ImprimirImprimir

Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros y congregaciones, en este primer sábado del mes; aunque para algunos es viernes, pero conforme a Génesis capítulo 1 y conforme a la Ley de Dios dada por medio de Moisés, hoy a esta hora ya es sábado, porque los días comienzan en la tarde según la Biblia.

Para los judíos el sábado ya comenzó a la caída del sol, por lo tanto, es sábado desde la caída del sol en adelante; primero viene la noche y después el día; así es en lo espiritual también. Vean, aquí lo dice en Génesis, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

(Eso fue en el principio, y después hubo cierta situación).

Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo (¿Ve? Vienen las tinieblas), y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas (o sea que estaba preparando todo durante la noche para venir la luz, un nuevo día de luz).”

Verso 3 en adelante: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz (o sea que la luz vino por la Palabra hablada de Dios).

Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.

Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde (¿ve?)… Y fue la tarde y la mañana un día.”

Y así sigue diciendo: “Y fue la tarde y la mañana el día segundo, y fue la tarde y la mañana el día tercero, y fue la tarde y la mañana el día cuarto, y fue la tarde y la mañana el día quinto, y fue la tarde y la mañana…” Así nos habla de estos cinco días primeros.

Y después, en el sexto día, creó al hombre; y luego… O sea, ahí dijo: “Y creó al hombre.” Y luego el séptimo día terminó.

O sea, que en el séptimo día ya había terminado la Obra, y ahora le da orden de fructificar y de multiplicarse. Verso 28. Y el 29 en adelante le entrega todo el planeta con todo lo que tiene, a su primer hijo Adán.

Ahora, vimos que primero es la tarde de un día, y eso es desde que cae el sol hasta que amanece; y cando amanece (digamos, de 5:00 a 6:00 de la mañana) ya es la parte de luz de ese día; y termina la parte de luz de ese día a la caída del sol.

¿Ven? Primero es la parte oscura, que comienza a la caída del sol hasta la madrugada, hasta por la mañana; y luego a la mañana comienza la parte del día. Pero hay algo muy importante ahí, y es que en el tiempo de la noche, antes de venir la noche, tiene un poco de luz a la caída del sol todavía, aunque no se vea el sol todavía hay luz; pero esa luz (aunque aparentemente pertenece, por ejemplo, al día que pasó), de la caída del sol en adelante (digamos, de 5:30 a 6:00), de ahí en adelante todavía había luz, y esa luz ya no pertenece al viernes sino al sábado; por eso al tiempo de la tarde hay luz de otro día: termina la luz del día que estaban viviendo y aparece – o la luz de ahí en adelante pertenece al otro día.

Ahora, vamos a leer en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, donde Jesucristo hablando… Verso 36 en adelante:

“Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.

Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.

Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y el verso 43 en adelante, dice:

“Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros.

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.”

“PROMESAS PARA LOS HIJOS DE DIOS EN EL DÍA POSTRERO.” Esa es una de las grandes promesas para los hijos de Dios. ¿Para qué tiempo? Para el tiempo señalado como el Día Postrero.

“LAS PROMESAS PARA LOS HIJOS DE DIOS EN EL DÍA POSTRERO.”

Para llegar a esta promesa, la Iglesia del Señor Jesucristo comenzó en el Día de Pentecostés con los primeros creyentes en Cristo, y ahí comienza el establecimiento de la Iglesia; y de ahí, a medida que pasa el tiempo, la Iglesia que nació el Día de Pentecostés en Jerusalén, en la tierra de Israel, luego cuando llega San Pablo es el apóstol escogido como el apóstol mensajero para los gentiles, así como Pedro fue para los judíos; y ellos dos son tipo y figura de Moisés y Elías.

San Pablo, aunque predicó entre los judíos en Israel y en las sinagogas de Israel, y también en las sinagogas que estaban entre los gentiles, siempre los buscaba, iba a las sinagogas, los visitaba y les hablaba de Cristo, y muchos judíos se convertían a Cristo, aun entre naciones gentiles; y también los gentiles al escuchar, nacía la fe de Cristo en el corazón de ellos y recibían a Cristo como Salvador.

San Pablo fue el mensajero para los gentiles, con quien comenzó la primera etapa entre los gentiles, de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y ha estado pasando, en estos dos mil años que han transcurrido de Cristo hacia acá, la Iglesia ha estado pasando por un proceso, una etapa, en un proceso grande del Programa Divino; por ejemplo como cuando Israel estuvo cautivo en la tierra de Egipto y también como los cuarenta años que pasó Israel en el desierto; todo eso nos habla de las diferentes etapas, son tipo y figura de las diferentes etapas por las cuales pasaría la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por ejemplo, los cuarenta años en el desierto, del pueblo hebreo con Moisés, representa las siete etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo; y Dios estuvo alimentándolos con maná y carne de aves, lo cual nos habla del alimento espiritual que Cristo ha estado dándole a Su Iglesia.

Y Cristo siendo el Pan de que descendió del Cielo, es el maná celestial, el alimento espiritual para los seres humanos.

En Amós, capítulo 8, verso 11, dice: “He aquí vienen días en que…” Vamos a leerlo directo aquí… “He aquí vienen días en que enviaré hambre a la Tierra.” Es de lo que trata ese pasaje. Capítulo 8, verso 11:

“He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.”

O sea, es hambre espiritual, de oír la Palabra de Dios, la cual es Pan de Vida: “No solamente de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” De eso nos habla la Escritura en el capítulo 8 de Deuteronomio, y también Cristo la cita cuando estuvo ayunando por cuarenta días y el diablo lo tentó luego, diciéndole: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan,” para que comiera y se muriera; porque una persona que está terminando un ayuno de cuarenta días, si come pan: se muere, porque su sistema digestivo se ha detenido y tiene que comenzar en otra forma a romper ese ayuno; por eso algunas personas que no saben, algunos han ayunado y después han comido pan, guineo, banano o cualquier comida, y han muerto.

Es importante entender que lo más importante es recibir la Palabra de Dios para el tiempo en que la persona está viviendo. Esa Palabra de Cristo coloca a la persona en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador, porque esa es la Voz de Cristo que viene de etapa en etapa, de edad en edad, a través del Mensajero que Él envía para Su Iglesia en cada edad; y es importante que la persona reconozca el tiempo que está viviendo, reconozca las señales de ese tiempo y reciba la Palabra correspondiente a ese tiempo; porque “el que es de Dios, la Palabra de Dios oye,” San Juan, capítulo 8, verso 47.

Es importante hacerse parte de la Palabra de Dios para el tiempo que a la persona le toca vivir, la cual trae el Espíritu Santo, el cual vendría y daría a conocer todas las cosas que sucederían; por lo tanto, será una Obra de Dios por medio del Espíritu Santo, el llamar a las ovejas de cada tiempo.

Reconocer las promesas que hay para ese tiempo es importante, porque para cada etapa de la Iglesia hay grandes promesas; pero ¿para qué tiempo es que hay promesas más grandes, mayores? Para este tiempo en el cual estamos viviendo.

Los siete días de la semana son tipo y figura de los siete milenios: desde Adán hasta este tiempo final. La Escritura dice que en los días postreros Dios hará tales cosas: enviará Su Espíritu Santo, derramará Su Espíritu Santo sobre toda carne, toda persona que lo recibe como su Salvador.

Y en Hebreos, capítulo 1, versos 1 al 3, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas (¿Cómo es que Dios habla al pueblo? Por medio de los profetas. Por eso Jesucristo cuando vino también era un profeta),

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”

¿Cuándo dice que nos habló por medio de Cristo? Dice: “En estos postreros días,” y ya han transcurrido alrededor de dos mil años de Cristo hacia acá; porque así como hay siete días en la semana, y los días postreros de la semana son jueves: quinto día, el sexto día: viernes, y el séptimo día: el sábado, y delante de Dios un día es como mil años para los seres humanos; por lo tanto, cuando se nos habla de los días postreros, son los tres mil años, tres milenios postreros, que son quinto, sexto y séptimo milenio; y esos son los milenios en que Dios derramaría de Su Espíritu sobre toda carne.

Y ahora, nos dice la Escritura, la que leímos al principio, que Cristo va a resucitar a todo aquel creyente que ha muerto físicamente, lo va a resucitar ¿cuándo, dice? En el Día Postrero. Por lo tanto, la resurrección queda establecida por Cristo para el Día Postrero. Cristo establece cuándo, en qué milenio, en cuál de los días postreros Él va a resucitar a los muertos; porque será Cristo, el que dijo que lo va a hacer, por lo tanto Él lo va a hacer.

Esa es la promesa mayor juntamente con la promesa del bautismo del Espíritu Santo, porque con el bautismo del Espíritu Santo se produce el nuevo nacimiento en la persona y entra en una etapa espiritual con Dios, reconciliado con Dios por medio de Cristo, hasta que termine todo el proceso y sean resucitados los muertos en Cristo en cuerpos glorificados para nunca más morir, y jóvenes para toda la eternidad; en donde los que tienen o han tenido el cabello ya blanco o se le cayó el cabello, los vamos a ver jovencitos, con todo el cabello que les corresponde en el nuevo cuerpo. Y los que estén vivos en este tiempo, cuando sean transformados estarán jovencitos, con todo el cabello que les corresponde; porque ya Dios hasta contó los cabellos que vamos a tener en el cuerpo glorificado, ni un cabello perecerá.

Por lo tanto, el cuerpo eterno fue pensado por Dios, diseñado por Dios en la mente de Dios, y después el cuerpo físico que íbamos a tener, que sería inmortal. Por lo tanto, somos agradecidos por el cuerpo que tenemos y por el que Él nos dará cuando glorifique a todos los creyentes en Cristo. Y todo eso será para el Día Postrero.

Para el Día Postrero será la Venida del Señor también, conforme a lo que Él ha prometido; porque Él viene. Si Él va a resucitar a los muertos y a transformar a los vivos, entonces tiene que haber un tiempo. Y miren qué fácil es: ¿Saben ustedes el día para la Venida del Señor, y el día para la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos? Claro que sí: El Día Postrero; pues Él lo dijo. Y el Día Postrero es, para los seres humanos, el séptimo milenio de Adán hacia acá.

Vean la Venida del Señor para lo que es, para lo que Él viene: Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos…”

Es que la ciudadanía de cada persona es del país en que nació, y nuestro nacimiento terrenal fue en un país y por eso tenemos la ciudadanía de ese país; y si el país tiene… es ciudadano de otra nación, entonces obtiene la ciudadanía de esa otra nación; como sucede con Puerto Rico: el que nace en Puerto Rico nació como ciudadano americano, porque no tenemos una ciudadanía puertorriqueña, un pasaporte puertorriqueño, porque Puerto Rico pertenece a Norteamérica; por lo tanto, el que nace en Puerto Rico es tan americano como el que nació en New York o en Arizona o en Washington o en cualquier estado americano. Y el que nació en otro país y obtiene la ciudadanía americana, pues la obtiene de acuerdo a las leyes establecidas para obtenerla.

Y toda persona desearía ser ciudadano celestial, que es la ciudadanía más importante; para lo cual tiene que nacer de nuevo, es por nacimiento; y ese es por el nuevo nacimiento, porque dice Jesús a Nicodemo, en el capítulo 3, verso 1 al 6, de San Juan: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios”; así como para ver este reino terrenal tuvimos que nacer.

Y ahora, para ver el Reino de Dios, el cual está en la esfera espiritual (y pronto va a estar en la esfera física también), tiene que nacer de nuevo, para ver ese Reino espiritual en el cual hemos sido colocados por Cristo por medio del nuevo nacimiento, al nacer del Agua y del Espíritu como le dice Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios.”

Nos da a conocer cómo entrar al Reino de Dios, y por consiguiente nos da a conocer cómo entrar a la vida eterna y cómo ser ciudadanos celestiales:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Él tiene el poder para efectuar esa resurrección y la transformación de los vivos; y esto es exclusivamente para todos los que han nacido de nuevo, para todos los que han entrado al Reino de Dios, que está en la esfera espiritual.

Para eso Él viene: para transformar nuestros cuerpos, y a los que murieron: resucitarlos en cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

Y ahora, es el privilegio más grande ser ciudadano celestial; por lo tanto, usted es un ciudadano, y yo, del Reino de Dios; porque Cristo nos ha trasladado a ese Reino.

Colosenses, capítulo 1, verso 13, dice:

“…El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo…”

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

Por lo tanto, es el heredero de toda la Creación; y nosotros somos coherederos con Cristo. Y cuando seamos transformados entonces seremos herederos con Cristo, del Reino de Dios en la Tierra, del planeta Tierra completo; porque estaremos como reyes y sacerdotes reinando con Cristo durante el Reino Milenial y después por toda la eternidad.

La resurrección es para el Día Postrero, o sea, para el séptimo milenio de Adán hacia acá, que es el Milenio en el cual Dios va a establecer en la Tierra Su Reino; y eso será la restauración del Reino de David.

Esa es otra promesa grande: el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, que es la restauración del Reino de David; pero antes de eso tenemos la promesa de la Venida del Señor con Sus Ángeles, que son los ministerios de los Dos Olivos, de Moisés y Elías.

Tenemos la promesa de un recogimiento, tenemos la promesa de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, de la cual habla en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 12 al 18, y Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, en donde nos dice San Pablo:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos moriremos, porque los santos, los creyentes en Cristo, no mueren sino que duermen; pero Cristo los va a despertar como despertó a Lázaro, que ya llevaba cuatro días de muerto, y lo despertó entonces al cuarto día. El cuarto día tipifica o representa en tipo y figura, la etapa de oro de la Iglesia, la etapa de Piedra Angular)…”

Sigue diciendo: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados…”

Los que vivimos seremos transformados en nuestros átomos, y por consiguiente, de la misma clase de átomos que tiene el cuerpo físico de Cristo glorificado será la clase de átomos que tendremos.

“He aquí, os digo un misterio,” nos dice:

“En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta…”

La Final Trompeta suena; esa Final Trompeta o Gran Voz de Trompeta, es la Voz del mismo que estuvo hablando en las diferentes edades de la Iglesia o etapas de la Iglesia, el cual estuvo hablando por medio del mensajero de cada edad. Esa era la Voz de Cristo por medio de Su Espíritu en cada etapa de la Iglesia.

Y ahora en la etapa de Piedra Angular será que será tocada o sonada la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, la Voz de Cristo hablándole a los creyentes en Su Cuerpo Místico de creyentes, que es Su Iglesia. Estará hablando con esa Voz fuerte de Gran Voz de Trompeta, lo cual también vendrá a ser Cristo clamando como cuando ruge un león y siete truenos emitiendo sus voces.

Ese Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis 10, es Cristo con el Librito abierto en Su mano, el Libro que estaba sellado y estaba en la mano de Dios en el Cielo; y Él lo tomó, lo abrió en el Cielo y lo trae a la Tierra a Su Iglesia, conforme al orden para que sea recibido por la Iglesia. Juan el apóstol representaba a la Iglesia y representaba también a cada mensajero que tendría Su Iglesia, la Iglesia del Señor.

Y ahora, las bendiciones más grandes son para el Día Postrero. Ahí estarán, en el Día Postrero, los que van a ser transformados; aunque algunos creyentes mueran físicamente: resucitarán, y como estarán cercanos en tiempo a los que estarán vivos, los reconoceremos, y cuando los veamos seremos transformados.

Si en algún tiempo se puede desear no morir sino continuar viviendo, es en este tiempo; porque un grupo grande de la Iglesia del Señor Jesucristo no verá muerte sino que serán transformados sin ver muerte, y entrarán a eternidad; y eso no hará sufrir a los familiares, no tendrán que llorar por esas personas, porque serán transformadas; aunque habrá un tiempo de lloro también, cuando sean raptados, porque desaparecerán de la Tierra, Cristo se los llevará a la Casa del Padre celestial para la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahora, todo eso es para el Día Postrero, son promesas para el Día Postrero.

Conforme al calendario gregoriano ya estamos en el séptimo milenio de Adán hacia acá; ya han transcurrido, con los años de atraso que tiene el calendario, contando los días de atraso que tiene el calendario, que equivalen a unos 28 a 29 años, ya estamos dentro del Día Postrero o falta poquito para entrar al Día Postrero; depende de dónde se cuenten los dos milenios que han transcurrido. Si se cuentan desde el nacimiento de Cristo hacia acá, ya es una cantidad de años; y si se cuenta del Día de Pentecostés hacia acá o de la muerte de Cristo hacia acá, entonces son menos años.

Si se cuenta desde la muerte de Cristo hacia acá, entonces, 2013 menos 33, nos coloca cerca a 20 años para completar los 2000 años; pero hay que cuadrar los días de atraso que tiene el calendario.

Por lo tanto, es importante estar preparados para ser transformados en el día y la hora en que ocurra esa promesa divina.

Si contamos desde el día que nació Jesús hasta la actualidad, sin contar los años de atraso que tiene el calendario, cuadrando el calendario con los días que tiene el calendario judío, que son 360, y el calendario gregoriano tiene 365 días y cuarto; entonces, cuadrando esos calendarios, sumándole los días de atraso que tiene, póngale 28 años más 2013: 2013 + 28 años, ya nos da: 2030 y algo, o 2040 por ahí. Lo podemos sacar: 2013 + 28= 2041 años es lo que nos da.

Pero vamos a dejar los números para otra ocasión. Lo importante es estar preparados y estar conscientes que ya estamos en el Día Postrero.

Si los dejamos los números como están, de 365 y cuarto, aun contando de Cristo hacia acá, ya estamos en el Día Postrero; y llevamos ya 13 años, contándolo en esa forma. Como quiera nos da que estamos en el Día Postrero.

Entonces ¿qué espera usted que Jesucristo haga? Él va a hacer una sola cosa: Cumplir las promesas que están hechas de parte de Dios para Dios llevar a cabo en el Día Postrero, y por eso es importante saber las cosas que Él ha prometido realizar en el Día Postrero.

No vamos a estar haciendo un arca de madera porque esa fue una promesa para el tiempo de Noé, no vamos a estar haciendo cosas que eran para otro tiempo; esas cosas que fueron para otro tiempo, ahora vienen a ser tipo y figura de las que Dios hará en nuestro tiempo.

Por lo tanto, Jesucristo por medio de Su Espíritu estará guiando a Su Iglesia, conforme al orden que ha mantenido de etapa en etapa: Para cada etapa trae un Mensaje por medio de un mensajero que envía ungido para esa labor; y eso será el Espíritu de Cristo en esa persona hablándole a la Iglesia; con ese Mensaje son recogidos los escogidos de ese tiempo.

Ese Mensaje pasa a los ministros que trabajarán con ese mensajero, como sucedió con San Pablo, que tuvo muchos colaboradores, ministros, que trabajaron llevando el Evangelio que Pablo predicaba. Así obró en el pasado y así tiene que obrar en nuestro tiempo, porque Dios no cambia Su forma de obrar; “porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” [Amós 3:7]

Por lo tanto, con la Palabra Divina correspondiente a nuestro tiempo, que llegará al oído y al corazón de las personas, llamará y juntará a los escogidos del Día Postrero, y se hará carne en ellos esa Palabra. Y alrededor de esa Palabra que recibieron, que es la promesa para el tiempo en que viven, toda esa Palabra al hacerse carne en ellos, alrededor de esa Palabra hecha carne en ellos, se materializará la promesa de la transformación de los vivos; y para la resurrección de los muertos en Cristo, la Palabra que ellos recibieron en su tiempo, la cual se hizo carne en ellos, alrededor de esa Palabra vendrá la resurrección en cuerpos glorificados para ellos.

Y todo eso para el Día Postrero. Cristo dijo que Él resucitará a los que creerían en Él. ¿Cuándo? En el Día Postrero.

Por lo tanto, es importante localizar el Día Postrero, saber lo que es el Día Postrero, qué es delante de Dios el Día Postrero, lo cual es el séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá, y conocer las promesas que hay para los creyentes en Cristo para el Día Postrero.

Y sabrán en qué tiempo en el Programa Divino, la Iglesia del Señor Jesucristo estará viviendo. Si estará viviendo en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad, o una edad más arriba: la Edad de Piedra Angular.

De acuerdo a la edad, será lo que el creyente recibirá estando vivo; y los que murieron y no estaban en la Edad de Oro de la Iglesia, por eso partieron, porque para ese tiempo no era la transformación, ni era la Gran Voz de Trompeta que se escucharía para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por lo tanto, estas son promesas para los hijos de Dios, para y en el Día Postrero.

Tenemos muchas promesas, y aun más. Dios por medio de Su Espíritu nos habló o nos abrió más, las promesas que fueron habladas nos las abrió más, dándonos más detalles de esas promesas correspondientes a este tiempo final, las cuales hoy están más claras para los creyentes; y nos habló de la manifestación de Dios en toda Su plenitud, que ha de venir a la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual fue reflejada en cada mensajero; y en los más que fue reflejada fue en San Pablo y en el reverendo William Branham; y él dice que lo que vimos en parte manifestado en él, lo cual fue la Tercera Etapa, será manifestado en toda su plenitud cuando venga la apretura para los creyentes en Cristo; por lo tanto, viene una apretura.

Y eso nos recuerda las palabras de Cristo que dijo: “El que quiera seguir en pos de mí, tome su cruz y sígame.” [San Mateo 16:24]

Pero Cristo obtendrá la victoria, por lo tanto, la obtendremos con Él, y seremos transformados en ese tiempo de apretura.

También nos habló el reverendo William Branham de una Gran Carpa-Catedral que le fue mostrada, en donde el poder de Dios estaba manifestado y donde muchas personas venían a Cristo, y en donde milagros, señales, maravillas, él vio que estaba siendo hechas. Él estuvo allí y habló lo que él vio; y el Ángel le dijo lo que iba a suceder, y el Ángel le dijo que allí eso sería la Tercera Etapa.

Y por cuanto Cristo por medio de Su Espíritu obra en medio de Su Iglesia y usa a los miembros de Su Iglesia para la labor que Él tiene que hacer en la Tierra de edad en edad, Él tendrá a Su Iglesia trabajando en ese proyecto. No son personas de afuera a las que les toca hacerlo sino a la Iglesia del Señor Jesucristo en el tiempo final.

Por eso el reverendo William Branham trató de materializar, de que se materializara esa promesa, pero no le tocaba a él ni a la Iglesia en esa etapa en que estaba. Le toca a la Iglesia en la etapa de Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular.

Por lo tanto, estaremos viendo el cumplimiento de esa promesa, y será una señal grande de que la Tercera Etapa va a venir, de que Dios va a hacer grandes cosas, de que van a escuchar los Truenos, que es la Voz de Cristo hablando en la misma forma que hizo en las edades pasadas, y estarán recibiendo la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por eso el reverendo William Branham dice que los Truenos le darán a la Iglesia-Novia la fe para el rapto, por lo tanto la fe para ser transformados y raptados. O sea, que hay unas promesas grandes para los creyentes en Cristo, hay unas promesas grandes para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, adelante siendo fieles a Cristo, trabajando en la Obra del Señor en este tiempo final, en el Día Postrero en el cual estamos viviendo; porque todas las promesas correspondientes al Día Postrero serán cumplidas, y deseamos que Cristo cumpla a través de nosotros muchas promesas; porque siempre será Dios obrando a través de Su Iglesia, bajo el Nuevo Pacto.

El Día Postrero: Séptimo milenio de Adán hacia acá o tercer milenio de Cristo hacia acá.

Promesas para el Día Postrero: La Venida del Señor, pues no fue para otros tiempos sino la Segunda Venida de Cristo es para este tiempo final, para el Día Postrero. La resurrección de los muertos en Cristo, que Él dice que los resucitará en el Día Postrero. Y así por el estilo hay un sinnúmero más de promesas, como el cumplimiento de la Visión de la Carpa y otras promesas que son para el Día Postrero, las cuales ya conocemos; y las que falten por ser conocidas Él las hará saber.

La Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, la Voz de Arcángel, la Trompeta de Dios, la Aclamación. Todas esas promesas: Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios, de Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 18; todas esas son promesas para este tiempo final, para el Día Postrero.

Por lo tanto, estemos apercibidos mirando también las señales, porque conforme a las señales hay que saber en qué tiempo nos ha tocado vivir. Las señales de los tiempos, de la cual Cristo en San Mateo por el capítulo 15 ó 16 dice a un grupo de personas de su tiempo: “Mas las señales de los tiempos no sabéis, no conocéis.” Y les dice: “Cuando el cielo está con arreboles, decís: habrá mal tiempo, y cuando el cielo…” Vamos a leerlo, porque cuando tiene arreboles en cierto horario es una cosa y cuando lo tiene en otra, es otra cosa. Capítulo 16 de San Mateo, versos 1 al 4, dice:

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.

Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!”

Las señales de los tiempos, ¿qué indican? En qué tiempo está viviendo la gente, porque esas señales ocurrirían en cierto tiempo, no en cualquier tiempo; por ejemplo, terremotos, maremotos, tsunamis y así por el estilo, han ocurrido siempre, pero en una cantidad mayor para el tiempo final, para el Día Postrero.

Y para la resurrección de los muertos en Cristo habrá un terremoto muy grande; o sea, que habrá confusión en esos días, y pensarán que han muerto, los que se fueron en el rapto o se van a ir, pensarán que se murieron; porque el rapto será un secreto. Solamente lo sabrán los que se van y algunos familiares que quedarán en la Tierra.

Como la resurrección de Cristo: la supieron Sus discípulos; los demás no supieron o no creyeron. Por lo tanto, así también será la resurrección de los creyentes en Cristo y la transformación de los que estén vivos en el Día Postrero.

“LAS PROMESAS PARA LOS HIJOS DE DIOS EN EL DÍA POSTRERO.”

Por lo tanto, hemos estado viendo terremotos, maremotos, tsunamis, hemos estado viendo también las naciones, que están en una situación difícil, y lo que vemos es violencia en la Tierra, en todos los niveles de las naciones.

En el campo militar: guerras y rumores de guerra, y en el campo de la salud: cada día más enfermedades surgirán, pestes, se le llama también en la Biblia; también habrá otras señales como la señal de la higuera, que es Israel en su tierra, la señal de los otros árboles: se está viendo cómo están luchando por su liberación muchas naciones del Medio Oriente. La higuera: Israel, y los demás árboles: las demás naciones que están floreciendo, el verano allí con ellos, y “la primavera árabe”; todo eso es bíblico, por lo tanto tenemos que tener nuestros ojos abiertos.

Y ahora, el problema de Siria y Estados Unidos, que está por ahí hablándose mucho de eso. No va a pasar nada que Dios no haya visto que va a pasar. Pero oramos por la paz, porque es más fácil vivir tranquilo que en apretura; pero si necesitamos una apretura para beneficio nuestro, pues la vamos a tener; por lo tanto, no estemos apegados a las cosas materiales sino a las celestiales.

Cristo dijo que cuando veamos esas señales, cuando veamos estas cosas, que levantemos nuestras cabezas al Cielo, o sea, a las cosas celestiales espirituales, porque nuestra redención, que es nuestra transformación, está cerca.

Por lo tanto, adelante sirviendo a Cristo, conociendo las promesas para los hijos de Dios para el Día Postrero, y esperando el cumplimiento de cada una de ellas; la Iglesia del Señor Jesucristo conquistará todas esas promesas por la fe.

Cristo dijo que estaría con Su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo (San Mateo, capítulo 28, verso 20). En Espíritu Santo Él está con Su Iglesia desde el Día de Pentecostés. Primero estaba en carne con el grupo con el cual comenzó la Iglesia (Sus discípulos), y luego estaría en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia bajo el Nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo; y continúa con nosotros. Dijo: “Hasta el fin del mundo.”

Por lo tanto, sabemos que Él nos está guiando y que cumplirá cada promesa correspondiente a este tiempo final, al Día Postrero, que incluye no solamente los días que estaremos viviendo en esta Tierra en estos cuerpos, sino cuando tengamos el nuevo cuerpo, la fiesta más grande del universo, la fiesta más grande del Cielo: la Cena de las Bodas del Cordero, a la cual no puede ir cualquier persona; tiene que ser convidada la persona y aceptar esa invitación, y tener el traje de Boda, que tiene dos partes importantes: el bautismo del Espíritu Santo (donde obtiene el cuerpo angelical) y la transformación del cuerpo físico; porque con estos cuerpos mortales no podemos salir de este planeta Tierra y no hay transporte aéreo que nos lleve a la Casa de nuestro Padre celestial. Pero vamos a ir, porque Cristo nos va a llevar, y ya Él sabe el camino; sabe el camino para venir y sabe el camino para ir también.

Así que, firmes en las promesas para los hijos de Dios, correspondientes al Día Postrero.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sea con cada uno de ustedes que están aquí presentes en este día séptimo de la semana, primer sábado del mes. O sea que estamos en el día que tipifica el Milenio, el día que tipifica el Día Postrero.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean con todos ustedes y conmigo también, con los que están aquí presentes y con los que están en otras naciones.

Y Miguel: Que Dios te bendiga y te guarde, y te use cada día más y más en Su Obra, y te dé mucha salud, mucha fuerza, y te use grandemente hasta que seas transformado, y después te siga usando todo el tiempo que Dios quiera en el Cielo, cuando estemos allá en la Cena de las Bodas del Cordero, y en el Reino Milenial también; y a cada uno de ustedes también, que están aquí presentes o en otras naciones. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y nos continuaremos viendo ya el domingo próximo, Dios mediante, desde aquí.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar o finalizar.

“LAS PROMESAS PARA LOS HIJOS DE DIOS EN EL DÍA POSTRERO.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter