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Muchas gracias, Miguel. Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través de internet y los que están también a través del satélite Amazonas, ministros y colaboradores, y todas las congregaciones: Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leeremos en el capítulo 16 de Primera de Crónicas, versos 16 al 22, y dice de la siguiente manera:

“Del pacto que concertó con Abraham,

  Y de su juramento a Isaac;

El cual confirmó a Jacob por estatuto,

  Y a Israel por pacto sempiterno,

Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán,

  Porción de tu heredad.

Cuando ellos eran pocos en número,

  Pocos y forasteros en ella,

Y andaban de nación en nación,

  Y de un reino a otro pueblo,

No permitió que nadie los oprimiese;

  Antes por amor de ellos castigó a los reyes.

No toquéis, dijo, a mis ungidos,

  Ni hagáis mal a mis profetas.

Cantad a Jehová toda la tierra,

  Proclamad de día en día su salvación.

Cantad entre las gentes su gloria,

  Y en todos los pueblos sus maravillas.

Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza,

  Y de ser temido sobre todos los dioses.

Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos;

  Mas Jehová hizo los cielos (y la Tierra).

Alabanza y magnificencia delante de él;

  Poder y alegría en su morada.

Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos,

  Dad a Jehová gloria y poder.

Dad a Jehová la honra debida a su nombre;

  Traed ofrenda, y venid delante de él;

  Postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad.

Temed en su presencia, toda la tierra;

  El mundo será aún establecido, para que no se conmueva.

Alégrense los cielos, y gócese la tierra,

  Y digan en las naciones: Jehová reina.

Resuene el mar, y su plenitud;

  Alégrese el campo, y todo lo que contiene.”

Que las bendiciones de Cristo el Ángel del Pacto, sean sobre todos nosotros, y nos abra las Escrituras y el entendimiento y el corazón para oír y creer y ver la Palabra de Dios para este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“NO TOQUÉIS A MIS UNGIDOS NI HAGÁIS MAL A MIS PROFETAS.” Es el tema para esta ocasión.

“No toquéis a Mis ungidos.” Aquí en esta ocasión, los ungidos eran los hijos de Israel, un pueblo como nación ungido con la presencia de Dios en medio de ellos, señalado —como pueblo— hijo primogénito; y por consiguiente, el primer pueblo que Dios creó. Por eso dice: “Israel es mi hijo, mi primogénito.” Nos está hablando de Israel como nación.

Y cuando dice: “No hagáis mal a Mis profetas”: estos son los profetas que Él enviaba de etapa en etapa, como Moisés, como a Josué, como al profeta Elías, al profeta Eliseo, como también había enviado al profeta Samuel.

Podemos ver que estas personas eran ungidas como profetas. Y aun cuando el rey Saúl fue ungido por Samuel como rey, era el ungido de Dios como rey; y cuando luego Samuel ungió a David siendo un joven, lo ungió como rey, tenemos de parte de David respeto, reconocimiento de la unción que había sido dada por Dios a Saúl; y no quiso hacerle daño a Saúl, teniendo la oportunidad de matarlo, porque Saúl se había convertido en enemigo de David y lo estaba persiguiendo a muerte, pero David respetaba la unción de parte de Dios. Decía que él no le haría daño al ungido de Dios.

Es que al Ungido de Dios como individuo o al ungido de Dios como pueblo, no se le puede hacer daño, porque Dios está con ese individuo o con ese pueblo; así fue con el pueblo de Dios bajo el Pacto que le fue dado en el Monte Sinaí, y por eso Israel como nación y como pueblo, es el pueblo o nación primogénita de Dios. Y cuando se nos habla de Israel como el hijo primogénito de Dios, en el Éxodo, capítulo 4, verso 22, le dice Dios a Moisés:

“Y dirás a Faraón: Jehová ha dicho así: Israel es mi hijo, mi primogénito.”

Israel como nación: la nación primogénita de Dios. Por eso en diferentes Escrituras nos dice también, hablándonos de Israel: “Yo soy tu creador.” Dios creó a Israel como nación. Y por consiguiente, es el modelo para el nacimiento, la creación de otras naciones.

Así como en la familia nace el hijo primogénito y luego los demás hijos; y los demás hijos nacen conforme al modelo: dos brazos, dos piernas, un cuerpo y una cabeza. Ahí tenemos a Israel también como el modelo para los otros pueblos que Dios crearía.

Dios le dio profetas a Israel, comenzando con Moisés, un profeta dispensacional. Dios le dio a Israel Su presencia, la presencia de Dios estaba en medio de Israel, y le dio la Ley y los mandamientos, estatutos y mandamientos para todo Israel.

¿Y qué significa todo esto? Que Dios colocó a Israel en Su Reino, el Reino de Dios, y por eso las Leyes del Reino de Dios fueron dadas a Israel. Así como cuando una nación viene a ser parte de otra nación, cualquier nación que es aceptada por otra nación para que se una legalmente y se convierta en un Estado de esa nación poderosa; las leyes de esa nación grande entonces son establecidas en esa nación pequeña que se une para formar un nuevo Estado de esa nación grande.

E Israel, creada por Dios, fue unida al Reino de Dios; y por lo tanto, las Leyes del Reino de Dios son establecidas en Israel. Y vamos a decir que Israel tiene, de parte de Dios (dadas por Dios a través de Moisés), las Leyes federales del Reino de Dios. Tan sencillo como eso.

Y ahora, Israel es el modelo para otras naciones que nacerían como naciones hijas de Dios pero no primogénitas, porque solamente hay un primogénito; aun si nacen a la misma vez, la primera que nace es la que tiene la primogenitura.

En el campo espiritual la Iglesia del Nuevo Pacto, el pueblo del Nuevo Pacto, es la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente tiene las Bendiciones de la Primogenitura celestial. Así como cuando Jacob en el capítulo 48 del Génesis bendijo a José, bendiciendo a los hijos de José. Manasés era el mayor, era el primogénito, y Manasés tipifica al pueblo hebreo, que era la nación que nació primero; y luego Cristo dice: “El Reino de Dios será quitado de vosotros.” Esa bendición tan grande, que es bendición de primogenitura, dice: “Y será dada a otra gente, a otro pueblo, que lleve los frutos correspondientes (los frutos del Reino).”

Israel es la Iglesia del Antiguo Pacto, del Antiguo Testamento, y la Iglesia del Señor Jesucristo es la Iglesia del Nuevo Pacto, del Nuevo Testamento, en donde las bendiciones espirituales han estado viniendo por estos últimos dos mil años, y continúan viniendo a la Iglesia del Señor Jesucristo todas esas bendiciones espirituales, produciendo, creando, personas, produciendo el nuevo nacimiento en millones de seres humanos que vienen a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes.

“No toquéis a Mis ungidos”: los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, como un Templo espiritual. Y “no hagáis daño a Mis Ungidos”: “A Mis profetas”, a los diferentes mensajeros que Cristo envía de etapa en etapa; pues Él dijo que enviaría profetas y sabios a Su Iglesia.

Y encontramos que la Escritura nos dice que ha colocado en Su Iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Efesios, capítulo 4, verso 11.

“No toquéis a Mis ungidos”: En el Nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por cada creyente en Cristo. Y “no hagáis daño a Mis profetas”: los mensajeros que Él envía de edad en edad. “No hagáis daño a Mis profetas,” comenzando de San Pedro y San Pablo, y pasando por los diferentes mensajeros de la Iglesia entre los gentiles, hasta nuestro tiempo.

Dice Cristo que cualquiera que diere un vaso de agua fría a uno de estos pequeñitos o mis hermanos más pequeños, no perderá su recompensa; por consiguiente, las palabras habladas para Israel como pueblo: “El que te bendiga, será bendito; y el que te maldiga, será maldito,” que eran las mismas para Abraham, para Isaac y para Jacob, y por consiguiente, pasa a la descendencia de Abraham por medio de los patriarcas descendientes de Jacob que forman el pueblo de Israel.

Es importante saber que el que bendiga a Israel, será bendito; y el que lo maldiga, será maldito. Como era el que bendijera a Abraham: sería bendito; y el que lo maldijera, sería maldito. Así también era con Isaac y con Jacob.

Y ahora, bajo el Nuevo Pacto así es con la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, y con cada creyente en Cristo, y con cada mensajero de Cristo de edad en edad.

En el tiempo de Moisés Dios cumplió lo que le había dicho a Abraham en Génesis, capítulo 15, y algunas personas no sabían cómo iba a ser esto que fue prometido por Dios para la descendencia de Abraham. Capítulo 15, verso 12 en adelante, dice, del Génesis:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.”

Una promesa de que saldrían de la esclavitud y de la nación donde estarían como esclavos, saldrían con gran riqueza.

¿Cómo podía ser posible esto? Humanamente no era posible. Pero ¿hay alguna cosa imposible para Dios? No la hay. Y Dios dijo que iban a salir con gran riqueza, y no le explicó la mecánica, la mecánica que le iba a producir esa gran riqueza.

El que trabaja como esclavo no tiene paga; por lo tanto, no sería que estarían trabajando y ahorrando para ser ricos. Para cada tiempo está la mecánica para el cumplimiento de lo que Dios promete; y cuando esa mecánica es revelada para que se haga conforme a lo que corresponde hacer, va a producir lo que Dios dijo, lo que Dios prometió que le daría al pueblo.

Aquí le promete a la descendencia de Abraham que van a salir de la esclavitud con gran riqueza. Y lo que parecía imposible, era posible para Dios.

“Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá.”

En la cuarta generación entonces, era que iban a obtener esa riqueza. La cuarta generación.

Recuerde que la vida surge, brota, en la cuarta generación anterior; y por consiguiente, en la cuarta generación anterior al éxodo, ya la vida de toda promesa correspondiente al éxodo, ya estaba allí; potencialmente tenían todo, pero estaba potencialmente, ya estaba la vida allí, estaba la vida de lo que Dios iba a hacer en favor de Israel. Esa Palabra iba a ser vivificada en la cuarta generación, traída a vida, traída a cumplimiento.

Encontramos en medio de Israel estas cosas, y en medio de la Iglesia. ¿Cuál es la cuarta generación? Porque la cuarta generación es la que tiene la promesa de la materialización de la liberación de la esclavitud.

Encontramos que Dios va a libertar a Sus hijos en el Día Postrero: a los que murieron los libertará de la muerte física resucitándolos en cuerpos glorificados, y a los que estemos vivos nos transformará; y todo esto corresponde a la cuarta generación.

Hemos tenido una generación luterana en el programa de la restauración, hemos tenido una segunda generación wesleyana, y hemos tenido una tercera generación pentecostal en la Iglesia del Señor Jesucristo; y esa edad pentecostal es la séptima edad de la Iglesia, representada en la iglesia de Laodicea que existía en Asia Menor.

Y luego pasamos a una cuarta generación, donde las promesas correspondientes al Día Postrero van a ser cumplidas y van a recibir esa liberación, ese Tercer Éxodo correspondiente al Día Postrero, que será siendo sacados de esta dimensión terrenal al ser transformados los que estén vivos, y los que murieron ser resucitados en cuerpos eternos.

Esa cuarta generación corresponde a la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Edad de la Piedra Angular, lo cual viene después de la séptima etapa o séptima edad de la Iglesia, la cual, en el programa de restauración es la tercera generación; así como la primera generación del programa de restauración fue la generación luterana, la segunda etapa o segunda generación fue la generación wesleyana, y la tercera generación fue la generación pentecostal.

Y la cuarta generación ¿dónde está? Esa es la generación en donde se cumplirá ese éxodo de salir de este reino terrenal y entrar al Reino de Dios, con vida eterna física, con cuerpos físicos, cuerpos glorificados.

¿Y dónde están las riquezas, entonces? Para empezar, un cuerpo glorificado es la riqueza más grande que una persona puede recibir, porque es inmortal, es glorificado, es interdimensional, es joven para toda la eternidad; es a la semejanza del cuerpo físico glorificado de Jesucristo. Y así millones de creyentes en Cristo obtendrán la restauración total a la vida eterna, de la cual cayó Adán y Eva. Y eso será la adopción o redención del cuerpo, que es lo que le falta a los creyentes en Cristo, porque la parte espiritual ya la han estado obteniendo de edad en edad.

¿Qué otras riquezas pueden o tendrán los creyentes en Cristo del Día Postrero en este Tercer Éxodo? Él dijo: “Haced tesoros en el Cielo, donde la polilla ni el orín corrompen, y donde no hay ladrones que roben.”

Lo que usted almacene en el Reino de Dios nadie se lo podrá quitar. Es el lugar seguro para hacer tesoros. Lo cual se obtiene trabajando con los talentos que Cristo ha dado a todos los creyentes en Él; y por consiguiente, a la Iglesia Suya; porque así como hay talentos para individuos, hay talentos para la Iglesia.

En la parábola de los talentos y en la parábola de las minas nos da un cuadro claro de esas bendiciones: talentos o minas, en los dos casos se trata de dinero, y es para que lo multipliquen. El que recibió diez talentos, lo multiplicó y obtuvo diez más; el que recibió cinco, lo multiplicó y obtuvo cinco más; y el que recibió uno, no quiso trabajar en la Obra del Señor para multiplicar ese talento y lo enterró; por lo tanto, fue un siervo malo en la presencia del que le dio ese talento. Eso era lo único que él podía administrar de acuerdo a la capacidad que tenía.

Y los talentos no se pierden; los pierde la persona si no trabaja en la Obra del Señor con ese o esos talentos, pero los talentos no se pierden: le fue dado al que tenía más; le fue quitado al que tenía uno, porque no lo usó, lo devolvió, y le fue dado al que tenía diez.

En la parábola también de las minas, que es dinero también, a diez siervos le fueron repartidos diez talentos, uno para cada siervo: San Lucas, capítulo 19, versos 12 al 26; y el de los talentos es San Mateo, capítulo 25, versos 14 al 30.

En las minas, cada uno tenía un talento, la misma cantidad; y el que tenía un talento… cada uno de ellos lo recibió para que trabajara en la Obra del Señor.

Vean que esto es dado por un hombre noble, o sea, un hombre de la realeza, un hombre descendiente del Rey David: Jesucristo. Y Él se tenía que ir para recibir un Reino y volver. Encárgaselos a los siervos, de trabajar en la Obra, les da la capacidad, los ministerios, los dones y así por el estilo, y le provee económicamente también para que trabajen en Su Obra; pues las minas y los talentos es dinero en esa parábola, dinero que le fue dado; lo cual es tipo y figura de lo que Dios le ha dado a cada creyente en Cristo para trabajar en la Obra del Señor. Verso 15 del capítulo 19 de San Lucas:

“Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero (¿ven?), para saber lo que había negociado cada uno.”

“En los negocios de mi Padre me conviene estar,” decía Cristo, o sea, cumpliendo lo que estaba prometido para aquel tiempo. Y en los negocios de Cristo en medio de Su Iglesia, nos conviene estar trabajando de acuerdo a las promesas correspondientes a ese tiempo, a las cosas que se tienen que llevar a cabo; y que las tiene que llevar a cabo la Iglesia del Señor Jesucristo como instrumento del Espíritu Santo.

“Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas (diez veces más de lo que había recibido).

Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.”

Y ahora, aquí nos habla de lo que será el Reino del Mesías en esta Tierra, el cual gobernará sobre naciones, pueblos y lenguas, incluyendo ciudades.

Y le va a repartir —en este Reino— ciudades, a creyentes en Cristo que estarán junto a su mensajero gobernando en esta Tierra; pues son reyes y sacerdotes y jueces los creyentes en Cristo, porque han sido lavados con la Sangre del Cordero; y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la Tierra, dice: por mil años (en algunos lugares), y después por toda la eternidad.

“Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas.

Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.”

El que trabajó mucho e hizo mucho: su galardón, su recompensa, será grande; el que hizo menos: pues será menor su recompensa que la del que hizo mucho; y el que no hizo nada con la mina que le fue dada: le fue quitada la mina; y fue dicho por el Señor:

“Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo (recuerden que una mina era una moneda de aquel tiempo);

porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.

Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré;

¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses?

Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.

Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.

Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.”

Con esas dos parábolas cualquiera tiene que entender que está en esta Tierra para trabajar en los negocios del Señor Jesucristo: en una forma o en otra forma, trabajar en la Obra del Señor. De ese trabajo depende la recompensa que recibirá: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” Apocalipsis 22, verso 12.

Por lo tanto, en nuestro tiempo, que es paralelo a la cuarta generación de Israel en Egipto, tenemos una responsabilidad con Cristo, con relación a los talentos que Él nos ha dado; y esto tenemos que encararlo en forma responsable. No hay excusa delante del Señor para guardar el talento, para guardar la mina o talentos que Dios nos ha dado.

Él nos ha colocado en esta Tierra y en Su Iglesia para trabajar, y que podamos decir como dijo Jesucristo a los 12 años: “En los negocios de mi Padre me conviene estar,” podamos decir nosotros: “En los negocios del segundo Adán, Jesucristo, nuestro Padre, nos conviene estar; y estar trabajando.” De eso dependerá la recompensa en el Reino del Señor.

Ahora, ¿cómo vamos a salir ricos? Pues todo el trabajo que ha sido hecho, tendrá su recompensa; y ahí están las riquezas que tendremos en el Reino Milenial y por toda la eternidad.

Recuerden que los que recibieron las minas y los que recibieron también los talentos (la misma parábola usando otra moneda y otra cantidad), lo que ganaron y lo que les había sido dado, el Señor no se los quitó a ellos, a los que trabajaron, sino que se los dejó.

En palabras más claras, les estaba dando talentos o minas para que los multiplicaran y fueran ricos en el Reino del Mesías.

Todos podemos ser ricos abundantemente en el Reino venidero. ¿Cómo? Trabajando con los talentos o minas o mina que Él nos ha dado.

¿Y cómo vamos a hacer? Físicamente, con las bendiciones que Él nos ha dado y hemos obtenido dinero: trabajando en la Obra del Señor, colocando en la Obra del Señor lo que nuestro corazón desea que coloquemos y que hagamos; nuestra alma, pues quiere ser rica en el Reino de Cristo; y es que nadie quiere ser pobre; por lo tanto, Él dice: “Negociad, entre tanto que vengo.”

Lo que Él nos da estamos llamados a multiplicarlo. Si nos da una mina, multiplicarla por diez; si nos da diez talentos, multiplicarlos por diez más. En la Obra del Señor, en los negocios del Señor, no es asunto de perder, es de ganar; por lo tanto, no es un asunto de restar, es de multiplicar.

Multiplicando el trabajo y lo que ponemos en la Obra del Señor, estamos multiplicando lo que Él nos ha dado; y lo que Él nos ha dado multiplicado, lo vamos a tener, no nos lo va a quitar, lo vamos a tener en el Reino del Señor.

Él nos dice que negociemos; y en los negocios del Señor nos conviene estar, negociando con los talentos que Él nos ha dado, estar en los negocios del Señor. Y con lo que Él nos ha dado podemos comprar cosas, multiplicarlas para la Obra del Señor; podemos negociar, montar negocios para la Obra del Señor, para que produzcan para la Obra del Señor; y por consiguiente, produce también para su familia; pero tener en el corazón primero la Obra del Señor.

En muchos negocios la persona puede comprar un producto o puede comprar un kit y con eso multiplicar lo que invirtió; y con el propósito, por consiguiente, de hacer lo máximo por la Obra del Señor; así como Cristo hizo lo máximo por nosotros dando Su vida, eso es lo máximo, por nosotros, para que nosotros seamos ricos en Él y en Su Reino, y vivamos eternamente.

Por lo tanto, no está mal invertir dinero en negocios que produzcan mucho para aportar lo máximo para la Obra del Señor. Eso le agrada a Dios: Que lo primero sea la Obra del Señor, los negocios del Señor, trabajando en todas las promesas que Él ha hecho para que se cumplan en medio nuestro en la cuarta generación, la generación de oro de la Iglesia, la generación de la Piedra Angular, de la Edad de Piedra Angular; ahí es donde saldrán con gran riqueza, de esta Tierra saldrán todos los que han trabajando en la Obra del Señor.

Los que murieron: con la resurrección en cuerpos glorificados y con todo el trabajo que ellos hicieron, el cual será recompensado por Cristo. Y los que vivimos: a los que vivimos nos siguen nuestro trabajo, nuestras obras también. Y por consiguiente, saldremos con gran riqueza. Porque nuestra riqueza es Cristo y Su Obra, Sus negocios; en los cuales trabajamos de todo corazón, sin que nadie nos obligue, viendo las oportunidades que hay para trabajar en la Obra del Señor.

Por lo tanto, estoy de acuerdo con Miguel, en lo que corresponde a los creyentes tener negocios para fusionarlos con los negocios de Cristo, los negocios del Reino de Cristo.

Y que las bendiciones de Cristo el Ángel del Pacto, sean sobre ustedes y sobre vuestros negocios; y que lo que Él ha dicho en Su Palabra, en Deuteronomio, capítulo 8, se haga una realidad en cada uno de ustedes y en mí también. Dice capítulo 8, verso 17 en adelante, de Deuteronomio:

“Y no digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.

Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.”

Dios dijo que los sacaría con gran riqueza y así lo cumplió. No fue por la fuerza del pueblo sino por la promesa que les había hecho, y les dio el poder para hacer las riquezas. Y para salir con gran riqueza de Egipto les dijo el secreto: les dijo que pidieran alhajas de plata, de oro, y así por el estilo, a los egipcios; y ellos le daban todo lo que los hebreos les pedían, y más; como querían que se fueran, les daban para que se acabaran de ir. Esa fue la forma que Dios tenía reservada para darles esas riquezas; pero no le dijo a Abraham la forma, porque no era el tiempo para cumplir esa promesa.

Yo deseo que todos salgamos de esta Tierra en cuerpos glorificados, con gran riqueza; por lo tanto, trabajemos en la Obra del Señor siempre, y de todo corazón; y fusionemos nuestros negocios con los negocios de Cristo el Ángel del Pacto; y así hagamos tesoros en el Cielo, en el Reino del Señor Jesucristo.

El negocio del cual habló el reverendo y misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín, es bueno, para producir muchos beneficios para trabajar en la Obra del Señor, y para tener una situación económica mejor en la familia. Y eso será de ayuda para la prosperidad no solamente de la familia y de la Iglesia sino para la comunidad en donde vive; y por consiguiente, para beneficio de la ciudad y del Estado y de la nación en donde la persona vive. Será de prosperidad, no solamente para la persona sino para la nación también.

Por lo tanto, trabajemos con los talentos que Dios nos ha dado, y para este tiempo es que más plenamente podemos usar los talentos y la minas que Cristo dice que le ha dado a Sus siervos. Este es el tiempo de más oportunidades para los creyentes; por lo tanto, aprovechemos esa coyuntura, esa oportunidad que todos tenemos.

Para nuestro tiempo tenemos que trabajar todos y ver las metas que tenemos delante de nosotros, señaladas por Cristo, las metas del Programa Divino, conociendo las profecías correspondientes a nuestro tiempo; y conscientes de que las manos de Cristo aquí en la Tierra para hacer las cosas, son las nuestras.

Así como Dios obró a través de Cristo, y Cristo decía: “Las obras que yo hago no las hago de mí mismo, sino el Padre que mora en mí, Él hace las Obras,” que todos podamos decir: “Las obras que hacemos, no las hacemos de nosotros mismos, sino que es Cristo en Espíritu Santo que mora en nosotros, es el que hace las Obras, las hace a través de nosotros.”

Y esa es la Obra de Dios para cada tiempo: la Obra de Dios por medio de Su Espíritu obrando a través de los creyentes en Él.

Como Dios obró a través de Jesucristo, Jesucristo obra a través de Su Iglesia, a través de los miembros de Su Iglesia.

Por lo tanto, el pueblo ungido, los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo: Adelante trabajando en la Obra del Señor, porque en los negocios del Señor nos conviene estar; y nos conviene estar trabajando arduamente, siendo valientes y esforzados en la Obra del Señor.

Y de parte de Cristo: “NO TOQUÉIS A MIS UNGIDOS.”

Él dice: “Cualquiera que escandalice a uno de estos mis pequeñitos, mejor le fuera amarrarse una piedra de molino y tirarse a lo profundo del mar”; pero el que lo ayuda aunque sea con un vaso de agua fría: “no perderá su recompensa”; y “el que recibe a profeta en nombre de profeta, recompensa de profeta recibe.”

Las personas que recibieron a los apóstoles, a San Pedro o a San Pablo o alguno de los mensajeros de cada edad, no perderán la recompensa de parte de Cristo. Y los que en este tiempo ayuden a los creyentes en Cristo, no perderán su recompensa; pero los que se levanten en contra, la recompensa será el juicio divino. Mejor le fuera no haber nacido a las personas que se levanten en contra de la Iglesia del Señor Jesucristo o de alguno de los mensajeros de la Iglesia.

“NO TOQUÉIS A MIS UNGIDOS NI HAGÁIS MAL A MIS PROFETAS.”

Ha sido para mí un privilegio estar con ustedes en esta ocasión dándoles testimonio de este tema tan hermoso del cual nos habló la Escritura en esta ocasión.

Dejo con ustedes al reverendo, doctor Miguel Bermúdez Marín, para continuar, y luego nos veremos en la noche; aunque la hora en que estaremos nuevamente con ustedes… todavía debe estar de día, todavía debe estar la luz del sol alumbrando cuando se comience el culto de la noche. ¿A qué hora es, Miguel, el culto? ¿A las 5:00? A las 5:00, dice Miguel. Así que es dentro de algunos minutos… Dentro de dos horas estaremos de vuelta aquí para ver el tema correspondiente al culto de la noche.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión. Y deseo grandes riquezas, grandes bendiciones de parte de Cristo, para cada uno de ustedes y para mí también.

Miguel, ¿para quién más deseas tú grandes bendiciones? ¿Para quién más deseas grandes bendiciones de parte de Cristo? Para todos los creyentes ¿y para quién más? Miguel desea grandes bendiciones para todos ustedes, para mí también y para él también.

Él nunca se ha quedado fuera de las bendiciones de Cristo. Siempre ha ido a la vanguardia, nunca se ha quedado en la retaguardia; porque el que queda en la retaguardia son los que ya no tienen fuerza casi, y están débiles; pero Miguel es un ejemplo muy grande de lo que es ser un valiente esforzado en los negocios del Señor Jesucristo. Viajando todo el año, pero con la bendición de Dios por medio de Cristo, lo mantiene fuerte, lo mantiene joven, y con más ánimo cada día, de trabajar en la Obra del Señor.

Cualquiera desearía los galardones que Dios le va a dar, que Cristo le va a dar a Miguel. ¿A cuántos les gustaría tener unos galardones así? No los de él, porque ya él los ha trabajado, sino usted tenerlos por lo que usted ha trabajado. Pues para tener los que él va a recibir, entonces trabaje como Miguel trabaja. Es trabajando.

Por lo tanto, trabajemos sabiendo que “nuestro trabajo en el Señor no es en vano.” Primera de Corintios, capítulo 15 (¿verso 58 por ahí, Miguel?), verso 58. Ya estoy recordando así como Miguel, las Escrituras; y Dios me está ayudando también, Miguel.

Pero Miguel en estos días (creo que fue ayer), le di el teléfono de una persona, lo leyó; y creo que fue hoy, le pregunte: “Oye, Miguel (para ver cómo estaba la memoria de él)… Oye, Miguel, ¿cuál es el teléfono de tal persona?” Él me dijo: “Escribe… tal…” Me lo fue dictandog2058 , y era exactamente el número de la persona. Yo no sé cómo se le graban a él, pero eso es así. Yo quise verificar si era como él decía algunas veces, que dictaba: “Tal número es tal combinación,” o “tal teléfono es tal y tal y tal y tal”; y lo confirmé, que tiene una memoria mejor que la de un niño, mejor que la de cualquier persona.

Bueno, que Dios les bendiga, y dejo con ustedes al doctor, Miguel Bermúdez Marín.

Pasen todos muy buenas tardes.

NO TOQUÉIS A MIS UNGIDOS NI HAGÁIS MAL A MIS PROFETAS.”

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