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Muy buenos días, amados amigos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros y congregaciones, y también misionero Miguel Bermúdez Marín. Que Dios los bendiga grandemente, y a todos nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender la Palabra correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para mí es un privilegio y bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final. Para lo cual leemos la Escritura en San Lucas, capítulo 17, versos 24 en adelante, donde nos dice Jesucristo:

“Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día.

Pero primero es necesario que padezca mucho, y sea desechado por esta generación.

Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre.

Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos.

Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;

mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.

Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“LA TERCERA DISPENSACIÓN Y EL HIJO DEL HOMBRE.”

La promesa grande para este tiempo final es la Venida del Hijo del Hombre; por eso se habla más de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, que lo que se habló para el Día del Hijo del Hombre en Su Primera Venida en la Tierra y para la tierra de Israel; o sea, que se habla más de la Venida del Señor para el Día Postrero, que lo que se habló para la Primera Venida de Cristo.

Aun el mismo Cristo habló de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero. Por lo cual necesitamos saber todo este misterio del Hijo del Hombre prometido para ser manifestado en el Día Postrero; porque no queremos que nos pase como pasó allá con el pueblo que estaba esperando la Venida del Mesías: y vino allí, era el Hijo del Hombre, y lo pasaron por alto.

Pensaron que era un loco, un fanático, un falso profeta, una persona poseída por un espíritu malo; pero era la Venida del Hijo del Hombre para aquel tiempo; porque eso da cumplimiento a Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 al 19: que Dios levantaría un profeta como Moisés, y pondría Su Palabra en la boca de ese profeta; y cualquiera que no escuchara lo que Él hablase en el Nombre del Señor, Dios lo desarraigaría del pueblo. Escuchar, es una bendición; no escuchar, es ser borrado del Libro de la Vida.

El tema de la Venida del Hijo del Hombre es el tema más importante para el tiempo final. Por lo tanto, necesitamos saber que cuando se promete la Venida del Hijo del Hombre: dos mil años atrás fue la venida de un profeta como Moisés, porque Hijo del Hombre significa: profeta, es el título de profeta. 

Como Hijo de David, es el título del Señor, del Mesías como Rey para sentarse sobre el Trono de David. Y el título del Hijo de Abraham está ligado a la herencia de todo lo que Dios le prometió a Abraham, todo el territorio que Dios le prometió con todo lo que tiene la tierra prometida. Y el título de Hijo de Dios es el título del Señor como Rey de los Cielos y de la Tierra. O sea, que cada título de Hijo tiene una herencia, tiene un propósito, por consiguiente, para ser cumplido.

¿Y qué herencia tiene como Hijo del Hombre? La herencia del planeta Tierra con todo lo que tiene. Porque como Hijo del Hombre Él es el Rey del planeta Tierra para establecer el Reino Milenial, que será de bendición para los creyentes en Cristo que estarán reinando con Cristo por mil años en cuerpos glorificados, jóvenes y eternos; estarán como reyes, como sacerdotes y como jueces.

De eso es que habla la Escritura en Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 en adelante, donde dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”

La promesa es que reinaremos con Cristo por mil años (por mil años para comenzar) reinando como reyes, y después por toda la eternidad.

“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años…”

O sea, que el resto de los muertos no tienen parte en la primera resurrección, la cual es en cuerpos eternos, cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad; como el cuerpo de Jesucristo, que está tan joven como cuando subió al Cielo. Es que en la resurrección se obtiene la glorificación; el mismo Cristo pidió ser glorificado y Él fue glorificado.

El mismo Cristo también estuvo hablando en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39, y dice así:

“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

Cuando Cristo resucitó glorificado, Sus discípulos, que habían estado con Él por tres años y medio y que lo conocían bien, ahora no lo conocen. Es que la resurrección a/y para vida eterna es en cuerpos glorificados, eternos, inmortales y jóvenes para toda la eternidad.

Aun el mismo Cristo tenía que decirle a Sus discípulos: “Yo soy.” Cuando resuciten los creyentes que tenían 20, 30, 40, 50, 60, 70, 80, 90 años o 100 años, usted no puede estar esperando (si es un familiar suyo) ver un ancianito o ancianita, sino un jovencito o jovencita de 18 a 21 años de edad, porque así es el cuerpo glorificado y eterno que Cristo ha prometido para mí. ¿Y para quién más? Para cada uno de ustedes también.

Así que ahí se habrá terminado la preocupación de algunas personas cuando se ven al espejo y dicen: “Ya me estoy poniendo viejo o vieja.” Pero piense en forma positiva: “Ya estoy un año más cerca de mi transformación, de mi glorificación.” Porque estamos descansando en las promesas divinas dadas por el Espíritu de Dios a través de los diferentes profetas mensajeros y por el mismo Dios a través de Su cuerpo de carne llamado Jesús, Emanuel: Dios con nosotros en la persona de Jesús.

Y ahora, nuestra fe está fundada sobre la Palabra revelada de Dios a Su Iglesia, es sobre la Palabra que reposa nuestra fe. Como Dios ha prometido, así es como Él hará conmigo y con cada de uno ¿de quién?, de ustedes.

Dice que el tiempo de la Venida del Hijo del Hombre para el tiempo final será como en los días de Noé y como en los días de Lot. En los días de Noé hubo un medio de salvación, que fue el arca que Dios le ordenó a Noé construir; y ocho personas fueron salvas. Y como aquellos días, habrá un grupo de personas que serán salvos, que serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y están representados en ocho, en el ocho. También representa Noé y su familia a los judíos que han de recibir bendición durante el tiempo de la gran tribulación.

También están las vírgenes insensatas, que aunque pasarán por la gran tribulación no se perderán las personas que no hayan sido borradas del Libro de la Vida, de la sección donde están.

Los escogidos que van a ser transformados están en la sección del Libro de la Vida del Cordero, de donde no pueden ser borrados por ninguna razón. Dios escribió mi nombre en esa parte del Libro de la Vida. ¿Y el de quién más? De cada uno de ustedes también.

Por eso es que estamos escuchando la Palabra de Dios para este tiempo final, por eso es que deseamos escuchar todo lo que corresponde al tiempo final en que vivimos y todo lo que corresponde a la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Sabemos que el Hijo del Hombre es Cristo siempre, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, manifestándose a través de carne humana. Así fue dos mil años atrás la Venida del Hijo del Hombre; porque siempre aparece esa manifestación como y en un profeta. Y el profeta más grande de todos, el Profeta de los profetas, es el Señor Jesucristo, que es el Ángel del Pacto, el cual estuvo en los profetas de la antigüedad, velado y revelado a través de ellos; el Hijo del Hombre, el Ángel del Pacto manifestado de dispensación en dispensación, hablando la Palabra Divina para el pueblo.

Por eso es que la Biblia es la Palabra de Dios, porque es la Palabra Divina colocada en la boca de los profetas que hablaron inspirados por el Espíritu Santo; y por consiguiente, esos son los pensamientos de Dios expresados.

Algunas personas piensan: “¿Cómo estará pensando Dios?” ¿Quiere saber cómo Dios piensa? Lea la Biblia, porque la Biblia es la Palabra de Dios expresada, son los pensamientos divinos expresados en forma de letra; los cuales fueron hablados a través del Espíritu Santo por medio de seres humanos ungidos por el Espíritu de Dios.

Por eso la Biblia es el libro más importante que tiene la familia humana, es el libro de Dios para la familia humana, donde están las leyes divinas, donde están las profecías divinas, donde está la historia de Dios a través de la historia de la raza humana.

A través de la trayectoria de la raza humana encontramos la presencia de Dios; y por consiguiente, estamos viendo no solamente la historia de la raza humana, sino la historia de Dios en medio de la raza humana, en Su trayectoria acompañando a la humanidad. Dios siempre ha estado en medio de la familia humana, no ha dejado sola a la raza humana.

La raza humana es la corona de la Creación, y de la corona de la Creación tenemos la corona del ser humano, que es Jesucristo, el Hombre perfecto. Por lo tanto, Él es el eslabón entre el ser humano y Dios.

Por eso es el Intercesor, el que nos une con Dios, nos lleva a Dios por medio de Su Sacrificio en la Cruz del Calvario; nos reconcilia con Dios, y siempre está haciendo intercesión por los que se acercan a Dios por medio de Cristo para obtener la misericordia, el perdón de sus pecados, y ser limpios de todo pecado con la Sangre de Cristo.

Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, según el Orden celestial, el Orden de Melquisedec; ese Orden Sacerdotal al cual también los creyentes en Cristo como sacerdotes pertenecen a ese Orden Sacerdotal celestial; no al orden terrenal de Aarón sino al Orden celestial de Melquisedec, que es Cristo, nuestro Salvador.

Y también pertenecen al Orden celestial del Reino Divino; por eso son, los creyentes en Cristo, reyes con Cristo; pertenecen a ese glorioso Reino como príncipes y princesas del Reino de Dios. Recuerden que Cristo dijo: “A vosotros es dado el Reino... No temáis, manada pequeña, porque al Padre le ha placido daros el Reino.” [San Lucas 12:32]

Por eso es que en Colosenses también San Pablo dice, en el capítulo 1, verso 2 en adelante, que hemos sido trasladados al Reino de Su amado Hijo; y también en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21 dice: “Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos (o sea, que somos ciudadanos de ese Reino celestial), de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.”

Recuerden que Él dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” (San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20.)

¿Por qué Él podía decir: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra”? Recuerde que Él dijo en el capítulo 26 de San Mateo, verso 64: “Y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios.” Recuerden que el que está sentado en el Trono es el que tiene el poder del Reino; y cuando Esteban lo vio allá en el capítulo 7, dice que vio a Jesucristo sentado a la diestra del poder de Dios. 

Vamos a ver cómo lo dice… Esto fue cuando estaba siendo apedreado, y Saulo estaba viendo todo lo que estaba sucediendo. Capítulo 7, verso 53, dice... en adelante [Hechos]:

“...Vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.”

Por disposición de Ángeles el pueblo hebreo recibió la Ley en el Monte Sinaí. El monte estaba lleno de ángeles, huestes celestiales, y allí estaba el Ángel del Pacto, que es Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso Jesús podía decir en el capítulo 8 de San Juan, versos 56 al 58: “Abraham vuestro padre deseó ver mi día; lo vio, y se gozó.” Dicen los judíos: “Aún no tienes 50 años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesucristo les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo era Jesucristo antes que Abraham? Era nada menos que el Ángel del Pacto, era nada menos que ese Ángel que aparecía a los diferentes profetas del Antiguo Testamento, desde Génesis; era el que hablaba con Abraham, era el que hablaba también con los profetas, era el que hablaba con Adán también. Dios en Su cuerpo angelical, que es Cristo el cuerpo angelical, cuerpo teofánico en que aparecía a diferentes personas; como le apareció a Jacob, y Jacob se agarró de ese Ángel y no lo soltó.

Toda la noche estuvo luchando, bien agarrado de ese Ángel, y no lo dejaba ir, y ya en la madrugada el Ángel le dice: “Está rayando el alba; déjame, suéltame.” Recuerden que así es que hay que agarrarse de Dios: por la bendición de Dios prometida por Dios. Y Jacob le dice: “No te soltaré (o sea, ahí no podía obedecer a Dios)... No te soltaré hasta que me bendigas.” O sea, que ahora Jacob está poniendo las condiciones.

Y tenemos que agarrarnos bien de Dios, de Cristo, para recibir Su bendición, amar esa bendición divina. Y recuerde que esas bendiciones divinas trascienden al Reino de Dios, a la vida eterna; y por consiguiente, las tendremos por toda la eternidad.

Jacob sabía lo que buscaba, pues si había luchado en el vientre de su madre Rebeca, y había luchado con Esaú siendo unos bebés en el vientre; sin todavía nacer, ya Jacob estaba luchando por la bendición de Dios. ¿Qué estaba buscando Jacob? Nacer primero. Y para nacer primero, recuerden que el bebé se tiene que acomodar en la posición correcta, y no conviene que nazca de pie.

Ahora, Jacob tenía un problema, y era que su hermano estaba buscando lo mismo. Ahí tenían una lucha. Y cuando Rebeca va a consultar a Dios porque decía (acerca de la lucha que había): “¿Para qué vivir?” O sea, que prefería morir. Con dos muchachos ahí luchando... con uno es, y es difícil, ¿cómo será con dos?

Y Dios le dice: “Dos pueblos hay en tu vientre.” Y ahí Dios habla diciéndole que uno será mayor que el otro, y ahí Dios habla el futuro de cada uno de ellos. Vamos a ver cuál fue la conversación que hubo… Génesis, capítulo 25, dice, versos 19 en adelante:

“Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac,

y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padan-aram, hermana de Labán arameo.

Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer.

Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová;

y le respondió Jehová:

Dos naciones hay en tu seno,

Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas;

El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo,

Y el mayor servirá al menor.”

Tenían una lucha. Pero el que lucha creyendo que va a obtener la victoria y que ama por lo que está luchando, no se detiene hasta obtener la victoria.

“Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre.

Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú.

Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz.”

Ahora vean, esa lucha era tremenda; aun naciendo Esaú venía agarrado Jacob; y Jacob no se dio por vencido. Después siguió luchando, y con un negocio obtuvo la primogenitura. Él estaba luchando en el vientre por la primogenitura, porque el primero que nacía era el primogénito; y el primogénito tiene una doble porción de herencia. Y el Pacto es con el primogénito, el Pacto Divino.

Y por consiguiente, lo supiera o no lo supiera, Jacob estaba luchando por todo el territorio que Dios le había prometido a Abraham, por todas las bendiciones que Dios le había prometido a Abraham; porque en la Bendición de la Primogenitura están todas esas bendiciones; le corresponden al primogénito.

Por eso, cuando leemos en la Escritura que los creyentes en Cristo son los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de Dios, en el Libro de la Vida del Cordero, tenemos que comprender la bendición tan grande que envuelve ser un primogénito o una hermana primogénita en el Reino de Cristo; y Cristo es el que reclama toda esa herencia del Cielo y de la Tierra, para compartirla con todos los primogénitos escritos en el Cielo, que forman Su Iglesia.

A todo lo que Cristo es heredero, lo son también los creyentes en Cristo, porque son herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro. Por eso es que estamos aquí: porque Él nos ha llamado en este tiempo final, por medio de Su Palabra, para estar escuchando Su Palabra y conocer el Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo.

Sabemos que Jacob no perdió la fe ni la esperanza; él luchó en el vientre para obtener la primogenitura, y cuando nació, aunque no nació primero, luchó, continuó luchando por obtener la primogenitura; la compró por un plato de comida, de lentejas; fue el mejor negocio que Jacob llevó a cabo. Por eso se dice que los judíos son buenos comerciantes, porque son descendientes de Jacob.

Cuando Jacob compró la primogenitura por un plato de lentejas, estaba comprando toda la herencia de Abraham; toda la que Dios le dio a Abraham por herencia, como heredad, la estaba comprando por un plato de lentejas. Así que fue el mejor negocio que Jacob llevó a cabo.

Pero para preservar esa bendición, porque todavía esa bendición no se había materializado en lo que tenía que heredar... Estaba potencialmente la herencia en Jacob al recibir esa primogenitura, la cual compró; tipo y figura de Cristo comprándonos y comprando la herencia que perdió Adán y Eva en el Huerto del Edén, para compartirla con los creyentes en Él.

Recuerden que Cristo es el segundo Adán; y por consiguiente, los creyentes en Cristo son los descendientes del segundo Adán, en el Cuerpo Místico de Cristo, por medio del nuevo nacimiento.

La familia de Cristo, el mismo Cristo dijo [San Marcos 3:32-35]: “¿Quiénes son? ¿Quién es mi madre y mis hermanos?” Son los que oyen, los que guardan, los que hacen la Palabra, los que guardan la Palabra, los que oyen la Palabra; y esos son los creyentes en Cristo. Ellos son los descendientes del segundo Adán, que pasan por la etapa espiritual primero y luego les toca la segunda etapa, que es la física, donde recibirán el cuerpo nuevo y eterno, y recibirán la vida eterna física y juventud eterna. Y eso es la adopción de los hijos e hijas de Dios, la redención del cuerpo, del cuerpo nuestro.

Porque así como vivimos en la Tierra en estos cuerpos temporales: viviremos eternamente en cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad; y será el cuerpo que Dios pensó para usted y para mí desde antes de la fundación del mundo.

Recuerden que el nacimiento físico es a la semejanza de nuestros padres terrenales; pero el nacimiento en la familia del segundo Adán, es conforme a la imagen que recibió, los primeros en recibir el nuevo nacimiento; y luego la semejanza física cuando seamos transformados. Seremos semejantes a Él en Su Venida, eso es lo que dice la Escritura. O sea, que como descendientes del segundo Adán, de Jesucristo, seremos como Él: jóvenes, glorificados, y herederos y coherederos con Cristo nuestro Salvador.

Les dije que Jacob hizo el mejor negocio; pero el segundo Adán... El primer Adán hizo un mal negocio, pero el segundo Adán, Cristo, hizo el negocio más glorioso que se halla llevado a cabo: nos compró con Su Sacrificio en la Cruz del Calvario para tenernos como descendientes Suyos por toda la eternidad.

Y a través de la historia de Su Iglesia hemos tenido diferentes etapas, edades, generaciones de la Iglesia, en donde podemos decir: Entre los gentiles, la primera generación de Cristo fue la Edad de Éfeso, encabezada esa edad por Cristo en el mensajero San Pablo; y así de edad en edad.

¿Ya cuál generación pertenecemos nosotros, en la Iglesia del Señor Jesucristo entre los gentiles? A la generación o edad eterna de la Iglesia: la Edad de  Piedra Angular, la más importante de todas las etapas de la Iglesia; y la única que tenía y que tiene la promesa de y para la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles. Y Sus Ángeles son los ministerios de Moisés y de Elías, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos.

Es ahí en esa edad, donde esa promesa tiene que ser cumplida, y las demás promesas también. Por eso Cristo habló mucho acerca de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, y que será como el relámpago que sale del Oriente (donde estuvo el Hijo del Hombre, Cristo), y se muestra, se manifiesta, se revela, en el Occidente, que es el continente americano, al cual pertenece la América Latina y el Caribe. O sea, que ya sabemos que será en el Occidente la manifestación o revelación del Hijo del Hombre, y de ahí se extenderá para el mundo entero.

Tenemos todos los tipos y figuras de la Venida del Hijo del Hombre, dados por Jesucristo nuestro Salvador; y a medida que Él nos va a abriendo las Escrituras, todas esas promesas las iremos entendiendo; y estaremos escuchando Su Voz, y estaremos en pie delante del Hijo del Hombre en este tiempo final, en la manifestación del Hijo del Hombre, como Él lo ha prometido.

La promesa es que estaremos escuchando la Voz del Hijo del Hombre, la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo en este tiempo final.

El mismo Cristo en Apocalipsis nos dice, en el capítulo 22, verso 12: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

O sea, que lo que dijo San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 58: “Porque vuestro trabajo en el Señor no es en vano,” vean como Cristo dice: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra (su trabajo).”

No es en vano lo que hacemos en la Obra del Señor. Por más insignificante que alguien pueda ver lo que hacemos, Él no lo ve de esa forma; todo lo que hacemos, sea pequeño o grande a la vista humana, es grande delante de Dios.

El ejemplo está cuando Jesucristo fue al templo, y todos allí en el templo iban y llevaban ofrendas al templo (podían ser ofrendas y diezmos), y lo echaban en la urna correspondiente; y Cristo estaba mirando. Recuerden que Él ve, Él mira, observa lo que usted y yo hacemos en ese sentido también; Él mira con qué sentir del alma, del corazón, usted ofrenda o diezma para Dios.

Y Él dice... estaba viendo que (y los discípulos), que muchos echaban grandes cantidades, y una viuda echó unas moneditas. Y cuando Cristo ve eso, le dice a Sus discípulos que esa viuda echó más que todos ellos; porque esa viuda echó todo lo que tenía. O sea, que esa viuda ofrendó a Dios el ciento por ciento de lo que tenía. Los demás ricos trajeron de lo que tenían, de lo que les sobraba o de lo que tenían, y no llegaban al cincuenta por ciento.

Recuerden cuando el caso del joven rico  que guardaba todos los mandamientos de Dios, y le dice Cristo que guarde los mandamientos; el joven le dice: “Todo esto he hecho desde mi juventud. ¿Qué me falta?” —“Pues vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el Cielo, tendrás tesoro conmigo, tendrás tesoro en el Reino de los Cielos.” [San Mateo 19:16-30] Y entonces ya ahí se puso triste, como se ponen tristes algunas personas cuando les tocan el bolsillo; o sea, que dicen: “Todo, menos el bolsillo.” Cantar es bueno: canta, ir a la iglesia; pero cuando se trata de la parte económica para la Obra de Cristo, ahí algunos se ponen tristes, como el joven rico, y están representados en el joven rico: no quiso hacer tesoros en el Cielo.

Recuerden que Cristo dice [San Mateo 6:20]: “Haced tesoros (¿dónde?) en el Cielo.” Y la única forma de hacer tesoros es trabajando en la Obra del Señor en todas las formas que hay para trabajar, incluyendo la parte económica también.

Ahora vean cómo Cristo también habló de la parte económica. Y también dice [San Marcos 12:17]: “Dad a Dios lo que es (¿de quien?) de Dios, y al César lo que es del César.” Lo que es del gobierno, al gobierno; pero lo que es de Dios, a Dios. Y pueden leer Malaquías, capítulo 3, y ahí pueden conseguir más información de la parte física, de la cual Dios habló al pueblo hebreo, y habla a Su Iglesia también.

Es importante saber por qué estamos viviendo en este planeta Tierra. No hemos salido ni del mono y tampoco de ningún otro animal. Hemos venido de Dios. Como el mismo Cristo dice [San Juan 16:28]: “He venido de Dios y a Dios vuelvo.” Y Él es nuestro Pariente Redentor.

Por lo tanto, tenemos que estar conscientes de que estamos en la Tierra por y para un propósito divino. No podemos pasar por esta Tierra sin saber por qué hemos aparecido aquí: porque entonces no sabríamos para dónde vamos. Nuestra estadía en la Tierra es corta; porque no importa que la persona viva poco o mucho tiempo, lo importante es que esté viviendo en el Programa de Dios. Puede vivir cientos de años, pero si no está en el Programa de Dios: de nada le sirvió vivir tantos años en esta Tierra.

Por lo tanto, es importante en el tiempo que vivimos en la Tierra, sepamos quiénes somos en el Programa Divino, por qué estamos en la Tierra y qué  tenemos que hacer, qué oportunidad Dios nos da para que trabajemos en Su Obra, en Su Programa. Todas las oportunidades que nos da es por medio de Cristo nuestro Salvador. Por eso dice: “Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hecho, hacedlo todo en el Nombre del Señor Jesucristo.” [Colosenses 3:17] 

Y bien agarrados de Cristo nuestro Salvador, hasta que nos bendiga con la transformación de nuestros cuerpos; y para los que partieron: la resurrección en cuerpos eternos. Y no nos mantendremos agarrados de Cristo hasta ahí, sino que luego continuamos agarrados de Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

Hemos visto cómo Cristo, el Ángel del Pacto, el Hijo del Hombre, ha estado manifestándose de edad en edad y de dispensación en dispensación, a través de la trayectoria de la familia humana, de la raza humana; pero lo más que nos beneficia a nosotros es lo que Dios ha prometido hacer en este tiempo final, porque ya lo que hizo en el pasado es historia; y leemos la historia y vemos lo que ha hecho creyéndolo de todo corazón, lo cual luego viene a ser tipo y figura de lo que Él estará haciendo en este tiempo final.

Lo que usted haga en este tiempo, es lo que usted estaría haciendo si viviera en el tiempo de Noé; estaría bien agarrado, trabajando con Noé; y diciéndole quizás a Noé: “Vamos a avanzar. Vamos a avanzar que de un momento a otro puede comenzar el diluvio y nos ahogaríamos si no terminamos pronto el arca.”

Recuerden, ocho personas, ocho es un número que nos habla de eternidad. “Como fue en los días de Noé, así será el día en que el Hijo el Hombre se manifestará.”

Recuerden que la Edad de la Piedra Angular está representada en el número 8, porque es una etapa o edad eterna, que continúa por toda la eternidad y que recibirá todas las bendiciones prometidas para el tiempo final: las bendiciones que recibieron los creyentes del pasado y las que no recibieron ellos porque le tocaba a los creyentes de este tiempo final.

Así que estemos bien agarrados de Cristo nuestro Salvador, en este tiempo en el cual nos ha tocado vivir; y orando por nuestros familiares que todavía no han recibido a Cristo, para que Cristo también los llame; porque ya sea que entren al Cuerpo Místico de Cristo como escogidos, o que sean de las vírgenes insensatas que permanecerán con sus nombres escritos en el Libro de la Vida (y por consiguiente resucitarán después del Milenio para vivir eternamente), y allá los tendremos; porque todo lo que amamos Dios nos lo dará. Por eso tenemos que orar por nuestros familiares, meter dentro del alma ahí la petición y la fe ahí obrando, y Dios lo hará.

No se ponga a razonar cómo va a ser; haga todo lo que pueda hacer en favor de sus familiares: llévenle literatura, Biblia también, mensajes y la invitación para estar en las actividades, porque en algún momento se hará una realidad la petición que usted le ha hecho a Dios con relación a su familia. Todos queremos a nuestros familiares en el Reino de Dios, para vivir eternamente.

Por lo tanto, ya sabemos qué debemos hacer; y si lo hacemos creyéndolo, Dios lo concederá.

“LA TERCERA DISPENSACIÓN Y EL HIJO DEL HOMBRE.”

Recuerden que el Hijo del Hombre es Cristo, el Ángel del Pacto, el cual se manifiesta de edad en edad y de dispensación en dispensación, a través de diferentes profetas, en los cuales entra Cristo en Espíritu Santo y habla a ellos; y a través de ellos, al pueblo; y llama y junta a Sus escogidos correspondientes a cada etapa de Su Programa.

Es importante estar dentro del Reino de Dios, del Reino de Cristo, para que así estemos con paz en nuestra alma, porque Cristo es nuestra paz. Si Cristo está en nuestra alma, Él trae la paz a nuestra alma.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Por lo tanto, puede pasar al frente si está aquí presente y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente en donde se encuentran, allá en diferentes iglesias, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Lo más importante es la vida eterna. Esta vida que tenemos en la Tierra es temporal, y aun siendo temporal es buena. ¡Cuánto más la vida eterna! Y así como nuestro padres terrenales nos han dado la vida temporal, nuestro Padre celestial por medio de Cristo nos da la vida eterna.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor a todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30. Y también nos dice, en el capítulo 5, verso 24, nos dice: “El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no perecerá jamás.” Y nos dice que ha pasado de muerte a vida.

¿Y cómo una persona que recibe a Cristo como Salvador, pasa de muerte a vida? Es que las personas que viven en el planeta Tierra están muertas a la vida eterna. Si no tienen vida, la persona está muerta; y si no tiene vida eterna: está muerta a la vida eterna. Y por eso dice [Efesios 5:14]:

“Despiértate, tú que duermes,

Y levántate de los muertos,

Y te alumbrará Cristo.”

Por lo tanto, nos levantamos de entre los muertos (que no tienen vida eterna), y nos levantamos para recibir la vida eterna. Es una resurrección a la vida eterna espiritual; y luego viene la resurrección física a vida eterna física en cuerpos jóvenes, cuerpos glorificados.

Por lo tanto, recibimos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador para que nos dé vida eterna. Es vida eterna lo que Él dijo que nos daría. Dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo les doy vida eterna.” No hay otra persona que nos pueda dar vida eterna, solamente Jesucristo nuestro Salvador; porque Él tiene la exclusividad de la vida eterna.

Por lo tanto, tenemos que acercarnos al que tiene la exclusividad de la vida eterna para que nos dé la vida eterna, y ese es Jesucristo nuestro Salvador.

Los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, y las personas que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador en esta ocasión.

Dios tiene mucho pueblo en la República del Paraguay, y los está llamando en este tiempo; y tiene mucho pueblo en toda la América Latina, y los está llamando en este tiempo final; y en muchas otras naciones Dios tiene mucho pueblo, y los está llamando en este tiempo final.

“Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón.” [Hebreos 3:15] Él te esta llamando para darte vida eterna, la cual solamente Cristo te puede dar; porque no hay otra persona que nos pueda dar vida eterna.

Con nuestros rostros inclinados y nuestro ojos cerrados, los que están aquí presentes y los que están en otras naciones:

Padre celestial, que estás en los Cielos. Vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino, te lo ruego, en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino. Quiero vivir eternamente contigo en Tu Reino.

¡Sálvame, Señor! Haz una realidad en mí la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.)

Ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor, lo más pronto posible.” Recuerden, el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente, simbólicamente, está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Jesucristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el bautismo en agua en su simbolismo. El simbolismo del bautismo en agua, hemos visto lo que nos muestra.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu  Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente aquí con ustedes, para que les indique cómo hacer para ser bautizados; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre cada uno de ustedes y sobre mí también, y nos bendiga espiritualmente y materialmente, y nos fortalezca y nos coloque en la vida eterna, a los que están recibiendo a Cristo como Salvador; y pronto venga y resucite a los muertos creyentes en Él, y a los que estamos vivos nos transforme; y nos lleve con Él a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén y amén.

Dejo con ustedes al ministro aquí presente, y en cada país al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos.

“LA TERCERA DISPENSACIÓN: EL GOBIERNO HUMANO.”

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