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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros y sus congregaciones y diferentes hermanos en diferentes lugares; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos una Escritura en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, y dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

SIGUIENDO AL MAESTRO, que es el Señor Jesucristo, en el cual en aquellos días estaba el Espíritu Santo, que es el Maestro velado en carne humana enseñando a Su pueblo.

“SIGUIENDO AL MAESTRO.”

El Maestro es el Espíritu Santo, el cual se hizo carne en la persona de Jesús.

Vean, en el Antiguo Testamento encontramos en Nehemías, capítulo 9, verso 20, que nos dice:

“Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.

Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies.”

Ahí tenemos que el Espíritu de Dios estaba allí. Dice: “Enviaste Tu Espíritu para enseñarles.”

Y en Zacarías, capítulo 7... Es importante saber quién es el Maestro a quien tenemos que seguir, y qué estará enseñando, en qué tiempo estamos viviendo, y qué estará haciendo, y cuáles Escrituras estará cumpliendo. Es importante saber todas estas cosas, porque eso será lo que se estará llevando a cabo en el Programa Divino. Dice Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

¿Cómo Dios le hablaba al pueblo? Dice que era por medio de Su Espíritu a través de los profetas. En Amós, capítulo 3, verso 7, dice:

“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.”

Por lo tanto, queda establecido en la Palabra de Dios que la Voz de Dios va a escuchar el pueblo por medio del Espíritu de Dios manifestado en Sus profetas. Para cada tiempo Dios envía un mensajero en el cual está el Sello del Dios vivo, el Espíritu Santo, el cual habla por medio de carne humana, por medio de ese mensajero que Él envía para cada tiempo.

Y en Deuteronomio, capítulo 18, nos dice, verso 15 en adelante:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis...”

Al profeta que Dios levante, un profeta como Moisés, a él, dice Dios a Moisés y Moisés lo comunica al pueblo, que es al que tienen que escuchar, porque viene Dios en Espíritu Santo en ese mensajero hablándole al pueblo lo que corresponde a ese tiempo, y no habrá contradicción en lo que ya había hablado a través de otros profetas, de otros mensajeros. Dice:

“…conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo (está Moisés hablándole al pueblo): Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

Siempre que Dios ha levantado un profeta en medio del pueblo de Dios, en el Antiguo Pacto o en el Nuevo Pacto... En el Nuevo Pacto, que está en la Dispensación de la Gracia con la Sangre del Nuevo Pacto, la Sangre de Cristo, bajo el Nuevo Pacto también levanta mensajeros, profetas, en los cuales está el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo manifestándose y hablándole la Palabra, el Mensaje correspondiente a ese tiempo.

Esos son mensajeros como Moisés, en una forma menor, hasta que venga un mensajero mayor como Moisés, un profeta dispensacional, en donde Dios abra una nueva dispensación y la entrelace con la Dispensación de la Gracia; como hizo con Jesús, que entrelazó la Dispensación de la Gracia con la Dispensación de la Ley.

Y en este tiempo final será entrelazada la Dispensación del Reino con la Dispensación de la Gracia. Las dispensaciones se entrelazan y luego, más adelante, siguen caminando en una nueva dispensación (el pueblo); pero no desechan todas las demás dispensaciones anteriores, sino que tienen la historia de todas las dispensaciones anteriores, pueden ver los pactos de Dios en las diferentes etapas del Programa Divino. Y en esas dispensaciones anteriores estará reflejado, representado, lo que estará haciendo en una nueva dispensación.

Dios, como obra al principio seguirá obrando todo el tiempo, Dios tiene un orden establecido; y por eso, para seguir al Maestro, al Espíritu Santo, que se hizo carne en la persona de Jesús, tenemos que conocer cómo Él obra, tenemos que conocer cuáles son las promesas para el tiempo en que uno vive, tenemos que conocer Su Voz, cómo viene Su Voz al pueblo: Siempre será por medio de un instrumento en el cual estará el Espíritu Santo hablándole al pueblo, y a ese mensajero Dios une otros predicadores que estarán brazo a brazo con él en el trabajo correspondiente a ese tiempo. Así ha sido siempre.

Veamos Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces…” 

Vean, “Dios habiendo hablado muchas veces”; y cuando leemos la Biblia podemos ver que habló por medio de los diferentes profetas; le hablaba al profeta, y el profeta le hablaba al pueblo.

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…”

Jesucristo en Su cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová, como se conoce en medio del cristianismo, ese era Jesucristo en Su cuerpo angelical; por eso el Nombre de Dios estaba en Él, y por eso es que Jesucristo en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, dice:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

Y ahí tomaron piedras para apedrearlo, pensaban que era un loco, porque una persona que diga que es antes que Abraham, estará diciendo un disparate; pero Jesucristo estaba diciendo la verdad.

Hay verdades que parecen fanatismo, un fanatismo, una locura, o lo que sea; pero si es la verdad, no importa a quién la parezca una locura, a quién le parezca una mentira, a quién le parezca algo equivocado: Si es la verdad, es la verdad.

Por lo tanto, Jesucristo lo que estaba hablando era la verdad: Él dice que Él conocía al Padre y que nadie más conocía al Padre. En una Escritura nos dice: “Nadie jamás ha visto a Dios; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le declaró.” San Juan, capítulo 1, verso 18.

Es por medio de Jesucristo en Su cuerpo angelical y después en Su cuerpo físico también, que Dios se reveló al pueblo; por eso Jesucristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” Y por consiguiente, el que estaba escuchando a Jesucristo, estaba escuchando al Padre hablando por medio de Su Espíritu a través del velo de carne llamado Jesús. Tan sencillo como eso.

Es como cuando usted habla con una persona, es aparentemente su cuerpo físico el que está hablando, porque ese es el que está pronunciando las palabras, o se ve la pronunciación a través del cuerpo físico, de la boca, pero el que está hablando es el alma suya por medio del espíritu que está en usted. Tan simple como eso.

Y ahora, así era con Dios hablando a través de Su Espíritu Santo, o sea, hablando a través del Ángel del Pacto; y en palabras más claras: hablando a través de Cristo en Su cuerpo angelical, que es la imagen del Dios viviente, que es el cuerpo angelical de Dios. Por eso el que ha visto a Cristo en Su cuerpo angelical, estaba viendo a Dios; por eso cuando le apareció a Moisés, le dijo: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, de Amram el padre de Moisés), el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.”

¿Y cómo podía, el Ángel del Pacto, ser el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Porque era Dios el Padre hablando a través de Su Espíritu, que es el cuerpo angelical de Dios, que es el cuerpo teofánico de Dios, llamado el Ángel del Pacto, en el cual estaba Dios; y por eso es que en el Éxodo, capítulo 23, nos dice del verso 20 al 23:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere...”

Ahora vean, si oye la Voz del Ángel y hace todo lo que Dios le diga. ¿Por qué? Porque la Voz de Dios vendrá a través del Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, y el Ángel le aparecerá a Sus profetas, les hablará, y ellos hablarán todo lo que les sea revelado, lo hablarán ungidos con el Espíritu Santo; y así es como el pueblo estará escuchando la Voz de Dios.

El pueblo dijo: “No hable ya Dios más con nosotros, para que no vayamos a morir; hable Dios a Moisés, y Moisés le hablará al pueblo.” Y así Dios dijo que sería: “Bien han dicho.” [Éxodo 20:18-20]

Y ahora, vean dónde está el Nombre de Dios; por eso es que en diferentes ocasiones en que el Ángel del Pacto, o sea, Dios en Su cuerpo angelical… El Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios, la imagen, el cuerpo teofánico de Dios, y por consiguiente el Espíritu Santo, que es ese Ángel del Pacto, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Por eso cuando la persona muere, lo que muere es el cuerpo físico, pero la persona sigue viviendo en otra dimensión. Si es un creyente en Cristo, va al Paraíso, como Lázaro el mendigo fue al Paraíso de aquel tiempo, llamado el seno de Abraham; el Paraíso para los cristianos es la sexta dimensión. Pero si no es un creyente, entonces va a donde fue el hombre rico, al lugar que ni él quería ir, pero que no siguió a Jesucristo que estaba en el cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, el cual le hablaba al pueblo y en el cual estaba Dios enseñando a Su pueblo por medio de Su Espíritu a través de los profetas; así guiaba Dios a Su pueblo Israel.

Cuando Manoa y su esposa vieron al Ángel de Dios en el capítulo 13 del libro de los Jueces, no sabían que ése era el Ángel del Pacto, no sabían que ése era el Ángel de Dios, o sea, el cuerpo angelical de Dios, y por consiguiente no sabían que ése era Cristo, el Mesías, el Cristo en Su cuerpo angelical. A través de ese Ángel, del cuerpo angelical de Dios, fue que le fue dada la Ley a Moisés para que la diera al pueblo hebreo, allá en el Monte Sinaí.

Ahora, cuando Manoa se encuentra con el Ángel… primero la señora Manoa, y el Ángel le dice que va ella a tener un niño y le da las instrucciones: que no tome o beba ni sidra ni vino, y le dice cómo tiene que criar al niño: sería nazareno, por lo tanto tendría el cabello largo, y tenía un propósito, vino a ser uno de los jueces de Israel.

Eso era en el tiempo de los jueces, que es el tiempo de la teocracia para Israel; después, más adelante, pidieron rey, y entonces rechazaron la teocracia y fue establecida la monarquía, siendo colocado Saúl como primer rey de Israel, ungido por Samuel, y segundo rey fue el rey David, un joven conforme al corazón de Dios; lo cual significa que Saúl no fue un rey ni un hombre conforme al corazón de Dios, quiso guiarse él mismo; David quiso que Dios lo guiara.

Por eso la dinastía de David es la que tiene la promesa para el establecimiento del Reino mesiánico en la Tierra; por eso se habla del Reino de David y Trono de David que va a ser restaurado. Los discípulos de Jesucristo le preguntan en el libro de los Hechos, capítulo 1, versos 1 al 9: “¿Restaurarás Tú el Reino a Israel en este tiempo?”

La restauración del Reino de David es la restauración del Reino de Dios en la Tierra, que es la restauración del Reino de David y Trono de David, porque el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David, y el Trono de Dios en la Tierra es el Trono de David.

Dos mil años atrás la lucha fue por el Trono celestial, y Cristo tuvo la victoria y se sentó en el Trono celestial; y la lucha en este tiempo será el Trono terrenal de Dios, que es el Trono de David y Reino de David, para ser restaurado por el Mesías Príncipe.

El anticristo tratará de sentarse en ese Trono, sin lugar a dudas, porque ahí en este tiempo final la lucha será por ese Trono. ¿Por qué? Porque el que lo obtenga vendrá a ser el rey mundial. Pero lo vamos a dejar quietecito eso, porque es un tema muy importante y no queremos que se interrumpa el Programa para el establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra, y la restauración del Reino de David y Trono de David.

Va a realizarse, el Mesías se sentará en el Trono de David; pero como hubo una lucha, una batalla, para sentarse en el Trono celestial, habrá una batalla. En aquella batalla hasta mataron al Mesías; en esta batalla, en esta lucha, ¿quieren saber lo que va a pasar? Pues estén pendientes, porque las vamos a ver, las cosas que pasarán, antes de irnos de la Tierra; y veremos también las que pasarán durante la gran tribulación, pero las miraremos de lejos, desde el Trono celestial, desde el Templo, desde el Cielo, porque estaremos en la Cena de las Bodas del Cordero; o quizás no tengamos tiempo para estar mirando hacia los problemas que estarán pasando acá en la Tierra.

Por lo tanto, estemos preparados siguiendo al Maestro, al Espíritu Santo, el cual y del cual Cristo dijo en San Juan, y en San Mateo, capítulo 28, verso 20: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” ¿Y cómo es que Él estaría con nosotros? Pues en Espíritu Santo.

También Él dijo en San Mateo, capítulo 18, verso 20, que estará donde estén dos o tres reunidos en Su Nombre. También la Escritura nos dice en Primera de Juan, y también en otros lugares, que todo lo que hagamos, “ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre de Jesucristo.” [Colosenses 3:17] Porque ese es el Nombre que es sobre todo nombre; porque no hay otro Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. No hay otro Nombre. [Hechos 4:12]

Vean, el joven rico aunque era un joven bueno, criado en una familia buena, guardadores de la Ley, con todo y eso él estaba consciente que no tenía vida eterna, y le pregunta a Jesús: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener vida eterna?”

Muchas personas piensan que es por lo que hacen, por las obras, que pueden obtener la vida eterna; pero no es por la obras. Ya la obra que se requería que fuera hecha para obtenerse la vida eterna, la hizo Cristo en la Cruz del Calvario; esa es la Obra que se necesitaba, donde Él murió llevando nuestros pecados, para así redimir a todos los hijos e hijas de Dios que estaban en la mente de Dios, y por consiguiente escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

Cristo como Cordero de Dios, como el cordero que sacrificaron en Egipto los hebreos, cada padre de familia, para la preservación de la vida del hijo primogénito, tipifica a Cristo; del cual dice Juan el Bautista en San Juan, capítulo 1, versos 28 al 36: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Y también San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7, dice: “Porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.” Y eso es para la preservación de la vida de los primogénitos de Dios, escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo.

Por lo cual, en la Casa de Dios, que bajo el Nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo, Cristo es la puerta a esa Casa; entrando por esa puerta, recibiéndolo como único y suficiente Salvador, es que queda colocado dentro de la Casa que tiene la Sangre que preserva la vida eterna de los primogénitos escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo.

Esa es la Casa y la puerta de esa Casa es Cristo, y en otras palabras, la Iglesia es el redil y la puerta del redil es Cristo, por eso Él dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará y hallará pastos.” Eso está en San Juan, capítulo 10, verso 9.

Y ahora, sabemos que el Maestro es Cristo en Espíritu Santo, el cual se veló en carne humana creando esa célula de vida en el vientre de María, y multiplicándose esa célula de vida hasta formar el cuerpo físico de Jesús. Era el Espíritu Santo (dice San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3), a través del cual Dios habló en el tiempo de Jesús, así como había hablado a través de los profetas en otros tiempos pasados.

Y recibir a Cristo como Salvador, muestra que la persona luego de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, estaba escuchando ¿qué? La Voz de Cristo. Vean, dice San Juan, capítulo 10, versos 14 en adelante, dice:

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas (por esas ovejas que el Padre le dio, Cristo puso Su vida en la Cruz del Calvario).

También tengo otras ovejas que no son de este redil (esos son los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo de entre los gentiles, más los que formarían parte de la Iglesia del pueblo hebreo; porque la Iglesia nació en Israel el Día de Pentecostés, y nació con hebreos, y luego se extendió a los gentiles)...

También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer (¿y cómo las va a traer?), y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.”

La Voz de Cristo llamándolas, Cristo en Espíritu Santo. Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, hablándole a Su Iglesia y llamando las ovejas que estarían en el mundo y trayéndolas a Su redil, que es Su Iglesia.

Para lo cual, por medio de Su Espíritu, Cristo produce el nuevo nacimiento en esas personas, como le dijo a Nicodemo en el capítulo 3, versos 1 al 6: “De cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Y la persona que recibe a Cristo como Salvador, es bautizada en agua en Su Nombre y Cristo lo bautiza luego en Espíritu, y con Espíritu Santo y Fuego, y produce el nuevo nacimiento en la persona; la persona nace a la vida eterna en el Cuerpo Místico de Cristo, y así ha nacido en el Reino de Dios, ha entrado al Reino de Dios, ya tiene vida eterna.

Por eso Cristo también dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y Yo las conozco y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Ahora, sigue diciendo aquí:

“Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.”

Él estaba consciente de la misión para la cual Él vino en carne humana a esta Tierra: para poner Su vida en Expiación por nuestros pecados, para la preservación de la vida de todas las ovejas del Padre, que le fueron dadas a Cristo para que las buscara y les diera vida eterna.

Es un asunto de vida eterna la predicación del Evangelio de Cristo: es la Voz de Cristo, del Espíritu Santo, hablándole a la gente; y así es como nace la fe en el alma de las personas, creen y lo reciben como Salvador; ese es el propósito de la predicación del Evangelio de Cristo a las personas. Y siempre, podemos ver que siempre será la Voz de Cristo en Espíritu Santo hablando por medio de seres humanos.

“Nadie me la quita (o sea, nadie le quita la vida), sino que yo de mí mismo la pongo (y la tenía que poner Su vida en Expiación en el tiempo correspondiente, porque en otro tiempo no cumplía el requisito divino)... sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.”

O sea, que Él sabía, Él conocía, lo que iba a ocurrir: tenía que morir. Él ya sabía y sabía que era duro, difícil, y luego sabía que estaría tres días sepultado y luego resucitaría al tercer día. Él sabía lo que sería Su trayectoria completa, Él la sabía desde antes de venir a la Tierra.

Él vino para morir por mí en la Cruz del Calvario, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también. No habrá ni una oveja del Señor de más, ni una oveja del Señor de menos, todas las ovejas que el Padre le dio recibirán vida eterna; dice que nadie las puede arrebatar de Su mano ni de la mano de Su Padre.

Es importante conocer estas cosas de la Biblia para saber quiénes somos en el Programa de Dios y por qué estamos escuchando la predicación del Evangelio de Cristo y escuchando el Programa de Dios correspondiente a este tiempo final.

Este es el tiempo más importante de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo, es el tiempo más importante para el Espíritu Santo también, para Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia; y también para Cristo en el Trono celestial, en donde Él está como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; tanto para los que no han venido a Cristo todavía, para que vengan, y Él con Su Sangre limpiarnos de todo pecado; y para los que están, si cometen algún error o pecado o falta, confesarlo a Cristo, y Cristo lo limpiará con Su Sangre preciosa, porque Él es nuestro Intercesor.

Por eso en la Santa Cena se conmemora el Nuevo Pacto y por eso se toma el pan: tipo y figura del cuerpo de Cristo que fue crucificado, y se toma el vino: tipo y figura de la Sangre de Cristo que fue derramada en la Cruz del Calvario, la Sangre de Cristo, que es la Sangre del Nuevo Pacto: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, y también San Lucas, capítulo 22.

Y en Hebreos, capítulo 13, versos 20 al 21, dice: “Por la sangre del pacto eterno (o sea, la Sangre de Cristo).

Y ahora, conociendo todas estas cosas del Programa Divino y viendo la forma en que Él habla a Sus hijos, a Sus ovejas, tanto para llamarlos como, luego, para alimentarlos, así como alimentó a Israel en el desierto, los alimenta en Su Iglesia con la Palabra revelada, el maná escondido, para los creyentes en Cristo; y les da también agua espiritual, la Palabra, el Espíritu Santo, para esa trayectoria que pasamos en la Tierra como creyentes en Cristo, en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

Por eso es que San Pablo decía: “No dejando vuestras congregaciones como algunos tienen por costumbre.” Es que la persona se estaría apartando de Cristo, que está en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo, y se estaría apartando del alimento espiritual; y entonces morirá espiritualmente: de hambre y sed de oír la Palabra del Señor, muerte espiritual; y después le viene la muerte física más adelante.

Ahora, veamos aquí un cuadro claro: en la página 168 y 169 del libro de “Las Siete Edades de la Iglesia,” predicado por el reverendo William Branham, el profeta precursor de la Segunda Venida de Cristo, que vino con el espíritu y virtud de Elías preparándole el camino al Señor, como lo hizo el profeta Juan el Bautista con el espíritu y virtud de Elías, el cual le preparó el camino a Cristo en Su Primera Venida, fue el precursor de la Primera Venida de Cristo, para que siguieran a Cristo, al Maestro. Leemos aquí en la página 168 de este libro de “Las Edades” en español. Dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias...”

¿Ven? Es Cristo por medio de Su Espíritu hablándole a Su Iglesia en diferentes etapas de la trayectoria de Su Iglesia.

“Note aquí que Jesús (por el Espíritu) en cada edad se dirige solamente a UNA persona, en relación a la Palabra por esa edad. Solo UN mensajero en cada edad recibe lo que el Espíritu tiene que decir a esa edad, y aquel mensajero es el mensajero a la Iglesia verdadera. Él habla por Dios, por medio de revelación a las ‘iglesias’: tanto a la verdadera y a la falsa. Así que el Mensaje es transmitido a todos; pero aunque es transmitido para todos los que están al alcance del Mensaje, tal Mensaje es recibido individualmente por solamente un cierto grupo calificado y de cierta manera. Cada individuo en aquel grupo es uno que tiene la habilidad para oír lo que el Espíritu está diciendo por medio del mensajero. Aquellos que lo están oyendo, no están recibiendo su propia revelación (o sea, no están recibiendo una revelación personal del mensajero, es la revelación de Jesucristo para Su Iglesia), ni tampoco están (el grupo) recibiendo su revelación colectiva...”

O sea, que no es una revelación tampoco que el grupo ha recibido ellos mismos; ni la han recibido ellos mismos personalmente de Dios, ni tampoco por estudios humanos; sino que la ha recibido el mensajero de ese tiempo, de parte de Dios por el Espíritu de Dios, y la ha pasado al pueblo. Comienza a predicar lo que el Espíritu Santo le ha dado, comienza a predicar ungido por el Espíritu Santo, y es el Espíritu Santo hablando a través de ese mensajero. Y “el que es de Dios, oye la Voz de Dios; el que no es de Dios, no escucha la Voz de Dios,” eso está por ahí en San Juan, capítulo 8, verso 47.

Y el capítulo 10, verso 27 al 30, también dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen.” Y nuestro tema es: “SIGUIENDO AL MAESTRO.” ¿Quiénes son los que seguirían al Maestro? Las ovejas que el Padre le dio para que las busque y les dé vida eterna:

“...pero cada persona está oyendo y recibiendo lo que el mensajero ya ha recibido de Dios.”

Algunas personas pueden decir en alguna de las edades pasadas, que también podía él conseguir esa revelación sin necesidad de recibir al mensajero de ese tiempo; y por eso hay tantos desacuerdos entre las religiones en medio del cristianismo, tantos grupos religiosos que opinan sobre un pasaje bíblico de una forma y otros de otra forma; pero eso va a ser corregido: “la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar,” y entonces desaparecerán las diferencias. [Habacuc 2:14]

“Ahora no piense usted que esto siendo el caso, sea muy extraño, porque Pablo estableció esta norma bajo la mano de Dios. Sólo Pablo tenía la revelación completa para su día como fue comprobado al confrontarse con los otros apóstoles, quienes aceptaron que Pablo era el Mensajero-Profeta a los gentiles para ese día. También note por la indicación de la Palabra, que cuando Pablo quiso ir a Asia, Dios lo detuvo porque las ovejas (Sus hijos) estaban en Macedonia y ellos (la gente de Macedonia) oirían lo que el Espíritu tenía que decir por Pablo (o sea, que el Espíritu Santo estaba en Pablo y hablando a través de San Pablo), mientras que la gente de Asia no oiría (no escucharía)ang2058 .

En cada edad tenemos exactamente la misma norma. Por eso es que la luz viene a través de algún mensajero levantado por Dios en un cierto lugar, y después de aquel mensajero, la luz se difunde por medio del ministerio de otros que han sido fielmente instruidos. Pero, desde luego, todos aquellos que salen no siempre comprenden cuán necesario es decir SOLAMENTE lo que el mensajero ha dicho. Recuerde: Pablo advirtió a la gente que dijeran solamente lo que dijo él:

‘Qué, ¿ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿ó a vosotros solos ha llegado?

Si alguno a su parecer, es profeta, ó espiritual, reconozca lo que os escribo, porque son mandamientos del Señor.’

Primera de Corintios 14:36-37.

Le agregan aquí o le quitan allá, y dentro de poco tiempo el Mensaje ya no es puro y el avivamiento se muere. Cuánto cuidado debemos tener al oír UNA Voz, porque el Espíritu solamente tiene una Voz, la cual es la Voz de Dios. Pablo les advirtió que dijeran lo que dijo él, también como lo hizo Pedro. Él les advirtió que ni aun él (Pablo) podía cambiar una sola palabra de lo que había dado por revelación. Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros, y luego decir lo que les ha sido dado a ellos para decir a las iglesias!”

Ahí tenemos la forma en que Dios le habla por Su Espíritu a Su Iglesia, como lo hacía con el pueblo hebreo: Siempre es por medio de un mensajero, de un profeta, en el cual está el Espíritu Santo revelándole las cosas que tienen que ser habladas y luego ese mensajero ungido por el Espíritu Santo hablando al pueblo, y eso es Dios por medio de Su Espíritu hablándole al pueblo, el Espíritu Santo hablándole al pueblo, por medio de un velo de carne.

Leamos también la página 227 del libro de “Las Siete Edades,” dice:

“Ahora, siendo que cada uno de estos mensajes es dirigido al ‘ángel’ (mensajero humano), su porción es una grande responsabilidad como también un privilegio maravilloso. A estos hombres Dios hace promesas especiales, como en el caso de los doce apóstoles estando sentados en doce tronos juzgando a las doce tribus de Israel. Luego, acuérdese de Pablo, a quien le fue dada una promesa especial: la promesa de presentar a Jesús a la gente de la Novia de su día.”

O sea, que cada mensajero, a cada mensajero le toca luego presentar a Jesucristo su grupo, que es una parte de la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, y por eso que cada mensajero será juzgado por lo que predicó; y si él entra, los que lo recibieron y formaron el grupo de la Iglesia de su tiempo también entrarán; serán resucitados en cuerpos glorificados. Habrá un juicio entonces en la sexta dimensión, donde ellos están, porque Jesucristo en Su Venida, antes de venir a la Tierra pasará por la sexta dimensión, como Él hizo cuando fue al Paraíso, donde estaba Abraham, Isaac y Jacob, y luego resucitaron con Él el día de la resurrección de Cristo, y aparecieron a muchos en la ciudad (capítulo 27, verso 51 en adelante, de San Mateo).

Y ahora, en la página 265 de este mismo libro de “Las Siete Edades de la Iglesia” en español, dice.

“Como ya hemos mencionado, Jesús se identifica con el mensajero de cada edad. Ellos reciben de Él la revelación de la Palabra para cada edad. Esta revelación de la Palabra saca del mundo a los escogidos de Dios y los coloca en unión completa con Cristo Jesús. Estos mensajeros son llamados ‘estrellas’ porque brillan con una Luz prestada o reflejada, la Luz del Hijo, Jesús. También son llamados estrellas porque son ‘portadores de luz’ en la noche. Así que en la oscuridad del pecado, ellos traen la Luz de Dios a Su pueblo.”

Ya tenemos parte de las cosas que dijo el reverendo William Branham por revelación divina para la Iglesia del Señor Jesucristo; vimos la forma en que el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo, está en medio de Su Iglesia, y la forma en que habla a Su Iglesia: por medio del mensajero correspondiente a cada etapa de la Iglesia, él recibe la revelación y la pasa al pueblo, como Moisés recibió la revelación de Dios y la pasaba al pueblo; tuvo un ayudante, Aarón, le hablaba a Aarón, y Aarón tenía que repetir lo que Moisés le había dicho. Aarón entendía bien a Moisés, a otra persona le sería difícil escuchar y entender a una persona que tenía problemas para hablar.

Y ahora, hemos visto el Programa de Dios y cómo se desenvuelve de edad en edad, hemos conocido la forma de Dios hablarle a Su pueblo, hemos visto lo que es la Iglesia.

La Iglesia es formada por todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, los primogénitos, los elegidos, los escogidos; pero en el cristianismo están las vírgenes insensatas juntamente con las vírgenes prudentes, y aun también la cizaña aparece en medio de la siembra, en medio del trigo aparece la cizaña también.

Pero los escogidos son escogidos desde antes de la fundación del mundo y no van a dejar a Cristo, porque ellos están siguiendo al Maestro, al Espíritu Santo, que es Cristo en Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, el Ángel que apareció a Moisés y guió al pueblo hebreo en el éxodo usando al profeta Moisés. Y Dios hablaba con Moisés cara a cara, como habla una persona con su amigo, con su compañero.

Para seguir al Maestro tenemos que conocer Su Voz, y Su Voz es el Evangelio de Cristo para cada etapa de Su Iglesia y todo lo que tiene que ser revelado con el Evangelio de Cristo a los creyentes de ese tiempo, de cada etapa de Su Iglesia.

Y hemos visto que tiene que ser... tiene que venir Su Voz al mensajero, y del mensajero pasa al pueblo, porque el mensajero en su predicación habla lo que ha recibido de Dios por medio del Espíritu de Dios; y eso será el Espíritu Santo hablando por labios humanos, de edad en edad, en la Dispensación de la Gracia; y así será en la Dispensación del Reino como fue en la Dispensación de la Ley y como fue en otras dispensaciones.

Hemos visto quién es el Espíritu Santo: el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo angelical, el cuerpo angelical de Dios, la imagen del Dios viviente.

Hemos visto lo que es la Voz de Cristo, del Maestro, del Espíritu Santo, y hemos visto la forma en que Él habla en la Dispensación de la Gracia, así como habló en la Dispensación de la Ley: por medio de profetas, comenzando con Moisés; y en otras dispensaciones, en el tiempo de Noé, también habló por medio de un profeta llamado Noé; y así habló luego por medio de Abraham, ya pasado el diluvio y habiendo comenzado una nueva generación; y luego con Abraham comenzó una nueva dispensación: la Dispensación de la Promesa.

Todas estas cosas es importante conocerlas para poder seguir al Maestro, que es el Espíritu Santo, Cristo, el Ángel del Pacto, el cual dijo estando velado en carne humana: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Era Cristo, el Ángel del Pacto, el que es antes de Abraham; el cuerpo de carne de Jesús fue desde que fue creado en el vientre de María y luego nació, y luego murió y resucitó glorificado, y está sentado en el Trono celestial.

Por eso San Pablo dice: “Si a Cristo conocimos según la carne, ya no,” porque ya está glorificado para nunca más morir. También los creyentes en Cristo van a ser glorificados, eso será la resurrección en cuerpos glorificados, y para los que estén vivos la transformación de sus cuerpos.

Luego de esta conversación podemos ver si estamos siguiendo al Maestro, al Cristo, al Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cual dijo estando en carne humana, que Él llamaría a Sus ovejas y las colocaría en Su redil, y ellas escucharían Su Voz.

Y ahora vean todo lo que ha pasado en nuestras vidas. Y todo eso está aquí en la Escritura, en la Biblia, prometido para ser realizado de edad en edad; y en la Edad de Piedra Angular, paralela a la Edad de Piedra Angular de la Primera Venida de Cristo, se completará el número de los escogidos. No sabemos cuánto tiempo durará ese recogido, pero se llevará a cabo; como en el tiempo de la Ley, en los días de Jesús, entró el último, y ese fue el que murió allí al lado de Jesús a la derecha. Podemos ver todas estas cosas y podemos ver que estamos en un tiempo paralelo al de Jesucristo y paralelo al de Noé y paralelo al de Lot también.

Y ahora, si luego que Jesucristo murió y antes del Día de Pentecostés, murió algún creyente, pues también lo encontró allá en el Paraíso; pero toda persona que haya muerto antes de la crucifixión de Cristo no pertenece al Nuevo Pacto, o sea, no pertenece a la Iglesia del Señor Jesucristo; por eso tenía Jesucristo que resucitar a Lázaro, porque si no, quedaba Lázaro bajo el Pacto Antiguo y sus dos hermanas en el Nuevo Pacto, entonces Lázaro no pertenecería a la Iglesia de Señor y sus hermanas sí. Tan sencillo como eso.

Ahora, podemos ver la importancia de seguir al Maestro. En otras dispensaciones lo siguieron, Él les enseñaba todas las cosas correspondientes a la dispensación en que vivían, usando siempre profetas: es el método divino; y Dios no lo ha cambiado. Por eso Malaquías, capítulo 4, verso 1 al 6, dice: “He aquí, Yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible; él convertirá el corazón...” Vamos a leérselo aquí como lo dice:

“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.”

Eso es la Segunda Venida de Cristo: “no sea que yo venga y hiera la Tierra con maldición,” porque las maldiciones son para los que no siguen al Maestro. Recuerden que está en la Escritura, escrito, lo que son las bendiciones y lo que son las maldiciones; por lo tanto, la gran tribulación son los juicios divinos, las maldiciones, que vendrán sobre los que no sirvieron a Cristo, y aun sobre los que no recibieron el Espíritu de Cristo y por consiguiente no nacieron de nuevo.

Por lo tanto, es importante estar ¿cómo? siguiendo el Maestro, a Cristo, y no dejando (como dice Pablo) las congregaciones, nuestras congregaciones, sino asistiendo siempre para recibir la enseñanza de la Palabra. En Apocalipsis, capítulo 22, versos 16 al 17, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven (lo que dice el Espíritu Santo para Su Iglesia, es lo que la Iglesia tiene que decir, no puede estar añadiéndole ni quitándole)...

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven (ese es el llamado, tanto para recibir a Cristo y entrar al Reino de Dios, o sea, el llamado para seguir a Cristo, para seguir al Maestro). Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

O sea, del Agua de la vida eterna, recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, siendo bautizado en agua en Su Nombre y Cristo bautizándolo con Espíritu Santo y Fuego; y así dándole el agua de la vida eterna, y la persona siguiendo a Jesús, siguiendo al Maestro, siguiendo a Cristo, al Ángel del Pacto.

“Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30. “El Padre y yo, una cosa somos,” dice Cristo ahí en el mismo capítulo 10, verso 30.

Por lo tanto, continuemos siguiendo al Maestro, a Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia en este tiempo final, escuchando Su Voz y obteniendo así el conocimiento que necesitamos para recibir la fe para ser transformados y raptados y llevados así con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si alguna persona todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted, ya sea que esté aquí presente o esté en otro país; para lo cual, puede pasar al frente si está aquí presente, o si está en otra nación puede pasar al frente donde se encuentre, allá en la Iglesia, en la congregación donde se encuentre, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.

Y los niños de diez años en adelante, también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, para seguir al Maestro, a Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia. Él es el que guía a Su Iglesia, Él es el que enseña a Su Iglesia, Él es el que le establece a Su Iglesia lo que tiene que conocer y lo que tiene que hacer.

Por lo tanto, mientras pasan al frente las personas de diferentes países y de aquí también, les leo un pasaje muy importante. Está en Primera de Juan,  capítulo 2, verso 27, dice:

“Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.”

La unción a través del apóstol San Pablo para los gentiles, estuvo enseñándoles a los gentiles cómo tenían que hacer y cómo tenían que creer en Cristo siguiendo al Maestro, Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

Vamos a estar en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, en diferentes naciones. Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados y nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que han estado recibiendo a Cristo como Salvador en estos momentos. Recíbeles en Tu Reino y dales vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo Te lo ruego; por lo cual, Señor, Te ruego que les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en diferentes países:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo también, que Tú eres el Cordero de Dios que viniste al mundo para morir por nosotros en la Cruz del Calvario, y también como el macho cabrío de la Expiación para la reconciliación del ser humano con Dios.

Creo con toda mi alma, y reconozco que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador.

Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero entrar a Tu Reino, quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

En Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo, Te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos y de los siglos. Amén.

Y ahora, los que han recibido a Cristo como Salvador en diferentes países, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo,’ el que creyere al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, y recibirlo como Salvador, porque Él dijo:Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”

Es porque el predicador no sabe quiénes son los que van a ser salvos, y esa es la forma para ser llamados con la Voz de Cristo los que van a ser salvos; ellos escucharán, porque el que es de Dios, la Voz de Dios oye; el que no es de Dios, no escucha la Voz de Dios, dijo Cristo allá en San Juan, capítulo 10, versos 25 al 30.

Y ahora, me dirán: “Quiero ser bautizado lo más pronto posible.”

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo para todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador, los cuales van a seguir al Maestro, a Cristo en Espíritu Santo, en medio de Su Iglesia.

Si Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, ¡cuánto más nosotros tenemos necesidad de ser bautizados! Y Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado,” porque el que no cree entonces tampoco va a ser bautizado. San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

Por lo tanto, el bautismo en agua, siendo un mandamiento de Cristo, ha estado siendo obedecido desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo; y son millones de personas las que han recibido a Cristo, han sido bautizados en agua en Su Nombre y han recibido también el Espíritu Santo, y han obtenido el nuevo nacimiento, han nacido en el Reino de Dios, que es un Reino celestial; ese es el Reino de Cristo nuestro Salvador, y ese es el Reino que va a ser establecido en esta Tierra, en donde los creyentes en Cristo son reyes, sacerdotes y jueces.

O sea, el gabinete de gobierno de Cristo, el gabinete político de reyes y sacerdotes, el gabinete sacerdotal de creyentes en Cristo nacidos de nuevo, el poder judicial formado por los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que serán transformados y estarán en cuerpos eternos. Por lo tanto, habrá justicia en el Reino de Cristo, con personas en cuerpos glorificados y eternos, como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador.

Así que, los que siguen a Cristo, los que nacen en el Reino de Cristo, son el gabinete de Cristo para trabajar, para gobernar el Reino que Él establecerá en la Tierra, que será el Reino de Dios.

En el bautismo en agua, el cual es simbólico, porque el agua no quita los pecados, sino la Sangre de Cristo, pero el bautismo en agua es tipológico. En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección: cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales, está muriendo espiritualmente, o sea, está representando que ha muerto al mundo, y por consiguiente está siendo sepultado tipológicamente; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Tan sencillo como eso, por eso nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por lo cual pueden ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y concluir; y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos; y nos continuaremos viendo eternamente, y el próximo domingo, nos estaremos viendo nuevamente.

Que Dios les bendiga, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Que Dios les bendiga y hasta el próximo domingo, Dios mediante.

“SIGUIENDO AL MAESTRO.”

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