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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet. Es para mí una bendición muy grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Leemos una Escritura en Primera de Corintios, capítulo 3, verso 5 al 14, y nos dice el apóstol San Pablo por Palabra de Dios:

“¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor.

Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.

Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.

Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,

la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.

Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.”

Tomamos el verso 9 para nuestro tema, que dice: “Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.”

“NOSOTROS SOMOS COLABORADORES DE DIOS Y VOSOTROS SOIS LABRANZA DE DIOS,” dice San Pablo por Palabra de Cristo.

El apóstol Pablo, conocedor del Programa Divino, del Programa correspondiente al Nuevo Pacto, como perito arquitecto puso el fundamento, el cual es Jesucristo. La Iglesia del Señor Jesucristo está bien fundada sobre la revelación del Señor Jesucristo. Por eso San Pablo en Efesios, capítulo 2, verso 14 en adelante, dice:

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. 

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios…”

Terrenalmente pertenecemos a la familia de nuestros padres terrenales, pero como creyentes en Cristo nuestra ciudadanía celestial por medio de Cristo que ha producido el nuevo nacimiento; y por cuanto el nuevo nacimiento no es terrenal sino celestial, nos dice en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21: “Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador; el cual transformará el cuerpo nuestro,” transformará el cuerpo mortal, corruptible y temporal, al cual se refiere San Pablo aquí en este pasaje. Para eso será la Venida del Señor en este tiempo final: para transformar nuestros cuerpos terrenales. Dice Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Para eso es la Venida del Señor para este tiempo final: para transformar nuestros cuerpos físicos, mortales, corruptibles, para darnos un cuerpo igual al cuerpo Suyo, a Su cuerpo glorificado, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad. Esa es la promesa de parte de Dios a través de Cristo nuestro Salvador.

Y ahora, somos colaboradores, nos dice San Pablo. Ahora continuamos leyendo en Efesios, donde nos habíamos detenido en el capítulo 2:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios…”

Por eso es que podemos, orando, decir: “Padre nuestro, que estás en los Cielos.” Por cuanto somos hijos e hijas de Dios, por eso podemos llamar a Dios: Padre nuestro o nuestro Padre, porque pertenecemos a la familia de Dios, la descendencia de Dios por medio de Cristo el segundo Adán.

“…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo (la principal piedra del ángulo, el fundamento, es Cristo)

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio…”

Recuerden que la Iglesia, siendo un Templo espiritual, es comparada también a un edificio, como el templo que construyó el rey Salomón en Jerusalén y como el tabernáculo que construyó Moisés en el desierto; porque es la Iglesia el lugar donde mora, el cual es Su Cuerpo Místico de creyentes, o Su Novia o Esposa.

Cristo puso a San Pablo. San Pablo decía que Cristo es la cabeza de Su Iglesia. Así como el hombre es la cabeza de su esposa, Cristo es la cabeza de Su Iglesia.

Siendo Cristo el segundo Adán, Su Iglesia es la segunda Eva para traer hijos e hijas de Dios nacidos del Cielo, nacidos por medio del Espíritu de Cristo, que entra a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, y son bautizados en agua en Su Nombre. Para esos, la promesa del Espíritu Santo se convierte en una realidad, en una experiencia real.

“…en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor…”

La Iglesia del Señor Jesucristo, ese Edificio o Templo espiritual, es Su Cuerpo Místico de creyentes; y así como Cristo es la principal piedra, la Piedra del Ángulo o Piedra Angular, todos los creyentes en Cristo también son piedras vivas; porque todo lo que Cristo es, lo son también todos los creyentes en Él que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. De eso nos habló San Pedro en Primera de Pedro, capítulo 2, verso 4 en adelante; y dice:

“Acercándoos a él, piedra viva (¿Ve? Cristo es esa piedra viviente, o sea, está representado Cristo en una piedra, la Piedra del Ángulo. Y ahora veamos), desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,

vosotros también, como piedras vivas…”

Y ahora, a todos los creyentes en Cristo, San Pablo les dice:

“…vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual…”

Cada uno como individuo es un templo de Dios y para Dios, y forma también parte de la Iglesia del Señor Jesucristo que como Cuerpo Místico de creyentes también es un Templo espiritual; por lo tanto tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo, como también el ser humano tiene atrio, lugar santo y lugar santísimo, que son estas tres partes con las cuales está constituido el ser humano.

Cuerpo, que es lo que vemos; espíritu, que es otro cuerpo pero espiritual de otra dimensión; y alma, que es lo más importante que la persona tiene, porque eso es lo que en realidad es la persona.

El atrio o el cuerpo es el atrio de la persona como cuerpo o como templo espiritual; el espíritu de la persona es el lugar santo; y el alma de la persona es el lugar santísimo, es la parte más importante en el individuo.

Por eso cuando Cristo viene a la persona en Espíritu Santo, entra al alma de la persona, que es el lugar santísimo de la persona como templo espiritual.

”… vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo…”

Porque todos los creyentes en Cristo son sacerdotes de Dios y de Cristo, pertenecen al Orden Sacerdotal celestial de Melquisedec, del cual Jesucristo es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec. A ese cuerpo ministerial de sacerdotes pertenecen todos los creyentes en Cristo, que son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo.

“…para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

O sea que todo sacrificio espiritual, ofrenda espiritual, de cánticos, oraciones y alabanzas, lo hacemos en el Nombre del Señor Jesucristo. “Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre de Jesucristo.” Eso nos enseña San Pablo.

“Por lo cual también contiene la Escritura:

He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

Y el que creyere en él, no será avergonzado.

Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

y:

Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.”

Y ahora, perteneciendo al Cuerpo Místico de Cristo, ese Templo espiritual y ese Orden Sacerdotal celestial, le damos gracias a Dios por Cristo nuestro Salvador, porque nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la Tierra.

Libro del Apocalipsis, capítulo 1, versos 5 en adelante, dice:

“…Y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Aquí nos muestra que nos ha lavado con Su Sangre preciosa y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.

Y en el capítulo 5 del Apocalipsis, también nos dice, verso 9 en adelante, 9 al 10, dice:

“…Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

Todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, son reyes y sacerdotes, porque Cristo nos ha hecho reyes y sacerdotes.

En el capítulo 20, versos 4 al 6, dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”

Ese era el Reino Milenial, donde todos los creyentes en Cristo con cuerpos glorificados y eternos estarán reinando con Cristo en ese glorioso Reino Milenial.

También en Apocalipsis, capítulo 19, versos 7 al 10, nos dice:

“Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.”

Y ahora aquí nos muestra que la Iglesia del Señor Jesucristo, los creyentes en Cristo, son la Esposa del Cordero.

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.”

Hemos visto que la Iglesia del Señor Jesucristo es la Esposa del Cordero; y por consiguiente, todos estos hijos de Dios que nacerían: nacerían en el Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Esposa; y por medio de Su Iglesia, que es Su Esposa y también es Su Novia, Cristo se reproduciría en hijos e hijas de Dios.

Apocalipsis 22, versos 16 al 17, nos dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.”

Miren, Cristo es la raíz y el linaje de David, la Estrella resplandeciente de la Mañana; o sea, Él es el Espíritu Santo, la Columna de Fuego.

Por eso cuando le apareció a Saulo de Tarso en el camino a Damasco, en el capítulo 9, capítulo 22 y capítulo 26 del libro de los Hechos, le dice: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”

Y Saulo le dice (a esa Luz que le hablaba): “Señor”; porque era la misma Luz, la misma Columna de Fuego que le había aparecido a Moisés allá en el Sinaí cuando él pastoreaba las ovejas de su suegro Jetro, y esa Luz le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” (Capítulo 3 del Éxodo, versos 1 en adelante).

Saulo sabía que esa Luz que le hablaba, la cual era más fuerte que el sol, era Dios; y le dice: “Señor (lo reconoce como el Señor), ¿quién eres?” Porque San Pablo o Saulo de Tarso, conforme a lo que pensaba, estaba persiguiendo a los enemigos de Dios, a los enemigos de la religión mosaica, a la religión o fe de Moisés.

Y esa Luz le dice: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues.”

Cristo había dicho: “Salí de Dios y vuelvo a Dios. Salí del Padre y vuelvo al Padre.” Y ahora, Cristo en el Ángel del Pacto está en y como la Columna de Fuego, en medio de Su Iglesia, de etapa en etapa, de edad en edad.

Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20. Y también dijo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré.”

¿Cómo estaría? En Espíritu Santo. Esa Columna de Fuego estaría en medio de Su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo.

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven.”

El Espíritu, o sea, Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, y la Esposa, que es Su Iglesia, dicen: “Ven.”

O sea que la Iglesia lo que habla es lo que Cristo le habla a ella, y ella lo repite; porque la Iglesia del Señor Jesucristo es Su Cuerpo Místico de creyentes, Su Esposa, Su ayuda idónea; como lo era Eva de Adán.

Dios le dio una ayuda idónea a Adán, la cual conocemos por el nombre de Eva; y luego de pecar han estado trayendo hijos -  trajeron hijos, pero en la permisiva voluntad de Dios: hijos que no tenían vida eterna sino vida temporal, porque Adán perdió el derecho a continuar viviendo físicamente y Eva también, y toda la descendencia de Adán y Eva también.

Pero ahora, con el segundo Adán, que es Cristo, y la segunda Eva, que es Su Iglesia, Cristo ha estado reproduciéndose en hijos e hijas de Dios dándoles vida eterna. Así como nuestros padres nos han dado vida temporal para vivir en esta Tierra, Cristo por medio de Su Iglesia nos ha dado vida eterna. Es vida eterna la que reciben todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Él dijo en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Esas son las personas que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, de donde ningún nombre que está allí colocado puede ser borrado.

Por eso es que Cristo murió en la Cruz del Calvario: para darnos vida eterna. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” San Juan, capítulo 3, verso 16.

Y continuando con San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante, donde leímos: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.” Las ovejas son las personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, que es la Voz de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, y lo reciben como único y suficiente Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en ellos el nuevo nacimiento.

Y ahí, al nacer de nuevo, es que nacen a una nueva vida, a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno; y entran a esa primera etapa en la cual se entra al Reino en la etapa espiritual, en donde se obtiene el Espíritu de Cristo, y por consiguiente un cuerpo angelical; por eso cada creyente en Cristo tiene su ángel.

En el libro de los Hechos nos dice que en una ocasión San Pedro fue metido en la cárcel y al otro día lo iban a matar; pero el Ángel del Señor le apareció y lo libertó, lo sacó de la cárcel; y Pedro luego fue, era de noche, fue a la casa donde estaban orando por él, que era la casa de Marcos, tocó la puerta, y una joven llamada Rode fue a abrir la puerta; y cuando se acercó a la puerta y escuchó que era Pedro, de gozo no abrió la puerta y se regresó a donde estaban las personas de la casa, y les dice: “Es Pedro el que está tocando la puerta.” Le dicen a ella: “Rode, estás loca, es su ángel.”

Es que los creyentes en Cristo de aquel tiempo, tenían conocimiento que cada creyente en Cristo tiene su ángel, que es su cuerpo angelical, en el cual vive cuando termina sus días aquí en la Tierra, pero ese ángel lo tiene la persona. Es un cuerpo espiritual parecido a nuestro cuerpo pero de la sexta dimensión, de la dimensión de los ángeles, de la dimensión de los cuerpos teofánicos.

Por lo tanto, los creyentes en Cristo que mueren físicamente, continúan viviendo en ese cuerpo espiritual, ese cuerpo angelical, en la sexta dimensión. Y cuando Cristo termine Su Obra de Intercesión en el Cielo, pasará, o sea, de la séptima dimensión donde está Cristo como Sumo Sacerdote haciendo Intercesión en el Trono del Padre, de ahí saldrá con el Título de Propiedad (que lo tomará en el Cielo), saldrá, pasará por el Paraíso, la sexta dimensión, y traerá con Él… va a llevar a cabo allí un juicio: juzgará a todos los mensajeros de las siete edades, y luego vendrá con ellos a la Tierra, les dará cuerpos físicos.

Eso será la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos eternos inmortales, glorificados, y eso será a la Final Trompeta, o sea, al Final Mensaje de Dios; y aparecerán a los creyentes que estarán vivos en ese tiempo, y cuando los veamos seremos transformados; y entonces todos tendremos cuerpos eternos, inmortales, glorificados. Estaremos en la Tierra unos 30 a 40 días ya con cuerpos glorificados.

No sabemos si todos van a ser transformados en el mismo minuto; pero si todos obtendremos la transformación en el mismo minuto, pues todos estaremos con cuerpos glorificados en la Tierra por un tiempo de 30 a 40 días, como Cristo luego de resucitado estuvo unos 40 días sobre la Tierra apareciéndole a Sus discípulos. O sea, que eso es bíblico.

Y como Dios obró en Cristo y a través de Cristo, Cristo obra en Su Iglesia y a través de Su Iglesia.

Así como lo que estaba prometido para aquel tiempo Dios lo cumplió por medio de Jesucristo obrando por medio de Él, todo lo que está prometido bajo el Nuevo Pacto, Cristo lo obra a través de Su Iglesia, o sea, a través de los miembros de Su Iglesia.

Y por cuanto la Iglesia es la que está bajo el Nuevo Pacto, Dios está tratando con Su Iglesia bajo el Nuevo Pacto. Su Iglesia, la cual está cubierta con la Sangre de Cristo nuestro Salvador, que es la Sangre del Nuevo Pacto.

Bien lo dijo Cristo en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 28, cuando dijo, al partir el pan en la última cena, dio a Sus discípulos y dijo: “Comed, este es mi cuerpo.” Y tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, dijo: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Por lo tanto, los creyentes en Cristo están bajo la Sangre del Nuevo Pacto cubiertos. Es con Su Sangre que Él nos ha limpiado de todo pecado; y nos limpiará de todo pecado, falta o error que cometamos y confesemos a Cristo.

Aunque no deseamos cometer faltas, errores y pecados, pero si alguno falla delante de Dios: lo confiesa a Cristo, Cristo lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado; y sigue adelante en la vida cristiana, continúa siguiendo a Cristo; o sea que ningún problema es motivo para dejar a Cristo.

Tenemos que seguir adelante hasta que seamos transformados; y entonces se habrán terminado todos los problemas para nosotros; pero mientras tanto, surgen dificultades, problemas.

El mismo Cristo no nos dijo que sería un camino de rosas, sino que nos dijo: “Si alguno quiere seguir en pos de mí, tome su cruz y sígame.”

Por lo tanto, tenemos que comprender esas palabras y siempre seguir adelante hasta que seamos transformados; y cuando estemos transformados, se habrán terminado todos los problemas; y de ahí en adelante también continuaremos con Cristo.

Y ahora, nosotros somos colaboradores de Dios; porque la Iglesia del Señor Jesucristo es la ayuda idónea que Dios le ha dado a Cristo, el segundo Adán, para que sea una ayuda para Cristo en toda la labor que Él tiene que llevar a cabo en esta Tierra a través de Su Iglesia por medio de Su Espíritu que mora en Su Iglesia.

Nosotros somos entonces, colaboradores de Cristo, al ser la ayuda idónea que Dios le ha dado a Cristo el Hijo de Dios.

Por eso la predicación del Evangelio fue encargada a la Iglesia del Señor Jesucristo, Su ayuda idónea, a través de la cual Cristo estaría hablándole a la humanidad y estaría usando diferentes ministros; porque Él ha colocado en Su Iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, conforme a Efesios, capítulo  4, verso 11. Esos son colaboradores de Dios, instrumentos de Dios, mensajeros de Dios, colocados en la Iglesia del Señor Jesucristo, a través de los cuales Cristo en Espíritu Santo se manifestaría; y todo esto para edificación de la Iglesia del Señor Jesucristo como Cuerpo Místico de creyentes, y para cada persona como individuo.

NOSOTROS SOMOS COLABORADORES DE DIOS, dice San Pablo, y vosotros labranza de Dios, templo de Dios. Ese Templo está siendo construido; y cuando termine la construcción de ese Templo espiritual, que es con piedras vivas, creyentes en Cristo, entonces vendrá la dedicación; como cuando Moisés dedicó el tabernáculo, que entró la gloria de Dios; y como cuando Salomón dedicó a Dios el templo, y entró la presencia de Dios al templo, y moró en el lugar santísimo.

Así también será la Venida del Señor a Su Templo espiritual, porque “vendrá a Su Templo el Señor.” Vendrá en este tiempo final al Lugar Santísimo, que es la edad que corresponde a este tiempo, la Edad de Oro, la Edad de la Piedra Angular, pues en otras etapas de la Iglesia no se cumplió la Venida del Señor, porque es para este tiempo final; y entonces todos los creyentes serán glorificados, la presencia de Cristo estará en toda Su plenitud en cada creyente en Cristo; y habrá una bendición muy grande para todos los creyentes en Cristo, habrá una bendición muy grande en la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo. Y luego nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; lo cual está muy cerca.

Ya sabemos que no era para la primera edad de San Pablo, pues no se cumplió en ese tiempo; no era para la segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima, porque no se cumplió en esas edades pasadas. Entonces ¿para qué etapa de la Iglesia será? Para esta etapa en la cual nosotros estamos viviendo.

Por lo tanto, estad firmes en el Señor, trabajando siempre en la Obra del Señor; porque vuestro trabajo en el Señor no es en vano. Primera de Corintios, capítulo 15, verso 58: “Porque vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

Recuerden las parábolas de las minas y la parábola también de los talentos. Cristo les dio talentos o minas y los mandó a trabajar en Su Obra, y luego en Su Venida les pedirá cuenta. Y luego, lo que ganaron, vean, no les fue quitado, les fue dejado y les fue dada herencia en el Reino del Mesías.

En palabras más claras, que todo lo que trabajamos en la Obra de Cristo será en beneficio nuestro cuando Él reparta las recompensas.

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” Apocalipsis, capítulo 22, verso 12.

Por lo tanto, la Palabra de Cristo que nos dice: “Haced tesoros en los cielos,” suenan claras cuando vemos estas otras parábolas en donde, al trabajar en la Obra de Cristo, estaremos haciendo tesoros en los Cielos, y por consiguiente, Cristo dará el galardón a cada uno según sea su obra. Ahí es donde queremos tener tesoros.

En esta Tierra los tesoros económicos se devalúan; algunas veces pierden tanto valor que, años que ha trabajado la persona y después se pierde el beneficio que había obtenido en esos años de labor.

Por lo tanto, siempre adelante trabajando en la Obra del Señor en este tiempo final, porque somos colaboradores de Dios.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; y lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Los niños también, de diez años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo; los que están aquí presentes y los que están también en otras naciones.

Lo más importante para el ser humano es la vida eterna, y donde único podemos encontrar la vida eterna es en Jesucristo. “Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en Jesucristo, en Su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene al Padre, tiene la Vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida eterna.” [Primera de Juan 5:10-12]

La exclusividad de la vida eterna la tiene Cristo para otorgarla a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Todos queremos vivir eternamente. Si vivir en esta Tierra, en estos cuerpos mortales, es tan bueno, y luchamos por  estar en buena salud siempre, para disfrutar esta vida terrenal, cuánto más en el cuerpo eterno y glorificado; en ese es que queremos vivir por toda la eternidad, un cuerpo perfecto igual al cuerpo perfecto que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

En ese cuerpo no vamos a encontrar imperfecciones; por lo tanto, estamos tranquilos y conformes con el cuerpo que tenemos en la actualidad. Recuerden: fue lo mejor que nuestros padres pudieron darnos, lo cual le agradecemos porque tenemos la oportunidad de hacer contacto con Cristo, la vida eterna, para obtener la vida eterna y obtener el cuerpo eterno que Él dará a todos los creyentes en Él.

Por lo tanto, la predicación del Evangelio de Cristo y recibir a Cristo como Salvador es un asunto de vida eterna; por eso Cristo dice en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Y nadie quiere ser condenado. Todos queremos ser salvos. Todos queremos ser salvos, todos queremos vivir eternamente en el Reino de Dios, que es el Reino de Cristo; por lo tanto, todos queremos vivir con el Rey de ese Reino que es Cristo, por lo cual tenemos que recibirlo como nuestro Salvador para que Él nos reciba en Su Reino.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Padre nuestro, que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que te están recibiendo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz realidad la salvación en mi vida, la salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí y para todos los que tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Te lo ruego en el Nombre glorioso y Eterno Tuyo, ¡oh, Señor Jesucristo! Amén y amén.

Y ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ Y la pregunta es: ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Ese es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Aun el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista. Y si Cristo fue bautizado ¡cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados! El mismo Cristo fue el que dio la orden de que todos seamos bautizados en agua en Su Nombre.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados y así identificarse con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes aquí al ministro Jorge Hernández para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“NOSOTROS SOMOS COLABORADORES DE DIOS.”

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