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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros y congregaciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Tenemos en estos días en Puerto Rico, el Consejo de Proyectos de la Embajada de Activistas por la Paz, los cuales en esta mañana también están con nosotros: el Dr. Camilo Montoya, el Dr. Oscar Azogue de Bolivia, el Dr. Montoya es de Colombia, el Lic. Javier Arévalo de Colombia y el Lic. Francisco Guerra de México, los cuales están aquí con nosotros, y son bienvenidos a estar con nosotros; que tengan una temporada de bendición aquí en Puerto Rico. Ellos son de grande bendición para estos proyectos de la Embajada de Activistas por la Paz.

Quiero pedirle al Lic. Francisco Guerra, de México, que desde ahí, desde ese micrófono, nos diga qué estará sucediendo en estos días en la República Mexicana con relación a la Embajada de Activistas por la Paz. Adelante licenciado.

[Palabras del Lic. Francisco Guerra]

 

Muchas gracias, Lic. Guerra, por darnos a conocer lo que estará haciendo la Embajada de Activistas por la Paz en la República Mexicana a partir del día 19 de agosto de este año. Será en 40 ciudades de la República Mexicana.

Y en estos días que salí de Puerto Rico pasé por la República Mexicana y también por Panamá y por Colombia; y de seguro quieren ver algo de lo que se hizo en este viaje; parte lo vieron ya el domingo, pero veamos lo que se llevó a cabo en el Congreso de la República de Panamá; para lo cual veremos un corto documental.

[Presentación del video-documental]

 

Y para los que quieren saber cómo va la construcción de la Gran Carpa-Catedral, vamos a tener un corto video, un corto documental, de los trabajos de construcción de la Gran Carpa-Catedral.

[Presentación del video-documental]

 

Hemos visto cómo van los trabajos del proyecto de la Gran Carpa-Catedral. Están muy avanzados esos trabajos o ese trabajo. Y cada uno de ustedes que están presentes y los que están en otras naciones, tienen una partecita en esa labor, en ese proyecto de la Gran Carpa-Catedral. También hemos visto el trabajo que está llevando a cabo la Embajada de Activistas por la Paz, en el cual también ustedes tienen una partecita. Y me imagino que les gustaría, tanto en el proyecto de la Gran Carpa-Catedral como también en los proyectos de la Embajada de Activistas por la Paz, tener una parte mayor, más grande de la que ya tienen. En sus manos está.

Ya ustedes saben que trabajando es que se aumenta la posición o la parte que uno tiene en estos proyectos, en estas labores, tanto de la Embajada de Activistas por la Paz como también del proyecto de la Gran Carpa-Catedral.

Recuerden las palabras de Jesús: “Haced tesoros (¿dónde?) en el Cielo.” Así es como se hacen tesoros en el Cielo: trabajando en la Obra del Señor.

Aprecio mucho el respaldo que le están dando al proyecto de la Gran Carpa-Catedral y también a los proyectos de la Embajada de Activistas por la Paz. Que Dios los bendiga, les prospere y les multiplique todo lo que ustedes hacen en bendiciones en el Reino de Cristo; y cuando estemos en el Reino Milenial tengamos allí de esas recompensas que Él ha prometido cuando dijo: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” Apocalipsis, capítulo 22, verso 12. Y allí disfrutaremos los tesoros que hayamos hecho en el Cielo.

Cada uno quiere tener el tesoro más grande, la recompensa más grande; y yo también. Por lo tanto, siempre lucharé por hacer el máximo; y luego de hacer el máximo, un poquito más, o un poco más, todo lo que más pueda hacer.

Para eso hemos venido a este planeta Tierra: para estar en el proyecto divino, en el Programa Divino, trabajando en los negocios de nuestro Señor Jesucristo, como dijo Cristo en una ocasión: “En los negocios de mi Padre me conviene estar.” Y en los negocios de nuestro Padre, del segundo Adán, Cristo, a nosotros también nos conviene estar.

¿Cuáles eran los negocios del Padre en aquel tiempo de Jesús? Él trabajar y cumplir lo que estaba prometido para aquel tiempo; todo lo relacionado a la Venida del Mesías y Su Obra que Él llevaría a cabo. Y eso es cumplir la Palabra profética prometida para ese tiempo. Y a nosotros nos toca trabajar en los negocios del Señor Jesucristo: en la Palabra prometida para nuestro tiempo; trabajar para que se haga una realidad, se materialice todo lo que Él ha prometido para este tiempo.

Y mientras estamos trabajando, estamos llenos de gozo, de alegría, cantando al Señor, glorificando al Señor, dándole gloria al Señor Dios Todopoderoso. San Pablo decía en Colosenses, capítulo 3, versos 16 al 17:

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.”

“LA IMPORTANCIA DE LA ALABANZA.”

Venimos a la Iglesia para acercarnos a Dios por medio de Cristo y adorar a Dios por medio de Cristo, y alabarlo con cánticos, con salmos, con himnos, que son canciones espirituales; y por consiguiente, música sacra.

No colocándole música de cantos del mundo, sino música sacra inspirada por Dios. Los himnos antiguos son muy buenos también, fueron inspirados —tanto la letra como la música— a creyentes en Cristo que hicieron esas composiciones.

El salmista David cantaba a Dios. Los salmos son cánticos a Dios donde se alaba a Dios, se exalta a Dios, por las Obras que Él ha llevado a cabo, por el poder que Él ha manifestado en favor de Su pueblo y amor de Dios a Su pueblo.

En los Salmos encontramos también al salmista cantando la Ley de Dios, enseñando la Ley de Dios, los mandamientos de Dios por medio de los salmos, de esos cánticos espirituales. O sea, que así como el predicador por medio del Mensaje que trae, dando a conocer la Palabra de Dios, expresa los mandamientos divinos, enseña al pueblo; el que canta… como el rey David predicaba con el cántico los mandamientos de Dios, la Palabra de Dios, dando a conocer la voluntad de Dios para Su pueblo, y dando a conocer la historia del pueblo.

El éxodo, el tiempo, la liberación que fue llevada a cabo allá en Egipto por Dios, y también los 40 años en el desierto, de todo eso hablaban los Salmos del rey David y demás salmistas. O sea, que por medio del cántico se enseña la Palabra de Dios; por eso los cánticos tienen —obligatoriamente— que tener la Palabra del Señor.

Y así, el compositor y el que interpreta esas composiciones cantando, y también los músicos, están predicando, expresando la Palabra de Dios. Y cuando las personas escuchan, está entrando al corazón la letra acompañada de la música.

Por eso, el salmista David, el rey David, enseñaba a las naciones también por medio de sus cánticos, que eran los salmos; era músico también. Es llamado “el dulce cantor de Israel”. O sea, que cantaba bien, cantaba con amor y de corazón; por lo tanto, eso llegaba al corazón de las personas.

El que canta para Dios tiene que hacerlo de todo corazón para que llegue a Dios; si no, solamente llega al oído de las personas y ni siquiera entra al corazón de las personas, porque no sale del corazón del que canta; pero el que canta de todo corazón, ungido con el espíritu: va de corazón a corazón, del corazón de la persona al corazón de Dios, y también del corazón de la persona a las demás personas.

En el Cielo se canta a Dios, se alaba a Dios, se glorifica a Dios; y en el Cielo se vive en una dimensión más rápida.

Algunas personas cuando ven al pueblo alabando a Dios, algunos pueden pensar que hay mucho ruido; pero si va al Cielo hallará que hay más ruido allá: alabando a Dios, glorificando a Dios en el Cielo también.

Miren, cuando el Arcángel Gabriel vino para darle la noticia del nacimiento de Jesús a aquellos pastores, vino con un ejército que cantaba y tocaba sus instrumentos, o sea, un coro angelical; no sabemos de qué tamaño era el coro, pero en el Cielo el grupo que canta a Dios como coro y los músicos, son muchos.

Aun en el tiempo del rey David y el tiempo del rey Salomón, para alabar a Dios hubo grupos grandes. Tenemos, en el capítulo 23 de Primera de Crónicas, una idea. Verso 4 al 5 dice:

“De éstos, veinticuatro mil para dirigir la obra de la casa de Jehová, y seis mil para gobernadores y jueces.

Además, cuatro mil porteros, y cuatro mil para alabar a Jehová...”

O sea que era un grupo grande los que alababan a Dios, los que tenían a cargo esos cánticos, eran descendientes de los levitas.

Por eso, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo Testamento hay salmos que son himnos, cánticos espirituales; hay músicos también, que cantan a Dios; y que se comienza con una oración y los cánticos a Dios: eso prepara el ambiente para el pueblo y también para la presencia de Dios.

Es —el cántico— de otra dimensión, y ha sido dado a los seres humanos.

También los pajaritos cantan para Dios, alaban a Dios todos los días; principalmente en la mañana se levantan, despiertan, alabando a Dios. Y así debe hacer cada persona: lo primero que ha de hacer es alabar a Dios, glorificar a Dios, bendecir a Dios, y que Dios lo bendiga (a la persona) para comenzar un nuevo día de su vida.

El cántico, por lo que se ve, abre la puerta a otra dimensión. Si son cánticos de Dios y para Dios: pues la dimensión de Dios; si no son cánticos para Dios pues allá debe averiguar la persona, porque no abre la puerta del Cielo.

Es muy importante entender estas cosas para ponerlas por práctica. El apóstol Pablo decía: “Si alguno está alegre, cante salmos”, o sea, himnos, cánticos espirituales; y por cuanto los creyentes en Cristo están felices con Cristo, alegres: cantan a Cristo las alabanzas.

San Pablo decía: “Todo lo que hagáis (en la lectura que tuvimos, de Colosenses, capítulo 3)… Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesús (o sea, del Señor Jesucristo).”

Es que Cristo es la Puerta. Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” Nadie se puede acercar a Dios, a menos que sea por medio de Jesucristo; nadie puede obtener el perdón de pecados, a menos que sea a través de Cristo; nadie puede ser limpio de todo pecado, a menos que sea a través de Cristo y Su Sangre derramada en la Cruz del Calvario; nadie puede ser reconciliado con Dios, a menos que sea a través de Jesucristo; y nadie puede orar a Dios y Dios recibir esa oración, a menos que sea a través de Cristo.

Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6. Y si Él dijo que nadie puede llegar a Dios, a menos que sea a través de Él, por medio de Él, eso es así. No hay otra explicación. Ya Cristo dio la explicación de cómo el ser humano puede acercarse a Dios.

No es asunto de saber orar bonito, es asunto de saber a través de Quién llegan nuestras oraciones, nuestras alabanzas y todo lo que ofrecemos para Dios.

Somos descendientes de Dios. Por medio de Cristo, el segundo Adán, nacemos en el Reino de Dios como hijos e hijas de Dios.

Cuando la persona nace en esta Tierra a través de sus padres terrenales, nació en este reino terrenal, y por consiguiente no tiene vida eterna; porque la vida que nuestros padres terrenales nos han dado como herencia, es temporal, pero es buena, porque nos da la oportunidad de hacer contacto con la vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador; y así asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Estamos en esta Tierra porque era necesario pasar por esta dimensión terrenal, y pasar en estos cuerpos mortales para confirmar nuestro lugar en el Reino de Dios recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Nos da la oportunidad —el vivir en esta Tierra— de nacer de nuevo, nacer en el Reino de Cristo, nacer del Agua y del Espíritu: nacer del Evangelio de Cristo, la Palabra, y del Espíritu de Cristo: el Espíritu Santo; y así nacer en la sexta dimensión, el Cielo.

Recuerden que el nuevo nacimiento no es terrenal, es celestial. San Pablo hablando de nuestra ciudadanía, consciente de que cada persona tiene una ciudadanía al nacer en esta Tierra; pero al nacer en el Reino de Cristo, al nacer de nuevo, se obtiene o se tiene una ciudadanía celestial; por eso dice en Colosenses el apóstol Pablo, en el capítulo 1, y también en Filipenses... Leemos Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos…”

¿Dónde dice que está? Esa es la ciudadanía de hijos e hijas de Dios, es una ciudadanía celestial. El alma de todos los hijos de Dios ha venido del Cielo, y ahora necesita el nuevo nacimiento para obtener el espíritu de la sexta dimensión, el espíritu angelical o teofánico, o cuerpo angelical o teofánico; porque el orden para aparecer en la Tierra con vida eterna, es pasando primero por la sexta dimensión (la dimensión del cuerpo angelical, cuerpo teofánico, cuerpo espiritual), y luego tomando o recibiendo un cuerpo físico eterno, inmortal y glorificado, al recibir, los creyentes en Cristo que murieron, recibir la resurrección en cuerpos eternos, y los que vivimos recibir la transformación, en la Venida del Señor a Su Iglesia; lo cual pronto —pero no sabemos cuántos días o años falten— se cumplirá.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo…”

¿De dónde Él viene? Recuerde que Él está en la séptima dimensión sentado a la diestra de Dios en el Trono de Dios, y está como Sumo Sacerdote, como Intercesor, haciendo intercesión con Su propia Sangre por cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Ya lleva unos dos mil años allá, en esa posición u obra de Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, allá en el Templo celestial.

Cuando haya hecho Intercesión por el último escrito en el Libro de la Vida del Cordero, que completará la Iglesia del Señor Jesucristo: habrá terminado Su Obra de Intercesión, saldrá del Trono de Intercesión y tomará el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, que es el Libro de la Vida del Cordero, que es el Libro que contiene los nombres de todos los creyentes en Cristo, que lo recibirían como Salvador.

Ese es el Libro de la Vida, Libro de la vida eterna, es el Título de Propiedad de la vida eterna; ahí está el nombre de cada creyente en Cristo, que lo recibiría como Salvador.

Y cuando Él toma ese Libro, lo hará como León de la tribu de Judá, como Juez de toda la Tierra; y hará Su Obra de Reclamo, reclamando todo lo que Él redimió con Su Sangre preciosa.

Reclamará a todos los creyentes en Él, que murieron, los resucitará; reclamará a los que estén vivos, transformándolos; a los muertos les dará la resurrección, el cuerpo eterno glorificado; y luego reclamará también el Reino de David, Trono de David; y reclamará el planeta Tierra completo. Todo eso está todavía en el futuro.

Estamos en una etapa en que los creyentes en Cristo están siendo preparados para ser transformados en este tiempo final. Sigue diciendo:

“…el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra (o sea, transformará estos cuerpos mortales), para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya (o sea, para que sea un cuerpo glorificado y eterno como el que Él tiene, y joven para toda la eternidad), por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Es importante saber para qué es la Venida del Señor, para qué lo estamos esperando. Es para nuestra transformación. Y los que murieron físicamente, que están en el Paraíso, lo están esperando en el Paraíso para venir con Él, para la resurrección de ellos en cuerpos eternos.

Colosenses también nos dice en el capítulo 1, verso 12 en adelante:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz (‘los santos en luz’ son los creyentes en Cristo; y tienen una herencia, son herederos de Dios, toda la herencia de Dios corresponde a los hijos de Dios; y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39);

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (nos trasladó al Reino de Jesucristo; por eso somos ciudadanos de ese Reino; nuestra ciudadanía como creyentes en Cristo es del Reino de Cristo, es una ciudadanía celestial),

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (la redención es por medio de la Sangre de Cristo, y el perdón de pecados por medio de Cristo).

El es la imagen del Dios invisible…”

O sea, que Él es la imagen, el cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto en todo el Antiguo Testamento. Ese Ángel del Pacto, ese Ángel que le aparecía a los profetas, es la imagen de Dios.

Y Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.” O sea, la creación del ser humano fue: la primera parte en cuerpo angelical; y la segunda parte, la parte física, el cuerpo físico, del polvo de la tierra; y ahí el hombre recibió la imagen (el cuerpo angelical) y la semejanza física (el cuerpo físico del polvo de la tierra).

Por eso el ser humano es físicamente un cuerpo igual al cuerpo de Jesucristo: pies, brazos, rostro y así por el estilo, porque Cristo en Su cuerpo físico es la semejanza física de Dios; y Cristo en Su cuerpo angelical es la imagen de Dios, es el Ángel del Pacto.

Por eso es que Él podía decir en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” ¿Cómo era? Era en cuerpo angelical, era el Ángel del Pacto, el cual le dio la Ley a Moisés en el Monte Sinaí, el cual había libertado también a Israel de la esclavitud en Egipto, fue el Ángel del Pacto, fue Cristo en Su cuerpo angelical.

Y cuando dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy,” vean, fue antes de Abraham, fue aun antes de Noé, fue aun antes de Adán también. Siendo la imagen del Dios invisible, el Verbo, “por Él fueron hechas todas las cosas”, dice San Juan, capítulo 1, versos 1 al 18.

En palabras más claras, que Dios en Su cuerpo angelical, que es Cristo en Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto y llamado “el Verbo que era con Dios y era Dios, y por Él fueron hechas todas las cosas (dice San Juan, capítulo 1, versos 1 al 18)”: Dios por medio del cuerpo angelical creó todas las cosas, hablando a existencia todas las cosas.

Eso volverá a verse. Lo vimos parcialmente en algunos profetas, lo vimos parcialmente también en algunos apóstoles, y lo vimos parcialmente en el reverendo William Branham hablando a existencia la Palabra creadora y las cosas siendo creadas.

Encontramos… a través Jesús también. Y eso volverá a la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final. Y más cuando estemos transformados, ahí será a mayor escala, sin limitaciones: todos los que serán transformados tendrán el mismo poder de la Palabra hablada, pero habrá un orden divino para ser manifestado.

Antes de eso hemos visto esa manifestación de ese poder creador de Dios, en el siglo pasado, lo vimos en el reverendo William Branham; y volverá a ser visto en este tiempo final: en el cumplimiento de la Tercera Etapa. Fue visto por el reverendo William Branham en visión cuando Dios le mostró la Visión de la Carpa, ahí fue visto ese poder creativo siendo manifestado; y él dice que va a ser manifestado, y eso será la Tercera Etapa; de lo cual él dijo que no iba a dar detalles, que él se llevaría a la tumba todo lo que él vio en ese cuartito pequeño. Pero él vio todo funcionando, por lo cual va a cumplirse, aunque él no haya dado mucha explicación. No podía dar mucha explicación, para que los imitadores no pudieran imitar lo que Dios va a hacer; pero Dios lo va a hacer en este tiempo final.

Dice el reverendo William Branham en la página 136 y 138 del libro de “Citas”, en la página 369 del libro de “Los Sellos”, y también la página 399 del libro de “Los Sellos”, y página 408 del libro de “Los Sellos”, que todo eso corresponde a los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías que van a estar repitiéndose. En la repetición de esos ministerios vamos a ver el poder de Dios siendo manifestado en forma plena.

Y todo eso va a estremecer al mundo entero, en y al pueblo y en medio del pueblo creyente en Cristo, que consta de las vírgenes prudentes y las vírgenes insensatas; y también va a estremecer el mundo entero. Y por consiguiente, los hebreos o los judíos lo van a ver y van a decir: “¡Esto es lo que nosotros estamos esperando!” Pero cada cosa tiene su tiempo, para todo hay tiempo.

Mientras tanto, pues trabajamos en las cosas que tienen que estar listas para cuando llegue el momento de esa manifestación.

Ya sabemos que va a ser en medio de una Gran Carpa-Catedral; por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo va a tener una Gran Carpa-Catedral lista para nuestro Señor Jesucristo y Su manifestación de la Tercera Etapa; va a tener un pueblo creyendo en lo que ha sido prometido, y trabajando para que se cumpla lo que ha sido prometido. Porque Dios obra por medio de Su Espíritu en Su Iglesia; y a través de Su Iglesia Él traerá a cumplimiento —y en Su Iglesia— lo que Él ha prometido.

Tenemos grandes promesas para este tiempo final: tenemos la promesa que la fe para ser transformados y raptados va a ser dada a la Iglesia, y esto girará alrededor de la Venida de Cristo para el Día Postrero, con un Nombre Nuevo, como está señalado en la Escritura.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo será la que lo reconocerá en Su Venida en el Día Postrero, porque vendrá con un Nombre Nuevo. Ahí está en la Escritura: Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, Él dice que tiene un Nombre Nuevo; y si Él lo dice, así es.

Pues el que lo tiene, dice que lo tiene, ¿y quién va a decir que no lo puede tener? Si Él dice que tiene un Nombre Nuevo, lo tiene.

Y aun el reverendo William Branham habló en el libro de “Los Sellos”, página 131, que Él viene con un Nombre Nuevo, y que va a ser revelado a la Iglesia, y que los Truenos van a revelar ese misterio; porque los Truenos darán la fe para ser transformados y raptados, a todos los creyentes en Cristo.

Así que hay grandes bendiciones para todos los creyentes en Cristo; y esas bendiciones que corresponden al tiempo final nos llevarán a la meta de Cristo y a la meta nuestra, que es nuestra transformación y arrebatamiento o rapto de todos los creyentes en Cristo para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Mientras tanto, continuamos trabajando en la Obra del Señor, alrededor de cada promesa hecha para la Iglesia; y así como muchos conquistaron las promesas de Dios en tiempos pasados, nosotros conquistaremos cada promesa correspondiente a este tiempo final: Trabajando en ella, creyéndolas de todo corazón.

Y recuerden que así es como se materializan las promesas de Dios: Siempre habrá alguien que las creerá, y con él: los creyentes en las promesas de Dios, que estarán trabajando; y Cristo por medio de Su Espíritu obrando por medio de esa y de esas personas para cumplir lo que Él ha prometido; porque las manos del Señor son las nuestras, para trabajar en esta Tierra.

Por medio de Su Iglesia será que Él dará cumplimiento a todo lo que Él ha prometido; porque en Su Iglesia está el Espíritu de Cristo. Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20.

Por lo tanto, tenemos que  comprender LA IMPORTANCIA DE LA ALABANZA. Alabando a Dios, cantando a Dios con salmos, cánticos espirituales, y así por el estilo, para que siempre estemos en contacto con esa dimensión celestial; y sobre todo, estemos en contacto con Dios a través de Cristo.

Recuerden que Él es el eslabón entre Dios y nosotros, y entre nosotros y Dios. No hay otro eslabón, no hay otra persona que nos una con Dios, sino Cristo, el cual está en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, llevando a cabo la Obra de Reconciliación de toda persona que tiene su nombre escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, haciendo esa Obra de Reconciliación, para así estar reconciliados con Dios como hijos e hijas de Dios; para lo cual, la persona primero tiene que recibirlo como único y suficiente Salvador.

Si hay alguno que todavía no lo ha recibido como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, ya sea que esté aquí presente o esté en otro país. Y los niños de diez años en adelante, también lo pueden recibir como Salvador; para lo cual, pueden pasar al frente y estaremos orando por usted. Y en cada nación también pueden pasar al frente para recibirlo como Salvador, y que Cristo les reciba en Su Reino.

Vamos a dar algunos minutos para que puedan pasar al frente los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador.

Lo más grande que una persona puede hacer es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, y lo más grande que Dios le da a una persona es la vida eterna, no hay cosa más grande que la vida eterna. Y nuestra alma clama por la vida eterna.

Lo más hermoso es la vida eterna. Si esta vida terrenal es hermosa, ¡cuánto más la vida eterna! Y la vida eterna, Cristo la tiene para cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador. Por eso Él dijo en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna (¿Ven por qué se predica el Evangelio? Para que las personas escuchen, nazca la fe de Cristo en su alma, crean y lo reciban como Salvador, y Cristo les dé vida eterna); y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Él dijo en ese mismo capítulo, que Él llamaría a Sus ovejas por su nombre. El llamado para las ovejas es la predicación del Evangelio de Cristo para cada edad o etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo; por eso le da el Mensaje correspondiente a cada edad al mensajero, él lo predica, y comienzan a venir las ovejas al Redil y edad correspondiente al tiempo de ese mensajero, en el cual está el Espíritu de Dios. Y cuando las personas están escuchando y recibiendo el Mensaje de ese mensajero, están escuchando a Dios por medio del Espíritu Santo llamando a las ovejas de Dios.

Esa es la forma en que se escucha la Voz de Dios, la Voz de Cristo, de edad en edad. “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón,” dice la Escritura. Esa es la forma en que Dios habla en toda edad y en toda dispensación.

Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 16, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.”

Y dice que pondrá Su Palabra en su boca y él les hablará todo lo que Dios le mande a hablar; y el que no escuche lo que él hablare en el Nombre del Señor, Dios le pedirá cuenta. Es que lo que estará hablando es la Palabra de Dios para ese tiempo, es la Voz de Dios para el tiempo en que aparece.

Así estuvieron escuchando la Voz de Dios, de edad en edad, todos los creyentes de diferentes edades: la Voz de Dios pasó a los predicadores, y ellos al predicar estaban trayendo lo que el Espíritu Santo trajo por medio del mensajero; y así se extendió el Mensaje por diferentes naciones, pueblos y lenguas. Esa es la forma en que Él llamaría a Sus ovejas.

Y ahora, en nuestro tiempo todavía sigue llamando a Sus ovejas para prepararlas para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estamos en el tiempo del llamado final, en donde se completará la Iglesia del Señor Jesucristo. Cuando se complete, habrá terminado la Obra de Intercesión, Cristo, en el Cielo. Mientras tanto, continuamos trabajando y alabando a Dios desde lo profundo de nuestro corazón.

“LA IMPORTANCIA DE LA ALABANZA.”

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que en diferentes naciones han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, Te lo ruego. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo, los que están en diferentes naciones y están recibiendo a Cristo como único Salvador en estos momentos, repitan conmigo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Te ruego, Señor, tengas misericordia de mí. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Haz una realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Los que han venido a los Pies de Cristo me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, lo más pronto posible, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, y todos los que han recibido a Cristo como Salvador desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo, han estado siendo bautizados en agua, conforme al mandamiento del Señor; porque en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y es un mandamiento del Señor Jesucristo por medio del Espíritu de Cristo que estaba en Jesús, el cual también estuvo en los apóstoles, y ordenó bautizar a todos los que estaban recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador; y así continuará hasta que entre al Reino de Cristo hasta el último escogido, miembro de la Iglesia del Señor Jesucristo. Cuando sea bautizado el último, ahí ya terminará para la Iglesia del Señor.

No sabemos si después, de ahí para adelante, serán bautizados otros, aunque vayan a pasar por la gran tribulación; pero para la Iglesia, pues cuando se bautice el último, pues ahí terminó para la Iglesia; si continúa después para las vírgenes insensatas y para otras personas, veremos cuando llegue el momento. Mientras tanto, se sigue recibiendo a Cristo al ser predicado el Evangelio y siguen siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, los que lo reciben como Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo en estos momentos en diferentes países; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Será hasta el próximo domingo, Dios mediante, que estaré con ustedes a través de la pantalla y también aquí; desde aquí y a través de la pantalla también estaré con ustedes. Hasta el momento así está en el programa.

Así que oren mucho por la actividad del domingo próximo en donde esperamos grandes bendiciones de parte de Cristo nuestro Salvador; y oren mucho por las actividades de la Embajada de Activistas por la Paz y por todas las actividades de la Iglesia; y la labor de construcción del Templo, de la Gran Carpa-Catedral.

Continúen pasando todos, una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Dios les bendiga y les guarde a todos.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique a las personas que recibieron a Cristo, cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor. Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA IMPORTANCIA DE LA ALABANZA.”

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