ImprimirImprimir

Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros y diferentes congregaciones presentes, y también los que están a través del satélite Amazonas e internet en diferentes naciones, ministros y sus congregaciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos hable directamente a nuestra alma en esta ocasión.

Quiero extender un saludo especial al senador, licenciado Edgar Espíndola Niño, candidato al Senado nuevamente; y también un saludo a Mary Luz Ante Orobio, candidata a la Cámara de Representantes de la República de Colombia; y también a Mónica Forero Hernández, candidata al Senado. Que Dios les bendiga y les ayude, y les conceda ese deseo de vuestro corazón para ayudar a la República de Colombia y sus ciudadanos, pues son excelentes candidatos. Oremos por ellos, para que Dios los use grandemente en esa importante posición en favor del pueblo colombiano. Éxito en vuestras gestiones políticas.

La Embajada de Activistas por la Paz continúa con los Foros Universitarios en toda la América Latina; y en Colombia ya están los Foros Universitarios, los cuales son de gran éxito y de mucho beneficio para los universitarios y para todas las personas que asistan a esos Foros.

También quiero comunicarles que en el día de hoy, la Embajada de Activistas por la Paz está dando inicio a la “Campaña por la Reconciliación y la Paz,” cuyo objetivo es solicitar formalmente al Poder Ejecutivo y Legislativo de la República Bolivariana de Venezuela, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Estado de Israel. Para lograr este objetivo, tenemos la meta de recolectar treinta mil firmas de ciudadanas y ciudadanos venezolanos, desde hoy 16 de febrero hasta el 6 de abril de 2014 (de este año).

Invito a todo el pueblo de Venezuela a participar masivamente de esta campaña impulsada por el Coordinador Internacional, Dr. Miguel Bermúdez Marín. La Coordinadora Nacional, Lic. Ruth Bermúdez y todos los coordinadores regionales, estarán facilitándoles el material autorizado. Con este comunicado doy inicio, en nombre de la Embajada de Activistas por la Paz: “La Campaña por la Reconciliación y la Paz entre Venezuela e Israel.”

Ahora leemos las Escrituras en Josué, capítulo 1, versos 1 al 6, donde nos dice… le dice - dice la Escritura:

“Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo:

   Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.

   Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.

   Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio.

   Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.

   Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.

   Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

   Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

   Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla, nos abra el entendimiento y nos abra las Escrituras. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“SANTIFICAOS, PORQUE JEHOVÁ HARÁ MAÑANA MARAVILLAS ENTRE VOSOTROS.” Es lo que está prometido para el pueblo.

Y ahora vamos a ver lo que nos dice aquí el capítulo 3, con relación a las maravillas que Dios hará. Miren todo lo que le dice a Josué primero; y después le hablará de las maravillas que Él va a hacer, para que se haga realidad lo que Dios le ha prometido. Capítulo 3, verso 1 en adelante de Josué… También habíamos leído en Josué, capítulo 1; ahora leemos el capítulo 3, donde dice:

“Josué se levantó de mañana, y él y todos los hijos de Israel partieron de Sitim y vinieron hasta el Jordán, y reposaron allí antes de pasarlo.

Y después de tres días, los oficiales recorrieron el campamento,

y mandaron al pueblo, diciendo: Cuando veáis el arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y los levitas sacerdotes que la llevan, vosotros saldréis de vuestro lugar y marcharéis en pos de ella,

a fin de que sepáis el camino por donde habéis de ir; por cuanto vosotros no habéis pasado antes de ahora por este camino. Pero entre vosotros y ella haya distancia como de dos mil codos; no os acercaréis a ella.

Y Josué dijo al pueblo: Santificaos, porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros.

Y habló Josué a los sacerdotes, diciendo: Tomad el arca del pacto, y pasad delante del pueblo. Y ellos tomaron el arca del pacto y fueron delante del pueblo.

Entonces Jehová dijo a Josué: Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo.”

La orden de Dios a través de Josué: “Santificaos, porque mañana Jehová hará maravillas entre vosotros.” Así como Dios estuvo con Moisés, le dijo a Josué: “Estaré contigo.”

Encontramos que en el tiempo de Moisés, cuando tuvieron que salir de Egipto e iban de camino rumbo a la tierra prometida, se encontraron con un obstáculo que no podían pasar los dos millones de varones, más los niños y las mujeres que iban en ese éxodo.

Siempre en la vida encontramos obstáculos para llegar a la meta que nos proponemos, y que solamente puede ocurrir un milagro para lograr pasar esos obstáculos que nos impiden llegar a la meta; pero todo creyente en Cristo tiene un Dios que hace maravillas en todo momento que necesitemos ver Su poder manifestado.

Se les complicó a Moisés y al pueblo la situación; no solamente porque estaba frente a ellos el Mar Rojo, sino porque venía detrás el Faraón con su ejército para destruirlos. Dos cosas mortales: un pueblo con niños y mujeres cruzar el Mar Rojo, eso era imposible, y un ejército con espadas y lanzas que venían furiosos para matarlos, también mortal. Pero cuando las cosas se ponen así, oscuras, difíciles, no tenemos otro recurso sino Dios, el Dios que hace maravillas, el Dios de los milagros.

Moisés clama... estaba muy preocupado porque después de tener éxito en sacar el pueblo de Egipto, ahora para acabar de salir de Egipto tiene que cruzar el Mar Rojo; y ¿cómo lo iban a hacer? Y luego el ejército detrás, otro problema mayor.

Moisés clamó a Dios, y Dios le dice: “¿Por qué clamas a mí? Dile al pueblo que camine, que avance; háblale, habla.” Es que ya Dios le había dicho a Moisés que los iba a llevar al Monte Sinaí, para darle allí el Pacto; y en ese monte servirían a Dios. Y ya Moisés había dicho que iban a llegar a ese lugar.

Y ahora cuando ve que el problema se acentúa, siente temor, clama a Dios; pero le tocaba a Moisés hablar la Palabra creadora; caminar, y caminar hacia delante, porque él tenía la comisión. Y Dios hablaba a través de Moisés, como habló dando a conocer las plagas que vendrían sobre Egipto, las diez plagas, lo cual Dios le había revelado y Moisés lo hablaba, y así sucedía.

Moisés era el que comunicaba al pueblo egipcio, y también a los judíos, el Programa de Dios, lo que Dios estaría haciendo; y así era también para cruzar el Mar Rojo, que estaba delante de ellos, y para ser librados del ejército del Faraón.

Por lo tanto, Moisés hablaba porque ya Dios le había revelado Su plan, que era llevarlos a la tierra prometida.

Hay cosas que le corresponden a Moisés, porque ya él tenía la comisión, estaba ungido para la labor; y era, por consiguiente, el Enviado de Dios en el cual estaba la Palabra de Dios para hablarla y Dios cumplirla, materializarse esa Palabra; por lo tanto, todos los proyectos que Moisés llevaba a cabo con el pueblo eran de parte de Dios. Moisés era el que recibía la revelación de Dios para todo lo que se tenía que llevar a cabo en medio del pueblo de Israel. Ninguna otra persona recibía la revelación de Dios, era uno solo: un profeta mayor, un profeta dispensacional, el cual también es tipo y figura de Cristo.

Cuando otros trataron de traer revelación para el pueblo, no era revelación de Dios; porque la revelación viene al mensajero correspondiente para ese tiempo, y del mensajero es dado a conocer ese Programa a los ministros y al pueblo.

Tenemos el ejemplo de cuando Moisés estaba en el Monte Sinaí, recibiendo la Ley en las dos tablas de piedra, que tardaba aparentemente —para algunos del pueblo—, y le dijeron a Aarón: “Este Moisés que nos sacó de Egipto, no sabemos qué le ha pasado; o sea, ya lleva muchos días que se fue, subió al monte y no ha regresado. Haznos dioses que nos guíen, haznos dioses.” [Éxodo 32:1]

Y Aarón hizo un becerro de oro. Eso no fue la revelación de Dios; esa fue una revelación equivocada, por la cual Aarón y el pueblo hebreo tuvieron muchos problemas; porque eso era cambiar al Dios que los libertó de la esclavitud, Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, cambiarlo por un dios pagano, un dios babilónico, que a medida que pasaba el tiempo, en diferentes naciones fue cambiando de nombre; era el dios de los egipcios representado en ese becerro de oro, era el mismo dios babilónico. Ahora vean, cambiaron del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el único Dios verdadero, al paganismo, a la idolatría.

Y ahora continuemos allá frente al Mar Rojo. Vean cómo Dios abrió el Mar Rojo e hizo camino donde no había camino. También, como estuvo Dios con Moisés, dijo que estaría con Josué. Y ahora, para llegar, entrar a la tierra prometida, pasar el Jordán y llegar a Jericó, tenían el Jordán, que representa la muerte.

Y vuelve el mismo Dios que hace maravillas, hace milagros, y le habla a Josué y le dice qué tiene que hacer para que Dios abra el camino para pasar a la tierra prometida; y era llevando el arca los sacerdotes, ir enfrente al pueblo, a unos cuántos kilómetros frente al pueblo; y cuando llegaran a la orilla del Jordán ahí se detendrían, cuando se mojaran sus pies y el Jordán se abriría; y Dios nuevamente abriría un camino para el pueblo de Israel.

Vean, con Moisés Dios abrió el Mar Rojo, y con Josué el Jordán. Los dos representan la muerte.

Y encontramos que pasaron en seco el Jordán, como Israel había pasado con Moisés, en seco, el Mar Rojo.

Siempre es el mismo Dios por medio del Ángel, Su Ángel, el Ángel del Pacto, que es el Verbo que era con Dios y era Dios, y creó todas las cosas. Y el Verbo que era con Dios y era Dios, se hizo carne y habitó entre los seres humanos, y fue conocido por el Nombre de Jesucristo.

Vean quién es el Ángel del Pacto que acompañó a Moisés, y le dijo a Moisés: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob,” el cual Cristo también le dijo al pueblo de Israel: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Pues les había dicho: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día, lo vio y se gozó.” Le dicen: “No tienes cincuenta años aún, ¿y dices que has visto a Abraham?” Él les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58.

Si queremos ver y conocer al Dios que hace maravillas, tenemos que conocer quién es, y tenemos que saber cómo se ha manifestado en el Antiguo Testamento y cómo se ha estado manifestando en el Nuevo Testamento.

Encontramos que cuando ya han cruzado el Jordán y están frente a Jericó, en el capítulo 5 de Josué, le aparece este Ángel del Pacto. Capítulo 5 de Josué, versos 13 al 15, dice:

“Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?

El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?

Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.”

Este es el mismo Ángel, este es el mismo Hombre, el mismo Varón de otra dimensión, de la dimensión angelical, que acompañaba a Moisés; y ahora le había dicho: “Como estuve con Moisés, estaré contigo,” le dice a Josué; y ahí lo vemos acompañando a Josué.

Es que Dios, Jehová de los ejércitos manifestado, es ese Ángel, el Ángel del Pacto, porque ese es el cuerpo angelical, cuerpo teofánico de Dios, esa es la imagen del Dios viviente.

Por eso Abraham lo vio unas cuantas veces en forma de hombre, pero de otra dimensión; y en una ocasión lo vio materializado y comieron con Abraham, Elohim (o sea, Dios en forma humana) y los Arcángeles Gabriel y Miguel. También en una ocasión Jacob se encontró con ese Ángel y no lo soltó hasta que recibió la bendición del ángel, que fue siendo cambiado el nombre de Jacob por Israel. El Ángel le dijo: “Porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.”

Abraham también lo había visto en cuerpo angelical cuando le apareció como Melquisedec, que es el mismo Dios en Su cuerpo angelical, sin padre, sin madre y sin fin de días. ¿Y quién es ese? El Eterno, Dios, Dios en Su cuerpo angelical; entonces es Dios en Cristo en Su cuerpo angelical.

Luego, cuando se hizo carne era Dios en Cristo en Su cuerpo angelical, y Dios en Cristo en Su cuerpo de carne, Su cuerpo físico; por eso en Cristo habitó la plenitud de la Divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y ahora, viendo así a la ligera este misterio de Dios el Padre, y de Cristo, ya sabemos que la forma en que Dios siempre se ha manifestado ha sido a través de Su Ángel, el Ángel del Pacto, que es la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo en Espíritu Santo, Cristo en cuerpo angelical.

Recuerden que un espíritu es un cuerpo espiritual, un cuerpo de otra dimensión: de la dimensión de los ángeles. Son misterios que los seres humanos todavía no conocen muy bien pero que están aquí en la Biblia; pero que de etapa en etapa, en la trayectoria de la raza humana, van abriéndose al público estos misterios que están en la Escritura, y va abriendo Dios la mente de las personas para comprender; pero están aquí.

Mire, en los días de Jesús se hablaba de estas cosas. El mismo Cristo dice hablando de los creyentes en Él, dice: “Porque sus ángeles ven el rostro de mi Padre cada día.” ¿Ven? Está hablando de este mundo angelical, y que cada creyente en Cristo tiene su ángel, su cuerpo angelical, su cuerpo teofánico; así como Dios tiene Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico; porque Dios creó al ser humano a Su imagen (cuerpo angelical) y Su semejanza (cuerpo físico como el cuerpo físico de Dios, que es Jesucristo).

Y ahora, podemos ver que el ser humano también es trino: alma, espíritu y cuerpo; y encontramos que, de etapa en etapa, surge en el Programa Divino un despertamiento espiritual en el cual el Espíritu de Dios, Dios en Espíritu, se mueve en medio de la humanidad y abre las promesas escriturales que están establecidas en la Biblia para cada etapa; y cuando las abre, comienza esa Palabra revelada a llegar a los oídos y el corazón de los seres humanos, y a despertar el alma de los seres humanos; y comienzan a decir: “¡Esto era lo que yo estaba esperando!” Y comienza el alma de las personas a llenarse de alegría, a llenarse de bendiciones de Dios, y a llenarse de conocimiento divino del Programa de Dios para ese tiempo.

Siempre encontraremos a Dios manifestado en el cumplimiento de lo que Dios ha prometido para cada tiempo, ahí es donde Dios será encontrado revelándose a Su pueblo.

Para nuestro tiempo no se estará revelando en un arca literal que esté siendo construida, porque eso fue para el tiempo de Noé; tiene que ser en las promesas que Él haya hecho para nuestro tiempo, las cuales Él estará cumpliendo.

Y los hijos e hijas de Dios estarán esperando en este tiempo esa manifestación de Dios prometida para el Día Postrero; así como fue para otras ocasiones. Y como Dios estuvo con Moisés y luego estuvo con Josué, y luego estuvo con los Jueces (como Samuel, que era también profeta y fue el último de los Jueces de Israel), y luego estuvo con los reyes y con los profetas; así también estuvo con Cristo y a través de Cristo, y estuvo con los apóstoles; y estuvo no solamente en medio de Israel, sino que pasó a los gentiles para revelarse a los gentiles enviando a San Pablo, y a través de San Pablo revelándose y abriéndole las Escrituras a través de la revelación divina para aquel tiempo, en la predicación del Evangelio de Cristo que San Pablo estaba hablando para los gentiles.

Y así pasó la bendición a los gentiles, para llamar de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre; y esos serían los que formarían el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual tendría una trayectoria como la tuvo Israel con Moisés, acompañándoles la presencia de Dios en aquella Columna de Fuego que vio Moisés y que les acompañó por el desierto: alumbrándoles el camino de noche, y de día protegiéndolos del sol con aquella Nube que hacía sombra sobre Israel.

Y luego la encontramos en el tabernáculo que construyó Moisés, en el lugar santísimo, donde entraba el sumo sacerdote una vez al año, el día diez del mes séptimo de cada año, para presentar allí la sangre de la expiación delante de Dios, colocarla con su dedo siete veces sobre el propiciatorio; tipo y figura de lo que Cristo en el Cielo llevaría a cabo como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec en el Templo celestial.

Y así como lo que el sumo sacerdote efectuaba era para la reconciliación del pueblo con Dios —lo cual tenía que hacer cada año—, Cristo intercede por nosotros ante el Padre allá en el Cielo, en el Templo celestial, con Su propia Sangre, para reconciliar a cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; que son los que recibirían a Cristo como único y suficiente Salvador, y obtendrían el nuevo nacimiento y formarían la Iglesia del Señor Jesucristo.

La Iglesia del Señor Jesucristo fue tipificada en el tabernáculo que construyó Moisés y en el templo que construyó el rey Salomón; y así como estuvo Dios en la Columna de Fuego, en aquella Nube, en Espíritu Santo, en el tabernáculo que construyó Moisés y luego en el templo que construyó el rey Salomón, allá sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro; así también ha estado en Su Iglesia, de edad en edad, manifestándose; porque la Iglesia del Señor Jesucristo es el Templo espiritual de Dios, el cual, de etapa en etapa, a medida que van entrando al Cuerpo Místico de Cristo al oír la Palabra (el Evangelio), nacer la fe de Cristo en el alma y recibirlo como Salvador, ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo en agua, y Cristo bautizarlos con el Espíritu Santo; y obtienen el nuevo nacimiento, y nacen en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo, y vienen a formar parte de ese Templo espiritual.

Y es ahí donde ha estado Cristo en Espíritu Santo, estos dos mil años que han transcurrido del Día de Pentecostés hacia acá.

El apóstol San Pablo hablando de la Iglesia del Señor Jesucristo, dijo en Primera de Timoteo, capítulo 3, versos 14 en adelante, escribiéndole a Timoteo, le dice:

“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,

para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.”

¿Cuál es la Casa de Dios, el Templo de Dios bajo el Nuevo Pacto? La Iglesia del Señor Jesucristo. Y ser un miembro, una parte, un miembro del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia del Señor Jesucristo, es ser una piedra viva en ese Templo espiritual del Señor Jesucristo: el privilegio más grande que puede tener una persona, al pertenecer a ese Templo espiritual. Como es un privilegio pertenecer a un gobierno, ser un presidente, un senador o un diputado o representante, o gobernador o alcalde, o alguna autoridad; es mucho más bienaventurado el que es parte del Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Esos son aquellos de los cuales Cristo por medio de los apóstoles habla y dice que son los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Estos son los que San Pablo dice en Hebreos, capítulo 12, verso 22 en adelante:

“…sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos…”

La congregación de los primogénitos escritos en los Cielos, en el Libro de la Vida del Cordero, es la Iglesia del Señor Jesucristo, formada por los creyentes en Cristo. Y así como Israel cuando estuvo en Egipto para su salida, en la víspera de la Pascua sacrificó cada padre de familia un corderito para la preservación de la vida de los primogénitos, del primogénito que vivía, que estaba en la casa…, para la preservación de la vida de ese primogénito fue ese sacrificio de ese cordero pascual; porque la muerte azotaría a Egipto, y todos los primogénitos en Egipto morirían, comenzando desde el hijo primogénito del Faraón. Pero Moisés tenía la revelación de parte de Dios, de cómo escapar cada primogénito de cada familia, de la muerte: era por medio de la sangre de aquel cordero pascual que Dios le dijo que colocara sobre el dintel y los postes de cada casa de cada familia; y que no salieran de ahí.

Y cada familia solamente tenía una esperanza: que su primogénito no muriera cuando murieran los primogénitos en Egipto.

Eso es tipo y figura de los primogénitos escritos en el Cielo, que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo; para que la muerte espiritual no llegara a esos primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que vendrían a ser los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que forman la Familia de Dios del Nuevo Pacto, el Israel espiritual del Nuevo Pacto…; y el cordero pascual representa a Cristo, que tenía que morir para poder quitar el pecado, y así preservar la vida de todos los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que son las ovejas del Padre, que el Padre le dio para que las busque y les dé vida eterna.

Por eso Cristo decía: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” [San Juan 10:27-29]

Tan sencillo como eso explicó Cristo este misterio de los primogénitos de Dios, los hijos e hijas de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; los cuales serían protegidos con el Sacrificio y la Sangre del Cordero de Dios, Jesucristo.

Por eso cuando Juan el Bautista vio a Jesús, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Por eso Cristo también dijo: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” [San Juan 10:18] O sea, que Cristo vino con un mandamiento divino para morir, para poner Su vida por todas las ovejas que el Padre le dio para que las buscara y les diera vida eterna.

Cristo estaba consciente de Su comisión que tenía en esta Tierra. Sería duro. En el Huerto de Getsemaní sudó gotas de sangre. Es la comisión más difícil que una persona haya tenido en esta Tierra. O sea, que Él vino ya con un Programa Divino para llevarlo a cabo. Él no vino para agradarse a sí mismo sino para agradar al Padre que lo envió, para llevar a cabo una Obra en favor de la familia humana.

En aquellos días en que Jesús murió, todo ser humano tenía que morir; por eso Él es el Salvador del mundo, porque Él no vino a condenar al mundo sino a salvar al mundo. (San Juan, capítulo 3). Por lo tanto, Él salvó de la muerte a la familia humana, al tomar nuestros pecados y morir en la Cruz del Calvario.

Recuerden que la paga del pecado es muerte, nos dice San Pablo; y por causa del pecado se hizo mortal al tomar nuestros pecados, y murió por todos los pecados de todos los seres humanos que vivirían en la Tierra, incluyendo los que estaban vivos.

Y para obtener el beneficio de la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario hay que reconocer la Obra de Cristo como Salvador, la Obra de Redención, y aceptarlo como nuestro único y suficiente Salvador; porque la Obra de Redención, de Salvación, ya fue hecha por Cristo, y le toca a la persona recibirlo como Salvador para la salvación de su alma.

“¿De qué le vale al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” [San Mateo 16:26] No puede pagar dinero por la salvación de su alma, porque lo de Dios no se compra con dinero.

La persona está llamada a ocuparse de su salvación con temor y temblor, escuchando el Evangelio de Cristo, para que nazca la fe de Cristo en su alma; porque “con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación.” Romanos, capítulo 10, nos habla de esto, y otros lugares del libro de Romanos, y en otras de las cartas apostólicas también, de San Pablo y demás apóstoles. San Pedro nos habla de Cristo, Su muerte y Su Sangre derramada por nosotros, y el propósito por el cual estamos aquí, que es para ser rociados con la Sangre de Cristo y ser limpiados de todo pecado.

No hay otra forma en que el ser humano pueda ser limpio de todo pecado, excepto por la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador; por eso se predica el Evangelio de Cristo desde el tiempo de los apóstoles hacia acá, para que las personas tengan la oportunidad de escuchar y que nazca la fe de Cristo en su alma, y lo reciban como Salvador, confesándolo como su único y suficiente Salvador; porque con el corazón se cree para justicia pero con la boca se confiesa para salvación.

Recibir a Cristo como Salvador es un éxito para la persona, porque ha hecho la decisión más grande de su vida, la única decisión que coloca al ser humano en la vida eterna. No hay otra decisión que coloque al ser humano en la vida eterna, excepto recibirlo como Salvador.

Y ahora, encontramos que la persona entra al Reino de Dios, que está en la esfera espiritual, es sacado del reino de las tinieblas y colocado en el Reino de Cristo, el Reino de Dios, con vida eterna.

La vida eterna es lo más grande que un ser humano puede recibir. Si la vida temporal, terrenal, que recibimos de nuestros padres es tan importante que luchamos, dormimos, comemos y trabajamos para la preservación de esta vida terrenal...; porque si no comemos, se muere la persona; y si no duerme, también se muere; y si no trabaja, no tiene con qué comer, también se muere; y a nadie le gusta mantener vagos. Cada cual debe ocuparse de la preservación de su vida terrenal.

Vean cómo Cristo nos ha libertado, dice capítulo 1, verso 13 al 14 [Colosenses]:

“…El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas (o sea, del reino de las tinieblas y su poder, el gobierno, el reino de las tinieblas), y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

Y ahora, los creyentes en Cristo estando dentro del Reino de Dios, el Reino de Jesucristo, tienen vida eterna; y tienen la Sangre de Cristo aplicada, porque tienen la Vida de la Sangre, que es el Espíritu Santo; y esa es la señal, la señal para la preservación de la vida: de la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Sin la Vida de la Sangre: el Espíritu Santo, la persona está condenada a la segunda muerte; y es bueno que todos los seres humanos lo sepan, y que sepan que hay una oportunidad en la vida para escapar de la segunda muerte, el lago de fuego, y entrar al Reino de Cristo, al Reino de Dios, y obtener la vida eterna.

Es tan simple que no se necesita ni tener el primer grado de escuela para entrar a la vida eterna, porque es escuchando el Evangelio de Cristo, naciendo la fe de Cristo en su alma y recibiéndolo como único y suficiente Salvador; es por la fe.

Y preparándonos... siendo santificado el pueblo, apartado el pueblo para Dios y Su Reino, para Cristo y Su Reino; porque Dios hará maravillas.

Para nuestro tiempo, el cruzar el Jordán, que en tipo y figura ya se ha cumplido también espiritualmente y que se volverá a cumplir; porque para entrar al Reino de Dios se cumplió, y recibimos el Espíritu de Cristo; y luego se cumplirá nuevamente el cruzar el Jordán, cruzar a través de la muerte, en seco, sin ver muerte, siendo transformados en este tiempo final, y los muertos en Cristo siendo resucitados en cuerpos eternos, inmortales y glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador; eso será también cruzar el Jordán con nuestro Josué, que es el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia en este tiempo final.

Recuerden que los creyentes en Cristo han sido limpiados con la Sangre de Cristo, y han sido hechos para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos con Cristo por mil años (el Reino Milenial de Cristo), y por toda la eternidad.

Vean las bendiciones tan grandes que hay para los creyentes en Cristo, que son los primogénitos, los elegidos, los predestinados, escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; esos son los santos de Dios.

San Pablo hablando de los creyentes en Cristo decía: “Los santos.” Es la congregación de los santos de Dios, que han sido santificados por Cristo nuestro Salvador. Y saber que somos esas personas de las cuales hablaba San Pablo, nos llena de alegría y de agradecimiento a Dios por tan grande bendición.

Y podemos decir desde lo profundo de nuestro corazón: “Di el paso más importante de mi vida: recibir a Cristo como mi único y suficiente Salvador.”

Si hay alguna persona que todavía no ha dado ese paso, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo lo reciba en Su Reino y lo llene de Su Espíritu, y confirme su lugar en la vida eterna. Para lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted en esta ocasión.

Y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que queden también incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Saber que hay una vida eterna —y que nosotros la necesitamos— es una bendición grande; saber que por medio de Cristo obtenemos la vida eterna, como Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” [San Juan 10:27-30]

Dios tiene mucho pueblo en la bella Colombia, y los está llamando; y el Reino de Cristo, el Reino de Dios, se está llenando de colombianos. Y esa es una bendición para Colombia, y es una bendición para toda nación que tiene personas que reciben a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Si todos los países y todos los ciudadanos de todos los países creyeran en Cristo, no tendríamos guerras; habría prosperidad, orden y bendiciones de Dios. Mientras más creyentes en Cristo hay en cada país, mayores bendiciones hay para cada país; porque están orando por su país, para que Cristo tenga misericordia de su país, los proteja y los bendiga.

En todos los países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino; y también aquí en Colombia pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para asegurar vuestro futuro con Cristo en Su Reino eterno.

El apóstol San Juan en Primera de Juan, capítulo 5, versos 10 al 13, dice:

“Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.”

   No importa lo buena que sea la persona, eso no es lo que coloca a la persona en la vida eterna; es Cristo al recibirlo como único y suficiente Salvador.

Recuerden que Cristo dijo que Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, y dijo que el Hijo del Hombre vino a buscar pecadores.

Por lo tanto, Cristo quiere que usted tenga vida eterna para que viva eternamente en el Reino de Dios. Por lo tanto, tenemos todos la oportunidad de obtener la vida eterna a través de Jesucristo. “Dios nos ha dado vida eterna, y esta Vida está en Su Hijo (en Jesucristo). El que tiene al Hijo, tiene la Vida; y el que no tiene al Hijo no tiene la Vida (la vida eterna).”

Esa es la bendición grande para los hijos de Dios: que tenemos vida eterna.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino y les dé vida eterna.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Vengo a Ti con todas estas personas que han escuchado la predicación del Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en su alma, y lo han recibido como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino y les des la vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida, y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Creo en Tu Primera Venida y en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida la Salvación que ganaste en la Cruz del Calvario para mí. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y con nuestras manos levantadas a Cristo, al Cielo, todos decimos: ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO!, ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO!, ¡LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO ME LIMPIÓ DE TODO PECADO! AMÉN.

Cristo les ha recibido en Su Reino, porque ustedes lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.

Ustedes me dirán: “Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

Por cuanto ustedes han creído en Cristo, bien pueden ser bautizados. El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, y Él mismo fue bautizado por Juan el Bautista. Juan decía a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?”  Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia”; y entonces lo bautizó.

Si Cristo para cumplir toda justicia tuvo que ser bautizado, ¡cuánto más nosotros necesitamos ser bautizados! Y es un mandato de nuestro amado Señor Jesucristo, el cual ha estado siendo cumplido por todos los que han estado recibiéndole desde los días de los apóstoles hacia acá; y todavía continúan siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor, todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador.

El bautismo en agua no quita los pecados porque el agua no tiene ningún poder para quitar el pecado; es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es tipológico, y al ser tipológico nos coloca con Cristo tipológicamente en Su muerte, sepultura y resurrección.

Nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección al creer en Cristo, recibirlo como Salvador (así morimos al mundo), ser sumergidos en las aguas bautismales (eso tipifica siendo sepultados), y el ser levantado de las aguas bautismales representa: resucitando a una nueva vida, a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz. Dejo con ustedes al reverendo Iván Sarmiento para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“SANTIFICAOS, PORQUE JEHOVÁ HARÁ MAÑANA MARAVILLAS ENTRE VOSOTROS.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter