fe ni siquiera puede agradar a Dios.

Por lo tanto, la fe, siendo más preciosa que el oro, todos la necesitamos para poder servir a Dios, para poder creer lo que Dios dice en Su Palabra. Todos queremos agradar a Dios, pero sin fe es imposible agradar a Dios.

La obtenemos escuchando Su Palabra, y ahí viene la revelación divina; como vino en los días de Jesús y los apóstoles cuando Cristo, luego de haberles enseñado sobre el tema de la Venida del Hijo del Hombre que estaba siendo cumplida entre ellos, en la persona de Jesús, en una ocasión les pregunta, en el capítulo 16 de San Mateo [verso 13]:

“¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”

Todos comenzaron a decir lo que opinaba la gente: “Unos dicen que Tú eres Juan el Bautista que ha resucitado, otros dicen que tú eres Jeremías o alguno de los profetas que ha resucitado,” esa era la opinión de mucha gente.

Y ahora les pregunta cuál es la opinión de ellos, qué ellos podían decir de Jesucristo: “Y ustedes, ¿quién decís que soy yo?” Quién era Cristo para Sus discípulos, eso era lo que Jesucristo les pregunta a ellos:

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Era importante que ellos supieran quién era Jesús, pues unos decían que era un profeta, unos decían que era Jeremías, otros decían que era Juan el Bautista que había resucitado; y la opinión de la gente lo señalaba como un profeta. Aunque otros decían que era Beelzebú, otros decían que estaba fuera de sí, que estaba loco, un loco, y así por el estilo.

Siempre que Dios lleva a cabo una promesa grande, hay muchas opiniones en medio de la gente: unos a favor, y otros en contra.

Cuando Dios hace algo, no todas las personas están de acuerdo con lo que Dios está haciendo y no todas las personas creen. Aunque hay algunas veces personas que dicen o piensan que si algo es de Dios todos van a creer; pero solamente van a creer los que están ordenados para vida eterna.

Y para creer, viene la revelación divina del Cielo a la persona; y esa revelación divina es la revelación divina de la Palabra prometida para ese tiempo, que le es dada al pueblo, le es abierto ese misterio, le es abierta esa promesa; y la persona capta esa promesa. Es un milagro lo que ocurre en la persona.

Así fue en los días de Jesús cuando Cristo Jesús le pregunta a Sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Y Pedro le dice:

“Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

Entonces le respondió Jesús (a Pedro): Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre…”

O sea, que esa revelación que Pedro tenía, ese conocimiento que Pedro tenía, de que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios, no lo obtuvo por la enseñanza de algún rabino, no la obtuvo por la enseñanza de alguna persona, sino que Cristo le dice:

“…no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”

Y entonces, para el que obtuvo del Cielo esa revelación divina de quién era Jesús, le es hablada una bendición muy grande:

“Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia (o sea, sobre revelación); y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”

Las puertas del infierno y de la muerte no van a prevalecer contra la Iglesia del Señor Jesucristo.

“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos...”

Pedro tenía la revelación de quién era Jesús, y por consiguiente tenía las llaves de la revelación para abrir la puerta del Reino de los Cielos —y la puerta es Cristo—, traer la revelación de quién es Jesucristo y la Obra de Redención llevada a cabo en la Cruz del Calvario; para que así la puerta del Reino de los Cielos, que es Cristo, fuera abierta; para que entraran por esa puerta como Cristo dijo: “Yo soy la puerta; y el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y hallará pastos.” S an Juan, capítulo 10, verso 9.

“…y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.”

Por lo tanto, Pedro al obtener la revelación del Cielo recibió una bendición grande, porque en la revelación viene la bendición divina para aquel que la recibe; y esa persona llega a agradar a Dios; pero sin fe es imposible agradar a Dios.

En San Mateo, capítulo 11, versos 25 en adelante, 25 al 27, dice:

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Sí, Padre, porque así te agradó.

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”

Y ahora, la revelación divina para conocer quién es el Padre y quién es Jesucristo, viene del Cielo de parte de Cristo, y a aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. Ese conocimiento de quién es Dios y quién es Jesucristo, viene del Cielo; y eso produce la fe que se requiere para la persona creer en Cristo y recibirlo como su único y suficiente Salvador; y así agradar a Dios, y seguir creciendo esa fe hasta que llegue a la fe perfecta, a la fe que estaba en Jesucristo nuestro Salvador, para quien nada era imposible.

Por eso es que Cristo, siempre que venían a Él con una petición, casi siempre eran de sanidad, Él les decía: “Hágase conforme a tu fe.” Vean lo importante que es la fe para la persona, para poderse acercar a Cristo y pedirle lo que desea desde lo profundo de su corazón: conforme a la fe de la persona será hecho; por tanto, el que se acerca a Dios debe estar seguro que tiene la fe, que cree y que tiene la revelación de quién es Jesucristo, y que todo lo que pida a Cristo le será concedido; y se mantendrá firme creyéndolo todo el tiempo; y se va a materializar, se va a hacer una realidad.

Recuerden que también la fe es probada como es probado el oro. Es importante estar firmes en la fe, en la fe en Cristo, y firmes creyendo lo que Él ha prometido, y firmes creyendo que Él nos concederá las peticiones de nuestro corazón, que le hagamos a Él.

Y manteniéndonos activos en la fe, recibiendo la Palabra, escuchando y leyendo la Palabra, para que nuestra fe siga creciendo y nada sea imposible para nosotros; llegue a ese nivel que estaba en Jesucristo nuestro Salvador. Y así va a ser, porque tenemos la promesa de que nuestra fe va a crecer a tal grado que vamos a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La fe viene por el oír la Palabra, la Palabra de Dios, y la fe crece escuchando la Palabra de Dios para el tiempo que a la persona le ha tocado vivir.

Y para que llegue nuestra fe al nivel en que podamos ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, a esa fe perfecta, la Palabra que estará escuchando la Iglesia del Señor Jesucristo, todos los creyentes en Cristo que van a ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, será la Palabra revelada de los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10, que es la Voz de Cristo hablándonos como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; y nos estará revelando el misterio de Su Segunda Venida.

Con esa revelación divina, nuestra fe subirá al grado en que podremos obtener nuestra transformación; llegará a tal grado en que podremos obtener la promesa de la transformación de nuestro cuerpo, y los muertos en Cristo la resurrección en cuerpos glorificados.

Así como Cristo en Espíritu Santo le ha estado hablando a Su Iglesia de edad en edad, y esa Palabra que ha estado siendo revelada de edad en edad ha sido una revelación del Cielo, y millones de seres humanos han recibido la bendición de esa revelación del Cielo, y podrán decir (si les preguntamos cuando los veamos), podrán decir que no les fue revelado de carne sino de Dios.

Así es para cada creyente en la edad que le toca vivir: viene la revelación del Cielo de parte de Cristo por medio de Su Espíritu, y les abre las Escrituras mientras escuchan o leen la Palabra correspondiente al día en que están viviendo. Recuerden: Cristo les hablaba del día presente que estaban viviendo y les preguntaba acerca del instrumento que Dios estaba usando en ese tiempo, que era Él mismo, Jesucristo.

Las personas que obtuvieron esa revelación fueron los creyentes en Cristo, porque les vino del Cielo esa revelación; y estaba basada, fundada, en la Palabra de Dios, en lo que Dios había prometido para aquel tiempo. Así ha sido de edad en edad, y de dispensación en dispensación, y así también es para nuestro tiempo.

Para nuestro tiempo, las promesas que Dios ha hecho para el Día Postrero serán hechas una realidad, y habrá miles de creyentes en Cristo que por la fe conquistarán esas promesas. Y podrán decir: las promesas del Señor mías son; y podrán trabajar para que se cumplan esas promesas, haciendo el trabajo que corresponde; porque las promesas son de aquellos que las creen y trabajan y las hacen una realidad.

Por ejemplo, las promesas de la Venida del Mesías, las hizo una realidad Jesucristo dos mil años atrás, y por consiguiente fue identificado como el Mesías. Así son todas las promesas de Dios.

Al escucharlas: nace la fe en el alma, y la persona trabaja alrededor de esa promesa, hasta que se hace una realidad para la persona. Siempre ha sido de esa forma.

Y por consiguiente, las obras de esa o de esas personas y de la Iglesia del Señor como Cuerpo Místico de creyentes, son la expresión de su fe en lo que Dios ha prometido, y se convierten en una realidad para la Iglesia y para cada creyente en Cristo bajo el Nuevo Pacto; bajo el Nuevo Pacto que está establecido y que fue prometido que Dios haría un Nuevo Pacto; y están cubiertos con la Sangre del Nuevo Pacto, la Sangre de Cristo, todos los creyentes en Cristo, los cuales tienen la fe: la fe que nace y va creciendo hasta que llegue a ser la fe perfecta con la cual se hará una realidad nuestra transformación.

Usted podrá disfrutar de todas las promesas de Dios de acuerdo a la fe que esté en usted, porque las promesas de Dios se conquistan con y por la fe; por eso usted ve que algunas personas no reciben, no le es efectiva, la promesa que Dios ha hecho o promesas que Dios ha hecho, y a otros sí le es efectivo lo que Dios ha prometido, porque la fe de uno y del otro no es igual.

Sin fe es imposible agradar a Dios, y por consiguiente es imposible que se materialice la bendición de Dios prometida a la persona.

Por lo tanto, estad firmes en vuestra fe en Cristo, escuchando siempre Su Palabra y obteniendo cada día más y más revelación del Cielo; y así ir creciendo en la fe, o la fe ir creciendo e ir creciendo nosotros en el conocimiento de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, conforme a como nos dice San Pablo en Colosenses, capítulo 2, verso 2. Les voy a dar la cita bíblica exacta: Capítulo 2, verso 2, dice:

“…Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

En esa revelación del misterio de Dios el Padre, y de Cristo, ahí están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Cristo decía: “El Padre y yo una cosa somos.” Ha sido abierto este misterio para todos nosotros.

Es que el Ángel del Pacto, que es el Espíritu Santo… porque un espíritu es un cuerpo angelical de otra dimensión, es la imagen del Dios viviente, es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios. En palabras más claras: es el Cristo, es Jesucristo en Su cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto en el Antiguo Testamento.

Y el cuerpo de carne llamado Jesús es la semejanza física de Dios, es el cuerpo físico de Dios; por eso dice la Escritura que en Él habitó la plenitud de la Divinidad, la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Antes de nacer Jesús, Dios usaba cuerpos humanos, el cuerpo de cada profeta, de cada mensajero que Él enviaba: de Moisés, de Josué, de los Jueces, de los profetas, así por el estilo; pero cuando se creó el cuerpo de carne en el vientre de la virgen María, Dios estaba creando un cuerpo para Sí mismo, el cual sería el cuerpo físico de Dios, la semejanza física de Dios. Por eso Jesús decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” Sng2058 an Juan, capítulo 14, verso 6.

Por eso también… Eso fue también en el capítulo 10, verso 30, donde dijo: “El Padre y yo una cosa somos.”

Ahí tenemos, en Jesús, a Dios en alma: el Padre; en Espíritu: el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, cuerpo teofánico de Dios; y en carne: el cuerpo físico de Jesucristo. Tan sencillo como eso.

Por consiguiente, ahí tenemos al Verbo hecho carne, ahí tenemos a Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y todos los creyentes en Cristo obtienen esa revelación divina para obtener su redención, porque el Redentor es Dios, el cual, Su cuerpo de carne —llamado Jesús— lo ofreció en Sacrificio vivo como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, por eso Él llevó en Su cuerpo de carne nuestros pecados.

La fe de cada creyente en Cristo tiene que ir creciendo, y así se mantiene firme en Dios; y por consiguiente, se mantiene agradando a Dios en todo lo que hace para Dios, ofreciendo sacrificios de alabanzas con cánticos, con expresiones de gloria a Dios, y así por el estilo.

Todos queremos agradar a Dios, y comenzamos escuchando la Palabra de Dios para que la fe nazca, porque la fe viene por el oír la Palabra de Dios, y cuando nace la persona: recibe a Cristo como su único y suficiente Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento; conquista esa promesa por la fe. Y así sigue su vida cristiana conquistando las promesas hechas para todos los creyentes en Cristo. Y la Iglesia, como Cuerpo Místico de creyentes, que reúne a todos los que son de la fe en Jesucristo, sigue creciendo también, tanto en número como en conocimiento y bendición de Dios.

Ya estamos en el tiempo final o Día Postrero, en donde podemos ver que el reino de los gentiles ha llegado a su final o tiempo final; y por eso es que hay tantos problemas del medio ambiente, también problemas políticos, problemas económicos, problemas de todas clases y por todas partes.

Pero la fe se mantiene viva en los creyentes en Cristo. Hay una salida a todos estos problemas: la salida es el rapto o arrebatamiento de los creyentes en Cristo, para lo cual habrá una transformación para los vivos creyentes en Cristo, los cuales conquistarán esa promesa, la conquistarán por la fe; y los muertos en Cristo conquistarán la promesa de la resurrección en cuerpos glorificados; y todo esto está muy cerca.

Una señal grande para la Iglesia del Señor Jesucristo, para todos los creyentes en Cristo, y para los judíos, será el cumplimiento de la Visión de la Carpa que tuvo el reverendo William Branham; porque ahí, en el cumplimiento de esa promesa, nuestra fe va a subir a tal grado que conquistaremos todas las promesas correspondientes a este tiempo final.

Por la fe serán hechas una realidad para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Por lo cual, tenemos que estar al tanto, escuchando todo lo que Dios por Su Espíritu Santo nos estará revelando, hablándonos; y así nuestra fe continuará creciendo hasta que llegue a una fe perfecta.

Recuerden, de acuerdo a la cantidad de fe que la persona tiene, es la cantidad de poder divino que puede manifestarse en la persona y a través de la persona; por eso es tan importante darle atención a nuestra fe.

¿Y qué fuerza tiene vuestra fe? La fuerza o poder que tenga nuestra fe es de acuerdo al alimento que usted le haya dado.

Si alimenta su fe, será fuerte en la fe. Si no la alimenta con la Palabra de Dios, “porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”, si no alimenta su fe con la Palabra revelada: su fe será débil, y usted será una persona débil en la fe. Pero ustedes son fuertes, poderosos, en la fe; porque están escuchando la Palabra revelada para este tiempo final. Y no dudamos lo que Dios ha prometido.

Y si alguien dice que no es posible lo que creemos y esperamos que Dios materialice, solamente podemos decir: “No hay ninguna cosa imposible para Dios.” Lo que Dios ha prometido, lo pueden obtener los que lo crean.

Por lo tanto, nuestra fe permanece firme creyendo y esperando lo que Él ha prometido. Y cuando se piensa y se cree así, ya la persona lo tiene, potencialmente ya lo tiene, porque ya está esa Palabra revelada acá en el corazón, en el alma de la persona, ya ahí lo tiene; lo que falta es que se materialice en este mundo material.

Primero se hace una realidad acá en el alma y después por el espíritu de la persona, y luego pasa a la parte física, a la materialización. Así es toda promesa divina.

Por lo tanto, veremos la materialización de la Visión de la Carpa, y todas las bendiciones que van a ser derramadas sobre el pueblo en el cumplimiento de esa Visión.

La Tercera Etapa va a ser manifestada en el cumplimiento de la Visión de la Carpa que vio el reverendo William Branham; ahí habrá grandes bendiciones para todos los hijos e hijas de Dios. Y todo lo que Dios estará hablando, revelando y haciendo, se verá a nivel mundial, porque hay equipos para transmitir de cualquier país por los satélites que se conectan sus señales con la estaciones de televisión e internet; o sea, que todo está preparado para lo que Dios ha de hacer en este tiempo final.

Todo está listo de parte de Dios también; y de parte del pueblo de Dios todo está siendo alistado para la manifestación más grande que Dios haya llevado a cabo en medio del cristianismo. La manifestación más grande será también la manifestación más grande que haya Dios efectuado en medio de la familia humana.

Y luego de esa manifestación nos iremos de aquí de la Tierra, a la Cena de las Bodas del Cordero. Por lo tanto, será una señal grande para el cristianismo, para el judaísmo, para todas las religiones y para todas las naciones.

Todo eso está ligado a la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Por lo tanto, tenemos que estar preparados velando por el Señor, Su Venida y lo que estará haciendo en esta Tierra en medio de Su Iglesia.

Cristo dijo: “Cuando ustedes vean suceder estas cosas, levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca.” San Lucas, capítulo 21, versos 25 en adelante.

Estamos ya en el Día Postrero, estamos en el tiempo en donde las promesas correspondientes al Día Postrero tienen que cumplirse, tienen que manifestarse esas promesas. Y si no vigilamos, se cumplirán y no las veremos.

Que Dios nos ayude a estar despiertos espiritualmente para que no se nos escapen estas bendiciones tan grandes que Cristo ha hecho para todos los creyentes en Él.

Nuestro hermano mayor y nuestro amigo mayor, Jesucristo, ha prometido grandes bendiciones para todos los creyentes en Él; y no queremos dejar pasar ni una bendición de las que Él ha prometido para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos para que tenga la fe que es más preciosa que el oro, y pueda agradar a Dios; porque sin fe es imposible agradar a Dios.

Si alguno no ha recibido a Cristo como Salvador, todavía lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Dios tiene mucho pueblo en Villahermosa, en todo el Estado de Tabasco, y también en toda la República Mexicana, y en toda la América Latina y el Caribe, y los está llamando en este tiempo final.

El nombre de ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, por eso Cristo decía que Él llamaría a Sus ovejas por su nombre. Es que el nombre de todas las personas que lo recibirían está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida; por eso es que ha nacido la fe de Cristo en vuestras almas, en vuestros corazones.

No sabíamos que nuestro nombre estaba escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida, pero cuando escuchamos la predicación del Evangelio y llega a nuestra alma y produce la fe en Cristo, entonces sabemos que algo grande ha pasado en nuestro corazón, y ahora entendemos que es que nuestros nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida; y por eso nace la fe de Cristo en nuestra alma.

No hay otro Salvador, no hay otro Redentor, solamente hay uno, y Su Nombre es: Señor Jesucristo; por eso es que Cristo mandó a Sus discípulos a ir por todo el mundo predicando el Evangelio a toda criatura, “y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Nadie quiere ser condenado por Cristo, todos queremos ser salvos; por lo cual, lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador.

Él hablando de este tema dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, y dice: “El Padre y yo, una cosa somos.”

Lo más grande es la vida eterna; esa fue la que perdió Adán y Eva allá en el Huerto del Edén cuando pecaron, y esa es la vida eterna que Cristo nos da a todos los que lo recibimos como nuestro único y suficiente Salvador; y nos coloca, por consiguiente, en Su Reino con vida eterna, y así es como venimos a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

En los demás países también pueden venir a los Pies de Cristo todos los que han escuchando y ha nacido la fe de Cristo en vuestra alma.

Los niños de diez años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo. Recuerden que Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Todavía vienen más personas, por eso estamos dando unos segundos en lo que llegan. Es que Dios tiene muchos hijos aquí en Villahermosa y también en todo el Estado de Tabasco y en toda la República Mexicana, y también en todos los países de la América Latina y del Caribe, y los está llamando para colocarlos en Su Cuerpo Místico de creyentes; por consiguiente, para colocarlos en Su Reino, el Reino de Cristo.

Se está llenando el Reino de Dios, el Reino de Cristo, con latinoamericanos, con mexicanos, con ciudadanos de diferentes países de Centroamérica, del Caribe y de la América Latina; se está llenando el Reino de Cristo; y eso es una bendición grande para cada creyente en Cristo y para los países donde están todas esas personas que lo están recibiendo como Salvador.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, en todos los países también, nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo me acerco a Ti, trayendo también a todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, oh Padre celestial.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo, Señor, en Tu Nombre, como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Señor, te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Haz una realidad en mi vida Tu Salvación. Te lo ruego, Señor, en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo lo más pronto posible, pues Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo como vuestro Salvador, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, simbólicamente, tipológicamente, está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en su Reino eterno. Tan sencillo como eso.

Por eso es que en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al reverendo Andrés Cruz Gallegos para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Con ustedes el reverendo Andrés Cruz Gallegos. Pasen todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA FE, MÁS PRECIOSA QUE EL ORO.”

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