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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y todos los que se encuentran en diferentes países en estos momentos. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Quiero expresarle las condolencias a la familia e Iglesia de los hermanos en Cristo en Bello Horizonte, Brasil, por la partida de su pastor: Olegário Antonio da Silva, que partió en estos días. Que Dios consuele vuestros corazones, les fortalezca y les deje ver claramente que él está descansando en la sexta dimensión con los creyentes en Cristo que ya han partido, y que volverán en la resurrección en la Venida de Cristo, para obtener el cuerpo físico inmortal y glorificado en la resurrección; por lo tanto, volverá a estar con nosotros en la resurrección.

Para esta ocasión tenemos el video o documental de la Embajada de Activistas por la Paz, que contiene las actividades que se llevaron a cabo en Argentina, allá en el Senado de la República de Argentina; para lo cual doy lugar para que pasen el video y así puedan ver el trabajo que se está llevando a cabo con la Embajada de Activistas por la Paz.

[Presentación del video-documental]

 

Ya han visto lo que la Embajada de Activistas por la Paz está haciendo; y ustedes están apoyando a la Embajada de Activistas por la Paz con vuestras oraciones y también con vuestro esfuerzo, con vuestras colaboraciones, ya que la Embajada de Activistas por la Paz depende de colaboraciones de personas o entidades, donaciones voluntarias; así que ustedes pueden ver cómo se invierte bien todas las donaciones que se reciben: trabajando por la familia humana, por la paz.

Leemos en Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 en adelante. Dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,

y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,

sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.

Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

“LOS MISTERIOS DE DIOS.”

El verso 7 dice: “…sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.”

“LOS MISTERIOS DE DIOS.”

Los misterios de Dios para el Nuevo Pacto los encontramos de los días de Cristo hasta este tiempo final.

Encontramos el misterio del Reino de los Cielos en San Mateo, capítulo 13, versos 3 al 50. Y leemos aquí, verso… Todo este capítulo 13, versos 8 en adelante, dice:

“Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.”

Eso es la parábola del sembrador; y la buena tierra es el creyente, aquí representado, porque en el verso 23, dice:

“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

La buena simiente es la Palabra, y la tierra es la persona que la escucha y la recibe y produce fruto; esa es la buena tierra. Y los otros son: junto al camino, pedregales o terreno de espinas, y los describe; esas son las diferentes clases de personas, cuatro tipos de personas que escuchan la predicación del Evangelio; porque el Evangelio se ha estado predicando a toda criatura, por lo tanto lo escuchan a través de los predicadores en persona, por la radio, por la televisión o a través de la prensa, escrita.

Toda persona desea ser la buena tierra. La buena tierra es aquel que oye y…:

“Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la Palabra…”

Los otros escucharon pero no entendieron.

“…el que oye y entiende la Palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”

O sea, la buena tierra, el creyente, va a producir fruto. No se queda con los brazos cruzados como creyente, sino es un creyente activo en la Obra del Señor; y esa Palabra que recibió va a llevar fruto a través de esa persona.

Ese es uno de los misterios del Reino de Dios. Y también el misterio del trigo y de la cizaña, que se encuentra en San Mateo, capítulo 13, verso 24 en adelante. Dice:

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.”

El campo, dice Cristo lo que es. Capítulo 13 también, versos 36 en adelante, dice:

“Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles.

De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo.

Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.”

Ahí tenemos en el mismo campo, que es el mundo, los hijos de Dios representados en el trigo; y los hijos del maligno, dice Cristo aquí que los hijos del diablo (porque el diablo fue el que los sembró) los tenemos en este mundo —en lo literal y en lo espiritual— en medio del cristianismo.

Luego encontramos otra parábola. El verso 44 dice:

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.”

El campo es el mundo. El hombre que encuentra el tesoro y va y vende todo lo que tiene y lo compra, es Cristo, el cual con Su muerte en la Cruz del Calvario compró el mundo entero, porque Él dice que Él no vino a condenar el mundo sino a salvar el mundo; a salvar el mundo Él vino.

El tesoro son las diez tribus perdidas de Israel, de las cuales hay ciento cuarenta y cuatro mil escogidos, doce mil de cada tribu. Y si Él, al hallar ese tesoro lo esconde de nuevo, por eso es que se dice “las tribus perdidas de Israel”, y no saben dónde está; las escondió Cristo: están en medio de las naciones. Él compra el campo, Él compra el mundo entero.

“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,

que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.”

La perla preciosa es la Iglesia del Señor Jesucristo que Él la compró en la Cruz del Calvario a precio de Su vida, y con Su Sangre la limpió de todo pecado. Ese es el misterio de la perla preciosa. Y vimos también el misterio del tesoro escondido. Sigue diciendo:

“Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces;

y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.

Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos,

y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.”

La red es el Evangelio, la red del Evangelio, que es echada y recoge – cuando se predica recoge buenos y malos; y una vez llena la sacan a la orilla, sacan lo bueno en cestas y lo malo echan fuera.

Ahí dice: “Así será al fin del siglo (o sea, en el Día Postrero, en el fin de la Dispensación de la Gracia, donde se entrelaza la Dispensación del Reino): saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos.”

Los Ángeles son los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, de los cuales Cristo también dice: “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” San Mateo, capítulo 24, verso 31.

Esos son los ministerios de los Dos Olivos, de Moisés y Elías.

El horno de fuego es la gran tribulación donde será el lloro y el crujir de dientes. Y así sigue hablando de estos misterios del Reino de los Cielos.

Tenemos el misterio del Reino de los Cielos, los misterios del Reino de los Cielos, de San Mateo, capítulo 13, versos 3 al 50.

El misterio de la ceguedad de Israel. No vieron que Jesús era el Mesías; y eso ha dado lugar a que la Salvación, el Evangelio, pasara a los gentiles para llamar de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre y de entre los judíos también. Y para —de judíos y gentiles— formar Su Iglesia bajo un Nuevo Pacto con la Sangre del Nuevo Pacto, que es la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Por eso en la última Cena con Sus discípulos, en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, y San Lucas, capítulo 22, cuando cenaron tomó pan, dio gracias, lo partió y dio a Sus discípulos, y dijo: “Comed de él todos, porque este es mi cuerpo”; y tomando la copa de vino dio gracias al Padre, y dio a Sus discípulos diciendo: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Ahí vemos la Sangre del Nuevo Pacto. Esa es la Sangre del Pacto eterno que aparece en Hebreos, capítulo 13, versos 20 al 21.

Pero Israel volverá a Dios. Cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo y sean transformados los creyentes que están vivos y los muertos sean resucitados, entonces se abrirá la puerta para los judíos, y sus ojos serán abiertos.

De las setenta semanas de años, que son cuatrocientos ochenta años, le faltan tres años y medio de trato de Dios con el pueblo hebreo. Cada semana de años son siete años; y la última semana, la semana número setenta, ya la primera parte (los primeros tres años y medio) fueron cumplidos bajo el ministerio de Jesucristo dos mil años atrás.

Y cuando murió en la Cruz del Calvario, ahí se detuvo la semana número setenta, en la misma mitad; y ahora le faltan, de esa semana número setenta, tres años y medio, porque es la semana mesiánica, la semana de y para la Venida del Mesías. Y ya la mitad se cumplió en la Primera Venida de Cristo, y la segunda parte (son otros tres años y medio) se cumplirán para Israel con la Venida de Cristo a Israel, en donde Dios tratará con Israel nuevamente:

“Y vendrá de Sion el libertador, que quitará de Jacob la impiedad.” Romanos, capítulo 11, versos 21 al 27, y también Isaías, capítulo 59, verso 20.

Dios los cegó, y por eso tendrá misericordia de Israel; y por eso fue que Cristo dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Pero todo estaba en el plan de Dios para Él pagar el precio de la Redención y poderle dar vida eterna a todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

También tenemos el misterio del arrebatamiento, traslado o rapto de los santos de la Iglesia del Señor Jesucristo, de Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58; Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 al 18; Primera de Tesalonicenses, capítulo 5, versos 1 al 11; Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21.

El misterio de la Iglesia del Nuevo Testamento o neotestamentaria. Filipenses nos habla de esto; Efesios, capítulo 3, versos 1 al 11 nos habla; Efesios, capítulo 2, verso 11 al 22 también nos habla; Efesios, capítulo 4, verso 30; Efesios, capítulo  6, verso 19; Efesios, capítulo 1, versos 10 al 14 también nos habla de esto; y Colosenses, capítulo 4, verso 3, nos habla de este misterio también; y Hebreos, capítulo 13, versos 20 al 21. Y Hebreos, capítulo 3, versos 1 al 6, nos habla del pueblo de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual es la Casa de Dios. Y Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 14, nos habla de este misterio cuando nos dice San Pablo en el capítulo 3 de Primera de Timoteo:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

La Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto es la Iglesia de Dios, de Cristo en el Nuevo Pacto, en el Nuevo Testamento.

También tenemos el sexto misterio: El misterio del Cristo viviente, el mismo ayer hoy y por los siglos; el que dijo: “yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.”

Por lo tanto Él continuaría Su Obra, Su ministerio que comenzó en carne humana, lo continuaría en carne humana en los miembros de Su Iglesia. Él dijo: “Seréis llenos del Espíritu Santo, llenos de poder de lo alto, dentro de no muchos días”; libro de los Hechos, capítulo 1, versos 1 al 10.

Por lo tanto, las palabras de Cristo también, esas que fueron en San Mateo, capítulo 28, verso 20: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” Y también Él dijo: “Yo estaré, donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré.” ¿Cómo estaría? En Espíritu Santo.

Por lo tanto, Cristo ha continuado obrando, manifestándose, por medio de instrumentos, por medio de carne humana en medio de Su Iglesia, a través de miembros de Su Iglesia de y en diferentes ministerios; porque Dios ha colocado en Su Iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Efesios, capítulo 4, verso 11. Eso es en la Iglesia del Nuevo Pacto, del Nuevo Testamento, la Iglesia neotestamentaria.

El quinto misterio: El misterio de la Iglesia como la Esposa de Cristo. Efesios, capítulo 5, versos 28 al 32. Él dice: “Yo os he desposado a vosotros como una virgen para su marido (o sea, para Cristo).”

El misterio del Cristo viviente, el mismo ayer hoy y por los siglos: Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

El misterio de Dios y de Cristo como la plenitud de la Deidad encarnada en Jesús: “Grande es el misterio de la piedad, Dios ha sido manifestado en carne.” Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 16.

Y Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3, dice (y lo vamos a leer para tenerlo claro):

“…Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

¿En dónde están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento? En el misterio de Dios el Padre, y de Cristo. Es que Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo mismo al ser humano.

Es un misterio grande, porque Dios en toda Su plenitud estaba vestido de un velo de carne llamado Jesús.

El misterio de iniquidad. Ese es el misterio del anticristo, de Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2, versos 1 al 15. El hombre de pecado, es un misterio.

Apocalipsis, capítulo 12; Apocalipsis, capítulo 7; Apocalipsis, capítulo 17, versos 11 al 18; y capítulo 11, versos 1 al 14. Todo eso nos habla del anticristo, del falso profeta, del hombre de pecado, de la bestia, de la serpiente antigua y así por el estilo.

El misterio de las siete estrellas en la mano de Cristo, en la mano del Señor: Los siete mensajeros de Cristo para las siete edades de la Iglesia, los siete espíritus del cordero. Todo eso nos habla de Cristo y Sus mensajeros correspondientes a cada edad de la Iglesia.

Apocalipsis, capítulo 1, verso 20; y Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 al 11; y otros lugares también de Apocalipsis: capítulo 2, versos 1 al 28, y capítulo 3, versos 1 al 21.

El misterio de Babilonia. Apocalipsis 17, versos 5 al 7; Apocalipsis 14, verso 8; Apocalipsis 16, verso 19; Apocalipsis 18, verso 2; Apocalipsis 18, verso 10; y Apocalipsis 18, verso 21.

Todos estos pasajes hablan de Babilonia; lo cual es un misterio del cual habla el libro de Apocalipsis, pues ya Babilonia no está como estaba en el tiempo de Nabucodonosor y esos reyes; ya no está. Babilonia ahora, la cual está allá en Irak, en ese territorio, ya no está como un reino como lo estaba en el tiempo de Nabucodonosor y sus descendientes.

El misterio de la simiente de la serpiente de Génesis, capítulo 3, verso 14, donde dice: Capítulo 3, verso 14 al 15:

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.”

Por eso es que ya no encontramos la serpiente como era en el tiempo de Adán: que hablaba, era la más astuta, la más inteligente, sabía hablar, tenía conocimiento científico también; pero ya no existe en la forma que era en aquel tiempo: en la forma de un hombre pero no tenía alma, y más alta que un hombre.

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya (la simiente es la descendencia; entre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer); ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

Cuando Cristo fue crucificado y colocaron los clavos en los pies de Cristo, estaba hiriendo a la simiente de la mujer, la serpiente; la descendencia de la serpiente estaba hiriendo a la descendencia de la mujer, la estaba hiriendo en el calcañar, en los talones. Este misterio de la simiente de la serpiente es grande.

El misterio del infierno que no es eterno. Por eso en Apocalipsis, capítulo 20, versos 14 al 15; y capítulo 20, verso 1 al 3; y Apocalipsis 19:20, y Apocalipsis 20:10, dice que el infierno es echado en el lago de fuego. El lago de fuego, que es la segunda muerte.

“Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

Es que hay personas que nacen en la Tierra y no están escritos en el Libro de la Vida, en la sección del Libro de la Vida; y mucho menos en la sección del Libro de la Vida del Cordero, que es la sección donde están los nombres de los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales están escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Por lo tanto, ese Libro también, del Libro de la Vida del Cordero, que es el Libro sellado con siete sellos, de Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante, es un misterio también.

Dice en Apocalipsis, capítulo 13, versos 6 al 8, y también Apocalipsis, capítulo 17, que adorarán a la bestia los que no tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida.

Vean, Apocalipsis, capítulo 3, verso 8, dice:

“Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.”

Por lo tanto, la bestia también es un misterio.

Y ahora veamos en el capítulo 17, verso 8:

“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición (o sea para subir del infierno); y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.

Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer,

y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo.

La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.”

Vean, los nombres que están escritos en ambas secciones: en la sección del Libro de la Vida, en donde son escritos desde antes de la fundación del mundo los que han de vivir en la Tierra; el que no esté escrito ahí, podemos ver que adorará a la bestia.

También en esa sección del Libro de la Vida, los que se desvíen, hagan daño a los miembros de la Iglesia de Jesucristo o al pueblo hebreo, sus nombres serán borrados de esa sección del Libro de la Vida; los que le hagan daño a los escogidos, los cuales están escritos en la otra sección, la sección del Libro de la Vida del Cordero, que contiene los nombres de todos los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

¿Y desde cuándo están escritos ahí? Desde antes de la fundación del mundo, dice el pasaje que hemos leído. Aquellos cuyos nombres no están escritos en esa sección que fueron escritos desde antes de la fundación del mundo, se van a asombrar viendo la bestia y la van a adorar.

No se están añadiendo nombres ni a la sección del Libro de la Vida, que es la sección de donde pueden ser borrados… más bien algunos han sido borrados a través de la historia del cristianismo, y en nuestro tiempo algunos también van a ser borrados.

Y en el Libro de la Vida del Cordero no se están apuntando o registrando o escribiendo más nombres, pues están escritos ya desde antes de la fundación del mundo. Y de esa sección llamada el Libro de la Vida del Cordero, nunca puede ser borrado ni un solo nombre. Esos son los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, esos son los que Él llama ‘las ovejas que el Padre le dio’ para que las busque y les dé vida eterna; “porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” San Mateo, capítulo 18, versos 10 al 14, y San Lucas, capítulo 19, versos 9 al 15.

Por lo tanto, el misterio del Libro de la Vida del Cordero y el Libro de la Vida, es el mismo Libro con dos secciones. Como la Biblia que tenemos: dice Antiguo Testamento y Nuevo Testamento, pero es la misma Biblia. Es un misterio pero es una realidad.

¿Y dónde nos habla de que están escritos ahí en ese Libro los nombres de los creyentes? Ese capítulo 13, verso 8 de Apocalipsis, y el capítulo 17, verso 8, nos habla de ese Libro que contiene nombres. Y en Hebreos, capítulo 12, verso 22 en adelante, también nos dice:

“…sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…”

Los primogénitos son los creyentes en Cristo que, de edad en edad, nacen en el Reino de Cristo para recibir a Cristo como Salvador al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, son bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego; y produce en esas personas el nuevo nacimiento, nacen en el Reino de Cristo; pero sus nombres ya están escritos en el Cielo.

Por eso en San Juan, capítulo 10, verso 1 al 30, Él dice que Él llamaría a Sus ovejas por su nombre, porque esas son las ovejas del Padre, Dios, y Él le tiene nombre a todas esas ovejas desde antes de venir a esta dimensión terrenal.

¿Están escritos dónde? En los Cielos.

“…a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Ahora, podemos ver el porqué hemos escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en nuestra alma y lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador, hemos sido bautizados en agua en Su Nombre, y Él nos ha dado Su Espíritu y ha producido el nuevo nacimiento: hemos nacido en el Reino de Cristo, y por consiguiente, en el Cuerpo Místico de Cristo hemos nacido; porque Cristo es la cabeza de Su Iglesia.

Su Iglesia es Su Esposa, a través de la cual Cristo se multiplica en hijos e hijas de Dios. Cristo, a través de Su Iglesia lleva a cabo esa Obra de traer hijos e hijas de Dios al y en el Reino de Dios; se reproduce Cristo en esa forma.

Así tenía que ser con Adán y Eva; y luego, a lo último, recibir el cuerpo físico eterno y glorificado para vivir eternamente; que es lo que falta a Cristo hacer, lo cual hará en la resurrección de los muertos creyentes en Él, los cuales los resucitará en cuerpos eternos; y a los que vivimos y permanezcamos vivos hasta ese momento, nos transformará.

Y eso será, en lo físico, nacer físicamente en el Reino de Dios por Cristo hablando la resurrección y nuestra transformación, con esa Gran Voz de Trompeta. Por lo tanto, será una labor grande, una Obra grande, llamada la redención del cuerpo o adopción de los hijos e hijas de Dios; lo cual es un misterio pero es una verdad del Reino de Dios. Y luego el rapto o arrebatamiento de la Iglesia, que es otro misterio del Reino de los Cielos.

El misterio del bautismo del Espíritu Santo, donde es producido el nuevo nacimiento. El misterio del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Ese es otro misterio: misterio número 14.

El misterio número 15: el misterio de la Columna de Fuego nuevamente en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, la misma Columna de Fuego que le apareció a Moisés y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” El mismo Ángel del Pacto, que es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, el cual le apareció a Moisés y el cual en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, dijo: “Abraham deseó ver mi día; lo vio, y se gozó.” Le dijeron los judíos: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Cristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era Él? Él era el Ángel del Pacto y sigue siendo el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, que aparecía en forma de luz, y en algunas ocasiones se dejaba ver en cuerpo angelical, cuerpo teofánico, en forma de un ángel o forma de un hombre, o un hombre de otra dimensión.

Ese mismo Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, en la Columna de Fuego, ha estado en Su Iglesia, pues Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré.”

Por eso le aparecía a San Pedro, a San Pablo también le apareció; a San Pedro lo libró de la cárcel, a San Pablo lo libró cuando iba en la embarcación y le apareció, y le dijo que la embarcación se iba a perder pero ninguno iba a morir. Y el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, visitaba a San Pablo, ya fuera que lo viera en forma de luz o en forma de un hombre.

Cuando le apareció en el capítulo 9 [Hechos], cuando iba camino a Damasco, y luego lo narra en el capítulo 22 y en el capítulo 26, una luz más fuerte que el sol le apareció, cayó del caballo; y desde la Luz escucha las palabras: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” Saulo sabía que Ése que estaba hablando era Dios, era el Ángel del Pacto, el cual le había aparecido a Moisés. San Pablo conocía muy bien las Escrituras, y le dice: “Señor.” Lo reconoció como el Señor, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. “Señor, señor, ¿quién eres?” Desde esa Luz el Señor le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.”

El Ángel del Pacto vendría en Nombre del Señor Jesucristo, Él lo enviaría en Su Nombre; por lo tanto, era Jesucristo en Su cuerpo angelical, en Espíritu apareciéndole a San Pablo.

Lo vio en diferentes ocasiones. Él fue el que le reveló a San Pablo todo el misterio de Cristo buscando un pueblo entre los gentiles para Su Nombre; por eso San Pablo es el apóstol de los gentiles, eso él lo dice.

Luego encontramos que ha estado en Su Iglesia, Cristo en Espíritu Santo, en esa Columna de Fuego, de edad en edad, revelándose al mensajero de cada edad y revelándole Su Palabra correspondiente a cada edad.

Y al reverendo William Branham le aparecía y le acompañaba el Ángel que Dios le envió y la Columna de Fuego, y de ahí salía el Ángel. O sea que el Ángel venía en y con la Columna de Fuego, y era el que le hablaba al reverendo William Branham, y lo guiaba. Y era el que hacía los milagros. Le mostraba al reverendo William Branham en visión el milagro que iba a hacer, y entonces a través del hermano Branham hablaba. Él ponía la palabra en la boca del reverendo William Branham y el reverendo William Branham hablaba ungido con el Espíritu Santo; y los milagros ocurrían.

Pero no era el reverendo William Branham de sí mismo sino que era el Ángel del Pacto, era el Ángel que lo acompañaba el que hacía los milagros. Como Moisés, él no hizo milagros, los hizo Dios, era el Ángel del Pacto hablando a través de Moisés; así han sido siempre los milagros divinos: obrando por medio de seres humanos.

Siempre Dios usa al ser humano para llevar a cabo Su Obra. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos los profetas.” Es por medio de los profetas que Él ha hablado.

En Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, nos dice que Él habló a Su pueblo por medio del Espíritu Santo a través de los profetas. Esa es la forma de Dios hablarle a Su pueblo; y así ha sido de edad en edad, a través del Espíritu Santo hablando a través de los diferentes mensajeros a Su Iglesia.

El misterio de la Trompeta sonando, la Trompeta del Evangelio. Porque: “Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?” Dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 14, verso 8.

Y en el capítulo 15, versos 49 al 58 nos dice: “A la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero; y luego nosotros los que vivimos seremos transformados.” Y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 al 18; y Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21.

Eso es en la Venida del Señor, que vendrá clamando, hablando, bajo la predicación del Evangelio; y eso es la Voz de Cristo para Su Iglesia, para este tiempo final.

Otro misterio es el misterio del Ángel de Jesús, de Apocalipsis, capítulo 1, versos 1 al 3; Apocalipsis 19, versos 9 al 10; Apocalipsis 22, verso 6; y Apocalipsis 22, verso 16, que dice:

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Hemos mencionado 17 misterios, y todavía hay más.

Todos esos misterios y de todos esos misterios el reverendo William Branham habló a la Iglesia del Señor Jesucristo, y los abrió hasta donde le tocó abrirlos, excepto el Séptimo Sello; porque el Séptimo Sello, dice que no sería abierto hasta la Venida del Señor.

Por lo tanto, los misterios de Dios, el misterio de Dios será consumado. Dice: “En los días de la voz del séptimo ángel, cuando él esté o cuando él haya sonado la Trompeta, o esté sonando la Trompeta, la Trompeta del Evangelio.”

Él fielmente abrió estos misterios. Y gracias a Dios que fueron abiertos por el Espíritu Santo a través del reverendo William Branham para que nosotros conozcamos estos misterios del Reino de los Cielos y su significado.

Y nosotros somos parte de esos misterios, somos parte del misterio del trigo en el campo, somos parte del misterio de la perla de gran precio, somos parte del misterio de la buena tierra, somos la buena tierra, somos parte de la perla preciosa, que es la Iglesia; somos parte del trigo sembrado en el campo, y así por el estilo; tenemos una parte en algunos de los misterios del Reino de los Cielos.

Y los judíos también tienen una parte, como el tesoro escondido que un hombre encontró y de gozo lo escondió, y fue y vendió todo lo que tenía, y compró el campo. Ese es Cristo que, con Su Sacrificio, compró el mundo entero.

El planeta Tierra completo fue comprado por Cristo en la Cruz del Calvario, y todos nosotros fuimos comprados por Cristo en la Cruz del Calvario; a precio de Su vida. Ese fue el precio que tuvo que pagar: Su vida, por mí ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también.

“LOS MISTERIOS DE DIOS.”

Hemos hablado así rápidamente de estos 17 misterios del Reino de los Cielos, y en otra ocasión hablaremos de otros misterios, y en alguna ocasión es posible que para cada uno de esos misterios se tenga un mensaje, una conferencia, para luego usarlos para los programas de televisión.

Siendo que estamos en alguno de esos misterios, y por consiguiente seríamos llamados los que vivimos en este tiempo para formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo recibiendo a Cristo como Salvador, si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted; para lo cual, puede pasar al frente y oraremos por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así nazca en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Para lo cual pueden pasar al frente los que todavía no han recibido a Cristo, para recibirlo. Y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador. Y los niños de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente aquí y en los diferentes países, los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, en diferentes naciones.

Cristo tiene mucho pueblo en Puerto Rico, en toda la América Latina y el Caribe, en Norteamérica y en otras naciones, y los está llamando en este tiempo final para completar Su Iglesia y así completar Su Obra de Intercesión en el Templo celestial en el Lugar Santísimo allá en el Trono del Padre.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti juntamente con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino, los perdones, y con Tu Sangre les limpies de todo pecado, y les bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en ellos el nuevo nacimiento. En el Nombre del Señor Jesucristo Te lo ruego, ¡oh, Padre celestial!

Y ahora, repitan conmigo esta oración los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Sálvame, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados, y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado porque ustedes le han recibido como único y suficiente Salvador.

Me preguntarán ustedes que han recibido a Cristo en estos momentos, de diferentes países: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual dijo [San Marcos 16:15-16]:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Tan simple como eso: o cree y será salvo, o no cree y será condenado. Todos queremos la salvación y vida eterna; por lo tanto, bien pueden ser bautizados en el Nombre del Señor.

Es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual ha estado siendo cumplido desde el Día de Pentecostés hacia acá, y todavía es cumplido por todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente, está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor; por eso es que nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección al ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca el nuevo nacimiento en ustedes que están recibiendo a Cristo hoy y han dado vuestro corazón a Cristo nuestro Señor; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando todos una tarde feliz, y hasta el próximo domingo, Dios mediante, en la forma en que esté con ustedes: o en vivo o a través del satélite.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Con nosotros el reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país el ministro correspondiente.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LOS MISTERIOS DE DIOS.”

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