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Muy buenos días, y buenas tardes a todos los presentes y los que estén en diferentes países, ministros y congregaciones, hoy, para alabar a Dios y oír Su Palabra.

Agradecemos grandemente el respaldo que le están dando al proyecto de la construcción de la Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico. Ya ustedes han visto a través de los documentales que se han transmitido cómo va el proyecto de construcción de la Gran Carpa-Catedral, y tenemos ya el próximo año cerca para continuar esas labores tan importantes en el Programa Divino.

Un cordial saludo para el misionero Miguel Bermúdez Marín, el cual ha estado trabajando arduamente en el proyecto de la Gran Carpa-Catedral y su construcción, y a cada ministro también con su congregación que ha estado trabajando, respaldando este proyecto de construcción de la Gran Carpa-Catedral.

Que Dios los bendiga grandemente, a todos los ministros y hermanos que han estado respaldando este proyecto, y los prospere espiritualmente y materialmente, y les use más grandemente en este nuevo año que pronto va a comenzar; y que desde ya estamos preparándonos para el trabajo que falta para concluirse esta construcción. Y que las bendiciones que Dios derrame en esta Gran Carpa-Catedral les lleguen también a todas las personas que han respaldado este proyecto donde quiera que vivan, y puedan ver lo que Dios estará haciendo en la Gran Carpa-Catedral; y que una más al pueblo cada día y traiga a los que faltan por ser juntados en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador. Y que pronto Su Venida se haga una realidad en medio de Su Iglesia, la Venida del Señor, y nos dé la fe para ser transformados y raptados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes hoy en la escuela bíblica el tema que nos llama la atención, que es el tema más importante para el Día Postrero, el único tema que le da la esperanza a los creyentes en Cristo, de la resurrección* de los que murieron al resucitar en cuerpos glorificados, y para los que estén vivos en este tiempo final la transformación para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; para lo cual necesitamos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

La fe de rapto o fe para transformación la dará Cristo hablándonos como león, hablándonos con esa Voz de los Siete Truenos; y por consiguiente, revelándonos el misterio más grande de todos los misterios de la Biblia, que es el misterio de la Segunda Venida de Cristo, en la cual está la esperanza de todos los creyentes en Cristo de nuestro tiempo, como también de tiempos pasados.

Leamos, por consiguiente, en Filipenses, capítulo 3, y veremos por qué es tan importante el tema de la Segunda Venida de Cristo [verso 20]:

          “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

          el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

          “LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR VISITANDO AL PUEBLO DEL NUEVO PACTO.”

En este pasaje de San Pablo a los Filipenses, es mostrada la importancia de la Venida del Señor para el Día Postrero, porque Su Venida es para resucitar a los muertos creyentes en Él en cuerpos glorificados y para transformar a los creyentes vivos que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, y llevarlos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de nuestro Padre celestial, que es en otra dimensión, en donde todo está preparado esperando por los creyentes en Cristo que llegan a la Casa del Padre celestial, a la séptima dimensión, para la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo: la Cena de las Bodas del Cordero; de la cual dice Apocalipsis, capítulo 19... y leemos esta bienaventuranza que hay aquí en este pasaje. Capítulo 19, verso 7 al 10, dice, de Apocalipsis:

          “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

          Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

          Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.”

          Son bienaventurados los que son llamados a la Cena de las Bodas del Cordero, porque esos son los que van a ser transformados en el Día Postrero si están vivos, creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, y los creyentes en Cristo que formaron la Iglesia en tiempos pasados y murieron físicamente, los cuales resucitarán en cuerpos glorificados; y así estarán listos con la vestidura de Boda para ir a la Cena de las Bodas del Cordero al Cielo.

A través de diferentes Escrituras del apóstol San Pablo dadas para la Iglesia del Señor Jesucristo, podemos ver que hay una bendición muy grande para todos los creyentes en Cristo en el Día Postrero. Por ejemplo, en Primera de Corintios, capítulo 14, verso 8, dice:

          “Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?”

Y en el capítulo 15 de Primera de Corintios, verso 51 en adelante, dice San Pablo: “He aquí os digo un misterio…” Recuerden que este es un misterio muy grande para los seres humanos:

          “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados…”

          Hay una promesa de que todos los creyentes en Cristo no van a morir físicamente, sino que va a estar un grupo de creyentes en Cristo en el Día Postrero viviendo, que le darán la bienvenida a Cristo en Su Venida, Su Venida a Su Iglesia, al pueblo del Nuevo Pacto, como la Primera Venida de Cristo fue al pueblo del Pacto Antiguo.

          “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos moriremos, significa este escrito); pero todos seremos transformados…”

          En la transformación recibiremos un cuerpo glorificado como el cuerpo glorificado de Cristo, que está tan joven como cuando se fue al Cielo: un cuerpo que representa siempre de 18 a 21 años de edad; así es el cuerpo glorificado que Cristo tiene para mí. ¿Y para quién más? Para cada uno de ustedes también, creyentes en Cristo.

          “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

          Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

          Entonces ya no habrá más muerte física para los creyentes en Cristo que serán transformados. Y todos necesitamos y anhelamos esa transformación.

          Es por medio del segundo Adán, Cristo, que entró la vida eterna para todos los creyentes en Él; y que, por consiguiente, en el Reino de Dios vienen a ser descendientes de Dios por medio de Cristo, el segundo Adán, y por eso son hijos e hijas de Dios bajo el Nuevo Pacto, que Cristo, el Ángel del Pacto, vino a llevar a cabo y lo estableció. Su cuerpo llevó nuestros pecados para que nosotros podamos vivir eternamente, con Su Sangre nos limpió de todo pecado. Él murió por mí y por cada uno de ustedes también, para que nosotros podamos vivir eternamente.

Es importante, por consiguiente, estar preparados en este tiempo final, para estar escuchando en el tiempo final lo que nos dará la fe para ser transformados.

Aquí el apóstol Pablo dice, en la lectura que hemos tenido en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 52, dice:

          “…En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”

A la Final Trompeta. La Final Trompeta es el Mensaje Final de Dios, es el Mensaje Final de Cristo, es el Mensaje Final que Cristo estará hablándole a Su Iglesia. Y es importante estar escuchando la Trompeta Final, que es la Voz de Cristo hablándole a Su pueblo del Nuevo Pacto en este tiempo final.

          En Apocalipsis, capítulo 1, verso 10 al 11, el apóstol San Juan fue transportado al Día del Señor, y vean lo que escuchó:

          “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta,

          que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último.”

          ¿Quién es el Alfa y Omega? ¿Quién es el primero y el último? El Señor Jesucristo, el Ángel del Pacto; y estaba en el Día del Señor, que es el Día Postrero, en el cual Cristo resucitará a los creyentes en Él que murieron físicamente y transformará a los creyentes en Él que estén vivos, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es la Voz de Cristo la que estará hablándonos en este tiempo final, en el Día Postrero, para prepararnos para nuestra transformación.

El mismo Cristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice:

          “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

          Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

          Cristo nos dice en qué día —qué día delante de Dios— Cristo va a resucitar a los muertos creyentes en Él; dice que será en el Día Postrero. O sea, que son palabras del mismo Cristo diciendo el tiempo en que Él va llevar a cabo la resurrección. También habla de esto en el verso 54... leamos, verso 53 en adelante de este mismo capítulo 6 de San Juan:

          “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

          El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

          Estas son las personas que comen la Palabra de Dios, “porque no solamente de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” Se comen la Palabra, el Mensaje, que es Cristo en forma de Mensaje, porque Cristo es el Verbo, la Palabra; y son, por consiguiente, los que creen en la Primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario, en donde Él puso Su vida por todos nosotros; y que dan testimonio público de que están comiendo la carne del Hijo del Hombre y bebiendo Su Sangre, al tomar la Santa Cena, en donde el pan representa el cuerpo de Cristo que fue crucificado, y el vino representa la Sangre de Cristo que fue derramada en la Cruz del Calvario.

La Vida de la Sangre es el Espíritu Santo, el cual entra al creyente en Cristo y produce el nuevo nacimiento en la persona; esas personas reciben el Mensaje de Cristo, la Palabra, el Evangelio de Cristo para el día en que están viviendo; y creyendo en Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario están comiendo Su carne y bebiendo Su Sangre, porque la Vida de la Sangre es el Espíritu Santo.

Y por consiguiente, al tener el Espíritu tienen la Sangre de Cristo; y a medida que van recibiendo la Palabra de Dios para el tiempo en que les toca vivir, el Mensaje de Dios para Su tiempo, y se lo están comiendo, están comiendo el cuerpo de Cristo y bebiendo la Sangre de Cristo; esas son las personas de las cuales Cristo da testimonio de que Él los resucitará, los resucitará en el Día Postrero.

Cristo nos habla mucho del Día Postrero en diferentes lugares de este capítulo 6 de San Juan. En este capítulo 6 nos da la promesa de una resurrección en el Día Postrero; y cuando resucitó a Lázaro de la tumba, de allá del sepulcro, le había dicho a Marta en el capítulo 11 de San Juan... le había dicho a Marta:

          “Tu hermano resucitará.

          Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

          Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

          Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

          Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

          Aquí ya Marta sabía que Cristo enseñaba que la resurrección Él la llevará a cabo en el Día Postrero, y como ejemplo de que Él tiene el poder para llevar a cabo esa resurrección que ha prometido, resucitó a Lázaro, después de él estar muerto por cuatro días; al cuarto día llegó.

          Algunas personas podían pensar en aquel tiempo: “Lo mandan a buscar, no viene cuando Lázaro está enfermo, y ahora que murió aún se tardó; no estuvo en el funeral y llega fuera de tiempo.” Pero llegó en el tiempo que el Padre le mostró, porque Lázaro es tipo y figura de los muertos en Cristo que van a resucitar en el Día Postrero. Y el Día Postrero delante de Dios es el séptimo milenio de Adán hacia acá; porque “un día delante de Dios es como mil años, y mil años como un día,” dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y el Salmo 90, verso 4.

El Día delante de Dios ya sabemos que es el Día Postrero: séptimo milenio de Adán hacia acá, en donde Cristo va a resucitar a todos los muertos creyentes en Él, y transformará a los que estarán vivos en ese tiempo; pero no sabemos en qué año del séptimo milenio se llevará a cabo.

Conforme al calendario gregoriano, si sacamos la cuenta, y si la sacamos a razón de 360 días al año, ya hemos entrado al séptimo milenio de Adán hacia acá; y por consiguiente, ya estamos en el Día Postrero. Pero no sabemos en qué hora, en qué tiempo, en qué año del Día Postrero Cristo resucitará a los creyentes en Él que han muerto, y transformará a los creyentes en Él que estén vivos... Pero será cuando haya completado Su Iglesia y salga del Trono de Intercesión, y se convierta en el León de la tribu de Judá, y tome el Título de Propiedad, el Título de la vida eterna, y lo abra en el Cielo; el cual es el Libro sellado con siete sellos que está en la diestra del Padre, en la diestra de Dios, que está sentado en el Trono en Apocalipsis, capítulo 5.

Por eso el anciano le dice a Juan: “No llores. He aquí el León de la tribu de Judá, el cual ha prevalecido para tomar el Libro y abrir sus sellos.” Ese Título de Propiedad de la vida eterna y de toda la Creación lo tuvo Adán, de parte de Dios lo recibió; pero cuando pecó, Dios lo tomó, y permanece en la diestra de Dios hasta que Cristo haya redimido hasta el último escrito en el Libro de la Vida del Cordero; y entonces hará el reclamo de todo lo que Él ha redimido con Su Sangre, para traerlos a vida eterna física con cuerpos glorificados, eternos y jóvenes para toda la eternidad.

Es importante en el Día Postrero estar atentos a la Trompeta Final, a esa Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final que estará llamando y juntando a todos los escogidos de Dios; y luego llamará y juntará a los escogidos de Dios del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu; pero primero le toca al Señor llamar y juntar los escogidos del Día Postrero, del pueblo del Nuevo Pacto, o sea, del cristianismo; para lo cual habrá una manifestación grande de parte de Dios, como la hubo en cada etapa de la Iglesia en donde fueron llamados los escogidos de cada etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es la Iglesia del Señor Jesucristo la que tiene la promesa de la Venida del Señor como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo.

Los judíos van a darse cuenta en algún momento de lo que estará pasando; y los Dos Olivos llamarán y juntarán ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu. Los Dos Olivos son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el tiempo final también.

          “LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR VISITANDO AL PUEBLO DEL NUEVO PACTO.” Así como sucedió en la Primera Venida de Cristo, en donde fue enviado el precursor de la Primera Venida de Cristo, el cual fue Juan el Bautista, con el espíritu y virtud de Elías, en la tercera manifestación del ministerio de Elías en la Tierra con el pueblo hebreo.

La primera manifestación del ministerio de Elías fue en Elías Tisbita; la segunda fue en Eliseo, Eliseo fue el segundo Elías; Juan el Bautista fue el tercer Elías precursando la Primera Venida de Cristo en medio del pueblo del Pacto Antiguo: los judíos; y el precursor de la Segunda Venida de Cristo con el espíritu y virtud de Elías en su cuarta manifestación fue el reverendo William Branham; trajo su Mensaje que prepara al pueblo para recibir la Venida del Señor.

El Mensaje de Juan el Bautista presentó - Juan el Bautista con su Mensaje presentó al Mesías en Su Primera Venida, fue el precursor de la Primera Venida de Cristo. Y el precursor de la Segunda Venida de Cristo con el espíritu y virtud de Elías, con su Mensaje... su Mensaje es el que prepara el camino y lo presenta. Como fue dicho por el Espíritu Santo a través del cuarto Elías, el reverendo William Branham, será que se cumplirá la Segunda Venida de Cristo.

Por eso son tan importantes las conferencias del reverendo William Branham, porque él es el precursor de la Segunda Venida de Cristo; y él dijo que será paralelo en todo, la Segunda Venida de Cristo será paralela a lo que fue allá en el tiempo de Juan el Bautista y de Jesús.

          Y luego también habrá el Elías para los judíos, que será el ministerio de Elías manifestándose por quinta ocasión. A ese ministerio será que escucharán los judíos, lo reconocerán; porque los judíos no creen sino a profetas, y ellos saben que tienen la promesa de la Venida de Elías en Malaquías, capítulo 4, versos 1 al 6.

Y ahora, encontramos que estamos en el tiempo final y que no hay esperanza para ningún ser humano, excepto la Segunda Venida de Cristo. La humanidad sabe que algo grande está por suceder. Y hay dos cosas grandes que van a suceder: una es la Segunda Venida de Cristo para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos en Cristo, para llevarlos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, en lo que el cristianismo llama el arrebatamiento o rapto de la Iglesia; ese es el evento más grande de parte de Dios para los creyentes en Cristo. Y luego para los judíos, en donde Dios se revelará a los judíos luego que haya tratado con Su Iglesia.

Y para los incrédulos, dice Malaquías, capítulo 4, verso 1 en adelante:

          “…He aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará (o sea, los quemará), ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.”

Ese es el día de venganza del Dios nuestro, llamado también en medio del cristianismo: la gran tribulación. Por lo tanto, a la humanidad le espera una etapa muy, pero que muy difícil, por la cual tendrá que pasar en el Día Postrero.

          Será una etapa como la del tiempo de Noé, en donde no entendieron, no conocieron, y vino el diluvio y se los llevó a todos; y como el tiempo de Lot, en donde descendió fuego del cielo y quemó a Sodoma y Gomorra y algunas ciudades cercanas. Dice Cristo que así será el día en que el Hijo del Hombre se revelará.

A la humanidad le espera el tiempo más triste, más terrible de todos; pero a los creyentes en Cristo les espera el Día más glorioso de todos los tiempos para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; para lo cual el Señor Jesucristo estará visitando a Su pueblo en el Día Postrero, Dios estará visitando a Su pueblo nuevamente; así como visitó al pueblo del Pacto Antiguo, del Antiguo Testamento, visitará al pueblo del Nuevo Testamento, la Iglesia del Señor Jesucristo, el pueblo del Nuevo Pacto.

Y en cada ocasión que tomamos la Santa Cena estamos recordando al Señor, Su Primera Venida y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario; y por consiguiente, en tipo y figura, simbólicamente estamos comiendo el cuerpo del Señor y tomando Su Sangre, simbólicamente; y estamos dando testimonio que Él vendrá por segunda vez. Por consiguiente, la Santa Cena es tipológica, simbólica: el pan representa el cuerpo de Cristo, y el vino: la Sangre de Cristo.

También el lavado o Lavatorio de pies que se hace juntamente con la Cena es tipológico, simbólico, el Lavatorio de pies; como también el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo es simbólico, es tipológico; el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo nuestro Salvador; pero damos testimonio como creyentes en Cristo que lo hemos recibido como nuestro único y suficiente Salvador y que Él con Su Sangre nos ha limpiado de todo pecado.

Y por consiguiente, estamos esperando Su Segunda Venida, la cual será de bendición para mí y de regocijo para mí. ¿Y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Manténgase creyendo que usted es uno o una de las personas que dice la Escritura: “Y nosotros los que vivimos, seremos transformados.” [Primera de Tesalonicenses 4:17; Primera de Corintios 15:52]

Los de la primera edad corresponden a los que serán resucitados, los de la segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta y muchos de la séptima edad también, de la séptima etapa, han partido. Si quedan algunos de la séptima edad, entonces recibirán la fe para ser transformados y serán transformados, de los escogidos; y los que estén en la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, la edad que está representada en el número 8, que habla de eternidad, los creyentes en Cristo que forman la Iglesia en esa etapa, serán transformados.

Por lo tanto, ellos recibirán la fe, la revelación del Séptimo Sello que Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis 10, nos estará dando en el Día Postrero, clamando como cuando ruge un león y Siete Truenos emitiendo sus voces.

El contenido de esa Voz clamando como cuando ruge un león es la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Segunda Venida de Cristo; por eso son tan importantes los Siete Truenos de Apocalipsis 10, porque es la Voz de Cristo revelándole a Su Iglesia el misterio de Su Segunda Venida, y así dándonos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por eso el reverendo William Branham dijo que los Truenos le darán a la Iglesia-Novia la fe para el rapto. Tan sencillo como eso.

          Por lo tanto, estamos esperando el cumplimiento de todas las promesas de Dios correspondientes a este tiempo final; y a medida que cumple cada promesa, la recibimos en nuestra alma, creyéndola con toda nuestra alma y haciéndose carne en nosotros cada promesa divina, cada Palabra de Dios correspondiente a este tiempo final, hasta que se haga carne en nosotros hasta la última Palabra prometida de Dios para nosotros; y luego vendrá nuestra transformación, y de los que partieron la resurrección en cuerpos eternos y glorificados.

Continuemos siempre recordando al Señor y Su Sacrificio hasta Su regreso. Hoy estaremos recordando al Señor: tomando la Santa Cena y el Lavatorio de pies con sencillez de corazón, con fe sabiendo lo que estaremos haciendo...

En el Lavatorio de pies se representa que Cristo nos mantiene limpios con Su Sangre porque en cualquier momento que fallamos ante Él, lo confesamos a Cristo; y Él con Su Sangre nos limpia de todo pecado, y así nos mantiene limpios. Así como lavó los pies a Sus discípulos, y Pedro no quería; y le dice Jesús: “Si no te lavare, no tendrás parte Conmigo. Si no te lavare, no tendrás parte Conmigo.” Pedro le dice: “No solamente los pies, sino la cabeza también entonces.” Cristo le dice: “El que está limpio, no tiene necesidad sino lavar los pies.” [San Juan 13:8-10]

El que está limpio, el que ha recibido a Cristo como Salvador, es un creyente en Cristo que está perseverando en Cristo; si falla en algo no necesita volver a hacer profesión de fe para recibir a Cristo como Salvador porque ya lo recibió; lo que necesita es confesar a Cristo sus fallas, sus pecados, y Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado, y sigue adelante en su vida cristiana.

Nunca deje al Señor por ningún problema que tenga en la vida, manténgase firme creyendo y siguiendo al Señor Jesucristo hasta que lleguemos a la meta de nuestra transformación; pero si parte antes, será resucitado en cuerpo glorificado.

Por eso es importante meditar, reflexionar; y cuando vamos a tomar la Santa Cena, hacer un análisis de nuestra vida y ver en lo que hayamos fallado ante Dios, y pedirle perdón a Cristo para que nos limpie con Su Sangre de todo pecado, y entonces tomar la Santa Cena dignamente; porque el que la tome indignamente, sin haber confesado a Cristo sus fallas, sus faltas, sus pecados, dice el apóstol San Pablo [Primera de Corintios 11:28-30]: “Juicio come y bebe. Por lo cual hay muchos enfermos entre vosotros, muchos también débiles, y otros han dormido, (o sea, han muerto físicamente).” No quiere decir que se perdieron, sino que por no estar al día delante de Dios habiendo confesado toda falla, error o pecado a Cristo, recibieron el juicio para no ser juzgados y condenados en el Juicio Final que se llevará a cabo después del Milenio.

Todos queremos llegar a la transformación. Mantengamos entonces confesadas nuestras fallas, errores y pecados a Cristo, y tomemos la Santa Cena y el Lavatorio de pies correctamente, dignamente; y entonces será de bendición grande para todos nosotros.

El apóstol Pablo dice... y el mismo Cristo, y el apóstol Pablo dice que el que no toma la Cena, no tiene vida. Y Cristo dice: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre no tiene vida permaneciente en sí.” [San Juan 6:53]

En tipo y figura, el pan representa el cuerpo de Cristo y el vino la Sangre de Cristo. Por lo tanto, tomemos la Santa Cena bien respetuosamente, y que Dios los bendiga, abra las ventanas de los Cielos y derrame bendiciones sobre cada uno de ustedes de acuerdo a la bendiciones que están prometidas para Su pueblo del Nuevo Pacto, Su Iglesia. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar, para llevar a cabo la Santa Cena en reverencia, humildad, respeto y agradecimiento a Dios por Cristo. Y continuemos pasando una tarde llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Ya estaré dentro de algunos minutos allá con ustedes para la Santa Cena.

Dejo al reverendo José Benjamín Pérez.

No sé si hay alguna persona que no ha recibido a Cristo todavía, y nació la fe de Cristo en su alma; puede pasar al frente y oraremos por usted; y en cada país también, si hay alguna persona que no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo.

Lo más importante en la vida es la salvación del alma, y la oportunidad de la salvación del alma es mientras vivimos en esta Tierra, y no podemos perder esa oportunidad de vivir eternamente; para lo cual usted recibe a Cristo como único y suficiente Salvador.

Recuerden que Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador en esta ocasión. Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo trayendo a Ti todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador, reconociendo que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

La pregunta que siempre surge desde lo profundo del corazón de cada persona que recibe a Cristo como Salvador es: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón en Cristo y lo han recibido como Salvador, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como su Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Dios con Cristo, sentados en Su Reino, disfrutando Su Reino Milenial, y después por toda la eternidad.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor; y en cada país dejo al ministro correspondiente; y luego tomaremos la Santa Cena en el Nombre del Señor y en memoria de nuestro amado Salvador Jesucristo.

Con ustedes el reverendo Benjamín Pérez, y en cada nación el ministro correspondiente en cada congregación, en cada iglesia.

Dios les bendiga y les guarde. Y dentro de unos momentos estaremos nuevamente para la Santa Cena, luego del bautismo en agua de las personas correspondientes para que puedan tomar también la Santa Cena en esta ocasión.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR VISITANDO AL PUEBLO DEL NUEVO PACTO.”

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