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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes países conectados con esta actividad a través del satélite Amazonas o de internet. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para tener compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Leemos en Isaías, capítulo 55, donde nos dice, verso 6:

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.”

Y en Primera de Crónicas, capítulo 28, verso 9, dice el rey David a Salomón, cuando Salomón ocupó el trono, heredó el trono de David, le dice:

“Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.”

“BUSCAD A DIOS MIENTRAS PUEDA SER HALLADO.”

El ser humano, por cuanto fue creado a imagen y semejanza de Dios, es diferente a los animales; los animales no son como el ser humano, que tiene ese anhelo, esa necesidad espiritual para buscar a Dios. Todo ser humano desea buscar al Creador de los Cielos y de la Tierra, desea conocerlo, desea hablar con Él y desea escucharlo a Él en lo que le tenga que decir. Y las personas se preguntan: ¿Cómo puedo buscar a Dios?

La Escritura nos enseña el orden correcto para acercarse a Dios y encontrarlo. En el Antiguo Testamento era por medio de los sacrificios de animalitos, que se llevaban a cabo.

Tenemos el caso de Adán y Eva, que Dios los visitaba todos los días, pero cuando pecaron ya no se podían acercar a Dios, se escondieron entre los árboles, porque habían pecado y descubrieron que estaban desnudos; pero Dios les dio pieles, por lo tanto tuvo que morir el animalito del cual fueron tomadas esas pieles, para cubrir la desnudez de Adán y Eva y poder acercarse a Dios; estaban cubiertos con pieles sangrantes de un animalito. Y de ahí en adelante el ser humano comenzó a sacrificar animalitos para que la sangre del animalito los cubriera, cubriera sus pecados; por los pecados de la persona entonces moría un animalito inocente.

Tenemos el caso de Abel y Caín. Abel trajo un corderito de su ganado de ovejas, y lo sacrificó a Dios, lo ofrendó a Dios por sus pecados; y eso agradó a Dios. Pero Caín, que era agricultor, trajo de los frutos del campo y ofreció a Dios; y no agradó a Dios.

Porque para acercarse a Dios, buscar a Dios, la persona lo tiene que hacer de acuerdo a como Dios ha establecido. Una persona no puede decir que se va a acercar a Dios a su manera, es a la manera de Dios. Por lo tanto, es importante conocer cuál es la forma establecida por Dios para poder acercarnos a Dios, para poder buscar a Dios.

En el Antiguo Testamento ya sabemos que era por medio de los sacrificios, en los cuales un animalito moría en lugar de la persona; y la sangre cubría los pecados, aunque no los podía quitar, porque la sangre de un animalito no puede quitar los pecados, porque la vida del animalito no puede venir al pecador; pero en lo que llegaba un Sacrificio perfecto, esos sacrificios tipificaban, representaban el Sacrificio perfecto que el Mesías Príncipe efectuaría con Su propio cuerpo, ofreciéndolo en Sacrificio perfecto por el ser humano.

Encontramos en una ocasión allá en Egipto, que Moisés le dijo al pueblo que tomara un cordero de un año, lo tuvieran unos días, unos cuatro días examinándolo, para que no hubiera defecto en el animalito, porque con defecto no es aceptado delante de Dios.

Algunas personas dicen: “Como es para Dios, es lo mismo”; pero no es lo mismo, para Dios es lo mejor.

Por lo tanto, tenían el cordero, el cual lo examinaban por cuatro días, y el día catorce ya lo presentaban, lo sacrificaban entre las dos tardes, y colocaban la sangre de ese corderito en el dintel y los postes de los hogares hebreos; y el cuerpo, el corderito, lo asaban; no lo podían cocinar en agua ni freír tampoco en aceite, ¿ven? Lo asaban en fuego, porque las cosas tienen que ser como Dios ordena. No podían decir: “No, es que a mí me gusta el cordero hervido o frito,” pero Dios dijo: “Asado. Lo van a comer asado durante la noche.”

Y durante la noche, a media noche, Dios iba a pasar e iban a morir todos los primogénitos de Egipto. No importaba de qué nacionalidad eran, si habían venido de otro país y vivían allí, no importaba; los que estaban viviendo en Egipto, en el territorio egipcio, iban a morir todos los primogénitos. Pero Dios le dijo a Moisés la forma para los primogénitos hebreos no morir. Algo sencillo; pero era lo que Dios dijo que vería: vería la sangre; por lo tanto, la sangre estaba puesta por señal, Dios la vería y pasaría de esos hogares, y no moriría el primogénito que estaba en ese hogar.

Cada padre de familia sacrificaba el corderito que le correspondía, y vean, quedaba protegida la familia, no habría luto en ese hogar, no habría tristeza, porque tendrían la sangre aplicada en el dintel y los postes de la puerta de esos hogares.

Cualquier hebreo podía decir: “No, mi puerta no se va a manchar así”; no sabía, entonces, que iban a salir e iban a dejar la casa también. Podrían decir: “No, me voy a quedar con todas las casas ahora,” y con un muerto en la casa.

Pero cuando Dios va a cumplir lo que Él ha prometido, ya Él tiene establecido cómo lo va a hacer y cómo tenemos que hacer nosotros para recibir esas bendiciones que Él ha prometido; porque cuando Dios va a hacer algo y lo hace, hay bendiciones para los que creen y hacen las cosas como Dios ha prometido, y lo buscan conforme a lo que Él ha establecido; y juicios o maldiciones para los que lo quieren hacer a su manera o no hacen nada.

Así fue en Egipto. Esa revelación no la tenía el Faraón, pero la tenía Moisés, porque le fue dada por Dios. En la noche de la Pascua hubo un clamor en Egipto, llanto, tristeza, comenzando desde la casa del rey, del Faraón, porque el primogénito del Faraón murió. Y en todas las casas hubo muerte, excepto en las casas de los hogares de los hebreos; porque ellos hicieron como Dios le dijo a Moisés que hicieran.

Vean cómo viene la revelación divina: de Dios viene a Moisés y de Moisés al pueblo. No podía venir otra revelación para el pueblo, solamente la de Dios a través de Moisés. Esa revelación no la tenía el Faraón.

Luego encontramos en el caso también de Abel y Caín. Que Caín hizo a su manera y no fue agradable a Dios, y se enojó también luego porque Dios no recibió la ofrenda de Caín.

Es que los frutos del campo no cubren o quitan el pecado. La ofrenda por el pecado es —en el Antiguo Testamento— el sacrificio de un animalito inocente; tipo y figura para el Nuevo Pacto, Nuevo Testamento, del Sacrificio del Cordero de Dios que quitaría el pecado.

Y cuando apareció el Cordero de Dios, el que estaba tipificado en aquellos animalitos, Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.” Y cuando las personas miraron, no vieron un cordero, vieron a un joven llamado Jesús. Así es en Apocalipsis, capítulo 5, cuando el anciano le dice a Juan: “Juan, no llores. He aquí el León de la tribu de Judá.” Cuando Juan mira, ve un cordero. Los dos estaban correctos. El anciano lo ve como León de la tribu de Judá porque ya había cambiado, había terminado Su Obra de Intercesión, y ahora está como León de la tribu de Judá, cambia de Cordero a León, cambia de Sumo Sacerdote a Juez.

Por lo tanto, ni vieron un cordero ni vieron un león, vieron al Señor Jesucristo. Ambos vieron la misma persona, uno lo vio como Juez, como Rey, como León, y otro lo vio como Cordero. Juan lo conocía como Cordero pero no se dio cuenta, no sabía, que ya había terminado Su Obra de Intercesión y había salido del Trono de Intercesión para tomar el Título de Propiedad, que es el Libro sellado con siete sellos, el Libro de la Vida del Cordero donde está mi nombre escrito desde antes de la fundación del mundo, y ¿el de quién más? De cada uno de ustedes también. Por eso es que ustedes están aquí, escuchando la predicación del Evangelio de Cristo nuestro Salvador.

Ese es el Libro, el registro que contiene los nombres de todas las ovejas del Padre; y las ovejas del Padre no son ovejas literales sino son personas. Por eso Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen.” Oyen la Voz de Cristo, que es el Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, lo reciben como Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en ellos el nuevo nacimiento; y así nacen en el Reino del Señor, nacen en el Redil del Señor, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ese es el sitio donde nacen las ovejas: en el Redil del Señor. Y ese Redil tiene un Pastor, que es el Señor Jesucristo, el Pastor de las ovejas. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo les doy vida eterna.” Las ovejas son las personas que están escritas en ese Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo; por lo tanto, nos alegramos mucho de que Dios pensó en nosotros desde antes de la fundación del mundo, y nos conocía.

Y el cuerpo que Él pensó para nosotros, nos lo va a dar: en la resurrección para los que hayan partido, y para los que estén vivos: en la transformación; porque nos transformará; y entonces tendremos el cuerpo que Él diseñó para nosotros, el cual queremos ver pronto.

Él es el diseñador, el arquitecto y constructor; por lo tanto, los problemas que tengamos en este cuerpo es por un tiempo nada más; cuando tengamos el nuevo no tendremos problemas físicos ni espirituales tampoco.

Estamos pasando por una etapa, pero cuando entremos a esa otra etapa de la adopción, que será la redención del cuerpo físico, en donde obtendremos el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible, glorificado y joven para toda la eternidad, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo, se terminaron los problemas. Y eso está cerca.

Por lo tanto, con paciencia esperamos ese momento, manteniéndonos firmes en la fe en Cristo. Con la fe de Cristo y con nuestra fe puesta en Cristo llegaremos a la meta. Siempre escuchando Su Voz, Su Palabra, siempre haciendo como Él dice en Su Palabra, y siempre buscándole de todo corazón.

El rey David, el cual siempre estaba agarrado a Dios… ¿Y saben ustedes una cosa? Que la persona mientras más problemas tiene, más se agarra de Dios. Y David estaba lleno de enemigos que lo buscaban para matarlo en diferentes ocasiones, y siempre estaba agarrado de Dios. Él conocía a Dios desde joven.

Y ese poder y esa fuerza que tenía David cuando mataba a leones y osos que venían a llevarle las ovejas, cuando era pastor de ovejas, era que el Espíritu de Dios venía sobre él; ya estaba ungido como rey, pero seguía siendo pastor. El mejor rey que ha habido era un pastor. Y el otro que vino después, el Hijo de David, Cristo, dijo: “Yo soy el Buen Pastor.” Ese es el mejor, pero estaba representado en el rey David.

Y ahora, Cristo tiene ovejas, que son personas. David tenía ovejas que eran ovejas, y después tenía ovejas que eran personas: el pueblo.

Y ahora, un rey como David, que primero había sido pastor de ovejas, podía pastorear personas también, en el Programa Divino, en las cosas políticas también, y económicas del Reino.

Es importante ver que en la sencillez, en la simplicidad, surgen las cosas grandes, y son de bendición para el pueblo. Se busca a Dios en sencillez, en simplicidad, de todo corazón.

El rey David le dice a su hijo Salomón, el cual se había criado en una posición alta… no como David que se crió en el campo pastoreando ovejas, pero era el elegido de Dios; era David el octavo hijo de Isaí. Los hijos de Isaí representan los mensajeros de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y ahí lo vamos a dejar.

El reverendo William Branham estuvo buscando por ahí. Habló de eso en el mensaje “¿Por qué pequeña Belén?” Hay un misterio grande ahí, que algún día lo vamos a ver cuando estemos transformados todos.

El rey David era el último, estaba en el campo como pastor de ovejas.

Ahora, David en sus experiencias, luego que había sido ungido como rey siendo jovencito, estuvo siendo adiestrado por Dios en el campo espiritual para confiar en Dios y saber que no es con ejércitos ni con fuerzas sino con el Espíritu del Señor. Con el Espíritu del Señor manifestado en él venció al león, venció al oso también, y libertó a esas ovejitas que el oso se había llevado y el león se había llevado, esas dos ovejitas; y quizás se repitió en unas cuantas ocasiones y siempre tuvo la victoria; porque Dios lo estaba entrenando para enfrentarse a una bestia más grande: a un oso mayor y a un león mayor, que era Goliat; un hombre de los filisteos, que tenía algunos tres metros de alto o más (y ese es bastante grande).

El rey Saúl, dice la Escritura que era alto, que del hombro hacia arriba era más alto que todos los de Israel; o sea que todos eran del hombro hacia abajo; él sobresalía del hombro hacia arriba entre todo el pueblo hebreo. Pero salió de los filisteos uno más alto que él; y no se atrevió a enfrentarlo.

Pero Dios tenía uno pequeño para enfrentar al mayor, uno pequeño; pero ese era el más grande, porque tenía el Espíritu de Dios en él. Sería Dios obrando por medio del rey David. Era rey para Dios, ya estaba ungido como rey; aunque para el pueblo todavía no era rey pero Dios estaba en él. Y con una piedra colocada en una honda, lo venció. Fue Dios por medio del rey, por medio del jovencito David, el que hizo esa obra.

Saúl se puso celoso. ¿Y por qué no fue a enfrentar a Goliat? Comenzaron a decir, a cantar, las mujeres, las jóvenes y todos: “Saúl mató los miles y David los diez miles.” Y entonces se puso Saúl celoso y dice: “¡Lo que le falta es que le den el trono también!” Pues el Trono era lo que Dios le iba a dar.

Así que podemos ver que cuando la Obra es de Dios, la manifestación de Dios viene por medio de instrumentos sencillos en cada tiempo; porque Dios obra por medio de personas, de personas que en el Antiguo Testamento tenían la sangre aplicada de esos sacrificios que tipificaban el Sacrificio de Cristo; y en el Nuevo Pacto: por personas que tienen la Sangre de Cristo aplicada en sus vidas.

Y ahora, ¿cómo buscamos a Dios? En la misma forma que se buscaba en el Antiguo Testamento. Allá por medio de sacrificios, acá por medio del Sacrificio de Cristo, limpiados con la Sangre del Sacrificio de Cristo, limpiados con la Sangre de Cristo, la cual no cubre el pecado sino que lo quita. Y la persona queda como si nunca en la vida hubiera pecado, queda justificado delante de Dios.

Para buscar a Dios tenemos que saber en qué etapa del Programa Divino estamos viviendo, en qué dispensación. En la Dispensación de la Gracia se busca a Dios por medio de Jesucristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, en el Antiguo Testamento por medio del sacrificio de animalitos.

Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre sino por mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6. No hay otra forma para el ser humano acercarse a Dios en la Dispensación de la Gracia, pues ya no estamos en la Dispensación de la Ley, por lo tanto no funcionan los sacrificios de animalitos, lo que funciona es el Sacrificio de Cristo: lo que es reconocido por Dios para que el ser humano se pueda acercar a Dios.

Cristo dijo: “Nadie viene al Padre sino por mí.” Y también Él dice que les da vida eterna a las ovejas: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo, una cosa somos.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Él es el Camino, por lo tanto, el camino nuevo ha sido abierto para llegar a Dios por medio de Cristo nuestro Salvador. Por medio de Cristo es que buscamos a Dios, encontramos a Dios. Él nos habla, y también nosotros le hablamos cuando oramos a Dios y así por el estilo, y le servimos, y le cantamos, le adoramos; por eso los cánticos, himnos, salmos, alabanzas a Dios; y así el ser humano puede buscar a Dios mientras puede ser hallado.

Cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo y se cierre la Dispensación de la Gracia, ya las personas no pueden encontrar a Dios, porque ya habrá terminado Cristo Su intercesión en el Cielo y se tendrán que enfrentar al juicio divino de la gran tribulación. Pero los que buscaron a Dios lo encontraron por medio de Cristo, el cual estaba en toda Su plenitud en Cristo manifestado, llevando a cabo la Obra de Redención.

Era el Padre que llevaba a cabo las obras. Jesucristo como hombre no hizo milagros, no sanó a nadie, fue Dios el Padre el que hacía las obras, dice Cristo, y el que hablaba. Dice: “El Hijo no puede hacer nada de sí mismo.” Dijo que era el Padre que moraba en Él, el que hacía las obras; y como el Padre le daba para hablar, así Él hablaba. Era Dios hablando por medio de Jesús. Él dio la gloria a Dios.

Y ahora, le damos gracias a Dios por Jesucristo nuestro Salvador, en el cual y a través del cual Él habló y llevó a cabo la Obra de Redención; y ahora se abrió el camino, el nuevo camino para llegar a Dios: Cristo es el Camino. Él es el que nos lleva a Dios. En ese camino, del cual el libro de los Hechos dice que hubo discusión allá entre los judíos con relación al camino, al camino nuevo: ese es el único camino que nos lleva a Dios bajo el Nuevo Pacto; por ese Camino es que buscamos a Dios y encontramos a Dios.

“BUSCAD A DIOS MIENTRAS PUEDA SER HALLADO.” Es mi invitación para los que todavía no han buscado a Dios, todavía no han recibido a Cristo como Salvador, para que lleguen a Dios y por medio de Cristo obtengan la vida eterna. No hay otra forma para recibir la vida eterna, sino por medio de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo les doy vida eterna.” Él tiene la exclusividad de la vida eterna para otorgarla, darla, a todos los que lo buscan, los que lo reciben como único y suficiente Salvador. Por lo tanto, el consejo que le dio el rey David a su hijo Salomón, estaba correcto: “Si lo buscas, lo encontrarás. Si lo dejas, Él te desechará.”

Ahora vean las palabras de Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 en adelante, nos dice:

“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.”

¿Dónde está la vida que todo ser humano desea? En Jesucristo.

“El que tiene al Hijo, tiene la vida…”

El que tiene al Hijo porque lo ha recibido como Salvador, tiene la vida, la vida eterna.

“…el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

El que no tiene a Cristo porque no lo ha recibido como Salvador, no tiene la vida eterna; porque la vida eterna, Dios la da al ser humano a través de Cristo nuestro Salvador.

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.”

La buena noticia para los creyentes en Cristo es que tenemos vida eterna, porque lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador.

En San Juan nos dice el mismo Jesucristo… San Juan, capítulo 5, versos 19 en adelante, dice:

“Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo…”

¿Ve? De sí mismo Él no podía hacer ni milagros, ni siquiera predicar, no podía hacer nada.

“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre…”

O sea, que en visión Dios le mostraba lo que Dios hacía. Si Dios le mostraba a una persona que estaba sanándolo, eso Cristo venía y lo hacía; o sea, Dios a través de Cristo, le mostraba lo que iba a hacer.

“No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.

Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis.

Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.

Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,

para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

El que oye la Palabra del Señor, ¿tiene qué? Vida eterna. Esas son palabras de Cristo nuestro Salvador. Y ha pasado ¿de qué? De muerte a vida.

¿Y cómo una persona estando viva y recibe la Palabra del Señor, lo recibe como Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre, y recibe el Espíritu de Cristo; cómo estando vivo ha pasado de muerte a vida si no está muerto?

Todos los seres humanos en la Tierra, al nacer nacen muertos. Usted me dirá: “Nacen vivos.” Nacen muertos a la vida eterna, no tienen vida eterna.

Por eso dice en Efesios, capítulo 5, verso 14:

“Por lo cual dice:

Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

¿Y cómo una persona se va a levantar de los muertos si está viva? Está viva a la vida temporal, pero está muerto a la vida eterna; y se tiene que levantar de entre los muertos, muertos a la vida eterna, se levanta a vida eterna, a recibir a Cristo como Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu; ahí se levanta a vida eterna.

Y por consiguiente, ha nacido del Cielo; “porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo, el cual transformará nuestro cuerpo para que sea semejante a la gloria Suya,” para que sea semejante, sea igual al cuerpo glorificado que Él tiene; para eso es Su Segunda Venida, Su Venida a Su Iglesia.

Y ahora, hemos visto cómo pasamos de muerte a vida, pasamos de esta vida mortal a vida eterna. Y ya el alma de la persona tiene vida eterna cuando recibe a Cristo como Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego; nace a la vida eterna.

Y lo que nos falta es ser restaurados físicamente a la vida eterna, lo cual será en la Venida del Señor cuando nos transforme nuestros cuerpos, dándonos el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado; entonces tendremos no solamente vida eterna en nuestra alma y nuestro espíritu, sino vida eterna en nuestro cuerpo físico también; y jóvenes para toda la eternidad, igual a Jesucristo que está tan joven como cuando subió al Cielo.

Así que no esperamos ver a Cristo un ancianito, porque ya hace dos mil años que subió al Cielo; esperamos verlo tan joven como cuando subió al Cielo. Y cuando nos transforme, todos vamos a ser jovencitos, representando de 18 a 21 años de edad, que es la flor de la juventud.

“De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.”

[San Juan 5:25]

Los muertos que murieron a la vida eterna, porque han nacido como descendientes de Adán, el cual murió a la vida eterna, oirán la Voz, la predicación del Evangelio de Cristo, y vivirán, obtendrán la vida eterna.

Y luego en Su Venida, los que murieron literalmente, resucitarán en cuerpos glorificados, y los que vivimos seremos transformados.

“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida (esa es la primera resurrección para los creyentes en Cristo; y después, más adelante, viene la otra resurrección, que será para el Juicio final); mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (eso será después del Milenio).”

Podemos ver lo importante que es buscar a Dios mientras puede ser hallado, buscar a Dios mientras estamos viviendo en la Dispensación de la Gracia, en donde se entrelaza la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia; y mientras podemos buscar a Dios, porque todavía estamos en esta Tierra.

Cuando la persona muere, si no buscó a Dios cuando estaba en la Tierra, no tiene ya oportunidad de buscar a Dios. Le sucede como al hombre rico, que no buscó a Dios mientras estaba en la Tierra y se dedicó a los banquetes, a las fiestas, y a esa clase de vida; y no se preocupó de buscar a Dios. Si lo hubiera buscado, lo hubiera encontrado; y cuando murió, hubiera ido al Seno de Abraham; pero no lo buscó mientras podía buscarlo, mientras podía buscar a Dios no lo hizo.

El tiempo que a la persona le toca vivir en la Tierra es el tiempo para buscar a Dios. Y mientras más pronto lo busque, mejor.

Por eso es que los creyentes en Cristo cuando tienen un bebé, lo presentan lo más pronto posible a Dios, a Cristo, para que quede asegurado en el Reino de Cristo; y por eso es que se tienen clases bíblicas para los niños también, para que estén en el camino de Dios, que es Cristo, y los tengamos en el Reino Milenial y por toda la eternidad con nosotros viviendo.

Por eso se enseña la Palabra de Dios: para que las personas puedan buscar a Dios, se les da a conocer cómo buscar a Dios. Se busca a Dios por medio de Cristo nuestro Salvador. Y así la persona encuentra a Dios y obtiene la reconciliación con Dios, y vida eterna.

“BUSCAD A DIOS MIENTRAS PUEDE SER HALLADO.”

Si alguna persona todavía no ha buscado a Dios, puede hacerlo en estos momentos, recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, para que Cristo le reciba en Su Reino y le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca el nuevo nacimiento en la persona; para lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Dios tiene mucho pueblo en la Argentina, y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en Su Reino, en el Reino de Dios.

En el interior del ser humano, en su alma, hay la necesidad de buscar a Dios. Todos tenemos la necesidad de recibir la vida eterna, y solamente hay una forma para recibir la vida eterna y es por medio de Jesucristo. Por eso se predica el Evangelio de Cristo, para que así las personas que están escritas en el Libro de la Vida del Cordero, escuchen la Voz de Cristo y lo reciban como único y suficiente Salvador.

El mismo Cristo dijo a Sus discípulos luego de resucitado, en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Tan sencillo como eso.

Todos estamos en la misma posición en que han estado los seres humanos en tiempos pasados. Dios ha puesto delante del ser humano la vida y la muerte, la bendición y la maldición; y le recomienda al ser humano que escoja la vida para que viva eternamente. Y cuando se escoge la vida, se está escogiendo a Jesucristo como único y suficiente Salvador.

Recuerden que Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6. Y cuando fue a resucitar a Lázaro, el cual es tipo y figura de todos los creyentes en Cristo que luego tendrían que abandonar el cuerpo físico, morirían físicamente, a través de las diferentes edades, del tiempo de los apóstoles hacia acá; pero Cristo resucitó a Lázaro, tipo y figura de la resurrección que va a llevar a cabo de todos los creyentes en Cristo, que han muerto físicamente. Al cuarto día lo resucitó; tipo y figura de la etapa en que Él va a resucitar a todos los creyentes en Él, que han muerto físicamente.

Cristo le había dicho a Marta: “Tu hermano resucitará.” Marta le dijo: “Yo sé que resucitará en la resurrección en el Día Postrero.”

Vean, ella sabía que la resurrección era para el Día Postrero, ahí en el capítulo 11 de San Juan, porque en el capítulo 6 Cristo lo había enseñado, que Él resucitaría a todos los creyentes en Él, que morirían físicamente.

Miren, aquí en el capítulo 6 de San Juan, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Es Cristo el que enseña que Él va a resucitar a todos los creyentes en Él en el Día Postrero. Y en San Juan, capítulo 11, cuando fue a resucitar a Lázaro, versos 23 en adelante, del capítulo 11 de San Juan, dice:

“Jesús le dijo (a Marta): Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (Marta): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y ahora vean, todo aquel que vive y cree en Cristo, no morirá eternamente; si muere físicamente, Él lo va a resucitar en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá.

Por lo tanto, los creyentes en Cristo tienen la fe y la esperanza en la resurrección si mueren físicamente, o en la transformación si permanecen vivos hasta el momento de la resurrección. Es una promesa de Cristo para todos los que creen en Él.

Por lo tanto, los creyentes en Cristo tienen un futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Es un futuro cierto bajo el Nuevo Pacto.

Los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como Salvador.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Estemos de pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Si falta alguno por venir puede venir. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos, Señor, en Tu Reino, dales vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché le predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Sálvame, Señor. Haz realidad Tu Salvación en mí, la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario, hazla una realidad. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo, decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ahora me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ San Marcos capítulo 16, versos 15 al 16. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El Señor Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, el cual no lo quería bautizar y le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y tú vienes a mí para que yo te bautice?” Cristo le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó, y el Espíritu Santo vino sobre Jesús cuando subió de las aguas. Cuando Juan lo bautizó y se levantó luego de las aguas Jesús, el Espíritu Santo vino sobre Él. Y Cristo dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo...”

Cristo ordenó, para todos los que escucharían el Evangelio predicado, y creerían en Él, que fueran bautizados en agua.

El bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, lo ha estado efectuando la Iglesia del Señor Jesucristo desde el Día de Pentecostés hacia acá, y todavía se sigue bautizando en el Nombre del Señor Jesucristo a toda persona que recibe a Cristo como único y suficiente Salvador.

El bautismo en agua no quita los pecados, el agua no tiene poder para quitar los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es tipológico, es simbólico.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultada la persona; cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, toda persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección cuando es bautizada en agua en el Nombre del Señor.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro Guillermo Rodríguez con ustedes, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“BUSCAD A DIOS MIENTRAS PUEDA SER HALLADO.”

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