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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en otras naciones, ministros y sus congregaciones; que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y un cordial saludo para el misionero Miguel Bermúdez Marín.

Leeremos dos Escrituras… Están en Gálatas, capítulo 3, versos 13 en adelante. Dice:

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero,

para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.

Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.”

Y el verso... de este capítulo 3. Verso 6 en adelante, dice así:

“Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.

Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.

Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.

De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.”

Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

En el Programa Divino hay siete dispensaciones, que son: Inocencia, en el tiempo de Adán y Eva en el Huerto del Edén, antes de pecar; y la segunda, la Dispensación de la Conciencia, para el tiempo de Set; luego la tercera dispensación, la Dispensación del Gobierno Humano, con Noé; la cuarta dispensación, la Dispensación de la Promesa, con Abraham; la quinta dispensación, la Dispensación de la Ley, con Moisés; la sexta dispensación, la Dispensación de la Gracia, con Jesús; y la séptima dispensación para el tiempo final, después que se complete la Dispensación de la Gracia.

En cada una de estas dispensaciones hay un trato de Dios con el ser humano; y de acuerdo al Programa Divino para esa dispensación, es que Dios obra y es que Dios cumple las promesas correspondientes a esa dispensación. Es la administración para cada etapa de la familia de Dios, de la Casa de Dios.

En el tiempo de Abraham encontramos que Dios le hace promesas a Abraham. Pero dice la Escritura en Hebreos, capítulo 11, nos dice que estas personas saludaron de lejos estas promesas. El verso... el capítulo 11, verso 39 en adelante, dice:

“Y todos éstos (o sea, los héroes de la fe), aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;

proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.”

O sea que, por ejemplo, Abraham, recibió las promesas de la tierra que Dios le dijo que le daría a él y a su descendencia, pero Abraham vivió en la Tierra como peregrino, sin alcanzar la promesa.

En el capítulo 12 del Génesis, dice Dios a Abraham:

“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.

Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

O sea que hay una bendición para los que bendicen a Abraham y a su descendencia, y también hay una maldición para los que maldicen a Abraham y la descendencia de Abraham. Por eso usted encontrará a través de la Biblia personas y naciones que bendijeron a Israel, y ellos recibieron bendición; y también encontrará personas y naciones que maldijeron a Israel, y ellos fueron los que recibieron la maldición, los que maldijeron a Israel. Esa es una promesa de Dios para Abraham y su descendencia. Por lo tanto, hay una bendición grande para los que ayudan a los hijos de Abraham.

Ahora, a Abraham fueron hechas, dadas las promesas: la promesa de que recibirían el Espíritu de Dios, la promesa de que recibirían la tierra prometida, la promesa de muchas bendiciones; y tenemos la promesa de los hijos de Dios, de los hijos de Abraham aquí en la Escritura; y vamos a leerlo para que tengamos un cuadro claro de la descendencia de Abraham.

El pasaje que leímos de Gálatas, capítulo 3, verso 14 en adelante, dice:

“…Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”

Y el verso 16 dice:

“Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.”

O sea que las bendiciones, las promesas que fueron hechas a Abraham, pasan a Cristo; y por eso Cristo es llamado también en uno de los títulos de Hijo: Hijo de Abraham.

Es el profeta prometido en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19, donde Dios le dice a Moisés: “Profeta como tú les levantaré de en medio del pueblo (como tú), y pondré mis palabras en su boca…” Vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro de lo que dice ahí. Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 19, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

Todo profeta que Dios ha enviado, encontramos que Dios ha colocado en su boca, en su alma y en su mente Su Palabra, para que él la hable al pueblo. Por lo tanto, fueron pequeños mesías, pequeños cristos; porque Cristo lo que significa es: Ungido; ungidos con el Espíritu de Dios, con el Espíritu Santo.

Pero encontramos que en quien se cumple en toda su plenitud es en el Mesías-Príncipe, el Cristo, el Ungido, el Rey de Israel. Se cumplió en Su Primera Venida, allá en la tierra de Israel, y se cumplirá en Su Segunda Venida también.

Por eso Dios pondrá... puso Su Palabra en la boca de Jesús. Él decía: “Yo no hablo nada de mí mismo.” “Como oigo el Padre hablar, así yo hablo.” “Como el Padre me muestra, así yo hago.” O sea, que Jesús hablaba lo que el Padre colocaba en Su boca para hablarle al pueblo. [San Juan 5:19-20, 8:28, 12:49-50]

Así fue Su Primera Venida como Hijo del Hombre, y así será también en el Día Postrero. Así fue de edad en edad, donde Dios colocó cada mensajero en cada etapa de Su Iglesia, y colocó en el corazón, en el alma, en el espíritu, en la mente y en la boca de cada mensajero. Ellos fueron ungidos con el Espíritu de Dios para hablar esa Palabra creadora, y fue creada la edad; y fue colocado cada creyente en Cristo en el Cuerpo Místico de Cristo en ese Templo espiritual.

O sea, que nació en la familia de Dios cada hijo de Dios correspondiente a cada edad, descendiente del segundo Adán, que es también el Hijo de Abraham que recibe las promesas y se cumplen a través de Él; Dios las hace realidad con Él y con la descendencia del segundo Adán, que son los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales por la fe heredan la promesa del Espíritu Santo, y todas las demás promesas las heredan por la fe.

Ahora, vamos a ver lo que nos dice en el capítulo 3, verso 26 de Gálatas. Dice:

“…Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.”

Y el verso 29 de este mismo capítulo 3 de Gálatas, dice:

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”

Son los creyentes en Cristo que por la fe heredan las promesas y que son hijos de Abraham, dice San Pablo; y por consiguiente, forman el pueblo de Dios del Nuevo Pacto, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Son los creyentes en Cristo los que tienen esa bendición de herencia y son representados en Isaac, el hijo de la libre, el hijo a través de la cual fue hecha la promesa, o para la cual; porque le fue prometido a Abraham que tendría un hijo, y esperó por 25 años; y cuando ya tenía 99 años le apareció Dios con los Arcángeles Gabriel y Miguel, los Ángeles del capítulo 17 y 18 del Génesis, y le confirmó la promesa del hijo prometido; y le dijo: “Por este tiempo, el año que viene, tendrás el hijo; y le llamarás Isaac.”

Ahora, encontramos que Abraham se mantuvo creyendo, dice la Escritura: esperanza contra esperanza; o sea, esperando lo que no se podía esperar a los 99 años, con una esposa que tenía 89 años de edad; y él continuó esperando lo que Dios había prometido.

Por eso Isaac representa a los creyentes en Cristo, los cuales por la fe heredan las promesas, y por consiguiente, por la fe serán reyes y sacerdotes en el Reino del Mesías. Ya eso es para la séptima dispensación: la Dispensación del Reino. Son promesas para los creyentes en Cristo.

Encontramos en el capítulo 4, verso 13 al 14, lo siguiente [Romanos]:

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.”

 

O sea, que los herederos son Cristo y los creyentes en Cristo. Por eso es que nos dice en el capítulo 3, verso 9 [Gálatas]:

“De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.”

Son los que heredan las promesas, y por eso son coherederos con Cristo de todo a lo que Cristo es heredero. Porque Él es el heredero de este planeta Tierra con todo lo que tiene y con todo lo que tendrá. Él es el heredero también de los Cielos y de la Tierra, y nosotros coherederos con Él.

Por lo tanto, todas las promesas dadas a Abraham las hereda el Hijo de Abraham, el Mesías-Príncipe como Hijo de Abraham, y la comparte (esa herencia) con los creyentes en Cristo bajo el Nuevo Pacto, que entran a formar parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es Su Cuerpo Místico de creyentes, y que son la familia de Dios, los descendientes de Dios; por eso son hijos e hijas de Dios.

Recuerden que cuando se usa la palabra “hijo” o “hija de tal persona,” es un descendiente de esa persona; y los descendientes de Dios son los hijos e hijas de Dios, los creyentes bajo el Nuevo Pacto, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso son llamados también: la familia de Dios, también son llamados la familia de la fe.

O sea, que la Iglesia del Señor Jesucristo es la segunda Eva y Cristo es el segundo Adán; y Cristo, el Hijo de Dios, se reproduce en hijos e hijas de Dios, en y a través de la segunda Eva, que es Su Iglesia.

Así como dijo Cristo en San Mateo, capítulo 8, verso 24: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho…” Vamos a buscar... está equivocada la cita. Debe ser el 12 entonces…:

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” Capítulo 12, verso 24, de San Juan.

Cristo es el grano de trigo que tenía que morir, y la Iglesia es la planta que nace de Cristo el grano de trigo, en el Día de Pentecostés. Y los granos de trigo de esa planta son los creyentes en Cristo de etapa en etapa, hijos e hijas de Dios; porque el Grano de Trigo es Cristo, el Hijo de Dios. ¿Y qué produce un grano de trigo? Más granos de trigo.

Cristo el Grano de Trigo, el Hijo de Dios, produce más hijos e hijas de Dios, que son los creyentes en Cristo a través de las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y Cristo siendo el heredero de los Cielos y de la Tierra, los creyentes en Cristo son coherederos con Cristo, porque forman el Cuerpo Místico de Cristo; y por consiguiente, están formando la familia de Dios, los descendientes de Dios, escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; los que nunca se pueden perder; o sea, que nunca dejarán de existir.

“Él vino a buscar y a salvar lo que se había extraviado, se había perdido,” pero no pueden perderse de la mano de Dios. Nadie los puede arrebatar de la mano del Señor. Eso Él lo dijo Cristo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” [San Juan 10:27-30]

O sea, que habían perdido la vida eterna, habían perdido la herencia en el tiempo de Adán; pero serán restaurados físicamente; y espiritualmente son restaurados al recibir a Cristo como Salvador. Y en el Reino del Mesías, ahí yo estaré con Él, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también.

Esa es la promesa, una de las promesas, porque Cristo es el heredero al Reino, el heredero del planeta Tierra, el heredero de este mundo y también de los Cielos y de la Tierra. Por lo tanto, a todo lo que Cristo es heredero, lo somos también nosotros. Sobre Cristo vino el Espíritu Santo cuando fue bautizado, fue ungido con el Espíritu Santo; y cada creyente en Cristo también tiene la promesa de recibir el Espíritu Santo, y así obtener el nuevo nacimiento.

A todo lo que Cristo es heredero, lo somos también los creyentes en Cristo; esos son los hijos e hijas de Dios, la familia de Dios, esos son también llamados hijos e hijas de Abraham; esos son los tipificados en aquellas Palabras de Cristo cuando dijo: [San Mateo 3:9] “Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.” O sea, de personas que no son dignas aparentemente, como los que se acercaban a oír a Jesús y eran bautizados también, y también los gentiles que recibirían a Cristo como Salvador.

Hemos sido cortados de la gran Piedra, que es Cristo. Por eso dice Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 al 10, que somos piedras vivas. Somos piedras vivas ¿colocadas dónde? En el Cuerpo Místico de Cristo, en ese Templo espiritual. Y Cristo es la Piedra del Ángulo o Piedra Angular.

Por lo tanto, es importante que sepamos quiénes somos en el Programa Divino para poder comprender por qué estamos viviendo en esta Tierra. Estamos viviendo en esta Tierra porque Dios nos ha enviado con un propósito divino: para que ocupemos nuestro lugar en el Cuerpo Místico de Cristo, en ese Templo espiritual, y obtengamos las promesas que nos corresponden para este tiempo.

Por ejemplo, al recibir el Espíritu de Dios, obtener así el nuevo nacimiento y todas las demás bendiciones que Él ha prometido para nosotros para este tiempo, y luego para el Reino Milenial de Cristo.

Somos hijos e hijas de Abraham. La promesa fue dada a Abraham y a su simiente, la cual es Cristo; y de Cristo, la simiente de Abraham, hemos venido nosotros por medio del nuevo nacimiento. O sea, que la Iglesia del Señor Jesucristo es la descendencia de Abraham, que viene por el segundo Adán, por Cristo, el Hijo de Abraham. O sea que es la simiente que entró al Nuevo Pacto prometido en Ezequiel y en Jeremías.

En Jeremías, capítulo 31, verso 31 al 36, donde dice que Dios hará con la casa de Israel y con la casa de Judá un Nuevo Pacto. Por lo tanto, ese Nuevo Pacto está unido a la Sangre del Nuevo Pacto, que es la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Por eso en la última cena Jesús dijo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29).

Así que la simiente de Abraham bajo el Nuevo Pacto es la simiente de Dios, los hijos e hijas de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo. El nombre mío estaba escrito eternamente en el Libro de la Vida del Cordero. ¿Y el de quién más? De cada uno de ustedes también.

Por eso las palabras de Cristo se cumplen en cada uno de nosotros, las que fueron dichas: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” [San Juan 8:47] Y a los que no querían escuchar les dijo: “Ustedes no pueden escuchar porque ustedes no son de mis ovejas; el que es de Dios, la Voz de Dios oye.” O sea que les dijo claramente: “Ustedes no son de Dios.” Esas palabras son duras pero son la verdad.

Por lo tanto, en la cuarta dispensación, la Dispensación de la Promesa, donde Abraham es el mensajero, está recibiendo las promesas... por ejemplo, la promesa de la tierra prometida, a la cual también somos nosotros herederos, y por eso es que vamos a estar allí como reyes y sacerdotes y jueces reinando con el Mesías; de otra forma no podríamos estar allí. Y un sinnúmero más de promesas que han sido hechas para Abraham y su simiente. Abraham también va a estar en ese Reino Mesiánico y en la eternidad.

Por lo tanto, es importante saber que las promesas fueron dadas a Abraham y a su simiente, la cual es Cristo; y somos, por consiguiente, herederos y coherederos con Cristo, de todo aquello a lo cual Cristo es heredero.

Romanos, capítulo 8 lo dice... Romanos, capítulo 8, verso 14 en adelante, dice:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”

Luego, continúa diciendo el apóstol Pablo:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.”

Ahí está la solución al problema del medio ambiente, al problema de la situación que tiene el planeta Tierra en todos sus ecosistemas.

Apocalipsis 11, verso 15 en adelante, dice que Dios va a destruir a los que destruyen la Tierra. O sea, eso es pena de muerte. Sigue diciendo:

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

“La redención de nuestro cuerpo,” que es la transformación, es también una promesa divina para los descendientes de Cristo; los cuales, por medio de Cristo y Su Espíritu, nacen de nuevo, nacen en el Reino de Dios; y como nacen en el Reino de Dios, son hijos del Reino. Son el trigo de la parábola del trigo y de la cizaña en el capítulo 13, versos 30 al 43, de San Mateo.

Son también la buena tierra donde es sembrada la simiente, la Palabra, y produce a ciento por uno, otros a sesenta por uno, y otros a treinta por uno, pero todos producen; producen los frutos del Reino. Esos son los herederos y coherederos con el Hijo de Abraham, Cristo el Salvador. Esos son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, representados allá en Isaac. Por eso San Pablo dice: “Somos hijos de la promesa,” y nos muestra que estamos representados en Isaac. Somos hijos de la libre, como Isaac. [Gálatas 4:28]

En la cuarta dispensación, en el tiempo allá de Abraham, fueron dadas las promesas a Abraham; y ahora las promesas se cumplen en Cristo. Él es el heredero del mundo, Él es el heredero de todas las promesas, y somos coherederos con Cristo nuestro Salvador.

Él es el que ha producido el nuevo nacimiento en millones de personas que lo han recibido como Salvador y han venido a ser parte de la familia de Dios, el Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el Nuevo Pacto.

¿Por qué hablamos de nuestro tiempo y del tiempo de Cristo hacia acá cuando estamos hablando de la cuarta dispensación, del tiempo de Abraham? Porque no nos quedamos solamente en la historia. Nos pasamos a donde está el beneficio de la materialización de estas promesas que van cumpliéndose gradualmente, y que los descendientes de Abraham por la fe, las reciben; y se cumplen en ellos a medida que pasan las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Somos hijos de Abraham por la fe; y por consiguiente, hijos e hijas de Dios bajo el Nuevo Pacto, cubiertos con la Sangre del Nuevo Pacto, que es la Sangre de Jesucristo nuestro Salvador.

El Antiguo Testamento tiene los tipos y figuras del Nuevo Testamento. O sea, que allá estaba el cordero pascual, que es tipo y figura de Cristo el Cordero de Dios que vendría y quitaría el pecado del mundo, como lo presentó Juan el Bautista cuando vio a Jesús y dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29]

El Antiguo Testamento bajo el Antiguo Pacto tiene los tipos y figuras, y el Nuevo Testamento tiene la realidad; lo que aquello tipificó, está hecho realidad en el Nuevo Pacto, en el Nuevo Testamento.

Por lo tanto, el apóstol Pablo dice que estamos bajo mejores promesas que los que vivieron en el Antiguo Pacto, en el Antiguo Testamento, en las dispensaciones pasadas; ellos tenían el tipo y figura y por eso tenían que estar efectuando sacrificios de animalitos; ahora tenemos la realidad: aquello que fue tipificado en aquellos sacrificios, lo cual representaba a Cristo.

Ahora tenemos a Cristo el Cordero de Dios, ahora tenemos a Cristo el Macho Cabrío de la Expiación, ahora tenemos a Cristo el Salvador de nuestras almas, el Rey de nuestras almas, el Rey de nuestras vidas; y en el Milenio estaremos con Él en la Tierra como reyes y sacerdotes.

Del Milenio estaremos hablando más abiertamente cuando estemos hablando de la séptima dispensación, que es la Dispensación del Reino; el Reino Milenial, donde Cristo estará como León de la tribu de Judá; y entonces tendremos al León de la tribu de Judá, Cristo reinando sobre Israel y sobre todas las naciones; y nosotros como coherederos de Cristo en el Reino, estaremos como reyes, sacerdotes y jueces.

O sea que la bendición de la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los creyentes en Cristo, es más grande de lo que cualquier persona se puede imaginar. Y están escritos en el Libro de la Vida del Cordero desde antes de la fundación del mundo.

O sea que no estamos aquí en la Tierra por mera casualidad. En el Programa Divino, este era el tiempo para nosotros aparecer. Aunque hubo un problema allá en el Huerto del Edén, aquí estamos; y estamos comiendo del Árbol de la Vida, que es Cristo nuestro Salvador.

Comer tipifica creer. Por ejemplo, cuando una persona no quiere creer algo que otra persona dice, muchos dicen: “Eso yo no me lo como. Yo no me voy a comer eso.”

Ahora, hay muchos que han escuchado la predicación del Evangelio y también han pensado de esa manera; y no se han comido la Palabra, que es Cristo, no han recibido a Cristo como Salvador; y por lo tanto, están perdiendo la oportunidad de la vida eterna.

Cristo dijo [San Juan 6:51]: “El que come de este pan, vivirá eternamente,” y Él dijo [San Juan 6:35]: “Yo soy el pan de vida.”

Por lo tanto, Él es el Pan de Vida, Él es el Árbol de la Vida. Dice Apocalipsis que nos dará a comer del Árbol de la Vida, el cual es Cristo.

Por lo tanto, es importante que sepamos, conozcamos todas estas cosas de la Palabra de Dios.

Apocalipsis, capítulo 2, verso 7, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida (¿‘le daré a’ qué? A comer del árbol de la vida), el cual está en medio del paraíso de Dios.” Y ese Árbol es Cristo.

Recuerden que también dijo: “Yo soy la vid, la vid verdadera.” No está diciendo que Él es un árbol de uvas, sino que Él es la Vid de Vida Eterna, la que da el Espíritu y la Vida al ser humano.

También Él dijo: “El que tenga sed, venga a mí y beba. (Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en Él: pues aún no había sido... no había venido el Espíritu Santo; porque todavía Él no había sido glorificado).” Eso está por San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39. Él es la Fuente del Agua de la Vida, de la vida eterna.

Por lo tanto, es importante que entendamos todos estos símbolos, estos tipos y figuras, para no estar pensando que el Árbol de la Vida es un árbol literal. No puede haber un árbol literal que dé vida eterna, y que Cristo también dé vida eterna. Hay uno solo que da vida eterna, y es Jesucristo nuestro Salvador. Por eso el Árbol de la Vida en el Huerto del Edén era Cristo. Cristo es el que tiene la exclusividad de la vida eterna.

“El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna.” [San Juan 5:24] “Y yo le resucitaré (¿cuándo?) en el Día Postrero.” Dice San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40.

O sea, que Cristo es la persona más importante de los Cielos y de la Tierra; y en Cristo estaba y está Dios en toda Su plenitud; porque Jesucristo es Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Por eso Jesús decía: “El Padre y yo una cosa somos.” “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” San Juan, capítulo 10, verso 30; y San Juan, capítulo 14, versos 6 en adelante.

Así que el personaje principal a través de toda la Biblia es Cristo nuestro Salvador, el cual decía: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” (San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58).

Recuerden que Él es el Ángel del Pacto, el que le dio todas estas promesas a Abraham, el que habló también con Adán. Él es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que le aparecía a diferentes mensajeros de Dios, desde Adán en adelante.

Es llamado también el Espíritu Santo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” [San Mateo 28:20] ¿Cómo estaría? En Espíritu Santo, porque es el Ángel del Pacto en medio de Su Iglesia en este tiempo final, finalizando ya la Dispensación de la Gracia, la sexta dispensación, en la cual todavía estamos, y que este entrelace - en el cual se entrelazará o se entrelaza, la séptima dispensación con la sexta dispensación.

Por eso a través del estudio de las dispensaciones, podremos ver que una dispensación se entrelaza con otra dispensación. También podremos ver que hay mensajeros dispensacionales, los cuales son siete mensajeros dispensacionales para siete dispensaciones; esos son los mayores mensajeros, los mayores profetas que están prometidos en la Biblia; y esos son los que introducen cada dispensación, la dispensación que les toca a ellos; aparecen al final de la dispensación que esta terminando, que le falta poco, y comienzan con su mensaje a introducir una nueva dispensación.

Por eso encontramos a Jesucristo hablando de una nueva dispensación, en donde Él daría el Espíritu Santo a los creyentes y en donde se formaría la Iglesia del Señor Jesucristo, y así por el estilo. Está introduciendo una nueva dispensación, está colocando la plataforma; y está, a la misma vez, preparando todo para el final de la Dispensación de la Ley.

“LA CUARTA DISPENSACIÓN: LA DISPENSACIÓN DE LA PROMESA,” de la cual su mensajero fue Abraham el Padre de la Fe.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y entre a formar parte de la Casa de Dios bajo el Nuevo Pacto, la Casa de Dios del Nuevo Testamento, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Y así, por consiguiente, sea colocado en el Reino de Dios, el Reino de Cristo, y venga a ser un hijo o una hija de Abraham; por consiguiente, una hija o un hijo de Dios. Todo esto por medio del segundo Adán: Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a dar la oportunidad a las personas que todavía no han recibido a Cristo para que pasen al frente, los que están presentes aquí, y los que están en otras naciones pueden pasar al frente donde se encuentran, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como Salvador.

Vamos a esperar unos minutos y luego estaremos orando por todas las personas que estarán recibiendo a Cristo en diferentes naciones en esta ocasión. Recuerden que la única esperanza para el ser humano es Jesucristo, no hay otra esperanza para el ser humano; y no hay otra esperanza de vida eterna para el ser humano, excepto Jesucristo. Él es el único que tiene la exclusividad de la vida eterna para impartirla a todos los que lo reciben como Salvador.

En una ocasión, Cristo, por el capítulo 5 de San Juan, dice a los que no querían venir a Él: “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida eterna.” ¿Ven? Los que no quieren venir a Cristo no quieren tener vida eterna. Es que no saben la importancia de la vida, y no se han dado cuenta que esta vida terrenal es temporal, y la tenemos con el propósito de que hagamos contacto con Cristo, y Él nos dé la vida eterna. 

Por eso tenemos que aprovechar nuestro tiempo mientras estamos en la Tierra, de estar con Cristo bien agarrados para que Él nos guíe; y a los que lo reciben como Salvador y no lo habían recibido, Cristo les dé vida eterna. Porque ninguna otra persona le puede dar vida eterna al individuo, solamente hay Uno, y Ése es: el Señor Jesucristo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. 

En todas las naciones pueden también estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a Cristo en la diferentes naciones.

Con nuestros ojos cerrados y nuestros rostros inclinados:

Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestra deudas, así como nosotros perdamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que en diferentes países están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que están recibiendo a Cristo como Su Salvador en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Doy testimonio público de mi fe en Ti, reconociendo que soy pecador y que necesito un Salvador, un Redentor.

Señor, te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino. Quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino.

¡Sálvame, Señor! Haz una realidad en mí vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te ruego me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. ¡Sálvame, Señor! Haz una realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y Amén.

En cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y aquí dejo al ministro correspondiente, el reverendo José Benjamín Pérez.

El próximo domingo estaremos hablando de la quinta dispensación, la Dispensación de la Ley. O sábado. Sábado, de la quinta; y el domingo de la sexta dispensación.

(¿Próximo domingo…?) Ya el reverendo José Benjamín Pérez les anunciará los temas de los diferentes domingos. Próximo domingo… Sábado: “La quinta dispensación: la Dispensación de la Ley.” Domingo: “La entrada triunfal de Cristo a Jerusalén,” pues es Semana Santa. Comienza con el domingo, llamado Domingo de Ramos, porque echaban ramas de palmeras cuando Cristo estaba entrando a Jerusalén.

Así que tendremos esos temas; y el séptimo tema será la séptima dispensación, y después haremos un resumen de todas las dispensaciones señaladas. Estamos tocando solamente... superficialmente estos temas, estas dispensaciones; pero algún día las vamos a tener, a hablar más profundamente para todos ustedes. Ahora es solamente superficial que estamos hablando estos temas de las siete dispensaciones.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA CUARTA DISPENSACIÓN: LA PROMESA.”

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