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Amados amigos y hermanos presentes, nuestro amigo y hermano Eduardo Pagán Cabrera, a sus 87 años de edad ha partido de esta Tierra al Paraíso, para descansar de sus trabajos y vida terrenal.

Extiendo mis condolencias a su esposa Josefina Barbosa Tellez; a sus hijos e hijas Eduardo Pagán Barbosa, Jose Luis Pagán Barbosa, Lourdes Pagán Barbosa, Edith Pagán Barbosa, y a sus nietos y demás familiares, y a todos los hermanos en la fe.

Estamos conscientes de que cuando la persona termina sus días en esta Tierra, en el cuerpo terrenal, la persona continúa viviendo; no está muerta la persona, porque el ser humano es alma, espíritu y cuerpo, y lo que muere es el cuerpo, que fue tomado del polvo de la tierra originalmente cuando Dios creó a Adán del polvo de la tierra. Pero la persona, encontramos que al morir su cuerpo físico pasa a otra dimensión, o a otro plano, como algunas personas interpretan. Para los creyentes en Cristo es el Paraíso donde van todos los creyentes, que es la sexta dimensión, la dimensión de los ángeles, la dimensión de los cuerpos angelicales, que es la dimensión del espíritu de los creyentes en Cristo, y lo cual es el cuerpo espiritual de cada persona.

Lo más importante en el ser humano es el alma, porque el alma es lo que en realidad es la persona; el espíritu de la persona es un cuerpo de la dimensión de los espíritus, y el cuerpo físico es un cuerpo de esta dimensión terrenal; por lo tanto, cuando la persona muere físicamente, continúa viviendo en otra dimensión.

Por lo tanto, nuestro hermano y amigo Eduardo Pagán Cabrera no está muerto, lo que ha muerto es su cuerpo físico; él continúa viviendo. Y desde el Paraíso, que es la sexta dimensión, mira hacia acá y nos ve a todos aquí reunidos y despidiendo su cuerpo físico donde él habitó por 87 años, los cuales ya terminaron, los cuales fueron establecidos por Dios; porque Dios es el que decide la vida del ser humano.

Nuestra vida está en las manos de Dios y cuando Dios llama a la persona es cuando terminan sus días aquí en la Tierra, establecidos por Dios; por eso es que toda persona debe buscar a Dios mientras vive, sin importar que sea un niñito, un jovencito, un adulto o un anciano o anciana, porque no sabe cuándo tiene que dejar esta vida terrenal, este cuerpo terrenal.

Para todos los creyentes en Cristo están las promesas de parte de Cristo, de parte del Espíritu de Dios habladas por los profetas, por Jesucristo, por Sus apóstoles, que han dado testimonio de la verdad de que el ser humano no muere sino que pasa a otra dimensión.

El apóstol Pablo nos muestra lo que sucede en este tiempo en que la persona parte y lo que sucederá más adelante, en la Segunda Venida de Cristo. Veamos lo que nos dice San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 en adelante, y dice de la siguiente manera:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Esas son las palabras de consuelo para los familiares que pasan por estos momentos de dolor y que por consiguiente extrañan la ausencia de sus seres amados; pero el consuelo que Pablo el apóstol nos da, es que ellos están vivos y que regresarán con Cristo en Su Venida en la resurrección, y van a estar con nosotros de nuevo en cuerpos nuevos, eternos y jóvenes para toda la eternidad; y cuando los veamos, seremos transformados nosotros también. Iremos con ellos para estar con Cristo para siempre, ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero y estar con Él eternamente.

Por eso encontramos que el apóstol San Pablo, conocedor de este ministerio tan grande, en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, nos dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Vean ustedes, la Venida del Señor para el Día Postrero será para la resurrección de los muertos creyentes en Cristo y para la transformación de los creyentes que estarán vivos en este tiempo final, en la Venida del Señor Jesucristo, como está prometida.

Por lo tanto, estas palabras del apóstol San Pablo son de consuelo para todos los creyentes en Cristo cuando pasan por estos momentos de dolor, como este momento por el cual están pasando la esposa de nuestro hermano Eduardo Pagán, la señora Josefina y sus hijos, nietos y demás familiares.

Consolaos en estas palabras del apóstol San Pablo y las palabras de Cristo en la ocasión en que Lázaro murió, el amigo de Jesús y hermano de Marta y María.

Cuando Jesús llegó a donde ellos vivían, ya Lázaro había muerto, llevaba cuatro días de haber muerto. Jesús le dijo, en el capítulo 11 de San Juan, versos 23, en adelante:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Vean estas palabras del Señor Jesucristo y vean el conocimiento que Marta tenía con relación a la resurrección de todos los creyentes en Cristo para ser resucitados en el Día Postrero.

También en otra ocasión Jesucristo dijo, en el capítulo 6 de San Juan, versos 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Es una promesa de parte de Cristo para todos los creyentes en Cristo; palabras que son de consuelo para los familiares de toda persona que parte de esta Tierra y es un creyente en Cristo; por lo tanto, sean de consuelo estas palabras de Jesucristo y de San Pablo que hemos leído en esta ocasión.

Consolaos en estas palabras, esposa, hijos y nietos, y hermanos en la fe de nuestro hermano y amigo Eduardo Pagán Cabrera; y decimos: lo esperaremos de regreso en la resurrección, en un cuerpo glorificado y eterno y joven para toda la eternidad.

Que Dios les consuele y les guarde a todos.

“PALABRAS DE CONDOLENCIA POR LA PARTIDA DEL HERMANO EDUARDO PAGÁN CABRERA DE PUERTO RICO.”

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