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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en Puerto Rico y otras naciones, en este primer sábado del mes de noviembre. Recordando siempre que el sábado comienza en la tarde del viernes, porque conforme a la Biblia, los días comienzan a la caída del sol y terminan al otro día a la caída del sol.

O sea, que los días comienzan el día antes; porque todavía se dice hoy: “viernes,” pero conforme al calendario hebreo ya es “sábado,” desde la caída del sol. Eso es importante conocerlo para conocer todas estas cosas que se tratan de días, semanas, meses y años en la Biblia.

Hoy sábado, conforme al calendario hebreo, quiero que Dios - deseo las bendiciones de Dios para cada uno de ustedes y para mí también.

Leemos en el libro del Apocalipsis, en el capítulo 5, versos 1 en adelante, donde dice:

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.

Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?

Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.

Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.

Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,

que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.

Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL SELLO PREDICHO.”

Cuando estudiamos el libro del Apocalipsis y un tema como éste, de Apocalipsis 5, donde el que está sentado en el Trono, que es Dios, tiene en su diestra un Librito sellado con siete sellos; ese Librito es el Libro de la Vida, donde están los nombres de todos los que serían redimidos por Cristo con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Es el Libro más importante del Cielo, pues contiene los nombres de todos los que han de vivir eternamente. Es el Libro de Dios, el Libro de la Vida, que una vez lo tuvo Adán pero cuando pecó regresó ese Libro a la diestra de Dios, a Su Dueño original; y ahí ha permanecido en la diestra de Dios, desde que Adán lo perdió y Dios lo tomó de nuevo.

El que tenga ese Libro, tiene la herencia de Dios. Es el Título de Propiedad de la vida eterna, es el Título de toda la Creación, Titulo de Propiedad de toda la Creación.

Por eso lo tenía Adán, el primer hijo de Dios que fue colocado en la Tierra, y él era Rey en esta Tierra, y tenía Vida, que podía continuar indefiniblemente; pero cuando pecó ya perdió esa Vida, y solamente le quedó vida temporal, pues todavía no estaba adoptado, le faltaba ser adoptado; y para ser adoptado tenía que pasar por una etapa de prueba.

Por eso es que tiene que venir el segundo Adán, que es Cristo, para restaurar a todos los que están escritos en ese Libro de la Vida del Cordero, restaurarlos a la vida eterna, la cual Cristo le da, como dice en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30, donde nos dice:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos.”

Así que podemos ver la restauración del ser humano a la vida eterna por medio del segundo Adán: Cristo nuestro Salvador. Por medio del primer Adán el ser humano pierde la vida eterna, pierde la oportunidad de vivir eternamente, pero por medio del segundo Adán el ser humano es restaurado a la vida eterna.

Por eso cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, confesando sus pecados a Cristo, y es bautizada en agua en Su Nombre: Cristo lo recibe, lo perdona y con Su Sangre lo limpia de todo pecado; es bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento; y así entra al Reino de Dios.

Por eso le dice Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios.”

Se entra al Reino de Dios y por consiguiente se entra a la vida eterna, porque el Reino de Dios tiene vida eterna; la persona es trasladada del reino de las tinieblas al Reino de Luz, al Reino de Dios. De eso es que nos habla San Pablo en Colosenses, capítulo 1, versos 13 al 14, donde dice… del 12 en adelante:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

Vean, nos ha librado de la potestad de las tinieblas, del poder del reino de las tinieblas, en donde nace todo ser humano, nace en el reino terrenal y espiritual de las tinieblas; pero Cristo los traslada, los saca del reino de las tinieblas, como sacó a Israel de Egipto y los llevó a la tierra prometida; Cristo saca del reino de las tinieblas a la persona y lo coloca en el Reino de Dios con vida eterna, los coloca en la Tierra Prometida del Reino de Dios, lo cual está en la esfera espiritual; y así queda sentado en lugares celestiales en Cristo Jesús Señor nuestro.

Por lo cual, las palabras del apóstol San Pablo en Filipenses, nos aclaran este misterio, en Filipenses, capítulo 3 (pasaje que ya conocemos); Filipenses está después de Efesios y antes de Colosenses. Dice capítulo 3, verso 20 al 21, de Filipenses:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos...”

Cuando hemos nacido en esta Tierra nuestra ciudadanía terrenal está en el país que hemos nacido, y también en el reino de las tinieblas; pero cuando nacemos de nuevo, entonces nuestro nombre que está en el Libro de la Vida del Cordero, comienza a ser manifestado en la persona, y la persona comienza en el Reino de Dios con ese nombre; nombre que cuando estemos transformados lo conoceremos si no es el que tenemos ya.

Pero no se preocupe; si no acertaron nuestros padres en ponernos el nombre que está en el Cielo, no se preocupen, que Dios nos lo dio, lo colocó, desde antes de la fundación del mundo.

Mucho hicieron nuestros padres con darnos este cuerpo que tenemos, para venir a luchar en esta Tierra; para venir, como los hebreos vinieron a nacer en Egipto; aunque nacieron como esclavos desde que fueron esclavizados, no importaba: tenían una promesa de parte de Dios, de que a los cuatrocientos años, en la cuarta generación, volverían a su tierra, a la tierra prometida.

Y así es con los creyentes en Cristo: regresan en el campo espiritual primero, a la Tierra Prometida del Reino de Dios, regresan a la tierra prometida del bautismo del Espíritu Santo, regresan a Cristo su Rey y Señor; y por consiguiente, tienen vida eterna, porque lo que hay en el Reino de Cristo es vida eterna; y son colocados, como les dije, en lugares celestiales; y por eso al nacer en el Reino de Dios, el Reino de Cristo, son ciudadanos del Reino de Dios, son ciudadanos del Cielo; como dice San Pablo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos (es que el nuevo nacimiento no es terrenal, es celestial), de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas (con ese poder que Él tiene para sujetar a Sí mismo todas las cosas y gobernar todas las cosas, porque todo poder le fue dado en el Cielo y en la Tierra).”

Algunas personas piensan: si todo poder le fue dado a Cristo, Dios se quedó sin poder. Es que Dios estaba, está y estará en Cristo en toda Su plenitud: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso Él decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre, ¿cómo pues dices tú: muéstranos al Padre y nos basta? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? ¿No crees que las obras que yo hago no las hago de mí mismo?, sino que el Padre que mora en mí, Él hace las obras.”

Ese es el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, del cual dice Colosenses, capítulo 2, versos 2 al 3: “En donde están escondidas todas las riquezas de sabiduría y de entendimiento.”

Es que Dios creó el ser humano a Su imagen y semejanza; y por consiguiente, el ser humano es alma, espíritu y cuerpo como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

¿Y dónde podemos encontrar a Dios en forma visible? En el Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios; y por consiguiente es el cuerpo angelical de Cristo. Es llamado el Espíritu Santo también, porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo angelical, un cuerpo como el de los ángeles, un cuerpo teofánico; y esa es la imagen del Dios viviente.

Por lo tanto, los que vieron al Ángel del Pacto estuvieron viendo la imagen de Dios, el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo espiritual de Dios; y por eso es llamado el Espíritu Santo. Estaban viendo a Cristo.

Por eso Él dijo en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día; y lo vio y se gozó.” Le dicen los judíos: “Aún no tienes cincuenta años ¿y dices que has visto a Abraham?” Cristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo un hombre puede decir esas palabras tan hermosas, de que antes que Abraham fuese, Él era? Solamente el Ángel del Pacto puede hablar así, el cual estaba hecho carne, vestido de un cuerpo de carne llamado Jesús; porque el cuerpo de carne llamado Jesús es la semejanza física de Dios. Por eso Cristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

Es como cuando usted ve a una persona (que es, por consiguiente, alma, espíritu y cuerpo), usted dice que vio a tal persona, aunque no la vio, lo que vio fue su cuerpo físico, su casa terrenal; pero su casa terrenal es identificada con el espíritu de la persona y con el alma de la persona.

La persona cuando muere, no muere; y eso parece una contradicción, pero es de esa manera. Lo que muere es el cuerpo físico, pero la persona es alma viviente y sigue viviendo en su cuerpo espiritual, y va al lugar que le corresponde.

Es importante saber, conocer, quién es y qué es el ser humano. Es la criatura más importante de Dios. Le dio libre albedrío, como Dios tiene libre albedrío.

Y por esa causa es que cuando Dios tuviera un cuerpo de carne sería como el del ser humano; porque Él vendría como el Pariente Redentor, para redimir al ser humano y restaurarlo a la vida eterna, de donde cayó en el Huerto del Edén; y solamente por Cristo el segundo Adán, podía ser hecho, porque Cristo el segundo Adán, es el Verbo hecho carne, es Emanuel: Dios con nosotros, Dios mismo viniendo en un cuerpo de carne para redimir con Su cuerpo de carne al ser humano.

Y así todos los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, aparecer en ese Programa de Redención, escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, nacer la fe de Cristo en su alma, creer y dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador.

Es algo que nace de acá del alma, sin que nadie obligue a la persona; es la Luz Divina del tiempo que le toca vivir a la persona, resplandeciendo en su alma; y la persona ve con su alma y su espíritu, y ve también con sus ojos literales lo que está en la Palabra, y escucha con sus oídos lo que está en la Palabra.

Por eso es que Cristo en una ocasión, cuando le dicen los discípulos en el capítulo 13 de San Mateo: “¿Por qué les hablas por parábolas?” Algunas personas piensan que todo tiene que ser dado a conocer a las personas, pero recuerden que Cristo dice que no echemos las perlas a los cerdos. Por lo tanto, no todo tiene que ser hablado para el público en general; hay cosas que son exclusivamente para los creyentes en Cristo, que son los que lo van a recibir, lo van a creer.

Capítulo 13 de San Mateo, verso 10 en adelante, dice:

“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?

Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.”

A unos es dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, y a otros no les es dado. Y el verso 16 en adelante, dice:

“Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.

Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”

Muchos profetas y justos desearon ver lo que estaban viendo y lo que estaban oyendo: Estaban viendo al Mesías en Su Venida, y estaban oyendo al Mesías enseñando, predicándoles.

Y esa es la etapa más importante de la vida de la raza humana: el tiempo en donde el Mesías aparece y enseña a las personas; aunque no todos creerán, aunque no todos escucharán; pero los entendidos, entenderán; y el que es de Dios, la Voz de Dios oye.

“Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.”

“El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” Por lo tanto, es una bendición grande vivir en un tiempo en donde Cristo en medio de Su Iglesia, Cristo en Espíritu Santo… el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” Es importante y es una bendición estar en la etapa en donde el Espíritu Santo está hablando por el mensajero de la edad en que la persona está viviendo; es una experiencia única que tienen los que viven en la etapa de vida del mensajero de su edad; los demás, por medio de la historia sabrán lo que sucedió.

Ahora, cuando se vive en la etapa mesiánica, en donde Dios envía al precursor de Su Venida, de la Venida del Señor, y después envía al Mesías: esa es la etapa más importante; y por eso es la etapa o Edad de Oro para los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Y ahora, así como Israel ha tenido diferentes etapas hasta los días de Juan el Bautista y Jesús; y después comenzó Dios a tratar con Su Iglesia bajo un Nuevo Pacto; y de Su Iglesia en Israel con los judíos, pasó a los gentiles usando a San Pablo; y a San Pedro lo usó en una parte, porque Pedro fue el que abrió la puerta a los gentiles en la casa de Cornelio, y San Pablo entre los gentiles llevó el Evangelio como el apóstol mensajero de los gentiles.

Y ahora ha transcurrido la trayectoria de la Iglesia a través de las edades, y nos encontramos en un tiempo paralelo al tiempo de Jesús y Sus apóstoles. Ya, como el precursor Juan el Bautista terminó su tiempo y murió, el precursor de la Segunda Venida de Cristo tuvo su tiempo de ministerio y partió también.

¿Qué le queda a la Iglesia del Señor Jesucristo? Lo que le queda es lo mismo que tuvo Israel luego que Juan el Bautista terminó su ministerio: nos queda esa etapa mesiánica para la Iglesia, que no sabemos de cuánto tiempo será, pero será coronada esa etapa con la Venida del Señor, con los muertos en Cristo que serán resucitados en cuerpos eternos, inmortales, glorificados, y la transformación de los que vivimos.

Por eso es que Cristo el Ángel Fuerte, viene con el Librito abierto en Su mano, y clama como cuando un león ruge, y siete truenos emiten sus voces.

Dice el reverendo William Branham que los Siete Truenos le darán a la Iglesia la fe para ser transformados y raptados, y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Y todo eso corresponde a lo que el reverendo William Branham dijo que el Ángel le dijo, con relación a la Tercera Etapa.

Por lo tanto, esa Tercera Etapa es muy importante, es misteriosa, pero es parte del Programa Divino, de lo cual fue dada una muestra en el ministerio del reverendo William Branham; y luego dijo: “Lo que ustedes han visto en parte manifestado, será manifestado en toda su plenitud cuando venga la apretura.”

O sea, que tenemos que estar conscientes que vendrá una apretura para la Iglesia del Señor Jesucristo, y una apretura o persecución fuerte para los judíos también. En medio de la apretura los escogidos serán transformados, los que estén vivos; y los que hayan muerto serán resucitados en cuerpos eternos.

Y el reverendo William Branham dice que la Tercera Etapa será manifestada en una Gran Carpa-Catedral; por lo tanto, todo eso se juntará en el cumplimiento de lo que está prometido para Dios cumplir Su Programa con Su Iglesia.

El Título de Propiedad, el Libro de la Vida del Cordero sellado con siete sellos, que está en la diestra de Dios, contiene todo lo que sucedería principalmente de Cristo hacia acá, durante la Dispensación de la Gracia; y también contiene cosas que corresponden a la Dispensación del Reino.

Cuando nos habla de la gran tribulación, nos habla también del Reino Milenial, nos habla del Juicio final, al final de los mil años del Reino Mesiánico... ¿Ven? Hay todavía en ese Libro muchas cosas que son y que están bajo Sellos predichos, de cosas que han de suceder; las cuales le fueron dadas por revelación divina, por visión divina a Juan el apóstol; Cristo las dio a conocer a Juan, a través de Su Ángel, el Ángel del Señor Jesucristo, del cual el reverendo William Branham dice que ese Ángel es un espíritu de profeta.

Y eso lo vamos a dejar quietecito ahí, porque dice el reverendo William Branham: “No es el Señor Jesucristo; porque cuando Juan quiso adorarlo el Ángel le dijo que no lo hiciera.” Si hubiera sido el Señor Jesucristo hubiera recibido la adoración; pero eso lo vamos a dejar ahí quietecito, eso será aclarado más adelante; y algunos dirán: “Yo me lo imaginaba.”

El reverendo William Branham dice: “Pudo haber sido Elías, el profeta Elías, o alguno de los profetas.” ¿Por qué? Porque es un espíritu, un cuerpo espiritual, un cuerpo angelical de profeta; porque Dios es el Dios de los espíritus de los profetas, o sea, de los cuerpos angelicales teofánicos de los profetas. Esa es la clase de cuerpo en que están las personas creyentes en Cristo que han partido de esta Tierra, y están en la sexta dimensión, en el Paraíso; están en cuerpos espirituales, cuerpos teofánicos, cuerpos angelicales, igual al cuerpo angelical del Ángel del Señor Jesucristo.

Hay un misterio todavía grande ahí, pero algún día Dios va a abrir ese misterio; y de seguro será en la Tercera Etapa, en el cumplimiento de la Visión de una Gran Carpa-Catedral que le fue mostrada al reverendo William Branham.

De seguro la pregunta por años ha sido: dónde, cuándo y quién hará realidad esa Visión; porque no era una Carpa del reverendo William Branham. Cuando él fue allí, ya estaba hecha, ya tenían actividades públicas, ya se predicaba, se hacía llamamiento al altar; lo cual indica que eran creyentes en Cristo los que allí estaban. Y Dios estaba haciendo grandes cosas.

El Ángel que acompañaba al reverendo William Branham también descendió al cuartito pequeño donde estaba el nombre que el reverendo William Branham buscaba, el cual vio cuando estuvo en ese lugar en visión. O sea, que hay un nombre, y el nombre más importante tiene que ser el Nombre Nuevo del Señor; no hay otro nombre más importante; por lo tanto, hay un misterio allí.

Pero al reverendo William Branham le fue dicho por el Ángel que lo acompañaba: “De esto no dirás nada a nadie.” Y eso, para que no surjan imitaciones y estorben el Programa Divino.

La Columna de Fuego, que es Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, también descendió allí; o sea, que en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, en el cumplimiento de esa Tercera Etapa en la Visión de la Carpa, la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, que guió al pueblo hebreo, los libertó y los guió por el desierto y los llevó a la tierra prometida: estará allí.

Es que Él ha estado en Su Iglesia. Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” Y miren hasta dónde se llegará en el fin del mundo: Se llegará al cumplimiento de la Tercera Etapa, en el cumplimiento de la Visión de la Carpa que le fue mostrada al reverendo William Branham. Es un misterio, pero cuando esté cumpliéndose ya no será un misterio, será una realidad.

Y ahora, por cuanto Cristo en Apocalipsis, capítulo 5, tomará el Libro y lo abre; en Apocalipsis, capítulo 6, encontramos, y en el capítulo 8 también; y luego en el capítulo 10 lo trae a la Tierra abierto, lo trae a la Tierra para la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde estará el instrumento que Dios tenga para ese tiempo, el cual tiene que predicar lo que está ahí escrito, para lo cual se lo tiene que comer.

Y no es que tome un libro y se lo coma literalmente. Eso sucedió también, lo que sucede en Apocalipsis sucedió con Jeremías y con Ezequiel, que le fue dicho: “Come lo que encuentres”; y se comió el libro, el rollo. Y después le fue dicho: “Ahora profetiza con las palabras que están en el libro.”

Y en Apocalipsis, luego que se come el Libro, Juan el apóstol en representación del que le toque hacerlo en el Día Postrero... porque Juan representa a la Iglesia y Sus mensajeros a través de todos los tiempos, Juan el discípulo amado.

Y ahora, para el Día Postrero Cristo traerá el Libro de la Vida, el Libro de la Vida del Cordero, el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, abierto, para entregárselo a un hombre; porque Cristo obra a través de seres humanos, cada uno en el tiempo, en la Edad que le corresponde.

Por lo tanto, el Título de Propiedad del Libro de la Vida del Cordero, el Título de Propiedad de la vida eterna, regresará a la Tierra por Cristo, que lo traerá y lo colocará en medio de Su Iglesia; y por eso es que ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo a la vida eterna, y la transformación de los que estén vivos en el Cuerpo Místico de Cristo, los cuales serán adoptados; lo cual es la redención del cuerpo, lo cual es la transformación de los que estemos vivos; y seremos cambiados, de mortales a inmortales.

Y cuando estemos en esos cuerpos, entonces se habrán terminado las pruebas, los problemas, los sufrimientos; porque ya en el cuerpo eterno ya no habrá sufrimiento.

Esa es la solución a los problemas que la Iglesia del Señor Jesucristo ha tenido a través de la Dispensación de la Gracia, a través de estos dos mil años que han transcurrido del Día de Pentecostés hacia acá.

Cuando estén transformados los creyentes en Cristo, ya los problemas, los sufrimientos, habrán terminado; y estarán listos para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Aunque cuando Cristo resucitó estuvo con Sus discípulos apareciéndoles por unos 40 días, digamos cada sábado o cada domingo, y luego subió al Cielo; por consiguiente, también los que resucitaron con Cristo estuvieron apareciéndole a sus familiares durante ese lapso de tiempo.

Por lo cual, indica también que cuando ocurra la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que vivimos, estaremos aquí todavía (diríamos) estrenando el cuerpo. Y ahí habrá una manifestación muy grande del poder de Dios; porque eso será la adopción de los hijos de Dios, la redención del cuerpo.

Dice San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30: “Y no constristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

El Día de la Redención, lo cual es el Día Postrero como milenio; y como edad: la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de la Piedra Angular; porque fue en la Edad de la Piedra Angular de los días de Jesús, que hubo la resurrección de Cristo y también la resurrección de los muertos del Antiguo Testamento.

Estamos viviendo en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, en donde de un momento a otro se completará la Iglesia del Señor Jesucristo, y entonces Cristo saldrá del Trono del Padre, reclamará el Título de Propiedad, lo tomará, lo abrirá en el Cielo, y hará Su Obra de Reclamo como León; ya no como Cordero y ya no como Sumo Sacerdote sino como León, como Rey. Y entonces comenzará esa etapa gloriosa de reclamo de todo lo que ha sido redimido por Cristo con Su Sangre.

Por lo tanto, este Libro sellado con siete sellos es tan importante que está en la diestra de Dios. Es el Libro más importante del Cielo, es el Libro de la Vida del Cordero, es el Título de Propiedad de la vida eterna, es el Título de Propiedad de toda la Creación. Y vendrá a la Iglesia del Señor Jesucristo, por cuanto los creyentes en Cristo son herederos de Dios y coherederos con Cristo Señor nuestro. Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante.

Y si son herederos entonces el Título de Propiedad de esa herencia vendrá a esos herederos y coherederos con Cristo. Por eso Cristo como el Heredero de toda la Creación, lo toma y lo comparte con Sus coherederos, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Del sello número cuatro en adelante, son Sellos predichos, los cuales se cumplirán y luego serán abiertos al público, para que sepan cómo se cumplió lo que estaba dentro de cada uno de esos Sellos.

Ya tres Sellos han sido abiertos, y ya es historia que es conocida por los creyentes en Cristo que han leído los mensajes del reverendo William Branham; a través del cual, Dios por medio de Su Espíritu en él, reveló los misterios contenidos en el Primero, Segundo y Tercer Sello, y cómo se cumplieron.

Y ahora el Cuarto Sello es un sello predicho, que se cumplirá en este tiempo final; y el Quinto Sello tiene que ver con los judíos: y el Sexto Sello también tiene que ver con los judíos; y el Séptimo Sello tiene que ver con la Iglesia del Señor Jesucristo, porque es la Venida del Señor, y también tiene que ver en parte con los judíos.

Por lo tanto, si el Cuarto, Quinto, Sexto y Séptimo Sello son Sellos predichos (aunque… en muchos de ellos está dicho lo que va a suceder), ahí nos quedamos y leemos lo que el Espíritu Santo dijo a través del reverendo William Branham con relación al Cuarto Sello, al Quinto Sello, al Sexto Sello y al Séptimo Sello.

El Sexto Sello es con Israel. Son los Dos Olivos, son Moisés y Elías, los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero con los judíos.

Y en el Quinto Sello tenemos… Dice capítulo 6, verso 9 en adelante, de Apocalipsis:

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.

Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?

Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.”

Estos son los judíos que han pasado por el Holocausto; y quizás otros que también pasaron antes del Holocausto por esas etapas difíciles y fueron matados por ser judíos.

Ellos están en el Paraíso, se les dieron vestiduras blancas, y por consiguiente se les dijo que descansasen un poco de tiempo hasta que se complete el número de ellos, hasta que se complete con los ciento cuarenta y cuatro mil hebreos que han de morir como ellos.

Es una noticia profética triste, pero están descansando en el Paraíso; o sea, Dios los tiene en el Paraíso descansando, y los va a resucitar en algún momento; también va a juzgar la sangre de ellos, porque esa es una promesa también que está en Deuteronomio, en las promesas divinas a favor del pueblo hebreo: que Dios juzgará la sangre de Sus siervos.

Así que ellos no están muertos; lo que murió fue solamente el cuerpo físico, pero el alma y el espíritu de ellos vive en esa dimensión del Paraíso de Dios; y hablan y conocen.

Habrá otra etapa difícil para Israel durante la gran tribulación: la apretura de Jacob (de Jeremías, capítulo 30); ahí vendrá una situación difícil para Israel, pero ya eso será en la gran tribulación. Eso está en Apocalipsis, capítulo 12, versos 1 al 17, todo eso que va a suceder allí.

Y ahora, eso es un Sello predicho, como el Cuarto Sello. El Cuarto Sello es un Sello predicho de lo que va a suceder; también el Quinto Sello nos habla de algo ya histórico y de algo que está en el futuro, que corresponde a los consiervos y sus hermanos que serán muertos como ellos, serán mártires también; esos serán los que estarán escuchando el Mensaje que les traerán los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, los cuales luego la bestia los matará.

Y el Sexto Sello son los ministerios de Moisés y Elías, de los Dos Olivos; y se abre el Sexto Sello con un terremoto terrible; o sea, que hay muchas cosas que van a suceder bajo la apertura de esos Sellos.

Mientras no están abiertos en cuanto a su cumplimiento y proceso de cumplimiento, no se ve lo que aquí dice; pero luego cuando se esté cumpliendo cada cosa, la vamos viendo, y la estaremos estudiando a medida que van cumpliéndose estos Sellos, que son Sellos predichos.

Y el Séptimo Sello es la Venida del Señor, que es el misterio más grande, no solamente de la Tierra sino del Cielo también; del cual Cristo dijo que nadie, ni en el Cielo, nadie en el Cielo conoce ese misterio; ni aun los ángeles conocen, ni aun los ángeles conocen el día y la hora de la Venida del Señor.

Por lo tanto, oramos a Dios, pedimos que nos fortalezca y nos afirme cada día más en Su Palabra, en Su Mensaje para este tiempo final; y nos ayude a estar bien agarrados, como Jacob del Ángel de Dios, del Ángel del Pacto, del cual se agarró Jacob; que era, nada menos: Cristo.

Así también Israel se va a agarrar en este tiempo final cuando lo vea; y eso vamos a dejarlo quietecito ahí, porque todavía le falta un tiempito para Dios volver a tratar con el pueblo hebreo; ahora le toca a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Desde el Día de Pentecostés en adelante, le toca a la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el Nuevo Pacto; y Dios, cuando haya completado Su Iglesia y transformado a los vivos, y a los muertos los haya resucitado en cuerpos eternos, luego de eso es que tratará con Israel. E Israel dirá: “Este es el que nosotros estamos esperando.” Como vieron a José entre los gentiles, allá en Egipto, verán la Venida del Señor en medio de Su Iglesia y con Su Iglesia.

Lo que espera Israel lo tendrá la Iglesia del Señor Jesucristo: la Venida del Señor. Ellos van a creer, pero tienen su tiempo; ahora le toca creer a la Iglesia del Señor Jesucristo para prepararse para su transformación y arrebatamiento al Cielo, para estar en la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, que Dios nos ayude a todos, a estar cada día más firmes en la Palabra del Señor para nuestro tiempo, esperando nuestra transformación.

Que Dios les bendiga y les guarde. Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted, para que Cristo lo reciba en Su Reino, lo perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

En los diferentes países también pueden venir a los Pies de Cristo, los que no lo han hecho todavía, para que Cristo les reciba en Su Reino.

Vamos a dar unos minutos para, cualquier persona que todavía no haya recibido a Cristo, lo pueda recibir como su único y suficiente Salvador.

Lo más importante es la vida eterna. No hay otra cosa más importante para el ser humano, pues esta vida terrenal ya sabemos que es temporal: la persona la tiene y al otro día puede ser que no la tenga.

La vida del cuerpo físico, sabemos que es por un tiempo, para que escuchemos la predicación del Evangelio de Cristo, nazca la fe de Cristo en nuestra alma y seamos rociados por la Sangre de Cristo al recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.

Por lo tanto, la cosa más importante para el ser humano, la decisión más importante para el ser humano, es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

No hay otra decisión que el ser humano tome, que lo coloque en la vida eterna; solamente hay una, y es recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Porque no hay otro Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos; solamente hay uno, y ese Nombre es: Señor Jesucristo.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también.

Continúen pasando todos una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, ustedes que están presentes y los que están en otras naciones. Y hasta el próximo domingo, Dios mediante, en la mañana.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

Buenas noches.

“EL SELLO PREDICHO.”

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