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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos ministros, compañeros en el Cuerpo Místico de Cristo, colaboradores y demás personas presentes, y también los que están a través del satélite Amazonas o internet en diferentes naciones, hoy ya primer sábado del mes; pues los sábados comienzan en la tarde del viernes, desde la caída del sol en adelante; por eso los judíos comienzan el sábado a la caída del sol del viernes, porque los días comienzan en la tarde.

Para esta ocasión leemos en el capítulo 9 del libro de los Hechos, versos 1 en adelante, donde dice, nos dice la conversión de San Pablo, Saulo de Tarso, el cual perseguía a los cristianos. Dice capítulo 9, verso 1 en adelante:

“Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,

y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.

Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;

y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.

Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie.

Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco,

donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.

Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor.

Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,

y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.

Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén;

y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.

El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;

porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.

Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.

Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.

Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.

En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.

Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes?”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Tomamos el verso 6, donde Saulo le dice al Señor: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”

“SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE YO HAGA?”

Esa pregunta de San Pablo o Saulo de Tarso a Jesucristo, es la misma que desde lo profundo de nuestro corazón le hacemos al Señor cada día: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”

Saulo de Tarso en el capítulo 26 del libro de los Hechos, verso 19, dice:

“Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial.”

No ser rebelde a la visión celestial era lo que Dios quería, lo que Cristo quería que Saulo de Tarso hiciera. En la visión celestial le fue dicho que se levantara y que entrara a la ciudad, y allí se le diría qué hacer; por lo tanto, tenía que comenzar a hacer lo que el Señor le dijera, ya fuera directamente (como lo estaba haciendo), o a través de Ananías, profeta del Señor en medio de la Iglesia.

Y él obedeció; había quedado ciego, obedeció: fue a la ciudad de Damasco; y en la calle Derecha, allí llegó, porque esa fue la orden que recibió del Señor; y así comenzó haciendo lo que Jesucristo quería que él hiciera, lo cual le era revelado a San Pablo.

Cristo había dicho: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

[San Marcos 16:15-16]

Él fue bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, conforme a como Cristo ordenó; o sea, que comenzó haciendo la voluntad de Jesucristo. Su experiencia fue tan grande, Su visión celestial fue tan grande, que luego él dice: “No fui rebelde a la visión celestial.”

Saulo vino a ser predicador del Evangelio de Cristo. Poquitos días después de haber recibido a Cristo como Salvador y ser bautizado en agua en Su Nombre, y estar con los discípulos del Señor unos días, comenzó a predicar el Evangelio del Señor Jesucristo. Y así tuvo una vida al servicio de Cristo haciendo lo que el Señor le mostraba que hiciera.

Tenemos el libro de Hebreos, que nos muestra el paralelo del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, y de cómo el Antiguo Testamento y las cosas del Antiguo Testamento eran tipo y figura del Nuevo Testamento y las cosas del Nuevo Testamento.

Fue el Maestro para los gentiles, instrumento escogido de Dios para ese propósito; y a él, Dios colocó junto a él personas, ministros (muchos de ellos convertidos bajo el ministerio suyo), que estuvieron brazo a brazo con San Pablo haciendo la voluntad del Señor, haciendo lo que San Pablo preguntó: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” Él estuvo haciendo siempre lo que el Señor quería que él hiciera.

En una ocasión quiso ir para Bitinia y el Espíritu Santo se lo impidió, le dijo que no fuera, que se fuera a otro lugar; porque allá, en ese otro lugar, era donde estaban las ovejas que iban a escuchar Su Voz.

Encontramos también, cuando él estuvo siendo llevado preso para Roma, que hubo una tormenta, una tempestad, y la embarcación iba a ser destruida; pero el Ángel del Señor le apareció y le habló, le dijo todo lo que iba a pasar, le dijo que no tuviera miedo, que tuvieran ánimo; y se lo hizo saber al soldado principal para que le diera - darle ánimo a él y a los demás soldados y a los demás de la tripulación.

Vean, siempre San Pablo fue guiado por Cristo en Espíritu Santo y le apareció en diferentes ocasiones y le hablaba y lo guiaba, y lo protegía; y no podía morir hasta que llegara el momento señalado para terminar sus días en la Tierra.

La vida de San Pablo es un ejemplo para todos los ministros. Todos los predicadores y los ministros que con San Pablo trabajaban en la Obra de Dios, son ejemplo para los ministros de cada edad junto al mensajero de cada edad que pregunta al Señor: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”, y hace lo que el Señor le muestra, le revela; y junto a él los demás ministros que Dios ha colocado para trabajar con él en el plan, en el Programa Divino para esa etapa de la Iglesia también, los cuales deseaban saber lo que Cristo quería que ellos hicieran al estar unidos al mensajero. Trabajando en todo lo que el mensajero les mostraba, estaban haciendo lo que el Señor Jesucristo quería que ellos hicieran.

El Mensaje llegaba al mensajero por revelación divina; él lo hablaba, pasaba a los ministros, y de los ministros al pueblo; y así se extendía el Mensaje correspondiente a cada tiempo, a cada edad, y así eran llamadas y juntadas las ovejas de cada etapa de la Iglesia.

Tenemos en los mensajes del reverendo William Branham estas cosas dichas… Vamos a ver cómo él las dice, porque tenemos que ver así como vimos lo de San Pablo, preguntándole al Señor: “¿Qué quieres que yo haga?”, y luego él haciendo lo que Cristo quería que él hiciera; y uniendo Cristo a él otros colaboradores, hicieron en su edad lo que Cristo quería que San Pablo y sus colaboradores hicieran.

Nos dice, página 168 y 169 del libro de “Las Edades de la Iglesia,” esto es en la Edad de Esmirna:

“...El que tiene oído, oiga lo que El Espíritu dice a las Iglesias.’ Note aquí que Jesús (por el Espíritu) en cada edad se dirige solamente a UNA persona, en relación a la Palabra para esa edad.”

O sea, que la Palabra para una edad, viene solamente a una persona.

“...(por el Espíritu) en cada edad se dirige solamente a UNA persona (o sea, Cristo se dirige a una sola persona) en relación a la Palabra para esa edad (o sea, en relación al Mensaje de la Palabra para esa edad; o sea, que directamente de Dios, de Cristo, viene a UNA sola persona). Sólo UN mensajero en cada edad recibe lo que el Espíritu tiene que decir a esa edad y aquel mensajero es el mensajero a la Iglesia Verdadera. Él habla por Dios, por revelación a las ‘iglesias’: Tanto a la Verdadera y a la falsa.”

O sea, que el Mensaje de Dios es para las prudentes y las insensatas, es para todos, para el trigo y para la cizaña, es para todos los seres humanos; pero sobre todo, para el cristianismo.

“Así que el Mensaje es transmitido a todos; pero aunque es transmitido para todos los que están al alcance del Mensaje, tal Mensaje es recibido individualmente sólo por un cierto grupo calificado y de una cierta manera. Cada individuo en aquel grupo es uno quien tiene la habilidad para oír lo que el Espíritu está diciendo por medio del mensajero. Aquellos que lo están oyendo, no están recibiendo su propia revelación... ”

O sea, que no es un revelación que ellos han recibido personalmente de Cristo, o que buscaron, estudiaron y lo descubrieron; es la revelación de Cristo por medio del Espíritu dada al mensajero y él transmitiéndola al pueblo.

“...ni tampoco están (el grupo) recibiendo su revelación colectiva, pero cada persona está oyendo y recibiendo lo que el mensajero ya ha recibido de Dios.”

Cualquier persona en cualquier etapa de la Iglesia, que se levantara y dijera: “Yo me fui a orar y recibí esta revelación primero que San Pablo” o que diga: “Yo también recibo directamente de Dios revelación”, estaba fuera de la forma de Dios; porque la forma de Dios es que Dios se revele al mensajero, y luego —por medio de ese mensajero— el Espíritu Santo le habla esa revelación que le dio al mensajero, el mensajero la habla ungido por el Espíritu Santo, al pueblo; esa es la forma de Dios. Por lo tanto, el secreto es saber quién es el mensajero para el tiempo en que la persona vive.

Y si escucha a otra persona, que sea a uno que ha sido fielmente instruido en la revelación y por el mensajero que recibió esa revelación; no uno que esté contradiciendo o tratando de adelantarse o criticando; sino que los colaboradores de San Pablo eran fieles a Dios, a Cristo, a San Pablo y al Mensaje del Evangelio que Dios le dio a San Pablo para los gentiles.

Pero, como en todos los tiempos, hubo muchos enemigos que se levantaron en contra de San Pablo.

“...pero cada persona está oyendo y recibiendo lo que el mensajero ya ha recibido de Dios.”

Y eso es lo que siempre debe desear el pueblo en su edad: recibir lo que el mensajero ya ha recibido de Dios.

“Ahora no piense usted que esto siendo el caso, sea muy extraño, porque Pablo estableció esta norma bajo la mano de Dios. Sólo Pablo tenía la revelación completa para su día como fue comprobado al confrontarse con los otros apóstoles, quienes aceptaron que Pablo era el Mensajero-Profeta a los gentiles para ese día. También note por la indicación de la Palabra que cuando Pablo quiso ir a Asia, Dios lo detuvo, porque las ovejas (Sus hijos) estaban en Macedonia y ellos (la gente de Macedonia) oirían lo que el Espíritu tenía que decir por Pablo, mientras que la gente de Asia no oiría.

En cada edad tenemos exactamente la misma norma. Por eso es que la luz viene a través de algún mensajero levantado por Dios en un cierto lugar, y después de aquel mensajero, la luz se difunde por medio del ministerio de otros que han sido fielmente instruidos. Pero, desde luego, todos aquellos que salen no siempre comprenden cuán necesario es decir SOLAMENTE lo que el mensajero ha dicho. Recuerde: Pablo advirtió a la gente que dijeran solamente lo que él dijo:

‘Qué, ¿ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿ó a vosotros solos ha llegado?

Si alguno a su parecer, es profeta, o espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor.’ (Primera de Corintios 14:36-37).

Le agregan aquí o le quitan allá, y dentro de poco tiempo el Mensaje ya no es puro y el avivamiento se muere. Cuánto cuidado debemos tener al oír UNA Voz, porque el Espíritu solamente tiene una Voz, la cual es la Voz de Dios. Pablo les advirtió que dijeran lo que él dijo, como también lo hizo Pedro. Él les advirtió que ni aun él (Pablo) podía cambiar una sola palabra de lo que había dado por revelación. Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros…!”

Esa es la forma de oír la Voz de Dios para cada edad. La Voz de Dios en cada edad se escucha por medio del mensajero que Dios ha enviado con Su Palabra revelada para ese tiempo.

“Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros, y luego decir lo que les ha sido dado a ellos para decir a las iglesias!”

En la página 227 nos dice, a mitad de la página dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (¿Y cómo habla el Espíritu Santo a las iglesias? Por medio del mensajero de cada edad) Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.’ (Apocalipsis 2:17).

El Mensaje a cada edad individual, tiene un incentivo para el creyente, animándole a ser un vencedor y así ser recompensado por el Señor. En esta edad, el Espíritu está prometiendo el maná escondido y un nombre escrito en una piedrecita blanca.

Ahora, siendo que cada uno de estos mensajes es dirigido al ángel (mensajero humano), su porción es una grande responsabilidad como también un privilegio maravilloso. A estos hombres Dios hace promesas especiales, como en el caso de los doce apóstoles estando sentados en doce tronos juzgando las doce tribus de Israel. Luego, acuérdese de Pablo, a quien le fue dado una promesa especial: la promesa de presentar a Jesús a la gente de la Novia de su día.”

Vean, estos mensajeros tienen promesas especiales como las tuvieron los apóstoles del Señor, a los cuales les dijo que se sentarían sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Por lo tanto, para juzgar a los gentiles, los mensajeros de cada edad tienen una posición muy especial ya que los creyentes en Cristo son lavados con la Sangre de Cristo y han sido hechos reyes, por eso reinarán con Cristo; han sido también hechos sacerdotes, por eso ofrecen a Dios sacrificios espirituales; y también son jueces. Y los santos, dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 6… Vamos a confirmar si es el capítulo 6... Capítulo 6, verso 2:

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?

¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?”

No solamente al mundo sino aun a los ángeles juzgarán Cristo y Su Iglesia. Por lo tanto, así como los apóstoles juzgarán a las doce tribus de Israel, también los mensajeros de Cristo de las diferentes etapas de Su Iglesia juzgarán al mundo y aun a los ángeles que se rebelaron en contra de Dios.

Tenemos un cuadro claro de cómo viene la Palabra; tenemos un cuadro claro de que para cada tiempo hay un mensajero al cual viene Cristo y se revela, coloca en su corazón, en su mente y en su boca esa Palabra, para que la hable; y la habla al pueblo ungido con el Espíritu Santo; y eso es Cristo hablándole al pueblo.

Y los que son instruidos por ese mensajero con esa Palabra, y vienen a ser ministros, enseñan lo mismo al pueblo. El Espíritu y la Esposa dicen lo mismo, conforme a Apocalipsis, capítulo 22, verso 17.

Y ahora, hemos visto cómo fue en todos esos tiempos, cómo fue también en los días de Jesús, que Él vino para hacer la voluntad del Padre; y no hablaba nada sino - de Sí mismo no hablaba nada sino lo que oía, lo que escuchaba hablar al Padre; las palabras que Él hablaba no las hablaba de Sí mismo, eran las palabras del Padre reveladas para que Él las hablara al pueblo.

Y la pregunta es: ¿Qué de hoy? Hoy ya se fueron los siete mensajeros de las siete edades y han transcurrido ya siete etapas de la Iglesia, y el último mensajero de esas siete etapas fue el reverendo William Branham, el cual tenía experiencias maravillosas como las tenía San Pablo y San Pedro; y escuchaba la Voz de Dios, el cual le hablaba, lo guiaba, y él hacía la voluntad de Dios, lo que Dios quería que él hiciera; a tal grado que en una ocasión le mostró una Gran Carpa-Catedral, y él quería hacerla; le mostró en esa Carpa todo lo que Cristo va a llevar a cabo en el cumplimiento de esa Visión celestial.

Él trató de materializar, porque tiene que ser el mensajero en el tiempo que se vaya a cumplir, con el pueblo que estará unido a él y los ministros que estarán unidos a él. Él tenía muchos ministros que lo amaban y trabajaban en la Obra del Señor, conforme a como Dios estaba dirigiendo en ese tiempo.

Y por cuánto lo más grande, la manifestación más grande en medio del cristianismo, va a ser llevada a cabo en el cumplimiento de esa Visión celestial, él no era rebelde a la Visión celestial; porque eso quería materializar, que se materializara esa Visión.

Siempre Dios usa personas para materializar lo que Él ha prometido, porque Dios no obra si no es a través del ser humano; así como Dios no obra si no es a través de Cristo y Cristo no obra si no es a través de Su Iglesia. Por lo tanto, en medio de Su Iglesia se materializará esa Visión celestial.

Ya han transcurrido las siete edades y ahora estamos en un tiempo paralelo a los días de Jesús. Aquel tiempo fue la Edad de Piedra Angular, porque allí estaba Cristo, la Piedra Angular, la Piedra del Ángulo, para cumplir las promesas mesiánicas correspondientes a aquel tiempo. Él cumplió cuatro fiestas y restan tres fiestas de las fiestas hebreas, de esas siete fiestas; las primeras tres en Su Primera Venida, y las otras tres corresponden a Su Segunda Venida.

Y para este tiempo final, grandes bendiciones hay para los creyentes en Cristo, en la materialización de la Visión celestial de la Gran Carpa-Catedral donde él vio a la Columna de Fuego que lo acompañaba, la cual había acompañado a Moisés y la cual había descendido sobre Jesús cuando Él fue bautizado.

Él vio también al Ángel que lo acompañaba; él vio dentro de esa Gran Carpa-Catedral un cuarto pequeño de madera, y vio también que se estaba predicando, que se estaba orando por los enfermos, gente recibiendo a Cristo y así por el estilo; pero él estaba en el aire. Lo cual nos muestra que estaba más arriba, en otra dimensión; quería bajar, poner sus pies en tierra (como decimos nosotros), pero permaneció arriba hasta el momento en que la Columna de Fuego se movió sobre el cuartito pequeño, y luego el Ángel todavía estaba con el hermano Branham, y luego el Ángel y él se fueron al cuartito pequeño.

Allí él vio un nombre o escuchó un nombre; por eso el Ángel le dice: “¿Recuerdas el nombre que buscabas cuando fuiste – cuando tuviste la Visión de la Carpa en el cuartito pequeño, el nombre que buscabas?” Hay un nombre muy importante entonces ahí. Luego él dice: “Lo que yo vi allí, me lo llevaré a la tumba.”

También el Ángel le dijo que eso era la Tercera Etapa; y la Tercera Etapa es la Etapa de la Palabra creadora siendo hablada, de lo cual fue dado un ejemplo en cinco casos que el reverendo William Branham menciona, en donde el poder de Dios fue manifestado por la Palabra creadora siendo hablada por el reverendo William Branham ungido con el Espíritu Santo.

El caso de la tormenta, a la cual él le habló por orden del Señor y la tormenta se fue.

El caso de la resurrección de un pececito.

El caso de la tormenta, eso es: muestra poder absoluto sobre la naturaleza, lo cual tendrán los Dos Olivos, Moisés y Elías.

El caso de la resurrección del pececito, que tenía como media hora de haber muerto, y eso nos habla de la resurrección de los muertos en Cristo.

El caso de la salvación de los dos hijos de la hermana Hattie Wright, nos habla de salvación para los familiares de los creyentes, se vayan o no se vayan en el rapto; pero lo importante es que queden salvos, aunque sus padres sean los elegidos, pero por ser familia de ellos entonces la misericordia Dios la extiende hacia ellos.

Él le habló a la hermana Hattie Wright, le dijo… porque ella dijo, lo más que ella anhelaba en el mundo era la salvación de sus hijos; él le dijo: “Yo te los doy en el Nombre del Señor Jesucristo.” Y vinieron ellos llorando a los Pies del Señor.

Luego, el caso de la sanidad de su esposa, de un tumor que tenía en un ovario. Ella estaba en Tucson, Arizona, y él estaba en Jeffersonville, Indiana (una distancia bastante considerable); y él orando a Dios... ella iba al otro día al médico porque la iba a operar. Y orando, el Espíritu Santo le dice, el Ángel le dice: “Lo que tú digas, eso acontecerá,” puso en su boca la Palabra creadora; y él dijo: “Antes que el doctor la toque, toque el lugar, desaparezca el tumor.”

Y al otro día cuando el médico la tenía en la camilla para operarla y quiso tocar el tumor, que era grande como un limón o más grande, y no lo encontraba; y lo buscó y no lo encontraba, y le dijo: “Usted no tiene ningún tumor.” La chequearon, la revisaron, y estaba bien. Eso fue por la Palabra creadora, lo habló fuera de existencia.

Otro caso fue la creación de ardillas. Dios es el Creador, y Él, Dios, por Su Palabra creadora hablada, por medio del Verbo, el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical, trajo a existencia toda la Creación.

El reverendo William Branham necesitaba unas ardillas, él era cazador, cazaba ardillas en algunas temporadas, y luego las preparaban y las comían; él fue a cazar ardillas y no encontró; y el Ángel le apareció o escuchó una voz como por dentro, que le decía: “¿Cuántas quieres?”, y así por el estilo... Él se sorprendió. Y le dice el Señor: “Habla, dí dónde las quieres.” Habló la palabra y apareció la primera ardilla; la cazó, la buscó y vio que sangraba. Las visiones no sangran, por lo tanto es la materialización de lo que fue hablado por la Palabra Creadora.

Y luego le dice: “¿No eran tres ardillas las que querías? ¿Dónde quieres la otra?” Señaló el sitio, habló la Palabra: “Aparezca una ardilla allí (dio los detalles)”, y apareció y la cazó también; y ya estaba contento. Y le dice: “¿No eran tres ardillas las que querías? ¿Dónde quieres la otra?” Y señaló un lugar donde las ardillas no se paran, un árbol donde las ardillas no se suben, para hacerlo más difícil; y como una señal para él y para hacerlo más difícil, dijo: “Allí, en tal árbol (mencionó el árbol), aparezca una ardilla así, corra hacia allá, corra por acá, yo le dispare y la cace.” Así sucedió. Y obtuvo las tres ardillas por la Palabra Creadora que le fue dada para hablar.

Y así es con la Palabra Creadora que le es dada a cada mensajero en cada edad, para el pueblo. Es por la Palabra Creadora que vienen a vida eterna los creyentes, a recibir esa Palabra y obtener vida eterna.

“El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

San Juan, capítulo 5, verso 24.

¿Qué es más fácil? ¿La salvación de una persona: recibir la vida eterna?, ¿o por la Palabra hablada ser creada una ardilla o más ardillas?, ¿o el tumor de una persona ser hablado fuera de existencia?, ¿o una tormenta desaparecerla?, ¿o un pececito ser resucitado?

Lo más grande es la salvación de una persona; porque recibe vida eterna. Eso es más grande que cualquier milagro que se haga de una sanidad, porque eso es temporal, luego la persona puede volverse a enfermar; temporal en el sentido de que se puede enfermar de otra cosa para otra ocasión. Pero el que recibe vida eterna nunca verá muerte; ya tiene vida eterna en su alma, vivirá eternamente, ha sido sellado con el Espíritu Santo de Dios para el día de la redención del cuerpo, para el Día de la Redención.

Efesios, capítulo 4, verso 30; Efesios, capítulo 1, versos 10 al 14; y también Romanos, capítulo 8, versos 14 al 23, o al 24.

“La Creación gime a una, esperando (¿qué?) la manifestación de los hijos de Dios.” Gime a una esperando la redención, que es la adopción, la redención del cuerpo, que es, para los vivos: la transformación del cuerpo para tener cuerpos eternos, inmortales, glorificados y jóvenes, igual al cuerpo glorificado de Cristo; y para los muertos en Cristo resucitar en cuerpos glorificados y jóvenes, para vivir eternamente en esos cuerpos.

Por lo tanto, no nos quejamos del cuerpo que tenemos; es el que nos ha dado la oportunidad de estar aquí presentes, en esta Tierra, para hacer contacto con Cristo y así obtener de parte de Cristo la vida eterna.

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30. Dice: “El Padre y yo una cosa somos.”

Por lo tanto, es la vida eterna lo más importante y lo más grande que hay, y lo más importante que un ser humano puede recibir de parte de Dios; y es de gracia, gratuita para todo ser humano, por la fe en Jesucristo nuestro Salvador.

Y ahora, ¿dónde nos encontramos en este tiempo en la trayectoria del Espíritu Santo en la Iglesia del Señor Jesucristo y en la trayectoria de la Iglesia del Señor en esta Tierra?

Nos encontramos en un tiempo paralelo al tiempo de Jesús y Sus apóstoles, nos encontramos en una Edad de Piedra Angular, para la cual hay grandes promesas. Y las promesas para la Iglesia, que no pudieron ser cumplidas en edades pasadas, como aquellas de las cuales nos habla San Pablo: de la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, de Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58; y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 al 18; y Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21. Esas promesas van a ser cumplidas en el Día Postrero, en la etapa de oro de la Iglesia, que es la etapa de la Piedra Angular, Edad de la Piedra Angular.

¿Por qué sabemos que va a ser en esta Edad de la Piedra Angular? Porque ya en las otras pasadas no se cumplieron.

Aunque los mensajeros de cada edad desearon que se cumplieran esas promesas en el tiempo de ellos, y el más que luchó por eso fue el reverendo William Branham; pero Dios es el que elige en qué tiempo, en qué edad, bajo qué ministerio, con qué etapa de la Iglesia Él va a cumplir cada una de Sus promesas.

Por lo tanto, para nuestro tiempo está todo aquello que deseó el reverendo William Branham  y que no se cumplió en el tiempo del reverendo William Branham. Todo lo que faltó por ser cumplido en el tiempo del reverendo William Branham se cumplirá en nuestro tiempo.

La Luz, dos mil años atrás surgió en el Este, en Jerusalén; y para este tiempo final, la Luz de la tarde es en el Oeste. Por eso cuando se habla de cena, se habla del tiempo de la tarde; y el tiempo de la tarde corresponde al continente americano.

Y ahora, para este tiempo habrá personas que no serán rebeldes a la Visión celestial que vio el reverendo William Branham, a la cual tampoco fue rebelde y quiso materializar esa Visión, pero no era para su tiempo; él vio anticipadamente lo que va a ocurrir en la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular, donde habrá ministros y congregaciones, iglesias, que no serán rebeldes a esa Visión celestial.

El reverendo William Branham en el 1964 y ‘65 dijo que había una cosa, una Visión que todavía no se había cumplido, y era la Visión de la Carpa; pero que se va a cumplir. Y ahí será la manifestación de la Tercera Etapa, donde Cristo se manifestará plenamente.

Por eso la etapa de oro de la Iglesia, de la Edad de la Piedra Angular, corresponde al Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, paralelo al lugar santísimo del templo que construyó Salomón y del tabernáculo que construyó Moisés. Ahí era donde aparecía, donde estaba la Luz de la Shekinah, la Columna de Fuego; era el lugar en donde solamente el sumo sacerdote podía entrar, y era donde estaba el maná escondido, y la vara de Aarón que reverdeció y las tablas de la Ley. Era el lugar más importante. Y si usted se fija en el templo que construyó Salomón, para la parte Este estaba el atrio, y para la parte Oeste estaba el lugar santísimo.

Y así es que Cristo ha venido construyendo Su Templo Espiritual, Su Iglesia. Comenzó en Jerusalén, en el Este; se ha movido de Israel a Asia Menor con San Pablo, luego se movió a Europa con cinco mensajeros, y luego pasó de Europa a Norteamérica con el reverendo William Branham.

Y ahora el secreto grande es: ¿Hacia dónde se ha movido el Espíritu Santo, Cristo, en medio de Su Iglesia, en Su Obra, en Su trayectoria?

El que sepa hacia dónde se ha movido el Espíritu Santo después de Europa, se daría cuenta que fue a Norteamérica; y de ahí vendría el Mensaje para toda la Iglesia del Señor Jesucristo y ahí se cumpliría la séptima edad de la Iglesia.

Y el que sepa para dónde se ha movido el Espíritu Santo después de Norteamérica, sabrá en qué edad estamos y las promesas correspondientes a nuestro tiempo, y cuál es el Mensaje correspondiente a esa Edad de Piedra Angular; y estará esperando las promesas que la Palabra revelada estará dándonos a conocer, las cuales serán las mismas que están en la Biblia. No puede haber contradicción. Están ampliadas también en los mensajes del reverendo William Branham, a través del cual el Espíritu Santo le habló a la Iglesia.

Por lo tanto, no somos rebeldes a la Visión celestial que le mostró Dios al reverendo William Branham. Creemos esas visiones y trabajamos en pro del cumplimiento de ellas todos los días de nuestra vida, hasta que seamos transformados.

No solamente hasta que veamos cumplida la Visión de la Carpa sino hasta que seamos transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Después, ¿cómo sea  el trabajo que se lleve a cabo estando transformados? Eso lo vamos a ver cuando tengamos el nuevo cuerpo.

“SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE YO HAGA?”

Ya las instrucciones están en la Palabra dada por Dios desde el Génesis hasta el Apocalipsis y a través del reverendo William Branham; y ahora es la acción: de trabajar en pro de esas promesas, de conquistar por la fe esas promesas que corresponden a este tiempo final.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, en el primer sábado del mes, que comienza en la tarde conforme al calendario judío.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, prometidas para nuestro tiempo, sean con cada uno de ustedes y conmigo también; y nos use grandemente para la materialización de esas promesas que Él ha hecho para Su Iglesia para este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes nuevamente al misionero, reverendo Miguel Bermúdez Marín.

Dios te bendiga, Miguel; y hasta mañana, Dios mediante.

“SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE YO HAGA?”

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