ImprimirImprimir

Muy buenos días, amados hermanos y amigos presentes, y los que están en otras naciones, ministros y congregaciones. Tengan todos una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo 2015, lleno de las bendiciones de Jesucristo nuestro Salvador.

Felicidades en vuestro matrimonio, Leandro Natale y Vanessa, del Brasil; que Dios les bendiga y les guarde, y les prospere grandemente espiritual y materialmente. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Un saludo muy especial para el misionero Miguel Bermúdez Marín, quien se encuentra en actividades en estos días en la Obra del Señor.

Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 8, verso 12, las palabras de Jesús que dice:

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra, nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“LA LUZ EN EL OESTE.”

Para hablar de la Luz en el Oeste queremos saber qué será la Luz en el Oeste. Del Oeste nos habla el Señor Jesucristo en San Mateo, capítulo 24, verso 27, y nos dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Tenemos una promesa: que sale del Oriente y que se mostrará en el Occidente. Cristo dijo que Él es la Luz del mundo; y para que tengamos más para comprender que Cristo realmente es la Luz del mundo, en San Juan, capítulo 1, versos 1 en adelante, dice:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”

Aquí nos muestra que “el Verbo que era con Dios y era Dios,” era la Luz; era la Luz de los hombres. Y sigue diciendo:

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo (esa Luz verdadera, el Verbo, venía a este mundo).

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne…”

¿Quién fue hecho carne? El Verbo, que es la Luz que venía al mundo; la Luz que venía al mundo se hizo carne, el Verbo se hizo carne.

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

Y cuando el Verbo, que es la Luz, se hizo carne, continuaba siendo la Luz; la Luz, que es la vida para todo ser humano. En Él estaba la vida, y por consiguiente a través de Él vino toda vida a existencia. De eso es que nos habla el apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante, cuando dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Vean cómo por medio del Verbo que era con Dios y era Dios, Dios creó el universo; porque la vida para ser manifestada estaba en el Verbo, y el Verbo es el Ángel del Pacto, es Cristo en Su cuerpo angelical. El Verbo es la imagen del Dios viviente, es el cuerpo teofánico, cuerpo angelical de Dios, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Jehová o Ángel de Dios.

Por esa causa todos los que vieron al Ángel de Dios, al Ángel de Jehová, dijeron que habían visto a Dios. Lo que vieron fue al Verbo, al Ángel del Pacto, la imagen del Dios viviente, el cuerpo angelical, el cuerpo teofánico de Dios; por medio del cual Dios habló a existencia toda la Creación.

Nos dice Colosenses (San Pablo hablando), que en Él fueron creadas todas las cosas, y por Él y para Él. Colosenses, capítulo 1, verso 14 en adelante… aun podemos leer desde el 12. Dice:

“...Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo...”

Los creyentes en Cristo han sido trasladados al Reino de Jesucristo: han sido sacados del reino de las tinieblas y colocados en el Reino de Cristo, que es el Reino de Dios. Por eso la Escritura dice que estamos sentados en lugares celestiales con Cristo.

“...en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

Cristo es la imagen del Dios invisible, o sea, el cuerpo angelical que veían Adán y toda su descendencia, y todos los profetas que dijeron que vieron a Dios y hablaron con Dios; y realmente vieron a Dios y Dios estuvo hablando con ellos; porque Dios estaba en forma visible, un cuerpo visible de otra dimensión invisible a esta dimensión, pero visible en otra dimensión: la dimensión de los espíritus. Así como hay cuerpos de carne, hay cuerpos de luz.

Por eso encontramos que a Saulo de Tarzo le apareció en forma de luz, la Columna de Fuego, la misma que le había aparecido a Moisés y le dijo: “Yo soy Dios de Abraham, Dios de Isaac y de Jacob” (capítulo 3 del Éxodo), y era una luz.

Estaba en forma de luz allí, porque son cuerpos que no son de carne sino de luz. “Hace a sus ángeles espíritus, y a Sus ministros llama de fuego” (Hebreos, capítulo 1, verso 5 al 7).

Encontramos que Cristo antes de partir para estar en el Trono de Dios, en San Mateo, capítulo 28, verso 20, dice: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” ¿Y cómo estaría? En Espíritu Santo, en esa Columna de Fuego que le apareció a Moisés.

Por eso es que esa Columna de Fuego que le apareció a Moisés es el Ángel del Pacto, por eso dice que le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego; y por eso en diferentes ocasiones aparecía en esa forma, pero en otras ocasiones llegó a aparecerle en la forma de un hombre, pero de otra dimensión, como un ángel; por eso es llamado el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová.

Esa es la imagen del Dios viviente; así como nuestra imagen es nuestro cuerpo espiritual, nuestro espíritu, es un cuerpo de otra dimensión. Y nuestra semejanza es el cuerpo físico que tenemos; así como la semejanza de Dios es el cuerpo físico que nació de la virgen María, el cual fue creado por Dios; y luego fue glorificado para nunca morir y nunca envejecer.

Lo cual también va a suceder conmigo y ¿con quién más? Con cada uno de ustedes también, cuando todos tengamos el cuerpo glorificado, joven y eterno que está prometido para ser obtenido en el tiempo final, en el Día Postrero, como dijo Cristo: “Yo le resucitaré en el Día Postrero.” San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40; y capítulo 6, versos 41 al 58; y también San Juan, capítulo 11, versos 21 al 27 cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro y le dice a Marta: “Tu hermano resucitará.” Marta le dice: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el Día Postrero.” Ya ella tenía la enseñanza de Jesús: que la resurrección Cristo la llevará a cabo en el Día Postrero para todos los creyentes en Él que hayan muerto físicamente, y para los que queden vivos los transformará.

Ahora, continuando aquí el verso 15 del capítulo 1 de Colosenses, donde estamos leyendo, dice:

“El es la imagen del Dios invisible…”

¿Ve? Por eso la Escritura dice [Isaías 64:4, San Juan 1:18]: “Nadie jamás ha visto a Dios,” es invisible para los seres humanos. Cuando alguien ha dicho que ha visto a Dios (antes de Jesús haber aparecido en la Tierra): vio a Dios en Su cuerpo angelical; por lo tanto, estaba viendo a Cristo en Su cuerpo angelical, en el cual estaba y estará Dios eternamente. Y luego cuando estaba Cristo ya en la Tierra en carne humana, el Verbo hecho carne, Cristo dijo: “El Padre y yo una cosa somos,” y también dijo: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” capítulo 10, verso 30 de San Juan; y capítulo 14, verso 6 en adelante.

En San Juan, capítulo 1, verso 18, dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer (lo reveló).”

O sea que la revelación de Dios en el Antiguo Testamento era a través de Su cuerpo angelical, Su imagen; y cuando aparecía a los profetas y entraba a ellos, y ellos hablaban ungidos con el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el Verbo hablando a través de ellos (porque se velaba temporalmente en esos hombres); y esa Palabra que hablaban esos profetas en el Nombre del Señor, era la Voz de Dios para el pueblo, era el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto hablando al pueblo de Dios.

De eso es que nos habla Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, donde dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros…”

¿Cómo Dios hablaba y enviaba Su Palabra al pueblo? Por medio del Espíritu Santo a través de los profetas. Por cuanto Dios todavía no había manifestado Su semejanza física y estaba en Su cuerpo angelical, Su imagen, Su teofanía, entonces usaba los profetas y a través de los profetas se velaba en ellos temporalmente y hablaba al pueblo.

Por eso es que la Escritura dice: “Yo dije: Dioses sois,” a aquellos a quienes vino la Palabra; que fue a los profetas a los cuales vino el Verbo, la Palabra; se hizo carne temporalmente en ellos y habló la Palabra que vino de parte de Dios a través del Espíritu Santo a los profetas; y los profetas ungidos con el Espíritu Santo hablaban esa Palabra que habían recibido de parte de Dios.

Ahora, continuando aquí, pasamos al verso 16, de Colosenses 1:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”

Estamos viendo quién es Jesucristo, el que dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” [San Juan 8:12]

Y ahora, encontramos en San Mateo... Recuerden que Dios es Luz y se manifiesta en Su cuerpo angelical, teofánico, en forma de luz, como le apareció a Moisés: en una columna de fuego. Pero también Moisés quiso ver a Dios y le pidió a Dios que le permitiera ver Su gloria, y Dios lo colocó en la hendidura de una roca mientras Dios pasaba clamando - proclamando el Nombre de Dios, el Nombre de Jehová; y cuando hubo pasado frente a Moisés le permitió verlo de espalda. Y vio (cuando Dios pasó) como las espaldas de un hombre, o sea que vio a Dios de espalda. Viendo el cuerpo angelical de Dios; o sea, que vio a Jesucristo, el cuerpo angelical, teofánico, el Verbo, que es el cuerpo angelical de Dios y que es Cristo en Su cuerpo angelical.

Luego los que vieron a Jesús en el tiempo de Su ministerio, podían decir como las personas de la ciudad donde Cristo resucitó un joven (allá en la ciudad de Naín). Su madre que era viuda, y tenía ese único hijo, estaba muy triste; y Cristo tuvo compasión de ella cuando la vio, y le dice: “No llores.” Y llamó al joven a la vida de vuelta y se lo entregó a ella. Las personas de esa ciudad que llevaban el ataúd, dijeron: “Dios ha visitado a Su pueblo, porque un gran profeta se ha levantado entre nosotros.” [San Lucas 7:16] Y todavía no sabían que Ése era el Mesías, pero sabían que era un profeta.

Era Dios en Su cuerpo de carne llamado Jesús. Dios vestido de un cuerpo de carne, visitando a Su pueblo Israel.

Y por cuanto Dios es Luz, y el Verbo, el cuerpo angelical de Dios es Luz, encontramos que cuando se hace carne es Luz, la Luz en forma humana, la Luz resplandeciendo a través del velo de carne llamado Jesús.

Por esa causa cuando fue a Galilea, dejó a Nazaret y se fue a Galilea, dice [San Mateo 4:12]:

“Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea;

y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí,

para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo (esto está en el capítulo 60, verso 1 en adelante):

Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

Camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles;

El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;

Y a los asentados en región de sombra de muerte,

Luz les resplandeció.”

Ahora vean cómo la Luz les apareció, la Luz, que es Cristo. La Luz, la Palabra, el Verbo hecho carne es la Luz.

Y “resplandeció”: En esa región, la Luz, Cristo, predicando, sanando a los enfermos, resucitando muertos, sanando a los leprosos, sanando a los paralíticos, sanando a los sordos, y a los ciegos dándoles vista, y así por el estilo. Pues eso es lo que estaba prometido para ser cumplido en el tiempo, por el Verbo hecho carne, en el cumplimiento de la Primera Venida de Cristo, del Mesías.

También en San Lucas, capítulo 4, allá en Nazaret donde se había criado Jesús, en el capítulo 4 de San Lucas, verso 16 en adelante, dice:

“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.”

La costumbre de Cristo era: el sábado ir a la sinagoga; y por lo que vemos, tenía también la costumbre de leer las Escrituras en la sinagoga, leerlas a los que se habían reunido. Como vemos, el director de cánticos que lee la Escritura para comenzar, también el ministro la lee, las Escrituras, y el predicador las lee también, las Escrituras.

“...y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías…”

Era un rollo en aquellos tiempos, y se mueve de un lado a otro mientras va leyendo; así es como se pasan las páginas en el rollo; más bien, siendo un pergamino enrollado, se va leyendo a medida que se va rodando el rollo.

Ahora, en medio del cristianismo está más simplificado todo, para que todos puedan tener la Escritura, tenerla en sus hogares y caminar con ella también.

“Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”

O sea, que les estaba diciendo eso que dice el profeta Isaías; les está diciendo que se estaba cumpliendo en Él, delante de todo el pueblo. Escrituras que hablaban de la Venida del Mesías se estaban cumpliendo en Jesús, porque Él vino en y para el cumplimiento de todas esas promesas divinas, esas Escrituras sagradas.

¿Y por qué no continuó leyendo, lo cual a continuación decía: “Y el día de venganza del Dios nuestro”? Porque eso es para ser cumplido en la Segunda Venida del Señor.

La Primera Venida fue misteriosa, aunque estaba señalada la profecía que decía - la profecía señalaba que nacería a través de una virgen, sería de la descendencia de Judá, sería descendiente del rey David, y que nacería en Belén de Judea. Miqueas 5 nos habla que nacería allá. Y con todo y eso, Él no fue reconocido por la religión de Su tiempo y los líderes de Su tiempo, de la religión del judaísmo, de los fariseos y de los saduceos.

Vino en forma tan sencilla que no lo pudieron ver, no lo pudieron comprender, y tropezaron en la simplicidad de Dios. Dice el reverendo William Branham que Jesús medía alrededor de 5 pies, 5 pulgadas, y pesaba alrededor de 135 libras; o sea, una persona pequeña y delgada. Por eso también montó en el burrito que todavía nadie lo había montado, y el burrito lo pudo llevar sin pasar mucho trabajo.

Ya la Primera Venida es una verdad histórica, que aunque hay, hubo, hay y habrá personas que tratarán de negarlo, la verdad histórica ha sido confirmada; y el mismo Cristo en Espíritu Santo ha estado desde el Día de Pentecostés con Su Iglesia, todos los creyentes en Él, confirmándolos y enseñándoles la Palabra, y cada día dándoles más entendimiento de las Escrituras.

Y como el Espíritu les enseña, así perseveran en Cristo los creyentes en Cristo; porque Cristo en Espíritu Santo ha estado enseñando a través de Sus apóstoles y de los diferentes mensajeros que Él ha enviado de etapa en etapa.

Él prometió que enviaría el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo les enseñaría todas las cosas que sucederían. El Espíritu Santo es el que guía a la Iglesia del Señor Jesucristo, y también Él es el Maestro; por consiguiente, todavía sigue Jesucristo, el Maestro, enseñando al pueblo.

Porque Jesucristo, el Ángel del Pacto, es el mismo ayer, hoy y siempre. En el Antiguo Testamento: en Espíritu Santo hablando a través de los profetas. En los días de Su carne: en el cuerpo de carne llamado Jesús, enseñando a Sus seguidores. Y luego, del Día de Pentecostés en adelante: Jesucristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia enseñando a Su Iglesia y guiándola en el camino de Dios, en el Programa de la Dispensación de la Gracia. Jesucristo seguirá siendo el mismo ayer, hoy y siempre.

De etapa en etapa, la Palabra prometida para cada tiempo, cuando llega el tiempo para ser cumplida viene esa Palabra al mensajero correspondiente a ese tiempo y se hace carne en él; y luego él la predica, la da al pueblo, y se hace carne en el pueblo esa Palabra. Y así reciben la bendición de salvación y vida eterna todos los que reciban a Cristo como único y suficiente Salvador.

En cada ocasión que la Palabra prometida para cada etapa, para cada edad, se hace carne en el mensajero de cada edad: ese es Cristo velado y revelado en Espíritu Santo a través de ese mensajero; y esa es la Luz de Dios para el pueblo de ese tiempo.

El mismo Cristo en una ocasión dijo: “Juan era una antorcha que ardía (o sea, que alumbraba); y vosotros quisisteis caminar a su luz.” [San Juan 5:35]

Recuerden que antes no habían linternas, no habían bombillos eléctricos, sino que usaban fuego en una antorcha para alumbrarse. Pero Jesús dice: “Pero yo tengo mayor testimonio que Juan.” [San Juan 5:36] Por lo tanto, Él es la Luz en toda su plenitud; la plenitud de Dios en Él, la plenitud de la Palabra en Él. Y cada mensajero de cada edad recibió la Palabra para su edad y la habló.

Y ahora veamos lo que dice el reverendo William Branham. Ya que él es el precursor de la Segunda Venida de Cristo, se requiere que lo citemos para obtener un mayor conocimiento del Programa de Dios correspondiente a nuestro tiempo. Página 120, párrafo 1065, dice:

“Él era la Luz vindicada de ese día ¿Ve? Pero hay más Palabra de ser vindicada. Él tiene que vindicar más Palabra. Y cuando la última Palabra sea vindicada, entonces la muerte es sorbida con victoria y los muertos en Cristo se levantarán, y entrará el Milenio.”

O sea, que todavía hay más Palabra que tiene que hacerse carne y manifestarse, ser cumplida esa Palabra. Y por cuanto vivimos en el fin del tiempo, en el Día Postrero, la Palabra que falta por ser vindicada, materializada, cumplida, es la que llevará a la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados, y la transformación de los que están vivos, creyentes en Cristo, para luego ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Para lo cual tiene que continuar el mismo orden: la Palabra de cada edad vino al mensajero de cada edad; y luego el mensajero —ungido con el Espíritu Santo— la proclamó, y así vino al pueblo. Y así como se hizo carne en el mensajero: se hizo carne en el pueblo; y fueron llamados los escogidos de cada tiempo en esa forma: por la Palabra siendo predicada, la Palabra correspondiente a cada tiempo.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de mi mano, de la mano de mi Padre. El Padre y yo, una cosa somos.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Ahora, hay más Palabra para ser vindicada, para ser cumplida, para ser materializada. Y ¿cómo y dónde vamos a encontrar esa Palabra? Recuerden que en medio de la humanidad hay hambre y sed, no de pan y agua, sino de oír la Palabra del Señor; y eso es la Palabra prometida para el tiempo en que estamos viviendo.

¿Dónde encontraremos esa Palabra?... Página 128, párrafo 1141 del libro de “Citas,” dice... Son citas del reverendo William Branham, de diferentes mensajes que él predicó. Dice:

“La Palabra hecha carne es la Luz de la edad cuando la ven.”

La Palabra, cuando viene de parte de Dios al mensajero de una edad y se hace carne en ese mensajero, esa es la Luz, Cristo, alumbrando en esa edad a Su Iglesia.

Y ahora les tengo por aquí algo muy importante, que no se nos puede escapar:

[Párrafo 1428] “Y esta Luz de la tarde... Por supuesto, la gran Luz vendrá cuando Jesús Mismo será manifiesto aquí en la Tierra, o arriba en los cielos, llevándose a su Novia, y entonces el Milenio comenzará.”

El lugar que les quiero mostrar es donde el reverendo William Branham dice, en la página 124 del libro de “Citas”, párrafo 1105, dice:

“Por donde quiera que esté la Palabra, está velada…”

Si está en la Iglesia en una edad, está velada en el mensajero de esa edad; y a través de ese mensajero pasa al pueblo y se vela en el pueblo. El velo de carne primero es el mensajero; y después, al pasar al pueblo la Palabra, el velo de carne de esa Palabra que fue dada es todo el pueblo; pero el mensajero es el instrumento de Dios para traer esa Palabra al pueblo. Y así se hace carne en el mensajero y luego se hace carne en el pueblo.

“Moisés tenía la Palabra. Ahora recuerden, después de que la Palabra fue hecha manifestada, Moisés era Moisés otra vez, (...)  Él tenía la Palabra y él era la Palabra para ellos.”

Es importante ver que la Luz para cada edad, para cada tiempo, es la Palabra prometida, velada en carne humana en el mensajero correspondiente a ese tiempo. Ese mensajero es la luz para el pueblo. Y luego el pueblo que lo recibe, recibe esa Palabra que se vela en carne humana en ellos, y entonces el pueblo es la luz para el mundo, para la humanidad.

Recuerden que Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo” (San Juan, capítulo 8, verso 12). Y luego en otra ocasión dijo a los creyentes en Él: “Vosotros sois la luz del mundo.” [San Mateo 5:14] Lo que Cristo es, lo son también los creyentes en Él.

Ahora, recuerden que todo lo que Dios hace, es lo que Él ha prometido. Nadie lo puede obligar a hacer otra cosa.

Cuando Jesús estaba en Capernaum, la Luz estaba allá resplandeciendo en esa área de Galilea, y ¿qué era? Un hombre, en el cual la Palabra prometida para aquel tiempo, la promesa de la Venida del Mesías estaba siendo una realidad en medio del pueblo.

La Luz para el pueblo... Recuerden el Salmo que dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.” [Salmos 119:105] Es para alumbrar al pueblo en el camino de Dios.

Y ahora, en la página 125, el 1111 dice, de este libro de “Citas” del reverendo William Branham, dice:

“La Palabra prometida para esta edad también tiene que ser velada. (Dice) Noten, miembros de la iglesia que aman pecado y pecadores no pueden verla a causa del velo humano. esa es la razón que no podían verle a él.”

O sea, por causa del velo de carne no podían ver al Verbo, la Palabra, que estaba allí haciendo las obras que estaban prometidas que Dios llevaría a cabo en el tiempo de Jesús; como también después en los apóstoles y en los diferentes mensajeros que Dios ha enviado para las diferentes etapas de la Iglesia.

Y en esta misma página 125, el párrafo 1114, dice:

“Como era hecho en cada edad, Deidad velada en carne humana. Noten, Él hizo, los profetas eran Deidad velada. Eran la Palabra de Dios (...) velada en carne humana.”

Ahora, podemos ver la importancia de conocer lo que Dios ha prometido en Su Palabra, porque eso es lo que tiene que llevarse a cabo en el Programa de Dios para nuestro tiempo, como sucedió en edades y dispensaciones pasadas. Hubo una Luz en cada edad, y para nuestro tiempo también habrá una Luz.

Escuchamos al reverendo William Branham diciendo que habrá una gran Luz que vendrá, una gran Luz para el tiempo final:

[Párrafo 1141] “La Palabra hecha carne es la Luz de la edad cuando la ven.”

La gran Luz que vendrá, para verla tiene que hacerse carne en el Día Postrero, como se hizo carne en cada edad en el mensajero de cada edad. Y eso es Cristo manifestado, velado y revelado en medio de Su Iglesia, en cada edad, a través del mensajero; y luego el pueblo la recibe —la Palabra revelada—, y se encarna en ellos; y el pueblo viene, la Iglesia viene a ser la Luz para el mundo. Y así como resplandece a través del mensajero de cada edad, y alumbra, luego resplandece a través de Su Iglesia y da luz a la humanidad.

Cuando el Verbo, la Palabra, se hizo carne y fue conocido por el nombre de Jesús, Él dijo: “Yo soy la Luz del mundo.” La Luz era un hombre en el cual la Palabra prometida mesiánica, estaba hecha realidad para el pueblo.

Y Cristo dijo: “Como fue en los días de Noé, así será la Venida del Hijo del Hombre, así será el día en que el Hijo del Hombre se manifestará,” San Mateo capítulo 24, versos 34 al 39.

Y también San Lucas dice que como fue en los días de Lot, así será en los días en que el Hijo del Hombre. se manifestará (en el capítulo 17). Y también en el capítulo 18 dice, de San Lucas: “Y cuando venga el Hijo del Hombre ¿hallará fe en la Tierra?” Y también dice en San Lucas, capítulo 21, que serán bienaventurados los que estarán en pie delante del Hijo del Hombre.

Lo vamos a leer para que tengan el cuadro claro. Recuerden que cuando se nos habla de Hijo del Hombre, se nos está hablando de un profeta en el cual estará Dios. Por eso Jesús siempre decía: “El Hijo del Hombre...” hablando de Él como profeta. Capítulo 21, verso 34 al 36, dice, de San Lucas:

“Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra.

Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

O sea, que habrá una bienaventuranza para el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre, para aquellos que estarán en pie delante del Hijo del Hombre.

Y ahora pasamos a San Mateo, capítulo 24, verso 27, donde nos dice:

“Porque como el relámpago que sale del oriente (el Oriente es la tierra de Israel, está en el Medio Oriente; allá fue la Primera Venida del Hijo del Hombre) y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

¿Hasta dónde se muestra? Hasta el Occidente. La Primera Venida de Cristo, del Mesías, de la Palabra prometida del Mesías, fue hecha carne y tuvo un nombre: Jesús. Él era el Verbo hecho carne, era el Hijo del Hombre porque era profeta; porque el título de Hijo del Hombre es título de profeta.

Y la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás era la Luz del mundo, la Palabra hecha carne, era el Verbo hecho carne dos mil años atrás. Era la Luz resplandeciendo en el Este, o sea, en el Oriente.

¿Y dónde volverá a resplandecer el Hijo del Hombre como el relámpago? ¿Dónde será la manifestación de esa gran Luz que vendrá? El sol resplandece en el Este cuando nace, sigue su trayectoria hasta el Oeste; y en el Oeste es donde Él termina su labor y en donde se entrelaza para alumbrar un nuevo día; porque los días en la Biblia comienzan y terminan también en la tarde.

Zacarías, capítulo 14, dice que en el tiempo de la tarde habrá Luz. El sol nace, se levanta en el Este, y recorre su trayectoria hasta el Oeste. O sea, que en el Oeste termina su trayectoria de alumbrar en la Tierra por un día, y se va regresando hasta llegar de nuevo al Este; y por eso siempre usted encuentra que en cada nación el sol sale por el Este, por el Este ve el sol naciente; aunque cualquier persona pueda pensar diferente. Pero tiene una trayectoria, y todos los que están en esa trayectoria verán el sol naciendo por el Este. Como un gigante sale del Este y recorre su camino hasta llegar al Oeste. El Este les dije que es allá el Medio Oriente, donde nació el Sol de Justicia, Cristo.

Y ahora, Malaquías, capítulo 4, dice : “A los que temen mi nombre, nacerá el sol de justicia, y en Sus alas traerá salvación.” Dos mil años atrás nació allá; y ha traído salvación y vida eterna para los seres humanos. Y para el Día Postrero, a los que temen el Nombre del Señor nacerá el Sol de Justicia, o sea, la Segunda Venida de Cristo.

Ahora, el Sol, Cristo, ha estado con Su Iglesia en esa trayectoria desde el Este: la tierra de Israel (que está en el Medio Oriente); y ha pasado por Asia Menor, Europa, Norteamérica o continente americano. El Oeste, el Occidente, es el continente americano.

Y ahora vamos a leer lo que dijo el reverendo William Branham con relación a la Luz para el Día Postrero. En la página 69 de este libro de “Citas” de mensajes del reverendo William Branham, de extractos, dice, en el párrafo 593 dice:

“Vendrá una Luz, se levantará. ¿Dónde vendrá? ¿Allá en Jerusalén? No, señor. Las luces de la tarde no se levantarán en Jerusalén. Las luces de la tarde ¿van para dónde? ¡En el Oeste! Ellos (o sea, allá en el Este, en Israel) tuvieron su día y lo rechazaron, pero la Luz de la tarde se levantará en el Oeste. ¿Para qué? Para brillar sobre la Palabra. ¿Qué? Para madurar la fruta, traer hacia adelante el Árbol Novia con las mismas señales, maravillas, y frutos que ellos tenían en el principio.”

¿Y dónde nos encontramos nosotros? En el continente americano, que tiene la promesa de esa gran Luz que vendrá para los creyentes en Cristo.

La bendición de Dios ha estado moviéndose desde la tierra de Israel, Asia Menor, Europa y el continente americano. ¿Y dónde se pone el sol? En el Oeste. En el Oeste es que el sol llega a completar su trayectoria. Siempre el sol se pone en el Oeste, en la ruta que tiene de Este a Oeste.

Y ahora, el cristianismo tiene una promesa grande de bendición para el Día Postrero. Por eso el cristianismo está esperando la Venida de la Luz, la Venida de Cristo la Luz del mundo, y es en la etapa en que la Iglesia se encuentra en el cumplimiento de la parte del Oeste; es ahí donde Él cumplirá las promesas correspondientes al Día Postrero. Por lo tanto, Él tendrá Su Mensaje Final en el Oeste, y las bendiciones para la Iglesia en el Oeste.

Y los que estén en el Este mirarán al Oeste y dirán: “Esto es lo que nosotros estamos esperando.” Como los magos, que estaban allá en el Este y miraron hacia Israel. Ellos estando en el Este, su tierra, vieron la estrella en la tierra de Israel. O sea, que ellos estaban mirando de Este a Oeste. E Israel mirará del Este (donde ellos se encuentran) hacia el Oeste:, el continente americano,; y van a ver lo que ellos estaban esperando. Por eso el reverendo William Branham dijo: “Cuando…” Página 22, párrafo 176, les voy a leer un poquito aquí:

“Cuando vean a Jesucristo viniendo por la Novia, ellos dirán (o sea, los judíos): ‘Mirad, este es el Dios a quien esperábamos. ¡Éste es Él!’ Pero Él no viene por ellos, viene por Su Novia.”

O sea, que hay una bendición grande de parte de Dios para cumplir Su Palabra prometida, correspondiente a la etapa final, para conectar con la eternidad. Y cuando Él haya vivificado, materializado, cumplidoo toda promesa que hay para este tiempo; entonces ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpo glorificados y la transformación de nosotros los que vivimos. Tan sencillo como eso.

¿Dónde resplandecerá la Luz, Cristo, la Luz del mundo, en este tiempo final? La Luz será en el Oeste, que es el continente americano; y ya tuvo la parte norte la séptima edad; y ahora solamente queda la América Latina y el Caribe, para recibir la bendición de Dios del Día Postrero; y de ahí extenderse a todas las naciones.

El cristianismo comenzó el Día de Pentecostés, nació la Iglesia del Señor Jesucristo en un aposento alto. Allí llegaron a estar de acuerdo, estaban todos unánimes y juntos. Y será en la Casa de Dios, en el Aposento Alto, que es la Edad de Piedra Angular, donde estará Iglesia del Día Postrero, porque ya las otras etapas se cumplieron. Pero la Iglesia estará en esa etapa de oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular; y cada etapa pasada corresponde a diferentes territorios.

Y la etapa de Piedra Angular, pues corresponde ¿a qué parte? A la América Latina y el Caribe. como la séptima etapa de la Iglesia corresponde a Norteamérica, donde se cumplió la Edad de la Laodicea. Tan sencillo como eso.

La resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estén vivos será así. Y se requiere tener la fe para a ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, lo cual será dado a la Iglesia, en lo que el reverendo William Branham llamó la Tercera Etapa, que se cumplirá en una Gran Carpa-Catedral. Ahí va a manifestarse el Espíritu Santo, que es Cristo, el cual dijo que estaría con Su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo.

Cristo, que es la Columna de Fuego, ha estado en Su Iglesia, dirigiendo a Su Iglesia, apareciéndole a los diferentes mensajeros que Él ha enviado.

La prioridad, entonces, es el cumplimiento de esa Visión de la Carpa, en donde Cristo en Espíritu Santo estará manifestado, cumpliendo lo que Él ha prometido para el Día Postrero. Será para bendición de Su Iglesia. Habrá una bendición grande para el cristianismo, habrá una manifestación grande para todas las naciones. Y eso será conforme a como Dios le mostró al reverendo William Branham, que es el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

Todo eso estará ocurriendo en el Oeste, que es el Occidente, donde la Luz, la gran Luz que vendrá, se manifestará, resplandecerá, ¿dónde? En el Occidente, que es el Oeste. Ahí será la manifestación final para la resurrección de los que murieron, la transformación de los que vivimos, y el arrebatamiento o rapto de la Iglesia. Esa manifestación traerá todas esas bendiciones. Conforme a como le fueron mostradas esas bendiciones al reverendo William Branham, que fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo, así como Juan el Bautista fue el precursor de la Primera Venida de Cristo.

“LA LUZ EN EL OESTE.”

Es en el Oeste donde se cumplirán esas promesas que Cristo ha hecho para Su Iglesia, para materializar esas promesas, hacerlas una realidad a Su pueblo, a Su Iglesia.

“LA LUZ EN EL OESTE.”

Y después la Luz se irá ¿a dónde? Al Este, al pueblo hebreo. Pero los escogidos se irán, ¿a dónde? A la Cena de las Bodas del Cordero.

Estamos en el tiempo final en el Día Postrero. Estemos preparados para recibir todas esas bendiciones que están prometidas para la Iglesia del Señor Jesucristo, para el Día Postrero, en el cual estamos viviendo.

Así como Dios obró a través de Jesucristo, Cristo en Espíritu Santo obra a través de Su Iglesia. Por lo tanto, todo trabajo que hace Su Iglesia es Cristo en Espíritu Santo usando los miembros de Su Iglesia. Y nosotros decimos: “Señor, heme aquí, úsame a mí en todo aquello que Tú tienes para usarme. En Tus manos me encomiendo. Amén.”

Es un privilegio ser un instrumento de Cristo en este tiempo final. Por lo tanto, Cristo me usará a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes en el Programa correspondiente a este tiempo final, que es el tiempo para la Luz resplandecer, ¿dónde? En el Oeste, el continente americano, y sobre todo, la América Latina y el Caribe; y de ahí la Luz se extenderá sobre otras naciones.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento. Para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y en cada nación, en cada país, también pueden pasar al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que estarán recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador.

De un momento a otro se completará el número de los escogidos de Dios, de los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Y entonces ya Cristo pasará a llevar a cabo la Obra de Redención del cuerpo, que será nuestra transformación.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que en otros países han recibido a Cristo como Salvador.

En estos días de Navidad inviten a sus familiares, porque todos queremos que nuestros familiares también reciban vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a orar por las personas que han recibido a Cristo en estos momentos en diferentes países. Con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que en diferentes países están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que están recibiendo a Cristo como Salvador en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí, y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer de nuevo, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz en mí realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Cristo les ha recibido a todos los que han venido en esta ocasión a los Pies de Cristo en diferentes naciones, por lo cual se preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16: 15-16]

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Ahí tenemos el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. porque cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando es sumergido a las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a la vida eterna en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Tan sencillo como eso es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Los niños también, de 10 años en adelante, que han recibido a Cristo también pueden ser bautizados.

Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Será hasta el próximo domingo, Dios mediante, o los días que tengan adicionales para estar aquí presentes en actividades.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con ustedes dejo al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que haga en la misma forma; y les indiquen también, a los que han recibido a Cristo hoy, cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les continue bendiciendo a todos, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA LUZ EN EL OESTE.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter