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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones, ministros y congregaciones reunidos; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y en esta ocasión derrame Sus bendiciones sobre todos nosotros, nos abra las Escrituras y nos hable directamente a nuestro corazón. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes aquí en Lima, Perú, en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final; para lo cual leemos en Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 en adelante, donde nos dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,

y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,

sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.

Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

Y leemos el capítulo 8, verso 1, del Apocalipsis, cuando nos dice:

“Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra, nos abra Su Palabra y nos bendiga grandemente, y nos abra el entendimiento también, para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

TEMOR REVERENCIAL.”

En Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, dice que cuando en el Cielo fue abierto el Séptimo Sello hubo silencio como por media hora, todas las huestes celestiales se silenciaron; no hubo cánticos, no hubo adoración, no hubo alabanzas, todo quedó en silencio cuando fue abierto en el Cielo el Séptimo Sello. El Séptimo Sello es la Venida del Señor para el tiempo final.

Cuando ese misterio del cual Cristo dijo en San Mateo, San Marcos y San Lucas también, que nadie lo conocía, ni aun los ángeles... y el mismo Jesús dice: “Ni el Hijo.” Mientras Él estuvo en Su cuerpo de carne antes de morir y resucitar, Él no conocía cuándo sería el día y la hora de Su Venida. Luego que resucitó glorificado, ya de ahí en adelante sí sabía cuándo sería Su regreso.

Cuando fue abierto en el Cielo este misterio de la Segunda Venida de Cristo, el cual no solamente los seres humanos deseaban conocer sino también las huestes celestiales, era un misterio que estaba en la mente de Dios, y por consiguiente todavía no había salido de Dios hacia Jesús, no había salido de Dios hacia el Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical.

Recuerden que todas las cosas que son reveladas, son reveladas de Dios: pasan de Dios Padre a Jesucristo, y de Jesucristo pasan a Su pueblo; porque nadie conoció las cosas de Dios sino el Espíritu de Dios, y Él nos las reveló a nosotros. De eso es que nos habla el apóstol San Pablo cuando nos dice en el capítulo 2 de Primera de Corintios, verso 9 en adelante:

“Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,

Ni han subido en corazón de hombre,

Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.”

Ahora, podemos ver que todo lo que es revelado de Dios viene por medio del Espíritu Santo, que es Cristo en Su cuerpo angelical, el Ángel del Pacto; y Cristo en Espíritu Santo lo revela a Su pueblo.

En Habacuc, capítulo 2, verso 20, nos dice que nadie conoció… Vamos a leerlo, capítulo 2, verso 20:

“Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra.”

Y así fue cuando Juan el apóstol vio la apertura del Séptimo Sello en el Cielo, en donde Dios habló y quedó en silencio toda la Tierra; y sobre todo, todo el Cielo, las huestes celestiales quedaron en silencio, porque Dios estando en Su Templo celestial habló.

La experiencia que tuvo también Isaías en el capítulo 6, que vió a Dios en Su Santo Templo, hizo que él estuviera en silencio; pero Dios le habló. Estaba viendo la gloria de Dios en Su Templo.

Dios habla desde Su Templo, desde Su Templo celestial, por medio de Su Espíritu, que es el Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical, el cual ya está también con Su cuerpo de carne glorificado; o sea, Su cuerpo físico glorificado sentado en el Trono celestial de Dios.

A través del tiempo encontramos a diferentes hombres de Dios, como Moisés, que cuando Dios le apareció en la Columna de Fuego, lo encontramos allí frente al Ángel del Pacto, que es el cuerpo angelical de Dios y que es Cristo en Su cuerpo angelical, hablándole a Moisés; y Moisés tuvo temor reverencial, y se cubrió su rostro y se inclinó a tierra delante del Ángel del Pacto, porque él sabía que en ese Ángel del Pacto estaba Dios, que era el cuerpo angelical de Dios; el mismo que le aparecía a Adán, a los diferentes profetas, a Abraham el Padre de la Fe, y ahora le está apareciendo a Jacob como el Ángel que lo bendijo y le cambió el nombre, y luego le aparece a Moisés. En el capítulo 3 del Éxodo, verso 1 en adelante, dice:

“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios.”

Vean a dónde llegó Moisés: al monte de Dios. La persona, si llega al Monte de Dios, va a escuchar a Dios hablando, va a ver a Dios en Su manifestación para ese tiempo.

“Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.

Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios del padre de Moisés, que era Amram), Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob…”

Le está apareciendo el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob en una llama de fuego, y la Biblia dice que le apareció el Ángel de Dios; el misterio aquí es que el Ángel de Dios es el cuerpo angelical de Dios, cuerpo teofánico de Dios, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical; por esa causa es que Jesucristo en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, dice: “Abraham vuestro Padre deseó ver mi día; lo vio y se gozó.” Le dijeron los judíos: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesucristo dice a ellos: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era Jesucristo antes de Abraham? No tenía Su cuerpo físico de carne, sino que estaba en Su cuerpo angelical, que es llamado el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, el Espíritu Santo; porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión. Por eso es que la Biblia dice que Dios ha hecho a Sus ángeles espíritus y a Sus ministros llama de fuego; eso está en Hebreos, capítulo 1, versos 5 al 7. Y en el capítulo 1, verso 14, de Hebreos, nos dice que estos espíritus ministradores son enviados a los herederos de salvación.

“¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”

O sea, que son enviados a los creyentes en Cristo; y sobre todo, cuando envía un mensajero para una edad, una etapa de Su Iglesia, es enviado un espíritu ministrador en carne humana, para ministrar a ese instrumento la Palabra, y a través de ese instrumento hablar al pueblo la Palabra para esa edad. Y lo hace en Su Templo espiritual, que es Su Iglesia, como hace en el Templo celestial.

O sea, que del Templo celestial sale la Palabra revelada al instrumento que Él tenga en la Tierra; y luego a través de ese instrumento en el cual se hace carne esa Palabra, el Espíritu Santo habla a través de él esa Palabra que se hizo carne en ese mensajero. Y cuando eso ocurre en una etapa de la Iglesia, en una edad, se requiere temor reverencial, porque Dios está en Su Templo espiritual, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Primera de Timoteo, capítulo 3, verso 15 en adelante, dice San Pablo a Timoteo:

“...Para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios que es la iglesia del Dios viviente...”

La Iglesia del Dios viviente, la Iglesia del Señor Jesucristo, es la casa terrenal de Dios. Así como Él moraba en el templo que construyó el rey Salomón, y así como moró en el tabernáculo que construyó Moisés, así Él mora en Su Templo espiritual, Su Tabernáculo espiritual, que es Su Iglesia.

Y estando en Su Templo espiritual, que es Su Iglesia, se requiere que en cada persona haya temor reverencial; porque, de etapa en etapa, el Espíritu Santo se manifiesta y le habla directamente desde el Cielo a través de un velo de carne nacido en el Cuerpo Místico de Cristo. Y por consiguiente, Dios está en Su Santo Templo, en el Templo espiritual, Su Iglesia, que ha sido lavada con la Sangre del Señor Jesucristo, y Él ha santificado Su Iglesia.

Por lo tanto, es desde ahí y ahí donde podemos escuchar la Voz de Dios para el tiempo en que nosotros vivimos, así como se escuchó la Voz de Dios en edades pasadas en el Templo espiritual de Cristo, Su Iglesia.

Es ahí en Su Iglesia, en Su Templo espiritual, donde será revelado el misterio del Séptimo Sello que causa silencio en el Cielo como por media hora; es ahí donde los Truenos van a ser revelados, van a estar hablando; lo cual es la Voz de Cristo como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Es ahí donde Cristo ha estado hablando durante estos dos mil años que han transcurrido desde el Día de Pentecostés hacia acá.

Su Final Mensaje será traído por el Espíritu Santo en y a Su Iglesia; y luego, de ahí pasará al pueblo hebreo; será la Voz de Dios por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, hablando en Su Iglesia y a Su Iglesia.

Por lo tanto, será la Iglesia del Señor Jesucristo la que estará escuchando la Voz de Cristo como León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, hablando con esa Voz en tronante, con esa Voz representada en siete truenos. La Voz de Dios se escucha en esa forma.

Por eso encontramos en una ocasión en que Jesucristo dijo: “Padre, glorifica a Tu Hijo...” Dice el capítulo 12 de San Juan, verso 26 en adelante:

“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”

Una promesa de que Dios honrará a toda persona que sirve a Cristo, que sigue a Cristo y sirve a Cristo, por lo tanto Dios lo honrará.

“Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.

Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.

Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno…”

¿Ve? Porque la Voz de Dios se escucha como un trueno, pero cuando habla por medio de un hombre entonces se escucha en voz de hombre.

...otros decían: Un ángel le ha hablado.

Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros.

Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.”

Aquí hay grandes promesas de parte de Cristo.

Ahora, hemos visto cómo la Voz de Dios las personas la escucharon como un trueno, unos decían: “Fue un trueno,” otros decían: “Un ángel le habló”; pero Cristo sí escuchó lo que esa Voz tronante estuvo diciendo.

Fue como en el Monte Sinaí, que las personas escuchaban que del monte salían truenos, se oía la Voz tronante de Dios, pero Moisés sabía lo que Dios estaba hablando.

Ahora, podemos ver que es en el monte de Dios donde se oye la voz de Dios; el Monte Horeb, dice que era el monte de Dios. Luego encontramos al pueblo hebreo con el arca del pacto en el tabernáculo, y ahí estaba Dios; luego encontramos a Dios hablando a través de Moisés lo que Dios le revela a Moisés; luego encontramos que algunos quisieron pensar y que creyeran que Dios estaba en ellos, y quisieron ocupar el lugar de Moisés, como por ejemplo Miriam o María (su hermana), la cual ayudó a Moisés cuando era un bebé; pero no importa lo que usted haya hecho, nunca podrá ocupar el lugar del mensajero para la edad o dispensación en que la persona esté viviendo. Solamente Dios tiene una persona.

Le buscaron falta a Moisés, y eso también fue algo mal visto por Dios. Tenemos a Miriam y a Aarón (hermano de Moisés, los dos, hermanos de Moisés), que dijeron en una ocasión: “¿Acaso Dios no ha hablado por nosotros?” Y eso desagradó a Dios, porque Dios no habló por ellos al pueblo. Dios habló por medio de Moisés, y a Aarón fue Dios el que le habló por medio de Moisés; porque Dios le dijo a Moisés: “Tu pondrás en la boca de tu hermano Aarón lo que él debe decirle al pueblo.”

Por lo tanto, podemos decir que fue Moisés el que habló, por boca de Aarón; y Dios por boca de Moisés. Por eso Dios le dijo a Moisés que Aarón vendría a ser profeta de Moisés. Eso nos muestra que un mensajero no puede tratar de creerse mayor que el que lo envía.

Miriam, por ignorancia; y Dios no mira la ignorancia como para decir: “Eso no fue nada.” Dios tiene Sus leyes: “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos, Sus profetas,” Amós, capítulo 3, verso 7. Ese es el Orden Divino. En todos los tiempos ha sido así.

Algunas personas han creído que pueden salirse con la suya porque se creen que saben mucho, y cometen el error de pensar que es a través de ellos que Dios tiene que hablarle al pueblo; pero Dios hablará a Su pueblo por medio de Su Espíritu, que es el Ángel del Pacto y que es Cristo en Espíritu Santo en cuerpo angelical en medio de Su pueblo, en medio de Su Iglesia, en Su Monte Santo; que bajo el Nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo. Y para cada tiempo Él tiene Su instrumento a través del cual se manifiesta, se revela al pueblo y le habla al pueblo.

Eso lo explicó el reverendo William Branham en el libro de “Las Siete Edades de la Iglesia” y en el libro de “Los Siete Sellos” y en el libro de “Las Setenta Semanas de Daniel”, y en otros mensajes que él predicó.

Por lo tanto, siendo esa la forma de Dios hablarle a Su Pueblo, mantengámonos firmes escuchando la Voz de Cristo, la Voz de Dios, en y desde Su Monte Santo, Su Templo espiritual, Su Iglesia.

No va a hablar en y desde otro lugar; por eso el mensajero para cada tiempo siempre ha sido parte del Cuerpo Místico de Cristo bajo el Nuevo Pacto. Y así como Moisés estuvo con su pueblo y subió al Monte Sinaí, al monte de Dios, así subirá cada mensajero en la edad que le toca vivir, sube al Monte de Dios, a la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Monte Santo, porque ha sido santificado por el Espíritu Santo.

Toda manifestación de Dios desde el Día de Pentecostés hacia acá, ha sido en el Monte Santo, la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual está cubierta con la Sangre del Señor Jesucristo; y la manifestación final de Dios antes del rapto y antes de comenzar la gran tribulación, será en el Monte de Dios, el Templo de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; porque la Iglesia del Señor Jesucristo es el Templo espiritual, que representa el Templo celestial de Dios.

Por lo tanto, con temor reverencial escuchemos la Voz de Dios en nuestro tiempo; sepamos que es ahí donde Él hablará como León de la tribu de Judá, y Siete Truenos emitirán Sus voces; y esa Voz será el contenido de ese Librito abierto.

Cuando alguien viene con un libro o algo escrito, es para darlo a conocer al público; y Cristo viene con el Librito abierto en Su mano, el Libro de la Vida del Cordero, y le dice al apóstol San Juan (que también era profeta y es profeta porque está vivo en el Paraíso): “Toma el Librito, pídele el Librito al Ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.” Y se lo pide. Y Él le dice: “Cómelo.” Un Libro que se puede comer: la Palabra del Señor. Porque “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” [San Mateo 4:4]

Así como vamos a la escuela y a la universidad, y nos dan la enseñanza del contenido escrito en los diferentes libros; y en términos espirituales “nos comemos” toda esa enseñanza, nos comemos todo el contenido que está en esos libros; y luego vienen los exámenes en el tiempo correspondiente. De acuerdo a eso que usted aprendió, que se comió (en términos espirituales), es que después va usted a actuar o como ingeniero o ingeniera, como abogado o abogada, como médico, como doctora o como lo que sea; y por consiguiente, de eso luego usted le hablará a sus clientes, a sus pacientes. Así es también este Librito que Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo, tomó en el Cielo, el cual estaba cerrado, lo abrió en el Cielo, y luego lo trae abierto a la Tierra, y se lo entrega a un hombre que está representado en Juan el apóstol.

Y así como Juan se lo comió, se lo comerá el hombre mensajero final que Dios tenga en Su Iglesia en el Día Postrero; y tendrá la orden de profetizar sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.

Y en Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14, encontramos ahí el ministerio que profetiza sobre muchos pueblos, naciones y lenguas, que es el ministerio de los Dos Olivos, el ministerio de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero.

Todo será sencillo. Por lo tanto, el ministerio de Moisés y Elías para los judíos, les traerá la revelación divina que le corresponde recibir a ellos en el Día Postrero; y la Iglesia del Señor Jesucristo recibirá la revelación de la Venida del Señor, la que le dará la fe para ser transformados los creyentes en Cristo, y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Así es como se recibirá la fe de rapto, la fe para transformación y arrebatamiento o rapto de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y eso será Dios por medio del Espíritu Santo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero; eso será la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final prometida en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58; y Primera de Tesalonicenses,  capítulo 4, versos 11 al 18; y eso será también Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21:

Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra (este cuerpo de carne que tenemos), para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Con ese poder que Él tiene, el cual y en cual dijo en San Mateo, capítulo 28, verso 16 al 20: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” Si le fue dado todo el poder, entonces Él puede resucitar a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados, y a los que estén vivos transformarlos. Esa es una promesa que Él hizo también en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, donde nos dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (es Cristo el que ha prometido resucitar a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente).

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y queda establecido también en qué tiempo va a llevarse a cabo la resurrección: en el Día Postrero; o sea, en el milenio postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá. Y así como el séptimo día es el día postrero de la semana para los judíos y para todos los cristianos también, el domingo es el primer día de la semana; y si contamos desde el primer día, vendría a ser también el octavo día, el octavo día viene a ser el primer día de la semana; por eso Cristo resucitó domingo, el primer día de la semana.

Y le apareció por primera vez, ya resucitado, a Sus discípulos; y la bendición la tuvieron primero mujeres, hermanas creyentes en Cristo. Como que están más alerta esperando el cumplimiento de lo que Cristo ha prometido.

Casi siempre en los hogares ¿quién se levanta primero para hacer el café?, ¿y quién se acuesta a lo último, casi siempre? La mujer, porque tiene que arreglar los trastes, dejarlos bien lavaditos para el otro día. Por lo tanto están bien alertas las damas, las creyentes en Cristo.

Y vean, Cristo representó el cristianismo en diez vírgenes: cinco prudentes y cinco insensatas. Es que hay algunas que son insensatas y otras son prudentes.

Y ahora, encontramos que es importante ser sensatos, prudentes, y sobre todo en las cosas de Dios. Y es importante tener temor reverencial en el Templo espiritual de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Dios en Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo, dijo: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20. Y en San Mateo, capítulo 18, verso 20, dijo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré.”

Ahora podemos ver dónde es que Cristo está, dónde es que Cristo se manifiesta, dónde es que Cristo derrama Sus bendiciones; y podemos ver que ahí es donde está la Sangre de Cristo por medio del Espíritu Santo, que es la Vida de la Sangre. Por lo tanto, ahí es donde está Cristo, el Ángel del Pacto, en Espíritu Santo, de edad en edad, hablándole a Su Iglesia por medio de un velo de carne correspondiente a cada tiempo.

Y es ahí en Su Iglesia donde Él derrama Sus bendiciones espirituales, donde Él abre el corazón y el entendimiento a las personas para entender la Palabra del Señor.

“A vosotros es dado conocer los misterios del Reino de Dios, del Reino de los Cielos.” San Mateo, capítulo 13, versos 11 al 17.

Y cuando la persona puede ver todo ese Programa Divino para el tiempo en que vive, puede escuchar la Palabra de Dios para el tiempo en que vive, y puede ver el Orden Divino siendo manifestado, y Dios hablando por medio de Su Espíritu a través de un hombre en cada edad: está viendo la manifestación de Dios prometida para ese tiempo; porque Dios está en Su santo Templo, que ya no es el tabernáculo que construyó Moisés ni es el templo que construyó el rey Salomón, sino que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y todo lo que sucede en el Templo celestial luego se manifiesta acá en el Templo espiritual, la Iglesia del Señor Jesucristo. O sea, que para que pase algo en medio de la Iglesia, algo tiene que pasar en el Templo celestial; porque la representación del Templo celestial acá en la Tierra es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es en la Iglesia donde ha estado el temor de Dios, el temor reverencial, de etapa en etapa; lo cual es muy importante, porque así como Moisés a reverencia se cubrió su rostro y se arrodilló, se postró en tierra delante del Ángel del Pacto, donde Dios estaba, así también en el campo espiritual estarían los creyentes en Cristo, de edad en edad: con temor reverencial ante la presencia de Cristo en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo; y estarían escuchando la Voz de Dios por medio de Cristo en Espíritu Santo hablándole a Su Iglesia, de edad en edad, a través del mensajero correspondiente a cada edad.

Mantengamos siempre ese temor reverencial, mantengamos siempre ese cuidado. Cuando entramos a la Iglesia, al Templo, manténgase en ese temor reverencial.

Recuerde, usted viene para adorar a Dios, para cantar a Dios salmos, himnos; para pedir Sus bendiciones, hacer vuestras oraciones a Dios en el Nombre del Señor Jesucristo, y escuchar la Voz de Dios por medio de Cristo en Espíritu Santo, Su Voz, la Voz de la Palabra, trayéndonos, dándonos Su Palabra revelada para el tiempo que nos toca vivir. Así ha sido de edad en edad y así ha sido también de dispensación en dispensación.

“Si oyes hoy Su Voz, no endurezcáis vuestro corazón.” Hebreos, capítulo 3, verso 7, y Hebreos, capítulo 4, verso 7.

Israel en el desierto endureció el corazón cuando no debió hacerlo. Y vean, cuando la persona endurece su corazón: ya corta las bendiciones de Dios, y entonces les vienen situaciones difíciles; y sobre todo, que desagrada a Cristo, desagrada a Dios. Todos queremos agradar a Dios, todos queremos agradar a Cristo, y todos queremos adorarlo, y todos queremos escuchar Su Voz y recibir Sus bendiciones.

Si alguna persona no ha recibido a Cristo todavía, como su Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en el Nombre del Señor; para lo cual puede pasar acá al frente y estaremos orando por usted.

Vamos a dar unos minutos mientras llegan, vienen a los Pies de Cristo, para que Cristo tenga misericordia de usted y le reciba en Su Reino.

El ser humano mientras vive, cada día da muchos pasos. Da pasos para ir de un lugar de la casa a otro, de la cama al baño para darse un baño, luego también a la mesa para desayunar, luego al automóvil (ya sea que tenga o no tenga); si va al trabajo o toma su auto o va por transporte público, tiene que dar pasos para llegar al medio de transportación; luego da los pasos para llegar al trabajo (al lugar de trabajo) al bajar del medio de transportación; y luego sigue dando pasos en el trabajo, cuando tienen que levantarse de la silla los que tienen que estar sentados, y los que tienen que estar en pie también tienen que estar dando pasos en el trabajo; y luego para regresar también siguen dando pasos. Pero ninguno de esos pasos que da durante el año (que son muchos), los conduce a la vida eterna.

Solamente dar el paso, los pasos para recibir a Cristo como Salvador, son los pasos que lo conducen a Cristo, y por consiguiente a la vida eterna; por lo tanto, el paso o los pasos más importantes que damos, el paso más importante que damos, que nos coloca en la vida eterna, es el paso o los pasos que damos para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; por lo tanto, ese es el paso más importante que da el ser humano, no hay otro paso más importante.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión; los que están en otras naciones también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que estén incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Lo más importante es la vida eterna; y por lo tanto, eso es lo que tenemos que asegurar mientras vivimos en esta Tierra, pues las personas no saben cuándo tienen que partir, por lo tanto tenemos que asegurar la vida eterna con Cristo en Su Reino; y lo tenemos que hacer lo más pronto posible porque nadie sabe cuándo le toca partir; porque parten de esta Tierra ancianos, algunos por edad avanzada, otros por alguna enfermedad; parten también de esta Tierra personas de 40 a 60 años, por algún problema de salud, o accidentes, o alguna otra causa; parten también de aquí de la Tierra jóvenes de 15 a 40 años, parten adolescentes también, parten niños también, y bebés también; o sea, que nadie tiene asegurado una cantidad de años aquí en la Tierra, porque usted no puede pedir un seguro de vida que le garanticen ‘tantos’ años de vida en la Tierra.

Dios le ha dado a cada persona una cantidad de años para vivir en la Tierra, y en esa cantidad de años que le dé, usted tiene que obtener la vida eterna recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Si deja pasar la oportunidad de recibir a Cristo y muere, no puede ir al Paraíso si no ha recibido a Cristo como Salvador.

Y todos queremos ir al Cielo, ir al Paraíso a vivir. Y cuando en la Venida de Cristo Él traiga a todas esas personas que murieron, que están en cuerpos angelicales, cuerpos teofánicos, los traerá con Él en Su Venida, los resucitará en cuerpos físicos glorificados, para que sean físicamente iguales a Cristo, con cuerpos inmortales, jóvenes y glorificados; para nunca más morir; y los que estén vivos, creyentes en Cristo, serán transformados.

Por lo tanto, tenemos que entender estas cosas y agarrarnos bien de Cristo recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador; y nunca dejarlo.

“Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Mi Padre y yo una cosa somos.” Dice Cristo. Y Él dice que el Padre es mayor que Él. Esto está en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Y Cristo dijo también: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí y a salvarme a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también. Por lo tanto, si oyes hoy Su Voz no endurezcas tu corazón; si todavía no lo has recibido como tu Salvador, este es el momento para recibirlo como tu único y suficiente Salvador.

La cita bíblica es San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14, donde nos dice:

“Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.”

Y también en San Lucas nos habla de esto mismo. Es importante conocer todo lo que Cristo ha hecho por nosotros. San Lucas, capítulo 19, versos 10 en adelante, dice:

“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

O sea, que vino a buscarnos a todos nosotros para colocarnos en Su Redil, y por eso nos compara con ovejas descarriadas que Él vino a buscar y a salvar.

En los diferentes países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino.

En este mismo capítulo 18 de San Mateo, verso 14, nos dice así:

“Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”

No es la voluntad de Dios que se pierda una de estas personas que está tipificada en una oveja del Redil de Dios.

Es importante comprender estas cosas para poder entender que todos tenemos la misma oportunidad de vivir eternamente en el Reino de Cristo que va a ser establecido en este planeta Tierra; y que antes de comenzar Su Reino físico aquí en la Tierra, Él llevará, en lo que el cristianismo llama el rapto o arrebatamiento de la Iglesia del Señor Jesucristo, los llevará a la Casa del Padre celestial para la fiesta de Boda, la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, donde yo voy a estar. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

¿Por qué sabemos que vamos a estar? Pues Cristo dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye,” y también dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30.

Y también el capítulo 8, verso 47, donde dice: “El que es de Dios, la voz de Dios oye.” ¿Y quiénes son esos que oyen la Voz de Dios? Las ovejas del Padre, las ovejas de Dios, que le han sido dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna.

Por eso Cristo dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil (o sea, que no son del redil hebreo o judío, están entre los gentiles); aquellas también debo traer, y oirán mi voz (escucharán el Evangelio de Cristo, esa es la Voz de Cristo para cada tiempo); y habrá un rebaño (ese rebaño es la Iglesia del Señor Jesucristo), y un pastor (el Pastor es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia).” [San Juan 10:16]

Por lo tanto, como ovejas somos colocados en el Redil del Señor, la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Cuerpo Místico de Cristo, donde Cristo en Espíritu Santo ha estado desde el Día de Pentecostés hacia acá como Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20.

En los demás países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Cristo tiene lugar para los niños también. Recuerden que Él dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, en temor y reverencia, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, aquí en Lima, Perú, y en otros países. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo Te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Palabra, de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente, Haz realidad en mí, en mi vida, la Salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí. Te lo ruego Señor Jesucristo en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado. Por lo tanto, ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16] Usted me dirá: “Yo creí y lo he recibido como mi Salvador, quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, ¿cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es tipológico, en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia. En el bautismo en agua, la persona que recibe a Cristo como Salvador, se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección, ahí está el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

El mismo Cristo vimos que fue bautizado por Juan el Bautista para cumplir toda justicia. ¡Cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados para identificarnos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección!

Bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones también pueden ser bautizados, los que han recibido a Cristo como Salvador, y que Dios los bendiga también grandemente, los que están en otros países, juntamente con los que están aquí presentes. Y continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro para que les indique cómo hacer y qué hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo,” dijo Cristo en San Marcos, capítulo, 16, versos 15 al 16. Agárrense de esa Palabra de Cristo.

Dejo con ustedes aquí al ministro para que les comunique qué hacer.

Dios les bendiga y les guarde grandemente a todos.

Recuerden: Agárrese bien del Señor Jesucristo, nunca dejen al Señor Jesucristo.

TEMOR REVERENCIAL.”

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