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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones reunidos en esta ocasión, ministros y sus congregaciones, hoy primer sábado del mes; tomando como base el libro del Génesis donde nos dice: “Fue la tarde y la mañana el primer día.” [Génesis 1:5] O sea, que cada día comienza en la tarde y termina en la otra tarde. Por ejemplo, los sábados para los judíos comienzan el viernes en la tarde y terminan el sábado en la tarde.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

En Apocalipsis, capítulo 22, verso 12 en adelante, nos dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.

Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.

Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LOS GALARDONES A LOS CREYENTES EN CRISTO.”

Cristo mismo dijo en San Mateo, capítulo 6, que hagamos tesoros en los Cielos; es el lugar correcto para hacer nuestro tesoro. Por lo tanto, siguiendo la recomendación de Cristo, todos queremos hacer tesoros en el Cielo, para lo cual, la persona tiene que buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, entrar al Reino de Dios para hacer los tesoros en el Cielo. Capítulo 6, verso 19 al 20, nos habla... hasta el 21 nos habla de esos tesoros, de hacerlos en el Cielo.

Todos queremos tener tesoros en el Cielo, porque ahí es donde vamos a ir para estar con Cristo y disfrutar la Cena de las Bodas del Cordero, y después disfrutar del Reino terrenal del Mesías, que será por mil años, y luego vivir eternamente en el Reino de Dios.

Recuerden que el Trono del Señor Jesucristo es el Trono de David. Cuando se siente el Hijo del Hombre en Su Trono, o sea, en el Trono de David, entonces va a reunir a todas las naciones y va a juzgarlas en el tiempo final. Y en ese Reino van a estar con Cristo, como Su Ministerio de Justicia: Cristo como el Juez Supremo, y los miembros de Su Iglesia; pues la Escritura dice que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles.

Por lo tanto, los creyentes en Cristo, que son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, pertenecen al poder judicial del Reino del Mesías; y si pertenecen al poder judicial del Reino del Mesías, entonces cuando Cristo esté juzgando a todas las naciones, ahí estarán con Cristo todos los creyentes en Él que han formado la Iglesia del Señor de edad en edad.

Capítulo 6, verso 1 al 3, de Primera de Corintios: “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles, cuánto más las cosas de esta vida?” Y el verso 2, decía:

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?”

Cuando habla de los santos está hablando de los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. Los santos, los miembros de la Iglesia, juzgarán al mundo juntamente con el Señor Jesucristo, que es el Juez Supremo de ese poder judicial del Reino del Mesías; y ese es un privilegio grande para cada miembro del Cuerpo Místico de Cristo. Y también son sacerdotes, los cuales han sido lavados con la Sangre de Cristo.

Por lo tanto, tienen en la Dispensación de la Gracia un trabajo especial como sacerdotes en el campo espiritual, y luego en el Reino del Mesías estarán también como sacerdotes; dice que serán reyes y sacerdotes con Cristo por mil años. Y por lo tanto, en el poder político también pertenecerán al poder político del Mesías y Su Reino, como reyes; y al poder religioso como sacerdotes; y en el poder judicial como jueces, porque juzgarán al mundo con Cristo. Son bendiciones que le dará a todos los creyentes en Él.

Hay muchas bendiciones prometidas para los creyentes en Cristo. Y en Apocalipsis hay un sinnúmero de galardones que Él dará, porque Él dice: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” [Apocalipsis 22:12]

Toda obra, toda labor que hacen los creyentes en Cristo, la hacen sin estar esperando un galardón, sin estar esperando una recompensa; pero Cristo tiene galardones para todos los creyentes en Él, de acuerdo a la obra de cada persona.

Cuando una persona trabaja en la Obra el Señor no debe hacerlo porque quiere un galardón, sino porque ama a Cristo y ama trabajar en la Obra del Señor. Y si contribuye económicamente en la Iglesia, no debe hacerlo para que sepan que él colabora económicamente o para que Cristo lo recompense con un galardón, sino que lo hace porque ama la Obra de Cristo y porque cree que los creyentes en Cristo están llamados a ofrendar, a diezmar, a contribuir en la Obra del Señor siempre, para así respaldar todo el trabajo de la Obra del Señor Jesucristo.

No debe hacerse una labor por exhibicionismo, para que lo vean, sino por amor a Cristo, de todo corazón; y Cristo le recompensará en público. Y esa recompensa que nos dará en público, cuando nos la dé en la Cena de las Bodas del Cordero y después en el Milenio, la verán todas las personas que estarán allí. Y lo más grande es la vida eterna, eso es lo más grande que Él nos ha dado; y luego con eso vendrán otras bendiciones para todos los creyentes en Cristo juntamente con el mensajero que le tocó en el tiempo que le ha tocado vivir.

Estos mensajeros de la Iglesia entre los gentiles comenzaron con San Pablo y luego continuaron con otros mensajeros hasta llegar al reverendo William Branham, que es el séptimo mensajero de la séptima etapa de la Iglesia gentil o entre los gentiles; así como Juan el Bautista fue el séptimo mensajero de la Iglesia del Antiguo Pacto o Antiguo Testamento. Y luego vino el Mesías como el mensajero no solamente para el grupo de aquel tiempo sino para todos los de las demás etapas o edades; vino en el ciclo que corresponde a la Edad o etapa de Oro de la Iglesia, Edad de Piedra Angular; y eso corresponde al día cincuenta o Año Cincuenta.

En el tiempo de Jesús se estaba viviendo también en el ciclo del Año del Jubileo; o sea, se estaba viviendo en ese ciclo que cubrió los tres años y medio del ministerio de Cristo, y continuó con los apóstoles; ellos vivieron en esa etapa, y obtuvieron, el Día de Pentecostés, la transformación espiritual, obtuvieron el nuevo nacimiento. Y luego entre los gentiles comenzó la primera etapa con San Pablo.

Y han transcurrido siete etapas de la Iglesia y ahora nos encontramos en la etapa que corresponde al Año del Jubileo nuevamente; un ciclo paralelo al de Jesucristo dos mil años atrás. Y el ciclo en que vivió el reverendo William Branham fue un ciclo paralelo al de Juan el Bautista.

Así como para la Edad de Piedra Angular vino el Señor en Su Primera Venida, para el ciclo de Edad de Piedra Angular vendrá el Señor en Su Segunda Venida. Por eso es el único grupo que ha estado esperando la Venida del Señor y que se le va a materializar en su tiempo; y Él viene para pagar a cada uno según sea su obra; para recompensar.

Y así como ocurrió el Día de Pentecostés, día cincuenta, en que el Espíritu Santo vino y produjo el nuevo nacimiento, un cambio interior en las personas, para este tiempo final vendrá y producirá un cambio físico en todos los creyentes en Cristo que estarán en el Aposento Alto de la Edad o etapa de Piedra Angular (ese es el Aposento Alto espiritual), esperando la Venida del Señor para nuestra transformación, juntamente con la resurrección de los muertos en Cristo que vendrán con Él en Su Venida. Y resucitarán y aparecerán a los creyentes que estarán vivos, y los creyentes que estarán vivos serán transformados; y habrá un lapso de tiempo muy glorioso aquí en la Tierra.

Y después de unos 30 a 40 días aquí en la Tierra, ya estando los muertos en Cristo resucitados en cuerpos eternos y los vivos transformados, nos iremos de aquí a la Cena de las Bodas del Cordero, antes que comience la gran tribulación. Porque no habrá motivo para estar en la gran tribulación, porque la Sangre de Cristo nos ha limpiado de todo pecado; y la gran tribulación será para purificar personas y purificar a los judíos, purificar a las vírgenes insensatas y purificar la Tierra también. Pero ya Cristo purificó a los creyentes en Él, que forman Su Cuerpo Místico de creyentes; por lo tanto, no tenemos que estar aquí en la gran tribulación; y nadie quiere tampoco quedarse aquí.

Y Cristo viene para transformar nuestros cuerpos, conforme a Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21; para eso es Su Venida.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra…”

¿Para qué viene? Para transformar nuestros cuerpos y para resucitar a los creyentes en Él, los cuales vendrán con Él. Vienen con Él en cuerpos angelicales para resucitar en cuerpos eternos, jóvenes, cuerpos glorificados igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; y entonces todos seremos iguales a Cristo.

Es que estábamos en Cristo eternamente; por eso es que los creyentes en Cristo que forman la Iglesia son redimibles, pueden ser redimibles, pueden regresar a eternidad, de donde vinieron.

Hay muchos galardones que Él ha prometido para todos los creyentes en Él. Por ejemplo, tenemos en Apocalipsis, capítulo 2, verso 7, que nos dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…”

Es que el Espíritu está en medio de Su Iglesia desde el Día de Pentecostés. Estaba con Sus discípulos antes de Pentecostés en carne humana: en Jesús, y luego el Día de Pentecostés descendió conforme a como Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Y les dijo: “Donde quiera que estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré.” San Mateo, capítulo 18, verso 20, y San Mateo, capítulo 28, verso 20.

Y en el libro de los Hechos, capítulo 1, Él dijo a Sus discípulos: “No se vayan de Jerusalén hasta que sean investidos de poder de lo alto,” o sea, hasta que venga el Espíritu Santo y sean investidos del Espíritu Santo, y por consiguiente obtengan el nuevo nacimiento; porque así es como se nace de nuevo: del Agua y del Espíritu, del Evangelio y del Espíritu Santo.

Cristo ha estado en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo, hablándole a Su Iglesia de edad en edad, revelándose al mensajero de cada edad; y a través del mensajero revelándose a Su Iglesia. Esa es la forma de la revelación de Jesucristo en y a Su Iglesia, de etapa en etapa.

Por eso es que el reverendo William Branham dice que estos mensajeros tienen promesas como las que tienen los apóstoles del Señor Jesucristo. Página 227 del libro de “Las Edades” dice:

“El Mensaje a cada edad individual, tiene un incentivo para el creyente, animándole a ser un vencedor y así ser recompensado por el Señor.”

O sea, que hay que ser un vencedor; por lo cual hay una lucha en cada tiempo para los creyentes en Cristo.

“En esta edad, el Espíritu está prometiendo el maná escondido y un nombre escrito en una piedrecita blanca.

Ahora, siendo que cada uno de estos mensajes es dirigido al ‘ángel’ (mensajero humano), su porción es una grande responsabilidad como también un privilegio maravilloso. A estos hombres Dios hace promesas especiales, como en el caso de los doce apóstoles estando sentados en doce tronos juzgando a las doce tribus de Israel. Luego, acuérdese de Pablo, a quien le fue dada una promesa especial: la promesa de presentar a Jesús a la gente de la Novia de su día.”

O sea que cada mensajero es el que recibe la revelación de Dios, la trae al pueblo, y Dios junta al pueblo, al grupo de creyentes de ese tiempo que formará Su Iglesia; y él es el que presenta a Cristo ese grupo de personas, él es el que presenta a Cristo la Iglesia-Novia de su edad.

También nos dice en la página 265, el cuarto párrafo:

“Como ya hemos mencionado, Jesús se identifica con el mensajero de cada edad. Ellos reciben de Él la revelación de la Palabra para cada edad. Esta revelación de la Palabra saca del mundo a los escogidos de Dios y los coloca en unión completa con Cristo Jesús. Estos mensajeros son llamados ‘estrellas’ porque brillan con una Luz prestada o reflejada, la Luz del Hijo, Jesús. También son llamados estrellas porque son ‘portadores de luz’ en la noche. Así que en la oscuridad del pecado, ellos traen la Luz de Dios a Su pueblo.”

¿Ve? Ahí estamos viendo cómo es que Dios obra en Su Iglesia, de edad en edad. En la página 168, en el penúltimo párrafo al final, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Recuerde que no toda persona tiene oídos para oír lo que el Espíritu dice a Su Iglesia. Muchos tienen oídos para oír otras cosas; pero oídos para oír la Palabra del Señor para el tiempo en que la persona está viviendo, lo tienen los que vendrán a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Ahora vamos a ver cómo el Espíritu habla, de edad en edad, a Su Iglesia:

“Note aquí que Jesús (por el Espíritu) en cada edad se dirige solamente a UNA persona, en relación a la Palabra para esa edad. Sólo UN mensajero en cada edad recibe lo que el Espíritu tiene que decir a esa edad y ‘aquel mensajero’ es el mensajero a la Iglesia Verdadera. Él habla por Dios, por revelación a las ‘iglesias’: Tanto a la Verdadera y a la falsa. Así que el Mensaje es transmitido a todos; pero aunque es transmitido para todos los que están al alcance del Mensaje, tal Mensaje es recibido individualmente sólo por un cierto grupo calificado y de cierta manera. Cada individuo en aquel grupo es uno que tiene la habilidad para oír lo que el Espíritu está diciendo por medio del mensajero.”

Esa es la forma en que el Espíritu Santo le habla a Su Iglesia, de etapa en etapa; por medio de un velo de carne el Espíritu Santo habla a Su Iglesia.

“Aquellos que lo están oyendo, no están recibiendo su propia revelación, ni tampoco están (el grupo) recibiendo su revelación colectiva, pero cada persona está oyendo y recibiendo lo que el mensajero ya ha recibido de Dios.”

 O sea, primero el Espíritu Santo lo revela a un mensajero; y eso que ya le reveló al mensajero luego el Espíritu Santo a través de ese mensajero lo habla al pueblo, a través de ese velo de carne: el mensajero que ya recibió ese Mensaje y ya está listo para darlo.

“Ahora no piense usted que esto siendo el caso, sea muy extraño, porque Pablo estableció esta norma bajo la mano de Dios. Sólo Pablo tenía la revelación completa para su día como fue comprobado al confrontarse con los otros apóstoles, quienes aceptaron que Pablo era el Mensajero-Profeta a los gentiles para ese día. También note por la indicacion de la Palabra, que cuando Pablo quiso ir a Asia, Dios lo detuvo porque las ovejas (Sus hijos) estaban en Macedonia y ellos (la gente de Macedonia) oirían lo que el Espíritu tenía que decir por Pablo, mientras que la gente de Asia no oiría.”

Más abajo otro párrafo dice, penúltimo párrafo dice:

“Le agregan aquí o le quitan allá, y dentro de poco tiempo el Mensaje ya no es puro y el avivamiento se muere.”

No se le puede ni quitar ni añadir a lo que el Espíritu Santo habla para una etapa de la Iglesia; no se le puede añadir ni quitar a ese Mensaje; ni salir otras personas diciendo que ellos también reciben revelación. La revelación para venir a la Iglesia en cada edad, ya tiene un Orden Divino establecido. “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” Amós, capítulo 3, verso 7. Y Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19 nos habla también de la forma en que viene la Voz de Dios.

“Cuánto cuidado debemos tener al oír UNA Voz, porque el Espíritu solamente tiene una Voz, la cual es la Voz de Dios. Pablo les advirtió que dijeran lo que él dijo, como también lo hizo Pedro. Él les advirtió que ni aun él (Pablo) podía cambiar una sola palabra de lo que había dado por revelación. Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros, y luego decir lo que les ha sido dado a ellos para las iglesias!”

Ese es el Orden Divino para la revelación que viene a la Iglesia, de etapa en etapa, de edad en edad. No hay otra forma para el Cuerpo Místico de Cristo recibir la revelación en cada edad.

Cuando decimos que queremos que Dios nos hable, que Dios le hable a Su Iglesia, ya hemos visto la forma de hablarle a Su Iglesia. Y si en el tiempo de Pablo venía otra persona para la Iglesia gentil, hablándole a la Iglesia, estaba llamado a hablar de acuerdo a la revelación divina que Dios le había dado a San Pablo para la Iglesia entre los gentiles. Tan sencillo como eso.

Para este tiempo final la Iglesia del Señor Jesucristo estará esperando la Venida del Señor y la resurrección de los muertos en Cristo, y la transformación de los que vivimos. ¿Por qué? Porque están esperando, escuchando una sola Voz: la Voz del Espíritu Santo en el Día Postrero conforme al Orden establecido por Dios. Y recibirá grandes galardones la Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes, y cada creyente como individuo.

Grandes galardones hay para mí ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

“LOS GALARDONES A LOS CREYENTES EN CRISTO.” Ese ha sido nuestro tema.

No porque hemos estado trabajando por galardones, sino que eso es algo que Él dijo que lo iba a hacer; no porque nosotros los pedimos. Porque nosotros trabajamos por amor a Cristo, o sea, en forma desinteresada, por amor a Cristo, por amor a la Obra que Él llevó a cabo por nosotros, por amor a Dios.

Por lo tanto, trabajemos en la Obra del Señor por amor, en todas las cosas que hagamos en el Cuerpo Místico de Cristo, como creyentes en Cristo.

Para nuestro tiempo es una bendición y privilegio grande estar trabajando en la Obra del Señor: en la obra evangelística y misionera, la obra de clases bíblicas, los que atienden las clases bíblicas; y también los que escuchan las clases bíblicas son bendecidos, porque obtienen conocimiento de la Palabra de Dios, del Programa Divino, y son afirmados y confirmados en la fe. Y cuando se construye un templo para Cristo, los que trabajan en esa obra y respaldan esa obra en diferentes formas, son bienaventurados también.

Por lo tanto, conscientes de que cuando trabajamos en la Obra en el Nombre del Señor Jesucristo, estamos trabajando para Cristo y Su Reino, que está en la esfera espiritual; para que Cristo esté en medio de los creyentes manifestándose.

Porque Él dijo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, allí yo estaré” (San Mateo, capítulo 18, verso 20); y también Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (San Mateo, capítulo 28, verso 20); en donde tenemos esas promesas de que Cristo estará donde estén reunidos los creyentes en Él.

Y se hacen templos, ya sea de concreto, de madera, de zinc o de lona, de lo que sea, para estar reunidos, protegidos del sol, de la lluvia también; y estar en unión todos, alabando a Cristo, y dándole gracias a Cristo por Sus bendiciones, y escuchando Su Palabra, Su Palabra revelada para el tiempo que nos toca vivir.

Así ha sido de edad en edad, así ha sido de tiempo en tiempo; y por consiguiente continúa siendo así en nuestro tiempo.

Hubo un tiempo en donde tenían que tener sus actividades en cuevas, las catacumbas y todos esos lugares, porque no tenían un lugar ni era posible ponerse a construir un templo porque estaban bajo persecución; pero en nuestro tiempo se han construido muchos templos para el pueblo de Dios reunirse, los creyentes en Cristo, y tener sus actividades, cantar a Cristo, adorarlo y oír Su Voz, Su Palabra, por medio de Su Espíritu en la predicación.

Por lo tanto, adelante sirviendo a Cristo de todo corazón, ministros y hermanos en las diferentes iglesias, diferentes congregaciones; y que Cristo nos llene del conocimiento de Su Palabra prometida para nuestro tiempo, nos abra el entendimiento, para que podamos ver cómo gradualmente Cristo va cumpliendo lo que Él dijo que Él llevaría cabo en este tiempo final.

No queremos que se nos escape ni una sola promesa de las que Él ha hecho para cumplir en este tiempo final, porque en cada una de esas promesas hay una bendición grande para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, adelante sirviendo a Cristo y escuchando la Voz del Señor todos los días de nuestra vida. Y que Dios les use, ministros, grandemente en Su Obra, y a cada uno de ustedes, hermanos presentes y los que están en otras naciones. Y nos veremos el próximo domingo, Dios mediante.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar en esta ocasión.

“LOS GALARDONES A LOS CREYENTES EN CRISTO.”

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