ImprimirImprimir

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros e Iglesias, hermanos y hermanas del Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador; es una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión.

Está con nosotros también la esposa del doctor Miguel Bermúdez Marín, Ruth Flores de Bermúdez. Bienvenida, Ruth, y que Dios te bendiga. También quiero felicitar al doctor Miguel Bermúdez Marín por el éxito obtenido en la Compañía y con la Compañía 4Life, al llegar a un nivel muy alto en la Compañía.

Miguel ha estado dándoles trabajo a muchas personas en un tiempo en que hay escasez de trabajo, y está ayudando a miles de personas en toda la América Latina y en parte de Norteamérica también, con el negocio de 4Life.

El éxito ha sido grande y va escalando un nivel muy alto en la Compañía; más adelante ustedes se enterarán de todo el éxito que ha estado obteniendo y el éxito de ayudar a muchas personas; porque de eso se trata: de ayudar a muchas personas para que tengan un mejor medio de sustento para poder también educar mejor a sus hijos; y también para respaldar el Programa Divino, como la meta más grande que es la construcción de la Gran Carpa-Catedral.

Por lo cual apreciamos y agradecemos al doctor Miguel Bermúdez Marín y la red que tiene de 4Life. ¡Felicitaciones, Miguel, y que Dios te bendiga y te use grandemente junto a todos los que están en el negocio de 4Life en tu línea!

Ahora tendremos dos videos con los cuales verán las labores que se están llevando a cabo en la construcción de la Gran Carpa-Catedral y también las labores que lleva a cabo la Embajada de Activistas por la Paz.

Pueden pasar el video de la Embajada de Activistas por la Paz y el video de la construcción de la Gran Carpa-Catedral, para que así estén al tanto todos los que están en Puerto Rico y en otros países, el trabajo que está haciendo la Embajada de Activistas por la Paz, luchando, trabajando por la paz, trabajando entonces por la familia humana; y el video de la Gran Carpa-Catedral donde ustedes pueden ver que todo ese esfuerzo que ustedes hacen en Puerto Rico y en otros países, es correctamente usado en ese proyecto.

Así estamos almacenando tesoros en el Cielo también, porque la forma de almacenar tesoros en el Cielo es trabajando en la Obra del Señor, como dijo Cristo en su edad de 12 años allá en el templo en Jerusalén, a José y María les dijo: “¿No sabían que en los negocios de mi Padre me conviene estar?” ¿Y cuáles eran los negocios del Padre? Cumplir las promesas que Dios había hecho para ese tiempo, las cuales están en la Biblia. Y cumplir las promesas que Dios ha hecho para nuestro tiempo, trabajando para que se hagan una realidad, es estar trabajando en los negocios del Señor.

Ahora, ya podemos tener el video y volveré con ustedes dentro de algunos minutos. Que lo disfruten. Yo también voy a estar viéndolo y lo voy a disfrutar también. (Con el permiso).

[Proyección de videos documentales]

Hemos visto cómo van los trabajos del proyecto de la construcción de la Gran Carpa-Catedral, el cual ustedes están respaldando aquí en Puerto Rico y también desde todos los países. Muy agradecido por todo lo que están haciendo, y que Dios les recompense grandemente en Su Reino; y que todo quede almacenado en el Cielo como tesoros hechos en Cielo, como Cristo dijo que debemos hacer.

En cuanto a riquezas, las llevaremos con nosotros. Recuerden que el pueblo de Israel cuando salió de Egipto salió rico; “con gran riqueza” Dios dijo que saldrían, y salieron así. Y en este éxodo con el Señor Jesucristo, el Moisés-Mesías, saldremos con gran riqueza, porque lo hemos estado almacenando en el Cielo; y todo lo más que podemos hacer y todo lo más que podemos almacenar, lo almacenamos en el Reino de Cristo, en la Obra de Cristo, y eso queda registrado en el Cielo; por eso es que en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según (¿sea qué?) sea su obra.”

Por lo tanto, en el Reino de Cristo tendremos todos esos tesoros para disfrutarlos. En el Reino de Cristo no habrá creyente en Cristo pobre: todos serán ricos.

Recuerden que Dios es el que da la sabiduría y el poder para hacer las riquezas; y para hacer las riquezas en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios, vean el poder que Él da al darnos el conocimiento y la sabiduría para conocer cuál es la Obra de Dios para nuestro tiempo y trabajar en ella; y así estamos almacenando tesoros en el Cielo. Y ahí es donde queremos ser ricos: en el Reino de Dios, en el Cielo. Y si somos ricos acá, lo transferimos al Reino de Dios: transferencia. Miren qué fácil hacer transferencias al Reino de Dios, al banco celestial.

Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 3, versos 13 en adelante, donde dice:

“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Para esta ocasión nuestro tema es: “LA VIDA ETERNA.”

La vida eterna es lo que todo ser humano ha deseado tener, por eso es que trabajamos, comemos, dormimos y nos cuidamos mucho; porque la vida es el tesoro más precioso y más preciado que Dios le ha dado al ser humano. Y si la vida terrenal, que es temporal, es tan importante y es lo más importante en lo terrenal, ¡cuánto más la vida eterna!

Así como para tener esta vida terrenal tuvimos que nacer a través de nuestros padres terrenales, para vivir esa vida terrenal aquí; y aunque es temporal, es buena, y es la vida que nos permite hacer el contacto con la vida eterna, con la vida eterna que es la principal.

Pasamos por este valle de tinieblas y sombra de muerte, porque es cuando estamos en esta Tierra que pasamos por esa etapa entre la vida y la muerte, en donde cada persona tiene la oportunidad de escoger. La Escritura dice: “Yo he puesto delante de ti la vida y la muerte; escoge la vida para que vivas.” [Deuteronomio 30:19]

Eso es lo que Dios quiere que escojamos: la Vida. Dios no quiere, no desea que el ser humano muera, sino que viva eternamente; por lo cual ha colocado delante del ser humano la vida y la muerte.

Por lo tanto, todos estamos como Adán y Eva estaban en el Huerto del Edén, donde estaba el Árbol de la Vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal; y Dios recomendó que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal. Era necesario comer del Árbol de la Vida, el cual no era un árbol literal, sino que era Cristo el Árbol de la Vida; porque no puede haber un árbol de la vida físico, que le dé vida eterna a la persona (ya lo hubieran descubierto los científicos).

El Árbol de la Vida es Cristo. Él dijo en San Juan, capítulo 14, verso 6: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” No hay forma de acercarse a Dios a menos que sea a través de Cristo, que es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, y que es el Intercesor, el intermediario entre Dios y los hombres. Él es el eslabón entre Dios y los hombres, y entre los hombres y Dios, entre el ser humano y Dios.

Por esa causa, a través de la Escritura podemos ver que se efectuaban sacrificios de animalitos, los cuales representaban, tipificaban a Cristo, y por eso es que funcionaban esos sacrificios en el Antiguo Testamento, porque representaban a Cristo; no era que el sacrificio o el animalito tenía un poder de sí mismo para permitir que el ser humano se acercara a Dios.

Encontramos, a través de la Escritura, que los que tenían el conocimiento de cómo acercarse a Dios, efectuaban sacrificios los cuales representaban el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario. Por eso el cordero pascual que cada padre de familia sacrificó allá en Egipto, para luego aplicar la sangre sobre el dintel y los postes de sus hogares y comer el cordero asado dentro de la casa, representaba a Cristo. San Pablo dice: “Porque nuestra pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.” Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7.

Cuando Cristo murió en la Cruz del Calvario, concluyó el tiempo de efectuar sacrificios con animalitos, porque ya se efectuó el Sacrificio perfecto que tenía que ser hecho por un hombre. Por eso cuando Juan el Bautista vio a Jesús en San Juan, capítulo 1, verso 28 al 36, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

¿Ven? Y cuando Juan dice: “He aquí el Cordero de Dios,” no se refería a un animalito sino a Jesucristo, el cual había sido tipificado en el cordero pascual allá en Egipto por los hebreos; y también Cristo es tipificado en el sacrificio de expiación en donde se sacrificaba un macho cabrío, eso se efectuaba el día diez de cada año, en el mes séptimo; y por consiguiente todos los sacrificios que se efectuaban bajo la Ley por el pueblo hebreo, cesaron cuando llegó el Cordero de Dios, el Cordero perfecto y el macho cabrío de la Expiación, que es la misma persona: Cristo; y también el macho cabrío sobre el cual ponía las manos el sumo sacerdote y confesaba los pecados del pueblo, y los mandaba lejos, por medio de quien tenía que llevarlo; eso representa a Cristo llevando lejos nuestros pecados. Cristo cuando murió, descendió al infierno; y allá predicó a los espíritus que estaban encarcelados, que habían sido desobedientes en el tiempo de Noé. Primera de Pedro, capítulo 3, verso 18 al 22 dice:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu…”

¿Ven? Él murió en la carne, el cuerpo físico fue el que murió, pero en Espíritu no murió: bajó al infierno, al mundo de los espíritus que estaban encarcelados allá en el infierno. Dice:

“...en el cual (o sea, en el cuerpo en el cual fue) también fue y predicó a los espíritus encarcelados.”

O sea, el cuerpo de Cristo fue colocado en la tumba, pero Cristo en Espíritu, en cuerpo espiritual, cuerpo angelical, bajó donde van los pecadores cuando mueren: al infierno; bajó al lugar donde Cristo dijo que el hombre rico bajó cuando murió.

También Lázaro el mendigo fue, cuando murió, a otro lugar llamado el Paraíso de aquel tiempo o Seno de Abraham. A ese lugar también, Cristo, del infierno pasó al Paraíso; y por eso cuando Cristo resucitó (en San Mateo, capítulo 27, verso 51 en adelante), con Él resucitaron también los santos del Antiguo Pacto, del Antiguo Testamento: Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas y así por el estilo, todos los creyentes del Antiguo Testamento.

Y eso fue la resurrección de la Iglesia del Antiguo Pacto, del Antiguo Testamento, así como la resurrección para este tiempo final, para el Día Postrero, será de los creyentes del Nuevo Pacto, que son los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo; esos son los que tienen la promesa de una resurrección en cuerpos glorificados si han muerto físicamente, y los que estén vivos serán transformados; son los que tienen la promesa de una glorificación —lo cual será una transformación— en donde tendrán cuerpos eternos, inmortales, glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

“...en el cual también fue (o sea, que fue en cuerpo espiritual; recuerden que el espíritu de la persona es un cuerpo de otra dimensión) y predicó a los espíritus encarcelados,

los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé...”

Recuerden que algunas veces cuando la persona dice: “Tantas veces que he escuchado que viene el fin, y nunca ha venido…” La paciencia de Dios esperando que se completara la labor de la construcción del arca de Noé. Era la paciencia de Dios dando más tiempo, porque no podía venir el diluvio si no estaba el arca terminada, porque ¿en qué se iban a salvar? No podían hacerlo con un pedazo de madera, no resistiría la persona en un pedazo de madera toda esa fuerza del diluvio y las aguas que estarían violentas: tenía que ser en un arca, y diseñada por Dios; Dios la diseñó y le dio el plano a Noé, le dijo cómo hacer el arca.

Es como a Moisés: le dio el plano, le mostró cómo hacer el tabernáculo allá en el desierto; y al rey David le dio el plano, le mostró cómo hacer, cómo construir el templo allá en Jerusalén; por eso él dice a Salomón que le fue “dado por el dedo de Dios.”

“...los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”

Ocho personas solamente fueron salvadas por agua; tipo y figura del tiempo final. El mismo Cristo dice que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé, que comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta que vino el diluvio; y no conocieron, hasta que vino el diluvio y los destruyó a todos, se los llevó a todos. Eso está por ahí en San Mateo, capítulo 24, versos 34 al 39, y San Lucas, capítulo 17.

Y también dice que será como en los días de Lot, en donde Dios descendió a la Tierra, visitó a Abraham, almorzó con Abraham; y luego los Ángeles se fueron, los dos Ángeles, Gabriel y Miguel, se fueron a Sodoma, visitaron a Lot, fueron a destruir a Sodoma y Gomorra y todas esas ciudades cercanas, porque el pecado había llegado al máximo y la maldad del amorreo se había cumplido.

Era una visita de inspección: “Descenderé para ver si han cumplido, si se ha llenado la copa hasta el colmo.” Vean aquí, capítulo 18 de Génesis, verso 17 en adelante:

“Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer…?”

Cuando Dios desciende, desciende para hacer algo. ¿Y qué va hacer? Lo que Él ha determinado hacer en ese tiempo. Una de las cosas era visitar a Su amigo Abraham.

“¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer,

habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?

Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él (haciendo conforme a los mandamientos divinos, entonces Dios cumple lo que Él ha prometido hacer, la bendición que le ha prometido a Su pueblo).

Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo,

descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.

Y se apartaron de allí los varones, y fueron hacia Sodoma; pero Abraham estaba aún delante de Jehová.”

Fue una visita de tres Ángeles los cuales eran: Dios, el Arcángel Miguel y el Arcángel Gabriel, que son los Ángeles que están en la presencia de Dios; y cuando ellos aparecen, algo grande estar por suceder en la Tierra.

Encontramos en diferentes ocasiones, que cuando el Ángel de Dios le aparecía a algún profeta, algo grande Dios iba hacer en favor de Su pueblo, o iba a traer juicio sobre el pueblo. El Ángel Gabriel en una ocasión le apareció al sacerdote Zacarías cuando él estaba ministrando en el templo en el altar del incienso, donde van las oraciones del pueblo (cuando el humo del incienso sube al ser quemado, ahí van las oraciones del pueblo, las cuales el pueblo ha hecho para Dios), y ahí a la derecha del altar le apareció el Ángel Gabriel al sacerdote Zacarías, el cual se asustó.

¡Cualquiera! Ver al Ángel Gabriel… y no sabía que era el Ángel Gabriel, pero sabía que era un Ángel. Dice la Escritura en San Lucas, que era el Ángel Gabriel; y cuando él aparece algo grande va a pasar. Vean, le está prometiendo que va a enviar un profeta. Dice, capítulo 1 de San Lucas, verso 8 en adelante:

“Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase,

conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor.

Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso.

Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.

Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor.

Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan (un nombre puesto por Dios).

Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento;

porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre (fue lleno del Espíritu Santo cuando María visitó a su parienta Elisabet; y cuando le habló, el niño brincó en el vientre de Elisabet, el cual no se movía, y vino a vida en el vientre cuando fue lleno del Espíritu).

Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos.

E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

  Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.”

Se le olvidó que Abraham tenía más edad que él y que Sara tenía más edad que Elisabet, y Dios le prometió tener un niño y lo cumplió; y ahora le promete tener un niño a Zacarías y su esposa Elisabet; no debió de dudar.

“Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas.”

Ahí se identificó por su nombre. En otras ocasiones, cuando aparecía el Ángel de Dios a Jacob, como también le apareció a Manoa el padre de Sansón, ellos quisieron conocer el Nombre de Dios; como también le apareció a Moisés en Éxodo, capítulo 3, y a Manoa en Jueces, capítulo 13, y a Jacob en el capítulo 32 del Génesis, versos 24 al 32.

Ellos quisieron conocer el Nombre de Dios, porque eso es normal entre los seres humanos, que cuando ven a una persona quieren saber cuál es su nombre; y si ven que es una persona importante, mucho más; y por eso casi siempre cuando se lo presentan o se presentan el uno al otro, se dan su nombre el uno al otro.

“Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas (Gabriel, uno de los Ángeles que están delante de la presencia de Dios, como también el Arcángel Miguel).

Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.”

No creyó, fue una pregunta de incredulidad, como había hecho también la pregunta Sara pero en su interior (pensó); y para Dios, ya sea que usted lo piense o lo hable, es lo mismo; lo que pasa es que cuando lo habla confirma lo que había pensado, porque primero lo piensa, y ya Dios conoce los pensamientos del corazón de las personas.

Cuando lo piensa, lo piensa en voz alta en el espíritu, y cuando lo habla, lo habla en voz baja; aunque lo hable fuerte acá, está hablándolo en un volumen bajo comparado con lo que se piensa: eso es en un volumen, a todo el volumen, y todo eso queda registrado en el Cielo.

Y nadie quisiera que sus pensamientos, en los cuales hay cosas positivas pero hay cosas negativas también, queden registrados en el Cielo; y solamente hay una forma de borrar, una sola forma de borrarlos: y es con la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador. No hay otra forma para borrar nuestros pensamientos negativos. Pidiéndole perdón a Dios, pidiéndole perdón a Cristo, para que con Su Sangre nos limpie de todo pecado; esa es la única forma.

Recuerden que Él es el Intercesor, el Sumo Sacerdote del Templo celestial según el Orden de Melquisedec, de ese sacerdocio u Orden Sacerdotal Celestial.

“Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario.

Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. Él les hablaba por señas, y permaneció mudo.

Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa.

Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo:

Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.

Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.”

¿Ven? Está haciendo una pregunta no de incredulidad, sino creyendo: “¿Cómo será?” O sea: “¿Qué debo hacer?” Porque cuando se pregunta: “¿Cómo será?, ¿qué hay que hacer?” El Ángel le dice:

“Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;

porque nada hay imposible para Dios.

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”

Se fue de su presencia cuando terminó la conversación.

Este Ángel Gabriel anunció la Primera Venida de Cristo y anunciará la Segunda Venida de Cristo; porque estos Ángeles, Gabriel y Miguel, son enviados a la Tierra cuando un evento importante va a llevarse a cabo.

Si leemos lo que dice el reverendo William Branham acerca de estos Ángeles, miren aquí en la página 33, párrafo 282 del libro de “Citas,” de los mensajes, extractos de los mensajes del reverendo William Branham. Dice:

“Y parado allí estaba un ángel: El poderoso Gabriel. Él es un mensajero a los judíos. Recuerden, Gabriel anunció la primera venida de Cristo, el ángel Gabriel anunciará la segunda venida de Cristo (o sea, que algo grande está prometido para suceder en este tiempo en el cual nosotros vivimos).”

En la página 17, párrafo 130 de este libro de “Citas”, de extractos del reverendo William Branham, dice:

“Ese gran Jehová Dios, ¿usted sabe lo que Él dijo? Él tan solo se extendió y tomó una mano llena de átomos, tomó una poquita de Luz (una luz pequeñita), y vaciola así y se fue...”

Y hace el sonido que hizo cuando se fue, como cuando el viento suena, zumba, así, que hace ‘whoosh’; y más si hay ventanas que le entre un poquito de aire, de noche, zumba si hay bastante viento, y si está lloviendo algunos también se asustan.

“...y tomó una mano llena de átomos, tomó una poquita de Luz, y vaciola así y se fue (y hace el ruido que hace cuando se va. ¿Se fue a dónde? Al cuerpo que Él creó)... un cuerpo, y entró en él y fue todo. Dijo: ‘Ven para acá Gabriel’ (Ese Gran Arcángel). Fue (y hace el sonido de la presencia del Señor cuando sale)… Fue, entró en él. ‘Ven aquí Miguel.’ (El ángel en Su lado derecho)... ‘whoosh’... ‘Para ti... entra en él.”

Eso fue para visitar a Abraham allá donde vivía Abraham, y luego pasar a visitar a Lot, donde cenaron con Lot.

Ahora podemos ver la relación de estos Ángeles con Abraham y su descendencia, y por consiguiente con la raza humana.

El planeta Tierra con todo lo que tiene, es una herencia que Dios le dio a Adán para que reinara, gobernara bien, cuidara el medio ambiente e hicieran como Dios les ordenaba; él perdió el derecho como rey de este planeta Tierra; él podía hablarle a los árboles, que se movieran de un lado a otro y se movían, él podía hablarle al viento y el viento hacía lo que él le dijera, él podía hablarle a los peces y a los animales y ellos obedecían lo que él les decía, porque Adán tenía el Título de Propiedad de este planeta Tierra y de la vida eterna.

Pero lo perdió, perdió el derecho; y al perder el derecho entonces Dios tomó el Título de Propiedad y quedó, por haber pecado, quedó solamente con vida temporal; y el enemigo se aprovechó y se apoderó del planeta Tierra. Y por eso es que la Escritura dice que Satanás es el príncipe de las tinieblas y es el príncipe también de la Tierra; pero él se apoderó ilegítimamente, por engaño.

Pero ese Título de Propiedad volverá a las manos de los hijos de Dios. Es el Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero, el Libro sellado con siete sellos en Apocalipsis, capítulo 5, versos 1en adelante, en donde Cristo el Mesías lo toma y lo abre en el Cielo, y lo trae a la Tierra en Apocalipsis 10, para entregarlo a Su Iglesia, conforme al orden que Él tiene para hablarle a Su Iglesia y para, de edad en edad, tratar con Su Iglesia.

Cuando ese Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, sea dado a la Iglesia, ahí será, vendrá en algún momento la restauración del ser humano a la vida eterna física; sin ese Título de Propiedad en la Tierra, físicamente ninguna persona podrá vivir físicamente eternamente.

Con la venida de ese Título de Propiedad que lo trae el Ángel Fuerte, que es Cristo en Apocalipsis 10, los hijos e hijas de Dios serán restaurados físicamente a la vida eterna. Ya tienen vida eterna al haber recibido a Cristo como Salvador, ya su alma tiene vida eterna, pero también les será dada vida eterna física en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal y glorificado como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Y si esta vida terrenal es tan buena y nadie la quiere perder, ¡cómo será la vida eterna en el cuerpo eterno, inmortal y glorificado que Cristo dará a todos los creyentes en Él!

En el mensaje: “Sedientos por Vida,” predicado el 4 de marzo del año ‘60, el reverendo William Branham dice:

“Si tomáramos un viaje en esta noche hacia el Cielo y me encontrara con el padre Abraham y le dijera: ‘Abraham, ¿cuál es la cosa más gloriosa que jamás has conocido? ¿Cuál es la cosa más esencial que jamás has conocido?’ Abraham me diría: ‘La vida eterna.”

¿Podrá haber algo más importante, para la persona, que la vida eterna? No, y esa vida eterna está en Cristo.

“Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

“Entonces tomaríamos otro viaje y nuevamente iríamos y llegaríamos con el gran Arcángel Gabriel, el cual es el mensajero del pacto para la gente judía, y está parado a la diestra de Dios, una de las órdenes más altas de Ángeles en el Cielo; yo le diría: ‘Gabriel, eres un Ángel poderoso, eres amado de Dios y has estado aquí por tiempo incalculable y quizás conozcas todo con respecto al Cielo, dónde cada cosa está ubicada; por cuanto eres uno de los Ángeles a la diestra de Dios y conoces todos los secretos del Cielo, tocaste la trompeta en la primera venida del Señor Jesús y anunciaste Su primera venida y anunciarás Su segunda venida, por lo tanto, debes ser un hombre o un Ángel poderoso.”

¿Ven? Anunció la Primera Venida de Cristo, la anunció al sacerdote Zacarías, a la virgen María y a los pastores allá en Belén.

“Te quiero hacer esta pregunta: ‘¿En todos los tesoros de Dios, cuál es la cosa más tremenda que has hallado en todos sus tesoros?’ Puedo ver a Gabriel enderezándose en forma muy atenta y diciendo: ‘Lo más grande que he hallado en todos los tesoros de Dios desde que me creó a mí, es la vida; Dios me hizo para que pudiese vivir eternamente, por toda la eternidad, y la vida es lo más grande que hay.”

La vida eterna es lo más grande que hay, es lo más grande que Cristo puede darle a una persona; y se la da gratuitamente. Si tuviera un precio que la persona tuviera que pagar, nadie podría alcanzar la vida eterna, porque no hay precio; y el precio que se requería lo pagó Cristo en la Cruz del Calvario: fue la vida de Cristo la que ha hecho posible que el ser humano pueda alcanzar la vida eterna. Él puso Su vida en Expiación por nuestros pecados, eso era lo que se requería, lo cual estaba representado, tipificado en todos los sacrificios que ofrecían a Dios.

Por eso es que Abel cuando ofreció un cordero a Dios, estaba bien, era el tipo y figura de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario. Y cuando Caín ofreció de los frutos del campo estaba mal porque con los frutos del campo no se hace expiación; o sea, ignoró, rechazó potencialmente el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, que estaba representado en el cordero que Abel sacrificó; y Caín tenía que hacer en la misma forma si quería agradar a Dios y si quería que sus pecados fueran cubiertos con la sangre del sacrificio de un cordero.

Aquello era la sombra, el tipo y figura, y funcionaba así aunque no quitaba el pecado sino que solamente lo cubría, hasta que llegó el Sacrificio perfecto, el cual hizo perfecto al ser humano al limpiarlo de todo pecado con Su Sangre preciosa.

Y ahora, ¿qué es o cuál es la cosa más importante, más sublime? LA VIDA ETERNA. No hay otra cosa más importante; y para darnos vida eterna fue que Cristo vino y murió por nosotros.

Por lo tanto, el que rechaza a Cristo está haciendo como Caín, que no aceptó el sacrificio por sus pecados y ofreció frutos del campo, lo cual no funciona. Es el Sacrificio de Cristo representado en el Cordero que Abel ofreció a Dios.

Por eso a través de la historia bíblica, encontramos desde Adán hacia acá sacrificios de animalitos, porque por la fe quedan cubiertos los pecados de las personas y por consiguiente Dios no ve el pecado de la persona; lo mira a través de la sangre de esos animalitos en el Antiguo Testamento, y en el Nuevo Testamento mira a través de la Sangre de Cristo y no ve pecado alguno, porque fueron limpiados con la Sangre de Cristo; no cubiertos, sino quitados, limpiados.

Por lo tanto, es importante comprender que estamos en esta Tierra ordenados para vida eterna. “Mis ovejas oyen mi Voz.” Por eso usted ha escuchado la Voz de Cristo, el Evangelio de Cristo siendo predicado, y lo ha recibido como único y suficiente Salvador.

Y si hay alguna persona que todavía no lo ha recibido, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino y con Su Sangre le limpie de todo pecado y le dé vida eterna.

Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo si todavía no lo han hecho; y los niños de diez años en adelante, pueden venir también a los Pies de Cristo nuestro Salvador para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Pueden venir a los Pies de Cristo los que están en diferentes países y los que están aquí, que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, para que Cristo les dé el tesoro más preciado de parte de Dios: la vida eterna.

“Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en Su Hijo (o sea, en Jesucristo), el que tiene al Hijo, tiene la vida (el que tiene al Hijo, el que lo ha recibido como Salvador, tiene la vida; ¿qué vida? La vida eterna); el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.” O sea, no tiene la vida eterna; aunque esté viviendo físicamente, pero está viviendo sin vida eterna, una vida temporal, por eso está en un valle de tinieblas y sombra de muerte, de donde Cristo saca a la persona y lo coloca en Su Reino de luz con vida eterna.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Recuerden que la predicación de Cristo es para dar a conocer que hay vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador, y que tenemos que recibirla estando vivos en esta Tierra; porque después de que la persona muere ya no tiene más oportunidad. Eso lo muestra Cristo cuando habló del hombre rico, que quiso una oportunidad y no le fue concedida, porque él tuvo tiempo en la Tierra para buscar a Dios y así no tener que ir a ese lugar que nadie quiere ir, pero que no hacen nada para evitar ir allá.

Es necesario estar conscientes de que hay vida después de la muerte; o sea, se sigue viviendo después que el cuerpo físico muere, se sigue viviendo en otro cuerpo, el cuerpo espiritual, que es el espíritu de la persona; porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, y va la persona al lugar que le corresponde: o va al lugar que fue el hombre rico, o va al lugar donde fue Lázaro el mendigo.

Y ahora, el Paraíso es la sexta dimensión, en donde están todos los creyentes en Cristo que han muerto físicamente, los cuales vendrán de allá en la Venida del Señor para resucitar en cuerpos eternos y jóvenes; y los que estamos vivos aquí en la Tierra, cuando los veamos seremos transformados.

Es importante estar conscientes de la realidad de que hay vida eterna y que la podemos obtener por medio de Cristo nuestro Salvador. La Escritura donde habla: “Y esta vida está en Su Hijo, en Jesucristo. El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo no tiene la vida”: Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13. No hay otra forma para llegar a Dios, no hay otra forma para recibir la vida eterna, solamente a través de Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo aquí y en otras naciones, para que Cristo les reciba en Su Reino. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Señor, recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Señor, escuché Tu Palabra, Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi alma. Creo en Ti con toda mi alma. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Señor, Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). “¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo es un mandamiento divino, recuerden que es un mandamiento directo del Señor: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista. Y si Cristo tuvo necesidad de ser bautizado, ¡cuánto más nosotros!

Es que el bautismo en agua en el Nombre del Señor, es tipológico, es simbólico; aunque usted lo hace realmente, pero tiene una tipología. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por eso es que en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; ese es el simbolismo del bautismo en agua. Y desde los días de Jesús, y sobre todo desde el Día de Pentecostés en adelante, todos los creyentes en Cristo han sido bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y continúa así Su orden, Su mandamiento siendo cumplido, hasta nuestro tiempo.

Por eso todos tienen la oportunidad de escuchar el Evangelio, que nazca la fe de Cristo en su alma: creer, recibirlo como Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego, y producir en la persona el nuevo nacimiento.

El nuevo nacimiento se requiere para entrar al Reino de Dios. Cristo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6, dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo* no puede ver el Reino de Dios,” o sea, no lo puede entender; y luego Nicodemo pensó que tenía que entrar en el vientre de su madre para nacer de nuevo, y Cristo le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Y todos queremos entrar.

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, la Palabra, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo; tan simple como eso. Así como para ver este reino terrenal tuvimos que nacer a través de nuestros padres, y para ver el Reino de Dios y entrar al Reino de Dios tenemos que tener el nuevo nacimiento.

El nuevo nacimiento es del Cielo. Por eso el que nace de nuevo, nace en el Reino celestial, en el Reino de Dios, y su ciudadanía como creyente en Cristo es del Cielo, celestial; porque la Tierra y nuestros padres no nos pueden dar ese nuevo nacimiento; el que piense que lo pueden dar nuestros padres, estaría pensando como Nicodemo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y Cristo les dé la vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, dejo al reverendo José Benjamín Pérez y en cada país al ministro correspondiente, para que les indique, a los que han recibido a Cristo como Salvador, cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, y nos continuaremos viendo.

Estamos esperando por aquí el ministro, y en cada país al ministro correspondiente.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, el que nos da la vida eterna. Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA VIDA ETERNA.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter