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Reciban mis condolencias los hijos de Julio Cruz López, por su partida: Zoe Cruz Fernández, Julio Ángel Cruz Fernández, Amarilis Cruz Fernández; sus nietos: Julio David Cruz, Gabriel Enoc Ortiz, Yedi Cruz, David Cruz; y demás familiares. Y que Dios por medio de Su Espíritu, el Espíritu de Cristo, consuele vuestras almas, y les permita comprender plenamente que él se encuentra mejor que lo que estaba en la Tierra, descansando allá en el Paraíso.

La Escritura dice en el libro del Apocalipsis, capítulo 14, verso 13:

“Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.”

O sea, que morir en el Señor, en Cristo: esto es los que son creyentes en Cristo. Todos los que mueren no son bienaventurados; sino los creyentes en Cristo, cuando mueren, son los bienaventurados que mueren y sus obras con ellos siguen.

Y por cuanto siguen sus obras con ellos, miren lo que pasará en la Venida del Señor con ellos. Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

¿Ven? Esto es para los creyentes, porque viene para recompensar. Y una de las recompensas grandes será la resurrección de los que murieron siendo creyentes en Cristo; y para los que estén vivos, será la transformación. O sea, que hay una bienaventuranza para todos los creyentes en Cristo, sea que mueran o permanezcan vivos.

San Pablo decía que deseaba morir, pero prefería seguir en la Tierra por el bien de los creyentes. Pero cuando le llegó la hora, fue decapitado en Roma y estuvo feliz dando su vida y sabiendo que iba al Paraíso; porque ese es el lugar que está preparado para todos los creyentes en Cristo cuando terminan sus días aquí en la Tierra.

Y cuando Cristo termine Su Obra de Intercesión, pasará de la séptima dimensión a la sexta dimensión, donde están allá en el Paraíso todos los creyentes en Cristo que murieron físicamente en tiempos pasados, del tiempo de los apóstoles, del tiempo de las diferentes etapas de la Iglesia y de nuestro tiempo también.

Por lo tanto, ellos están felices allá, en cuerpo angelical, cuerpo teofánico joven, como los vio el reverendo William Branham cuando estuvo allá en el Paraíso; el cual se tocó la cabeza y sintió que tenía todo el cabello, se mordió un dedo y sintió también; y él pensaba: “¿Será un sueño, será una visión, o será algo real que estoy viendo?”

Y comenzó a ver personas que venían jóvenes hacia él, y eran miles de personas viniendo hacia él, hombres, y luego vinieron mujeres también; y él notó que todos eran jóvenes, que representaban de 18 a 21 años de edad. Esa es la edad que representa el cuerpo angelical, el cuerpo en el que se encuentran los creyentes en Cristo que han partido de esta Tierra.

¿Y cuántos desearían ir allá para estar jovencitos de nuevo? Todos. Pero esperen, a lo mejor usted no ha sido elegido para que vaya y sea un testigo cuando resucite, y le toque ser transformado sin ver muerte. Pero si en el plan de Dios está que usted parta de esta Tierra y vaya al Paraíso, y luego en la Venida de Cristo regrese con Cristo a la Tierra en - y sea transformado su cuerpo físico al resucitar de la tumba, resucitar en cuerpo glorificado, si usted ha sido escogido para eso, no habrá médico que pueda evitar que usted se vaya de aquí; no importa la edad que usted tenga; porque la edad no es lo que cuenta para la persona terminar sus días en la Tierra.

Unos siendo bebés ya terminan sus días, poquitos días, otros siendo jovencitos, otros ya siendo adultos, otros ya terminando su carrera universitaria, y pensando que “ahora sí que voy a trabajar y voy a ganar mucho dinero,” y a lo mejor en la fiesta que tienen de graduados de la universidad, ahí terminan sus días; un accidente o cualquier otra cosa; porque cuando le llega el tiempo a una persona, de partir, no puede decir: “Déjenme un poquito más de tiempo aquí.”

Y es mejor irse en la hora que le toca a uno ir, si está en el Señor. Pero si no le toca irse de aquí de la Tierra, lo mejor es decirle: “Ayúdame, Señor, todos los días que me toca vivir, para nunca apartarme de Ti, para servirte todos los días de mi vida trabajando en Tu Obra.”

Y esperar a los que están en el Paraíso; porque le dijeron al hermano Branham: “Aquí no dormimos (porque no se cansan; tampoco hay noche allí), ni trabajamos, ni comemos. Pero cuando regresemos a la Tierra entonces (no dijeron: ‘Entonces trabajaremos,’ ni dijeron: ‘Entonces dormiremos’)… entonces comeremos.”

Eso fue mostrado cuando Cristo resucitó. Se le apareció a Sus discípulos, los cuales estaban encerrados por miedo a los judíos, y ellos pensaban que era un espíritu porque entró donde ellos estaban sin abrir la puerta, sin tocar tampoco, y creían que era un espíritu y estaban muy asustados.

Y Él les dijo: “Ved, un espíritu no tiene carne y hueso como yo tengo.” O sea que está dando una descripción de cómo es el cuerpo glorificado. Y les pidió de comer. Le dieron un pan - le dieron un pedazo de pescado y un panal de miel o un pedazo de miel, de panal de miel, y comió delante de ellos; porque un espíritu no come, pero un cuerpo sí come; un cuerpo físico glorificado come como se come en estos cuerpos mortales, pero no tiene necesidad de comer; pero si lo invitan… de seguro cuando regresen los que murieron alrededor de dos mil años atrás, dirán: “Dos mil años estuve pensando cómo sería cuando volviera a comer.”

Y estarán agradecidos de que los invitemos a comer. ¡Ya ellos se invitaron! O sea, nos dijeron que podían comer; o sea, que ya sabemos que los podemos invitar a comer. Y eso será evidencia de que no son un espíritu sino un cuerpo glorificado.

Y cuando los veamos, no vamos a esperar ancianitos viniendo, sino jóvenes. Si le aparece un ancianito, ese no resucitó; ese está por morirse. Recuerden que todos los vamos a ver; y cuando los veamos, entonces nosotros seremos transformados. Así que deseamos que vengan pronto, y están invitados para comer con nosotros.

Julio está invitado para comer con nosotros, para estar nuevamente con ustedes; y ustedes se van a alegrar más al verlo que lo que se alegraban al verlo cuando estaba en el cuerpo que será depositado en el lugar correspondiente, como dice la Escritura: “Del polvo fuiste tomado, al polvo volverás.” Esa es la Palabra del Señor. Pero hay una resurrección para todos los creyentes en Cristo; y cuando los veamos resucitados, entonces nos vamos a alegrar más.

Por eso es que somos consolados por lo que dice la Escritura de lo que será el futuro de todos los que parten siendo creyentes en Cristo: No están muertos; lo que murió fue el cuerpo físico, pero ellos están vivos en alma y en espíritu, en cuerpos angelicales, disfrutando allá de las bendiciones que hay allá en el Paraíso, esperando por la Venida del Señor allá; porque primero pasará por allá y después vendrá a la Tierra con todos los que están en el Paraíso, y los resucitará.

Así fue en Su Primera Venida. Cuando Cristo resucitó, resucitaron con Él los santos del Antiguo Testamento, porque Él pasó por el Paraíso, el Seno de Abraham, y los trajo con Él en la resurrección de Él; y después estuvieron unos 40 días en la Tierra visitando a muchos de sus familiares, de su descendencia, visitando diferentes lugares; y Cristo visitando a Sus discípulos, apareciéndole a Sus discípulos por 40 días, no menos de ocho veces en esos 40 días. Y después se fueron a la Casa del Padre celestial, con cuerpos nuevos, cuerpos glorificados; y están allá en la presencia de Dios.

Lo mismo se repetirá: Cristo pasando por el Paraíso y trayéndolos a la Tierra para tener cuerpos eternos, inmortales y glorificados.

Así también los veremos cuando vengan, veremos a Julio más joven que ustedes; por lo tanto, no pueden pensar que cuando les aparezca un jovencito y les digan: “Hijos, ¿cómo están?” No vayan a decir como dijo el hermano Branham cuando fue al Paraíso en una experiencia que tuvo, y la niñita que había muerto de poquito tiempo, Sharon Rose, la encontró allá; y cuando la vio, vio una jovencita como de 18 años; y le dice: “Papá.” Y él se para y le dice: “¿Por qué me dices ‘papá’?” Y ella le dice: “Yo soy tu hija Sharon Rose.” Y él le dice, le habla, y ella le dice: “Es que esto es lo que tú hablabas acerca del Paraíso, aquí no hay niños.” Y ahora ella estaba en el cuerpo espiritual, que es de 18 a 21 años. Y así va a ser el cuerpo físico glorificado también: jovencito, y para toda la eternidad. Nunca más veremos muerte.

Esas son las bendiciones grandes de parte de Dios por medio de Cristo, para todos los creyentes en Cristo. Por eso Cristo dijo en San Juan, capítulo 6, verso 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada…”

O sea, que de las ovejas que el Padre le ha dado para - a Cristo para que las busque y les dé vida eterna, ni una se perderá. Vamos a ver:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

¿Quién puede hablar estas palabras, aparte de Cristo? Ninguna otra persona, porque el único que tiene vida eterna es Jesucristo, al cual le ha dado Dios la exclusividad de la vida eterna; y por esa causa fue que Él dijo también: “Mis ovejas oyen mi voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Mi Padre y yo una cosa somos.” San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30.

Ahora, sabemos que la resurrección de los creyentes en Cristo, que es la primera resurrección, como fue la primera resurrección también cuando Cristo resucitó con los santos del Antiguo Testamento; aquella y esta resurrección prometida para los creyentes del Nuevo Testamento, corresponde a la primera resurrección, que tiene dos partes: aquella y la que falta en este tiempo.

Es importante ser un creyente en Cristo. Es lo más importante para la vida de todo ser humano. Por eso Cristo dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas serán añadidas.”

En San Juan, capítulo 11, verso 23 en adelante, dice:

“Jesús le dijo (a Marta la hermana de Lázaro): Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo (ella): Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

¿Y quién más lo cree como ella? Yo también, y cada uno de ustedes también. Por lo tanto, estas son palabras de consuelo para el corazón, el alma, de toda persona que tiene la separación de un ser querido, pero que es un creyente en Cristo; y se va de paseo al Paraíso, porque eso es irse de paseo, y más los de nuestro tiempo.

Los que vivieron en el tiempo de los apóstoles y murieron, esos se fueron de vacaciones y les gustó y se han quedado por allá, pero tienen que regresar; y cuando regresen, regresarán jovencitos, como Jesucristo, que está tan joven como cuando se fue al Cielo.

Cuando veamos a Jesucristo veremos un joven como de 18 a 21 años o 23 años de edad. Y cuando veamos a todos los creyentes en Cristo resucitados, y sobre todo los de nuestro tiempo, los que hemos conocido, los veremos jovencitos, aunque cuando se fueron hayan tenido 40, 50, 60, 70, 80, 90, 100 ó más años de edad. Por lo tanto, la edad no es un problema. Eso Cristo ya lo tiene resuelto para todos los que va a resucitar en cuerpos glorificados.

Así que estamos esperando a Julio que regrese; así que las vacaciones no las va a tomar por mucho tiempo, porque no hay mucho tiempo para vacaciones en este tiempo. Estamos muy cerca de la Venida del Señor con todos los santos que están en el Paraíso.

Por lo tanto, le damos gracias a Dios por esa esperanza que nos da a través de Su Escritura, le damos gracias por las palabras de Cristo que nos promete una resurrección para todos los creyentes en Él que partan de esta Tierra; y para los que queden vivos en Su Segunda Venida, promete una transformación. Todo esto a la Final Trompeta.

En el tiempo en que esté sonando la Trompeta Final, será que todo esto va a ocurrir; por lo tanto, esperamos ese momento tan glorioso, y sabemos que es la única esperanza que tenemos.

Hay volcanes y terremotos por diferentes lugares, y miles de personas muriendo; y como van las cosas la situación empeora, la naturaleza está clamando por redención, está gimiendo, está con dolores de parto; y la única esperanza que hay, es la Segunda Venida del Señor. No hay otra esperanza para los seres humanos, y sobre todo para los creyentes en Cristo.

El creyente en Cristo piensa como el rey David: “Aunque la tierra tiemble y los montes se traspasen al corazón de la mar o del mar, no temeré mal alguno, porque el Señor estará conmigo.” Y si hay que partir en un terremoto o en un maremoto, no hay problemas: vamos al Paraíso. O sea, que podemos descansar en paz, dormir tranquilos, trabajar en donde tengamos que trabajar, sabiendo que estamos seguros en Cristo.

Si Él nos tiene que llamar, nos llama de una forma o de otra forma. Miren, Juan el Bautista, precursor de la Primera Venida de Cristo, miren la forma en que se fue de esta Tierra. Cualquier persona podía pensar: “Bueno, si hubiera sido el precursor, Dios lo habría librado.” Es que cuando le llega el tiempo a una persona, de irse, se va de una forma o de otra; la forma que Dios determine.

Miren otro caso: el reverendo William Branham; en la forma que partió, cualquier persona también podría pensar: “Si hubiera sido un profeta, un mensajero de Dios, hubiera partido en otra forma.” Pero la forma la determina Dios; y en eso no nos podemos nosotros meter. Él fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Miren, él era bautista, de los bautistas fue que él comenzó convirtiéndose a Cristo. O sea, William Branham Bautista; o si lo quieren ver de otra forma más clara: Branham el Bautista, precursor de la Segunda Venida de Cristo. ¿Ven? O sea, que hay un paralelo ahí.

Ahora podemos ver por qué él tuvo que ser bautista en su comienzo, y siempre él hablaba de que él era bautista, cuando necesitaba hablarlo; entre los bautistas fue que él comenzó también su ministerio.

Así que podemos ver eso que no lo habíamos visto antes. Allá Juan el Bautista, y acá William Branham el Bautista.

Eso significa que si vino el precursor de la Segunda Venida, la Segunda Venida de Cristo está muy cerca. Y el Mensaje que él trajo de parte de Dios es el que introduce a Cristo en Su Segunda Venida. No hay otro Mensaje, sino el Mensaje que él trajo, el que introduce a Cristo en Su Segunda Venida.

O sea, que como está dicho por Dios, por el Espíritu Santo a través del reverendo William Branham, así será la Segunda Venida de Cristo; porque eso es lo que está prometido en la Escritura. Por lo tanto, será como dice la Biblia, porque el reverendo William Branham lo que habló fue lo que dice la Biblia.

Así que podemos ver que ya estamos muy cerca. ¿Y qué podemos hacer? Prepararnos para darle la bienvenida a Cristo en Su Segunda Venida; y a los que vienen con Él, a nuestros familiares. Así como ustedes tienen familias, personas que han partido, creyentes, y los están esperando, yo también.

Y vendrán para estar de nuevo con nosotros, y nosotros con ellos. Y Cristo con nosotros, y nosotros con Cristo. Y todos con cuerpos iguales, en el sentido de que serán cuerpos glorificados, eternos y jóvenes para toda la eternidad.

Julio regresará. Él fue y es y será mi amigo. Comenzamos trabajando juntos en la Obra del Señor, en Puerto Rico; y él llevó a cabo una labor muy importante, que solamente él la podía hacer en su tiempo. Y cuando Dios ya termina de usar a una persona, ya la persona ni desea continuar aquí en la Tierra: “Ya terminé mi labor en la Tierra, quiero descansar.”

Como cuando uno está en el trabajo, termina; y si termina antes de tiempo y le permiten irse, se va; pero si le dicen: “Te tienes que quedar hasta que se cumpla la hora en que tienes que irte,” y entonces usted va, entonces tiene que quedarse. Pero cuando termina su labor, en algún momento le llega la hora de irse la persona.

Por lo tanto, él llevó a cabo la labor que le correspondía, y se ha ido de vacaciones por poco tiempo; y regresará bien acompañado.

Así que San Pablo dice: “Consolaos en estas palabras,” en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 en adelante, dice:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.”

Los que no son creyentes en Cristo, piensan: “Ya la persona murió y no la volveré a ver.” Pero el creyente en Cristo dice: “Él regresará, y lo volveré a ver, y joven.”

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Sean estas palabras del apóstol Pablo, de aliento para vuestras almas en estos momentos de dolor; y conscientes de que está descansando, y que sus obras con él siguen.

Él está muy feliz de estar allá, y él está muy contento; él no está triste por haber partido, él está contento. Y nosotros cuando pensamos en eso, entonces nos ponemos contentos en esa parte, porque sabemos que está mejor de lo que estaba; y que regresará contento también.

Cuando la persona viene a la Tierra, viene llorando; y si es un creyente, cuando se va, se va riendo, se va feliz al Paraíso; y cuando regresa, viene riendo también, viene feliz, porque ya pasó la etapa de prueba, que es en estos cuerpos mortales, en donde tenemos que pasar por esas etapas, como Cristo también pasó por las Suyas.

Recuerdan que Él dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz, y sígame.”

El tiempo de vivir en estos cuerpos es el tiempo de llevar la cruz; y después, cuando regresemos, es el tiempo de glorificación; por lo tanto, ya no será tiempo de sufrimiento.

Alentaos, hijos e hijas, y nietos y nietas, y hermanos, en estas palabras: Julio está vivo, lo que murió fue su cuerpo físico, pero él está mirando y está muy contento y feliz; porque cuando se despide el cuerpo, el creyente está mirando todo lo que está pasando acá. Y por eso el reverendo William Branham cuando estuvo en el Paraíso, y él miraba de allá y veía su cuerpo en la cama; y cuando supo que tenía que regresar a la Tierra, como que quería quedarse allá, porque tenía que entrar al cuerpo físico mortal; pero ahora cuando le toque regresar con los que están allá y con todos los creyentes, tanto él como todos los demás creyentes, sí, van a querer venir para acá de nuevo, porque van a venir para obtener su cuerpo eterno, inmortal y glorificado; y así cualquiera quiere regresar acá.

Por lo tanto, consolaos todos en estas palabras, y adelante, bien agarrados de Cristo, sirviendo a Cristo con toda nuestra alma, esperando el día de nuestra redención física, la transformación de nuestros cuerpos, y esperando a Cristo y los santos que vienen con Él para la resurrección.

Y que Cristo por Su Espíritu consuele vuestros corazones, vuestras almas, y les consuele con las palabras de la Biblia habladas por Cristo y los profetas y los mensajeros de Cristo, en las diferentes edades o etapas de la Iglesia.

Dios les bendiga, les guarde y les fortalezca, y consuele vuestros corazones. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez nuevamente.

PALABRAS EN EL VELORIO DEL HNO. JULIO CRUZ LÓPEZ.”

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