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Muy buenos días, amables amigos, hermanos y ministros reunidos hoy aquí en Cali, Colombia; y también a todos los que están en diferentes ciudades y lugares de la República de Colombia, y en todas las naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender Su Palabra, Su Palabra revelada, correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio grande y motivo de alegría estar con ustedes en esta ocasión.

Quiero felicitar al licenciado Francisco Guerra, Coordinador de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en México, por su cumpleaños: Feliz cumpleaños, licenciado Francisco Guerra, junto a las personas que le aman a allá en la República Mexicana, su familia y demás personas.

También quiero reiterarles que el domingo 21, lunes 22 y martes 23, es la fecha del Foro Judicial en la República de Colombia, donde estarán magistrados de la Corte Suprema de diferentes países.

Domingo en la noche, a las 7:00, habrá una cena en la cual pueden asistir algunas personas que se registren; también habrá un costo por la cena. Por lo tanto se pueden comunicar con el Dr. Camilo Montoya o con el Ing. Iván Sarmiento para más información.

El Foro Judicial del lunes 22 de septiembre, o sea, para la próxima semana arriba..., porque ya hoy comienza la semana con domingo, lunes, martes, miércoles, y así  por el estilo; y luego la otra semana comienza el domingo próximo, que es el primer día de la semana; ese domingo próximo es el día 21, en el cual habrá una cena a las 7:00 de la noche en el Hotel Tequendama, con los magistrados y jueces de las Cortes Superiores de diferentes naciones. Para más información, el Foro Judicial será el lunes 22 en la Universidad Libre de Colombia.

También deseo extender mis condolencias por la partida del copastor de Williams Romero, hermano, señor Humberto Castro, en un accidente que tuvo. Su esposa todavía está hospitalizada. Reciban mis condolencias toda su familia, y hermanos y hermanas de Humberto Castro, sus hermanos: José Castro, pastor en San Cristóbal, y Dra. Ana Leyda Castro, y demás familiares.

Cuando parte un creyente en Cristo, ha ido a descansar al Paraíso, la sexta dimensión, y ya en el cuerpo angelical se encuentra joven; porque esos cuerpos angelicales son eternos, son jóvenes, se parecen a nuestro cuerpo físico; pero son de la dimensión angelical, de la dimensión de la teofanía, de la dimensión del Ángel del Pacto que le aparecía a Moisés y demás profetas.

Por lo tanto, San Pablo dice: “Consolaos los unos a los otros en estas palabras.” Es que cuando parten de acá lo único que muere es el cuerpo físico, pero en alma y espíritu continúan viviendo en el Paraíso.

Para esta ocasión leemos en Romanos, capítulo 11, verso 25 al 28. Y mientras buscamos esa Escritura les extiendo de parte de la Gran Carpa-Catedral el aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al proyecto de la construcción de la Gran Carpa-Catedral. En lo que falta del año, en estos días, se necesita un gran esfuerzo para —lo más pronto posible— tener levantada completamente la Gran Carpa-Catedral en Cayey, Puerto Rico. Esfuerzo en el cual todos ustedes podrán participar para que pronto se complete la construcción de la Gran Carpa-Catedral; que será una bendición no solamente para Puerto Rico, sino para todas las naciones.

También aprecio y agradezco el respaldo que le están dando a la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en los proyectos que está llevando a cabo en diferentes países; como la donación de sangre en forma espontánea dos veces al año; también los Foros Universitarios, y también los Foros Judiciales que ya han comenzado; y demás proyectos que tiene la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en favor del bienestar de la familia humana. Y que cuando se escriba la historia de este tiempo final, cada uno de ustedes pueda decir: “Yo soy parte de la historia y estoy registrado ahí en la historia de este tiempo final.”

Así es como se entra a la historia y aparecen los nombres de las personas que han tenido parte importante en la historia de la familia humana, en el tiempo que le ha tocado vivir a cada persona.

Los que no han hecho nada, no aparecen allí sus nombres ni con quién han trabajado, porque no han hecho nada; por lo tanto, no hay nada qué escribir de ellos, excepto que hay un grupo de personas que se quedó sin hacer lo que tenía que hacer en el tiempo en que vivió.

Pero ustedes son personas que se preocupan por vuestro semejante y desean lo mejor. Así como amamos a Dios, amamos también a nuestro prójimo como a nosotros mismos, y queremos lo mejor para nuestro prójimo.

Y ahora, en Romanos, capítulo 11, versos 25 en adelante, nos dice:

“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;

y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.

Y este será mi pacto con ellos,

Cuando yo quite sus pecados.

Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.

Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos,

así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia.

Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?

¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?

Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”

Y tomando del capítulo 11, el verso 26 al 27, que dice:

“…y luego todo Israel será salvo, como está escrito:

Vendrá de Sion el Libertador,

Que apartará de Jacob la impiedad.”

“EL EVANGELIO REGRESARÁ A LOS JUDÍOS.” EL EVANGELIO REGRESARÁ A LOS JUDÍOS.

Vamos a ver esta promesa divina, porque amamos al pueblo hebreo, al pueblo primogénito de Dios, como dice Dios en Éxodo, capítulo 4, verso 22: “Israel es mi hijo, mi primogénito.”

Por lo tanto, así como Israel, el hijo primogénito como pueblo, como nación, es amado por Dios, es el modelo para que sean todas las naciones, para tener la bendición de Dios con ellos... Por eso dice que: “El que te bendiga, será bendito; y el que te maldiga, será maldito.” [Génesis 27:29]

Por eso bendecir a Israel significa que la bendición regresará también para la persona en forma multiplicada; y para el que lo maldiga, regresará la maldición en forma multiplicada para la persona. Tan sencillo como eso.

Y ahora, por cuanto el Evangelio comenzó en Israel, ahí en Jerusalén, a predicarse el Día de Pentecostés el Evangelio de la Gracia, y se abrió la Dispensación de la Gracia allá en Jerusalén, y fueron judíos los que primero nacieron en el Reino de Dios, creyentes en Cristo; y luego pasó el Evangelio a los gentiles por medio de San Pedro en la casa de Cornelio, que era gentil, y por San Pablo, que fue enviado a los gentiles, con el cual comenzó la primera etapa o edad de la Iglesia entre los gentiles.

En el Concilio de Jerusalén, cuando la Iglesia se reunió con los apóstoles, en donde estuvo también San Pablo, encontramos que San Pablo informó que los gentiles estaban recibiendo el Evangelio de Cristo y siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y hubo una consulta de que si le imponían la Ley con todos los estatutos a los gentiles, también con la circuncisión, y guardar el sábado y demás cosas que acostumbraban entre los judíos; San Pedro y Jacobo hablaron al pueblo y a los líderes de la Iglesia del Señor Jesucristo, que eran hebreos, y dijeron: “Ya Saulo o San Pablo ha contado lo que Dios está haciendo,” y luego también San Pedro dijo que Dios había llamado de entre los gentiles un pueblo para Su Nombre —como Él lo había prometido—, y mostró que eso era lo que estaba profetizado que sucedería: que el Evangelio pasaría a los gentiles; de lo cual Cristo había hablado en el capítulo veinti… en San Mateo. Luego de ser rechazado allá en Jerusalén... Capítulo 21 de San Mateo dice, versos 42 en adelante:

“Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:

La piedra que desecharon los edificadores,

Ha venido a ser cabeza del ángulo.

El Señor ha hecho esto,

Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?

Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.

Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.”

La piedra es Cristo, la Piedra del Ángulo, la Piedra que los edificadores, los líderes religiosos de aquel tiempo, desecharon. Y el que cayere sobre esta Piedra, compungido de haber pecado contra Dios, y cayere sobre esta Piedra arrepentido de sus pecados, recibiéndolo como Salvador: será quebrantado de corazón, y por consiguiente será salvo. Pero sobre quien la Piedra cayere, sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

Y en Daniel, capítulo 2, versos 30 al 45, la Piedra caerá sobre los pies de hierro y de barro cocido del reino de los gentiles, y los desmenuzará... los desmenuzará. Y eso es lo que dice: “Sobre quien ella cayere (esa piedra) le desmenuzara.” Y Cristo en Su Segunda Venida desmenuzará el reino del anticristo, el reino de los gentiles, que estará en los pies de hierro y de barro cocido.

Pero quien cae rendido a los Pies de Cristo recibiéndolo como Salvador: es quebrantado de corazón, obtiene el perdón de sus pecados, y Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado, es bautizado en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo lo recibe y lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, produce en la persona el nuevo nacimiento; y por consiguiente ha nacido en el Reino de Dios, porque el Reino ha sido dado a gente que produzca los frutos del Reino.

Por eso los hijos del Reino representados en el trigo, comenzaron allá, comenzó con judíos; y luego continuó con gentiles en las diferentes edades de la Iglesia: Asia Menor, Europa, Norteamérica y la América Latina; y de ahí se extendió a muchos países en cada edad, de cada edad se extendió a diferentes países, y han estado entrando millones de seres humanos al Reino de Dios que ha sido dado a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por eso Cristo decía: “No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.” [San Lucas 12:32]

Es la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los creyentes en Cristo, las piedras vivas que forman el Templo espiritual de Cristo.

Recuerden que San Pablo dijo: “¿No sabéis que vosotros sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” [Primera de Corintios 3:16] Como individuos los creyentes en Cristo son un templo de Dios, así como Cristo es el templo humano de Dios, donde habitó y habita y habitará Dios en toda Su Plenitud.

¿Recuerdan cuando Él estuvo hablando frente al templo en el capítulo 2 de San Juan, verso 17 en adelante, donde Él dice: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré”? Pensaban que estaba hablando del templo que estaba frente a ellos, pero estaba hablando de Su cuerpo físico, que es templo de Dios.

El día en que fue bautizado Jesús, el Espíritu de Dios vino sobre Jesús y habitó en Jesús, y se manifestó Dios en Él, y a través de Él en toda Su Plenitud.

Por eso después en San Lucas, capítulo 4, versos 11 en adelante, Cristo puede decir: “El Espíritu del Señor está sobre mí por cuanto me ha ungido...” y comienza a decir las cosas para las cuales había sido ungido: “Para predicar el año de la buena voluntad del Señor...”

Y cuando le toca leer la otra parte que dice: “...y el día de venganza del Dios nuestro,” no lo leyó, y ahí se detuvo; y dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

Hasta allí se estaba cumpliendo esa Escritura; pero lo que decía: “y el día de venganza del Dios nuestro,” es para ser cumplida esa profecía en la Segunda Venida de Cristo, que Él vendrá para juzgar, para proclamar el día de venganza del Dios nuestro. Y por consiguiente, lo estará viendo y recibiendo la Iglesia del Señor Jesucristo; porque Él viene por Su Iglesia.

En Filipenses, capítulo 3, nos dice el verso 20 al 21, hablándonos sobre la Venida del Señor para el Día Postrero a Su Iglesia, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

¿Para qué será la Venida de Cristo a Su Iglesia en el Día Postrero? Para transformar nuestros cuerpos físicos en cuerpos eternos, inmortales, jóvenes, para toda la eternidad. Él transformará nuestro cuerpo en Sus células, en células... de células temporales, mortales y corruptibles a células inmortales, incorruptibles, eternas, glorificadas, como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

Ese es mi Salvador, a Ése es al cual yo adoro, al cual yo sirvo. Ese es el Ángel del Pacto, que se hizo carne y habitó entre los seres humanos, y estando en carne humana visitó a Israel. Y todos veían un hombre, pero no sabían que era Dios vestido de un cuerpo humano llamado Jesús. Era Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros, conforme a Isaías, capítulo 7, verso 14; y también San Mateo, el cual nos dice que Emanuel traducido es: Dios con nosotros.

Emanuel: Dios con nosotros, nos dice en San Mateo, capítulo 1, verso 22 al 23... 22... Capítulo 1, verso 20 en adelante, dice:

“Y pensando él en esto (José, en que su esposa María estaba embarazada)...”

Dice:

“Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”

Emanuel lo que significa es: Dios con nosotros. Y eso se cumplió en Jesús dos mil años atrás. Dios visitando a Su pueblo en un templo humano, en un cuerpo humano llamado Jesús, el cual vino en el Nombre del Padre, en el Nombre de Dios, para Redención, para Salvación. En hebreo, por supuesto, es Yeshua.

Pero vean, el Nombre de Dios en Jesús, el cual dijo: “Yo he venido en Nombre de mi Padre,” es tan poderoso que aun traducido a otros idiomas es efectivo. Aunque lo traduzcan al idioma mandarín, que es chino: es efectivo. Así que no importa en qué idioma lo tengan las personas en sus Biblias, es efectivo.

Quizás no todos los nombres de las personas funcionen en otros idiomas, pero el de Jesús funciona en todos los idiomas en la Tierra, y aun en el Cielo también; porque en todos los idiomas lo que significa es: Salvador, Redentor.

Y que cuando Él dice: “Y escribiré sobre él el Nombre de mi Dios, y el Nombre de la ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de Dios, y mi Nombre Nuevo.” Eso es Apocalipsis, capítulo 3, verso 12.

Si fue misterioso el Nombre de Dios para Salvación, para Redención, en la Primera Venida de Cristo; más misterioso será el Nombre de Dios para reclamo en la Segunda Venida del Señor; pero eso lo vamos a dejar quietecito por el momento.

Pero no habrá contradicción en el nombre que le fue dado a Moisés como el Nombre de Dios, que es: Yo soy o YHWH. No habrá contradicción de ese Nombre con el nombre Jesús y el Nombre Nuevo del Señor. Pero eso lo vamos a dejar quietecito ahí, porque eso va a ser abierto cuando el Séptimo Sello sea abierto a la Iglesia. Y luego el pueblo hebreo lo va a ver viniendo con un Nombre Nuevo; pues no lo reconoció con el nombre Jesús o Yeshua, pero lo va reconocer con el Nombre Nuevo. Pero eso es un misterio que será abierto bajo la apertura del Séptimo Sello de Apocalipsis, capítulo 8, verso 1 en adelante.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 19, dice que tiene un Nombre que nadie conoce sino Él mismo, el cual es el Verbo de Dios. O sea, que será la Venida de Cristo, del Verbo, en el Día Postrero, con un Nombre Nuevo. Pero eso, siendo un misterio que todavía no debe ser conocido por el cristianismo y por el pueblo hebreo, lo dejamos quietecito hasta que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero; y cuando esté plenamente manifestada la Tercera Etapa en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, ahí los Truenos estarán emitiendo sus voces; y lo que contienen las voces de Cristo (el León de la tribu de Judá clamando como cuando un león ruge, y siete truenos emitiendo Sus voces), es el misterio del Séptimo Sello, el misterio de Su Segunda Venida de Cristo.

En la Primera Venida de Cristo no lo recibieron en Israel; en Su Segunda Venida lo recibirán. O sea, que tendrían que esperar dos mil años para recibir al Mesías, al Ángel del Pacto, al Ángel de Dios que le dio a Moisés la Ley, los diez mandamientos, y leyes y estatutos para Israel.

Pero todo estaba en el Programa Divino. Jesús tenía que venir y morir en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados, para que el Reino del Mesías sea un Reino con vida eterna.

Si Él aceptaba el Reino en aquel tiempo, estaría aceptando el reino de los gentiles que estaba en la etapa de las piernas de hierro, que era el imperio romano; si Él aceptaba el Reino cuando el diablo se lo ofreció, lo que estaría aceptando era el reino romano, el imperio romano, que estaba en la etapa de los Césares. Y Él vendría a ser el César para aquel tiempo, desde que lo aceptara hasta que tomara el trono del reino o imperio romano de los Césares.

Miren lo que Cristo rechazó: el reino de los gentiles. Recuerden que Él mismo dijo en San Juan: “Mi Reino no es de este mundo.” O sea, que no era un reino terrenal, no era un reino romano; no era un reino para las piernas de hierro, para colocarse como el César romano de aquel tiempo.

El Reino del Mesías ha estado en la esfera espiritual, pero pronto estará en la esfera física, en el Reino Milenial de Cristo, en donde todos los creyentes en Cristo, así como son reyes, sacerdotes y jueces en el campo espiritual, también lo serán en el campo físico como miembros del Gabinete del Reino del Mesías.

La Escritura dice que los santos juzgarán al mundo; por lo tanto, son jueces, son los miembros del poder judicial, del cual Cristo es Juez según el Orden de Melquisedec, el Juez Supremo al cual Dios ha puesto por Juez de los vivos y de los muertos. Y de ese poder judicial yo formo parte. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Es un Orden celestial, es un Orden del Reino de Dios que será establecido en la Tierra en el Reino Milenial del Mesías. Y Cristo es el Rey de reyes y Señor de señores; Cristo es también el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, del Cielo, del Orden celestial, del Reino de Dios.

Si fuera del orden de Aarón no podía ser Sacerdote, porque Él no vino del orden de Aarón; pero es del Orden celestial que estaba reflejado en el orden terrenal de Aarón.

El Antiguo Testamento o Antiguo Pacto era el tipo y figura del Nuevo Pacto; y las cosas que contenía el Antiguo Pacto eran tipo y figura de las cosas que contiene el Nuevo Pacto.

Tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo, en el Templo celestial, en el Trono de Intercesión, intercediendo por nosotros con Su Sangre, y manteniéndonos limpios de todo pecado. En todo momento que fallamos en algo y lo confesamos a Cristo, Él nos limpia de todo pecado, y nos mantiene así limpios ante Dios de todo pecado, sin mancha y sin arruga ante Dios; y eso es representado en el lavatorio de pies.

Y el que Él nos haya redimido está representado en el sacrificio del cordero pascual que el pueblo hebreo, cada padre de familia, sacrificó en la víspera de la Pascua allá en Egipto; y colocó la sangre del cordero pascual, cada familia, en el dintel y los postes de la puerta del hogar, para que la muerte no entrara, el ángel de la muerte no entrara a esos hogares; porque si entraba mataba al primogénito o a los primogénitos que estuvieran en ese hogar. Dije el primogénito: el hijo mayor de la familia, y dije los primogénitos, porque si el papá también era primogénito, también tenía que morir.

Por eso tenían que tener dentro el cordero pascual asado, y comiendo la carne de ese cordero pascual; y la sangre aplicada en el dintel y los postes del hogar.

Y por eso en la Santa Cena: en el pan representamos el cuerpo de Cristo que fue crucificado por nosotros, en el pan; y en el vino representamos la Sangre de Cristo que fue derramada por nosotros en la Cruz del Calvario.

Con ese Sacrificio Él ha librado a los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, ¿los ha librado de qué? De la muerte espiritual, los ha librado de la segunda muerte, que es el infierno, y los ha librado de todo peligro.

Pero siempre hay que mantenerse donde está la Sangre, que está en la Casa de Dios, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; y usted como casa de Dios, como templo de Dios: con la Sangre de Cristo aplicada en vuestro corazón, para que así la muerte espiritual no pueda entrar a usted; y por consiguiente, la muerte, la segunda muerte, no tenga poder sobre usted, y pueda vivir eternamente en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo, donde Él gobernará sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones.

Y con Cristo estaremos como reyes; porque a todo lo que Cristo es heredero lo son también los creyentes en Cristo; son herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro, conforme a las palabras de San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39.

Esos son los que están esperando la manifestación gloriosa de los hijos de Dios, la manifestación de los hijos de Dios en cuerpos eternos, esa manifestación en donde Cristo transformará nuestros cuerpos mortales y los hará igual al cuerpo glorificado que Él tiene; y eso será la redención del cuerpo, la adopción, que está prometida para los creyentes en Cristo.

En Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39; y también en Efesios, capítulo 4, verso 30, donde dice: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Sellados con el Espíritu Santo para el día de la redención, o sea, el día de nuestra transformación, de la redención del cuerpo, que está prometida para los creyentes en Cristo. Eso es lo que está prometido en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, donde nos dice:

“He aquí os digo un misterio, no todos dormiremos.” Eso es: “no todos vamos a morir”; porque habrá un grupo de creyentes en Cristo que estarán vivos para la Segunda Venida de Cristo y no tendrán que morir, sino que serán transformados en Su Venida.

Pero los que murieron, creyentes en Cristo, serán resucitados en cuerpos eternos y glorificados, y se reunirán con nosotros para estar una temporada aquí en la Tierra, de 30 a 40 días, en cuerpos eternos y glorificados, como Cristo estuvo ya resucitado en cuerpo glorificado por unos 40 días en la Tierra, apareciéndose a Sus discípulos, a lo menos un día en la semana, los domingos; y luego subió al Cielo, después de cuarenta días de haber resucitado.

Por lo tanto, los muertos en Cristo cuando resuciten estarán con los que están vivos y que estarán transformados también; estarán una temporada, quizás de 30 a 40 días; y después iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Tan sencillo como eso lo expone el apóstol Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 al 58; y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 11 al 21; y la lectura que les di de Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21.

Sabemos para qué es la Segunda Venida de Cristo, sabemos por qué lo estamos esperando; porque Él prometió volver para transformar nuestros cuerpos y para resucitar a los muertos creyentes en Él, los cuales vendrán con Él en Su Segunda Venida; porque Él pasará por el Paraíso.

Él actualmente se encuentra (por dos mil años, alrededor de dos mil años) en la séptima dimensión, haciendo intercesión como Sumo Sacerdote.

Los que han partido, creyentes en Cristo, están en la sexta dimensión esperando por la Venida del Señor al Paraíso; así como cuando Él murió, luego de ir al infierno Él pasó por el Paraíso de aquel tiempo, donde estaban Abraham, Isaac y Jacob, los patriarcas y los santos del Antiguo Pacto, del Antiguo Testamento; y el día de resurrección, domingo en la mañana bien temprano, resucitó, y con Él los santos que habían dormido, que habían muerto físicamente (eso está en San Mateo, capítulo 27, versos 50 al 55); y aparecieron a muchos en la ciudad de Jerusalén; y cuando Cristo ascendió al Cielo, subieron con Él los santos del Antiguo Testamento.

Ahora vean, por cuarenta días apareciéndole a sus familiares los santos del Antiguo Testamento, muestra que los santos del Nuevo Testamento van a aparecer también a los creyentes en Cristo de este tiempo final, y sobre todo a sus familiares.

Por lo tanto, si alguna persona creyente en Cristo, tiene un familiar que partió, ya sea su padre, su madre, su hermano, su hermana, o algún familiar cercano, sepa que cuando él regrese, aunque fuera él un anciano o una anciana, cuando regrese usted no va a ver un ancianito o una ancianita, sino que va a ver una persona joven que representará de 18 a 21 años de edad. Así será como resucitarán en la Segunda Venida de Cristo los santos del Nuevo Testamento, del Nuevo Pacto. Y los que vivimos seremos transformados cuando los veamos. Y entonces podemos cantar victoria, y decir: ¡Tengo juventud eterna! En alma, espíritu y cuerpo. O sea, la redención integral para los creyentes en Cristo.

Ya tenemos vida eterna en nuestra alma, vida eterna en nuestro espíritu, y nos falta vida eterna física, la cual Él también nos dará. La más difícil era la vida eterna para el alma. Y como eso es lo más importante, luego Él tiene que darle a los creyentes en Él un cuerpo eterno espiritual, y luego un cuerpo eterno físico también.

Con el nuevo nacimiento le da el cuerpo eterno espiritual, y con la resurrección  de los muertos y transformación de los vivos, les dará el cuerpo físico eterno y joven para toda la eternidad; y será un cuerpo perfecto. ¿Sabe qué cuerpo será? El que Dios pensó desde antes de la fundación del mundo para darle a todos Sus hijos e hijas que Él tendría y enviaría a nacer en esta Tierra. O sea que no se preocupe de cómo va a ser el cuerpo; va a ser como Dios lo pensó, lo diseñó para mí; y el de ustedes conforme a como Él lo diseñó para cada uno de ustedes.

Cuando se complete la Iglesia del Señor Jesucristo, Cristo se levantará del Trono del Padre y tomará el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos (de Apocalipsis, capítulo 5, versos 1 en adelante), lo abrirá en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo. Y vendrá con ese Librito abierto en Su mano en Apocalipsis, capítulo 10, donde nos muestra el Ángel Fuerte descendiendo del Cielo, que es Cristo con el Librito abierto en Su mano derecha, y clamando, con el arco iris alrededor de Su cabeza, y clamando como cuando ruge un león.

¿Por qué clamando como cuando ruge un león? Porque cuando Él toma el Libro en Apocalipsis 5, el anciano dijo: “He aquí el León de la tribu de Judá, el cual ha prevalecido para tomar el Libro y abrir sus Sellos.”

Así lo vio y lo explicó, lo dio a conocer, el anciano que le dijo a Juan que no llorara, que había ya llegado el León de la tribu de Judá, que es Cristo nuestro Salvador.

Cuando Juan mira, vio un cordero ensangrentado; porque es el mismo Cristo, el que había muerto por nosotros, y estaba haciendo intercesión en el Cielo, en el Templo celestial; y sale del Trono del Padre, y el Trono del Padre se convierte en Trono de Juicio. Era Trono de Misericordia y se convierte en Trono de Juicio cuando Cristo se convierte en el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores. Y Él es también la Estrella resplandeciente de la Mañana; o sea, el Espíritu Santo, porque el Señor Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

Es importante conocer estos símbolos apocalípticos, los cuales también se encuentran en el libro del profeta Daniel, en el libro del profeta Zacarías, en el libro de Jeremías y también de Ezequiel y otros libros bíblicos de la Biblia.

Todo está representado en símbolos, en tipos y figuras, en el Antiguo Testamento, y luego también en el libro del Apocalipsis.

El Evangelio no puede ir a los judíos hasta que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo. Lo de ellos está seguro. Nosotros tenemos que trabajar para que se complete la Iglesia del Señor Jesucristo; por eso Él dijo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan sencillo como eso. O crees y eres salvo, o no crees y serás condenado. Esas son las palabras de Cristo. O sea, que no le podemos ni añadir ni quitar a las palabras de Cristo. Así es.

Cristo dijo: “Mis palabras… Los cielos y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” Por lo tanto, como Él dijo, así es. Y Él es el que Dios ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos. Por lo tanto, Jesucristo es la persona más importante en el Cielo y en la Tierra, porque Él es el Ángel del Pacto, el que estableció el Pacto con el pueblo hebreo allá en el Monte Sinaí y lo dio a conocer a través del profeta Moisés.

Y luego viene en carne humana dos mil años atrás, y es llamado Jesús, para establecer el Nuevo Pacto; por eso dice, tomando la última Cena con Sus discípulos…, da gracias al Padre, parte el pan, y da a Sus discípulos para repartirlo a las demás personas, y les dice: “Comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido. Haced esto en memoria de mí.” Y tomando la copa de vino da a Sus discípulos y dice: “Tomad de ella todos, porque esto es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Nos habla de un Nuevo Pacto que estaba prometido en Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36. Dentro del Nuevo Pacto es que están los creyentes en Cristo. Por eso, lo que fue tipificado en el Antiguo Pacto, Antiguo Testamento, se hace una realidad en el Nuevo Pacto, en el Nuevo Testamento. Y ahora, la circuncisión es acá en el corazón. El Espíritu Santo circuncida nuestro corazón cuando nos bautiza Dios con Espíritu Santo y Fuego.

Y ahora, ¿cuándo regresará el Evangelio a los judíos? Cuando la Iglesia del Señor Jesucristo se haya completado. De esto habló el reverendo William Branham en una ocasión, allá cuando predicó acerca de las siete etapas o Edades de la Iglesia del Señor Jesucristo, y nos dice en la página 14 en español, de esta versión. Dice:

“Era tiempo para que Dios (el Mesías) volviera a llevar Su Novia, y entonces presentarse (hacerse conocer) a Israel. Así que vemos a Dios viniendo nuevamente para tomar una relación humana con el hombre como el Hijo de David, Rey de reyes y Señor de señores, y como el Novio de la Novia gentil. No son dos dioses, sino simplemente UN SOLO DIOS manifestando Sus poderosos oficios y títulos triples.”

Y en la página 30 de este mismo libro de “Las Edades,” dice el párrafo 100:

“Ahora, ¿cuándo volverá el Evangelio a los judíos? Cuando se haya terminado la dispensación de los gentiles. El Evangelio está listo para volver a los judíos. Oh, si tan sólo les pudiera decir algo que está a punto de suceder hoy, en este nuestro día. Esta gran cosa que va a suceder recorrerá hasta Apocalipsis 11; y aquellos dos testigos, aquellos dos profetas, Moisés y Elías, trayendo el Evangelio de nuevo a los judíos.”

¿Cómo va a regresar el Evangelio a los judíos? Por medio de los Dos Olivos de Apocalipsis 11, del 1 al 14; y Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14.

¿No será que alguna denominación o alguna iglesia o algún grupo de personas o alguna persona diga: “Yo voy a llevar el Evangelio a los judíos”? Dios no va a respaldar eso. Tiene que ser por medio de los ministerios de los Dos Olivos, Moisés y Elías, los ministerios de Moisés y Elías siendo manifestados para que Israel pueda creer; porque Israel solamente cree a sus profetas, porque la Palabra de Dios solamente viene a los profetas. Dice Amós, capítulo 3, verso 7: “Porque no hará nada el señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.”

Y este secreto de cómo volverá el Evangelio a los judíos, vean, es que volverá por medio de los ministerios de Moisés y Elías. Dice:

“...y aquellos dos testigos, aquellos dos profetas, Moisés y Elías, trayendo el Evangelio de nuevo a los judíos. Estamos listos. Todo está en orden. Igual como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles, así también los gentiles se lo llevarán de regreso a los judíos, y el Rapto sucederá.”

“Como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles.” Esto fue San Pedro llevando el Evangelio por Orden Divina a un romano, oficial romano del ejército, allá en la casa de Cornelio donde fue enviado, y al cual el Ángel le había aparecido y le había dicho que vendría un varón el cual se llamaba Pedro, y él le iba a decir lo que tenía que hacer.

Y San Pablo fue enviado a los gentiles, para llevar el Evangelio a los gentiles, a Asia Menor y demás naciones que recibirían el Evangelio allá por Asia Menor. Y así pasó el Evangelio de los judíos a los gentiles.

Pero en el tiempo final, cuando se hayan completado la Iglesia del Señor Jesucristo, el Evangelio tiene que regresar a los judíos; porque el Evangelio comenzó a ser predicado entre los judíos, y la Iglesia nació con judíos, el Día de Pentecostés, que eran seguidores en Cristo.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo volverá al principio. No vamos a explicar mucho, pero después de la séptima etapa de la Iglesia, que se cumplió en Norteamérica, representada en la Iglesia de Laodicea del capítulo 3 del Apocalipsis; luego de esa etapa, donde su mensajero fue el reverendo William Branham…; así como el mensajero de cada etapa de la Iglesia, de sus siete etapas, fue colocado en el territorio donde se llevaría a cabo esa etapa, y de ahí se extendería a otras naciones.

San Pablo fue el primero de los mensajeros de las siete edades de la Iglesia, y estuvo su territorio en Asia Menor; luego hubo cinco mensajeros para las cinco etapas siguientes de la Iglesia que se cumplieron en Europa.

Y luego, para la séptima etapa de la Iglesia entre los gentiles, que sería en Norteamérica, hubo un mensajero también: el reverendo William Branham; del cual da testimonio la Biblia, da testimonio la Iglesia del Señor Jesucristo, yo doy  testimonio también, de que él fue el Elías que tenía que venir para precursar la Segunda Venida de Cristo, conforme a Malaquías, capítulo 4, versos 4 al 6.

Pero Elías regresará nuevamente, o sea, el ministerio de Elías, en otro hombre, regresará a la Tierra para llevar el Evangelio a los judíos.

Si lo va a llevar de los gentiles a los judíos, va a aparecer primeramente ese ministerio entre los gentiles, y el ministerio de Moisés también; para tomar el Evangelio, las buenas nuevas de salvación, para darlas a conocer a todos los seres humanos. E Israel cuando vea al Señor viniendo por Su Iglesia, dirá: “Este es el que nosotros estamos esperando.” Esa es la forma en que el Evangelio regresará a los judíos.

Y ahora vean, Él aparecerá (el Mesías) como el José, tipificado en José, el cual tenía la Bendición de la Primogenitura, la cual fue hablada por Jacob cuando bendijo a Efraín y a Manasés, hijos de José.

La Bendición de la Primogenitura corresponde a José, la Bendición de la Primogenitura; y por consiguiente corresponde a la Iglesia del Señor Jesucristo, que es nuestro José; y la Iglesia está representada también en Efraín.

La bendición que venía para los judíos, al rechazarla pasó de los judíos a la Iglesia del Señor Jesucristo, a los gentiles; y por consiguiente, la Iglesia es la que tiene la Bendición de la Primogenitura, y por consiguiente las bendiciones del Cielo y de la Tierra.

La Bendición de la Primogenitura tiene doble bendición; y la Bendición de la Primogenitura en aquel tiempo estaba en la tribu, las tribus del norte; por eso es necesario que las tribus del norte, las diez tribus perdidas de Israel, aparezcan y se unan a las dos tribus: la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, para el establecimiento del Reino del Mesías en la Tierra.

Para lo cual, con Gran Trompeta (conforme a Isaías, capítulo 27, verso 13) Dios las llamará. Esa Trompeta la tocarán, la sonarán, los Dos Olivos: Moisés y Elías. Los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero, estarán llamando y juntando a los escogidos de Dios del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

Y así es como se cumplirá Apocalipsis, capítulo 7, donde el Ángel que viene con el Sello del Dios vivo, o sea, con el Espíritu Santo, llamará y juntará ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

También van a aparecer las vírgenes insensatas que tendrán que pasar por la gran tribulación. Ese mensajero que llama y junta a los escogidos del pueblo hebreo, también tiene que ver con las vírgenes insensatas que tendrán que pasar por la gran tribulación.

Apocalipsis, capítulo 14, nos muestra sobre el Monte de Sión ya a ciento cuarenta y cuatro mil sellados con el Sello del Dios vivo y con el Nombre del Padre celestial en sus frentes, y el Nombre del Cordero. Y en Apocalipsis, capítulo 15, aparecen también con el cántico de Moisés y el cántico del Cordero.

O sea, que algo grande está por suceder en este tiempo final con el pueblo hebreo y con el cristianismo también. Bendiciones para la Iglesia del Señor Jesucristo, bendiciones del Cielo y de la Tierra, y bendiciones también para el pueblo hebreo.

Para el Día Postrero es que Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él, conforme a las palabras del mismo Cristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, donde nos dice Cristo...

Estamos esperando la resurrección de los muertos y la transformación de los vivos, porque es una promesa de Dios y que Cristo ha confirmado, y los apóstoles también; y por consiguiente, el Espíritu Santo ha confirmado, porque el Espíritu Santo fue enviado para recordar todas las cosas que Cristo dijo, y para darnos a conocer las cosas que han de venir; viene dando testimonio de Cristo, viene dando testimonio de la Verdad: “Él nos enseñará todas las cosas que han de suceder.”

Y ahora en el capítulo 6, versos 39 en adelante, de San Juan, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Son palabras de Cristo, palabras que nos suben la fe al nivel más alto, y la esperanza.

En el capítulo 11 de San Juan también dice..., cuando Jesús está hablando con Marta la hermana de Lázaro que había muerto y ya llevaba cuatro días de estar sepultado, de haber muerto, dice capítulo 11, verso 23, de San Juan; verso 23 en adelante, dice:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Ella sabía que la resurrección es para el Día Postrero; y el Día Postrero delante de Dios y para los seres humanos son mil años, el séptimo milenio de Adán hacia acá.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

¡Y nosotros lo creemos también!

Esta esperanza de la resurrección en cuerpos eternos y glorificados para los que estén vivos en la Segunda Venida de Cristo, es para los creyentes en Cristo; pues ellos son los que creen en Cristo como su Salvador, como el Hijo de Dios, y creen en Su Primera Venida, por consiguiente en Su Sacrificio en la Cruz del Calvario; creen también en Su resurrección, y creen en Su Segunda Venida con los muertos creyentes en Él, para resucitarlos y para transformar los que estén vivos. Es para esas personas creyentes en Cristo, nacidas de nuevo, que esta promesa será cumplida.

Por eso yo estoy esperando la Segunda Venida de Cristo con Sus santos que partieron, que serán resucitados en cuerpos eternos, para verlos y ver a Jesús, y ser transformados conforme a como lo ha prometido; y entonces tener el cuerpo eterno, joven e inmortal como el que Él tiene, y que está tan joven como cuando subió al Cielo. Eso será la redención del cuerpo, la adopción de los hijos e hijas de Dios, con vida eterna.

“Los santos juzgarán al mundo,” dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 6, versos 2 al 3; porque los santos son los creyentes en Cristo, y por consiguiente son jueces del poder judicial del Reino de Cristo; son sacerdotes del poder religioso, del poder espiritual del Reino de Cristo; y son reyes del Reino celestial que será establecido en la Tierra. Y por consiguiente, herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro.

“EL EVANGELIO REGRESARÁ A LOS JUDÍOS.” Volverán a tener una etapa judía del cristianismo, como la tuvieron en los días de los apóstoles. Eso corresponde a la etapa de Edad de Piedra Angular del Día Postrero, de donde regresará el Evangelio a los judíos.

En el Cuerpo Místico de Cristo en el Día Postrero, en la Edad de Piedra Angular, habrá muchos descendientes hebreos, que ni siquiera saben ni sabrán que tienen sangre hebrea o judía; pero lo más importante es ser creyente en Cristo nuestro Salvador. Eso es lo que nos da vida eterna.

Hay muchos descendientes hebreos en el mundo entero pero que no son creyentes en Cristo, y por consiguiente no tienen vida eterna. Por lo tanto, lo más importante para entrar al Reino de Cristo, al Reino de los cielos o Reino de Dios, es lo que Cristo le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios.” O sea, no lo puede entender.

Nicodemo pensó en términos literales o físicos y dijo: “¿Cómo puede hacerse esto?, ¿puede el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?” Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar al Reino de Dios.” Esa es la forma de entrar al Reino de Dios. Y también… Eso fue en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6. Y en San Juan, capítulo 14, verso 6, dice: “Yo soy el camino la verdad y la vida y nadie viene al Padre sino por mí.”

No hay otra forma en que usted pueda llegar a Dios, no hay otra forma en que vuestras oraciones puedan llegar a Dios a menos que sea a través de Cristo. Por eso San Pablo decía y Cristo decía: “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré.”

Y también San Pablo decía: “Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre de Jesucristo, del Señor Jesucristo.” Porque ese es el único Nombre en el cual Cristo dijo que pidamos y Él nos dará.

También dice la Escritura: “Pedid y no recibís porque pedís mal (o piden mal).” Hay que pedir bien. Y por consiguiente, una de las cosas que tiene que estar bien es en qué Nombre Cristo enseñó que pidamos. “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré,” esa es la promesa de Cristo.

Por lo tanto, el que pide en el Nombre del Señor Jesucristo está pidiendo conforme a como Cristo nos enseñó, y eso no fallará. “Mis palabras son Espíritu y son Vida,” dice Cristo. “El que oye mi Palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no perecerá jamás.”

Y también nos dice: “Los Cielos y la Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” O sea, se cumplirán.

El Evangelio regresará a los judíos, pero mientras está entre los gentiles todavía hay oportunidad para las personas recibir a Cristo como Salvador, ser bautizadas en agua en Su Nombre, y Cristo bautizarlas con Espíritu Santo y Fuego, y producir en ellas el nuevo nacimiento.

Por lo cual, si alguno todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego; y produzca en usted el nuevo nacimiento. Para lo cual, puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Los niños de 10 años en adelante también pueden pasar a los Pies de Cristo para recibirlo como su Salvador. Y en las demás naciones, países, y también en las demás ciudades, o lugares en donde usted se encuentra y va a recibir a Cristo, lo puede recibir, puede pasar al frente para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.

“Buscad al Señor mientras puede ser hallado,” nos dice la Escritura. Y mientras Cristo esté como Sumo Sacerdote en el Cielo, hay oportunidad para obtener la salvación y vida eterna.

Hay oportunidad para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Por lo cual se le ofrece la oportunidad a cada persona de que reciba a Cristo como único y suficiente Salvador.

La decisión más grande que una persona puede hacer es recibir a Cristo como Salvador; pues de todas las decisiones importantes que el ser humano hace en su vida, solamente una es la que lo coloca en la vida eterna, y esa es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

San Pablo cuando estuvo en la cárcel, y cantaban, a medianoche hubo un terremoto; las puertas de la cárcel se abrieron y el carcelero pensó que se habían ido los presos; sacó la espada para matarse, y San Pablo grita y dice: “No te hagas ningún mal; todos estamos aquí.” [Hechos 16:25-34]

Entonces fue, se postró ante San Pablo y Silas que cantaban himnos, y les dice: “¿Qué haré para ser salvo?” O sea, que los himnos que cantaban contenían el mensaje de Salvación. Y San Pablo le dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.”

La salvación es lo más grande que una persona puede recibir, y solamente la puede recibir a través de Cristo, porque Él es nuestro Salvador. Él es el único que murió en la Cruz del Calvario para darnos vida eterna. Él es el único que llevó nuestros pecados, por lo cual se hizo mortal y pagó por nuestros pecados. Lo que usted y yo teníamos que sufrir, lo sufrió Cristo en la Cruz del Calvario.

En aquellos días la humanidad tenía que morir por sus pecados, era un ciclo divino parecido al tiempo de Noé, en que Dios decretó la muerte de los seres vivientes, pero halló gracia Noé delante de Dios, y Dios le mostró la vía de escape: construir un arca para escapar. Es que Noé ofrecía a Dios el sacrificio por el pecado.

En los días de Lot, que son los mismos días de Abraham, llegó el tiempo también para la destrucción de Sodoma y Gomorra, y ciudades cercanas, por sus pecados; pero Abraham oró por Lot y su familia para que Dios tuviera misericordia de Lot y su familia; y Dios envió a Sodoma a dos Ángeles: Gabriel y Miguel, para que sacaran a Lot y su familia de Sodoma, y destruyeran a Sodoma y Gomorra y ciudades cercanas. Y luego también Dios descendió allá.

Y ahora estamos en un tiempo similar, paralelo a tiempo de Noé y al tiempo de Lot. El mismo Cristo dijo que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé, que comían y bebían y plantaban, y se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; y vino el diluvio y los destruyó a todos; y no conocieron hasta que vino el diluvio y los destruyó a todos. (San Mateo, capítulo 24, versos 34 al 39).

Y en San Lucas también nos dice: “Como fue en los días de Noé y como fue en los días de Lot (San Lucas, capítulo 17), así será la Venida del Hijo del Hombre.” Y también dice que será como el relámpago que sale del Oriente (Medio Oriente, la tierra de Israel), y se muestra, se revela (¿dónde?) en el Occidente. El Occidente es el continente americano.

Por lo tanto, habrá una manifestación grande del Hijo del Hombre, llamemos una manifestación grande, en el reverendo William Branham, en donde el Hijo del Hombre se manifestó; y dice: ¨Lo que ustedes han visto en parte, será visto en toda su plenitud.” O sea, que anuncia una manifestación grande del Hijo del Hombre para el Día Postrero, porque él es el precursor de la Segunda Venida de Cristo. Está anunciando una manifestación plena del Hijo del Hombre, está anunciando una manifestación plena de la Venida del Señor.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Lo más importante ¿qué es? La vida. No hay nada más importante que la vida. Sin vida, el valor del trabajo, de las riquezas, de las profesiones, no tiene valor; porque si no tiene vida, no las puede disfrutar. Por lo tanto, lo más importante es la vida. Y si la vida temporal es tan importante, ¡cuánto más la vida eterna! La vida temporal es un tiempo que Dios nos ha dado para que hagamos contacto con la vida eterna, recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, porque Él es la Vida, la vida eterna.

Por lo tanto, es un tiempo para que lo aprovechemos para obtener el nuevo nacimiento por medio de Cristo nuestro Salvador; porque con el nacimiento que obtuvimos por medio de nuestros padres terrenales lo que obtuvimos fue vida temporal, un cuerpo humano temporal; pero tenemos la oportunidad estando vivos en estos cuerpos, de obtener el nuevo nacimiento por medio de Cristo, para entrar al Reino de Dios, que es eterno. Y los que entran al Reino de Dios, que es eterno, reciben vida eterna también, para vivir con Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

Por lo tanto, la vida eterna es lo más importante para el ser humano. No hay nada más importante. Por eso fue que Cristo dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, las demás cosas serán añadidas.” [San Mateo 6:33]

Se busca el Reino de Dios, y para lo cual se requiere nacer en el Reino de Dios, nacer de nuevo para entrar en el Reino de Dios. Se busca el Reino de Dios ¿para qué? Para entrar a él, recibiendo a Cristo como Salvador: por medio de la predicación del Evangelio nace la fe de Cristo en nuestra alma, lo recibimos como Salvador, somos bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo nos bautiza con Espíritu Santo y Fuego; y produce en nosotros el nuevo nacimiento, nacemos en el Reino de Dios; y así es como entramos al Reino de Dios.

Ya vamos a orar por las personas que han recibido Cristo como Salvador. Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino, y hágase Tu Voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos.

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo ante Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, aquí en Cali, Colombia, en diferentes lugares de Colombia, y en diferentes lugares de todas la América Latina, el Caribe, Norteamérica y otras naciones. Señor, Padre celestial, recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos; porque no hay otro Nombre dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados y por los pecados de todo ser humano. 

Doy testimonio de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Haz en mí una realidad la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma. Él dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16. 

Ustedes me dirán: “Escuché la predicación del Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, creí, y he dado testimonio público de mi fe en Cristo, recibiéndolo como mi único y suficiente Salvador; y ahora quiero cumplir también lo que Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado.’ Me falta ser bautizado en agua en Su Nombre. ¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo el cual dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Aun el mismo Cristo fue donde Juan estaba bautizando en el Jordán, para ser bautizado por Juan; y Juan le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó. Y cuando subió de las aguas bautismales el Espíritu Santo vino sobre Jesús en forma de paloma y se posó sobre Él, y permaneció sobre Jesús; que era la señal que Dios le había dado a Juan: que cuando viera el Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre el Ungido, el Mesías, cuando lo viera, Ése sería el Mesías. Y Juan dice: “Y yo lo vi, yo vi el Espíritu Santo descender en forma de paloma sobre Él. Éste es el que vendría después de mí.”

Y era su primo, según la carne, porque María y Elisabet la madre de Juan el Bautista, eran parientas, eran parientes ellas, y por consiguiente eran de la familia; y es bueno cuando de la familia Dios da ministros, colaboradores, creyentes... Cuando en una familia son todos creyentes es una bendición muy grande, porque se van a encontrar luego en el Reino del Mesías y por toda la eternidad.

Esa es la forma que deseamos que todas las familias sean: sean creyentes en Cristo, para que en la eternidad se encuentren viviendo en el Reino de Cristo para siempre.

Cuando una persona  recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida. Ese es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor; porque en el bautismo en agua nos identificamos en Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Es que estábamos eternamente en Cristo, somos parte de Cristo.

Recuerden que Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.”

Cristo es el grano de trigo: murió, fue sembrado en tierra, y luego resucitó glorificado; y luego, el Día de Pentecostés, nació la Iglesia del Señor Jesucristo en donde la Vida de Cristo en Espíritu Santo vino; y ahí nació la Iglesia del Señor Jesucristo para llevar mucho fruto, muchos hijos e hijas de Dios, muchos granos de trigo iguales a Cristo el Hijo de Dios.

Esa es la forma sencilla tipificada por Cristo mismo, en cuanto a lo que sería Su Iglesia: hijos e hijas de Dios, granos de trigos, granos de trigo como Cristo es el grano de trigo que fue sembrado en tierra.

Bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Manténgase firme en Cristo, en la fe cristiana, en la fe en Cristo, todos los días de su vida. Y nos encontraremos en el Reino de Cristo viviendo por toda la eternidad.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión. Dejo con ustedes al reverendo Mauricio Vivas para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada país, en cada otro lugar, dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga y les guarde. Y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones Cristo nuestro Salvador.

“EL EVANGELIO REGRESARÁ A LOS JUDÍOS.”

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