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Muy buenos días, jóvenes del Día Postrero, del tiempo final en el cual nos ha tocado vivir: “JÓVENES ESCUCHANDO LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO EN EL DÍA POSTRERO,” para lo cual son los jóvenes del Día Postrero.

Jóvenes del Día Postrero, ¿para qué? Para escuchar la Voz de Dios.

Vamos a leer en San Juan, capítulo 6, verso 45, donde nos dice:

“Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.”

“JÓVENES ESCUCHANDO LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO EN EL DÍA POSTRERO,” por lo cual necesitamos saber cómo es que el Espíritu Santo va a estar hablándonos en este tiempo final, en el Día Postrero.

A través de la Escritura Dios nos muestra cómo es que Él habla a Su pueblo. Leemos Éxodo, capítulo 4, verso 12, donde le dice Dios a Moisés:

“Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.

Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.

Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón.

Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.”

Aquí podemos ver cómo Dios le iba a hablar al pueblo a través de Moisés, porque Dios colocaría Su Palabra en la boca de Moisés; y luego Moisés pidió que Dios enviara a otra persona, el cual vino a ser su hermano Aarón. Y por cuanto Moisés era el profeta dispensacional que Dios usaría para libertar al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, la Palabra Dios la ponía en Moisés, en la boca de Moisés; Moisés la hablaba a Aarón su hermano, y Aarón la hablaba al pueblo; porque Moisés pidió que Dios enviara a otra persona, pero Dios no puede enviar a otra persona para una edad o una dispensación aparte del mensajero, del profeta que Él tiene para ese tiempo. Sí le puede poner un ayudante si Dios así lo determina; pero la Palabra viene al mensajero de esa edad o de esa dispensación; y de ahí pasa a los que vienen a ser como Aarón, que reciben esa Palabra para darla a conocer a sus congregaciones, a las demás personas, llevándola impresa o grabada, o en la forma que esté disponible para esa ocasión.

Siempre el orden es el mismo. Por ejemplo, tenemos en Deuteronomio, capítulo 18, versos 15 en adelante, que nos dice… capítulo 18, verso 15 al 19 de Deuteronomio, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

Eso es lo que dice Dios, que Él pondrá Su Palabra en la boca del profeta que Él envía.

Los profetas han sido como Moisés, que reciben la Palabra de Dios y luego la hablan al pueblo. En los profetas se refleja el Mesías; y en quien se cumple plenamente esa Palabra, esa promesa: “Profeta de entre vuestros hermanos como tú, les levantaré de en medio del pueblo,” y dice que pondrá Su Palabra en la boca de ese profeta, se cumple en toda su plenitud en el Mesías Príncipe, se cumple de esa forma.

Por lo cual, Cristo, dos mil años atrás, cuando estaba con el pueblo de Israel, dice Él mismo, que Él no hablaba nada sino lo que el Padre le daba para hablar. Vamos haber si encontramos... Capítulo 8 de San Juan, verso 28, dice, incluyendo el 27:

Pero no entendieron que les hablaba del Padre.

Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.”

O sea, como el Padre le enseñaba a Jesús lo que le enseñaba, eso era lo que Él hablaba. Por eso en otros lugares de San Juan, dice que no hablaba nada de Sí mismo; que como Él escuchaba al Padre, así Él hablaba, Él hacía.

Así han sido siempre los profetas de Dios: que oyen la Voz de Dios revelándole Su Palabra, y ellos luego la hablan al pueblo; y esa es la Palabra de Dios para el pueblo. La hablan ungidos con el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, en esos profetas hablándole al Pueblo. Tenemos el caso de Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, que dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros...”

¿Cómo enviaba Dios la Palabra para el pueblo? Por medio del Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, Cristo en la Columna de Fuego, Cristo en teofanía en medio del pueblo ungiendo a cada uno de esos profetas; y revelándole, hablándole a esos profetas, la Palabra que tienen que hablarle al pueblo; y ungidos con el Espíritu Santo, hablaban al pueblo. Eso era el Espíritu Santo, Dios, hablándole al pueblo a través de carne humana, de un profeta.

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu.”

Siempre es por medio de carne humana que el Espíritu habla al pueblo; y eso es Dios enseñando a Su pueblo.

En San Juan, capítulo 14, también nos dice, verso 26:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

¿Cómo enseñaría el Espíritu Santo al pueblo? Por medio de los instrumentos que Él tendría en medio de Su Iglesia. Así como enseñó por medio de Jesucristo, así como enseñó por medio de los profetas, así como enseñó por medio del profeta Moisés, Dios por medio de Su Espíritu hablando a ese profeta, y luego a través de ese profeta hablándole al pueblo esa Palabra, esa revelación que le había dado a ese profeta.

El capítulo 15, verso 26 y 27 dice, de San Juan, también:

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio.”

Aquí podemos ver, nuevamente, que el Espíritu Santo vendría dando testimonio de Jesucristo. El Evangelio y las cartas apostólicas son el testimonio que ha dado el Espíritu Santo; y ha usado a seres humanos (a los apóstoles) para dar testimonio de Cristo y Su Programa de Redención, el Plan de Salvación para el ser humano.

Eso ha sido Dios enseñando a Su pueblo por medio de Su Espíritu Santo usando seres humanos a través de las diferentes etapas de la Iglesia en el Nuevo Pacto, el Nuevo Testamento.

De edad en edad, encontramos que Dios ha enviado diferentes mensajeros a Su Iglesia entre los gentiles; o sea, la Iglesia del Señor Jesucristo entre los gentiles ha tenido la bendición de estar escuchando, de edad en edad, la Voz del Espíritu Santo, de edad en edad, de etapa en etapa.

Por eso en Apocalipsis, capítulo 2 y capítulo 3, al final del Mensaje para cada iglesia, dice lo siguiente: Capítulo 2, verso 7, dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias...”

Todos los seres humanos tienen oído; pero el que tiene oídos para oír la Palabra de Dios.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.”

Cristo es el Árbol de la Vida. No es que haya un árbol literal que la persona coma y viva eternamente. Cristo es el Árbol de la Vida.

Luego, siempre al final de cada Mensaje para cada iglesia..., por ejemplo, en el capítulo 2, verso 11, también dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.”

Por lo tanto, vivirá ¿cómo?, eternamente,.

En el capítulo 2, verso 17, también dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (o sea, que siempre es el Espíritu Santo hablándole a Su Iglesia). Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”

Y en el capítulo 2 mismo, versos 26 en adelante, dice:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre;

y le daré la estrella de la mañana.”

Recuerde: la Estrella de la Mañana es Cristo, el Espíritu Santo, la Columna de Fuego.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Capítulo 3, versos 5 y 6, dice, de Apocalipsis:

“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Y en el capítulo 3 mismo, versos 12 y 13, dice:

“Al que venciere…”

Vamos a leer el verso 11, también:

“He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.

Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Y el mismo capítulo 3, versos 20 al 22, dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

El Espíritu Santo hablando a Su Iglesia, de etapa en etapa, de edad en edad; esas etapas o edades de la Iglesia están representadas en esas siete iglesias de Asia Menor, que tenían las características que estarían en las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo; y las condiciones que estarían, en el mundo están reflejadas (en las condiciones existentes) en los días de esas siete iglesias de Asia Menor.

Ahora, como hablaba el Espíritu Santo a Su Iglesia, de edad en edad, leamos lo que dice el reverendo William Branham con relación a la forma en que la Voz del Espíritu Santo fue escuchada por la Iglesia y en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, de edad en edad, de etapa en etapa.

Página 168 y 169 del libro de “Las Edades,” de “Las Siete Edades de la Iglesia” en español; esta versión dice:

“...El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” Note aquí que Jesús (por el Espíritu) en cada edad se dirige solamente a UNA persona, en relación a la Palabra para esa edad. Sólo UN mensajero en cada edad recibe lo que el Espíritu tiene que decir a esa edad, y aquel mensajero es el mensajero a la Iglesia Verdadera. Él habla por Dios, por revelación a las ‘iglesias’: Tanto a la verdadera y a la falsa. Así que el Mensaje es transmitido a todos; pero aunque es transmitido para todos los que están al alcance del Mensaje, tal Mensaje es recibido individualmente sólo por un cierto grupo calificado y de cierta manera. Cada individuo en aquel grupo es uno que tiene la habilidad para oír lo que el Espíritu está diciendo por medio del mensajero. (Por medio del mensajero de la edad en que la persona está viviendo). Aquellos que lo están oyendo (aquellos que están oyendo al mensajero), no están recibiendo su propia revelación, ni tampoco están (el grupo) recibiendo su revelación colectiva, pero cada persona está oyendo y recibiendo lo que el mensajero ya ha recibido de Dios.”

Ahí, podemos ver, la forma sencilla en que Dios le habla a Sus hijos, y la forma en que ellos escuchan la Voz de Dios: Por medio del Espíritu Santo hablando a través del mensajero de la edad en que están viviendo los hijos e hijas de Dios. Así es de edad en edad, de etapa en etapa.

La página 169, penúltimo párrafo, dice, al final:

“Cuánto cuidado debemos tener de oír UNA Voz, porque el Espíritu solamente tiene una Voz, la cual es la Voz de Dios. Pablo les advirtió que dijeran lo que él dijo, como también lo hizo Pedro. Él les advirtió que ni aun él (Pablo) podía cambiar una sola palabra de lo que había dado por revelación. Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros, y luego decir lo que les ha sido dado a ellos para las iglesias!”

Aquí podemos ver también, la importancia de oír la Voz de Dios, por medio de sus mensajeros.

Si estuviéramos viviendo en el tiempo de San Pablo, la bendición grande era oír la Voz a través de San Pablo.

Y así por estilo, el Mensaje, la Voz de Dios para cada edad, viene por medio del Espíritu de Dios al mensajero de cada edad, y luego él habla esa revelación, esa Palabra, ese Mensaje al pueblo, ungido con el Espíritu Santo. Y esa es la Voz de Dios para el pueblo, la Voz del Espíritu Santo hablándole y revelándole lo que está prometido ser revelado en cada tiempo.

La página 227, del libro de “Las Siete Edades de la Iglesia” en español, dice:

“Ahora, siendo que cada uno de estos mensajes es dirigido al ‘ángel’ (mensajero humano), su porción es una grande responsabilidad como también un privilegio maravilloso. A estos hombres Dios hace promesas especiales, como en el caso de los doce apóstoles estando sentados en doce tronos juzgando las doce tribus de Israel. Luego, acuérdese de Pablo, a quien se le fue dado una promesa especial: la promesa de presentar a Jesús a la gente de la Novia de su día.”

La gente de la Novia, de la Iglesia-Novia del día de San Pablo, le toca a San Pablo presentarla a Cristo nuestro Salvador. A cada mensajero de cada etapa de la Iglesia le toca presentar el grupo de escogidos al Señor.

Ahora pasamos a la página 265, penúltimo párrafo, dice:

Como ya hemos mencionado, Jesús se identifica con el mensajero de cada edad (¿Con quien se identifica Cristo, en cada Edad? Con el mensajero de cada Edad). Ellos reciben de Él la revelación de la Palabra para cada edad.”

O sea, que no hay muchos con la revelación, recibiéndola directamente de parte de Dios, solamente el mensajero correspondiente a cada edad; y de ese mensajero pasa al pueblo, a la Iglesia del Señor Jesucristo.

O sea, que la gente que vive en una etapa de la Iglesia escuchan la Voz del Espíritu Santo por medio de esa manifestación del Espíritu Santo en el mensajero de esa edad. Tan sencillo como eso. Un solo mensajero para cada edad.

“Esta revelación de la Palabra saca del mundo a los escogidos de Dios y los coloca en unión completa con Cristo Jesús. Estos mensajeros son llamados estrellas porque brillan con una Luz prestada o reflejada, la Luz del Hijo, Jesús. También son llamados estrellas porque son ‘portadores de luz’ en la noche. Así que en la oscuridad del pecado, ellos traen la Luz de Dios a Su pueblo.”

Hemos visto la forma en que los escogidos de Dios que forman la Iglesia del Señor Jesucristo y que son los hijos e hijas de Dios, escuchan la Voz del Espíritu Santo en la edad o etapa en que les toca vivir.

¿Y cómo la vamos a estar escuchando en nuestro tiempo? Pues en la misma forma: Dándonos a conocer las cosas que nosotros necesitamos conocer en este tiempo final.

Para nuestro tiempo también, de parte de Dios por medio del Espíritu Santo habrá un Mensaje Divino para el pueblo, para colocarnos en unión completa con Cristo y darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

El reverendo William Branham dice que Dios siempre obra en forma sencilla, por eso siempre viene la Palabra de Dios en forma sencilla para el pueblo.

No se requiere que el pueblo sepa términos teológicos para recibir la Palabra, para que se haga carne en ellos. Solamente oír la Voz del Espíritu Santo en el tiempo que le toca vivir a la persona, por medio de esa manifestación del Espíritu Santo en el mensajero correspondiente al tiempo en que la persona está viviendo.

Vean, Cristo mismo decía en Su tiempo, que Él no hablaba nada de Sí mismo, sino que Él hablaba y hacía lo que veía al Padre hablar y hacer. Por lo tanto, esa ha sido la regla divina para hablarle a Su pueblo, de edad en edad, de dispensación en dispensación también.

Y ahora, leemos en San Juan, capítulo 16, verso 12 en adelante, dice:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad (o sea, el Espíritu Santo), él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.”

Y para el Espíritu Santo enseñarle, darle a conocer a Su Iglesia las cosas que han de suceder, pues usa velos de carne, de edad en edad: en el tiempo de los apóstoles, en el tiempo allá de San Pedro y los demás apóstoles que acompañaban a Jesús, y también en el tiempo de San Pablo con los gentiles; y así por el estilo, en el tiempo de cada mensajero en el Cuerpo Místico de Cristo.

Estos mensajeros a través de los cuales habla el Espíritu Santo a Su Iglesia, están dentro del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia del Señor Jesucristo. O sea, que no puede venir otra persona que no sea un creyente en Cristo diciendo que tienen un Mensaje de parte de Cristo, de parte de Dios.

Por cuanto es con la Iglesia del Señor Jesucristo que está el Nuevo Pacto, es en y con la Iglesia de Cristo que está la Voz del Espíritu Santo de edad en edad; así como estuvo la Voz de Dios con el pueblo hebreo, de etapa en etapa allá, a través de los profetas que Él enviaba de edad en edad, de etapa en etapa.

Y aun el Mesías Príncipe tuvo que venir también allá en Israel, porque era el pueblo con el cual tenía el Pacto Antiguo que recibió en el Monte Sinaí; tenía que venir a la Iglesia del Antiguo Testamento, que es el pueblo hebreo.

Y ahora la Segunda Venida de Cristo la está esperando la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la que está dentro del Nuevo Pacto oyendo la Voz del Espíritu Santo, de edad en edad, de etapa en etapa; y ya la Iglesia del Señor Jesucristo se encuentra en la etapa paralela a la de la Primera Venida de Cristo.

Ya tuvo la Iglesia del Señor Jesucristo el precursor de la Segunda Venida de Cristo, así como Israel tuvo allá la venida del precursor de la Primera Venida de Cristo, que fue Juan el Bautista; porque al final de la Dispensación de la Gracia es igual al final de la Dispensación allá de la Ley; por eso apareció Juan el Bautista preparándole el camino al Señor y diciendo que después de él vendría Uno mayor que él, del cual él no era digno de desatar la correa de su calzado.

Y dijo: “Yo les bautizo en agua (bautismo para arrepentimiento), pero el que viene después de mí es mayor que yo. Él les va a bautizar con Espíritu Santo y Fuego.” [San Lucas 3:16]

Al final llegó Jesús, y Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es del cual yo di testimonio que vendría después de mí. Este es al cual yo le estoy preparando el camino, este es del cual yo estaba hablando.” [San Juan 1:26-34]

Estamos en un tiempo paralelo al de Juan el Bautista y Jesús el Cristo. Ya se fue el precursor de la Segunda Venida de Cristo en el 1965, y lo que sigue es la Venida del Señor a Su Iglesia; promesa en la cual descansa la Iglesia del Señor Jesucristo para recibir la fe para ser transformada, y la transformación y rapto o arrebatamiento para ir a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por eso la Iglesia del Señor Jesucristo, los escogidos, la Iglesia-Novia, estará escuchando la Voz del Espíritu Santo en este Día Postrero en el cual nos ha tocado vivir. Y permanecemos firmes escuchando la Voz de Cristo por medio de Su Espíritu Santo en este tiempo final.

Así como la Iglesia escuchó la Voz de Cristo entre los gentiles a través de San Pablo, y luego a través de cada mensajero que Dios envió en Europa, y luego en Norteamérica a través del reverendo William Branham (su Mensaje se extendió a otras naciones también); y luego nos toca a nosotros en este tiempo final escuchar la Voz del Señor, la Voz de Dios por medio del Espíritu Santo en la manifestación final, que traerá grandes bendiciones para todos los creyentes en Cristo que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Por lo tanto, JÓVENES ESCUCHANDO LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO EN ESTE DÍA POSTRERO, manténganse bien agarrados de Cristo nuestro Salvador.

Nos ha tocado el tiempo más glorioso de todos los tiempos: el tiempo donde va a ser abierto el Séptimo Sello, en donde estarán todas las bendiciones de Dios para todos nosotros. Será dada la fe para ser transformados y raptados en este tiempo final. Aunque algunos se vayan antes, pero regresarán.

Por lo tanto, cuando se va algún familiar nuestro, como que nos dice: “Hasta luego, vuelvo pronto.” Los que se fueron en el tiempo de San Pablo no podían decir “vuelvo pronto” rapidito, aunque en la presencia de Dios el tiempo frente a la eternidad ni se nota. Es como un granito de arena o más pequeño que un granito de arena, el tiempo ante la presencia de Dios en eternidad.

Sepan que sus nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Manténganse escuchando la Palabra, la Voz de Dios, para ser preparados para nuestra transformación. Alrededor de esa Palabra, del Espíritu Santo de edad en edad, es que vendrá la resurrección para los que murieron; y para los que estamos vivos: la transformación. O sea, que los escogidos tendrán la Palabra de Dios, la Palabra, la Voz del Espíritu Santo escuchándola en este tiempo final; preparándonos ¿para qué?, para nuestra transformación.

“JÓVENES ESCUCHANDO LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO EN EL DÍA POSTRERO,” ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, platicando con ustedes. Y les digo: ¡Adelante! Y luchando y trabajando y estudiando, porque el tiempo es difícil. Estudien, trabajen, luchen. No se desanimen.

Recuerden que los que obtienen la victoria siempre son aquellos que luchan como Abraham, que recibió la promesa de que tendría - Dios le daría un hijo por medio de Sara su esposa; y cuando le da la promesa Abraham tenía 75 años y Sara 65 años; él le llevaba diez años a Sara.

Y transcurrió el tiempo y no llegaba el niño; y ya Sara iba avanzando en edad, a tal grado que ya había perdido la fe y la esperanza de que tendría un hijo. Y Abraham no había perdido la fe, se mantenía firme creyendo. Porque para el que cree, todo es posible; y para Dios no hay nada imposible. [San Marcos 9:23]

Por lo tanto, Abraham permanecía firme esperando el hijo. Dice la Escritura en Hebreos: “Esperanza contra esperanza.” O sea, creyendo una cosa en contra de la realidad de que ya estaban ancianos, de que ya Sara no podía tener niños por la edad, y Abraham ya estaba anciano también; esperando una cosa que no se podía esperar humanamente.

Y humanamente, ¿se puede esperar una transformación para tener un cuerpo igual al de Jesucristo? Humanamente no, pero por cuanto Dios lo ha prometido por medio de Su Espíritu, Cristo ha hablado por medio de Su Espíritu a través de los apóstoles (y Él mismo estando en la Tierra) acerca de una transformación, de una resurrección de los muertos en Cristo, de un arrebatamiento, de una Cena de las Bodas en el Cielo; por cuanto Dios por medio de Su Espíritu lo ha dicho, lo ha prometido, ¡yo lo creo! ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también. Y esto es esperanza contra esperanza.

Y algunas veces cuando la edad avanza, algunas personas pueden decir: “Ya le pasó el tiempo para esperar lo que decía.” No. Cada vez que pasa un año es un año más cerca de lo que Dios ha prometido para ser cumplido en los creyentes en Cristo; así que estamos cada año más cerca de lo que Dios ha prometido. Lo cual está aquí, en el corazón de cada uno de nosotros, creyéndolo de todo corazón; y el mismo Cristo nos dice que para el que cree no hay nada imposible. Todo es posible para el que cree.

Y ahora, en el tiempo de Jesús hubo una resurrección: Cuando Cristo resucitó, resucitó con los santos del Antiguo Testamento en la Edad de Piedra Angular, porque Cristo es la Piedra del Ángulo, Piedra Angular; y en el tiempo final estamos en el tiempo de Piedra Angular también.

Sabemos que la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación, es para la Edad de Piedra Angular, como fue la resurrección allá en el tiempo de Jesucristo con los santos del Antiguo Testamento, los cuales estaban esperando la Venida del Señor para la resurrección.

Así que permanecemos firmes esperando la promesa. Sabemos que no era para otra edad, porque ya pasaron las edades y no ha ocurrido la resurrección todavía; por lo tanto, no era para los de las edades pasadas, sino para nuestro tiempo, porque es para el Día Postrero, dice Cristo: “Y yo le resucitaré en el Día Postrero.” (San Juan, capítulo 6, versos 39 al 58).

Todos a través de las edades han estado esperando la Venida del Señor con los santos que partieron, resucitándolos en cuerpos eternos y transformando a los vivos creyentes en Cristo. No se cansaron de esperar ellos en su edad, y tampoco nosotros nos hemos cansado ni nos cansaremos. Es para nuestra edad: la Edad de Piedra Angular. ¿Cómo lo sabemos? Porque no fue, no sucedió en las edades pasadas.

Así que firmes, jóvenes, escuchando la Voz del Espíritu Santo en el Día Postrero.

El Día Postrero tiene grandes promesas de grandes bendiciones de parte de Cristo nuestro Salvador; por lo tanto, estén firmes en la Palabra del Señor, creyendo con toda vuestra alma lo que Él ha prometido para nosotros, para este tiempo final.

Esperanza contra esperanza en los momentos en que sea necesario.

Que Dios me los bendiga y les guarde, jóvenes; y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar. Y muchas gracias por la invitación para estar con ustedes en esta ocasión. Y ya nos vemos el próximo viernes y próximo domingo, Dios mediante.

Continúen pasando un día feliz, lleno de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“JÓVENES ESCUCHANDO LA VOZ DEL ESPÍRITU SANTO EN EL DÍA POSTRERO.”

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