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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, los que están en diferentes naciones, en diferentes iglesias. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Un saludo especial para el misionero reverendo Miguel Bermúdez Marín y su esposa, y todos los ministros en todas las naciones y sus congregaciones. También felicidades a Abimael Rosario y Ruth Cubillos en su matrimonio, y a todos sus familiares de Colombia y de Puerto Rico también. Y hoy, Día Internacional de la Mujer: Felicidades a todas las mujeres.

Hoy también feliz cumpleaños para el reverendo William Paras de Paraguay y el reverendo Samuel Escobar de El Salvador. Que Dios los bendiga. Son coordinadores de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en sus respectivos países.

El domingo 12 de abril será la Santa Cena y Lavatorio de pies en Puerto Rico y demás países también.

Y ahora tendremos el documental de la construcción de la Gran Carpa-Catedral para saber por dónde va la construcción, para tenerlos al tanto y también para que sepan que su respaldo está siendo bien aprovechado. Vamos a dejar con ustedes el documental de la construcción de la Gran Carpa-Catedral (y estaré con ustedes dentro de unos minutos).

[Presentación del video-documental]

Ya hemos podido ver cómo va la construcción de la Gran Carpa-Catedral en Cayey, Puerto Rico.

Leemos en Génesis, capítulo 1, versos 26 en adelante. Dice así:

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.

Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.

Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla, nos abra las Escrituras y el entendimiento, y el corazón para creer y recibirla ahí en nuestra alma. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“LA PRIMERA DISPENSACIÓN: LA INOCENCIA.”

Dios creó al hombre a Su imagen; y Su imagen es espiritual, cuerpo espiritual,  cuerpo angelical, cuerpo teofánico como el de los ángeles, o sea, de otra dimensión. Y guiaba a los animales, a los peces…; sobre todo fue colocado - Dios colocó al hombre que había creado primeramente, como hombre-espíritu, cuerpo espiritual. Y más adelante, en el capítulo 2 del Génesis, le da cuerpo físico, como nos dice el capítulo 2 del Génesis, verso 7:

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.”

O sea, primero hizo al hombre en otra dimensión: la dimensión de los ángeles o sexta dimensión; y lo colocó sobre todo el planeta Tierra y todo lo que tenía el planeta Tierra en ese tiempo, como gobernante, como rey sobre el planeta Tierra. O sea, que Dios el Rey del universo, colocó a Su primer hijo como Rey sobre este planeta Tierra.

Luego le dio su cuerpo físico, en donde colocó el espíritu masculino y el espíritu femenino, y lo instruyó: que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que comiera de ese árbol, moriría.

Y luego tomó a Adán (en el cual estaba el espíritu femenino y el espíritu masculino), lo durmió —fue la primera anestesia que es hecha en el ser humano—, y luego sacó de él, de su costado, una costilla, y de ahí formó un cuerpo femenino; y sacó de Adán el espíritu femenino y lo colocó dentro de ese cuerpo femenino; y cerró el lugar de donde había sacado la costilla para formar una compañera idónea para Adán.

Luego, encontramos a Adán y a Eva felices en el Huerto del Edén, donde estaba el lugar de adoración a Dios y donde Dios se encontraba con Adán todos los días en la tarde; y allí estaba el Árbol de la Vida y el árbol de ciencia del bien y del mal. Por lo cual, necesitamos ver lo que nos dice el reverendo William Branham con relación a estos árboles en el Huerto del Edén. Él dice que esos dos árboles allí: el Árbol de la Vida es Cristo, y por consiguiente, el árbol de la ciencia del bien y del mal es otra persona.

El Árbol de la Vida siempre sigue siendo Cristo. No hay otro que pueda ser el Árbol de la Vida.

Recuerden que el ser humano está representado en árboles, está representado también en animales. Por ejemplo, tenemos al Cordero de Dios, al Cordero, el Cordero que quitaría el pecado del mundo; y cuando Juan lo ve, dice: “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” y cuando las personas miran, lo que ven es a un hombre, a Jesús.

También Cristo dice que Él es el León de la tribu de Judá; no es un león literal, es un hombre. También dice la Escritura de los Dos Olivos que están delante de Dios, los Dos Ungidos, y esos son Moisés y Elías, los ministerios de Moisés y Elías, que se repetirán conforme a Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 14. ¿Ven? Representados en dos olivos.

Así que los seres humanos son representados en árboles, en animales y así por el estilo; y las naciones también son representadas en árboles, como Israel, que es representada o representado en la higuera.

Cristo también representa las demás naciones en árboles: la higuera y todos los árboles o demás árboles, la profecía de San Mateo 24: la higuera y los demás árboles reverdeciendo en el tiempo final. Esa es una señal muy grande para los lectores de la Biblia.

También el mismo Cristo se representa en la Vid Verdadera, en la Vid; porque Cristo es la Vid Verdadera. Y representa a los creyentes en Él en las ramas; o sea, Él dice [San Juan 15:5]: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos.” O sea que en el árbol o planta de uvas, a las ramas se les llama: pámpanos o gayos, como en Brasil (no gallos el de las gallinas, sino gayos como las ramas de la planta de uva).

Y también a los hijos de Dios Cristo los representa en el capítulo 13 de San Mateo, en el trigo; y a los que no son hijos de Dios los representa en la cizaña. Tan sencillo como eso. O sea que todo está, digamos, codificado en parábolas.

Y le preguntan los discípulos de Jesucristo en el capítulo 13, versos 11 al 17: “¿Por qué les hablas por parábolas?” Cristo les dice: “Porque a vosotros les es dado conocer los misterios del Reino; más a ellos no les es dado, sino por parábolas.” O sea, que para los hijos de Dios les es dado a conocer los misterios del Reino de Dios, del Reino de los Cielos.

Por lo cual, es importante que aprovechemos conociendo los misterios del Reino de Dios mientras vivimos en esta Tierra. Así que cuando se nos habla de la Vid, ¿en quién pensamos? En Jesucristo. Cuando se nos habla de las ramas de la Vid, ¿en quién pensamos? En nosotros. Cuando se nos habla del trigo, ¿en quién pensamos? En nosotros. Y cuando se nos habla de los Dos Olivos, ¿en quién pensamos? En Elías y Moisés; o sea, los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero. Tan sencillo como eso es que está la Biblia.

En parábolas hablaba Cristo al público, pero a Sus discípulos les explicaba claramente. Por ejemplo, Él dice que el que siembra la buena semilla, en el capítulo 13, del 1 al 23, de San Mateo: “...El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.” En el campo es que es sembrada la buena semilla, y el campo es el terreno donde se siembra; o sea, seres humanos. Una es sembrada junto al camino, otra en pedregales, otra es sembrada entre espinos y otra es sembrada en buena tierra.

La que es sembrada junto al camino son aquellos que oyen la Palabra y luego viene el enemigo y saca lo que fue sembrado en el corazón. Luego, al final, la que fue sembrada en buena tierra, dice que son aquellos que oyen la Palabra y la entienden, y llevan fruto; unos a ciento por uno, otros a sesenta por uno y otros a treinta por uno.

O sea, que se siembra un grano de trigo (o de lo que sea) y produce cien; se siembra un grano de trigo y produce sesenta; y se siembra un grano de trigo y produce treinta; así es la buena tierra, una produce más que otra, como normalmente acontece. Está representando a los hijos de Dios como la buena tierra donde se siembra la Palabra; y esa es la buena semilla: la Palabra, para que lleve fruto.

O sea que la Palabra de Dios, el Evangelio, es sembrado en el corazón de las personas (la buena tierra), para que lleve fruto. No para que usted se quede sin hacer nada en el Reino de Dios; es para que produzca el fruto del Reino.

Recuerden que el Reino, dijo Cristo en el capítulo 21, versos 43 en adelante, de San Mateo, dijo a los judíos y líderes religiosos de aquel tiempo: “El Reino de Dios es quitado de vosotros, y dado a gente que produzca los frutos de él.”

O sea, que el pueblo al cual fue pasado el Reino, fue dado el Reino para que produzca y que produjera el fruto de Él, es el pueblo compuesto por todos los creyentes en Cristo, sean judíos o sean gentiles; ahí será hallado el fruto del Reino de Dios.

El fruto del Reino de Dios, como hijos e hijas de Dios, y las obras de los hijos e hijas de Dios, serán hallados en los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, y que son herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro; heredan en el Reino de Dios.

“No temáis, manada pequeña, porque al Padre le agradó daros el Reino.” [San Lucas 12:32] O sea, que el Reino de Dios está con los creyentes en Cristo y forman el pueblo del Reino de Dios.

En el tiempo de Adán se estaba viviendo la etapa o Dispensación de la Inocencia. No estaban en una etapa en que las dos consciencias estaban separadas: estaban juntas; pero cuando pecaron hubo un grave problema, aun en el cerebro de ellos. Lo mismo pasa cuando una persona falla, se confunde todo.

El ser humano iba a caer, Dios lo sabía, y tenían que manifestarse esos atributos Divinos de Salvador, de amor, de misericordia, de Redentor, así por el estilo. Y el Título de Propiedad que tenía Adán, el Libro de la Vida, que es el Título de Propiedad de la vida eterna y de toda la Creación, con el cual y por lo cual Adán tenía dominio de todo el planeta Tierra con todo lo que tenía: le ordenaba a los animales que se pasaran a otro lugar, y se iban, a los peces también, a las aves también, y aun a los árboles; podía decirle a los árboles: “Pásate de aquí a allá,” y se pasarían. ¿No dice Cristo lo mismo: “Si tuvieras fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí a allá, y se pasará; y nada os será imposible”? [San Mateo 17:20]

Así que Adán tenía esa autoridad, pero la perdió al perder el Título de Propiedad, el cual regresó a la diestra de Dios. Y de ahí en adelante hubo un cambio en la mente, en el cerebro, y en todo el cuerpo de Adán y Eva. Vinieron a ser mortales, pues todavía no estaban adoptados, no estaban glorificados todavía, estaban en la etapa de prueba.

Encontramos que esa misma etapa o etapas las pasaría la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, en la Dispensación de la Inocencia estaban - estaba bajo el Pacto Divino; Pacto... el Pacto Edénico, o sea, el Pacto del Edén.

Es importante conocer estas cosas para saber lo que perdió Adán y Eva. Ella pecó por falta de creer lo que Adán le había enseñado, y ella ignoró lo que había enseñado Adán a ella de parte de Dios, y fue engañada. Adán al recibirla pecó voluntariamente, se hizo pecado por ella y con ella; y la consecuencia fue que perdió el derecho a vivir eternamente en el cuerpo de carne que tenía; y de ahí en adelante, ni él ni ella podrían vivir eternamente en el cuerpo de carne que tenían. Pero hubo un sacrificio para ellos y Dios les dio pieles, esas pieles de animalito que fue sacrificado por ellos; Dios les dio esas pieles sangrantes, tipo y figura del Sacrificio de Cristo con el cual Su Sangre nos cubriría, nos limpiaría de todo pecado, y así nos daría vida al quitar nuestros pecados.

Pero estamos hablando de la Dispensación de la Inocencia. Ellos se encontraban en el Huerto del Edén. Al pecar, Dios los sacó del Huerto del Edén para que no estiraran la mano también y comieran del Árbol de la Vida Eterna y vivieran eternamente como pecadores.

En estos cuerpos mortales, mientras más años vive la persona, más sufre; y sobre todo cuando ya llega a la edad de anciano o anciana, de ahí en adelante sufre bastante. Por lo tanto, no es la cantidad de años que podamos vivir; es el tiempo que vivamos sirviendo a Cristo, trabajando en Su Obra, siendo fieles a Él, glorificándole, y cumpliendo con lo que está establecido para los cristianos en el Nuevo Pacto, en el Nuevo Testamento, que está en los evangelios y en las cartas apostólicas de San Pedro, San Pablo y otros apóstoles; y por consiguiente, en el libro de Apocalipsis, escrito por Juan como escribiente, pero dictado por Jesucristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo.

Por eso es que siempre dice, cuando escribe a las iglesias, dice: “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” [Apocalipsis 2 y 3]

Es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, hablando a través de cada uno de los mensajeros de cada edad. Eso es lo que el Espíritu dice a las iglesias: lo que dice a través del mensajero de cada edad, el cual escucha de parte de Dios, de parte del Espíritu Santo, de parte de Cristo, lo que tiene que decirle a la Iglesia y en la Iglesia en ese tiempo.

Y luego él, ungido por el Espíritu Santo, lo habla; y eso es el Espíritu Santo hablando a través de ese mensajero; y llama y junta a los escogidos de esa edad, y los coloca en un unión completa con Cristo en la edad de ese mensajero; y así ese grupo forma la parte del Cuerpo Místico de Cristo: la parte de ese Templo espiritual de ese tiempo es formado con esas piedras vivas, con esas personas.

Ahora, la primera dispensación, la de la Inocencia, ya pasó. En la Inocencia ellos estaban desnudos y no se avergonzaban porque no tenían conocimiento de lo que era estar sin ropa o estar con ropa; no tenían conocimiento de lo que era pecado, de lo que era bueno o era malo. Pero luego de comer del árbol de ciencia del bien y del mal se escondieron, tomaron hojas de higueras para cubrirse.

Y Dios como todos los días iba a visitarlos, pregunta a Adán [Génesis 3:9-10]: “¿Dónde estás tú?” O sea, que no estaba en el lugar en que siempre se encontraba con Dios. Y dice: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” Pero antes no sabía que estaba desnudo, lo que era estar desnudo, y no se avergonzaba y no tenía miedo. Pero ahora la inocencia de Adán y Eva desaparece. Ahora no son inocentes, están conscientes de que están desnudos; lo que significa que están conscientes de que pecaron contra Dios, de que desobedecieron.

El reverendo William Branham habla de lo que fue ese pecado original; y en alguna de las conferencias que tendremos, tocaremos ese tema, leyendo lo que el reverendo William Branham dijo que fue el pecado original.

Hoy no lo vamos a tocar, pero luego cuando lo leamos, lo colocaremos a lo que hoy estamos hablando. Por lo tanto, dejaremos para otra ocasión lo que dijo el reverendo William Branham con relación a lo que fue el pecado original.

“LA PRIMERA DISPENSACIÓN: LA INOCENCIA.”

Algún día, en el Milenio, regresaremos al Huerto del Edén, a todo lo que perdió Adán y Eva en el Huerto del Edén. ¿Por qué? Porque el Libro de la Vida del Cordero regresará a la Tierra: el segundo Adán lo traerá y lo colocará en medio de la segunda Eva, Su Iglesia, para regresar al Huerto del Edén en el Milenio, o sea, regresar a esa Vida con todos los derechos contenidos en el Título de Propiedad de la vida eterna, del planeta Tierra y de todo lo que tiene y tendrá el planeta Tierra. Por eso es que la Escritura dice que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante).

O sea, que este planeta Tierra es nuestra herencia, y no solamente el planeta Tierra sino toda la Creación, a lo cual Cristo es el heredero de toda la Creación y nosotros somos coherederos con Él; por eso es que somos reyes y sacerdotes con Él, y también jueces que juzgarán al mundo y aun a los ángeles.

Por lo tanto, cuando el Título de Propiedad regrese a la raza humana, trayéndolo Cristo, el Ángel Fuerte, y colocándolo en medio de Su Iglesia, regresaremos a todo lo que perdió Adán y Eva en el Huerto del Edén; o sea, seremos restaurados a todo lo que ellos perdieron allá, seremos restaurados a juventud eterna, vida eterna en cuerpos glorificados, con todo el poder y los atributos que nos corresponden como descendientes del segundo Adán.

Por eso es que regresaremos a lo que perdió Adán y Eva, y por eso es que seremos transformados, tendremos cuerpos glorificados; porque los cuerpos que tenemos, de Adán hacia acá, es cuerpo animal. Y aunque la Palabra parezca dura, vamos a ver si en la Biblia está. Corintios, capítulo 15, versos 44 en adelante, dice:

“Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.”

Los cuerpos que tenemos es cuerpo animal; y de los cuerpos animales que hay, la corona de ellos es el cuerpo humano. Pero vamos a tener cuerpo celestial en la adopción de los hijos e hijas de Dios, como nos dice Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39; eso será la adopción, la redención del cuerpo; entonces tendremos cuerpo celestial, cuerpo glorificado, como el cuerpo glorificado de Jesucristo.

Él tuvo que ser hecho a imagen, a semejanza del ser humano, para poder morir como Redentor llevando nuestros pecados y así haciéndose mortal; tenía que descender a tener un cuerpo como el de los seres humanos. Eso está en Romanos, capítulo 8, verso 3, dice:

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.”

Y San Pedro dice que Él llevó nuestros pecados; por eso pudo morir. Así como Adán y Eva vinieron a ser mortales al pecar, al venir el pecado sobre ellos; al venir el pecado nuestro sobre Jesús, se hizo mortal, y por eso pudo morir por nosotros en la Cruz del Calvario, para poder darnos vida eterna, para que nosotros podamos vivir eternamente.

Así también, en tipo y figura, sucedió con Adán y Eva. Si Adán no se hacía pecado por Eva: Eva moriría, pero Adán seguía viviendo; y si Cristo no se hacía pecado por nosotros: nosotros moriríamos, y Cristo seguía viviendo en la Tierra por toda la eternidad porque no tenía pecado. Él tomó nuestros pecados para morir por todos nosotros.

La primera dispensación: de la Inocencia, la encontramos en Génesis, capítulo 1, capítulo 2 y capítulo 3. Luego veremos las otras dispensaciones.

Recuerde que cada dispensación es un lapso de tiempo, de trato de Dios con el ser humano, donde hay pactos establecidos por Dios; y por consiguiente, está la forma de acercarse a Dios, de adorar a Dios, de servir a Dios y de Dios bendecir al ser humano.

En este estudio de las dispensaciones llegaremos a la dispensación donde nos encontramos en la actualidad. Son siete dispensaciones:

La Dispensación de la Inocencia

La Dispensación de la Conciencia (cuando ya están conscientes después de pecar)

La Dispensación del Gobierno Humano, con Noé.

La Dispensación de la Promesa, con Abraham.

La Dispensación de la Ley, con Moisés.

La Dispensación de la Gracia, con Jesús.

Y la Dispensación del Reino, que es la séptima dispensación.

Recorreremos esas dispensaciones para ver en ellas cómo Dios trató con las personas en cada dispensación; y luego lo que es el tipo y figura de lo que pasó allá para lo que estará pasando en la dispensación que nos toca vivir en este tiempo final.

Es importante que los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, lo hagan lo más pronto posible; porque de un momento a otros se cerrará la Dispensación de la Gracia, y ya no habrá oportunidad para arrepentimiento, perdón de pecados y ser lavados por la Sangre de Cristo; porque ya no estará la Sangre de Cristo en el Lugar de Interseción en el Cielo, y ya Cristo no estará como Sumo Sacerdote intercediendo por el ser humano. Él cambiará de Sumo Sacerdote a Rey y Juez.

Por lo tanto, es importante que mientras hay tiempo todavía (aunque es corto), los que no han recibido a Cristo como Salvador, lo hagan los más pronto posible, antes que se cierre la puerta de la misericordia.

Recuerden que en la parábola de las diez vírgenes, cuando se oyó el clamor: “He aquí el esposo viene, salid a recibirle,” las que estaban preparadas recibieron al Señor, entraron con Él a las Bodas, y se cerró la puerta; y cuando vinieron las insensatas a tocar la puerta, ya estaba cerrada, quedaron para la gran tribulación. Eso está en San Mateo, capítulo 25, del 1 al 13; y en San Lucas, capítulo 13, versos 22 al 27.

“Cuando el Padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, entonces comenzaréis a decir: en…” Vamos a leerlo para que tengan el cuadro claro. “En Tu Nombre hicimos tal cosa y tal cosa,” y Él dirá que no las conoce. Y se siente mal que una persona que piense que otra persona lo conocía, y cuando se presente a Él le diga: “Yo no te conozco, no sé quién eres…” Capítulo 13, verso 22 en adelante, dice, de San Lucas:

“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:

Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.”

Recuerden que Cristo es la puerta. “Yo soy la Puerta. El que por mí entrare será salvo y hallará pastos,” dice San Juan, capítulo 10, verso 9.

“Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois.

Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.

Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.

Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.”

Esto tendrá su cumplimiento. El Padre de Familia es Cristo; porque a través de Cristo es que viene la familia de Dios, la Casa de Dios, la descendencia de Dios, que son los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por eso los hijos de Dios nacen por medio de Cristo, en y a través de Su Iglesia, que es Cristo el segundo Adán, y Su Iglesia es la segunda Eva; tipificados en Cristo el segundo Adán como el Grano de Trigo, y Su Iglesia tipificada en la planta de trigo a través de la cual vienen los granos de trigo, los hijos e hijas de Dios. Tan sencillo como eso.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando para que Cristo le reciba en Su Reino.

Los que están presentes y también los que están en otras naciones, pueden pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y los niños de 10 años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, si no lo han hecho en alguna otra ocasión.

Vamos a dar unos minutos para que así puedan venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, antes que el Padre de Familia, Cristo, se levante del Trono de Intercesión y cierre la puerta. Y eso está en la parábola de las diez vírgenes, y también en la parábola del padre de familia levantándose y cerrando la puerta; porque ya están todos dentro de la Casa de Dios, la Iglesia del Señor Jesucristo, el Cuerpo Místico de Cristo, ya se habrá llenado la Casa de Dios; y se llena en el lugar que dijo en la parábola el siervo: “Se ha hecho como tú dijiste y todavía hay lugar.”

El lugar que hay es el lugar más importante: el Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, para con piedras vivas ser formado, construido, ese lugar de ese Templo espiritual, que es la Casa de Dios, la familia de Dios, que viene por medio del segundo Adán, Jesucristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en diferentes países para que Cristo les reciba en Su Reino.

Con nuestros ojos cerrados y nuestros rostros inclinados:

Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; el pan nuestro de cada día dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como Salvador en diferentes lugares, en diferentes países. Recíbelos en Tu Reino y dales vida eterna por medio de Jesucristo. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo, esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos, y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo en diferentes países, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar en el Nombre del Señor en agua?” Bien pueden ser bautizados, porque ustedes han recibido a Cristo como Salvador, de todo corazón.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:16] Tan sencillo como eso.

El Señor Jesucristo fue donde Juan estaba bautizando y predicando, para ser bautizado por Juan; y cuando entró a las aguas del Jordán donde Juan estaba, Juan le dice a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó.

Y cuando subió de las aguas bautismales, el Espíritu Santo vino sobre Jesús en forma de paloma; y Juan siendo profeta y teniendo las dos consciencias juntas, vio el Espíritu Santo descender y permanecer sobre Jesús; y esa era la señal que Dios le había dicho que vería sobre el Mesías. Al ver esa señal sobre Jesús, reconoció que Ése era el Mesías al cual le estaba preparando el camino; y era uno de la familia, porque Elisabet, la madre de Juan el Bautista, es parienta de la virgen María.

Así que Juan lo bautizó y vino el Espíritu Santo sobre la persona de Jesús; lo cual era la señal de que ese era el Ungido de Dios, Ungido con el Espíritu Santo, para comenzar Su ministerio mesiánico de tres años y medio.

Así es que si Jesús tuvo la necesidad de ser bautizado para que viniera el Espíritu Santo sobre él, y como identificación con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección para cada creyente, entonces cada persona está llamada a escuchar el Evangelio, que nazca la fe de Cristo en su alma, reciba a Cristo como Salvador, y sea bautizado en agua en el Nombre del Señor, para Dios derramar Su Espíritu Santo sobre la persona y producir el nuevo nacimiento en la persona; porque el que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios, y todos queremos entrar al Reino de Dios. 

Por lo cual, los que han recibido al Señor en estos momentos en diferentes países: sí, pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor en estos momentos. Para lo cual dejo aquí al reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que él les diga cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. 

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

Para el próximo domingo continuaremos con el tema correspondiente de la segunda dispensación: de la Conciencia, desde el lugar donde me encuentre, pero estaré con ustedes en la pantalla.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LA PRIMERA DISPENSACIÓN: LA INOCENCIA.”

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