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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes aquí en la ciudad de Lynn, Massachusetts, para compartir con ustedes otro momento, y este es en el campo espiritual, que es el más importante, no solamente para nosotros sino para todo ser humano.

Me siento muy feliz hoy con ustedes, compartiendo tanto la comida física y ahora la comida para el alma. Leemos en San Lucas, capítulo 17, versos 26 al 27, donde nos dice:

“Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.

Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.

Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“EL PARALELISMO DEL TIEMPO DE NOÉ CON NUESTRO TIEMPO.” Ese es el tema sobre el cual hablaremos en esta ocasión. Y que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra en esta ocasión.

(Como se puede predicar de pie o sentado, pues no hay problema).

“EL PARALELISMO DEL TIEMPO DE NOÉ CON NUESTRO TIEMPO.”

La Escritura dice que lo que fue en otro tiempo se vuelve a repetir; por lo tanto es importante saber que lo que sucedió, lo cual ya es historia del pasado, se convierte en tipo y figura de lo que sucederá en el tiempo presente; por eso Jesús lo muestra como un paralelo a lo que sucederá en el tiempo final.

Quiero buscar un lugar para ustedes donde nos habla el rey Salomón, en Eclesiastés, capítulo 3, verso 14 y 15; y nos dice:

“He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.

Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.”

Los tiempos van transcurriendo y se van repitiendo las mismas cosas con nuevas gentes, en cada tiempo presente por el cual pasa la humanidad. El presente siempre es lo que fue en el pasado, y viene a ser paralelo a lo que fue en el pasado.

Por ejemplo, son las 4:25 por ahí, más o menos, pero las 4:25 fue ayer también a este tiempo; y es el día viernes de la semana, pero el día viernes de la semana fue la semana pasada también; y es el mes de enero pero de un nuevo año, pero el año pasado, el primer mes del año fue enero también; y estamos en el año 2015, pero hace un año atrás se estaba en el año 2014; un año repitiéndose, y donde nacen nuevas personas, donde surgen nuevas cosas, pero que tiene su paralelo en los años pasados. En generaciones y edades pasadas se encuentra el paralelo nuestro de nuestro tiempo.

Y Jesús hablando del tiempo en que el Hijo del Hombre se manifestará en el tiempo final, nos dice que será como en el tiempo y los días de Noé, que no conocieron, que no conocieron el Programa de Dios para aquel tiempo; no conocieron que había llegado el tiempo final, el fin para aquella generación antediluviana, y no vieron la señal de que su tiempo había llegado al final, la cual estaba allí presente y estaba construyendo un arca, él y su familia. Él y su familia creyendo y construyendo, trabajando en la Obra de Dios conforme a la revelación del Cielo que había recibido - que había recibido Noé y la transmitió a su familia. Y esa fue la señal de Dios para aquel tiempo, porque la señal de Dios siempre es un profeta; pero no un profeta inactivo; un profeta proactivo, trabajando en el Programa de Dios correspondiente al tiempo en que se está viviendo, con su familia: los creyentes.

Recuerden que Jesús dijo: “¿Y quiénes son mis hermanos, mi madre y mis hermanos, sino los que obedecen, los que oyen la Palabra? Los que creen, los que obedecen la Palabra, esos son mi madre y hermanos.

Y vean ustedes, es una labor de familia la que se lleva a cabo en nuestro paralelo allá con el tiempo de Noé. En nuestro tiempo es la familia de Cristo, la familia de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo trabajando en el Programa Divino en el Día Postrero.

Ocho personas trabajando en ese Programa. Ocho habla de eternidad. El número ocho trabajando, no el número uno: no Pablo y su grupo, que fueron el número uno de las edades, ni el número dos, ni el número tres, ni el número cuatro; ellos trabajaron el Programa de Dios de su tiempo. Y fue Cristo en Espíritu en el mensajero y en el grupo de esa edad trabajando, cumpliendo la Obra correspondiente a cada tiempo.

Recuerden que Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.” (San Mateo, capítulo 28, verso 20). Y en San Mateo, capítulo 18, verso 20, dice: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré.” Era en Mateo 18, verso 20. Y el otro que les cité es San Mateo 28, verso 20. Se parecen, tienen el 8 y tienen el 20, pero el primero tiene el 1 y el segundo tiene - el 1 para ser 18 y el 2 para ser 28.

Él ha estado en medio de Su Iglesia en Espíritu todo el tiempo, ungiendo a cada mensajero, hablando a través de él, revelándole, y Él revelándose a través de él en la porción prometida para cada edad, y alumbrando al pueblo con la Palabra y potencia de Luz para cada edad.

Como un bombillo de 25 watts en el tiempo de Wesley o de Lutero; y un poquito más de Luz, con un bombillo más fuerte, en el tiempo de Wesley; y un poco más de Luz en el tiempo del reverendo William Branham. Ahí se vio una Luz muy grande alumbrando en la Iglesia del Señor Jesucristo.

A través de la séptima lámpara encendida... Recuerden que las lámparas son las edades, y la luz es la Luz del Espíritu a través del mensajero de cada edad; esas son las estrellas en la diestra de la mano del Señor.

Y luego de pasar por esas etapas de Edad Luterana y Edad Wesleyana y Edad Pentecostal, se sube —porque es subiendo— se sube a la parte alta, que es la etapa de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo; recuerden que la Iglesia es el Templo espiritual del Señor Jesucristo.

San Pablo dijo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Eso está por el capítulo 3 de Primera de Corintios. Y es en la Iglesia y a través de la Iglesia del Señor Jesucristo, que Cristo resplandece y alumbra a este mundo.

Recuerden que Cristo dijo en San Juan, capítulo 8, verso 12: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino tendrá la luz de la vida.” Pero también dijo: “Vosotros sois la luz del mundo.” [San Mateo 5:14]

La Iglesia es heredera a todo lo que Cristo es heredero. Es coheredera con Cristo. Así como Dios alumbró a través de Cristo, Cristo alumbra a través de Su Iglesia. Así como el sol alumbra a través de la luna en la noche, Cristo alumbra a través de Su Iglesia en todas las siete etapas de la Iglesia; y luego viene la mañana, raya el alba, y comienza a salir el sol, para Cristo mismo alumbrar en la mañana.

Eso nos habla de un nuevo amanecer para la Iglesia del Señor Jesucristo y para Israel; porque una Luz entre los gentiles alumbra de Este a Oeste: de Israel al continente americano, hasta el continente americano, pasando por Asia Menor, Europa y el continente americano; pasando primeramente por Norteamérica y luego pasando al Caribe y la América Latina; porque el continente americano consta de Norteamérica, Centroamérica, el Caribe, Suramérica, hasta la Patagonia.

Así que podemos ver que estamos viviendo en el continente en que Cristo completará Su recorrido y luego se tornará al Este, para surgir, salir por el Este, por Israel, y alumbrar a los hebreos también.

“A los que temen mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación.” [Malaquías 4:2]. Es la promesa para todos los creyentes en Cristo que viven tanto en el Occidente como en el Oeste (Occidente y Oeste es lo mismo).

Y ahora, del continente americano se tornará a Israel. La manifestación final de Dios en medio del cristianismo será de acuerdo a lo que está prometido; lo cual estará representado en el tiempo de Noé y en el tiempo de Lot. Será paralelo al tiempo de Noé y tiempo de Lot.

Así que tenemos grandes promesas de parte del Señor Jesucristo para ser cumplidas. Por lo cual tenemos que estar preparados para darle la bienvenida a Cristo en Su manifestación final, en donde Él dice que como fue en el tiempo de Noé así será el día en que el Hijo del Hombre se revelará, se manifestará.

Y dice que seamos - que velemos, para que seamos tenidos por dignos de evitar estas cosas que sobrevendrán; o sea, las cosas que son paralelas al diluvio, juicio divino en el tiempo de Noé, y al fuego que cayó del cielo en los días de Lot y quemó a Sodoma y a Gomorra.

La misma situación que hubo en Sodoma y Gomorra está profetizada por Cristo que estará en este tiempo final; la misma condición de Sodoma y Gomorra entre los ciudadanos de aquel tiempo y los ciudadanos del tiempo final; esa será la tendencia gradual, y también la situación del tiempo de Noé.

Estas son señales del mundo, que el mundo dará, y que sin darse cuenta estarán testificando en contra suya misma, de que ya están en el tiempo para que el juicio divino de la gran tribulación caiga sobre ellos.

Pero para los creyentes en Cristo, Cristo dijo: “Cuando ustedes vean suceder todas estas cosas, levantad vuestras cabezas al Cielo, porque vuestra redención está cerca.” [San Lucas 21:28]

La redención del cuerpo, que es nuestra transformación, podemos decir: está cerca, porque estamos viendo en el mundo las señales que Cristo dijo que serían manifestadas, y estamos viendo en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo las bendiciones prometidas, que están siendo cumplidas gradualmente.

Hemos visto a través de la historia bíblica cómo Cristo se ha movido de edad en edad, a través de un ángel mensajero correspondiente a cada edad; y se ha manifestado a través de ese mensajero y le ha hablado al pueblo, y ha llamado y juntado a Sus escogidos en cada edad; y así tiene que suceder en este tiempo final.

Esa es la promesa para los creyentes en Cristo: que se juntarán como Noé y su familia, para los trabajos correspondientes que la Iglesia llevará a cabo en este tiempo final, los cuales serán una señal de que estamos en el tiempo final.

Por lo tanto, estemos bien agarrados de Cristo, porque las señales del tiempo final —tanto en el mundo como en la Iglesia del Señor Jesucristo— están siendo cumplidas; y estamos ya más arriba de la séptima edad de la Iglesia, estamos en la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular en el Templo del Señor Jesucristo, el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo; ahí es donde estamos, así como los escogidos y sus mensajeros de cada edad estuvieron en el Lugar Santo, en la parte que les correspondió; y a nosotros “las cuerdas nos han caído en lugares deleitosos, y grande es la heredad que nos ha tocado.” [Salmos 16:6]

Nos ha tocado la bendición más grande de todos los tiempos del cristianismo; nos ha tocado ser las piedras vivas que Cristo buscaría y cortaría a la medida, y los colocaría - nos colocaría en Su Templo espiritual en la parte más importante, que es la parte del Lugar Santísimo, la parte de la Edad de Oro, la Edad de Piedra Angular.

Recuerden que el lugar santísimo era de oro todo por dentro, el arca del pacto de oro por dentro y por fuera. Todo era de oro allí. Los querubines eran de oro puro sobre el propiciatorio que era también de oro puro; y en medio de dos querubines de oro estaba Dios en esa Luz, en esa Columna de Fuego, y de ahí le hablaba a Moisés cada vez que Moisés entraba al lugar santísimo. Y ahí es donde estamos nosotros colocados en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y Cristo en Espíritu Santo, en esa Columna de Fuego, vino el Día de Pentecostés y se repartió entre 120 creyentes, bautizándolos con Espíritu Santo y Fuego, y ha permanecido en medio de Su Iglesia de edad en edad; se ha estado moviendo en medio de Su Iglesia y subiendo para llegar al Lugar de Reposo, el Lugar Santísimo, a donde ha pasado para manifestarse en ese Lugar.

Es importante saber localizar hacia dónde se ha ido la Columna de Fuego, Jesucristo en Espíritu Santo, en medio de Su Iglesia. No ha virado hacia la séptima, sexta, quinta, cuarta, tercera, segunda o primera edad, sino que ha subido más arriba, a la Edad de la Piedra Angular, representada en el número ocho, que nos habla de Edad Eterna de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Tiempo paralelo al de Noé y al de Lot; porque el tiempo de Lot es el tiempo de Abraham, en donde Abraham recibió la visita de Elohim con Sus dos Arcángeles Miguel y Gabriel, y comieron con Abraham la ternera que le ofreció y le preparó y le sirvió, con tortas asadas al rescoldo, y mantequilla y leche; o sea que fue un almuerzo especial para tres visitantes especiales.

Como fue en aquel tiempo dice que será el tiempo en que el Hijo del Hombre se manifestará, se revelará. Estamos en ese tiempo... En los días del reverendo William Branham hubo una manifestación del Hijo del Hombre, y él dice que la segunda vez que se manifieste será en el juicio para las naciones; o sea, que vendrá una nueva manifestación del Hijo del Hombre. Vendría a ser la tercera.

Primero en Jesús, segunda en el reverendo William Branham, y tercera manifestación corresponde a nuestro tiempo: a la Edad de Piedra Angular. Y será en un tiempo como el de Noé y como el de Lot; por lo tanto, estemos preparados porque lo que Dios ha prometido para este tiempo Él lo cumplirá; y los judíos lo van a ver.

Pero dice el reverendo William Branham que cuando lo vean, Él no viene por ellos, Él viene por Su Iglesia; porque para el rapto Él viene por Su Iglesia.

Para llevar a cabo el rapto, pues viene por aquellos que Él se va a llevar transformados, tiene que transformarlos para llevarlos. Carros de fuego se llevaron a Elías, y se llevarán para la Cena de las Bodas del Cordero a todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que estarán en la etapa número ocho, la etapa de Piedra Angular, la etapa del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Jesucristo.

Por lo tanto, estamos en el paralelo o paralelismo del tiempo de Noé con nuestro tiempo; tiempo paralelo. Ocho personas allá, personas en la etapa número ocho de la Iglesia, ahí está el ocho para los creyentes; y el ocho habla de eternidad, por lo tanto habla, por consiguiente, de los que serán transformados y obtendrán la eternidad física al ser glorificados. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto estemos preparados porque grande es la bendición preparada para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también. Por eso me siento feliz con ustedes en esta ocasión, platicando con ustedes entre familia.

Quiero agradecerles la invitación que me hicieron para estar con ustedes en estas actividades, y le doy las gracias a Juan: Que Dios te bendiga, Juan, y a todos los hermanos acá, y a todos los que colaboraron para nuestra visita acá y las actividades que se tendrían. Que Dios les bendiga y les guarde, y nos continuaremos viendo eternamente.

Continúen pasando una tarde feliz, ustedes que están presentes y los que están en otras naciones también.

Dios les bendiga y les guarde, y con ustedes nuevamente Juan para continuar y finalizar.

“EL PARALELISMO DEL TIEMPO DE NOÉ CON NUESTRO TIEMPO.”

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