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Muy buenas tardes, ministros, compañeros en el Cuerpo Místico de Cristo, y colaboradores, y demás creyentes en Cristo presentes, y también en diferentes lugares de Colombia y de diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos abra las Escrituras en esta ocasión, y nos abra el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio y bendición, y un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Leeremos en Apocalipsis, capítulo 13, versos 1 en adelante.

Ya tuvimos las palabras del misionero Miguel Bermúdez Marín. Estuve escuchando, y fueron muy importantes sus palabras; por lo tanto, hagamos conforme a su consejo y todo saldrá bien. Estaré también en Cartagena, sábado y domingo de la próxima semana.

También escuchamos al ingeniero Iván Sarmiento y al doctor Camilo Montoya, en lo relacionado a la Embajada de Activistas por la Paz, y la petición que nos dijo el ingeniero Sarmiento que le hizo el Embajador de Israel en Colombia. Ya ha sido colocado el mensaje correspondiente en la página de internet de la Embajada de Activistas por la Paz, con relación a la muerte o asesinato de los tres jóvenes hebreos o judíos.

Estamos trabajando en todos los campos de trabajo, y aprecio mucho el respaldo que ustedes le están dando, tanto al proyecto de la Gran Carpa-Catedral como también a los proyectos de la Embajada de Activistas por la Paz; y por el trabajo que llevan a cabo en la Embajada de Activistas por la Paz, en los diferentes proyectos que lleva a cabo la Embajada. La Embajada trabaja en pro de la familia humana, por el bienestar del ser humano.

Y ahora, nos dice Apocalipsis, capítulo 13, versos 1 en adelante:

“Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo.

Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad.

Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia,

y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?

También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses.

Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo.

Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.

Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.

Si alguno tiene oído, oiga.

Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los santos.

Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón.

Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada.

También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres.

Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió.

Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase.

Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente;

y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.

Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Para comprender este pasaje de la Escritura del libro de Revelación o Apocalipsis, necesitamos comprender que el libro del Apocalipsis es simbólico; o sea, que tiene todo colocado en símbolos.

Es como el libro del profeta Daniel, que nos habla de estas cosas. En el capítulo 7 del libro del profeta Daniel, versos 7 en adelante, donde nos habla de la cuarta bestia... Esas bestias de este capítulo 7 del libro del profeta Daniel, nos habla del reino o imperio de los gentiles, que comenzó con el rey Nabucodonosor como la cabeza de oro, en la estatua que él vio y representó esa cabeza de oro a Nabucodonosor con su imperio babilónico; luego le siguieron los pechos o el pecho de plata y brazos de plata, que fue el reino medo-persa; luego le siguió por tercera etapa el vientre y los muslos de bronce, que fue el imperio griego con Alejandro el Grande; luego le siguió por cuarta etapa las piernas de hierro y los pies de hierro y de barro cocido.

O sea, que el cuarto imperio tiene dos partes muy importantes: Las piernas de hierro, que es el imperio romano de los Césares; y luego que fue herido ese imperio por los bárbaros (una herida de muerte), fue sanada esa herida, y comenzó la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, en donde el imperio romano juntó la parte política con la parte religiosa; y ahí encontramos que comenzó la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, que es la parte de la estatua o imagen que vio el rey Nabucodonosor, que estará en y para el tiempo de la Segunda Venida de Cristo.

Es esa etapa, la etapa de la cuarta bestia de la cual hemos leído en el capítulo 13 del Apocalipsis, y en Daniel, capítulo 7, donde dice... Capítulo 7, verso 6 en adelante, dice:

“Después de esto miré, y he aquí otra (o sea, otra bestia), semejante a un leopardo, con cuatro alas de ave en sus espaldas; tenía también esta bestia cuatro cabezas; y le fue dado dominio.”

Ese fue el imperio de Grecia con Alejandro el Grande y sus cuatro generales; que luego de la muerte de Alejandro el Grande, ellos se dividieron el reino entre esos cuatro generales. El verso 7 dice:

“Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos (ese es el imperio romano de los Césares).

Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas.

Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo (o cabello) de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente.

Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos.

Yo entonces miraba a causa del sonido de las grandes palabras que hablaba el cuerno; miraba hasta que mataron a la bestia, y su cuerpo fue destrozado y entregado para ser quemado en el fuego.

Habían también quitado a las otras bestias su dominio, pero les había sido prolongada la vida hasta cierto tiempo.

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.

Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido (ese es la piedra no cortada de manos, Cristo en Su Segunda Venida).

Se me turbó el espíritu a mí, Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron.

Me acerqué a uno de los que asistían, y le pregunté la verdad acerca de todo esto. Y me habló, y me hizo conocer la interpretación de las cosas.

Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra.

Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre.

Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia, que era tan diferente de todas las otras, espantosa en gran manera, que tenía dientes de hierro y uñas de bronce, que devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies;

asimismo acerca de los diez cuernos que tenía en su cabeza, y del otro que le había salido, delante del cual habían caído tres; y este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas, y parecía más grande que sus compañeros.

Y veía yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía,

hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino.

Dijo así: La cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a toda la tierra devorará, trillará y despedazará.

Y los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará.

Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo.

Pero se sentará el Juez, y le quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin,

y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán.

Aquí fue el fin de sus palabras. En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos me turbaron y mi rostro se demudó; pero guardé el asunto en mi corazón.”

Esto que leímos aquí es lo mismo que esta en el libro del Apocalipsis.

Recuerden que una bestia representa un poder, un reino; por eso encontramos en los escudos de las naciones un animal, un ave o algo parecido, en muchos escudos de diferentes naciones; como en Norteamérica encontramos un águila, también en otras naciones encontramos águilas u otra ave; y también encontramos animales en algunos escudos, como en Puerto Rico, que tenemos el cordero.

De acuerdo a esos símbolos la nación es identificada delante de Dios, pues la Escritura dice que los escudos son de Dios, de Jehová. [Salmo 47:10]. Dios inspira para que hagan el escudo y, por consiguiente, lo que es colocado en el escudo de cada nación.

Estas bestias que aparecen en el libro del Apocalipsis y en el libro del profeta Daniel, y también en el libro del profeta Ezequiel, encontramos que representa poderes, representan naciones y también representan a personas. Como el libro del Apocalipsis nos habla de un cordero; eso representa a Cristo, el cual fue identificado por Juan el Bautista como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, en San Juan, capítulo 1, versos 27 al 36; y también encontramos… eso esta en Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante. Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David (raíz y linaje de David), la estrella resplandeciente de la mañana.”

Si es la raíz y el linaje de David, el Cristo, el Mesías: el símbolo de la tribu de Judá es el león. Por eso en Apocalipsis, capítulo 5, cuando llegó el tiempo para ser abierto el Libro sellado con siete sellos, salió el llamado para que se presentara alguna persona que fuera digna para tomar el Libro y abrir sus sellos; y no había nadie, ninguna persona, ningún ser humano. No podía ser un ángel, tenía que ser un hombre. Y no fue hallado nadie digno de abrir ese Libro, tomarlo, ni aun de leer el contenido de ese Libro. Y si no aparecía una persona que tomara y abriera ese Libro, todo estaba perdido; todo volvería a como era antes de la Creación, todo desaparecería.

Pero el anciano al ver a Juan el apóstol llorando ahí en el capítulo 5 del Apocalipsis, le dice: “Juan, no llores. He aquí el León de la tribu de Judá, el cual ha prevalecido, ha vencido, para tomar el Libro y abrir sus sellos.” Y cuando Juan escucha esas palabras, se llena de alegría; y cuando mira, ve un Cordero. ¿Qué estaba viendo Juan? Estaba viendo al Cordero de Dios, que es Cristo; y estaba viendo conforme a lo que el anciano le dijo: al León de la tribu de Judá, que es Cristo, el Rey de reyes y Señor de señores.

El cordero representa a Cristo como el Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano, y el león representa a Cristo como Rey y como Juez. Tan sencillo como eso. Y por consiguiente, como Reclamador: el que reclama el Libro, lo toma, lo abre, y luego lo trae a la Tierra en Apocalipsis 10, para entregarlo a Su Iglesia; representada Su Iglesia en Juan el apóstol, un profeta.

Por lo tanto, en la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, será la Venida, la manifestación de Cristo el Hijo del Hombre, trayéndonos el Título de Propiedad, que es ese Libro sellado con siete sellos, en donde están escritos los nombres de todos los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente, son esos los escogidos de Dios, los elegidos de Dios escritos en el Cielo desde antes de la fundación del mundo. ¿Escritos dónde? En ese Título de Propiedad. Ahí están los pensamientos de Dios.

Los escogidos son genes del pensamiento divino, son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, y son los que tenían que venir por medio de Adán y Eva si no pecaban; y por cuanto pecaron, entonces trajeron hijos mortales, temporales, para vivir en la Tierra. Pero más adelante Dios enviaría al segundo Adán, que es Cristo, y en Él estaría la segunda Eva…; como en Adán, en el primer Adán, estaba la primera Eva, y Dios colocó sueño sobre Adán y sacó de su costado una parte de él, una costilla, y de ahí formó a la compañera para Adán; y fue llamada Varona, porque del varón fue tomada. [Génesis 2:23].

Así, al segundo Adán y en el segundo Adán, que es Jesucristo, en quien estaba la segunda Eva, la Iglesia del Señor Jesucristo, con la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario, de ahí sale agua y Sangre; y de ahí es que luego surge la Iglesia del Señor Jesucristo, nace el Día de Pentecostés.

¿De quién, de dónde sale la Iglesia? De Cristo. Y de Cristo y Su Iglesia nacen los hijos de Dios que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Durante la Dispensación de la Gracia, del Día de Pentecostés hacia acá, han estado naciendo de Cristo y Su Iglesia, de la manifestación de Cristo de etapa en etapa, en donde llama y junta a Sus ovejas que forman Su Iglesia al nacer de nuevo recibiendo vida eterna; y vean cómo en las ovejas están representadas las almas o personas que recibirían a Cristo, el Cordero de Dios. Si Él es Cordero, entonces los creyentes en Cristo son las ovejas que el Padre le dio para que les dé vida eterna.

Ahora podemos ver cómo estos símbolos del Apocalipsis son los mismos del libro de Daniel, y también de las palabras del capítulo 10 de San Juan, comparando a Cristo a los creyentes en Él con ovejas; y Cristo, que es el Cordero de Dios, también comparándose con el Buen Pastor.

En los símbolos bíblicos encontramos las realidades que se vivirían en medio del cristianismo. Así como los símbolos bíblicos que fueron efectivos para el pueblo hebreo en los sacrificios de animalitos..., como el cordero pascual que libró de la muerte a los primogénitos en Egipto al aplicar la sangre de ese cordero pascual que cada padre de familia sacrificaba, y colocaba la sangre de ese cordero pascual en el dintel y los postes del hogar, de la puerta de entrada de su casa; y el cordero lo asaban y lo colocaban dentro de la casa, y lo comían durante la noche de la pascua.

Encontramos que eso funcionó porque era tipo y figura de Cristo el Cordero Pascual, el Cordero de Dios, el cual dijo: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí.” [San Juan 6:53].

Allá la sangre y la carne del cordero, fue importante que la tuviera el pueblo hebreo, y la aplicara en el dintel y en los postes del hogar; y el cordero, la carne, fuera asada, fuera comida por el pueblo hebreo; que en términos espirituales significa: que hay que comer, creer en Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario, y Su Sangre ser aplicada en nuestra alma, en nuestro corazón.

Al recibir el Espíritu de Cristo hemos recibido la Vida de la Sangre, porque la vida está en la sangre, y la Vida de la Sangre de Cristo es el Espíritu Santo.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo está representada en símbolos del Antiguo Testamento y aun en símbolos del libro del Apocalipsis, y también en símbolos del Evangelio; como las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé vida eterna; y la Iglesia como el Cuerpo Místico de creyentes, es el Redil del Señor Jesucristo donde son colocadas estas ovejas.

Estamos viendo el cuadro positivo, la parte positiva de estos tipos y figuras, de estas bestias o animales y aves que aparecen en la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Lo que hablé del libro del Apocalipsis lo encontramos también en el libro del profeta Daniel.

¿En dónde estamos…? Ya que en cuanto al reino de los gentiles, representado en la estatua que vio el rey Nabucodonosor y que le interpretó el profeta Daniel, y en las cuatro bestias del capítulo 7 de Daniel, el reino de los gentiles está en la etapa de los pies de hierro y barro cocido, está en esa cuarta etapa.

La cuarta etapa tiene dos partes: La parte del imperio romano, de los Césares, y lo que vino luego del reino de los Césares o imperio de los Césares. Está el reino de los gentiles en los pies de hierro y de barro cocido. Y luego, en la cuarta bestia, que tiene características de las bestias anteriores, de los reinos anteriores, estamos en el tiempo (hace mucho tiempo, cerca de dos mil años)... en el tiempo de la cuarta bestia del reino de los gentiles. Ese fue el reino que el diablo le ofreció a Cristo si postrado lo adoraba. En el tiempo de Cristo se estaba viviendo en el tiempo de la cuarta bestia: el reino de los Césares, que tiene dos partes.

Y ahora, viviendo en ese tiempo Cristo hubiera sido coronado como el rey del imperio romano. Ese era el reino, porque ese reino tenía el trono babilónico, que le fue otorgado en un testamento: el testamento que hizo el rey y sacerdote babilónico que se fue a vivir a Pérgamo: Attalus III. Y por consiguiente, siendo… Eso lo pueden leer en la página 214 del libro de “Las Edades” en español.

Y siendo que el reino babilónico es la cabeza del reino de los gentiles, que ha ido pasando de etapa en etapa… Comenzó con la cabeza de oro, continuó con los pechos y los brazos de plata: el reino medo-persa; y luego continuó con el vientre y los muslos de bronce, que es el imperio de Grecia con Alejandro el Grande; y luego continuó con las piernas de hierro, que es el imperio romano de los Césares; y luego de eso, en la cuarta etapa misma, los pies de hierro y de barro cocido.

Por lo tanto, Cristo, si hubiera aceptado el reino que el enemigo le ofreció, hubiera recibido el trono, no de David, sino el trono babilónico; así como lo recibió el César de aquel tiempo, que le fue otorgado por el rey sacerdote babilónico que había huido para Pérgamo y había establecido su reino allí, su religión allí pagana; y luego otorgó, más adelante, el título de herencia de ese reino babilónico.

Ese es el reino del anticristo, del hombre de pecado; pero Cristo no aceptó ese reino, porque la promesa para Cristo es que Dios le dará el Trono de David y, por consiguiente, el Reino de David, y reinará sobre Israel para siempre. Y ese es el Reino y Trono que tiene promesa de gobernar al mundo durante el Reino Milenial. Y será quitado el reino de los gentiles, que ya hace años (alrededor de dos mil años) está en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido.

Por lo tanto, estemos despiertos; porque así como hubo una lucha del enemigo y su reino, que estaba en la etapa de las piernas de hierro, y persiguió y crucificó a Cristo, el Rey del Reino de Dios..., no del reino de los gentiles sino del Reino de Dios, que es el Reino de David del cual Cristo es el heredero: heredero al Trono y Reino de David.

O sea que fue una batalla la cual muchos no entendieron que estaba sucediendo; pero Cristo sí la entendía y por eso hablaba acerca del Príncipe de las tinieblas, del Príncipe de los aires, del Príncipe de las fuerzas de la naturaleza, del Príncipe del reino de las tinieblas. Y estaba encabezado ese reino de las tinieblas en el César; por eso tenían que adorarlo, tenían que servirle, porque él era el rey-sacerdote.

Cuando el pueblo dijo: “No tenemos otro rey,” cuando Pilatos le dice: “¿Qué haré con vuestro rey? (O sea) ¿Mataré a vuestro rey?” El pueblo dijo: “No tenemos otro rey, sino a César; César es nuestro rey.” Y César es el rey del reino babilónico, que fue heredado por el imperio romano. Miren al rey que Israel y sus líderes religiosos vinieron en aquel tiempo y dijeron que era su rey; y a la verdad, estaba reinando no solamente sobre Roma sino sobre Israel también.

Dos reyes: El César, rey del reino de los gentiles en la etapa de las piernas de hierro en aquel tiempo, se levantó contra del Rey del Reino de David, del Reino de Dios, que es el Reino de David en la Tierra. O sea que el trono babilónico en la etapa de las piernas de hierro del reino romano, el trono romano o babilónico, se levantó en contra del Trono de Dios en la Tierra, en contra del Trono de David y Su Rey y Su Reino: Jesús el Rey de los judíos, conforme al Reino de David.

Recuerden, el trono de los Césares cuando estaba en las piernas de hierro vino a ser el trono de satanás que le ofreció a Cristo; y por consiguiente Cristo no lo aceptó. Y entonces se levantó en contra de Cristo el Rey del Trono de David. Fue una lucha en aquel tiempo. Por eso Cristo decía “El Príncipe de este mundo vendrá, el Príncipe de este mundo ha de venir (o sea, el Príncipe del reino de los gentiles).”

Y luego, en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, sigue esa herencia; y eso es lo que corresponde al anticristo de Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2, verso 1 en adelante.

Y habrá una persecución grande en este tiempo final, en contra de los escogidos de Dios, de la Iglesia del Señor Jesucristo; y esa persecución vendrá del reino de los gentiles, de la etapa de los pies de hierro y de barro cocido. En otra ocasión les estaré dando más información sobre las cosas que sucederán.

El reverendo William Branham dijo que cuando esa apretura venga, no nos preocupemos, en el sentido de tener miedo; porque en ese tiempo será que Dios se manifestará en toda Su plenitud; que la Tercera Etapa, que fue mostrada parcialmente a través del reverendo William Branham, hablando de la Palabra creadora, estará en plena manifestación cuando venga la apretura; y que la Tercera Etapa será en una Gran Carpa-Catedral que tendrá un edificio pequeño, un cuartito de madera; y ahí estará el Ángel del Pacto, Cristo, el Espíritu Santo, la Columna de Fuego, llevando a cabo una Obra Divina en favor de los creyentes.

Por eso queremos que pronto se cumpla la Visión de la Carpa; porque sabemos que ahí será que la misma Columna de Fuego, el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, que ha estado en Su Iglesia, de edad en edad, desde Jerusalén y toda Judea y todo Israel, y luego Asia Menor entre los gentiles, y luego Europa en cinco edades, y luego Norteamérica (y ya en Norteamérica en la séptima edad, acompañando al reverendo William Branham y acompañando a los creyentes en Cristo); pasará a una manifestación plena en el Día Postrero, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, que en algún lugar tendrá el cumplimiento de una Gran Carpa-Catedral donde estará la presencia de Dios, la presencia de Cristo en Espíritu Santo, en la Columna de Fuego; y de ahí se extenderá toda esa revelación divina, toda esa manifestación divina, a través de internet, de satélite, de televisión, y así por el estilo, para todos los creyentes en Cristo de todas las naciones.

Por lo tanto, no será necesario que todos estén presentes, porque a través de la televisión, a través de las transmisiones de internet y satélite, les llegará tan claro como estará siendo visto en el lugar donde se cumpla esa profecía.

No se puede cumplir en la primera edad, porque ya pasó; ni se pudo cumplir en el tiempo allá de los apóstoles en Israel, porque ya esa edad pasó; ni tampoco se puede cumplir en la segunda edad, o tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad, porque ya esa edades pasaron. Viene una etapa a la cual el reverendo William Branham dijo: “Mire hacia arriba, a la edad que viene, a la Edad de la Piedra Angular.” Ahí será que se cumplirá la Visión de la Carpa, ahí será que se cumplirá la Tercera Etapa; y por consiguiente, ahí es que todos queremos estar trabajando. No en la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima edad, sino en la Edad de Oro, la edad más alta, la Edad de Piedra Angular.

Esa es la edad para el cumplimiento de todas las promesas del Día Postrero, esa es la edad que precursó el reverendo William Branham con todo lo que estará sucediendo en esa edad. De eso es que él hablaba cuando hablaba del futuro, de la manifestación futura que Dios tendría en medio de Su Iglesia en toda Su plenitud.

Por lo tanto, llegaremos a recibir esa bendición plena de Dios, esa manifestación plena de Dios, en donde la Tercera Etapa (llamada la etapa en donde todo el poder de Dios será manifestado para bendición del pueblo) será cumplida en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Pero recuerden que siempre que hay una bendición prometida, el enemigo trata de impedir que el pueblo reciba esa bendición, y trata de atacar por todos los lugares y por todas partes para que no se cumpla esa promesa. Así sucedió en el tiempo de Jesucristo, así sucedió en la Primera Venida de Cristo; y así sucederá en el Día Postrero para la Segunda Venida de Cristo.

Pero el pueblo que conoce a su Dios: hará, trabajará, luchará. Como le dijo Dios a Josué: “Solamente que te esfuerces y seas valiente, ¡muy valiente!”

Y si tiene que esforzarse y ser muy valiente, es porque habrá problemas, habrá luchas; porque será difícil para llegar. Pero está prometido que el pueblo llegará a esa Tercera Etapa, al cumplimiento de la Visión de la Carpa, y por consiguiente, a recibir la fe para ser transformados, que está en lo que la Voz de los Siete Truenos estarán hablando al pueblo.

Por eso dice el reverendo William Branham, en la página 128 del libro de “Los Sellos” en español, que la Voz de los Siete Truenos darán la fe a la Iglesia para el rapto, la fe de rapto; porque los Siete Truenos contienen el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo; por lo cual hubo silencio en el Cielo cuando fue abierto el Séptimo Sello en Apocalipsis, capítulo 8. Y en Apocalipsis, capítulo 10, viene Cristo con el Librito abierto en Su mano, clamando como cuando ruge un león.

Por lo tanto, así como habló a través de las edades por medio de cada mensajero, de edad en edad estará hablando Cristo en Espíritu Santo a Su Iglesia en forma consecutiva, en esa Edad de Oro, la Edad de Piedra Angular; y eso será Cristo hablando como León a Su pueblo, el contenido de esos Sellos; y sobre todo, el contenido del Séptimo Sello.

El contenido del Séptimo Sello estará en la Voz de los Siete Truenos en forma consecutiva, revelando a Su Iglesia el Séptimo Sello, revelando a Su Iglesia el misterio de Su Segunda Venida, que nos dará la fe para ser transformados y raptados, la fe para recibir esa Adopción física, para recibir la redención del cuerpo; así como la revelación de la Primera Venida de Cristo siendo dada a conocer por el Espíritu Santo, de etapa en etapa, a Su Iglesia, y contenido en el Evangelio de Cristo, nos da - nos ha dado la fe para recibir la redención de nuestra alma, para recibir la fe para recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, y obtener la salvación de nuestra alma, la redención espiritual.

Y la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo dada por el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, clamando como cuando ruge un león, dará a la Iglesia la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de la Bodas del Cordero, dará la fe para la redención del cuerpo; de la cual habla San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 22... o 14 al 39, cuando nos habla de la Adopción, la redención del cuerpo. Y también en Efesios, capítulo 4, verso 30: “No contristeis al Espiritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (o sea, de la redención del cuerpo).”

Eso es lo que esperamos: la redención del cuerpo, que será nuestra transformación (para los que vivimos) y la resurrección en cuerpos eternos y glorificados (para los que ya partieron creyentes en Cristo), para poder irnos de esta Tierra, de esta dimensión terrenal, a la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo.

Sin el cuerpo nuevo, sin el cuerpo glorificado, sin la redención del cuerpo, no hay rapto, no hay arrebatamiento; y por lo tanto, no se puede ir a la Cena de las Bodas del Cordero; porque usted no puede ir al aeropuerto, pedir un boleto para montarse en un avión que lo lleve a la Casa del Padre celestial, para ir a la Fiesta más grande de Dios: la Cena de las Bodas del Cordero.

Solamente Cristo es el que nos da la vestidura de Boda para ir a la Cena de las Bodas del Cordero. Él viene para darnos la vestidura del cuerpo nuevo, eterno, inmortal e incorruptible, igual al cuerpo glorificado que Él tiene. Esa es la vestidura exterior; la vestidura interior es el Espíritu Santo.

Así como usted es alma viviente pero tiene un cuerpo, una vestidura interior, que es el espíritu suyo; y tiene una vestidura exterior, un cuerpo exterior, que es el cuerpo de carne. Así como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo: Dios tiene una vestidura interior, invisible para el ser humano, que es el Espíritu Santo, el cuerpo angelical; y tiene la vestidura exterior, que es el cuerpo llamado Jesús, el cual ya está glorificado.

Por lo tanto, estemos preparados porque pronto se va a cumplir la Visión de la Carpa; y en ella, la Tercera Etapa; en donde nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; en donde Cristo nos hablará como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo. Estemos preparados.

Hemos en esta ocasión hablado de la parte positiva, de las bestias positivas: el Cordero de Dios, el León de la tribu de Judá, las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que les dé vida eterna, y así por el estilo; y el Águila, que nos habla de la Edad del Águila, que es la etapa de profeta.

Por lo tanto, estemos preparados. En otra ocasión hablaremos acerca de estas otras bestias; solamente hoy hablamos poco de estas bestias. Pero lean el libro de “Las Siete Edades” del reverendo William Branham, y el libro de “Los Siete Sellos” del reverendo William Branham, y en el libro de “Citas”; y después hablaremos de esas bestias; para que ya tengan una base de lo que vamos a hablar, y entonces podamos decir: “Ahora sí lo veo claro. Ahora entiendo mejor.”

Recuerden que él es el precursor de la Segunda Venida de Cristo y en todas las cosas que estarían pasando después que él partiera, todas las cosas que estarían pasando para el tiempo de la Segunda Venida de Cristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, compartiendo estos momentos de compañerismo espiritual alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Será hasta mañana, Dios mediante, tempranito, para que nos rinda el tiempo; y luego estaré en Cartagena la próxima semana, sábado y domingo.

Que el Señor Jesucristo les continúe bendiciendo a todos ustedes presentes, y los que están en otras naciones; y a ti, Miguel Bermúdez Marín, allá en Venezuela, y tu esposa Ruth Flórez de Bermúdez, y a todos los ministros presentes, y también los que están en otras naciones.

Y que Dios nos abra las Escrituras siempre; y el entendimiento para comprender las Escrituras, y comprender por consiguiente las cosas que deben suceder pronto, en este tiempo final. Y nos fortalezca y nos guíe en Su camino, en Su Programa Divino en este tiempo final. Y pronto nos transforme. Y pronto se cumpla la Visión de la Carpa, y se cumpla la Tercera Etapa, en donde la manifestación de Dios por medio de la Palabra hablada, creadora, se haga una realidad en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final, en el cumplimiento de la Gran Carpa-Catedral. En el Nombre del Señor Jesucristo. Y que pronto nos lleve con Él, nos transforme y nos lleve con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

En la Tierra, en el reino de los gentiles, no tenemos futuro. Nuestro futuro está en el Reino del Mesías, en el Reino del Señor Jesucristo prometido para ser establecido en el séptimo milenio, en el Reino Milenial. Pero antes iremos a una fiesta: a la fiesta más grande en el Cielo, que es la Cena de las Bodas del Cordero. Porque la Tierra estará pasando por el tiempo de purificación (que serán tres años y medio), llamado también el tiempo de la gran tribulación o apretura de Jacob, de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 en adelante; y Apocalipsis, capítulo 7, versos 1 al 17, también; y Apocalipsis, capítulo 12, verso 1 al 17; y también Apocalipsis 13 que leímos; Apocalipsis 16, Apocalipsis 18 y Apocalipsis 19 también.

Así que para este tiempo final el libro del Apocalipsis está cumpliéndose en una forma muy rápida; pero lo más importante para nosotros es que nos habla de la resurrección, de la transformación nuestra, de la Venida del Señor, de la Cena de las Bodas del Cordero, la fiesta a la cual hemos sido convidados: “Bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.” [Apocalipsis 19:9]. Yo he sido convidado por Cristo, a través del Espíritu Santo. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Y vamos a estar con Cristo en la Cena de las Bodas del Cordero, en la Cena de la unión de Cristo con Su Iglesia-Novia, en el Cielo, en la Casa de nuestro Padre celestial.

Bueno, que Dios les continúe bendiciendo a todos.

Dejo con nosotros nuevamente al reverendo Mauricio Vivas. Y nos veremos mañana, Dios mediante.

“LA BESTIA Y LA IMAGEN DE LA BESTIA.”

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