ImprimirImprimir

Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes y en otras naciones, en este día en que se conmemora la crucifixión de Cristo alrededor de dos mil años atrás en Jerusalén.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de este evento tan importante que se llevó a cabo en Jerusalén allá en una cruz, una cruz romana, en la cual fue crucificado la persona más importante que ha pisado este planeta Tierra: el Señor Jesucristo nuestro Salvador.

Para lo cual leemos en San Juan, capítulo 19, versos 14 en adelante, donde dice:

“Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey!

Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.

Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y le llevaron.

Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota;

y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: Jesús nazareno, Rey de los judíos.

Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín.

Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.

Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito.

Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo.

Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice:

Repartieron entre sí mis vestidos,

Y sobre mi ropa echaron suertes.

Y así lo hicieron los soldados.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“JESÚS CRUCIFICADO CUMPLIENDO LAS ESCRITURAS.”

La muerte de Cristo en la Cruz del Calvario es recordada todos los años y todos los días del ser humano; porque Jesucristo es el segundo Adán, el Hijo de Dios que vino al mundo para buscar y salvar lo que se había perdido. Por eso Él dice que el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

El Señor Jesucristo, sabemos que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová que le apareció a Moisés, en el cual estaba Dios y habló a través de ese Ángel del Pacto, Dios habló; porque ese es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, llamado también el Espíritu Santo; porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión, y siendo el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios y era Dios a través del cual Dios creó todas las cosas y se hizo carne y habitó en medio de la raza humana.

Vean, Cristo es el Ángel del Pacto, por lo cual Él dijo en la última Cena con Sus discípulos, partiendo el pan y dando a Sus discípulos, dijo: “Comed de él todos; porque este es mi cuerpo que por muchos es partido, o por vosotros es partido.” Y tomando la copa de vino dando gracias al Padre, dijo: “Tomad de ella todos; porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” [San Mateo 26:26-28]

Ahí tenemos el mandato de Cristo también, de que hagamos estas cosas en memoria de Él; y San Pablo nos enseñó allá en el capítulo 11, de Primera de Corintios, y se conmemora la muerte de Cristo, la Crucifixión de Cristo en todas las ocasiones que se toma la Santa Cena, y se conmemora también en la Semana Santa.

Por lo cual, Cristo en la historia de la raza humana es la persona más importante de la raza humana, y del Cielo también, el cual vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, el cual estaba tipificado en los sacrificios que se efectuaban en medio del pueblo hebreo todos los años.

Por ejemplo, el sacrificio del cordero pascual representa el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario; por esa causa, cuando Juan el Bautista en el Evangelio según San Juan, capítulo 1, versos 27 en adelante, dice: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo,” ahí está mostrando que Cristo iba a morir, porque para quitar el pecado tenía que morir la persona que iba a quitar el pecado.

Por eso en los sacrificios que se efectuaban en el Antiguo Testamento el animalito tenía que morir, ser sacrificado, y así el animalito llevaba el pecado de la persona y quedaba cubierto con la sangre del animalito, aunque no quedaba borrado; porque los animales no tienen alma, y por consiguiente la vida del animal no puede regresar para estar en el ser humano; y por consiguiente era solamente cubierto el pecado del ser humano en lo que llegaba un Sacrificio perfecto, el cual llevaría y quitaría el pecado del ser humano.

La muerte de Cristo en la Cruz del Calvario está anunciada desde el Génesis, capítulo 3, verso 15, donde la simiente de la mujer (que es el Mesías) vendría para herir al diablo en la cabeza, y el diablo lo heriría en el calcañar, o sea, en los talones.

Ahora, encontramos que cuando Dios le dio vestiduras de pieles a Adán y a Eva, allí está representado también la muerte de Cristo para quitar y cubrir así la desnudez del ser humano ante Dios.

Todos los sacrificios señalaban a la Venida del Mesías y Su muerte como Sacrificio de Expiación por el pecado del ser humano. Cristo era el que había dado esas ordenanzas divinas, o sea, Dios a través del Ángel del Pacto, y el Ángel del Pacto es Cristo; por eso vino para establecer un Nuevo Pacto: “Esto es la sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

Por lo tanto, Jesucristo sabía que Él tenía que morir para poder salvar al ser humano; por eso dijo: “Nadie me quita la vida, yo la pongo por mí mismo para volverla a tomar.” (San Juan, capítulo 10). Y también Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva.” (San Juan, capítulo 12, verso 24).

Si Cristo no moría, no estaríamos nosotros aquí hablando y escuchando en esta ocasión, porque el día que Cristo murió era el día en que tenían que morir todos los seres humanos por sus pecados. Es como en el tiempo de la esclavitud del pueblo hebreo en Egipto, que Dios ordenó un sacrificio de un corderito pascual de un año, por los primogénitos hebreos que vivían en Egipto, y la sangre ser aplicada en la puerta, en el dintel y los postes de los hogares de los hebreos. ¿Para qué? Para librar al primogénito o primogénitos que estaban viviendo en esos hogares. Era lo único que libraba a esos primogénitos de la muerte.

Y lo único que libra a los primogénitos escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, es la muerte y Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario por todos nosotros. Esa es la señal.

Y por cuanto en Cristo estaba el Espíritu Santo, el Espíritu Santo es la Vida de la Sangre; y la Vida de la Sangre viene a la persona cuando recibe el Espíritu de Cristo, porque la Vida de la Sangre es el Espíritu Santo. Y esa es la señal, la señal que la persona es un primogénito y está sellado y protegido por la Sangre de Cristo al estar la vida del Espíritu Santo en la persona; al estar el Espíritu Santo, que es la Vida de la Sangre, esa es la señal para evitar la muerte espiritual, y también evitar la segunda muerte, que es el lago de fuego.

Por lo tanto, es importante que sepamos estas cosas para que así estemos firmes en la fe en Cristo todos los días, bien agarrados de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que la angustia existencial del ser humano es porque no sabe de dónde vino, por qué está aquí en la Tierra y hacia dónde va cuando termina sus días de vida terrenal; pero cuando recibe a Cristo como Salvador, ya entonces comienza a descubrir que vino de Dios por un propósito divino: para hacer contacto con Cristo, y por consiguiente, con la vida eterna: recibiendo a Cristo como Salvador, siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo bautizándolos con Espíritu Santo y Fuego, y produciendo en la persona el nuevo nacimiento.

Así que es importante sabe por qué Cristo murió en la Cruz del Calvario. Él podía evitar morir, pero Él dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda”; estaría caminando por todo el planeta Tierra sin encontrar una persona con quien hablar.

Así como el día del sacrificio del cordero pascual allá en Egipto, todos los primogénitos en Egipto tenían que morir, hebreos o gentiles; pero los hebreos fueron librados por el sacrificio que ellos efectuaron por mandato de Dios y revelación divina dada al profeta Moisés para el pueblo hebreo.

Y ahora, la muerte de Cristo es la que nos ha librado de la muerte física, porque si no hubiera muerto no estaríamos aquí; todos estaríamos privados de vivir en este planeta Tierra. Siendo simiente que vendría a través de nuestros bisabuelos, abuelos y padres, hasta aparecer aquí, eso no hubiera sido posible si Cristo no moría en la Cruz del Calvario.

Él estaría solo aquí con el planeta Tierra para Él, pero sin poder hablar con una persona. Todos tenían que morir el día que murió Cristo, así como en Egipto todos los primogénitos tenían que morir aquel día en que el sacrificio fue efectuado, la sangre aplicada en el dintel y los postes de cada hogar hebreo.

Por lo cual, le damos gracias a Dios por Jesucristo, que murió por nosotros en la Cruz del Calvario.

Ahora, para poder morir tenía que tener pecado, y Cristo no tenía pecado; tomó nuestros pecados y así se hizo mortal: llevando Él nuestros pecados y recibiendo la pena del pecado, que es la muerte. “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” [Romanos 6:23]

Por lo tanto, Cristo tomó nuestros pecados y así vino a ser mortal y pudo morir por nosotros en la Cruz del Calvario. Es como cuando viene un proyectil, el que sea, de arma blanca o arma de fuego, viene sobre - para una persona; y otra persona se mete al medio y recibe ese impacto y muere; esa persona murió por usted, usted está vivo porque alguien murió por usted, porque evitó que la muerte llegara a usted cuando fue dirigida hacia usted. Y así pasó con la muerte de Cristo.

Todos los seres humanos tenían que morir el día que Cristo murió; así como todos los primogénitos en Egipto tenían que morir, incluyendo los hebreos, cuando el sacrificio tenía que ser efectuado por el pecado del pueblo y para la preservación de la vida de los primogénitos; pero hubo un sacrificio que fue ofrecido en lugar de los primogénitos, para evitar la muerte de los primogénitos allá en Egipto.

Por eso Cristo, tipificado en aquel sacrificio del cordero pascual, es nuestra Pascua. Nuestra Pascua, la cual ya fue sacrificada, es Cristo. (Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7). Así que la muerte de Cristo, la cual fue profetizada en el Antiguo Testamento por el Espíritu Santo a través de los diferentes profetas, y por Juan el Bautista y por el mismo Cristo, se convirtió en una bendición para cada uno de nosotros.

Israel dijo que no colocaran en la Cruz: “He aquí vuestro Rey,” sino que dijeran que Él dijo que Él era el Rey.

“Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos; sino, que él dijo: Soy Rey de los judíos.”

Eso fue el verso 21 del capítulo 19 de San Juan.

Y en el capítulo 19, verso 15, 14 al 15, dice [San Juan]:

“Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey!”

Pilato, le dice a los judíos: “He aquí vuestro Rey,” mostrando a Cristo.

“Era la preparación…”

“Pero ellos gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! Pilato les dijo: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César.”

“No tenemos más rey que César.” Al decir eso están aceptando al César como su rey. Y por cuanto César, el emperador, era también el líder de la religión, y la religión que tenían ellos era de origen babilónica; ahora vean ustedes el problema en el que se están metiendo ellos al decir que el único rey que tienen es al César.

Por lo tanto, las palabras de Cristo en una ocasión del capítulo 5, dijo [San Juan 5:43]: “Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; cuando otro venga en su propio nombre, a él recibiréis.” Ese otro es el anticristo, y por consiguiente, es rey del reino de los gentiles, de todo el reino de los gentiles, que en el tiempo final estará en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido.

Por lo tanto, es importante reconocer quién es Jesucristo, qué hizo al morir en la Cruz del Calvario allí poniendo Su vida por nosotros.

Y ahora, encontramos que San Pablo dice [Segunda de Corintios 5:16]: “A nadie conocemos según la carne; y si a Cristo conocimos según la carne, ya no le conocemos así”; porque ya Su cuerpo fue transformado, resucitado y transformado, glorificado; y en medio de la Iglesia Él está en Espíritu Santo, por eso Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 16 en adelante. Y San Mateo, capítulo 18, verso 20. Y por consiguiente, Cristo no ha abandonado a los creyentes en Él. Donde estén dos o tres reunidos en Su Nombre, allí Él dijo que estaría.

Por lo tanto, podemos decir: “Jesucristo en Espíritu Santo está en medio de nosotros, bendiciéndonos, derramando Sus bendiciones, y está... y Él está fortaleciéndonos espiritualmente, y Él está dándonos Su Palabra de edad en edad; y para este tiempo final nos dará la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.” Porque Cristo en Espíritu Santo ha estado y continúa estando en medio de Su Iglesia para revelarnos Su Palabra, revelarse de edad en edad a través del mensajero correspondiente a cada edad, y hablarnos Su Palabra con la cual nos trae al Redil del Señor: Su Iglesia, y nos pastorea todos los días de nuestra vida.

Por lo tanto, la muerte de Cristo ha traído la bendición más grande que la raza humana haya recibido del Cielo: la salvación y vida eterna para millones de seres humanos. Esas son las ovejas del Padre que le han sido dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna, son las personas que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, somos todos nosotros.

“JESÚS CRUCIFICADO CUMPLIENDO LAS ESCRITURAS.”

Estaba ya profetizado que el Mesías en Su Primera Venida tenía que morir crucificado para así llevar la maldición del pecado, que es la muerte; y es maldito toda persona que es colgada en un madero.

Por lo tanto, miramos el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, Su muerte, como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; y con la promesa de que nos dará vida eterna, nos dará Su Espíritu Santo luego de recibirlo como nuestro Salvador.

Nosotros tenemos un Rey, Su Nombre es: Señor Jesucristo, Rey de los Cielos y de la Tierra. Nuestro Rey no es el César. Es el Señor Jesucristo.

Si hay alguna persona que todavía no tiene al Rey de los Cielos y de la Tierra acá en el trono de su corazón, lo puede recibir como Salvador para que Él entre a su corazón y sea el Rey sentado en el corazón, en el trono del corazón, para que gobierne sobre usted, para que gobierne su vida todos los días de su vida terrenal; y luego cuando parta de esta Tierra lo lleve al Paraíso de Dios, la sexta dimensión, y luego cuando termine Su Obra de Intercesión, lo traiga de nuevo y lo resucite en un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado.

Si hay alguna persona que todavía no tiene a Cristo, el Rey de los Cielos y de la Tierra, reinando en su corazón, lo puede hacer en estos momentos recibiéndolo como su Salvador; para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

En todos los países pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo para recibirlo como único y suficiente Salvador; y los presentes aquí, también pueden venir a los Pies de Cristo para recibirlo como único y suficiente Salvador.

Recuerden que no hay esperanza fuera de Cristo, no hay esperanza de vivir eternamente, aparte de Cristo nuestro Salvador. Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30).

Todos queremos vivir eternamente. Y para que podamos vivir eternamente es que Cristo murió en la Cruz del Calvario. Murió por mí, ¿y por quién más? Por cada uno de ustedes también.

Todo lo que Cristo tuvo que hacer por mí y por cada uno de ustedes allá en Jerusalén, en la Cruz del Calvario: poner Su vida en expiación por el pecado de todos nosotros.

Dios tiene mucho pueblo en esta ciudad de Cali y en todas las ciudades de la República mexicana y colombiana, en todos los departamentos, en todas las ciudades, en todas las comunidades de la familia colombiana, y de todas las naciones de la América Latina, el Caribe, Norteamérica y demás naciones.

La vida eterna es lo más importante que hay, y solamente se puede recibir a través de Cristo, recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador. El pobre y el rico, el que estudió y el que no estudió; todos lo pueden recibir como único y suficiente Salvador, creyendo en Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario para la remisión de nuestros pecados.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión; si falta alguno por pasar al frente aquí o en el país o en la ciudad o en el auditorio donde se encuentre, o iglesia donde se encuentre, pueden continuar pasando al frente allá también.

Los niños de 10 años en adelante también puede venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Recuerden que Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14]

Con nuestras manos levantadas al Cielo y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por ustedes:

Señor Jesucristo, vengo a Ti con todas estas personas. Señor.

Y ahora repitan conmigo:

Señor Jesucristo, vengo a Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego me perdones, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino, Señor Jesucristo. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos, me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo: ‘Id y predicad el Evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16). Y ahora, ¿cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta de cada uno de ustedes que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión.

El bautismo en agua es tipológico, es simbólico; el bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. El bautismo en agua es dado, ordenado por Cristo nuestro Salvador; es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, para toda persona que lo recibe como su único y suficiente Salvador; y la promesa es que Cristo lo bautizará con Espíritu Santo y Fuego, y producirá en la persona el nuevo nacimiento.

Recuerden que eso fue de lo que le habló Cristo a Nicodemo cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios (o sea, no lo puede entender).” Nicodemo le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede el hombre acaso, ya siendo viejo (ya siendo adulto), entrar en el vientre de su madre y nacer?” Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” [San Juan 3:3-5]

Nacer del Agua es nacer del Evangelio de Cristo, y nacer del Espíritu es nacer del Espíritu Santo. Tan sencillo como eso. Y esa bendición es para cada uno de ustedes también.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; ustedes que están aquí presentes y los que están en otras naciones, otras ciudades u otras iglesias en los diferentes lugares de la República colombiana, y en los diferentes lugares de otros países que están escuchando en esta ocasión el Evangelio de Cristo nuestro Salvador.

Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al ministro correspondiente aquí, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

“EL SEÑOR JESÚS QUE FUE CRUCIFICADO CUMPLIENDO LAS ESCRITURAS.” “JESÚS CRUCIFICADO CUMPLIENDO LAS ESCRITURAS.”

¿Ven? Todo estaba escrito de Él. La muerte de Cristo estaba profetizada para la Salvación de cada uno de nosotros.

Que Dios les bendiga y les guarde, y será hasta las próximas actividades de mañana, para los que les corresponde estar mañana aquí presentes; y el domingo para todos. Pueden traer invitados para que escuchen la Palabra del Señor y Cristo los llame y los coloque en Su Reino, y puedan tener vida eterna también. Traigan a sus familiares para que también escuchen la predicación del Evangelio de Cristo y puedan obtener la salvación y vida eterna, si todavía no lo han recibido como Salvador.

Que Dios les bendiga y les guarde, y dejo con ustedes al reverendo Mauricio Vivas a continuación, para que les indique cómo hacer para hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Dios les bendiga y les guarde, y hasta mañana y el domingo, Dios mediante.

“JESÚS CRUCIFICADO CUMPLIENDO LAS ESCRITURAS.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter