ImprimirImprimir

Muy buenos días o buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, ministros, compañeros, colaboradores y demás personas, y niños presentes; y también los que están en otros países conectados con esta actividad. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos hable directamente a nuestra alma en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos en Efesios, capítulo 2, versos 11 al 22, y dice de la siguiente manera el apóstol Pablo hablando:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

“LA CASA DE DIOS DEL NUEVO PACTO.”

Encontramos que la Casa de Dios es la morada o lugar de morada de Dios; lo encontramos a través de la historia bíblica en medio del pueblo hebreo, el pueblo hebreo como la Casa de Dios, el pueblo de Dios, en medio del cual Dios moraba. Y por eso fue en medio del pueblo hebreo —de Israel— donde estaba el tabernáculo que construyó Moisés, en el cual estaba la presencia de Dios; y los sacrificios que Dios requería, se llevaban a cabo en ese tabernáculo que le mostró Dios a Moisés para que lo construyera.

Luego ya cuando entran a la tierra prometida, más adelante es construido el templo por Salomón en Jerusalén, donde la misma Columna de Fuego, la presencia de Dios pasó a ese templo, al lugar santísimo de ese templo, y se colocó sobre el propiciatorio, que es la tapa del arca del pacto donde están dos querubines de oro (uno a cada lado) sobre el propiciatorio, que es la tapa del arca del pacto y que es de oro. Allí en medio de esos dos querubines estaba la presencia de Dios.

Por lo tanto, Dios estaba en un templo literal morando en medio de los dos querubines de oro: en el lugar santísimo, que es el lugar más importante del templo. Es el alma, el corazón del templo; así como el alma, el corazón del ser humano, es el lugar santísimo donde mora Dios en todo aquel que lo ha recibido como Salvador.

Y así como fue edificado el tabernáculo y el templo también, que construyó Salomón, es construido, va siendo construido la persona como templo de Dios, donde mora Dios en Espíritu Santo; y la Iglesia del Señor Jesucristo es el Templo del Nuevo Pacto, como Cuerpo Místico de creyentes del Señor Jesucristo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, de la cual San Pablo nos dice que es Templo de Dios.

Y en Hebreos, capítulo 3, nos dice San Pablo, del verso 1 en adelante hasta el 6, dice:

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;

el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.

Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.

Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.

Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora, bajo el Nuevo Pacto la Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo. La presencia de Dios salió del templo de Salomón o templo que estaba allá en Jerusalén, ¿y a dónde se fue? Se fue a Su Templo espiritual. El Día de Pentecostés lo encontramos, a Dios, en la Columna de Fuego entrando a y en todos aquellos creyentes en Cristo que estaban en el aposento alto esperando la venida del Espíritu Santo.

Y de edad en edad encontramos que el Templo espiritual de Cristo, la Iglesia, ha estado siendo edificada, construida con piedras vivas: personas que escuchan la predicación del Evangelio, nace la fe de Cristo en su alma y lo reciben como su único y suficiente Salvador; son bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en ellos el nuevo nacimiento; y así son colocados como miembros de la Casa de Dios, piedras vivas, hijos e hijas de Dios; y como individuos son templo espiritual también, donde mora el Espíritu Santo en el alma de los creyentes en Cristo.

Es en la Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo, que contiene también esas piedras vivas que forman ese Templo espiritual, y que como individuos también son un templo espiritual igual a Cristo, el cual dijo en San Juan, capítulo 2, verso 19: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré.” Muchos pensaron que estaba refiriéndose al templo de piedras, pero estaba refiriéndose a Su cuerpo como templo, donde Dios moraba en toda Su plenitud.

Y el apóstol Pablo nos dice que somos templo de Dios. En Efesios, capítulo 2, verso 21 en adelante, dice:

“…En quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

Y en Primera de Corintios, capítulo 3, verso 16 al 17, dice:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

Ahora, vean cómo San Pablo en diferentes pasajes en sus cartas, de sus cartas, muestra que los creyentes en Cristo que forman la Iglesia son parte de ese Templo de Dios como Cuerpo Místico de creyentes, y como individuos son un templo para Dios.

Y el que destruya al Templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Los que han estado destruyendo a la Iglesia del Señor Jesucristo a través de las diferentes etapas de la Iglesia, tienen un grave problema delante de Dios: Dios los destruirá a ellos.

Y los que destruyen a un creyente, que es templo de Dios, Dios lo destruirá al tal individuo.

Por lo tanto, tenemos que estar conscientes de quiénes somos y qué somos en el Programa Divino; y que hay en el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, personas que trabajan, unos bajo un ministerio y otros con otro ministerio, y así por el estilo: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, conforme a Efesios, capítulo 4, verso 11, donde nos habla acerca de estos ministerios; y también en Primera de Corintios nos habla de estos ministerios.

Por lo tanto, no todas las personas son oído o nariz u ojos; cada uno tiene una parte para ser llevada a cabo, y por lo tanto está representada en alguna parte del cuerpo.

Y como Cuerpo Místico de creyentes, la Iglesia tiene diferentes etapas: comenzó de abajo hacia arriba, diferente al reino de los gentiles, el cual comenzó de arriba (la cabeza de oro del tiempo de Nabucodonosor y su reino) hacia abajo, y actualmente se encuentra en los pies de hierro y de barro cocido (su última etapa).

Y ahora, de etapa en etapa en la Iglesia del Señor Jesucristo han estado siendo llamados y juntados los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, cada uno en su tiempo; lo cual muestra el reverendo William Branham en el libro de “Las Siete Edades de la Iglesia,” y lo muestra en forma sencilla para que todos lo entiendan. Por ejemplo, dice en la página 168 y 169 del libro de “Las Siete Edades de la Iglesia” en español, en el penúltimo párrafo dice:

“Así que el mensaje es transmitido a todos; pero aunque es transmitido para todos los que están al alcance del Mensaje, tal Mensaje es recibido individualmente sólo por un cierto grupo calificado y de cierta manera. Cada individuo en aquel grupo es uno que tiene la habilidad para oír lo que el Espíritu está diciendo por medio del mensajero. Aquellos que lo están oyendo, no están recibiendo su propia revelación, ni tampoco están (el grupo) recibiendo su revelación colectiva, pero cada persona está oyendo y recibiendo lo que el mensajero ya ha recibido de Dios.”

Ese es el orden divino en la Casa de Dios del Nuevo Pacto: la Iglesia del Señor Jesucristo que va formándose como Templo espiritual, de edad en edad.

Y las personas que viven en la Tierra en el tiempo en que viven, solamente pueden formar parte de la etapa o edad que corresponde a ese tiempo; no puede decir: “Yo voy a esperar a que venga otra edad para entrar.” No, cada creyente en Cristo escrito en el Cielo, en el Libro de la vida del Cordero, entra en la edad que le corresponde cuando Dios revela al mensajero de esa edad Su Palabra; él la recibe, la cree, se hace carne en él y la proclama; y el Espíritu Santo a través de ese mensajero está hablando esa Palabra que le dio al mensajero, ahora la está hablando al público.

Y el que es de Dios la Voz de Dios oye, dice Cristo en San Juan, capítulo 8, verso 47; y también en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. El Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.”

Algunas personas piensan que el Padre estaba lejos, y Él dice: “El Padre que mora en mí, Él hace las obras.” [San Juan 14:10] ¿Dónde estaba el Padre? En Él. En Jesucristo estaba la plenitud de la Divinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo; todo estaba en Jesús. Por eso Cristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” [San Juan 14:9] El Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, ¿dónde estaba? En Cristo, en Jesús.

Recuerden que Él dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido…” [San Lucas 4:18] y comenzó a decir para qué había sido ungido. Y luego también en otra ocasión dice: “El Padre que mora en mí, él hace las obras.” [San Juan 14:10] Así que estaba el Espíritu Santo y estaba el Padre; o sea, que estaba el Ángel del Pacto, que es el Espíritu Santo, y estaba el Padre.

Como en el ser humano está el alma, el espíritu y el cuerpo; eso lo identifica como un ser humano aquí en la Tierra viviendo. Cuando ya deje este cuerpo, ya no lo puede identificar como un ser humano, porque ya no tiene el cuerpo: ya pasó a la dimensión de los cuerpos espirituales, al mundo de los espíritus, al lugar que le corresponde de acuerdo a lo que haya hecho en la Tierra: Si recibió a Cristo como Salvador, va al Paraíso; si no lo recibió, va a otra dimensión, y permanecerá allí hasta la segunda resurrección para ser juzgado. Y cuando sea juzgado, ahí se sabrá si vivirá eternamente o no vivirá eternamente, de acuerdo a lo que haya hecho en el cuerpo.

Pero los escogidos de Dios que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, si mueren físicamente van al Paraíso en cuerpo espiritual y alma; y en la Venida de Cristo en el Día Postrero, regresarán para recibir el cuerpo nuevo, eterno, inmortal y glorificado, igual al cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador. Para eso es la Venida de Cristo en el Día Postrero.

¿Y a dónde dice la Escritura que vendrá? A Su Templo: “Y vendrá a su templo el Señor.” [Malaquías 3:1] A Su Casa, a Su familia. Vendrá para resucitar a los muertos creyentes en Él, en cuerpos glorificados y jóvenes, y para transformar a los creyentes en Cristo que estén vivos en esos días; y así tendremos la doble vestidura, tendremos la plenitud: cuerpo angelical y cuerpo físico glorificado, para poder ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estaremos con el vestido de Boda. No se puede ir a la Casa de nuestro Padre celestial sin el vestido de Boda, porque sin él la persona no puede ser interdimensional; necesitamos el nuevo cuerpo para poder salir de esta Tierra e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y así como el novio y la novia que van para una boda se arreglan bien, se colocan la vestidura de boda, se arreglan su cabello y el rostro; pues miren, Cristo va a hacer eso con los creyentes, nos va a arreglar completamente todo.

Cuando algunas veces van a una boda, dicen: “¡Qué bien se ve el novio! y ¡qué hermosa se ve la novia!, ¡se ve bella!” ¿Y cómo nos veremos nosotros con el cuerpo nuevo y joven y glorificado? Los ángeles lo van a decir. Y nosotros vamos a disfrutar ese nuevo cuerpo, joven y eterno. Eso era lo que Dios eternamente tenía en su mente para mí, ¿y para cada uno de quién? De ustedes.

Traernos a manifestación con vida eterna en cuerpos jóvenes, cuerpos glorificados. Ese es el plan de Dios eterno que estaba en la mente de Dios; y eso es lo que Dios hará en este tiempo final.

Estamos esperando la Venida del Señor a Su Casa. Así como vino a la Casa, Su Casa del Antiguo Pacto, la Casa, Su familia: Israel, vendrá a la Casa del Nuevo Pacto: Su Iglesia, que está compuesta por gentiles y judíos. Porque en el Cuerpo Místico de Cristo no importa que sea gentil o judío; es miembro de la Casa de Dios del Nuevo Pacto, que espera la Venida de Su Señor.

Él ha colocado apóstoles, evangelistas, profetas, pastores y maestros en Su Casa; y de edad en edad hay un entrelace de una edad nueva con la edad que está terminando, y viene a ser una coyuntura en el Cuerpo Místico de Cristo, donde se entrelaza una edad con otra edad; como sucede en el entrelace de una dispensación con otra dispensación. Esa coyuntura la lleva a cabo Dios, la coloca Dios usando al mensajero de esa edad, y trae la Palabra para esa edad.

También coloca en esa edad, junto al mensajero, los que tendrán la labor ministerial: unos apóstoles…; el mensajero es el apóstol principal y profeta correspondiente a ese tiempo; entre los cuales está San Pablo y algunos de los otros mensajeros y el reverendo William Branham; y así Dios lleva a cabo Su Obra. Y coloca diferentes pastores, personas en el ministerio pastoral, en el ministerio evangelístico, en el ministerio de maestros para enseñar, y así por el estilo. Cada uno trabajando en la Obra conforme al ministerio que Dios ha colocado en la persona.

Son enseñados por el Espíritu Santo a través de lo que Él le habló al mensajero de esa edad, y luego lo que habló a través de ese mensajero al pueblo. De ahí viene la revelación divina para los que estarán en diferentes ministerios, diferentes labores en la Obra del Señor; los cuales no deben alterar esa Palabra, sino traerla y que se haga carne en ellos también y en las demás personas; y así vendrán a ser la Palabra hecha carne para ese tiempo, juntamente con el mensajero de ese tiempo, la porción de la Palabra que se hace carne en ese tiempo.

Para nuestro tiempo hay mucha Palabra prometida que tiene que hacerse carne en mí. ¿Y en quién más? En cada uno de ustedes también.

Los Truenos, lo que hablaron los Truenos se tiene que hacer carne en mí y en cada uno de ustedes; porque así obtendremos la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Los Truenos revelarán el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo, el misterio más grande de toda la Biblia; a tal grado que cuando fue abierto en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1, causó silencio en el Cielo como por media hora.

Ese misterio tan grande es el que le será revelado a los creyentes en Cristo en el Día Postrero, para darles la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, los cuales estarán escuchando la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo, por medio del Orden Divino correspondiente; y eso será estar escuchando al Ángel Fuerte que desciende del Cielo, clamando como cuando un león ruge.

O sea, estarán escuchando a Cristo como León, ya no como Cordero sino como León, revelando el misterio de Su Venida y trayendo el Título de Propiedad, el Librito abierto, el Título de Propiedad de la vida eterna, el Título de Propiedad que contiene todos los derechos de cada hijo e hija de Dios.

O sea, que Cristo en el Día Postrero como León es el defensor de los derechos de todos los hijos e hijas de Dios. Él reclamará todos nuestros derechos como hijos e hijas de Dios, y seremos restaurados a todo lo que nos pertenece como hijos e hijas de Dios: a la vida eterna, con todo lo que tiene la vida eterna como herencia para cada hijo e hija de Dios.

Por eso dice San Pablo, en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante, que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro. A todo lo que Cristo es heredero, lo somos también nosotros como creyentes en Cristo. Esa es la herencia de los santos en Luz, de Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante.

Tenemos una herencia a la cual somos herederos y coherederos con Cristo; y es una herencia eterna: vida eterna no solamente espiritual sino física también, y todas las demás cosas somos herederos y coherederos con Cristo, del Reino de Dios; no solamente del Reino terrenal sino del Reino celestial también. Todo lo que le pertenece a Cristo, también nos pertenece a nosotros; y nosotros le pertenecemos a Cristo, y Cristo a nosotros. Él es nuestro Redentor, nuestro Salvador.

Por lo tanto, estemos bien unidos y alimentados por las coyunturas, por donde pasa el alimento. O sea, que hay personas colocadas en diferentes posiciones en el Cuerpo Místico de Cristo, que nos ayudan para que llegue el alimento espiritual a cada persona. Si no llega a una parte el alimento espiritual, se muere esa persona, como si no llega a una parte del cuerpo el alimento: las células se mueren y hay que quitar esa parte del cuerpo.

Por lo tanto, estemos bien alimentados espiritualmente, así como queremos estar bien alimentados físicamente. Estar alimentados físicamente es bueno; y si es bueno el alimento físico, ¡mucho mejor es el alimento espiritual!, porque es para nuestra alma: “Porque no solamente de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.” [San Mateo 4:4]

La Palabra que sale de la boca de Dios para el tiempo en que la persona vive, es su alimento espiritual. Viene de parte de Dios por medio del Espíritu Santo al mensajero, y del mensajero pasa al pueblo; en donde hay muchos ayudantes del mensajero, que toman esa Palabra y se la reparten al pueblo como cuando Cristo llevó a cabo el milagro de los panes y de los peces, que pidió que se colocaran de cincuenta en cincuenta, se sentaran en la grama o el pasto, y le dijo a Sus discípulos: “Ahora repartan.” Les dio para repartir el alimento físico, que es tipo y figura del alimento espiritual.

Así que habrá siempre ayudantes fieles junto al mensajero en cada tiempo, para la repartición del alimento espiritual que Dios da para Su Iglesia en cada etapa de Su Iglesia.

Dios quiere que estemos bien alimentados espiritualmente, y estemos bien agarrados de Cristo todos los días de nuestra vida. Que ningún problema, lucha, tentación o problema grande o pequeño, vaya a sacarlo a usted del camino del Señor. Agárrese bien de Cristo y manténgase firme siguiendo a Cristo, recibiendo el alimento espiritual y esperando su transformación.

No hay esperanza en este mundo, excepto en Cristo. No hay esperanza para la humanidad, excepto la Venida de Cristo para el Día Postrero a Su Casa, Su Iglesia; la cual Su Iglesia ha estado esperando por estos dos mil años, desde el Día de Pentecostés hacia acá; y todavía Su Iglesia está esperando Su Venida, que será para bendición, para bendición de todos los creyentes en Él, para la resurrección de los creyentes que murieron físicamente, resucitarlos en cuerpos glorificados, jóvenes y eternos, y transformarnos a nosotros que vivimos en esta Tierra; y así darnos el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado como el que Él tiene.

Pero si tiene que partir, no se preocupe; lo importante es preocuparse en estar bien con Dios, estar bien agarrado de Cristo; eso le garantizará que regresará con Cristo en Su Venida. Por lo tanto, estemos bien agarrados de Cristo nuestro Salvador.

Hoy, 28 de febrero, conmemoramos la venida de los ángeles que le aparecieron al reverendo William Branham y aparecieron en esa nube que fue tomada en fotografía, por los fotógrafos de diferentes revistas, como la revista LIFE y la revista Ciencia [Science].

Ellos no saben lo que pasó; pero por revelación divina que le fue dada al reverendo William Branham —que él estuvo allí—, dio a conocer qué fue lo que sucedió: fueron ángeles que lo visitaron. Y uno de ellos, el más sobresaliente para el reverendo William Branham —del cual él dice: “Era el que tenía el Séptimo Sello”—, lo subió, lo levantó y estuvo reunido con ellos.

Después le enviaron - el Ángel le dijo que fuera a Jeffersonville, Indiana, al Tabernáculo Branham (la iglesia donde él ministraba, que llevaba su nombre), para la apertura de los Sellos de Apocalipsis, capítulo 5, verso 1 en adelante.

Así que hoy, 28 de febrero de 2015, han transcurrido ya bastantes años de este evento tan importante en el Programa Divino; 52 años ya han transcurrido desde el 1963 hasta hoy 2015. Recordamos ese día.

Esperamos pronto estemos listos, y la Iglesia del Señor Jesucristo esté completada, y todos listos para nuestra transformación; porque Su Segunda Venida a Su Iglesia es para transformarnos y llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero; para eso es que dice la Escritura que Él viene, y para eso es que lo esperamos. No queremos estar mucho tiempo más aquí en la Tierra.

Cuando estemos todos listos y esté completa la Iglesia, nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por lo tanto, esperamos y oramos que pronto se complete Su Iglesia y estemos todos listos para la Venida del Señor.

Mañana estaremos hablando sobre ese tema, en el tema: “¿QUIÉN ES EL HIJO DEL HOMBRE EN ESTE DÍA?” Y hablaremos hasta donde Dios nos permita hablar sobre ese tema.

El reverendo William Branham, en la página 22 del libro de “Citas” dice que volverá a manifestarse el Hijo del Hombre. En el reverendo William Branham hubo una manifestación del Hijo del Hombre, estaba esa manifestación; y volverá a llevarse a cabo otra manifestación del Hijo del Hombre. Por lo tanto, esperamos de parte de Dios el cumplimiento de esa promesa divina.

Vean, en la página 23, párrafo 186 dice, hablando de la mujer samaritana, dice:

186 - “Ella corrió a la ciudad y dijo: Vengan a ver a un hombre que me ha dicho las cosas que yo hice: ¿No es éste el Mesías? Y él nunca hizo eso a un gentil. ¿Por qué? Él lo dejó hasta este día. Eso es lo que dijo aquí, en los días cuando el Hijo del Hombre sea revelado del Cielo. Se está revelando a Sí mismo ahora a la Iglesia por misericordia, la siguiente vez que se revele a Sí mismo será en la destrucción, a quienes rechazaron el Mensaje.”

O sea, que habrá otra manifestación o revelación del Hijo del Hombre; entonces ya no estará como Cordero y Sacerdote, sino como Juez y Rey.

Estamos esperando las bendiciones que Él tiene para nosotros, para darnos la fe para ser transformados y raptados, lo cual está contenido en los Truenos de Apocalipsis 10, que es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte clamando como cuando ruge un león.

Por lo tanto, estemos preparados para recibir lo que Él tiene para nosotros para prepararnos para Su Venida.

“LA CASA DE DIOS BAJO EL NUEVO PACTO O DEL NUEVO PACTO.” Ha sido nuestro tema. Y esa Casa de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, de la cual usted es una piedra viva; porque [San Mateo 3:9] “Dios puede levantar a Abraham hijos aun de estas piedras,” dijo Juan el Bautista, hijo de Abraham. No es que de las piedras literales levante hijos a Abraham, sino de personas.

Que Dios les bendiga, les guarde, y nos ayude a todos para estar preparados para nuestra transformación.

Continúen pasando una tarde feliz, y con ustedes nuevamente el misionero Miguel Bermúdez Marín.

Estamos en el tiempo en que todas las señales están siendo manifestadas; estamos en el tiempo en que la humanidad, el mundo, está como en los días de Lot y como los días de Sodoma y Gomorra. Son los días como en el tiempo de Noé, como en el tiempo de Abraham, como en el tiempo de Lot y como los días de Jesús; ese es el tiempo que nos ha tocado vivir, y es el más importante de todos los tiempos.

Yo no lo cambiaría por el tiempo de San Pablo. Él sí, él diría: “Hacemos el negocio.” Pero no. Nadie puede cambiar el tiempo para el cual fue escogido por Dios para vivir en esta Tierra. La persona no puede decidir cuándo venir a la Tierra, ni tampoco cuándo irse; es un asunto de Dios.

Por lo tanto, lo importante es aprovechar nuestro tiempo en el Programa Divino, llevando a cabo la labor que nos corresponde.

Ya tenemos al misionero Miguel Bermúdez Marín por aquí; él siempre se queda así aguantadito porque dice que espera el postre; como dicen algunos: “Es dulcero,” y le gusta mucho el postre; y también a todos nosotros, el postre espiritual, que es el postre mejor que podemos recibir.

Todavía... Ya viene Miguel por aquí. Que Dios me los bendiga y les guarde a todos, y nos veremos esta misma tarde nuevamente para continuar platicando. Ya Miguel les dirá dónde nos vamos a ver.

Bueno, Dios te bendiga Miguel. Dios les bendiga y les guarde a todos los aquí presentes y los que están en otras naciones. Y el domingo (mañana) también estaremos aquí, y estaremos hablando sobre el tema: “¿QUIÉN ES EL HIJO DEL HOMBRE?”

Que Dios me los bendiga y les guarde a todos.

“LA CASA DE DIOS DEL NUEVO PACTO.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter