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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y todos los que se encuentran en otros lugares, ministros y sus congregaciones; y también un saludo especial para el misionero Miguel Bermúdez Marín; y también un saludo para nuestros visitantes, entre ellos el Lic. William Paras, la Lcda. Carmen Salzano y la Lcda. Susan Gil, y todos los demás visitantes que están presentes en esta ocasión.

Hoy tendremos la Santa Cena luego de esta primera parte de las actividades de hoy.

Para que veamos y sepamos cómo va el proyecto de construcción de la Gran Carpa Catedral, vamos a ver un video con cuatro partes importantes (o sea, que vendrían a ser cuatro videos, pero montado en uno). Vamos a ver así cómo va la construcción de la Gran Carpa Catedral, y vamos a darnos cuenta que está bien adelantada; y continuaremos haciendo el esfuerzo para que se adelante más… Son cuatro videos de la Embajada (¿o de la Gran Carpa Catedral?) Cuatro videos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, para que veamos cómo van los trabajos de la Embajada; y el próximo domingo será el de la Gran Carpa Catedral, para que veamos cómo van los trabajos de la Gran Carpa Catedral. Adelante con el video.

[Presentación del video-documental]

Ya vimos los trabajos que se están llevando a cabo por la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, y hemos visto la efectividad de estos proyectos en favor de la familia humana. Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le dan a estos trabajos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz.

Ahora, leemos en Primera de Corintios… Primera de Corintios, y también en Romanos, capítulo 5, verso 6 en adelante, dice:

“…Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla, nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“LA SEXTA DISPENSACIÓN: LA GRACIA.” La sexta dispensación, de la Gracia, es nuestro tema para esta ocasión.

Esta dispensación sexta, de la Gracia, es reflejada en la quinta dispensación con todos los tipos y figuras allí, que representan la Primera Venida de Cristo, Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario y lo que Él también haría luego de resucitado: ascender a los Cielos y sentarse a la diestra de Dios en el Trono de Dios.

En el Antiguo Testamento tenemos los sacrificios de animalitos, los cuales representaban el Sacrificio de Cristo; por esa causa fue que Juan el Bautista cuando vio a Jesús caminando por donde Juan estaba predicando y bautizando, dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29] Eso fue tipificado en el cordero pascual que sacrificó el pueblo hebreo allá en Egipto, los judíos o hebreos; y también está representado el Sacrificio de Cristo en el sacrificio del día de expiación, en donde se sacrificaban dos animalitos, dos machos cabríos, uno por Jehová y el otro por Azazel (vamos a buscarlo aquí para tenerlo claro el nombre).

Esos sacrificios, ambos machos cabríos, representaban a Cristo. El que muere, representa a Cristo muriendo; y luego el que no muere y es enviado por el desierto, representa a Cristo también, llevando nuestros pecados lejos de nosotros.

El macho cabrío… hemos visto que son usados para ser sacrificados por el pecado del que los ofrece; “porque la paga del pecado es muerte” [Romanos 6:23], y en lugar de morir el pecador, conociendo el Programa Divino de la expiación por el pecado, llevaba su animalito para que muriera en su lugar; y para todo el pueblo: el sacrificio de la expiación, reconociendo a Cristo como el Sacrificio de Expiación por el pecado.

Ahora, Dios había prometido a través del profeta Jeremías, capítulo 31, versos 31 al 36, un Nuevo Pacto que Él haría con Su pueblo. Y ese Nuevo Pacto fue reflejado en el Antiguo Pacto del Antiguo Testamento, pero ahora Dios va a hacer un Nuevo Pacto: ya no se usarán animalitos sino que el mismo Jesucristo será el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

No hay otra forma para libertar al ser humano del pecado. Tiene que ser hecho el Sacrificio por el mismo Señor Jesucristo, para lo cual Él vino a la Tierra. Él dijo que Él pondría Su vida en expiación por nosotros. Por lo tanto, Él era el que realizaría el Sacrificio de Expiación para salvarnos de nuestros pecados y poder recibir la vida eterna por medio del Señor Jesucristo.

Por eso en los Salmos aparece lo que fue la crucifixión, ya profetizada de antemano. Y también encontramos en José el hijo de Jacob, a Cristo reflejándose y siendo echado en una cisterna que no tenía agua, representa la muerte de Cristo; y levantándose, saliendo de allí, representa Su resurrección; y luego yendo a vivir a Egipto, y con el tiempo convirtiéndose en el Príncipe (segundo en el reino, después del Faraón) a cargo del cual pusieron la administración de Egipto, vean ustedes, eso es Cristo subiendo al Cielo y sentándose a la diestra de Dios, al cual y el cual le otorgó la administración de toda la Creación.

Por eso Él es, como Hijo de Dios, el heredero de los Cielos y de la Tierra. Todo fue creado por Él y para Él. Por lo tanto, Él está en el Cielo, en el Trono del Padre, administrando y también intercediendo por cada persona que lo recibe como su Salvador. Toda la vida intercede por la persona, cuando la persona pide que interceda por nosotros ante el Padre; y Él, Cristo, nos limpia de todo pecado que hayamos confesado a Él.

La dispensación sexta es la dispensación del Amor Divino expresado por medio de Cristo y Su Obra de Redención. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” [San Juan 3:16] O sea, que la Venida y muerte de Cristo aquí en la Tierra fue la manifestación más grande del Amor de Dios hacia la Creación y hacia el ser humano.

En el Programa Divino está que la persona que escucha la predicación del Evangelio y nace la fe de Cristo en su alma, y lo recibe como su Salvador, y es bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo: Él le dará el Espíritu Santo, y así nacerá de nuevo; no naciendo de nuevo por medio de una mujer y un hombre, sino por medio del Espíritu Santo y naciendo en el Reino de Dios.

Por eso es que la Escritura dice en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, que “nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde esperamos a nuestro Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya.”

El nuevo nacimiento es celestial, y el que nace del Agua y del Espíritu: del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo: ha nacido del Cielo, tiene ciudadanía celestial. Es, todo esto, en el campo espiritual, pues su espíritu que ha recibido es angelical, teofánico, como el cuerpo angelical, teofánico, de Jesucristo.

Allá en esa sexta dimensión, la dimensión de los ángeles, dimensión de los espíritus, es que teníamos que nacer si Adán y Eva no pecaban; o sea, venir en la línea correcta. Pero, vean ustedes, aunque parezca que se atrasó el Programa, para Dios no se ha atrasado; en eternidad nada se atrasa.

Teníamos que venir nosotros pero hubo un problema, para Dios entonces manifestarse como Redentor, como Salvador y como fortalecedor del ser humano, dador de la vida eterna al ser humano por medio de Cristo; porque nadie más puede darnos vida eterna, nadie nos puede restaurar a como era antes de la caída. Pero vino el segundo Adán, Jesucristo, el Hijo de Dios, y dio Su vida por todos nosotros. O sea, que nosotros no debemos nada al haber recibido a Cristo como nuestro Salvador; ya Él pagó nuestra deuda. Y si alguna falla, error o pecado comete algún creyente, lo confiesa a Cristo, y Cristo con Su Sangre lo limpia de todo pecado, y así lo mantiene limpio todo el tiempo.

Es que Él es el Sumo Sacerdote Melquisedec del Templo celestial. Y los creyentes en Cristo son descendientes en el campo espiritual, de Melquisedec, el Sumo Sacerdote del Templo celestial y Rey de Salem.

Por lo tanto, tenemos que estar agradecidos a Cristo por lo que Él hizo. Él siempre entendió que Sus discípulos no comprendían el Programa, y le dice a Pedro: “Lo que no entiendes ahora, lo entenderás después.” [San Juan 13:7] O sea, que lo importante era estar siguiendo a Jesucristo todos los días.

Ellos decían: “Nosotros lo hemos dejado todo por seguirte: trabajo, dinero, familia…” y salieron con Jesús acompañándolo en Su ministerio terrenal; y los apóstoles le preguntan, como Pedro: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo, ¿qué vamos a tener?, ¿qué tendremos?” Cristo le dice: “Cien veces lo que tenían; y en el Reino: la vida eterna.” [San Mateo 19:27]

La vida eterna no tiene precio, el precio lo pagó Cristo; y fue precio de Su Vida, el precio de Su Vida; y por consiguiente no hay otro Sacrificio por el pecado y tampoco hay otro Intercesor para los hijos de Dios. Solamente hay un Sumo Sacerdote Intercesor en el Cielo, que es el mismo Melquisedec, Jesucristo, el Hijo de Dios. Por eso nuestra fe siempre tiene que estar firme en Cristo.

Cristo es la Piedra Angular, Cristo es el Ángel del Pacto que le había dado al pueblo hebreo la Ley a través del profeta Moisés, en el Monte Sinaí; por eso es que la Biblia dice en el libro de los Hechos, y también en Hebreos, capítulo 2, que la Ley fue dada por comisión de Ángeles; y eso significa que Dios con Su cuerpo angelical estuvo allí presente hablándole a Moisés.

Bien dice el capítulo 3 del Éxodo, que el Ángel le apareció en una zarza ardiente; y era un Fuego, una Columna de Luz. Y Moisés fue a ver. Y cuando se acerca, le dice: “Moisés…” Le dice: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.” [Éxodo 3:6] Y era el Ángel del Pacto, era Cristo el Ángel del Pacto, que es el Espíritu Santo, el cuerpo angelical de Dios, en el cual le aparecía en diferentes ocasiones a muchos de los profetas.

Por eso Jesús podía decir en San Juan, capítulo 8, verso 56 al 58: “Abraham vuestro Padre deseó ver mi día; lo vio, y se gozó.” Le dicen: “Aún no tienes 50 años, ¿y dices que has visto a Abraham?” Jesús les dice: “Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Cómo podía ser posible que Jesús fuera antes de Abraham? Y tiene un título que es: Hijo de Abraham. ¿Cómo le llaman Hijo de Abraham si es antes que Abraham?, ¿y cómo le llaman Hijo de David si es antes que David?

Los títulos que tiene para manifestarse… esos son algunos de ellos; pero como Rey, como heredero, tenemos el título de Hijo del Hombre. Eso es como profeta, Cristo dentro del cuerpo que llamaran profeta o Hijo del Hombre.

Dios estaba en Cristo en toda Su plenitud. Por eso Él mismo se identificaba con el título de Hijo del Hombre. Como Hijo del Hombre es heredero del planeta Tierra.

Luego tiene el título de Hijo de David; como Hijo de David tiene —ese título— el contenido del Rey de Israel. Como Hijo de David, Jesucristo es el Rey de los judíos, el Rey de Israel, porque es el Hijo de David descendiente directo del rey David.

Y el Ángel Gabriel le dice a María en San Lucas, capítulo 1, versos 26 al 36, que ella va tener un niño, un hijo, va dar a luz un niño; y que le ponga por nombre Jesús; y que Dios le dará el Trono de David su padre, y reinará para siempre.

Como Hijo de David: heredero al Trono y Reino de David. Como Hijo del Hombre (les dije): heredero del planeta Tierra completo. Como Hijo del Hombre, para usar ese título tiene que aparecer conforme a como Él lo ha prometido: que la Venida del Hijo del Hombre será como en los días de Noé y como en los días de Lot. Y ya está el pueblo, la humanidad, como en los días de Noé y como en los días de Lot; está todo preparado para la Venida del Hijo del Hombre.

Y como Hijo de Dios (les dije), es heredero de los Cielos y de la Tierra.

Y cuando el Trono celestial de Dios y el Trono de David se junten, eso será el comienzo allá de la entrada a la eternidad —literalmente hablando— luego del Juicio Final.

Mientras tanto, cuando se siente en el Trono de David, eso es para reinar sobre Israel y sobre toda la humanidad en el Trono de David y Reino de David; lo cual es hablado como restauración del Reino y Trono de David. Y todo eso está bajo un Nuevo Pacto.

Por eso es tan importante la Venida del Señor, porque Él nos restaurará a la vida eterna física y nos llevará con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, esa fiesta tan importante donde Cristo y Su Novia, Su Iglesia, serán investidos de todo - toda la autoridad como reyes; el Rey y la Reina. Y por consiguiente también con el Título de Propiedad; el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, que es el Libro sellado con siete sellos.

El que tenga ese Libro, es el Rey. Y ese Libro lo recibe Cristo en el capítulo 5 de Apocalipsis; y lo trae a la Tierra a Su Iglesia, en el capítulo 10 de Apocalipsis; y lo trae abierto para poder llevar a cabo la redención física de nuestros cuerpos, transformándolos, y de los que murieron resucitándolos en cuerpos eternos. La sexta dispensación cerrará así.

Cuando Cristo vino estaban viviendo los judíos en la quinta dispensación, ya en el último siglo de la quinta dispensación. Estuvo tres años y medio de ministerio; había venido en el... a fines del cuarto milenio, y tuvo Su ministerio en el quinto milenio. De ahí hacia acá han transcurrido alrededor de dos mil años bajo un Nuevo Pacto, Dios con el ser humano y el ser humano con Dios.

Esto es bajo la dispensación sexta, la Dispensación de la Gracia, que es la dispensación del Amor Divino expresado por medio de Cristo hacia el ser humano; llamándolo como cuando llamó a Adán y Eva en el Huerto del Edén: “¿Adán, dónde estás tú?” Ese es el mismo llamado que Dios ha estado haciendo por medio de Su Espíritu Santo a través de Sus diferentes instrumentos que están en la Tierra, de edad en edad, para que sean reconciliados con Dios; para que las vestiduras... como fue vestido Adán y Eva con pieles de animalitos, por consiguiente sangrando esas pieles, y siendo cubiertos ellos delante de Dios.

Allí podemos ver que empezaron los sacrificios de animalitos, y hasta la quinta dispensación llegan los sacrificios de animalitos; y Cristo es el que con Su Sacrificio hace realidad lo que aquellos sacrificios de animalitos representaban: representaban a Cristo, el cual tomaría nuestros pecados. Dice: “Dios cargó en Él nuestros pecados.” [Isaías 53:6]

Y por consiguiente, si Él llevó nuestros pecados, al reconocer a Cristo como nuestro Salvador, Él los llevó, el cargó nuestros pecados, murió a causa de nuestros pecados, para que nosotros podamos vivir eternamente.

Y se recibe la vida eterna al recibir a Cristo como Salvador: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no perecerá jamás (y no será condenado), sino que pasó de muerte a vida.” [San Juan 5:24] Es un cambio que ocurre en la vida de la persona.

El ser humano que no conoce a Cristo puede siempre estar pensando: “¿De dónde vine?, ¿dónde estoy?” Mira hacia el Cielo, ve tantos planetas en las galaxias; y ahora la persona se encuentra aquí en la Tierra y no sabe de dónde vino, y no sabe hacia dónde va cuando muera. Solamente Cristo sabe de dónde hemos venido. Él dice, la Escritura dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna. El Padre - mi Padre que me las dio (miren de dónde vienen) - el Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” [San Juan 10:27-29]

O sea, que hemos venido de Dios con un propósito divino aquí en la Tierra: recibir a Cristo como Salvador y ser bautizados en agua en Su Nombre, y Él darnos el Espíritu Santo; y así producir el nuevo nacimiento, nacer del Cielo. Porque la vida eterna la reciben los que nacen del Cielo; y los que nacen de la Tierra, por medio de la unión de un padre y una madre, han nacido de la Tierra, y por eso reciben un cuerpo del polvo de la Tierra, que fue el primer cuerpo para el ser humano.

Los que nacen del Cielo, nacen en el campo espiritual primero, recibiendo el nacimiento en el campo angelical o espiritual. Primero obtienen el cuerpo angelical, y luego, en la Segunda Venida de Cristo, recibirán el cuerpo físico pero glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador. Con todas estas cosas es que terminará la Dispensación de la Gracia para (la Dispensación del Reino, la cual se entrelaza con la Dispensación de la Gracia) entrelazarse completamente y pasar todos al Reino Milenial de Cristo nuestro Salvador. 

Ese es el Programa de Dios: antes de pasar al Reino Milenial, la investidura la recibimos en el Cielo, en la Cena de las Bodas del Cordero. Hay una fiesta siempre que coronan a un rey o le ponen la cinta al que sale como presidente de una nación y a los gobernadores también. Así que estamos preparándonos porque fuimos invitados para estar en la Cena de las Bodas del Cordero.

Ahí Cristo estará como Rey, como el León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores. Por eso cuando en Apocalipsis, capítulo 19, aparece Cristo sobre un caballo blanco con un Ejército que vienen en caballos blancos y con vestiduras blancas, ese es Cristo viniendo con Su Iglesia para el establecimiento del Reino Milenial; y hay una batalla, porque el anticristo no va a querer soltar el poder.

Así que todas estas son cosas que están profetizadas, y por consiguiente van a suceder. Pero no se preocupen: vamos a tener un cuerpo glorificado para irnos de esta Tierra antes que comience la gran tribulación.

Siempre para ir a una fiesta uno busca la mejor ropa; y Cristo tiene para nosotros la mejor vestidura que va con la Cena de las Bodas del Cordero. Por lo tanto, siendo que estamos en la Dispensación de la Gracia, la dispensación para salvación y vida eterna de todo el que recibe a Cristo como Salvador, la cual Él da gratuitamente…; dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo la conozco, y yo les doy vida eterna.” [San Juan 10:27-30]

El único que puede dar vida eterna al ser humano es Jesucristo. Él tiene la exclusividad de la vida eterna, y la exclusividad también del ministerio de Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec. Y a todo lo que Cristo es heredero, lo somos también nosotros. Porque si hay un Sumo Sacerdote, hay otros sacerdotes también, y esos otros sacerdotes son: los lavados en la Sangre de Cristo nuestro Salvador. Y si hay un Rey, entonces hay príncipes y princesas en ese Reino, que son: los creyentes en Cristo, lavados con la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

En lo espiritual estamos reinando, en lo espiritual estamos como reyes y como sacerdotes también, y como jueces también. Y después con el Juez Supremo que es Cristo; porque Dios le ha dado a Cristo ser Juez de los vivos y de los muertos, de juzgar a los vivos y a los muertos. Y Su Corte Suprema la componen los creyentes en Cristo: ustedes y yo, y los de otras edades que ya han partido.

Es importante saber y que nos cuenten sin preguntar, que no esperen a que preguntemos... Como Pedro y los apóstoles: “Nosotros lo hemos vendido todo, lo hemos dejado todo, ¿y qué ahora tenemos?” Cristo les dice: “Cien veces o cien veces más lo que tenían, y en el Reino: la vida eterna; y también sentarse sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” [San Mateo 27:29] Ahí fueron colocados como jueces porque el Reino del Mesías será también un Reino teocrático, representado en el Antiguo Testamento en la etapa de los jueces; después vino la etapa de los reyes.

Y vean ustedes, el Reino del Mesías lo cubrirá todo; esa piedra, dice que crecerá como se crece a medida que se juntan más naciones; porque el crecimiento es la multiplicación de las células en la persona; y mientras más células tiene en el brazo, más grande es el brazo. Y en lo espiritual, así es también.

Es importante que sepamos cómo aumentar la fe. Los discípulos le preguntaron a Jesús: “Señor, oh Señor, auméntanos la fe,” porque no pudieron sacar un espíritu malo que estaba en un niño. Y ¿cómo se aumenta la fe? Por la Palabra.

La fe viene por el oír de la Palabra de Dios; y la fe va creciendo a medida que uno va leyendo y oyendo la Palabra de Dios para el tiempo en que uno vive. Y cuando la persona va creciendo, encontrará que su fe, su creencia es más fuerte; y que a medida que escucha de diferentes temas va aumentando la fe hacia esos temas también.

El que quiere vencer hará como hizo Jacob: Se agarró del Ángel del Pacto, del Ángel de Jehová, y no lo soltó hasta que recibió la bendición del Ángel. Allá por el capítulo 32 del Génesis, por ahí está… Uno tiene que estar agarrado bien de Cristo, con nuestras cabezas levantadas al Cielo; eso es nuestra mente pensando en las cosas del Cielo, en las cosas celestiales.

Por eso Jacob, allá le puso el nombre al lugar: Peniel; porque dijo: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.” (Capítulo 32, versos 24 al 32, del Génesis).

La Dispensación de la Ley tuvo la sombra, los tipos y figuras de lo que sería la Dispensación de la Gracia; por eso es que ya no se hacen sacrificios de animalitos, porque ya fue hecho un Sacrificio perfecto: el Sacrificio de Cristo. Y así por el estilo encontramos que las cosas que son tipo y figura en el Antiguo Testamento, ya en el Nuevo Testamento se hicieron realidad; y el Día de la Pascua representa a Cristo muriendo en la Cruz del Calvario por nosotros.

Cristo es nuestra Pascua, el cual murió por todos nosotros. Y esa fue la causa también por la cual Cristo dijo: “El que no coma mi carne y beba mi sangre no tiene vida permaneciente en sí.” [San Juan 6:54-56]

Es por la fe, creyendo en Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario por nosotros, que nos estamos comiendo la carne y bebiendo la Sangre; porque estamos creyendo en el cuerpo y la Sangre de Cristo, y lo que realizó por nosotros en la Cruz del Calvario. Y Él mismo dijo que hiciéramos esto en memoria de Él: que tomáramos la Santa Cena, en la cual el pan representa Su cuerpo, que fue partido, todo herido; y el vino representa la Sangre de Cristo nuestro Salvador.

Y Pablo dice: “Haced esto hasta que venga el Señor.” [Primera de Corintios 11:23-26] Es que en la Santa Cena, el pan y el vino representan el cuerpo y la Sangre de Cristo; y el Lavatorio de pies representa que Él nos mantiene limpios todo el tiempo con Su Sangre, en todas las ocasiones que le pedimos perdón a Cristo por haber pecado contra Él.

Pedro, cuando Cristo fue a lavar los pies de los discípulos y comenzó, cuando llegó donde Pedro, Pedro le dice: “Nunca me lavarás los pies.” Eso muestra que Pedro lo tenía en una altura mayor de dignidad que él. Lo amaba mucho, lo respetaba, y no quería que Cristo se humillara a lavarle los pies; porque el lavar los pies en aquel tiempo era trabajo de los esclavos, lavándole los pies a sus amos cuando llegaban de trabajar, y a las visitas también, lavándole los pies. Y Pedro no quería que Jesús bajara a ese nivel tan bajo.

Pero Jesús le dice: “Pedro, si no te lavare no tienes parte conmigo.” Pedro le dice: “Entonces los pies, la cabeza; todo.” Quería que lo bañaran. Porque cuando es asunto de entrar al Reino de Dios, cuando es asunto de tener parte con Cristo, no hay cosa grande que deba obstaculizar a la persona para mantenerse agarrado de Cristo y trabajar por Cristo en lo que Cristo le permite trabajar.

Es Cristo el que permite que trabajemos en Su Obra; pero nos da la libertad si queremos o no queremos, por el libre albedrío. Pero todos están llamados a trabajar, porque Cristo todo lo que hizo, luego lo estaría haciendo por medio de Su Iglesia. La Obra de Jesucristo continuó en y por medio de los miembros de Su Iglesia.

Así que podemos ver que tenemos una bendición grande y una responsabilidad grande también con Cristo, de no enterrar el talento que Cristo nos ha dado para que lo usemos en favor de Su Obra.

Algunos han usado sus talentos para las cosas del mundo, y el mundo es el que se ha beneficiado de ese talento que tiene la persona, cuando los talentos Dios los da para que le sirvamos a Él.

Melquisedec es Jesucristo en Su cuerpo angelical, y es el Sumo Sacerdote del Templo celestial; por eso es que todavía los juicios del Apocalipsis (las plagas, las copas) están aguantadas para caer. Será en forma consecutiva en el tiempo final. Y ya estamos viviendo en el tiempo final.

Por lo tanto, estemos preparados, porque hay promesas claras de una nueva manifestación divina, una nueva manifestación de Cristo en medio de Su Iglesia; y desde ahí se extenderá esa bendición y esa manifestación hacia otros países.

Habrá una bendición grande para los creyentes en Cristo y habrá una Gran Carpa Catedral donde la Tercera Etapa (llamada por el reverendo William Branham) se estará cumpliendo para ayudar a la humanidad.

¿Cómo comenzará? Eso le corresponde a Dios. ¿Y a nosotros? Tenerle el lugar para que Él cumpla lo que Él ha prometido; y trabajar en ese proyecto de todo corazón, con amor divino; porque es una promesa divina que tiene que cumplirse en medio del cristianismo.

En esa Tercera Etapa es donde los judíos van a ver al Mesías, van a ver a Cristo manifestado; y de seguro casi nadie se va a querer ir en esa temporada de la Tercera Etapa cuando comience. Ahora, ¿cuándo comenzará? Lo que sabemos de esa Tercera Etapa es que será en una Gran Carpa Catedral. ¿Comenzará la Tercera Etapa al principio, a mediado, o cuándo? Eso lo sabe Dios, y lo revelará Dios en el momento que Él desee revelarlo. Pero lo importante es estar preparados, estar pendientes, apartarnos de toda cosa mala, y servir a Dios con amor divino y con entusiasmo, para que así sea aceptado, acepto, lo que hagamos para el Señor.

Sabemos que viene la gran tribulación; y yo no quiero quedar aquí. Si alguien se quiere quedar, pues no obedezca la Palabra. Si alguien quiere irse: ahí tiene la Palabra, y manténgase bien agarrado de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que lo que Dios ha prometido por medio de Cristo, Él lo cumplirá en medio de Su Novia, Su Iglesia. También la Tercera Etapa será para las vírgenes, además de las vírgenes prudentes será también para las vírgenes insensatas, y será también para el mundo.

O sea, que la humanidad verá y también se va a beneficiar —de seguro— de sanidades, cuando Cristo las haga; aunque no podrán ser transformados, y por consiguiente no podrán ir en el rapto; porque los que van en el rapto son las vírgenes prudentes, las que serán transformadas. Las insensatas pasarán por la gran tribulación para ser purificadas. Y el mundo quedará en la gran tribulación. En la gran tribulación mueren las vírgenes fatuas, porque el anticristo las persigue y las mata; y morirán muchos judíos también, y no se sabe si igual o más… por lo menos los ciento cuarenta y cuatro mil también morirán como mártires, pero después resucitarán para estar en el Reino Milenial; como los eunucos de un reino, que le sirven a la reina.

Así que Dios tiene todo bien preparado y lo reflejó en el Antiguo Testamento.

Estamos en el tiempo en que Dios está llamando y juntando Sus escogidos conforme a Sus promesas, para prepararlos para la transformación y el rapto; y si alguno se tiene que ir antes, entonces que esté preparado para partir de esta Tierra a la dimensión de los ángeles, la sexta dimensión; la sexta dimensión donde se encuentran los muertos creyentes en Cristo, en cuerpo angelicales.

La sexta dispensación les dije que es la dispensación de la Gracia de Dios por medio de Cristo para el ser humano, por eso se le llama la Dispensación de la Gracia. Es la dispensación donde Dios hace una amnistía, en donde no le toma en cuenta los pecados, sino que lo limpia con Su Sangre, de todo pecado, y queda libre para servir a Dios.

Es la dispensación de la misericordia de Dios, es la dispensación de la intercesión de Cristo por el ser humano como Sumo Sacerdote del Orden de Melquisedec, es la dispensación del Hijo de Dios en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia; por eso es la dispensación del amor divino expresado a través de Cristo nuestro Salvador. Es la dispensación en donde toda persona puede recibir la salvación de su alma, creyendo en Jesucristo como su único y suficiente Salvador.

Todavía no ha terminado esa dispensación sexta; por consiguiente, todavía hay oportunidad para entrar al Nuevo Pacto que Dios ha establecido con el ser humano. Para lo cual, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede recibir; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; y lo bautice con Espíritu Santo y Fuego luego que sea bautizado en agua en Su Nombre.

Si hay alguna persona aquí presente que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer, y estaremos orando por usted; puede pasar al frente y oraremos por usted, y los que están en otras naciones también pueden recibir a Cristo como Salvador, para que Cristo les reciba en Su Reino, les perdone, con Su Sangre le limpie de todo pecado, y quede así libertado y colocado en el Reino de Jesucristo el Hijo de Dios.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que recibieron a Cristo como Salvador aquí y en los demás países.

Vamos a dar unos minutos para que también en los demás países puedan pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

No hay otro Salvador, solamente hay uno; y Su Nombre es: Señor Jesucristo.

“El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos; mas el que me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” (San Mateo, capítulo 10, verso 32 al 33).

“LA SEXTA DISPENSACIÓN: LA DISPENSACIÓN DE LA GRACIA.”

Vamos a orar por las personas que en otros países están recibiendo a Cristo como Salvador también. Con nuestros rostros inclinados, nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino; y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también la Tierra; y el pan nuestro de cada día dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que han pasado al frente para recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino; te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que están recibiendo a Cristo como Salvador en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados; y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador.

Señor Jesucristo, te recibo como mi único y suficiente Salvador. Perdona mis pecados y con Tu Sangre límpiame de todo pecado, y bautízame con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego en el Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. En Tu nombre glorioso, Señor Jesucristo, te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión se preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y así entren al Reino de Dios.

Como dijo Jesús: Él dijo que el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios; si nace del agua y del Espíritu, sí entra al Reino de Dios.

Y ahora dejo al ministro José Benjamín Pérez aquí, para que les indique cómo hacer para la Santa Cena y el Lavatorio de pies; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios me los bendiga a todos y les guarde, y hasta la próxima semana (en persona o vía internet). Siempre van a estar viendo ahí y escuchando.

Bueno, que Dios les bendiga y les guarde. Y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con ustedes el ministro José Benjamín Pérez. Y en cada país el ministro correspondiente para continuar.

“LA SEXTA DISPENSACION: LA GRACIA.”

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