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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, ministros y sus congregaciones en diferentes países. Que las bendiciones de Cristo sean sobre todos ustedes en este nuevo año que ya ha comenzado y ya tenemos el primer culto de domingo de este nuevo año, en el cual esperamos grandes bendiciones de Dios, que nos abra las Escrituras y el corazón y la mente para comprenderlas en este momento en el cual vivimos, ya en el tiempo final.

En el Nombre del Señor Jesucristo te pido, oh Dios, bendigas a Tu pueblo, Tu Iglesia, con las bendiciones del Cielo y de la Tierra, les prosperes espiritualmente y materialmente y les uses grandemente en Tu Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Un cordial saludo para el misionero Miguel Bermúdez Marín, quien nos habló hace unos momentos, y para todos los hermanos y ministros allá en Venezuela y en diferentes naciones.

Les reitero mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al proyecto de construcción de la Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico. Que Dios los bendiga grandemente, y les use en este nuevo año en forma multiplicada a todos ustedes que están en otros países, y también a los que están en Puerto Rico, para que pronto se tenga la Gran Carpa-Catedral construida.

Para esta ocasión leemos en San Lucas, capítulo 1, versos 26 en adelante, la cual nos identifica quién es el Señor Jesucristo, que nació en Belén de Judea a través de la virgen María. Capítulo 1, verso 26 en adelante, nos dice, de San Lucas:

“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra, nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Nuestro tema para este estudio bíblico es: “EL REINO Y TRONO DE DAVID.”

El Trono de David es el Trono de Dios en la Tierra. De esto da testimonio la Escritura cuando nos habla en Primera de Reyes y también nos habla en Crónicas acerca del Trono de David como Trono de Dios.

Es importante saber que Dios prometió a David que su reino sería para siempre, hizo un pacto con David; por lo cual el Reino venidero o Reino Milenial del Mesías corresponde a Cristo como Hijo de David. Por lo cual Cristo, el Mesías, es el heredero al Trono de David, conforme a las palabras del Ángel Gabriel a la virgen María.

Se requiere conocer este misterio, estas profecías, para saber lo que será el futuro de la humanidad. Hay un futuro glorioso en el cual van a vivir millones de personas en el Reino de Dios, el cual está prometido para llevarse a cabo conforme al Programa Divino.

Leemos en la Escritura de Apocalipsis, capítulo 11, que los reinos de este mundo van a pasar a ser del Mesías Príncipe prometido en la Escritura. Apocalipsis, capítulo 11, versos 15 en adelante, nos dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.”

Aquí podemos ver que los reinos de este mundo van a ser dados al Mesías Príncipe, el Hijo de David descendiente del Rey David, en cierto momento señalado por Dios; y esto será después de la gran tribulación. Sigue diciendo:

“Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.”

Esto es lo que está prometido para el Día Postrero llevarse a cabo luego que haya ocurrido la Venida del Señor a Su Iglesia, haya resucitado a los muertos creyentes en Él en cuerpos eternos y glorificados, y a los vivos los haya transformado, y efectúe el rapto o arrebatamiento de Su Iglesia, y los lleve a la Casa del Padre celestial Dios, para la importante fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero, en donde Cristo y Su Iglesia, Su Novia, Su Esposa, serán investidos como reyes de este planeta Tierra.

La Escritura nos dice en Apocalipsis, capítulo 1, versos 4 al 6:

“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono;

y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Vean, Cristo nos lavó con Su Sangre, de todo pecado, y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes.

Luego en el capítulo 5, verso 9 en adelante, dice:

“...Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;

y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

O sea, que todos los creyentes en Cristo que forman el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales son las personas que han recibido a Cristo como Salvador, han sido bautizados en agua en Su Nombre y Cristo los ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego: han sido redimidos por Cristo y han sido hecho reyes y sacerdotes y también jueces, porque juzgarán al mundo, a los santos, y reinarán con Cristo en esta Tierra durante el Reino Milenial, y luego por toda la eternidad.

Apocalipsis, capítulo 20, verso 4 al 6, nos dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”

Mil años reinando con Cristo en el Reino del Mesías, y Cristo sentado en el Trono de David como Rey. Y bajo la corona del Mesías, del Cristo, se gobernará, se reinará, la Iglesia reinará sobre todas las naciones. Cristo con Su Iglesia gobernando el planeta Tierra.

“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.”

Recuerden que la primera resurrección es a vida eterna; y por consiguiente, en cuerpos eternos, glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo.

“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.”

De este Reino del Mesías es que Cristo le habló a Sus discípulos en San Mateo, capítulo 19, versos 27 en adelante. Dice:

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?

Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración (esto es, en el Reino Milenial del Mesías), cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.”

Ya Cristo le está diciendo las bendiciones que tendrán en Su Reino Milenial, en donde Cristo estará como Hijo de David, siendo heredero al Trono de David, reinando sobre Israel y sobre todas las naciones.

Por esa causa vamos a leer también San Lucas, capítulo 22, y luego veremos algo que cualquier madre hubiera hecho en favor de sus hijos. San Lucas, capítulo 22, verso 28 en adelante, dice:

“Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas.

Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí,

para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.”

Aquí le habla de tronos también, en los cuales se sentarán los apóstoles del Señor Jesucristo para juzgar a las doce tribus de Israel; ya Cristo dándole conocimiento de la posición que tendrán en el Reino del Mesías. Como ya los apóstoles supieron que hay esta repartición de posición o posiciones en el Reino del Mesías, de seguro Jacobo y Juan se lo cuentan a su madre, y ya viene su madre con sus hijos a pedir cierta posición exclusiva que habrá en el Reino del Mesías.

En San Mateo, capítulo 20, verso 20 en adelante, dice:

“Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.

El le dijo (Jesús le pregunta): ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.”

Él sabía que esas dos posiciones son las principales en el Reino del Mesías; porque son las principales también en el Reino celestial.

Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.”

El que está buscando las bendiciones de Dios no puede mirar los problemas, los obstáculos; lo que tiene que mirar: la meta a la cual quiere llegar. Y en el Reino de Dios hay grandes bendiciones y grandes posiciones para ser conquistadas por la fe, creyendo y trabajando para sentarse con Cristo en Su Reino en todas esas posiciones que están para los creyentes en Cristo como reyes. Si son reyes van a tener posiciones de reyes: pertenecen a la realeza del Reino del Mesías.

La posición más alta en un reino es la realeza, para lo cual tienen que ser descendientes de reyes; y si en lo literal no son descendientes, entonces tiene que ser por matrimonio. Y por medio de Cristo y Su Iglesia en Su matrimonio, vean, tienen esas bendiciones también; porque los creyentes en Cristo son de diferentes naciones, de todas las naciones, pero con la unión a Cristo vienen a ser coherederos con Cristo del Reino y de todas las bendiciones del Reino de Dios que será establecido en la Tierra.

Por lo tanto, queremos las mejores posiciones en el Reino del Mesías. Yo las deseo para todos ustedes como también las deseo para mí. Todo lo bueno que deseo para mí, también lo deseo para todos ustedes, y les doy a conocer cómo conquistar esas bendiciones. Si Cristo estuviera aquí le preguntaríamos; pero Cristo está aquí: en la Palabra. Vamos a preguntarle cómo recibir esas bendiciones. Apocalipsis, capítulo 22, verso 12, nos dice:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Es trabajando.

En la parábola de los talentos y en la parábola de las minas también, los que reciben bendiciones son los que trabajan con los talentos que Dios le ha dado. Allí los talentos eran dinero.

Y en medio del cristianismo hay talentos de dinero y hay talentos también, diferentes, que Dios le da a la persona para que trabaje en la Obra del Señor: los que cantan tienen el talento para cantar, y así..., los que son bendecidos económicamente tienen talentos económicos, y aun el que menos tiene... Como la viuda que solamente tenía dos monedas y las puso en la Obra del Señor, Cristo dice: “Dio más que todos los demás que estaban echando grandes ofrendas en el lugar de las ofrendas,” porque ella estaba echando todo lo que tenía, el ciento por ciento; los otros echaban una parte de lo mucho que ellos tenían.

O sea, que todos tienen la misma posibilidad de hacer ¿qué? Tesoros en el Cielo, en el Reino de Dios. El mismo Cristo recomendó a los creyentes en Él que hagan tesoros en el Cielo. Ahí no se devalúa sino que se multiplican, se sobrevalúan todos esos tesoros que usted almacena en el Reino de Cristo.

El Señor enseñó al hombre rico a poner en la Obra del Señor..., dice: “Vende todo lo que tienes y se lo das a las pobres, y entonces ven y sígueme; y tendrás tesoro en el Cielo, en el Reino de Dios.”

Después busquemos esa parábola para… o esa enseñanza que le dio Cristo al joven rico, y me hacen saber cuál es el pasaje para leérselo a ustedes dentro de algunos minutos. Lo pueden pasar a Humbertito y él me lo pasa en un papelito para leerles lo que Cristo dijo al joven rico.

En la lectura que tuvimos en San Mateo, capítulo 19, versos 27 en adelante, dice:

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?”

Y Él le comienza a explicar que se van a sentar en doce tronos, o sea, un trono; y que el se siente en el trono es juez y también rey en el Reino de Cristo.

Fue en San Mateo 19 lo del hombre o joven rico, también, por lo que veo aquí... El joven rico, capítulo 19, verso 16 en adelante, dice:

“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

Le dijo (el joven): ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.

Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?

Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.

Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.

Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.”

El ojo de una aguja era un… la entrada, digamos, a una ciudad o algún lugar, un lugar - una puerta o portón bajito y estrecho; y los camellos, como tienen una joroba (algunos tienen dos), entonces no podían pasar; y si era difícil para pasar, más difícil, dice Jesús, que es entrar un rico al Reino de los Cielos, porque tienen el corazón puesto en las riquezas.

“Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?

Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.”

Ahora vean, los discípulos, dice:

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?”

Porque Cristo les dice - le dice al joven rico: “y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.” O sea, si hacía —el joven rico— lo que Jesús le dijo: iba a tener tesoros en el Cielo. Y le dice: “Ven tú, sígueme.” Tenía también que seguir a Jesús; no solamente dando todo lo que tenía a los pobres, sino siguiendo a Jesús.

Ahora si vamos a San Marcos y a San Lucas, veamos lo que nos dice del joven rico. San Marcos, capítulo 10, verso 17 en adelante... Como estamos hablando del Reino y Trono de David, y hemos estado leyendo estas Escrituras, los discípulos querían saber qué iban a tener en ese Reino del Mesías cuando se sentara el Mesías sobre el Trono de David. Capítulo 10, verso 17 en adelante, dice:

“Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.

Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.

El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.

Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo…”

Vean, Cristo ama a toda persona, a todo joven, o adulto o niño que guarda los mandamientos de Dios, porque al escuchar que el joven le dice: “Todo esto he guardado desde mi juventud,” mirándolo, lo amó.

Todos queremos tener el amor de Cristo hacia nosotros dirigido, todos queremos que Cristo nos ame.

Ahora vean cómo amó a este joven:

“Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta…”

Y es importante saber qué nos falta, que Cristo quiere que hagamos. En la lectura de San Mateo, dice: “Una cosa te hace falta para ser perfecto...”:

“Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.”

No le dice que no va a tener problemas al seguir a Cristo, sino “tomando tu cruz.” O sea que va a pasar por diferentes pruebas, por seguir a Jesús. Algunas personas creen o piensan o se imaginan que al recibir a Cristo como Salvador ya se le han terminado sus problemas. Tendrá luchas y problemas. Al llegar algunos a la casa ya le comienzan a hacer la guerra por haber recibido a Cristo como Salvador. El enemigo tratará de usar diferentes personas para que se aparte del Señor.

En la parábola del sembrador dice que “el que fue sembrado junto al camino es aquel que oye la Palabra y la recibe, y luego viene el diablo y saca aquello que fue sembrado en el corazón,” usando diferentes personas y trayéndole diferentes problemas a la persona para que dejen a Cristo, y así le saca esa Palabra que fue sembrada en el alma, en el corazón.

Nunca deje que el enemigo saque del corazón suyo lo que fue sembrado ahí en su alma, en su corazón; no deje que saque esa Palabra de fe en Cristo por alguna causa; porque le traerá ciertos problemas el enemigo, o le presentará ciertos problemas o ciertas cosas para que usted se desanime y se aparte del Señor; y el que pierde es usted. Pero si permanece firme: obtiene la victoria y la bendición de Dios para toda la eternidad.

¿Cuántas cosas habrán sucedido, le habrán pasado a usted o habrá visto, que lo han desanimado? Y eso es el diablo tratando de sacar esa semilla, esa Palabra, que fue sembrada en su alma, para que usted no pueda vivir eternamente. Pero tenga la vista puesta en la meta: la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

“Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!”

Tener riquezas no es malo; pero confiar en ellas, tener el corazón en ellas, es lo que es malo. Tengan su confianza en el Señor Jesucristo, en Dios. Y las riquezas aprendan a usarlas bien; y sobre todo, en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo.

Luego el verso 28 dice, de este mismo capítulo 10 de San Marcos:

“Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.

Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,

que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.

Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.”

Tenemos un cuadro claro de que todo lo que colocamos en las manos del Señor para Su Obra, tiene una recompensa en el Reino del Mesías, en el Reino de Dios: bendiciones espirituales y también materiales; y en el Reino de Cristo: la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno, como reyes, sacerdotes y jueces, como miembros de la realeza del Reino del Mesías; porque son creyentes en Cristo y trabajan en la Obra de Cristo todo el tiempo, poco o mucho.

Cristo es la única esperanza para el ser humano y el único camino que lleva a Dios. Bien lo dijo Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 6, cuando dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.”

O sea, que no es asunto de pensar que todas las religiones llevan a Dios, que todos los caminos llevan a Dios. Hay un solo camino y el Camino es Cristo, el cual Él mismo se identifica como el Camino que lleva a Dios.

No hay forma de llegar a Dios, excepto a través de Jesucristo; por eso Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, el Intercesor, el que intercede por nosotros ante Dios. Y también Él es el Abogado, nuestro Abogado delante de Dios, el que aboga por nosotros ante la presencia de Dios. Y en el Reino del Mesías tendremos todas las recompensas para disfrutarlas en Su Reino.

Andamos por fe, trabajamos por fe en la Obra de Cristo, y nos mantenemos con nuestra fe firme en Cristo todos los días de nuestra vida, sabiendo que todo lo que hacemos para Cristo y Su Obra trasciende al Reino de Dios, al Reino del Mesías; y allá estaremos con Él, disfrutando todas Sus bendiciones que Él ha prometido dar a todos los que creen en Él, le siguen y trabajan en Su Reino.

La bendición que la madre de Jacobo y Juan quería para sus hijos, por lo que se ve es la más grande de todas. Esa bendición, Cristo dice: “No es mío darla, sino a aquellos para quienes está preparada.” O sea que esa bendición se la va dar a alguien.

El verso 23 de ese capítulo 20 de San Mateo, dice:

“Y les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.”

Esa es la posición que le corresponde a los Dos Olivos, que son: Moisés y Elías, que aparecieron en el Monte de la Transfiguración, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Ya también los discípulos: Pedro, Jacobo y Juan, habían estado en el Monte de la Transfiguración, en el capítulo 17, que antecede a estos capítulos 18, 19 y 20. O sea, que ya ellos estaban viendo que a la derecha del Señor va uno y a la izquierda va otro. Y esa es la visión de la Segunda Venida de Cristo.

El Orden de la Segunda Venida de Cristo es con los Dos Olivos; de lo cual no conviene hablar mucho para que no surjan imitaciones y afecten al Programa Divino. Por lo cual, dice el reverendo William Branham que por eso fue que el Séptimo Sello fue mantenido en silencio, hubo silencio en el Cielo como por medio hora para que no surjan imitaciones.

Y lo que supo el reverendo William Branham con relación al Séptimo Sello, que es la Segunda Venida de Cristo, le fue dicho que no hablara nada de eso. Y todo eso por causa de que si hablaba algo, el enemigo de Dios, el diablo, escucharía, y entonces haría imitaciones; para que cuando se cumpliera el Séptimo Sello y se cumpliera todo lo que fue visto en la Visión de la Carpa, en el cuartito pequeño, entonces ya no tuviera el efecto que debe tener en el tiempo final.

Todo Dios lo tiene programado, y cuando el Séptimo Sello sea abierto al público entonces veremos lo que era el Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo para el Día Postrero, para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos.

Y el Séptimo Sello, todo ese misterio será dado a conocer a los creyentes en Cristo, para darles la fe para ser transformados y raptados.

La revelación del Séptimo Sello la da el Ángel Fuerte que desciende del Cielo clamando como cuando ruge un león y siete truenos emitiendo sus voces. Lo que fue hablado, esa revelación, es lo que dará la fe para ser transformados y raptados a los creyentes en Cristo del Día Postrero. Pero todo queda sellado todavía. 

El reverendo William Branham dice, por la página 2 del mensaje “Cristo el misterio de Dios revelado,” por la página 7, dice que el Séptimo Sello, o sea, la Venida del Señor, “¿cómo viene y cuándo viene? No sabemos. Y es bueno que no se sepa.” ¿Por qué? Para que no hayan imitaciones; porque el enemigo siempre trata de imitar lo que Dios va hacer para echar a perder el Programa Divino.

Antes de llegar el Mesías, Jesús, vinieron Teudas y Judas, dos falsos mesías, y pensaban: “Esto es lo mismo de Teudas y Judas.” De eso es que habla Gamaliel en el libro de los Hechos, y dice: “Pero si esto es igual a lo que sucedió con Teudas y Judas, se va desvanecer, como pasó con el movimiento de Teudas y Judas. Pero si es de Dios, no vaya a ser que ustedes se encuentren resistiendo a Dios.”

O sea, que siempre salen imitadores ungidos por el enemigo de Dios para tratar de interrumpir el Programa Divino; pero el Ángel le dijo al reverendo William Branham: “De esto no habrá imitaciones,” porque no sabrán lo que es la Tercera Etapa, no sabrán lo que es todo ese programa de la Tercera Etapa que está ligado a la Venida del Señor, al Séptimo Sello.

Pero será de bendición para todos los creyentes en Cristo. Y esa Tercera Etapa será para la Iglesia-Novia, será para las vírgenes prudentes, la Iglesia-Novia, será para las vírgenes insensatas y será también para el mundo. O sea, que va impactar a toda la humanidad, va a impactar al mundo religioso de las vírgenes insensatas y también de las vírgenes prudentes; y le va a dar la fe a las vírgenes prudentes para ser transformadas y llevadas con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y luego de la Cena de las Bodas del Cordero, luego del rapto y de la Cena de las Bodas del Cordero, luego de la gran tribulación, regresaremos a la Tierra con Cristo, para el establecimiento del Reino del Mesías, en donde disfrutaremos la luna de miel de mil años, con Cristo en la Tierra.

“EL REINO Y TRONO DE DAVID.”

El Trono de David es el Trono de Dios en la Tierra o Trono terrenal de Dios; ese es el Trono de Cristo, el Trono del Mesías. En donde Él está sentado en la actualidad es el Trono del Padre en el Cielo. El Trono de Cristo es el Trono de David, al cual Él es el heredero; y nosotros coherederos con Cristo de ese Reino y de este Trono.

Por lo tanto, conscientes de que como creyentes en Cristo somos herederos y coherederos con Cristo del Reino de David: estemos bien agarrados de Cristo, como Jacob se agarró bien del Ángel, pidiendo la bendición de Dios.

Agárrese bien de Cristo todos los días de su vida, y nunca se aparte de Cristo. En los momentos difíciles agárrese más fuerte de Cristo. Y siempre trabajando en la Obra del Señor, porque nuestro trabajo en el Señor no es en vano: será recompensado por Cristo, como también el de los apóstoles es recompensado por Cristo en el Reino del Señor.

Pertenecemos a un Reino, el Reino de Dios, el Reino de Cristo, que está en la esfera espiritual, y que en el Reino Milenial estará en la esfera física, donde estaremos físicamente como reyes, sacerdotes y jueces, miembros del gabinete del Reino del Mesías, del poder judicial, del poder sacerdotal o religioso, y del poder político también (o ejecutivo), en el cual los tres poderes estarán en función; y nosotros estaremos como miembros del gabinete, de esos poderes del Reino del Mesías; y el que los preside es el Mesías.

“EL REINO Y TRONO DE DAVID.”

Hemos visto en el estudio de hoy, de escuela bíblica, esta partecita del Reino y Trono de David; Reino y Trono al cual Cristo es el heredero, y nosotros coherederos con Cristo nuestro Salvador.

En otra ocasión explicaremos un poquito más acerca de los diferentes títulos de Hijo que tiene Cristo; como el título de Hijo de Dios, Hijo de Abraham, Hijo de David e Hijo del Hombre. Esos títulos los estudiaremos con calma, porque de acuerdo al Programa que va llevar a cabo en una etapa, es el título que le corresponde usar. Por lo tanto estaremos en un estudio bíblico pronto, estaremos especificando los títulos de Hijo que tiene el Mesías, y cómo los usa o los usará para cada etapa del Programa Divino.

Ya en el tema de hoy: “EL REINO Y TRONO DE DAVID,” pues ya sabemos que el título es Hijo de David; ya explicamos el primero. Después especificaremos un poco más sobre ese título y demás títulos: Hijo del Hombre, Hijo de Dios, Hijo de David, Hijo de Abraham, y lo que conlleva esos títulos, y lo que por consiguiente está bajo esos títulos.

Ha sido para mí una bendición muy grande estar con ustedes compartiendo el tema de este estudio bíblico: “EL REINO Y TRONO DE DAVID,” del cual habló el Arcángel Gabriel a la virgen María. Son palabras fieles y verdaderas de parte de Dios, habladas por el Ángel Gabriel a la virgen María con relación a Jesús.

Que Dios nos bendiga a todos en este comienzo de año 2015, y nos abra las Escrituras durante este año, más de lo que ya las ha abierto para nosotros; y nos permita ver lo que todavía nos falta de ver y nos falta de recibir de parte de Dios. En el Nombre del Señor Jesucristo.

Padre celestial, te pido Tus bendiciones sobre todo el pueblo que está escuchando en estos momentos, y los que escucharán más adelante; que nazca la fe Tuya sobre todos estos temas en el alma de cada uno de los creyentes en Cristo, y que les llenes del conocimiento y fe de transformación y rapto, para pronto estar listos para ser transformados y llevados Contigo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Bendice a todos los ministros y sus congregaciones, a todos los hermanos; y Señor, trae a Tu Redil los que faltan por llegar, para que se complete Tu Iglesia; y prepáranos para estar listos para Tu Venida y la transformación de nuestros cuerpos, e ir Contigo a la Cena de las Bodas del Cordero.

En el Nombre del Señor Jesucristo te ruego prosperes espiritualmente y materialmente a todos los ministros, a todas las congregaciones, y a todos los creyentes en Ti, y les uses grandemente en Tu Reino en este Día Postrero. Y te ruego, Señor, Tu bendición sobre el proyecto de la construcción de la Gran Carpa-Catedral en Puerto Rico, te ruego prosperes grandemente este proyecto y pronto se complete la construcción de la Gran Carpa-Catedral.

Señor, obra en todo, para que lo más pronto posible se haga una realidad. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Nos estaremos viendo el próximo domingo, Dios mediante, para continuar. Yo creo que podemos continuar con esta línea de pensamiento del Reino y Trono de David, y los nombres de Hijo que tiene Cristo para manifestarse con esos títulos o nombres, como Hijo del Hombre, Hijo de David, Hijo de Abraham, Hijo de Dios; y ver lo que hay detrás de esos nombres.

Es como el título de presidente de una nación; el que tiene el título de presidente de una nación tiene una posición, la posición más alta de la nación; el que tiene título de alcalde, pues es el que gobierna una ciudad; el que tiene título de gobernador, gobierna un estado; el que tiene título de presidente gobierna la nación completa.

Así estaremos examinando estos títulos de Hijo que tiene el Mesías, para ver todo  lo que hay en esos títulos, y ver cómo en esos títulos y sus manifestaciones —de Cristo bajo esos títulos, esos nombres— nos tiene grandes bendiciones para todos los creyentes en Cristo, y también para los judíos. Bajo el nombre de Hijo de David hay grandes bendiciones para los judíos; por eso están esperando al Hijo de David y al Hijo de Abraham.

Que Dios les bendiga y les guarde, y vamos a dejar unos momentitos para, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, lo pueda hacer, y estaremos orando por usted. Si está aquí presente puede pasar al frente, y si está en otro país puede pasar al frente donde se encuentra, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como Salvador en este tiempo final.

Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina y el Caribe, y también en Norteamérica y en otras naciones; y los está llamando en este tiempo final porque es el tiempo para prepararnos para la Venida del Señor.

Las vírgenes prudentes se prepararon, las vírgenes insensatas no se prepararon. Tenemos que estar preparados para la Venida del Señor, para el encuentro con nuestro Señor, para el encuentro con nuestro Dios.

Vamos a estar puestos en pie en todas las naciones también. Pueden continuar pasando al frente en todas las naciones también. Y los niños de 10 años en adelante también, para recibir a Cristo como Salvador.

Con nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo, y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están presentes, y en otras naciones, que están recibiendo a Cristo como Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos en diferentes lugares:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio único de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Haz una realidad la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Pues Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

El bautismo en agua es tipológico; el agua no quita los pecados, sino la Sangre de Cristo es la que nos limpia de todo pecado.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo, y disfrutando de todas las bendiciones que Él tiene en Su Reino para todos los creyentes en Él.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que haga en la misma forma con los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, en diferentes naciones.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y nos veremos el próximo domingo, Dios mediante, aquí.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL REINO Y TRONO DE DAVID.”

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