ImprimirImprimir

Muy buenos días, o buenas tardes para los lugares que es ya después de las 12:00. Reciban mis saludos todos los ministros, y hermanos y hermanas reunidos hoy domingo en Puerto Rico y demás países de la América Latina, del Caribe, de Norteamérica, de Canadá y de todos los demás países; ministros y sus congregaciones, hoy domingo, día en que el cristianismo se reúne para alabar a Dios, orar y escuchar Su Palabra, tener sus escuelas bíblicas, y así ser enseñados en el Evangelio de Cristo.

Que las bendiciones de Cristo sean sobre todos ustedes y sobre mí también, en el Nombre del Señor Jesucristo. Y un saludo muy especial para el misionero Miguel Bermúdez Marín.

También extiendo mis condolencias y de esta congregación, a Manuel Figueroa y su familia, sus hijos e hijas y demás familiares allá en Acapulco, por la partida de su esposa, la cual fue a descansar al Paraíso y regresará en la resurrección con todos los creyentes en Cristo que han partido, lo cual ocurrirá en la Segunda Venida de Cristo a Su Iglesia.

Para este viernes próximo es... y en este marco, este viernes, 5 de junio, en el marco del Día Mundial del Ambiente, invitamos a todos los Activistas por la Paz a que “Celebremos la vida con nuestra Madre Tierra”: realicemos acciones ambientales de educación para comenzar a sembrar una cultura de ciudadanía verde, sustentable y en armonía con la Madre Tierra.

Para mayor información sobre estas actividades pueden comunicarse con el Coordinador nacional de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en sus respectivos países.

Invitamos también a ver el video-resumen del nuevo proyecto de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz: “Hijos de la Madre Tierra”, y algunos informes sobre las actividades de la Embajada Mundial durante la última gira de Colombia. Y también estaremos viendo un video de los trabajos de Chile, que resume el trabajo que hacen diferentes iglesias en Chile con el propósito de ayudar voluntariamente a la construcción del templo de la Gran Carpa Catedral.

La lona, todavía no se sabe la fecha en que se levantará; pero lo más importante es que los ministros tengan buenos equipos de sonido, como también buenas pantallas de televisión; y sus congregaciones también con un buen sistema de internet, para que ustedes ministros, junto a sus congregaciones, estén viendo en el día correspondiente cuando se levante, se instale, la lona de la Gran Carpa Catedral. Por lo tanto, el mejor lugar para estar los ministros de cada país es con su congregación, como el anuncio que fue hecho por Miguel y también por el reverendo José Benjamín Pérez.

Ahora pasemos a ver estos videos para estar al tanto de los trabajos que lleva a cabo la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, y los trabajos también que hacen iglesias, como allá en Chile las iglesias, para ayudar voluntariamente a la construcción de la Gran Carpa Catedral, un templo para Dios. Pasemos a ver estos videos, y luego estaré con ustedes nuevamente.

[Presentación de los videos-documentales]

Extiendo, en nombre de la Gran Carpa Catedral, el aprecio y agradecimiento a las iglesias de Chile por el respaldo, la ayuda que le están dando a la Gran Carpa Catedral, para la construcción de ese templo. Y también a todas las iglesias de todos los demás países, reciban nuestro aprecio y agradecimiento.

Leemos en Romanos, capítulo 5, versos 10 en adelante… capítulo 5, verso 5 en adelante (corrijo), hasta el 11. Dice:

“…Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es “LA GRAN VICTORIA EN EL AMOR DIVINO.”

La Escritura nos dice, hablándonos de la Primera Venida de Cristo, que Su Venida y Su muerte en la Cruz del Calvario fue una manifestación del Amor de Dios, del Amor Divino. Eso lo encontramos en el capítulo 3 de San Juan, verso 16, donde dice:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

O sea, que la Primera Venida de Cristo y Su muerte en la Cruz del Calvario fue la manifestación más grande del Amor de Dios hacia la raza humana: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga (¿qué?) vida eterna.” Fue para que el mundo fuera salvo por Él.

Ahora, encontramos que en aquel tiempo de la Primera Venida de Cristo, el mundo estaba para ser destruido como en el tiempo de Noé; pero Dios envió a Jesucristo, Su Hijo, para salvar al mundo, que estaba en el tiempo en que el juicio divino tenía que caer sobre toda la humanidad. Y Él (Cristo) al venir tomó el pecado del ser humano, se hizo pecado por nosotros y murió por nosotros en la Cruz del Calvario.

Eso estaba tipificado en los animalitos que eran ofrecidos por el pecado del ser humano en medio del pueblo hebreo, los cuales sacrificaban animalitos por el pecado. “Porque la paga del pecado es muerte.” [Romanos 6:23].

El ser humano tenía que morir, por eso sacrificaban animalitos por sus pecados; y como la persona tenía que morir, al colocar sus pecados en esos animalitos, ofreciéndolos a Dios, al morir el animalito: murió por los pecados de la persona. Aunque el pecado de la persona no era quitado, era cubierto con la sangre de esos animalitos, la cual era derramada; lo cual, proféticamente señalaba que algún día vendría el Hijo de Dios en forma humana.

Recuerden que el Hijo de Dios es Cristo, el Ángel del Pacto, el cual vendría en carne humana; para lo cual tenía que hacerse carne, porque Él también es el Árbol de la Vida.

No hay un árbol físico de vida eterna. Es Cristo el que tiene la exclusividad de la vida eterna, y la otorga a todas esas personas que están representadas en ovejas del Padre, que escuchan la Voz de Cristo el Buen Pastor, y lo reciben como Salvador, y Cristo les da vida eterna.

Por eso Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, versos 27 en adelante: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.”

¿Para qué escuchamos el Evangelio?, ¿para qué se predica el Evangelio y recibimos a Cristo como Salvador cuando se nos da la oportunidad de recibirlo, y luego ser bautizados en agua en Su Nombre? Para que Cristo nos dé vida eterna.

Recuerden que Cristo dijo [San Marcos 16:15-16]: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Y por consiguiente, sus pecados permanecerán en la persona, y pierde el derecho a vivir eternamente en el Reino de Dios.

Pero los que reciben a Cristo como Salvador, sus pecados son quitados con la Sangre de Cristo y son regresados al originador, que es el maligno; y queda libre, justificada la persona, como si nunca en la vida hubiese pecado.

Él es el que justifica al pecador que por la fe recibe a Cristo como Salvador y confiesa a Cristo sus pecados. No hay otra forma para el ser humano deshacerse de los pecados. Solamente hay una forma, y es por medio de Jesucristo.

Como en el Antiguo Testamento no había forma de ocultar los pecados, sino por medio de la Sangre de Cristo, tipificada en la sangre de aquellos animalitos; pero aquella no era la Sangre de Cristo, solamente tipificaba la Sangre de Cristo.

Ya no se necesitan sacrificios de animalitos, porque ya vino el Sacrificio perfecto: el de Cristo en la Cruz del Calvario, y con Su Sangre nos limpió de todo pecado; y ahora lo reconocemos, y desaparecen nuestros pecados al ser confesados a Cristo, son echados en la Sangre de Cristo. Y así como una mancha de tinta en una prenda de vestir, o una gota de tinta que se eche en un blanqueador como el cloro, desaparece, y nunca más usted encontrará esa gota de tinta o esa mancha de tinta en la ropa. Aunque quiera conseguirla, nunca la conseguirá. ¿Por qué? Porque volvió a lo que era antes de ser tinta, volvió a su origen.

Y eso es lo que hace la Sangre de Cristo cuando toma nuestros pecados y los desaparece de nosotros, y vuelven a su origen, que fue el diablo. O sea, eso es de él, y los recibe de nuevo. Recuerden que el diablo no quiere que los pecados del ser humano desaparezcan, porque regresan a él.

Ahora, Dios quiere que vivamos eternamente, y para eso Él tiene que quitar los pecados de la persona; y eso lo hace con la Sangre de Cristo derramada en la Cruz del Calvario; y Él hace intercesión con Su propia Sangre en el Cielo, en el Templo celestial, en el propiciatorio divino. Todo eso está dentro de la Obra del Amor Divino manifestado en la Primera Venida de Cristo.

Para el Día Postrero, recuerden que la manifestación del Amor Divino en toda su plenitud en favor del ser humano, es para salvación, para redención.

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Él vino para salvación. Por eso dice que “el Hijo del Hombre vino para buscar y salvar lo que se había perdido.” Para Él poder extender salvación y vida eterna, tuvo que hacerse carne el Verbo y habitar en medio de la raza humana.

Ahora miren en Segunda de Corintios, capítulo 5, versos 14 en adelante. Dice el apóstol San Pablo:

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;

y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (o sea, para que vivamos ¿para quién? Para Cristo).

De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.”

Recuerden que Él tiene un cuerpo glorificado, inmortal y joven para toda la eternidad; y un cuerpo así es el que está prometido para todos los creyentes en Cristo, para la Segunda Venida de Cristo a Su pueblo del Nuevo Pacto, que es Su Iglesia. Y será en un tiempo paralelo al tiempo de la Primera Venida de Cristo, y un tiempo paralelo al tiempo de Noé, y un tiempo paralelo al tiempo de Lot, que era el tiempo de Abraham.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”

¿Por qué? Porque ha nacido de nuevo, ha nacido en el Reino de Dios, y el Reino de Dios está en la esfera espiritual. La persona entra al Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia, en donde nacen los hijos e hijas de Dios; y por consiguiente tienen ciudadanía celestial, porque el nuevo nacimiento es del Cielo.

El nacimiento terrenal es el que obtuvimos por nuestros padres terrenales, y es para vivir una temporada aquí en la Tierra, para tener la oportunidad de hacer contacto con Cristo para recibir la vida eterna, obteniendo el nuevo nacimiento, del cual Cristo le habló a Nicodemo en el capítulo 3, versos 1 al 6, de San Juan, cuando le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Al Reino de Dios se entra y está, por consiguiente, en lugares celestiales con Cristo Jesús, porque el nuevo nacimiento es del Cielo, es celestial. Por eso San Pablo decía: “Nuestra ciudadanía está en los Cielos.” La ciudadanía del nuevo hombre, de la persona que ha nacido de nuevo.

“He aquí…” Dice:

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Por medio de Cristo hemos sido reconciliados con Dios. No hay otra forma en que el ser humano pueda ser reconciliado. Por eso “el día de la expiación” es el día de la reconciliación en medio del pueblo hebreo, conforme a Levítico, capítulo 23, versos 26 al 29.

Por eso en la última cena de Cristo con Sus apóstoles, en San Mateo, capítulo 26, Cristo, encontramos que tomando el pan y dando gracias al Padre, partió y dio a Sus discípulos, diciendo: “Comed, esto es mi cuerpo.” O sea, tipificando Su cuerpo en el pan. Y luego tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, dijo: “Esto es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por…” [Verso 28]:

“Porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

La remisión de los pecados en el Nuevo Pacto, el Nuevo Testamento, es por medio de la Sangre de Cristo nuestro Salvador. Por lo tanto, todo ser humano necesita a Cristo para obtener el perdón de sus pecados y para ser limpiados con la Sangre de Cristo de todo pecado, y ser reconciliados con Dios, obtener el nuevo nacimiento; y eso coloca a la persona como un hijo o una hija de Dios que ha nacido en el Reino de Dios.

Es en el Reino de Dios donde nacen los hijos e hijas de Dios, los cuales forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, hemos visto la manifestación del Amor Divino en la Primera Venida de Cristo, en Su Obra de Redención. Todo parecía que Él había sido derrotado; pero lo que había sucedido es que había obtenido la Gran Victoria en el Amor Divino correspondiente a Su Primera Venida. Y encontramos que luego de Su muerte y sepultura, vino la resurrección.

La gran victoria en el Amor Divino corona con la resurrección de los muertos en Cristo, tipificados en los santos del Antiguo Testamento, que resucitaron para nunca más morir. Y Cristo, en el cual estaba manifestado el Amor Divino en toda su plenitud, también fue resucitado, glorificado, para nunca más morir.

La próxima vez que habrá una manifestación plena del Amor Divino en favor de todos los creyentes en Cristo, será en la Segunda Venida de Cristo; en donde, con esa manifestación vendrá la resurrección de los muertos creyentes en Cristo en cuerpos glorificados eternos, inmortales y jóvenes para toda la eternidad, y la transformación de los que estemos vivos, en el Día Postrero.

Recuerden que en el Antiguo Testamento se habla de la resurrección, y en el Nuevo Testamento también se habla de la resurrección. El mismo Jesucristo hablando de la resurrección, dice en San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

El Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y también el Salmo 90, verso 4.

También sigue hablando Jesucristo acerca de la resurrección, y nos dice que Él es el Pan de Vida, y dice que el que come de ese Pan vivirá eternamente. Capítulo 6 de San Juan... San Juan, capítulo 6, versos 47 en adelante, donde dice:

“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna (recuerden que creer es comer espiritualmente).

Yo soy el pan de vida.”

El verso 51, dice: “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.”

Para poder continuar viviendo la humanidad, Cristo dio Su vida en la Cruz del Calvario; y para que nosotros podamos vivir eternamente en el Reino de Dios. Sigue diciendo, el verso 53:

“...De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros (recuerden que comer es creer).

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Vean que Cristo establece para cuándo Él va llevar a cabo la resurrección de los creyentes en Él que han muerto físicamente, y la transformación para los que estén vivos.

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

“El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece.” (Verso 56).

Y verso 57 al 58, dice:

“Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.”

Aquí podemos ver la importancia de creer en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador: Si la persona cree, vivirá eternamente; si no cree, no vivirá eternamente. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, todos tenemos que comprender la importancia de escuchar la predicación del Evangelio de Cristo, creer en Cristo y ser bautizados en agua en Su Nombre, y recibir Su Espíritu Santo. Es algo que ya está establecido por Dios.

Por lo tanto, usted no puede buscar ni hacerse una forma personal de salvación. No invente medios de salvación. Ya Dios hizo por medio de Cristo el medio de salvación, y lo tenía planificado desde antes de la fundación del mundo. Y como Él es el que va a dar la salvación y vida eterna, la persona tiene que hacer como ya Dios lo estableció por medio de Cristo. Cualquier otra forma no le dará vida eterna. Es por medio de Cristo; o no hay vida eterna para la persona.

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere (¿qué?) será condenado.”  (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Dios hizo un Programa sencillo, para que el que estudió y el que no estudió lo puedan aceptar, ejecutar, y puedan obtener la vida eterna. Dios hace las cosas sencillas para que estén al alcance de todas las personas.

Ahora, así como hubo una manifestación del Amor de Dios en toda Su plenitud en la persona de Jesucristo, para y en Su Primera Venida, y para la redención llevarse a cabo para el ser humano…, y ya la primera parte de la redención: la redención del alma, se ha llevado a cabo en las personas que han recibido a Cristo como Salvador, y han sido reconciliados con Dios, han recibido el nuevo nacimiento, el nuevo nacimiento como hijos e hijas de Dios.

El nacimiento que hemos obtenido con nuestros padres ha sido como hijos de nuestros padres. El nacimiento que recibimos de Cristo, el nuevo nacimiento, es como hijos e hijas de Dios. Pero todavía nos falta el cuerpo físico ser transformado, ser glorificado, para también en lo físico el cuerpo sea hijo de Dios: un cuerpo eterno, inmortal, glorificado, que Cristo nos dará, el cual resucitará en cuerpos glorificados, inmortales, a los creyentes que murieron; y a los que estén vivos los transformará.

Cristo resucitó domingo en la mañana, y domingo habla de una resurrección para vida eterna de los que resucitaron con Él, y para Cristo también. Por lo tanto, habrá una etapa o una edad de la Iglesia representada en el domingo, que es después del sábado. Después del séptimo día viene el domingo; o sea, que el día octavo viene a ser el primer día de la semana que está comenzando ese domingo.

Por lo tanto, no habrá solamente siete etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo entre los gentiles, sino que habrá otra etapa representada en el día octavo, el domingo; y esa viene a ser una etapa en donde se efectuará la gran victoria en el Amor Divino, dándonos la fe para ser transformados; y los muertos en Cristo ser resucitados en cuerpos eternos inmortales, y nosotros ser transformados para tener cuerpos jóvenes, inmortales, glorificados, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo; el cual está tan joven como cuando subió al Cielo ese día de rapto o arrebatamiento que Él tuvo.

Es importante saber que la resurrección de los muertos en Cristo del Nuevo Pacto, del Nuevo Testamento, no ha ocurrido todavía; no ocurrió en la primera edad, ni en la segunda, ni en la tercera, ni en la cuarta, ni en la quinta, ni en la sexta, ni en la séptima entre los gentiles; porque eso es para una etapa representada en el Domingo de Resurrección de Cristo, y esa etapa es la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular.

El reverendo William Branham dijo que los Truenos… el Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, versos 1 al 11, que es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte clamando como cuando un león ruge; porque ya no estará como Cordero sino como León, y no como Sumo Sacerdote sino como Juez y Rey de reyes y Señor de señores. O sea, que habrá un cambio en el Cielo, el cual se va a reflejar en la Tierra en la Segunda Venida de Cristo. Y habrá también un Nuevo Nombre del cual Cristo dice: “Y escribiré (eso es sobre el vencedor) sobre él, el nombre de la ciudad de mi Dios, el nombre de mi Dios y mi nombre nuevo.”

Él tiene un Nombre Nuevo. Y si tiene un Nombre Nuevo, lo va a usar. Y eso será para la gran victoria en el Amor Divino en la Segunda Venida de Cristo. Donde Él habla sobre el Nombre Nuevo es en el capítulo 2 de Apocalipsis, verso 17, donde dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

O sea, lo que el Espíritu Santo, que es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, dice:

“Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”

Y en el capítulo 3 del Apocalipsis, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.”

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Y si Él tiene un Nombre Nuevo, ¿quién se atreve a decir que no es así? Él dice que Él tiene un Nombre Nuevo y que lo va a escribir sobre el vencedor; y esto será para el tiempo de la gran victoria en el Amor Divino; porque la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero, será una manifestación del Amor Divino hacia Su Iglesia-Novia en el Día Postrero, para darle la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; darle la revelación del Séptimo Sello, la revelación de Su Segunda Venida.

Por lo tanto, todo esto va ocurrir en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” [San Mateo 28:20]

Él en el Día Postrero, cuando complete Su Iglesia, cambiará de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Rey de reyes y Señor de señores, y Juez de toda la Tierra; y tendrá a Sus escogidos en la etapa más gloriosa, la etapa de oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, que también está tipificada en el lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó el rey Salomón.

Recuerden que la Iglesia es un Templo espiritual donde mora Dios en Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia. Recuerden que Él dijo: “Yo estaré… Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí yo estaré.” (San Mateo, capítulo 18, verso 20).

Él ha estado en medio de Su Iglesia hablando de edad en edad, y manifestándole al pueblo, a Su Iglesia, Su amor hacia ella, a través de cada una de las edades o etapas de Su Iglesia. Y para el Día Postrero habrá una gran victoria en el Amor Divino; por lo tanto, habrá también una batalla, una lucha; porque no hay victoria sin una lucha. Y todo eso corresponde a lo que el reverendo William Branham llamó la Tercera Etapa. Esa Tercera Etapa y en esa Tercera Etapa, habrá una manifestación plena del Amor Divino.

Eso corresponde a la Tercera Etapa, que se va cumplir en el cumplimiento de la Visión de la Carpa. Y veamos lo que dice el reverendo William Branham acerca de esa victoria grande en el Amor Divino. Eso lo encontramos en el mensaje predicado por el reverendo William Branham, titulado: “El Verdadero Sello de la Pascua (o pascual),” de abril 2 de 1965, en Jeffersonville, Indiana; y vamos a leer un párrafo donde dice… Un joven le estuvo profetizando al reverendo William Branham en una actividad. Dice:

“Ahora fíjese cómo este hombre, fíjese cómo lo escribió. Usted puede ver que fue escrito en palabras extranjeras:

Tú has elegido la correcta y precisa decisión, y este es MI Camino. (‘¡Bendito Dios! Es Mi Camino,’ Él dijo) (Eso está entre paréntesis palabras del reverendo William Branham). Debido a esta importante decisión, una gran porción del Cielo te espera. (Él nunca había escuchado de la visión acerca de esto...)”

O sea, de la visión cuando el reverendo William Branham fue al Paraíso o sexta dimensión, y encontró los creyentes allá; a los cuales él había predicado, los que lo habían escuchado y habían muerto físicamente; y estaban en el Paraíso, que es la sexta dimensión, en cuerpos angelicales.

“(...¿Ve usted? Usted recuerda la visión). Una gran porción del Cielo te espera. ¡Qué gran decisión (tan gloriosa) tú has hecho! ¿Ve?

Ahora aquí está, de aquí en adelante yo no entiendo.”

Ahora, vamos a ver el resto de lo que fue hablado o profetizado al reverendo William Branham a través de un joven creyente en Cristo.

“Esto en sí mismo, es aquello… (un gran paréntesis aquí…) lo cual dará y hará que venga a suceder una victoria tremenda en el Amor Divino.

Yo no sé lo que esto significa, esto hará que venga a suceder.’ Tal vez en la pequeña carpa uno de estos días, sentado allá detrás, Él lo manifestará.”

Vean cómo une a una pequeña carpa, que se refiere a un cuartito pequeño que habrá en una Gran Carpa Catedral que él vio, que fue mostrada en sueño o visión en donde él vio la presencia de Dios, la presencia de Jesucristo en la misma Luz, la misma Columna de Fuego que le había aparecido a Moisés, y la misma Columna de Fuego que le aparecía a San Pablo, y la misma Columna de Fuego que le aparecía al reverendo William Branham. Esa Columna de Fuego es Jesús, el cual está en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia a través de las diferentes etapas de Su Iglesia.

En la trayectoria de Cristo en Espíritu Santo, en la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto viajando desde la tierra de Israel, donde estuvo en medio de los creyentes en Él, y después pasó a los gentiles, a Asia Menor, bajo el ministerio de San Pablo… podemos ver la trayectoria del Espíritu Santo, de Cristo en Espíritu Santo en Su Iglesia, de etapa en etapa.

Después de Asia Menor pasó, voló a Europa, donde tuvo cinco etapas de Su Iglesia y en donde envió cinco mensajeros, uno para cada etapa de Su Iglesia entre los gentiles. Como San Pablo fue el primer mensajero de Su Iglesia entre los gentiles, luego vinieron otros mensajeros ungidos por el Espíritu Santo, a través de los cuales Cristo en Espíritu Santo le habló a Su Iglesia, ungidos por la Columna de Fuego.

Luego voló de Europa a Norteamérica y ungió al reverendo William Branham, y lo acompañó en su vida. Por eso él podía decir: “ASÍ DICE EL SEÑOR,” porque era el Señor en Espíritu Santo a través de él hablándole a Su Iglesia en Amor Divino.

Y luego viene la etapa que es paralela a la etapa de la Primera Venida de Cristo; allá fue una etapa o Edad de Piedra Angular porque allí estaba la Piedra Angular, Cristo en Su Primera Venida, visitando a Su pueblo que estaba bajo el Antiguo Pacto dado por Dios a través del profeta Moisés.

Para el Día Postrero, Cristo en la Columna de Fuego, en Espíritu Santo, Cristo el Ángel del Pacto, volará hacia una Gran Carpa Catedral, y se posará sobre y en un cuartito pequeño de madera; y desde allí se manifestará en medio de Su Iglesia y para Su Iglesia en el Día Postrero, en el cumplimiento de la Tercera Etapa, en la etapa del Amor Divino, que es la etapa correspondiente a la Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro. El oro representa la Divinidad.

Para donde se vaya la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto, Jesucristo en Espíritu Santo, habrá, para ese territorio habrá una bendición, la bendición del cumplimiento de la Visión de la Gran Carpa Catedral; a la cual entró el reverendo William Branham y vio todo lo que allí estaba llevándose a cabo: cultos, predicación, llamamiento al altar, también oración por los enfermos y grandes maravillas el Señor llevando a cabo.

Siempre ha estado en algún lugar en medio de Su Iglesia, Cristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, porque Él dijo: “Yo estaré con vosotros  todos los días, hasta el fin del mundo.”

En el territorio donde se cumpla la Visión de la Carpa será el territorio de la manifestación del Amor Divino, y por consiguiente, de la gran victoria en el Amor Divino. Ese territorio será el que tendrá la bendición; bendición que se extenderá para otras naciones, pueblos y lenguas; porque la Tercera Etapa es para la Iglesia-Novia, por consiguiente, las vírgenes prudentes (que es la Iglesia-Novia); para las vírgenes insensatas, el resto del cristianismo; y para el mundo, la humanidad, que verá esa manifestación plena del Amor Divino, en donde Cristo tendrá para Su Iglesia la gran victoria en el Amor Divino: resucitará a los muertos creyentes en Él y transformará a los vivos creyentes en Él, en ese tiempo correspondiente a la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, la etapa de la manifestación de Amor Divino, para obtener Cristo la gran victoria en el Amor Divino. Es una promesa para la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, habrá miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo (unos presentes y otros a través de la televisión, a través de internet y diferentes medios de comunicación) viendo y escuchando lo que estará sucediendo, y obteniendo también los beneficios de la gran victoria en el Amor Divino que Cristo tendrá.

Y por consiguiente, la Iglesia del Señor Jesucristo con Él, tendrá esa gran victoria en el Amor Divino, en donde nos dará la fe para ser transformados, nos dará la revelación del Séptimo Sello, la revelación de Su Venida; y nos transformará a los que estamos vivos; a los que murieron los resucitará en cuerpos glorificados. Y luego de una estadía aquí ya con cuerpos glorificados y eternos, digamos de 30 a 40 días ya con los cuerpos nuevos… como Cristo y los que resucitaron con Cristo, estuvieron unos 40 días apareciéndole a muchos de sus familiares, y Cristo apareciéndole a Sus discípulos que se reunían para continuar en las oraciones y esperando la venida del Espíritu Santo para obtener el nuevo nacimiento y obtener esa victoria de redención, esa victoria de adopción, de nacimiento en el Reino de Dios.

Al recibir el Espíritu Santo se obtiene el nuevo nacimiento, se nace en el Reino de Dios.

Por lo tanto, para el Día Postrero será algo paralelo, que nos traerá la gran victoria en el Amor Divino, nos traerá la adopción del cuerpo, la redención del cuerpo, que será nuestra transformación; y seremos físicamente adoptados como hijos e hijas de Dios. Tan sencillo como eso.

Eso es lo que está prometido en la Escritura. Y eso será para la Final Trompeta, el Final Mensaje que se estará predicando, que Cristo estará hablando en el Día Postrero en medio de Su Iglesia y para Su Iglesia, para darle la fe para ser transformados; esa Gran Trompeta, el Mensaje final de Cristo para Su Iglesia y en medio de Su Iglesia, para Él tener y darnos la gran victoria en el Amor Divino.

Por lo cual, habrá una Gran Carpa Catedral prometida en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, en medio del cristianismo, a donde irá el Espíritu Santo para manifestarse en toda Su plenitud, y manifestar Dios por medio de Cristo en Espíritu Santo el Amor Divino en toda Su plenitud en medio de Su Iglesia.

Por eso la Edad de Oro de la Iglesia es también la Edad del Amor Divino manifestado por medio de Cristo nuestro Salvador.

Hoy en nuestro estudio bíblico, de escuela bíblica de esta ocasión, hemos visto el tema del cual habló el reverendo William Branham muchas veces: “LA GRAN VICTORIA EN EL AMOR DIVINO.”

Hemos visto dónde se cumplirá esa promesa divina para y en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo: en la Edad de Oro, la Edad del Amor Divino, la Edad de Piedra Angular.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos donde usted se encuentra, ya sea en Puerto Rico o en algún otro país, en la iglesia donde se encuentre, puede pasar al frente.

Los niños de 10 años en adelante también pueden pasar al frente para recibir a Cristo, y también jóvenes y adultos que todavía no han recibido a Cristo lo pueden hacer; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento. Para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

¿Por qué siempre damos la oportunidad para que las personas reciban a Cristo? Porque Cristo dijo que ni uno de estos pequeñitos se perderá: “No es la voluntad de nuestro Padre que está en los Cielos, que se pierda uno de estos pequeñitos,” que son las ovejas del Padre que le son dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna.

Y lo otro: que Cristo no puede salir del Trono de Intercesión hasta que se complete Su Iglesia, hasta que entre hasta el último escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, que son las ovejas que el Padre le dio a Cristo para que las busque y les dé vida eterna. San Mateo, capítulo 18, versos 10 en adelante... hasta el 14, donde habla que no es la voluntad de nuestro Padre que se pierda uno de estos pequeñitos, y que para eso vino el Hijo del Hombre: para salvar lo que se había perdido.

San Lucas también nos habla de este tema, y nos dice que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. O sea, que vino a buscar y a salvar, ¿a quién? Vino a buscarme a mí y a salvarme a mí. ¿Y a quién más? A cada uno de ustedes también.

Él no puede salir del Trono de Intercesión, donde está como Sumo Sacerdote con Su Sangre haciendo intercesión, hasta que entre hasta el último de los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Y todos queremos pronto, que Cristo termine esa Obra de Intercesión, para lo cual Él envió a predicar el Evangelio y a dar la oportunidad que reciban a Cristo como Salvador, sean bautizados en agua en el Nombre del Señor, y Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca el nuevo nacimiento en esas personas; y así nazcan en el Reino de Dios, entren a la Iglesia del Señor Jesucristo, que es donde nacen las ovejas del Señor, los hijos e hijas de Dios, el trigo.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, en diferentes países. Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino, y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como Salvador en diferentes países en donde se encuentran, y han pasado al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Señor, haz una realidad en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora muchos me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible, porque Cristo dijo que: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

El bautismo en agua es tipológico; el agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento de nuestro amado Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado, como Cristo fue sepultado en la tumba; y cuando el ministro lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna, como Cristo resucitó a la vida eterna dos mil años atrás.

Así resucitan a la vida eterna los creyentes en Cristo cuando nacen del agua y del Espíritu; y cuando reciben luego el Espíritu Santo han nacido como un hijo o una hija de Dios en el Reino de Dios; lo cual se requiere para obtener la vida eterna. Se nace a la vida eterna en el Reino de Dios cuando la persona nace del agua y del Espíritu, o sea, del Evangelio y del Espíritu Santo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino eterno de nuestro amado Señor Jesucristo.

Dejo aquí y en cada país al ministro correspondiente; aquí al reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indiquen cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Y les reitero: nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Dios. Hasta el próximo domingo, aquí, Dios mediante.

Y como ustedes quieren que sus familiares entren al Reino de Dios, reciban a Cristo como Salvador, sean salvos: Inviten a sus familiares para el próximo domingo, ustedes que están presentes y los que están otras naciones también. Inviten a sus familiares, porque probablemente los que faltan por entrar al Reino de Dios son familiares de ustedes; y ustedes han estado orando por sus familiares. Y por consiguiente, es una oportunidad que usted le da a sus familiares para que Cristo les hable por medio del Evangelio al corazón, al alma, y nazca la de fe de Cristo en el alma de sus familiares, y reciban a Cristo como Su Salvador, y obtengan la vida eterna; que es lo más importante que una persona puede recibir y que una persona puede tener. No hay nada más importante.

Y la vida eterna solamente la otorga una persona: Dios por medio de Jesucristo nuestro Salvador, porque Cristo tiene la posesión de la vida eterna para otorgarla a toda persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos ustedes que están presentes y a los que están en otras naciones, en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“LA GRAN VICTORIA EN EL AMOR DIVINO.”

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter