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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están en diferentes países, ministros y sus congregaciones; y también al misionero Miguel Bermúdez Marín un saludo; y también ¡feliz cumpleaños! para el ingeniero Iván Sarmiento, Coordinador de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en Colombia, y al Coordinador de Estados Unidos, Joel Ortiz; y también deseo felicitar a las madres bolivianas en su “día de las madres,” hoy, 24 de mayo del 2015.

A continuación tendremos tres reportajes de las actividades de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz durante la última gira por Colombia; por tanto, adelante con estos tres cortos documentales, para que estemos al tanto de los trabajos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz; y luego volveré para estar con ustedes.

[Presentación de los videos-documentales]

Esas fueron las actividades últimas que hemos tenido en el recorrido que he llevado a cabo este último viaje.

Ahora, leeremos Colosenses, capítulo 1, verso 12 al 23; y Segunda de Corintios, capítulo 12, verso 2 en adelante. Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante, dice:

“…con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;

si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.”

Y ahora leemos lo que dice Pablo en el capítulo 5 de Segunda de Corintios, verso 1 en adelante, dice:

“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial;

pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos.

Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.

Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor

(porque por fe andamos, no por vista);

pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor.”

Y ahora el capítulo 12 de Segunda de Corintios, verso 1 en adelante, dice:

“Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor.

Conozco a un hombre en Cristo…”

Recuerden que es el mismo Pablo hablando de su experiencia.

“Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; sí fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.

Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe),

que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.

De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades.”

Y ahora nuestro tema es “LAS DIMENSIONES.”

Hay diferentes dimensiones. Tenemos la dimensión de la luz (número 1), tenemos la dimensión de la materia (número 2), (número 3) tenemos la dimensión de tiempo o del tiempo. En esas tres normalmente es que nos movemos. Con la vista se hace contacto con la luz, con nuestro tacto se hace contacto con la materia, y así por el estilo.

Ahora, tenemos también la cuarta dimensión, que es la dimensión de las ondas, dónde está la radio y la televisión transmitiendo sus programas; transmite audio, fotos y videos, y actividades en vivo; esa es la dimensión de las comunicaciones.

Tenemos también la quinta dimensión. Esa es la dimensión donde va el pecador, porque no aprovechó su tiempo para recibir a Cristo y ser limpiado con la Sangre de Cristo, y por consiguiente le toca ir a esa dimensión. Dice el reverendo William Branham: “La quinta dimensión es un lugar horrible.” Es la dimensión donde las personas están como en una pesadilla (y a nadie le gusta estar en una pesadilla). Pero Dios ha puesto delante del ser humano la vida, que es Cristo, y la muerte; el que no escoge la vida para vivir eternamente y para que al morir no tenga que ir a la quinta dimensión… sino que vaya al Paraíso, a la sexta dimensión, que es la dimensión donde van los creyentes en Cristo cuando mueren sus cuerpos físicos aquí en la Tierra.

Esa sexta dimensión es la que todo el mundo quiere ir cuando muera su cuerpo físico. Se puede ir: recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Es la oportunidad que Dios le da al ser humano para ser reconciliado con Dios, y cuando termine sus días aquí en la Tierra, pase a la sexta dimensión, la dimensión de la teofanía, de los cuerpos teofánicos, de los cuerpos angelicales.

¿Y qué más hay después de la sexta dimensión? La séptima dimensión, en donde está Dios. En esa séptima dimensión es donde está Cristo como Sumo Sacerdote haciendo intercesión por todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador. Es la dimensión en donde Cristo saldrá del Trono de Intercesión, en donde Él está sentado desde que subió al Cielo, de lo cual Él habló en San Lucas, capítulo 22, verso 69, cuando dijo que el Hijo del Hombre, Él, se sentaría a la diestra de Dios.

Y por eso cuando ha sido visto por algunos de los apóstoles o han hablado los apóstoles acerca de Cristo, en dónde se encuentra, han dicho que está sentado a la diestra de Dios. ¿Y qué dice Cristo acerca de eso? Él dijo que se iba sentar a la diestra de Dios, y por consiguiente, en el Trono de Dios. Y al estar a la diestra de Dios… Vean ustedes, cuando un ejecutivo o un oficial o un presidente de una nación dice a una persona importante que él tenga, dice: “Este es mi mano derecha”; o sea, que todo lo que él va a hacer lo hace a través de esa persona.

Todo lo que Dios ha hecho en el pasado, está haciendo en el presente o hará en el futuro, es a través de Jesucristo. Y todo lo que Cristo ha hecho a través de las diferentes etapas de la Iglesia, lo ha hecho a través de Su Iglesia, donde han nacido Sus diferentes mensajeros para cada edad, han nacido en el Reino de Dios. Recuerden que San Pablo en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice: “Porque nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.”

O sea, la semejanza de Dios la obtendremos en la Segunda Venida de Cristo, cuando seamos transformados los que vivimos creyentes en Cristo, y los que murieron creyentes en Cristo sean resucitados en cuerpos glorificados. O sea, del polvo de la tierra Cristo creará un nuevo cuerpo, un cuerpo perfecto, glorificado, para cada creyente en Él que murió físicamente.

Por lo tanto, cuando Cristo salga del Trono de Intercesión allá en la séptima dimensión, la dimensión de Dios, donde Dios está sentado en Su Trono, y tiene el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos… que es el Título de Propiedad de la vida eterna, el Título de Propiedad de toda la Creación. Cristo el Cordero de Dios y Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, el cual hace intercesión con Su propia Sangre por cada persona que lo recibe como su Salvador, y lo mantiene limpio de todo pecado; en todas las ocasiones que la persona falla, siendo un creyente en Cristo, y no se aparta del Señor, Cristo lo limpia de todos esos errores, faltas o pecados, y así lo mantiene limpio; lo cual está representado en el lavatorio de pies.

Y cuando salga del Trono de Intercesión se convertirá o saldrá como el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo; tomará ese Título de Propiedad, lo abrirá en el Cielo; y en Apocalipsis, capítulo 10, desciende del Cielo con el Librito abierto en Su mano para traerlo a Su Iglesia, para la Obra de Reclamo.

Y así como Juan recibió el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos ya abierto… y Juan representa a la Iglesia del Señor Jesucristo y Sus mensajeros para cada etapa de la Iglesia; por lo tanto, Él viene con ese Título de Propiedad para traerlo a Su Iglesia, para restaurarla físicamente a la vida eterna, con cuerpos eternos y glorificados.

En cada edad está el grupo de creyentes con el mensajero de cada edad que los representa en la Tierra. La revelación divina viene de parte de Cristo, por medio de Su Espíritu, al mensajero; él la capta y da al pueblo, revela al pueblo, ungido por el Espíritu de Dios, lo que tiene que recibir el pueblo de esa edad. Y reserva una parte que no la puede dar al pueblo, porque le corresponde al mensajero mantener una parte de esa revelación, y sobre todo lo que está relacionado con él y el trato de Dios con él.

Puede dar a la ligera algunos detalles, pero toda la revelación que él tiene que guardar para sí mismo no la puede dar. Ahí vimos a San Pablo diciendo que él fue al tercer Cielo, al Paraíso, y vio cosas y oyó cosas; cosas que no le son permitidas al hombre conocer. Tenía que quedarse callado.

Así pasó con el reverendo William Branham cuando fue en visión a una Gran Carpa Catedral y vio todo allí; y luego entró a un cuartito pequeño, y allí vio cosas y oyó cosas; y vio un nombre, después buscaba un nombre que él había visto allí, y le fue prohibido decir las cosas que allí sucedían; todo el funcionamiento allí dentro le fue prohibido darlo a conocer, para que no se levantaran imitaciones, para así proteger el Programa de Dios; porque cuando se levantan imitaciones, echan a perder la Obra de Dios.

Ahora, siete dimensiones hay. La séptima es la dimensión de Dios, donde está Cristo; y cuando Él salga de allí, toma el Título de Propiedad, lo abre en el Cielo, luego pasará al Paraíso, a la sexta dimensión, allí juzgará a los mensajeros; y luego vendrá con todos ellos, los mensajeros con el grupo de su edad, para recibir un cuerpo glorificado y eterno. Es lo que llaman la resurrección de los muertos en Cristo; lo cual será que Dios, Cristo, del polvo de la tierra creará un cuerpo nuevo, eterno, glorificado, igual al cuerpo glorificado que Cristo tiene. Y los que estemos vivos seremos transformados.

Vean, viene Cristo del Cielo, de la séptima dimensión, pasa a la sexta dimensión; y de la sexta dimensión pasa a esta dimensión terrenal para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que vivimos.

No podía ser para la primera edad, pues ya la primera edad pasó y no sucedió eso; tampoco para la segunda edad; ya se cumplió el tiempo de la segunda edad y no sucedió la Venida del Señor con el Título de Propiedad para traerlo a Su Iglesia; tampoco en la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta, o la séptima; pues ya han transcurrido esas siete edades y Cristo todavía está en el Trono del Padre haciendo intercesión como Sumo Sacerdote, por todos los que lo reciben como Salvador.

De la séptima edad, el reverendo William Branham, luego dice: “Mire hacia arriba, la edad que viene, la Edad de Piedra Angular.” Esa no es la edad de San Pablo ni de los otros mensajeros, ni siquiera del reverendo William Branham. Él dice que está en esa etapa del cuello, que es lo que une el cuerpo con la cabeza o la cabeza con el cuerpo. La cabeza es Cristo.

Y ahora, si no fue para ninguna de las siete edades la Segunda Venida de Cristo, con los santos que partieron para resucitarlos, entonces, ¿para qué etapa es? Para la Edad de la Piedra Angular, que es la Edad de Oro de la Iglesia, es la Edad Eterna de la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde nuevamente el Año del Jubileo se cumplirá; porque es una etapa paralela a la del tiempo de Jesús, y aquella era la etapa de la Venida de la Piedra no cortada de manos, que era Cristo; y por consiguiente, la etapa para la Segunda Venida de Cristo es también Edad de Piedra Angular.

Para lo cual, en la séptima edad envió un mensajero, Juan el Bautista, precursando la Primera Venida de Cristo; y para el Día Postrero (para la séptima edad), envió el precursor de la Segunda Venida de Cristo, que fue el reverendo William Branham; y conforme a como Dios reveló a él todo lo relacionado a la Segunda Venida de Cristo, así será que se cumplirá.

Por lo tanto, es importante conocer el Mensaje que Dios trajo por medio de él, para que no se nos pase por encima la Segunda Venida de Cristo, como le pasó por encima a los doctores de la Ley, a los sacerdotes, a los fariseos, a los escribas, y aun también a los líderes políticos del tiempo de la Primera Venida de Cristo. El reverendo William Branham dice que todo será en simplicidad.

Ahora, una cosa importante es que habrá una señal física importante, grande, y es que la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo en la Edad de Piedra Angular tendrá en algún lugar, en algún país, una Gran Carpa Catedral, donde Jesucristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, en esa Columna de Fuego, entrará y se posará en un cuartito pequeño.

Ahí será el lugar final entre los gentiles, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, que Cristo en Su trayectoria desde Israel, Asia Menor, Europa y Norteamérica, llegará a la parte donde se tendrá una Gran Carpa Catedral y un cuartito pequeño de madera dentro de esa Gran Carpa Catedral. Y eso, pues lo tiene que llevar a cabo la Iglesia del Señor Jesucristo en la Edad de Oro, la Edad de la Piedra Angular.

O sea, que hay una señal física, como en el tiempo de Noé que hubo una señal física: el arca de Noé. Así como hubo un templo o tabernáculo en el tiempo de Moisés, donde estaba la presencia de Dios en esa Nube o Columna de Fuego. Y también en el tiempo del rey Salomón hubo un templo donde moraba en el lugar santísimo de ese templo la presencia de la Shekinah, la presencia de Dios en esa luz mística que le había aparecido a profeta Moisés en una zarza que ardía y no se consumía, allá en Horeb (lo cual está en Éxodo, capítulo 3).

Y ahora, la presencia de Dios en Espíritu Santo, Cristo el Ángel del Pacto en esa Columna de Fuego, en esa Columna de Nube, ha estado en medio de Su Iglesia de edad en edad, y ha ido pasando de una edad a otra, hasta llegar a la Edad de Piedra Angular, que es la Edad del Lugar Santísimo de ese Templo espiritual que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahí van a estar los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, conforme a Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14; y Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14. Ahí están representados los Dos Olivos, en aquellos dos querubines o ángeles de oro que estaban sobre el propiciatorio, que es la tapa de oro del Arca del Pacto; y en los dos querubines de madera de olivo gigantes, cubiertos de oro, que construyó el rey Salomón, colocándolos en el lugar santísimo del templo; ahí tenemos la madera de olivo, que nos habla de los Dos Olivos.

Esos son los Ángeles que Cristo envía con Gran Voz de Trompeta para llamar y juntar los escogidos, que son ciento cuarenta y cuatro mil escogidos, doce mil de cada tribu de los hijos de Israel.

Y veamos lo que dice el reverendo William Branham con relación a la Venida del Señor en el mensaje “La Fiesta de las Trompetas,” página 41, párrafo 189, dice:

“Esto será la trompeta. La fiesta será rechazada, entonces su Mesías será dado a conocer.

Noten, ellos conocerán a su Mesías cuando le vean. Él viene en poder esta vez, el que ellos rechazaron. Él viene en poder para la Novia Gentil. Y los judíos van a reconocerlo.”

O sea, que la promesa de la Segunda Venida de Cristo es para la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo; y los judíos van a ver al Mesías, a Cristo, al Ungido viniendo a Su Iglesia, y van a decir: “Este es el que nosotros estamos esperando.”

Eso es lo que dice también el reverendo William Branham, en la página 22 del libro de “Citas,” párrafo 176, dice:

“...trayéndolos otra vez a que crean… cuando vean a Jesucristo viniendo por la Novia, ellos dirán: ‘Mirad, este es el Dios a quien esperábamos. ¡Éste es Él!’ Pero Él no viene por ellos, viene por Su Novia.”

O sea, que la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo tiene una bendición grande para el tiempo final. Es la Venida del Ángel Fuerte que desciende del Cielo en Apocalipsis, capítulo 10, envuelto en una nube, y viene con el Librito abierto en Su mano, y viene clamando como cuando ruge un león; porque viene como León, ya no viene como Cordero; como Cordero vino en Su Primera Venida, y Su Segunda Venida es como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores, como Hijo de David.

Ahora veamos lo que dice el reverendo William Branham en el libro de “Los Sellos,” página 57. Dice:

“Y vi otro ángel fuerte descender del cielo, cercado de una nube, y el arco celeste sobre su cabeza... (Apocalipsis, capítulo 10).

17. Ahora, si usted se fija bien, notará que esta persona es Cristo, porque aun en el Antiguo Testamento Él fue llamado el Ángel del Pacto; y Él ahora viene directamente a los judíos porque la Iglesia ha llegado a su fin (ahora dice que viene a los judíos, pero vamos a ver). Bien, ahora continuando:

...y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

18. ¿Recuerdan el Ángel de Apocalipsis capítulo 1? Este es el mismo. Un ángel es un mensajero, y él es un mensajero a Israel. ¿Ve usted? La Iglesia está a punto de ser raptada, Él viene por Su Iglesia.”

El mensajero a Israel viene por Su Iglesia. O sea, que hay una relación de ese Ángel con Israel y con Su Iglesia, la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ahora, recuerden que ese Ángel Fuerte es Cristo viniendo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo. Fue llamado el Ángel del Pacto, fue llamado el Espíritu Santo. Página 120 y 121, dice… al final de la 120:

“94. Ahora, nosotros vimos la misma cosa, la cual es Cristo (está hablando de Apocalipsis 10); y sabemos que Cristo siempre es el Mensajero a la Iglesia. Él es llamado ‘Columna de Fuego’, ‘El Ángel del Pacto’ y así por el estilo.”

O sea, Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” [San Mateo 28:20]

En el Día Postrero, para la Iglesia del Señor Jesucristo, el Mensaje que Dios tendrá es por medio del Espíritu Santo, clamando como cuando ruge un león y Siete Truenos emitiendo sus voces. Ese es el Mensaje para la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, para darle la fe para ser transformados y raptados, y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Y todo eso lo recibirá la Iglesia en la Tercera Etapa, de la cual habla el reverendo William Branham, en donde Cristo estará manifestado en toda Su plenitud en una Gran Carpa Catedral.

Por eso es tan importante esa Visión de la Carpa y el cumplimiento de ella, para la gloria de Dios y bendición de todos los creyentes en Cristo que viven en este tiempo final; y los creyentes en Cristo que ya partieron, los cuales ahora mismo están mirando hacia acá, están escuchando lo que hablamos; y deseosos de regresar; porque ellos regresan para recibir un cuerpo glorificado, eterno, inmortal, incorruptible que Cristo les creará del polvo de la tierra.

Y nosotros también estamos deseosos, deseosos de que se cumpla la Visión de la Carpa, porque nosotros queremos ser transformados lo más pronto posible, antes que los juicios divinos caigan sobre esta Tierra.

Ya... recuerden que cuando viene una tormenta, comienzan los vientos a ponerse más recios; y ya con los terremotos como están, ya está bastante recia esa situación de los terremotos; y de los volcanes también, y de maremotos y tsunamis, y guerras por todos los lugares, y muchos temblores de tierra también. Por lo tanto, ya esos son principios de dolores de parto; porque la Tierra va a dar a luz una Tierra nueva. Por lo tanto, los volcanes con la lava volcánica que saldrá de ellos, y la ceniza volcánica, renovarán la Tierra, será preparada para el Reino Milenial de Jesucristo.

Todo está con dolores de parto, todo está clamando por la Venida de Cristo y Su Reino, el Reino Milenial. Y nosotros mismos clamamos por nuestra redención del cuerpo, que es la transformación de nuestros cuerpos, para estar con cuerpos glorificados, iguales al cuerpo glorificado que Cristo tiene, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo; porque seremos a Su imagen: cuerpo angelical, teofánico; y a Su semejanza física: cuerpo glorificado, que es un cuerpo interdimensional.

Recuerden que Cristo cuando resucitó entraba y salía donde estaban los discípulos, aunque tuvieran las puertas cerradas; o sea, que pasaba de una dimensión a otra; porque las dimensiones no están lejos, las dimensiones se manifiestan aquí en esta Tierra; por ejemplo, cuando aparecen ángeles, pues ellos están en otra dimensión; por lo tanto, esa dimensión está siendo manifestada.

O sea, que no hay que ir en un cohete de aquí a Venus para encontrar la dimensión de los ángeles, para encontrar la dimensión donde van los creyentes en Cristo. Está aquí mismo, y se extiende a una distancia que no sabemos.

Es... digamos, la dimensión de la luz, la tenemos; pero también tenemos la dimensión de la materia. ¿Ve? Están juntas. Lo que los separa es lo que es una (luz) y lo que es la otra (materia); y aun el cuerpo tiene luz también. Y también está la dimensión del tiempo aquí también con nosotros; por eso también usamos reloj, porque estamos en dimensión de tiempo.

También la dimensión cuarta, la dimensión de las ondas, está también presente, pero no puede ser por la vista, vista por la vista, por el ojo humano, porque es una dimensión más rápida; pero está con nosotros. Encienda un radio o un televisor y ya comienza a ver en esa dimensión.

Y para el Día Postrero, la quinta dimensión será abierta y estará sobre la Tierra. Esa dimensión también está, pero no es vista por el ojo humano; pero cuando muere un pecador, recuerden, pasa a esa dimensión. O sea, ahí mismo está la dimensión, como cuando Jesús pasaba de la dimensión visible a otra dimensión, o atravesaba una pared; así también pasan los no creyentes de la dimensión visible a la dimensión invisible, a la quinta dimensión; y los creyentes en Cristo, al partir de esta dimensión terrenal pasan a la sexta dimensión.

La sexta dimensión está también con nosotros, ángeles de Dios acampan en derredor de los que le temen (los creyentes en Cristo), y los defiende; y el Ángel de Dios, Cristo, dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” [San Mateo 28:20] Por lo tanto, esa dimensión está también con nosotros.

Digamos que todo está en círculo: primera dimensión de la luz; segunda dimensión de la materia; tercera dimensión del tiempo; cuarta dimensión de las ondas; quinta dimensión, el lugar donde van los perdidos y en donde permanecen como en una pesadilla, y esa es la dimensión en la cual está el infierno; y la sexta dimensión, donde están los santos creyentes en Cristo que han partido, que miran hacia acá, y no se sabe si en algunas ocasiones están en las actividades escuchando y cantando, y nosotros no los vemos porque está en una dimensión más rápida, que el ojo humano no puede percibir.

Y la dimensión séptima, la dimensión de Dios. Dios es Omnipresente, está en todas partes; por lo tanto, la dimensión de Dios, la séptima, también está entre nosotros. Todo gira en círculo. Recuerden que un círculo habla de eternidad, porque no tiene donde parar.

O sea, que para ir a la cuarta dimensión y ver la cuarta dimensión, lo que hay es que encender un televisor, porque a la vista humana no es posible ver en esa dimensión. Y para ver en la quinta dimensión, lo único que hay que ver: la situación en la que está la humanidad, influenciada por la quinta dimensión.

Dice que el enemigo de Dios, el diablo, es el príncipe de los aires, es el príncipe del reino de las tinieblas, es el príncipe de la quinta dimensión.

Dice San Mateo, capítulo 25, versos 30 o 31 [41] en adelante: “Si el infierno fue hecho para el diablo y sus ángeles.” Así que tiene esa dimensión para él, y nadie deseará quitársela, ni deseará pasar una temporada allí.

Es importante que los seres humanos sepan de estas cosas, para que sepan por qué Jesucristo vino a la Tierra y tuvo que morir en la Cruz del Calvario llevando nuestros pecados, para librarnos de la quinta dimensión y su príncipe, el diablo, enemigo de Dios.

Por eso es que hay una lucha, una lucha entre dos reinos. El Reino de Dios y el reino del diablo están en guerra, en lucha, desde hace miles o millones de años. Pero Apocalipsis muestra que esa lucha va a terminar con el diablo derrotado y echado al lado de fuego, donde no molestará más; será desaparecido, quemado, juntamente con todos sus seguidores.

El reino de las tinieblas va a desaparecer: su príncipe y todos los ángeles caídos y todas las gentes que se han quedado en ese reino y no han querido salir libres por medio de Cristo nuestro Salvador; no han querido ser trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Cristo, al Reino de Dios, al Reino de Luz.

Por lo tanto, ya está establecido lo que le espera a las personas que rechazan la misericordia de Dios por última vez.

Pero hay personas que reciben a Cristo como Salvador, y que vivirán eternamente en el Reino de Dios. Están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.

Esos son los hijos e hijas que Adán tenía que traer en aquel tiempo: hijos con vida eterna en cuerpos eternos, cuerpos inmortales. Pero no hay problema, porque el segundo Adán los está trayendo a vida. Primero, para que puedan tener vida eterna, tienen que nacer primero en la sexta dimensión. Eso es el nuevo nacimiento del cual Cristo le habló a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6, y le dijo: “El que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

El Reino de Dios es eterno, y los que entran al Reino de Dios entran a la vida eterna, nacen en la vida eterna por medio de Cristo, el Segundo Adán, en la manifestación de Cristo en la Segunda Eva, que es Su Iglesia de edad en edad.

¿Y dónde están los hijos de Cristo y Su Iglesia, de la Edad de Piedra Angular? Aquí estamos recibiendo la Palabra de Dios, el alimento espiritual para nuestra alma; están esos hijos e hijas de Dios, no solamente aquí presentes, sino en muchos países, y sobre todo en el continente americano.

La última manifestación que Cristo tendrá entre los gentiles será en la Edad de Piedra Angular, en una Gran Carpa Catedral. Tan sencillo como eso.

Y luego pasará la bendición a los judíos, por medio de los ministerios de Moisés y Elías, que estarán primero en medio de la Iglesia, en la Edad de Oro de la Iglesia.

La explicación a cómo será, cuándo será, y todas estas cosas, no puede ser dada a conocer por el momento, para que no se interrumpa el plan de Dios. Pero todo está preparado de parte de Dios.

Por lo tanto, los judíos están seguros. Ellos no recibirán a nadie, excepto a los Dos Olivos. ¿Y cómo será eso? Eso lo van a ver cuando esté cumpliéndose con los hebreos, con los judíos; y lo importante es conocer lo que corresponde a la Iglesia del Señor Jesucristo para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; nazca en el Reino de Cristo, en el Reino de Luz, en el Reino de vida eterna.

En los diferentes países pueden continuar pasando también al frente, los que todavía no habían recibido a Cristo, para que lo reciban como su único y suficiente Salvador, y estaremos orando por ustedes.

Vamos a dar unos minutos mientras en los diferentes países pasan al frente recibiendo al Señor como único y suficiente Salvador.

Hay que asegurar el futuro eterno; y como único lo podemos asegurar es con Cristo nuestro Salvador. Él tiene la exclusividad de la vida eterna; y por consiguiente, es el único que puede otorgarle vida eterna al ser humano. “El que oye mi Palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna.” San Juan, capítulo 5, verso 24. Y dice: “...y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Él nos da vida eterna, que fue lo que se perdió en el Huerto del Edén. Nos da vida eterna al alma y nos dará vida eterna al cuerpo físico, cuando lo transforme; pero ya tenemos vida eterna; y por consiguiente, tiene que venir la transformación de nuestros cuerpos en el Día Postrero, en el Día Final o Postrero, como dijo Cristo: “Y yo le resucitaré en el día postrero.” [San Juan 6:40].

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo recibiéndolo como su único y suficiente Salvador en diferentes países.

Con nuestros ojos inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, bendito Tu Nombre para siempre. Vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como Salvador en estos momentos, en diferentes países. Padre celestial, recíbelos en Tu Reino, te lo ruego, en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas, y con toda mi mente. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador. Doy testimonio de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino glorioso. Haz en mí una realidad la Salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora me dirán: “Quiero ser bautizado en agua lo más pronto posible; porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).”

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando es sumergido en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Bien pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador en diferentes países.

Será hasta el próximo domingo, Dios mediante, en que estaré nuevamente con ustedes aquí. Así que estaré bastantes días, unos cuantos domingos con ustedes aquí.

Oren mucho por mí, para que Él me dé todo lo que debo hablar a ustedes, para que la fe en Cristo en cada uno de ustedes se fortalezca cada día más, hasta que todos lleguemos a tener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Y recuerden que los Truenos darán la fe para transformación y rapto.

Que Dios nos dé esa fe por medio de la Voz del Ángel Fuerte que desciende del Cielo: Cristo, el Espíritu Santo, en el Día Postrero en el cual estamos viviendo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador. Y nos veremos el próximo domingo, Dios mediante.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar en esta ocasión.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LAS DIMENSIONES.”

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Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

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