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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones, y ministros e iglesias. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y nos abra el entendimiento para comprender la Palabra, las Escrituras, en esta ocasión. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión tenemos dos reportajes de las actividades de la Embajada de Activistas por la Paz, en Costa Rica. La primera: la apertura de los Foros Universitarios: “El Holocausto como paradigma del genocidio”, en el Colegio de Abogados de Costa Rica; y el segundo: la Conmemoración del Día Internacional del Holocausto en la Cancillería de Costa Rica.

Esos dos reportajes de esas actividades las estaremos viendo, para que así todos vean cómo van los trabajos de la Embajada de Activistas por la Paz, y puedan ver cómo el respaldo que ustedes le dan (ustedes que están presentes y los que están en otras naciones), cómo el respaldo que ustedes le dan a la Embajada de Activistas por la Paz se está usando bien, está llevándose a cabo un trabajo muy importante. Lo vamos a ver ya en estos momentos, estos dos reportajes; y luego estaré nuevamente con ustedes. (Con el permiso).

[Presentación de los videos-documentales]

Hemos visto estos documentales o reportajes de las actividades de la Embajada de Activistas por la Paz en Costa Rica, de estos días pasados; y podemos ver el trabajo efectivo que está llevando a cabo la Embajada de Activistas por la Paz. Y apreciamos el respaldo que le dan diferentes instituciones, iglesias, ministros, gobiernos, universidades y demás entidades; porque queremos mantener la paz, lograrla y mantenerla, porque la familia humana necesita la paz. Sin la paz no hay seguridad; por lo tanto, se requiere las buenas relaciones entre individuos como entre naciones, para que así haya paz en la familia humana.

Para el creyente en Cristo, la paz es Cristo. “Cristo es nuestra paz, que de ambos pueblos (judíos y gentiles) hizo uno.” [Efesios 2:14]

En San Mateo, capítulo 11, versos 25 al 27, nos dice:

“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.

Sí, Padre, porque así te agradó.

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”

“LA SIMPLICIDAD DE DIOS.”

A través de la historia bíblica podemos ver que Dios obra siempre en simplicidad, en forma sencilla; y siempre Dios hace todo en forma sencilla; por lo tanto, toda persona que quiera ver a Dios obrando, tiene que buscarlo obrando en forma sencilla las cosas grandes de Dios.

Por ejemplo, encontramos en el tiempo de Adán y Eva, en la caída de ellos, que Dios vino en rescate de ellos; hubo un juicio allí, fue traído a juicio Adán, Eva también, y la serpiente también (los tres que estuvieron involucrados en el problema); y sobre cada uno cayó una sentencia.

Y luego para cubrir el pecado de ellos, de Adán y Eva, Dios dio pieles de un animalito para cubrir la desnudez de Adán y Eva; por lo cual hubo un sacrificio por causa del pecado. Por causa del pecado de ellos un animalito tuvo que morir para cubrir sus pecados, pues la sangre de animalitos no quita los pecados, solamente los cubre; y aquellas pieles que le fueron colocadas a Adán y a Eva estaban sangrando; por lo tanto, encontramos allí el comienzo de los sacrificios de animalitos en lugar del ser humano, tomando el lugar del pecador para cubrir los pecados del ser humano.

Luego encontramos a Abel efectuando un sacrificio de una ovejita, de un corderito, sacrificándolo por sus pecados, y obteniendo el perdón de sus pecados y siendo cubiertos sus pecados con la sangre de ese animalito; porque “sin derramamiento de sangre no se hace remisión de pecados.”

Eso no lo comprendía Caín; y vio el sacrificio, la ofrenda que trajo Abel, como algo repugnante: un animalito matado y ofrecido a Dios como sacrificio; él nunca había estado de acuerdo con esos sacrificios que Adán efectuaba y luego lo efectuaba también Abel. Y trajo como presente ante Dios, como ofrenda para Dios, de los frutos del campo; era agricultor. Digamos que trajo manzanas, como piensan algunos, que el pecado fue que se comió una manzana literal; otros dicen que fue un apricot, y otros dicen que fue otra cosa.

Y así era o pensaba Caín: que una ofrenda de frutos del campo, manzanas, uvas y demás frutos del campo, agradaba a Dios; era limpio, y de seguro los lavó bien; y no se veía algo así lleno de sangre como la ofrenda de Abel.

Pero Dios no había demandado una ofrenda, un presente para Dios, de frutos del campo, sino un sacrificio por el pecado; eso fue lo que Dios instituyó cuando le dio pieles de un animalito a Adán y a Eva para cubrir su desnudez.

Y así continuaría el ser humano ofreciendo sacrificios de animalitos por el pecado, para cubrir sus pecados, porque Dios los perdona pero permanecen; porque la sangre de animalitos no puede quitar el pecado del ser humano; porque los animales no tienen alma, y el espíritu del animalito no puede venir a la persona.

Por lo tanto, el ser humano continuaría ofreciendo esos sacrificios hasta que llegara un Sacrificio perfecto; no que cubriera los pecados, sino que los quitara; y eso sería el Sacrificio del Mesías en Su Venida, el cual vendría como Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo.

En lo que ofreció Abel a Dios, su sacrificio de un animalito, de un corderito, de una oveja, estaba la tipología del Sacrificio de Cristo que Él realizaría en Su Primera Venida; pero en la ofrenda que trajo Caín no hablaba nada, no tipificada nada con relación a la Primera Venida de Cristo; por lo tanto, Dios no vio con agrado la ofrenda de Caín. Estaba haciendo un servicio a Dios fuera de la voluntad de Dios, lo estaba haciendo de acuerdo a su propia voluntad y no a la voluntad de Dios, al Programa de Dios.

Así hay personas que dicen que creen en Dios y que sirven a Dios; pero quieren - dicen: “Yo sirvo a Dios a mi manera.” No puede ser a la manera de la persona, sino a la manera de Dios, como Dios ha establecido; y por consiguiente, tiene que ser por medio de Cristo nuestro Salvador.

Caín era una persona religiosa, como también lo era Abel; pero vean, toda persona que dice que cree en Dios y que sirve a Dios, no quiere decir que lo está haciendo bien; porque las cosas tienen que ser hechas para Dios de acuerdo a como Él ha establecido para el tiempo en que la persona está viviendo. Y el Programa de Dios siempre se ve sencillo, y son los mismos seres humanos los que complican el Programa de Dios y se inventan su forma, su propia forma de programa, y que para servir a Dios.

Pero a Dios no se le puede servir conforme al programa que la persona haga, sino al Programa que Dios ha hecho, lo que Dios ha establecido para que el ser humano sirva a Dios.

Siempre el Programa de Dios se ve muy sencillo, se ve muy simple; y siempre que Dios envía un mensajero a la Tierra es porque Dios va a llevar a cabo una Obra, una labor, conforme a lo que Él ha prometido para ese tiempo.

Y cuando aparece Dios obrando en ese tiempo, cumpliendo lo que Él ha prometido, las personas miran y no lo pueden creer; no pueden captar que eso que está sucediendo, que está llevando a cabo una persona sencilla, es Dios a través de esa persona llevando a cabo lo que Él prometió para ese tiempo. Y sucede lo que dice aquí en el pasaje que hemos leído: que Dios ha escondido estas cosas de los sabios y entendidos, y las ha revelado a los niños, a las personas sencillas.

Por lo tanto, para servir a Dios, la persona tiene que tener la revelación de Dios, del Programa de Dios para el tiempo en que está viviendo. Como en el tiempo de Jesús en Su ministerio terrenal, pregunta en una ocasión a Sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Todos comienzan a decir: “Unos dicen que tú eres Juan el Bautista que ha resucitado, otros dicen que tú eres Jeremías, otros dicen que tú eres Elías,” y así por el estilo.

Esa era la opinión de muchas personas, de muchos religiosos, y aun de líderes religiosos; pero ahora Cristo quería saber qué pensaban ellos, qué creían ellos, qué entendían ellos que era Jesús el Hijo del Hombre; y pregunta: “Y vosotros ¿quién decís que es el Hijo del Hombre?”

Pedro le dice: “¡Tú! ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” Cristo le dice: “Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre; sino mi Padre que está en los Cielos.” [San Mateo 16:13-17]

O sea, que esa revelación no la había recibido en la sinagoga; en la sinagoga no enseñaban que Jesús era el Hijo de Dios, en la sinagoga los rabinos no enseñaban que Jesús era el Cristo, el Mesías. Esa revelación vino de Dios, del Espíritu Santo a San Pedro.

Esa es la revelación que reciben todos los creyentes en Cristo: Quién es el Hijo del Hombre: Jesucristo, el Hijo de Dios que ha venido al mundo para morir en la Cruz del Calvario y quitar nuestros pecados. Sin esa revelación la persona no puede obtener la salvación y vida eterna, no puede obtener el perdón de sus pecados, no puede acercarse a Dios.

El mismo Cristo dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.”

Toda persona necesita tener la revelación de Cristo para poder acercarse a Dios en la forma correcta, que es a través de Jesucristo. El que no tiene esa revelación tratará de acercarse a Dios como Caín: por medio de su propio concepto religioso, de una ofrenda de frutos del campo u otra forma o método religioso que la persona pueda tener o haber obtenido de alguna religión; pero la forma correcta para acercarse a Dios en la Dispensación de la Gracia es a través de Jesucristo, el cual dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie…” Por lo tanto, cualquier persona que diga que se acercó a Dios y que Dios le habló, y no haya sido a través de Cristo, está equivocado. “Y nadie viene al Padre sino por mí.” San Juan, capítulo 14, verso 6.

Y también la Escritura dice: “Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre de Jesucristo,” en el Nombre del Señor Jesucristo, nos dice San Pablo. [Colosenses 3:17]

Y también Cristo dijo: “Y todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré.” [San Juan 14:13]

Es importante saber que en la Dispensación de la Gracia nos acercamos a Dios a través de Cristo, y oramos a Dios y pedimos a Dios en el Nombre del Señor Jesucristo; por lo tanto, se requiere entonces la revelación de Dios, del Padre, para acercarnos a Dios, para orar a Dios y para obtener el perdón de pecados, y ser limpios de todo pecado y ser bautizados con el Espíritu Santo, y obtener el nuevo nacimiento; y luego servir a Cristo, a Dios por medio de Cristo, dentro del Reino de Dios, todos los días de nuestra vida terrenal.

Todo el Programa de Dios para que el ser humano se acerque a Dios y le sirva, es sencillo. Aun el mismo Jesucristo fue la persona más sencilla que hubo en su tiempo; fue tan sencillo, un sencillo carpintero de Nazaret, y era nada menos que Dios visitando a Su pueblo, Emanuel, que significa: Dios con nosotros, Dios vestido de un cuerpo de carne llamado Jesús; esa es la semejanza física de Dios. Y la imagen de Dios es el cuerpo angelical de Dios llamado el Ángel del Pacto, llamado también el Espíritu Santo; porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, un cuerpo espiritual, parecido a nuestro cuerpo pero de otra dimensión.

Y cada creyente en Cristo también tiene su ángel, su cuerpo angelical, su cuerpo espiritual.

Cristo dijo que “los ángeles de estos pequeñitos ven el rostro de mi Padre cada día”; por lo tanto, si ven el rostro del Padre celestial cada día... Eso está en San Mateo, capítulo 18, verso 10:

“Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos.”

Eso lo dice Cristo; por lo tanto, los creyentes en Cristo tienen también su ángel, su cuerpo angelical; y por consiguiente, así como Dios tiene Su Ángel también, que es Su cuerpo angelical, Cristo en cuerpo angelical… por lo cual Él podía decir: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58.

Y vean, una persona que viene de la eternidad y que pasa por las diferentes etapas de la Creación, y a través del cual el mismo Dios habló y creó todas las cosas, ahora cuando aparece aquí en la Tierra vestido de un cuerpo de carne que Él mismo se creó, ahora aparece en una forma tan sencilla: no con una profesión sino con un oficio de carpintero; y por eso decían: “¿Cómo tiene, éste, esta sabiduría sin haber estudiado?” Era la Sabiduría de Dios.

Encontramos que la Escritura dice que muchos vieron a Dios en el Antiguo Testamento; pero luego en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: “A Dios nadie le vio jamás.” Esto parece contradecir lo que otros hombres de Dios como Abraham, aun como Adán, aun como Abel, aun también como Noé, también como Abraham, que comió con Elohim y Sus dos Ángeles Gabriel y Miguel…; y con lo que dice también Jacob cuando luchó con el Ángel de Dios, y no lo soltó hasta que el Ángel lo bendijo cambiándole el nombre.

Luego dice: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma,” y le puso por nombre Peniel (que significa: “el rostro de Dios”) al lugar donde tuvo ese encuentro con el Ángel de Dios. Capítulo 32, versos 24 al 32 del Génesis.

Y también en Jueces, capítulo 13, encontramos a Manoa y a su esposa, que se encontraron con el Ángel de Dios y no sabían que era el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical, el Verbo que era con Dios; y no lo supieron hasta que Manoa ofreció su ofrenda de un cabrito o corderito a Dios. Porque le había ofrecido al Ángel una comida, pero el Ángel le dijo: “Yo no comeré de tu pan, pero si quieres sacrificar, sacrifícalo a Dios.” (Jueces está después de Josué). Y Manoa no sabía con quién estaba hablando y quién estaba hablando con él.

Vean, vino en forma sencilla el Ángel más importante: el Ángel de Dios, el Señor Jesucristo en Su cuerpo angelical, el Verbo que era con Dios y a través del cual Dios habló a existencia toda la Creación.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” [San Juan 1:1]. Era Dios en Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico.

Dice el verso… Capítulo 13, verso 13 en adelante… o verso 17 en adelante dice… y una partecita del 16 [Jueces]:

“Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová.”

No sabía que era el Ángel de Dios; o sea, no sabía que era el cuerpo teofánico, el cuerpo angelical de Dios, que era la imagen del Dios viviente; o sea, no sabía que era el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto.

“Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos?

Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?

Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer.

Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra.

Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová (el cual ya sabemos que es Cristo en Su cuerpo angelical).

Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto.”

Porque la manifestación de Dios siempre ha sido en y a través del Ángel de Jehová, del Ángel del Pacto, de Su cuerpo angelical, que es la imagen del Dios viviente, que es Cristo la imagen del Dios viviente.

Por esa causa es que la Escritura nos dice que Cristo es la imagen de Dios, o sea, el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo.

Por eso a Sus discípulos luego les dice el Señor en San Mateo, capítulo 28, verso 20: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20. Y el capítulo 18, verso 20, nos dice, de San Mateo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré.”

¿Y cómo estaría Cristo? En Espíritu Santo; porque Cristo en Su cuerpo angelical es el Espíritu Santo.

Y ahora, encontramos que Cristo siendo la imagen del Dios viviente y también la semejanza física de Dios: Jesucristo es el cuerpo angelical de Dios y Jesucristo es el cuerpo de carne de Dios, el cual ya está glorificado, en el cual mora Dios en toda Su plenitud; o sea, que en ese cuerpo de carne ya glorificado mora el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios; y mora Dios el Padre.

La plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, está en Jesucristo nuestro Salvador. Por eso Cristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”

Por lo tanto, las obras que Cristo hacía no las hacía de Sí mismo: era el Ángel del Pacto a través del cual el Padre obraba a través de Jesús esos milagros; le mostraba a Cristo las cosas que Dios iba a hacer, y luego Jesús iba y las hacía; pero era Dios a través de Jesús haciendo todas esas cosas.

Cristo decía: “Yo no hago nada de mí mismo. El Padre, o sea, mi Padre que mora en mí, Él hace las obras.”

Y también decía que no hablaba nada de Sí mismo sino que como escuchaba al Padre hablar, así Él hacía y así Él hablaba. Por lo tanto, era la Voz de Dios hablando a través de labios humanos cuando Cristo hablaba. Esas predicaciones era Dios hablándole al pueblo a través de carne humana.

Y todo era en simplicidad: un joven carpintero sin una educación académica, sin un doctorado, sin una profesión; solamente un oficio de carpintero. Y sin embargo Ése era el Mesías, el Ungido, Ungido de Dios, el Mesías de Dios, Ungido de Dios, el Cristo de Dios. Ungido, Mesías y Cristo es lo mismo. Y lo miraban y era tan sencillo; pero era Dios obrando a través de ese velo de carne sencillo.

Porque Dios se vela, se mete dentro de un velo de carne sencillo; y luego a través de ese velo de carne sencillo se revela al pueblo; esa es la revelación de Dios para cada tiempo en que Dios se vela.

O sea, se mete dentro de un instrumento que Él escoge, se mete dentro de él, y ahí está escondido Dios; y las personas ven una persona sencilla pero no ven al que está dentro de esa persona: a Dios.

Y Dios comienza a obrar, a hacer aquello que está prometido que Dios hará para ese tiempo; pero lo hace a través de una persona sencilla. Por lo tanto, se vela en un instrumento sencillo, y se revela a través de ese instrumento sencillo, en lo que Él ha prometido llevar a cabo en ese tiempo.

Dios siempre obra en forma sencilla y a través de instrumentos sencillos; y eso es en lo que tropiezan los sabios y entendidos; porque piensan que si Dios va a manifestarse, Dios siendo tan grande, pues tiene que hacerlo a través de un hombre grande, importante; pero lo hace a través de una persona sencilla, humilde; y luego eso es la Obra de Dios para ese tiempo. Y les pasa por encima a muchas personas.

Está escondido de los sabios y entendidos, pero revelado a los niños: las personas sencillas que pueden ver lo que Dios está haciendo en forma sencilla y por un instrumento sencillo; lo pueden reconocer a Dios, que es el grande, el que está haciendo esas cosas que Él prometió, y pueden creerlo.

“Ha escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y lo ha revelado a los niños; porque así le agradó,” dice Cristo. Así le agradó a Dios.

A Dios le agrada velarse, meterse dentro de una persona sencilla, y luego revelarse a través de esa persona sencilla, cumpliendo lo que Él prometió para ese tiempo.

“LA SIMPLICIDAD DE DIOS.”

Vean, la Dispensación de la Gracia... Vean, el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, para redimir al ser humano, fue por medio de un instrumento sencillo llamado Jesús; la Obra más grande hecha por Dios en la Tierra, la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Y luego el comienzo de la Iglesia lo comenzó Cristo en Espíritu Santo el Día de Pentecostés con personas sencillas también: pescadores, agricultores, amas de casa también, ciento veinte creyentes en Cristo con los cuales nació la Iglesia el Día de Pentecostés; y después siguió añadiendo a Su Iglesia miles de personas sencillas; y algunos que tenían alguna educación vinieron a ser personas sencillas también.

El que quiera ver a Dios velado y revelado, cumpliendo lo que Él ha prometido para el tiempo en que la persona vive, tiene que buscarlo en forma sencilla; si no, no lo va a encontrar. Dios en simplicidad velándose y revelándose a Su pueblo.

“Nadie jamás ha visto a Dios; el unigénito Hijo, que está en el Seno del Padre, Él le ha dado a conocer.” [San Juan 1:18]

Vean, en palabras más claras: nadie jamás ha visto a Dios el Padre. Cristo, el Ángel del Pacto, le ha dado a conocer; lo dio a conocer por medio de Abraham, de Adán, de Abel, de Set, de todos estos hombres de Dios, de Noé, de Abraham, de Moisés, de los profetas, los jueces y los profetas, Elías...; y sin embargo, Elías, ni se sabe bien la historia de Elías, quiénes fueron sus padres, si estudió o no estudio; pero estaba Dios dentro de Elías, velado en el profeta Elías y revelado a través del profeta Elías.

Luego Eliseo con una doble porción; lo encontramos a Dios dentro de él, siendo el velo de carne de Dios para ese tiempo, para velarse y revelarse a través del profeta Eliseo. Y así por el estilo encontramos la forma sencilla de Dios velarse y revelarse a los seres humanos.

Así ha sido siempre y así será para este tiempo final.

Será Dios por medio de Cristo, el Ángel del Pacto, velándose siempre en un ser humano; y dando a conocer las cosas siempre, que van a acontecer, dándolas a conocer de antemano. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.” Amós, capítulo 3, verso 7.

También Amós, capítulo 8, verso 11 al 12, nos dice que habrá hambre y sed; no hambre y sed de pan y agua, sino de oír la Palabra del Señor; y la Palabra del Señor siempre viene por medio de labios humanos, por medio de un profeta, de un hombre, en el cual Dios se vela, y a través de él se revela y le habla al pueblo.

En una ocasión el profeta Elías en el capítulo 17 de Primera de Reyes, dice: “No habrá lluvia ni aun rocío sobre la Tierra, sino por mi palabra.”

Es que la palabra de Elías no era de él; sino era la Palabra de Dios, hablando Dios por medio de Su Espíritu a través del profeta Elías; el cual le mostraba al profeta Elías en visión las cosas que Dios iba a hacer; y Elías tenía - era el instrumento para Dios hacerlas a través de él.

Por eso cuando efectúa todo lo de la preparación del altar y del buey o becerro, buey, en pedazos sobre el altar, para ofrecerlo a Dios, le pidió a Dios que respondiera con fuego y que él había hecho todo conforme a como Dios le había mostrado.

O sea que encontramos a los profetas obrando conforme a la visión que Dios le da para cada ocasión. Ellos se reservan el derecho de dar a conocer si Dios se lo mostró o no, y cómo se lo mostró; así evitan que surjan imitadores.

Hemos visto la manera de Dios obrar, hemos visto la manera de Dios cumplir lo que Él ha prometido para cada tiempo, y hemos visto la forma de Dios hablarle al pueblo: siempre Dios habla por medio de Su Espíritu a través de los profetas. Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, nos dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu…”

¿Cómo Dios enviaba Su Palabra a Su pueblo? Por medio de Su Espíritu a través de un profeta. Y en Hebreos, capítulo 1, nos dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”

¿Por medio de quién habló en otros tiempos? Por medio de los profetas. Esa es la forma de Dios hablarle siempre a Su pueblo, ya sea en el Antiguo Testamento, Antiguo Pacto, o en el Nuevo Pacto, Nuevo Testamento: por medio de seres humanos.

“...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo (o sea, por Jesucristo), a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”

¿Quién es el heredero de toda la Creación? Jesucristo. Y los creyentes en Cristo son coherederos con Cristo. ¿Y por medio de quién, Dios creó todas las cosas? Por medio de Jesucristo.

“...a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo…”

Ahí tienen el origen del universo. Está en la Biblia hace miles de años.

“...el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (¿Ven? Cristo es la imagen misma de la sustancia de Dios), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

¿Quién sustenta todas las cosas con la Palabra de Su poder? Cristo. O en palabras más claras: Dios a través de Cristo, porque Dios está en Cristo en toda Su plenitud; por eso está a la diestra de Dios, a la diestra del poder de Dios.

Por eso dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” (San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20). Es que todo el poder de Dios, Dios lo manifiesta a través de Jesucristo.

Nos dice San Pablo también, en Colosenses, capítulo 2, verso 2 al 3, dice:

“…Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo,

en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.”

Y en Colosenses también, capítulo 1, verso 12 en adelante, dice:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas (o sea, del reino de las tinieblas), y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados…”

Hemos sido trasladados, sacados del reino de las tinieblas, y colocados ¿dónde? En el Reino del amado Hijo de Dios, de Jesucristo; y por consiguiente estamos llamados a vivir conforme a las leyes del Reino de Cristo.

“Él es la imagen del Dios invisible…”

Hablándonos de Cristo dice: “Él es la imagen…”, la imagen es el cuerpo angelical, el Espíritu Santo, el cuerpo teofánico, el Verbo que era con Dios, el cual creó todas las cosas.

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

En San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo...” Ahora, dice: “El unigénito.” Y cuando dice el unigénito entonces no hay más hijos. Pero hay más hijos de Dios, pero vienen a través de Cristo, el segundo Adán. Esa es la forma para venir los demás hijos de Dios, que estaban en la mente de Dios.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

Y si todo fue creado por medio de Él, por medio de Cristo (el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, el cuerpo angelical de Dios, cuerpo teofánico de Dios, el Verbo que era con Dios y era Dios): No hay nada de lo creado, que no haya sido creado por medio de Cristo, el Verbo que era con Dios y era Dios.

¿Y quién dice que no hay nada - ninguna otra cosa creada que no haya sido creada por Cristo, por el Verbo? La misma Escritura. Dice San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas (todas las cosas ¿qué?, por Él fueron hechas), y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho (sin Él nada fue hecho, nada fue creado sin Él; todo fue creado por Él y para Él).

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.”

Y por consiguiente, todo fue traído a vida por medio de Él, porque en Él estaba la vida.

Ahora, sigue diciendo acá... esto fue… leímos aquí en San Juan, capítulo 1, verso 1... leímos hasta el verso 4. Y ahora continuamos leyendo en Colosenses, capítulo 1, verso 17, dice, de ahí en adelante... y la última parte del verso 16, dice:

“...todo fue creado por medio de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas (y Él fue el que dio origen a toda la Creación, el que originó toda la Creación)...

Y él es antes de todas las cosas (por eso Él decía: ‘Antes que Abraham fuese, yo soy’), y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia…”

Y ahora, la cabeza de la Iglesia, el Esposo o Novio de la Iglesia, es Jesucristo; y la Iglesia es Su Esposa, Su Novia. Cristo es el Segundo Adán y los creyentes en Cristo son - que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. La Iglesia del Señor Jesucristo es la segunda Eva, la cual tiene —Cristo por medio de ella— muchos hijos e hijas de Dios.

En la genealogía de Cristo hacia arriba, lo lleva a: “Adán, hijo de Dios.” Y en la genealogía de Cristo hacia abajo... piense usted. Los de la última generación, los del Día Postrero, ¿quiénes son? Yo soy de esa última generación. ¿Y quien más? Cada uno de ustedes también.

Las generaciones de Jesucristo. De eso vamos a hablar en alguna ocasión, pero no podremos hablar abiertamente muchas cosas que hay ahí, muy, pero que muy importantes. Y recuerden que todo está reflejado, representado, en las generaciones de Cristo hacia arriba.

Las generaciones vienen a ser las generaciones del primer Adán, todas esas generaciones hasta Cristo; ahí están representadas las generaciones después, que vendrían de Cristo hacia acá, las generaciones del segundo Adán. Y ahí hay mucho para ser dado a conocer y para ser alimentada nuestra alma, y para obtener mucho conocimiento, aun de porqué estamos en esta Tierra y cuál es el pasado nuestro antes de venir a la Tierra, el presente nuestro y el futuro nuestro.

Por lo tanto, ese tema lo tendremos para alguna ocasión; y ahí abriremos este tema hasta donde Dios nos permita dar a conocer; porque ahí bajo ese tema hay cosas que hay que dejarlas quietas para evitar imitaciones.

David reflejó mucho a Cristo: en David se reflejó la Primera Venida de Cristo y la Segunda Venida de Cristo, todo en simplicidad.

Vean, David era un hombre sencillo, un pastor de ovejas, un hombre conforme al corazón de Dios. Y un hombre conforme al corazón de Dios es sencillo, es humilde, no importa hasta dónde luego Dios lo levante.

Aun Dios le recordaba, y aun David recordaba lo que era antes de ser rey: un sencillo pastor de ovejas. Y un sencillo pastor de ovejas subir a la posición de ser el rey de todo Israel, eso solamente es un milagro divino. Vamos a dejarlo ahí, eso quietecito, porque Isaí el padre de David tuvo más hijos. Veremos ahí (si Dios nos permite hablar un poco) los hijos de Isaí y el tipo y figura que son para la Dispensación de la Gracia; porque son la sombra, el tipo y figura, donde Dios reflejó cosas que corresponden a la Dispensación de la Gracia.

¿Quieren saber más? Esperen hasta la fecha en que tengamos ese tema; porque si les hablo ahora, ya entonces no les tendría que hablar en y sobre ese tema más adelante. Lo vamos a dejar para otra ocasión. Pero estudien sobre ese tema ustedes en la Biblia y en los mensajes del reverendo William Branham. Estudien en los mensajes del reverendo William Branham, por ahí por el mensaje “¿Por qué pequeña Belén?” y demás mensajes; “Shalom” también, “¿Por qué tuvo que ser a pastores?” también. Y en la Biblia por ahí en Samuel, Primera de Samuel, capítulo 16, por ahí pueden tener para estudiar hasta que tengamos ese tema para tratarlo. Y espero que sea desde aquí, así que no lo vayan a poner para ningún país. Vamos a dejarlo para acá ese tema, en donde, si Dios nos permite - hasta donde Dios nos permita llegar, llegaremos.

La vida de David reflejó la Primera Venida de Cristo y lo que sucedería en la Primera Venida de Cristo; y refleja también la Segunda Venida de Cristo y lo que estará sucediendo en la Segunda Venida de Cristo.

Así que vamos a ver si en un solo mensaje o en una serie de mensajes podemos tener sobre el tema de David, de Jesse o Isaí, y los hijos de Isaí, que son los hermanos de David.

Si Dios nos permite hablar mucho sobre ese tema, espero que no sea abierto el Séptimo Sello antes de tiempo; porque todo está ligado al Séptimo Sello, porque el Séptimo Sello es la Segunda Venida de Cristo; y David reflejó - en David Dios reflejó la Primera Venida de Cristo y los sufrimientos por los cuales pasaría, y luego también reflejó las glorias que le seguirían, y reflejó la Segunda Venida de Cristo; la Primera como Cordero y la Segunda como León. Vamos a detenernos ahí.

Y recuerden que todo será en simplicidad, todo será sencillo; y los sencillos entenderán. Esos son los niños: los sencillos. Recuerden que las personas sencillas…, dicen: “Esos son unos niños,” pues esos son unos niños de los que Cristo habló: personas sencillas.

Que Dios nos ayude para estar listos para la Segunda Venida de Cristo, que será en simplicidad; y vendrá a Su Iglesia.

Primero tratará con Su Iglesia y después con Israel. Ese es el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis 10, Cristo el Ángel Fuerte viniendo a Su pueblo; y todo será en simplicidad.

“LA SIMPLICIDAD DE DIOS.”

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted.

Y los que están en otras naciones, si también hay personas que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, lo pueden hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino; y así Cristo le asegure su futuro eterno con Él en Su Reino eterno; porque todos queremos vivir eternamente.

Y la vida eterna en Su Reino, cuando Él venga y resucite a los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, y a los vivos los transforme, la vida eterna con Él en Su Reino físicamente será en cuerpos jóvenes, que representarán de 18 a 21 años de edad, y cuerpos inmortales, cuerpos incorruptibles, cuerpos glorificados igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

En ese cuerpo la persona no se pone vieja, ni canas, ni arrugas, ni debilidades, ni achaques de la vejez; por lo tanto... y con todo el Poder de Dios. Esa es la clase de cuerpo que Él tiene para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que todavía no lo han recibido como Salvador y están aquí presentes o en algún otro país.

En los demás países también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone y con Su Sangre les limpie de todo pecado, sean bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y así nazcan en el Reino de Cristo.

Todos queremos vivir eternamente, y hay una forma de parte de Dios para que obtengamos esa vida eterna que tanto anhela nuestra alma.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” [San Juan 10:27-30]

Por lo tanto, es importante que aseguremos nuestro futuro en la vida eterna, con Cristo en Su Reino eterno.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en diferentes países en esta ocasión.

Con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, los que están presentes y los que están en otros países, y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino, Te ruego les des vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo Te lo ruego. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Haz realidad la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo en diferentes naciones, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual dijo [San Marcos 16:15-16]:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Tan sencillo como eso.

Solamente hay una de dos cosas que sucede con todo ser humano: o cree y es salvo (recibe la vida eterna); o no cree y será condenado. No hay mucho para escoger, solamente dos cosas; y de dos, se escoge una: A Cristo para obtener la vida eterna, o se rechaza a Cristo y pierde la oportunidad de la vida eterna. Así es en la Dispensación de la Gracia.

Por lo tanto, recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador es la bendición más grande que una persona puede recibir, es el paso más importante que una persona puede dar en su vida, el más importante. No hay ningún paso más importante que recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, porque lo coloca en la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Cristo ordenó el bautismo en agua en Su Nombre: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que es: SEÑOR JESUCRISTO. Porque en Él moró toda la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y ahora toda persona pueda obtener la vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador.

Ahora, recuerden, el bautismo en agua no quita los pecados, el agua no tiene ningún poder para quitar los pecados; el bautismo en agua es tipológico y es un mandamiento el Señor Jesucristo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Es que en el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, para identificarnos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente con Cristo en Su Reino glorioso.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para que continúe; y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua los que han recibido a Cristo como Salvador.

Que Dios les bendiga grandemente, y les prospere espiritualmente y materialmente a todos; y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA SIMPLICIDAD DE DIOS.”

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